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sábado, 25 de noviembre de 2006

«La humedad me estaba pudriendo»



«La humedad me estaba pudriendo»

Aldaya describe sus 341 días en un zulo y su secuestrador sólo declara que está «orgulloso de pertenecer a ETA»

JOAQUIN MANSO

MADRID.- Dos prótesis en la cadera y lesiones en la espina dorsal. José María Aldaya atribuye las secuelas que padece a «las humedades» del zulo de tres metros cuadrados en que pasó 341 días secuestrado por la banda terrorista ETA. «Siempre estaba mojado. Llenaba palanganas de agua estrujando una bayeta que me daban. Cuando salí, tenía las manos llenas de callos. Me salieron postillas y granos. Me estaba pudriendo», relató ayer en la Audiencia Nacional.

El empresario vasco describió las penosas condiciones de su cautiverio en el juicio por este hecho contra el etarra Gregorio Vicario Setién, Santi, que concluyó ayer. Lo hizo por videoconferencia desde San Sebastián por recomendación médica.

El fiscal Ignacio Gordillo y el letrado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo mantuvieron su petición inicial de 17 años de cárcel y una indemnización de 2,1 millones de euros, 901.518 en concepto de restitución de la cantidad que -«al menos», según el fiscal- pagó la familia por el rescate. El resto, por los daños morales sufridos y las posteriores secuelas.

Resignado ante el trámite y sin ninguna afectación, Aldaya declaró que «allí dentro no era nada. Me sentí humillado y lloré muchísimo. 341 días encerrado en ese agujero maldito dan para llorar y mucho más. Tuve suerte de salir vivo de ahí».

ETA mantuvo al industrial privado de su libertad entre el 8 de mayo de 1995 y el 14 de abril de 1996, cuando lo liberó cerca de Elgoibar (Guipúzcoa). Sólo el secuestro de Ortega Lara -que se prolongó 532 días- lo supera como el de mayor duración en la historia de la banda. Tanto Aldaya como el padre Ignacio Altuna, que actuó como portavoz de la familia durante el cautiverio, aseguraron desconocer si se había pagado algún rescate.

El empresario narró con gran precisión las circunstancias en que fue abordado aquel 8 de mayo en Fuenterrabía (Guipúzcoa) «por tres o cuatro encapuchados, que viajaban en dos automóviles oscuros». Según su relato, le encañonaron con una pistola y le obligaron a subir al maletero de uno de los vehículos.

«Allí», continuó, «me inyectaron. Cuando me desperté, estaba atado de pies y manos» en un habitáculo de tres metros de largo, por menos de uno de ancho y de dos de alto, «cerrado y sin ventilación alguna, iluminado pobremente por una batería de coche».

El etarra Vicario Setién escuchó impasible la exposición de Aldaya. Incluso repartió sonrisas, saludos y guiños con algunas amistades que asistieron como público. Se negó a responder a ninguna pregunta -«no reconozco este tribunal», dijo-, pero sí ejerció su derecho a la última palabra para proclamar: «Pertenezco a ETA y me siento orgulloso».

Por el secuestro de Aldaya ya fueron condenados en 2004 los etarras Francisco José Ramada (a 12 años) y su compañera sentimental, Sagrario Yoldi (a ocho), aunque esta última fue finalmente absuelta por el Tribunal Supremo.

Santi fue juzgado también ayer por el asesinato del coronel de Infantería Leopoldo García Campos. Por esta causa, el fiscal Pedro Rubira pide para el etarra 56 años y medio de prisión.

http://www.elmundo.es/diario/espana/2053911.html

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