De Juana, el enfermo imaginario

LA TRASTIENDA
El enfermo imaginario
ISABEL SAN SEBASTIAN
Si María San Gil se viera en la necesidad de acudir al Hospital Donostia para recibir tratamiento por la enfermedad que padece (y que va a derrotar con la misma fuerza con la que ha vencido al miedo que paraliza a tantos paisanos suyos) podría encontrarse con el cartel de «no hay camas». Ya les ha pasado a muchos. El principal centro médico de San Sebastián está saturado, hasta el punto de tener que cancelar operaciones programadas que necesitan ciudadanos de bien, mientras el asesino múltiple De Juana Chaos, perfectamente sano y amorosamente atendido por facultativos de su cuerda batasuna, ocupa dos habitaciones para él, su novia, amigos y protectores, a cargo del contribuyente.
El terrorista, condenado en firme por amenazas, ha recibido hace tiempo el alta médica, pero permanece ingresado porque el Gobierno no se atreve a mandarle a casa y mucho menos a prisión, corriendo el riesgo de incomodar con ello a una ETA crecida en su capacidad de chantaje al Estado. Zapatero está atrapado por su negociación con la banda e intenta ganar tiempo no sabemos hasta cuándo. ¿Hasta las municipales? ¿Hasta las generales? La dirección terrorista ha adoptado a De Juana como medida de la debilidad de su interlocutor, a quien humilla públicamente despreciando en sus comunicados el gesto de generosidad del Ejecutivo con el preso, al tiempo que amenaza con tomar represalias si es que se le aplica la ley como a cualquier otro español.
De modo que este enfermo imaginario, que jamás estuvo en peligro de muerte, que mantuvo sus presuntas huelgas de hambre con dietas complementarias de jamón y yogures, aderezados con sustanciosas siestas en compañía de Irati, goza de la hospitalidad del sistema vasco de salud a pan y manteles, dictando cada día a sus acompañantes cuál es su plan para la jornada, a quién le apetece recibir, con quién desea compartir la estancia que tiene a su disposición y por dónde le peta pasear o hacer unas compras. Lo normal, vamos; lo que cualquier recluso o cualquier paciente de la sanidad pública en cualquier lugar de España puede esperar de la red que financia con sus impuestos.
Y digo yo: ¿no se les cae la cara de vergüenza? ¿No hay una Justicia que actúe para impedir este escarnio? ¿Dónde están los movimientos ciudadanos, los intelectuales a la violeta, los profesionales del manifiesto y demás progresistas de salón? ¿Qué dirían si el beneficiario de estos privilegios no fuera un etarra? ¿Cuánta cobardía se esconde en el corazón de los que miran hacia otro lado y callan ante este escándalo?





0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
Links to this post:
Crear un enlace
Home