Madrid ombligo

VICIOS DE LA CORTE
Madrid ombligo
RAUL DEL POZO
Juliano 'el Apóstata' envió a un mensajero para consultar al oráculo y la pitonisa le dijo que Apolo ya no tenía techo sobre su cabeza. Los médicos han derrotado a los magos, la política ha quitado a la religión el monopolio del destino, pero los especialistas en encuestas, como las sibilas ante los enviados de Juliano, han tenido que reconocer ante sus clientes que las fuentes murmurantes y los arroyos proféticos están muertos. Nadie dice que sean falsos profetas, ni «lobos rapaces» -como se les trata en los Evangelios-, pero, después de los errores que han cometido, cualquiera se fía de ellos, sobre todo en los pronósticos de las elecciones del domingo 27 de mayo.
Hay en la política española una máxima, casi un apotegma: quien gana las municipales, gana las generales; y hay una máxima futbolística: los partidos se ganan en el centro. Esta vez los resultados pueden desbaratar los presagios porque nadie es capaz de prever cómo reaccionarán los votantes ante el juego de Zapatero a la ruleta rusa con ETA, cuál será su pérdida de votos de centro y sus presuntos estropicios. Y tampoco sabemos cuáles serán las reacciones de la derecha y el centro después de que Mariano Rajoy se echara a la calle y encabezara las manifestaciones más grandes que vieron los siglos.
El partido se va a decidir en el centro, que es la representación del mal, la medusa de los separatistas. Los 4.310.659 electores de Madrid decidirán en las 972 mesas existentes algo más que a un alcalde y a un presidente de Comunidad. La capital de la Monarquía y del poder ha preferido al demonio de Neptuno al San Antonio de la Florida, y ya no es aquella mezcla de Navalcarnero y Kansas City, sino de Nueva York y Berlín. Es la joya de la gaviota, la comunidad que más tira de Europa, la de los túneles refulgentes, la de los ríos renacidos y los árboles movibles.
Es alucinante que dos de los políticos que aspiran a suceder a Rajoy son los que pueden salvar su liderazgo. Para que Mariano siga fuerte tendría que quedar todo, como mínimo, igual después de mayo. Si el PP perdiera Madrid, liquidarían no sólo al jefe, sino también a los aspirantes.
No es esto lo que parece que vaya a ocurrir. Los socialistas dan por perdido el centro del terreno y el centro político. Auguran que van a ganar por más de los 120.000 votos de las anteriores elecciones, y pueden desbancar a la derecha en Alicante, Toledo, Vigo, Jaén y Huelva, además de hacerse fuertes en Canarias, Navarra y Baleares. E insisten: el que gana las municipales por voto popular, gana las generales.
La pitonisa insiste en que la clave del partido estará en el centro del terreno y en el centro sociológico: en Madrid, donde cruzan las águilas, aún el ombligo, el kilómetro cero, a pesar del asedio y el odio de los secesionistas.





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