'Todos contra Sarkozy'. Del carácter de 'Sarko' a las meteduras de pata de Royal

LA CARRERA AL ELISEO / Los 11 rivales del líder conservador han coincidido coralmente en demonizarlo / Todos los sondeos le colocan como ganador de la primera vuelta y auguran un duelo con Ségolène Royal en la segunda
'Todos contra Sarkozy'
Francia acude hoy a las urnas tras una intensa campaña de demonización del gran favorito por los otros 11 candidatos
RUBÉN AMON. Corresponsal
PARIS.- TSS. No son las siglas de un nuevo
partido, sino las tres letras de un lema -Tout Sauf Sarkozy (todo menos Sarkozy)- que simboliza el acoso y linchamiento político maniobrados contra el candidato presidencial francés. Los 11 rivales de Sarko han coincidido coralmente en demonizarlo. También lo han hecho los medios militantes de la izquierda, la comunidad musulmana, los científicos de postín y hasta el Arzobispado parisino. La campaña reconoce implícitamente la talla y el protagonismo del líder conservador, aunque no ha conseguido arrebatarle su condición de favorito. Todos los sondeos colocan a Nicolas Sarkozy como ganador de la primera vuelta de hoy, auguran un duelo con Ségolène Royal en la segunda (6 de mayo) y conceden a François Bayrou el papel de aspirante sorpresa.Las opciones del líder centrista (UDF), François Bayrou, dependen del voto de los indecisos. Un tercio de los 44 millones de franceses llamados a las urnas todavía especula con el destino de la papeleta, aunque esta vez, a diferencia de 2002, las dudas no provienen de la apatía, sino de un interés y de un apasionamiento que reconcilia a la sociedad francesa con la política.
De hecho, los comicios pueden considerarse los más reñidos de los últimos 25 años de Historia. Nunca una mujer (Ségolène Royal) había estado tan cerca del Elíseo. Nunca se había producido un relevo generacional tan elocuente. Nunca un candidato favorito había tenido que tragarse tanto veneno.
Veneno de los rivales, de los errores propios, de los rumores ajenos y de los insultos. Empezando por Jean-Marie Le Pen, cuya fértil verborrea ha funcionado para denunciar como a un bastardo el origen húngaro de Sarkozy y para airear los rumores, según los cuales, la mujer del aspirante al trono, Cécilia Sarkozy, habría volado adúlteramente del hogar conyugal.
Todo menos Sarkozy, reza el lema inquisitorial. De modo que Ségolène Royal y François Bayrou, espoleados por los medios informativos más allegados a su causa, se han avenido a considerar a su rival un tipo peligroso, radical, extremista, lepenista, jacobino y subversivo.
Posturas enardecidas
Adjetivos llevados a posiciones delirantes en la última copia del semanario contestatario Marianne. Y resulta que se han agotado los 300.000 ejemplares imprimidos para explicar a los lectores que Sarkozy es un personaje loco, populista, fascistoide y hitleriano.
No es raro, por tanto, encontrarse en las calles de París cartelones que retratan al líder del partido gubernamental (UMP) como si fuera un epígono de Adolf Hitler. Ejemplo hiperbólico y vergonzante del modo en que se pretende destacar la imagen apocalíptica del futuro ¿presidente? de Francia.
Ya lo había explicado el ensayista Max Gallo en una entrevista concedida a EL MUNDO: «Sarkozy suscita en una parte de la población una verdadera reacción de odio que no tiene que ver con la razón, sino con cuestiones más profundas. Pocos personajes han provocado reacciones similares. Quizá Blum, Pierre Mendes France o el propio De Gaulle».
La comparación con el general no le disgusta a Nicolas Sarkozy. Sabe que su campaña ha sido la más agresiva y la más polémica. También debería tener presente que el enfoque conciliador de su célebre discurso de investidura (enero) se ha ido desdibujando y desplazándose a la derecha.
Y es que Nicolas Sarkozy se ha trabajado el electorado del Frente Nacional en clave de inmigración, patria e identidad. Ha acusado a los musulmanes franceses -no todos, claro- de degollar a los corderos en la bañera. Y ha dicho que el suicidio y la pederastia tienen un evidente origen genético. Razones deterministas y eugenésicas que provocaron una insólita reacción compenetrada entre la Iglesia y la comunidad científica.
El arzobispo de París reprocha a Sarko haber incendiado el libre albedrío, mientras que los sabios franceses lamentan que el líder conservador del UMP se empantane en la predeterminación sin valorar el peso determinante del contexto ambiental.
La paciencia de Sarkozy estalló en el mitin de clausura de Marsella (19 de abril). Dijo
entonces que llegaba a la recta final herido como un soldado. Acusó a sus rivales de insultarlo y suplir la falta de ideas con agresiones verbales infundadas. Y puso en evidencia una campaña de descrédito basada «en mentiras, libelos e insinuaciones».
Insinuaciones como las que circulan en internet y en los mensajes a móviles acusando a Sarkozy de pegar a su propia mujer. Todo vale para descarrilar su candidatura, aunque el ex ministro del Interior ha encontrado en el apoyo de Giscard D'Estaing un aliado incondicional e inesperado de última hora.
Respaldo de Chirac
Cuesta trabajo creer que un ex jefe de Estado centrista y moderado se avenga a entregar la patria a un extremista y a un loco. De hecho, Sarkozy se presenta en las urnas con el respaldo de los únicos presidentes de Francia vivos, puesto que Jacques Chirac ya proclamó inequívocamente hace un mes en televisión que concedería su voto al líder de la UMP.
Es el último representante de la generación saliente. Suceda lo que suceda hoy en las urnas y exceptuando la improbable resurrección de Le Pen, la República Francesa inicia una nueva etapa histórica. No sólo porque Sarkozy tenía 13 años en el 68 y porque Royal representa una revolución femenina contra la falocracia. También porque el futuro ganador ha prometido despojar el trono del Elíseo de todas las connotaciones monárquicas o bonapartistas que todavía conserva.
Es la generación de la televisión y de los medios de masa. Se vislumbra, por tanto, un presidente o presidenta transparente y expuesto. Nada que ver con el hermetismo pontificio que se habían concedido François Mitterrand y Jacques Chirac como representantes de la posguerra.
Del carácter de 'Sarko' a las meteduras de pata de Royal
Los candidatos a la Presidencia han exhibido durante la campaña tanto sus cualidades como sus puntos débiles
IÑAKI GIL. Enviado especial
PARIS.- Hoy, semifinales emocionantes. Con, por orden de favoritismo según las encuestas francesas y las casas de apuestas inglesas: Nicolas Sarkozy, Ségolène Royal, François Bayrou y Jean-Marie Le Pen. Dentro de 15 días, la gran final. Éstos son los puntos fuertes y débiles de los competidores por la Presidencia de la República francesa.
Sarkozy, un temperamento puede arruinar un liderazgo.
Favorito incontestable de todos los pronósticos. Aunque es candidato presidencial por primera vez, le avala una gran experiencia gubernamental. Ha sido ministro del Presupuesto y de Economía, pero su reputación se cimenta en su paso por Interior, cartera que ha ocupado en dos ocasiones. Primer poli de la República, se empeñó con éxito en atajar el problema que más preocupaba a los franceses, la seguridad. El papel de duro le iba como anillo al dedo.
Tiene detrás la mejor maquinaria política de Francia, la UMP. Un partido que además controla. Formación heredera del gaullismo de Chirac ha sabido atraerse a liberales de postín como Simone Veil y a todos los ministros centristas del Gobierno. Formación con vocación hegemónica afiliada al Partido Popular europeo, aquí caben los herederos del gaullismo, liberales y ex democristianos. Es el partido mejor implantado y, tras cinco años en el Gobierno, el más rico.
Ha sabido marcar distancias con Chirac que siempre le ha detestado. Habiendo sido pieza clave del Ejecutivo levanta la bandera de la ruptura tranquila y ha sabido distanciarse de los fallos de gestión del primer ministro, Dominique de Villepin. En el otro platillo de la balanza, está su temperamento. Sarko no sólo impone, da miedo. No admite fácilmente una crítica. Y, desde luego, no tolera la menor discrepancia entre sus fieles. Un pero a costa de su programa, un hombre que cae en el ostracismo. Desde hace décadas nadie había concitado un odio así de feroz. Sin duda el peor enemigo de Sarkozy es él mismo. Gran parte de su crédito ganado en el nuevo discurso integrador se ha ido en una mala respuesta a un oscura publicación. Aseguraba que el suicidio juvenil y la pedofilia tienen componentes genéticos. Hasta el arzobispo de París le llamó la atención en público.
Tenía a los musulmanes en el bolsillo cuando les ofendió diciendo que «estrangulan los corderos en la bañera». Ahora le detestan. La frase ha dado título a un libro de un ex ministro, Azuz Begag. Reacción de Sarkozy: «¡Eres un gilipollas! Desleal, cabrón. Te voy a romper la cara». Qué carácter.
Royal, una mala campaña que sólo salva su imagen.
Ségolène Royal no es la primera mujer que aspira a la Presidencia. Pero es la primera que tiene posibilidades de alcanzarla. Y eso, en el país con menos mujeres en su Parlamento, tiene que jugar a su favor. Además tiene una sonrisa permanente y unas maneras y un estilo impecables.
Aunque lleva tiempo en la política, nunca ha estado en primera fila por lo que realmente transmite bien la sensación de ser una cara nueva. Se ganó la investidura socialista en unas elecciones primarias limpiamente organizadas, con debates en público entre los candidatos en varios lugares de Francia. Aplastó a sus rivales. Nadie tiene más legitimidad que ella.
Acertó en agrupar en su candidatura a radicales de izquierda y a socialistas disidentes como Chèvenement, que en 2002 arruinaron las posibilidades de Jospin.
Pero no se sabe bien los temas. Metió la pata al no interrumpir a un diputado de Hizbulá en el Líbano, no supo responder cuántos submarinos nucleares tiene Francia. Ha propuesto majaderías como jurados populares para evaluar la gestión de los políticos.
Aunque su pareja es el primer secretario del PSF, los elefantes del partido, que la detestan, han contribuido a su campaña con cuentagotas. Entre otras cosas porque ella tampoco iba a dignarse en pedírselo. Su campaña ha sido la peor entre los cuatro candidatos principales. Según una encuesta, sólo le ha gustado al 37% de los franceses.
Bayrou, ¿se puede ser antisistema y de centro?
Se ha convertido en la novedad de la campaña y eso que ya fue candidato en 2002 y ministro. Pero ha sabido captar la aspiración de la sociedad francesa a que el dualismo político que la gobierna se renueve. Hacía años que nadie levantaba la bandera del centro y de la reconciliación. Buen olfato. Ha hecho la mejor campaña. Le ha gustado al 73% de los encuestados. Impresionante. Se ha visto favorecido por los sondeos que le enfrentaban a Sarkozy en la final. Es el único que parece capaz de ganar... si pasa a la segunda vuelta. Su mensaje novedoso le da buenos réditos entre los que votan por primera vez.
Católico practicante, le ha quitado el tufillo curil a su partido, ahora afiliado a los liberales europeos. Aunque no hace ninguna referencia a su fe en público, el voto católico le seguirá. Y también los musulmanes si siguen a sus líderes, que detestan a Sarkozy por projudío y a Royal por mujer.
En fin, ha tenido en contra a Le Monde, Le Figaro y Libération. Si uno se mide por sus enemigos, he aquí el antiestablishment. Pero después de todo, a lo mejor esto es una ventaja. Tiene un partido demasiado pequeño y su electorado es el más volátil. Según como se inclinen los indecisos puede lograr un resultado histórico o birrioso.
Le Pen, leales a prueba de todos los excesos.
Incombustible, Le Pen siempre será Le Pen. Y un 14% le va a votar. Tiene un electorado a prueba de bomba. Entre los grandes nadie dispone de votantes tan fieles. Como no tiene nada que perder porque nunca llegará a la Presidencia, ha dicho de todo en la campaña. Como es buen orador y sabe dar titulares siempre tiene audiencia. Su partido, el Frente Nacional, es una organización disciplinada y eficaz, aunque nunca ha rozado el poder.
Partidario del juego duro, no ha dudado en destacar los orígenes exranjeros de Sarkozy y extender los rumores de que le ha vuelto a dejar su mujer. Marrullero. A sus 78 años, con el partido perdiendo votos en cada cita electoral, parece que ha llegado su hora final. Pero también lo parecía en 2002 y dio la sorpresa.




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