Firmas: Isabel San Sebastián, Arcadi Espada, Raúl del Pozo, Carmen Giralt, Erasmo, Pedro G. Cuartango, Lucía Méndez, Enrique Rojas / Thomas Robertson

LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Pescando en el fango
Este fin de semana Madrid va a convertirse en escenario de diversas concentraciones ultras que amenazan con derivar en enfrentamientos abiertos entre extremistas de uno y otro signo. El Gobierno lo sabe, pese a lo cual no las ha prohibido. ¿Por qué? ¿Por el extraordinario talante de nuestro presidente, incapaz de poner obstáculos a la libertad de expresión, aunque se expresen ideas y actitudes inaceptables? ¿Por miedo a que los tribunales revoquen tal decisión? ¿O acaso porque hay quien espera pescar votos en el fango de los posibles disturbios? La tercera posibilidad es la que me parece más probable. El PSOE necesita imperiosamente movilizar a ese millón de electores que le dieron la victoria en el 2004, y se está quedando sin tiempo para conseguirlo. En Cataluña, auténtica cantera de sufragios para la causa del puño y la rosa, las encuestas arrojan pronósticos más que inquietantes. Los atascos motivados por el parón de los trenes de Cercanías, el desastre del AVE, los apagones del verano y el Carmel, por no mencionar el escándalo del Estatuto en el Constitucional, son muestras de una gestión desastrosa, que volverá a mantener a los votantes en sus casas, castigando con especial saña a los correligionarios de Montilla. Andalucía parece más segura, pero no compensa la fortaleza del PP en sus bastiones de Valencia y Madrid. Lo de la «paz» fue un espejismo que bien pudiera acabar en tragedia antes de la llamada a las urnas. La sentencia del 11-M ha dejado demasiados agujeros negros como para que el ideólogo Blanco la exhiba a modo de trofeo triunfal. Y, por si fuera poco, aunque Solbes y ZP no se quitan de la boca eso de que «España crece», lo que más ha crecido son las hipotecas y los precios de la cesta de la compra, que ahogan a multitud de familias. Las luces rojas se han encendido. Hay que activar los mecanismos de emergencia.
Se suponía que era Aznar, con su política intransigente, quien alimentaba la crispación de esta sociedad, pero mire usted por dónde nunca se vio más crispación que ahora. Y todavía les parece poca. Lo suyo es el 34, el 35, el 36; ese clima ejemplarmente democrático que, de acuerdo con su memoria histórica, constituye el paradigma de la legitimidad. Como no existe esa «ultraderecha golpista» que se empeñan en agitar a modo de espantajo, sino como residuo, buscan desesperadamente el modo de que aparezca. Provocan. Agitan. Crean las circunstancias más propicias para la aparición del dóberman cuyo ladrido despertaría a esos votantes dormidos que tanta falta les hacen. Es lo que se llama una actuación responsable. Esperemos que nadie pique...
EL CORREO CATALANArcadi Espada
Toca madera
Querido J.:He acabado de leer hace sólo unos instantes Madera de Zapatero, y te escribo de inmediato para contártelo, antes de que me olvide del sueño. Te advierto, sin embargo, que será una carta fracasada, en este caso particular, por la imposibilidad técnica de una respuesta en forma. Necesitaría aquí un prodigio como el de la web del New York Times. Debajo de cualquier palabra escrita en ese periódico hay un link que te conduce a una información gramatical, periodística o enciclopédica. Es decir, hay un libro secreto debajo de cada una de ellas. Algo así está intentando nuestro querido amigo Santiago González en su blog, pero es tarea ímproba: la selva le crece a mucha mayor velocidad de la que saja. El libro confirma una curiosa inversión de los mecanismos culturales, cada vez más ordinaria.
Escribir un libro lo puede escribir cualquiera. Pero criticarlo... Ah, criticarlo: eso requiere mucha dedicación y entrega. Yo me puse a leer, interesado no sólo por la figura del presidente, sino por la de su escriba, al que conozco en el género argumentativo desde hace tiempo y con el que he pasado magníficos ratos. Aunque debido a una organización del relato que cede la palabra a otros su prestación no tenga la espectacularidad de pasadas entregas, hay rastros del intenso De Toro de siempre. Suyo es, cabe pensarlo, el título. Completamente ininteligible y de una vulgaridad que echa mano tanto de una media rima como del oficio implícito en el apellido presidencial, aunque sea en esta última característica donde se revela más grotesco: muy distinto, por episódico ejemplo, habría sido escribir cualquier título con siete suelas.
Suyo es, también, este fragmento del arranque del libro, un completo pack de sus formas sintácticas, semánticas y estilísticas: «Si la elección de un gobernante implica un pacto de confianza tan importante, justo es que los ciudadanos conozcamos a la persona a la que otorgamos tanta confianza». Suya, aunque con la desdichada colaboración de dos personas más, la estructura televisada del libro, réplica de la osada gramática de 60 minutos o de su pariente pobre Informe semanal. Suya la impresionante sorpresa del capítulo 6, cuando después de 216 páginas de observaciones minuciosas sobre Zapatero, vertidas por sí mismo y por el pueblo, el capítulo anuncie: «Impresiones sobre Zapatero». Y suyo, finalmente, el peor problema gramatical, es decir, el acto de deslealtad cometido con su amigo y presidente, al no advertirle del implacable retrato, de los soberanos trazos de estulticia, impudor y puerilidad con que su imagen ha quedado escrita.
Aparte de los comentarios del propio presidente, el libro incluye los de su hermano Juan, la vicepresidenta Fernández de la Vega, el secretario José Blanco y los de diversos diputados y colaboradores. Una característica general de esos comentarios es que se centran en la personalidad del presidente antes que en su política. Y que, en las raras ocasiones en que se examina ésta, suele ser al hilo de alguna característica personal. Es innecesario subrayar su contenido: valga decir que el más crítico e irrespetuoso es el diputado Torres Mora, que suele calzar sus halagos, muy sportivamente, con los apelativos «tío» y «tipo». El interés informativo es nulo, a excepción, tal vez, del capítulo dedicado al ascenso hasta la Secretaría General. Lástima que todo él esté transido de nuestra ya famosa falacia hindsight bias y su castizo «una vez visto todos listos». Es decir, cualquier minucia simbólica en el camino hacia la toma del poder adquiere sentido en función del final, feliz, de la historia. Valga como ejemplo mínimo, pero repleto de humor, el instante en que en pleno bullicio precongresual Juan Manuel Eguiagaray lo señala con el dedo y le espeta: «¡Renovadores! Pero si yo he estado con ellos en mil ejecutivas y nunca han dicho nada. Este no ha abierto la boca». La anécdota le sirve a su apólogo, en este caso el periodista Julián Lacalle, para brindar al sol con un párrafo sobre la templanza del presidente: «Pues José Luis, que estaba sentado a su lado, ni se inmutó, con una tranquilidad pasmosa, siguió dándole a la cuchara, mirando a su plato como si nada. Midiendo sus tiempos [sic] y midiendo todo [¡síclope!] siguió tomando su sopa tranquilamente». Así se escribe la sopa. El grosor de los comentarios lo sintetizan, como si fuera un hígado, estas palabras de la vicepresidenta, hábilmente interrogada por De Toro por el lugar de España en el mundo: «¿De cuándo a acá había ocurrido que en un debate entre los dos candidatos a la Presidencia de la República francesa saliera, citado por los dos, el nombre del presidente del Gobierno español tres veces? En Francia, ¡en la France!» [remata desde el casino provincial la vicepresidenta]. ¿Por qué? Porque estamos liderando una posición en Europa, porque «nos están mirando». Estos incontestables datos empíricos los utilizará luego el propio presidente para concluir con firmeza: «Hoy en día Francia quizá sea el país que más nos admira y nos respeta; hay la sensación de que nos hemos instituido en referencia».
El asunto fundamental de este libro, como sin duda habrás adivinado por la sopa, son los silencios del presidente. Es, sin duda, el asunto al que los observadores presidenciales dedican más páginas y más esfuerzo, y querría que esto no te lo tomaras ni como exageración ni como metáfora. La cosa es así, y no es de más carnes. Al parecer el presidente no habla, sólo escucha. No sólo eso; sino que ya ha conseguido, según propia confidencia, pensar mientras escucha. Debo decirte, sin embargo, que a pesar de la exhaustividad el misterio no consigue aclararse. En fin, suele suceder con los inmortales. La prueba de su impenetrabilidad esencial está en las últimas páginas. La diputada Chacón dice: «José Luis es un tipo [a ver si va a ser De Toro el del tipo encolomado] con una atracción insuperable. Es un tío [¡Dios mío, sí, es De Toro!] que te sienta, que te mira fijamente. Tiene unos silencios espeluznantes». Parecería que ésta fuese la culminación del asunto. Su cenit. Pero la sorpresa inenarrable llega a dos páginas del abismo final. Habla el presidente, habla y temo por el futuro del diputado Torres, la diputada Chacón, por el propio de la vicepresidenta. Habla va: «En política, si algo no se dice es muy difícil verlo [sin(an)estesia, que ya es jodido]. Toda esa teoría de los silencios, que especula sobre si se explica uno con los silencios y tal yo no la comparto (...). Hay que decirlo. El silencio en política es autoritario». [Me mareo, querido, yo me mareo: y la pobre diputada Chacón espeluznantemente callada].
A pesar de todo, Zapatero tiene razón. El habla. El que más habla en este libro. A lo Montaigne, concretamente. «Yo mismo soy la materia de mi libro». Quiá Montaigne. ¡Montaigne sólo llegó a alcalde! Y ahí está lo que hace del libro una joya rara de la alienación y la vanidad. Aguanta firme. «Eso que dices de que de niño recibí alguna bendición, algún saludo, mucho cariño, algo que en cierta medida me hizo príncipe... Sí es verdad». «Detesto la violencia. (...) La detesto, siempre me repugnó. Creo que es un rasgo personal». «Nadie puede hacer política y tener éxito si no tiene un cierto sentido del tiempo». «Es verdad que a veces cuando escucho también estoy pensando». «No, no soy violento. Nunca chillo, nunca echo una bronca a un subordinado. No se me recuerda un golpe en la mesa. ¿Cómo hago con la tensión, la frustración? La expulso conmigo mismo, poniéndome a hacer algo. A pensar, diseñar algo que me lleve a la conclusión de que es brillante, que va a dar resultado». «Sí, en general tengo confianza en mí mismo. Porque le dedico mucho más tiempo del que parece a pensar». «Desde luego nunca he presumido de nada, jamás me han visto presumir de que he leído mucho de esto o lo otro». «Cuando tengo tiempo, y si no, lo busco porque soy muy disciplinado para prescindir de las cosas secundarias o que son aplazables, pues dedico mucho tiempo a pensar. Suelo pensar tranquilamente. Pocas veces con un papel o con un ordenador, porque me encanta retarme a mí mismo con la memoria, esto sí reconozco que es un defecto [Voy a gritar]». «Yo soy muy verbal, muy verbal. Absolutamente». «No, no es que sea tímido, en absoluto. No me tengo por tímido. Soy reservado, soy austero. Austero». «¿Desafíos, que si los busco? Por supuesto. Si no, me aburriría. La vida es un continuo ganar». «¿Un guerrero solitario...? Sí, puedo aceptarlo. Soy guerrero en ese sentido de poner a prueba mi valor, de buscar pruebas (...). Es verdad, procuro no depender de la opinión de nadie». «No me cobro venganzas. Absolutamente no. ¿Que por qué no? Pues porque no me produce ninguna satisfacción». «Es curioso porque, aunque aparento ser una persona fría, soy muy sensitivo». «Siempre tuve (...), siempre tuve buen cartel como diputado. Y con los periodistas, especialmente». «Creo que cuando hablo la gente sabe que hablo con franqueza». «Sí, vivo en un mundo de lenguaje. Me fascina».
Dejémoslo ya. Empecé riéndome, pero he acabado sombrío. Voy a asearme. Me pregunto qué extraña variedad de inmunodeficiencia puede llevarle a alguien a tolerar un libro así. Desde luego, sí creo que acertó en algo. El poder no le ha cambiado.
Sigue con salud.
A.
VICIOS DE LA CORTERAUL DEL POZO
'Netroots' del PSOE
Antes nunca sabías lo que pensaban de ti, excepto por los anónimos y las rupturas sentimentales; ahora yo sé a cada instante la imagen cándida o vil que la gente tiene de mí, con sólo conectarme a Alertas Google o entrando en la escupidera de la Red. Como dice un anuncio, «todo está conectado».
Nos someten cada día a un chequeo planetario. Sólo los partidos ignoran la idea que los ciudadanos tienen de ellos y contratan a premios Nobel, sociólogos y casas de sondeos para los diagnósticos. El PP sigue con su gazmoñería de integridad, su ansiedad goda, sus sermones patrióticos; mientras en el sótano de Moncloa organizan alquimias virtuales para levantarles otra vez las elecciones, la derecha sigue con sus complejos y navajas.
Marx descubrió que una tejedora de algodón es una máquina de tejer; los traperos de la Red han inventado el nuevo topo, un ordenador conectado a mil millones de blogueros. Los políticos ven a los votantes en masa cuando éstos ya viven una nueva fase evolutiva; pasaron las etapas habilis, erectus, sapiens; avanzan en plena mediamorfosis.
Un fantasma recorre el mundo: el fantasma de los netroots, bípedos oportunistas que han conquistado el cielo. Todas las fuerzas de la vieja tierra se unen en santa cruzada para acosar a ese fantasma. Los centuriones del imperio han realizado una maravilla que sobrepasa a los acueductos romanos y las catedrales góticas de la burguesía. Es la Red, la nueva navegación que sintetiza y supera los prodigios anteriores.
Los netroots, blogueros de garaje, rojos on line, izquierdistas sin obediencia, les están dando la vuelta a las primarias de Estados Unidos, logrando que triunfen los candidatos sin paraguas de aparato. Las catacumbas de los netroots estaban en Ferraz, Madrid, entre el 11 y el 13 de marzo de 2004, cuando tomaron el poder con los móviles. Mientras los manifestantes rodeaban la sede de Génova, los netroots, con los relatos de los SMS, desbarataban la mayoría de la derecha.
La lección la aprendió Hillary Clinton, que ya sabe que la conectividad es el nuevo poder fáctico, y lo sabe también Obama, hijo de un keniano negro y de una blanca de Kansas, criado en Indonesia, que dijo a los empleados de Google: «Compartimos vuestra ambición de cambiar el mundo». Les pidió ayuda para la innovación, de la misma forma en que Google ha innovado el universo.
Ahora el poder no se toma con espingardas. Mil millones de corsarios de la blogosfera arrebatan la cultura a los clérigos, a los académicos, a los ideólogos con una nueva imprenta sin tinta, sin plomo, sin papel, con letras móviles bailando en el espacio. Han logrado que sean contemporáneos los habitantes de la Tierra. Esta vez la enciclopedia no la redactan los masones de pelucas empolvadas, sino muchachos que conectan los equinoccios.
Esos niños satánicos trabajan para Rubalcaba.
ZOOM
CARMEN RIGALT
El cáncer
De todas las curiosidades de la vida, una que impresiona mucho es la relación del ser humano con las enfermedades. Ahora que todo está encuestado, cronometrado y medido, debería hacerse público el tiempo que invierte el español medio en contar sus males físicos. Supongo que es mucho. Algunas personas cultivan el secretismo (lo que no se habla, no existe), pero lo común es que la gente compita entre sí por ver quién ha estado más veces enfermo o ha sufrido una operación más cruenta. Epatar a cuenta del victimismo resulta frecuente. Llamar la atención de los facultativos o pasar un tiempo récord en el quirófano es un motivo de orgullo. Todo el mundo presume de algo: de haber alojado en la vesícula una piedra del tamaño de un melocotón o de tener un historial clínico coronado por una operación a corazón abierto. También son ganas.
Aparte está el cáncer, palabra maldita que toma el nombre del cangrejo (algunos cánceres de mama, al retraer la piel, forman el dibujo de las patas del crustáceo). El cáncer ha producido una mitología descabalada. Durante mucho tiempo ha sido una enfermedad secreta, aunque hay evidencias de que la conocían los egipcios, incluso que la operaban. Hoy, algunos oncólogos heroicos han emprendido la tarea de deshacer entuertos, por eso traigo aquí el libro Cáncer: 101 preguntas esenciales, de Ricardo Cubedo (La Esfera de los libros). Un libro didáctico, impecable, necesario. Qué cantidad de leyendas ha generado el puto cáncer. Y qué cantidad de lugares comunes, de mentiras piadosas, de engañifas.
En el discurso del cáncer hay una palabra que goza del respaldo popular: la lucha. «Está luchando y saldrá adelante», dicen los amigos y familiares del enfermo, como si curarse dependiera de su voluntad. Asociar la curación con el estado emocional del paciente suena bien, pero no cuela, señala Cubedo. Conste que mostrar una actitud positiva es bueno para todos, en especial para las personas que lidian con el enfermo. Pero no hace milagros. Los milagros se despachan en la iglesia, no en los hospitales.
El libro desmonta muchas leyendas arraigadas en la sociedad. No es verdad, por ejemplo, que cada día haya más cáncer. Según Cubedo, la incidencia del cáncer se mantiene estable o tiende a disminuir. Aumenta el número de diagnósticos de cáncer de mama, cuello de útero o próstata, pero eso no significa que haya más casos. Otra creencia desactivada por el autor: felices aquellos que pueden pagar un hospital americano, porque allí les curarán el cáncer. Falso.
Un cable de alta tensión o una antena de telefonía móvil no producen cáncer. Tampoco un disgusto gordo. Aunque las causas del cáncer se desconocen, la ciencia todavía no ha encontrado relación entre el tocino y la velocidad. A cualquiera le puede tocar la china. Es más probable que a alguien de nuestro entorno le caiga un cáncer que un cupón premiado de los ciegos.
ERASMO
Marín
Marín et Morán, Magan e Mogan. Pareja de hecho de tal Presidente que se va, con aquel canciller, astur insólito, Morán, Fernando. Cumplidores: adhesión de España a Europa (1985), tumulto de siglas, CECA, CEE, CE, UE. Su tentativa: conciliar estrictos, educados ademanes parlamentarios del abrumador Acqui communitaire (Bruselas) con las algarabías pecuarias de tal clase política. Sin éxito. (Quiere que le quieran).
VIDAS PARALELAS
Pedro G. Cuartango
M. A. MORATINOS / K. METTERNICH: Genios del entuerto
Para ser ministro de Exteriores, antaño sólo se necesitaba una condición indispensable: ser un buen conspirador. El canciller austriaco Klemens von Metternich fue un gran conspirador, aunque sus tramas acabaron generalmente en desastre.
El ministro Moratinos guarda una gran afinidad con el príncipe y diplomático nacido en Coblenza, aunque tal vez le supera: no sólo es capaz de crear un problema donde no lo hay sino que incluso logra empeorarlo cuando se le confía la solución.
Moratinos nunca pierde la ocasión de equivocarse o de hacer el ridículo, lo que le convierte en insustituible a la hora de disimular que Zapatero carece de política exterior. Los errores del hombre tapan los del Gobierno.
Fue el propio Metternich quien recomendó al emperador Francisco de Austria que diera la mano de su hija María Luisa a Napoléon. La boda sólo sirvió para precipitar la guerra entre las monarquías absolutas y el general corso.
Moratinos ha ofrecido muchas veces a Zapatero la mano de Hugo Chávez, que ahora acusa a los colonizadores de cortar la garganta de los nativos y dice que va a vigilar a las empresas españolas. ¡Qué ingratitud!
Metternich ha pasado a la historia por el Congreso de Viena y la creación de la Santa Alianza, que era una especie de club de los monarcas para que nadie tocase sus privilegios.
La Santa Alianza envió tropas a España para acabar con los liberales, reprimió el levantamiento de los nacionalistas italianos y acabó con los decembristas rusos. Pero todo fue en vano porque el mundo de Metternich se desmoronó a partir de 1830.
Moratinos pasará a la historia por ser el forjador de la Alianza Progresista entre Zapatero, Chávez, Castro y Evo Morales. Ya hemos visto estos días cómo ha acabado la cosa: en ridículo espantoso, que demuestra que ZP ha acertado plenamente en la elección de Moratinos.
ZP, acomplejado porque no sabe idiomas, pasa totalmente desapercibido en las cumbres europeas, donde todos -excepto Sarkozy- le ignoran. En cambio, en las citas con Chávez, Evo Morales y Ortega, nuestro presidente parece un gran estadista que brilla por su moderación y sus cualidades como hombre público.
Zapatero ha quedado como un señor gracias a este ministro al que tanto le gustan los dirigentes populistas latinoamericanos que, cuando le abofetean, sonríe plácidamente y dice que todo irá a mejor.
Al menos Metternich tuvo los reflejos de no agacharse cuando Napoléon dejó caer deliberadamente su pañuelo. A Moratinos le gusta beber ron con Chávez y aplaudir los goles de Evo Morales cuando deja plantada a la presidenta chilena.
No le será fácil a ZP encontrar un sustituto de su talla si gana las próximas elecciones. Le sugiero modestamente a Andreu Buenafuente, que, en lugar de vicepresidente, podría ser un excelente ministro de Exteriores.
La monarquía austriaca quedó herida de muerte tras la dimisión del canciller Metternich. El zapaterismo no sería probablemente nada sin la sagacidad de un hombre como Moratinos, que jamás se ha confundido al distinguir entre un tempranillo y un merlot.
ASUNTOS INTERNOS
Lucía Méndez
'Alegrías'
El escritor gallego Suso de Toro, que no oculta, sino todo lo contrario, su admiración por el presidente del Gobierno, ha puesto en el mercado un libro titulado Madera de Zapatero. Retrato de un presidente. El hecho de que el jefe del Gobierno aparezca en el citado libro retratado como si fuera la reencarnación de San Juan Bosco no quita para que su lectura sea interesante. Incluso muy interesante. A todos los participantes en la Conferencia Política del PP les vendría muy bien leerlo, aunque fuera en diagonal, porque la mayoría no se ha enterado de lo que tienen enfrente. El libro es coral y reúne los testimonios del propio protagonista de la obra, de su familia y de sus principales colaboradores. En esas 230 páginas laten muchas claves del optimista y despreocupado comportamiento del presidente del Gobierno. No ha sufrido en la vida, o ha sufrido muy poco. O sea, que ha sido siempre un hombre muy feliz. Lo cual da una envidia tremenda. Ya desde pequeño era tan feliz que un tío suyo muy egoísta y cenizo le llamaba Alegrías cuando tenía cuatro o cinco años. No recuerda haber recibido una bofetada de sus padres en toda su vida, ni un suspenso de sus profesores.
La felicidad del niño, adolescente y joven Zapatero se sustentaba sobre todo en el «amor intenso y profundo» que recibía de su madre. Así como su padre era el referente de la disciplina, la honestidad y la rectitud, la madre se dedicaba en cuerpo y alma a cuidarle desde que a los 12 ó 13 años estuvo seis meses enfermo. «Ahí cuajó una relación muy intensa, muy fuerte. Sí, como un ángel de la guarda».
El presidente del Gobierno confiesa que tiene perfectamente grabados los últimos momentos en los que la vio en la UCI del hospital donde murió. «La última frase que le dijo fue: 'Mamá, ¿crees que voy a ser presidente del Gobierno?'. Y me dijo que sí. Me dijo: 'Sí, lo vas a ser'. Después, empezó a perder la conciencia». La confianza de su madre en el hijo era total, absoluta y sin matices.
Uno de los pasajes más emocionantes del libro es aquél que confirma la única virtud que le reconoce Federico Jiménez Losantos al presidente del Gobierno: el amor a la familia propia. «Conocí a Sonsoles y se acabó, se acabó. Supe desde ese instante que no tenía necesidad de conocer a ninguna mujer más. Así te lo digo. Cuando me la presentaron y vi la luz que tenía, dije: 'Joder, ¡qué chavala, qué chavala!'. Y plas, para toda la vida. Sí, creo en el matrimonio. Vamos, en la relación de pareja estable que humaniza porque das parte de ti, tienes que renunciar a algo. Es una buena educación de los sentimientos y del carácter. El matrimonio continuará porque, al final, la vida, incluso en el terreno sentimental, exige perspectiva y siempre habrá más gente con vocación de estabilidad». En cuanto a sus hijas, es un padrazo que les consiente todo.
Ya sé que no es lo mismo, pero si Zapatero hubiera guardado un pedacito de cariño para Manuel Marín, tal vez el presidente del Congreso no se retiraría. El dijo que estaba para que le quisieran y no le han querido.
TRIBUNA LIBRE
ENRIQUE ROJAS
Sí a la vida conyugal, a pesar de los pesares
El amor debe ser el primer argumento de la vida. Casi todo lo bueno y lo malo de la existencia humana se vertebra en torno a los aciertos y a los errores en el amor comprometido. Equivocarse en las expectativas de la relación conyugal es grave y produce unos efectos que se alargan en el tiempo. Las expectativas son ideas previas, esperanzas, ilusiones, sobre lo que se entiende a nivel general que debe ser este tema. Aquí cuentan desde la información que hemos ido recibiendo desde jóvenes, la educación sentimental, los referentes familiares, las circunstancias personales, hasta nuestro estilo de vida, las ideas y creencias que se han ido hospedando en nosotros. Todo ello forma el subsuelo en donde nos apoyamos. Lo que es evidente es que amor y trabajo, afectividad y profesión, constituyen los dos ejes decisivos sobre los que se consolida el ser humano.
Leemos estos días en la prensa el gran aumento del número de rupturas de parejas y divorcios en nuestro país. Quiero llamar la atención sobre cinco de los errores más frecuentes que se producen entre quienes se embarcan en la vida en pareja, o dicho de otra forma, en el manejo indiscriminado de la palabra amor:
1. Hacer del amor algo divino. Esto conduce a hacer del amor tal elogio, alzaprimarlo tanto que nos acaba deslumbrando y nos hace pensar que las cosas han de ser siempre así. En el amor inteligente hay una visión inmediata y otra mediata, una próxima y otra lejana; en el primero, la mirada se concentra en el aquí-ahí-ahora, y en el segundo, en el allí-allá-allende. En la divinización del amor entramos en un mundo mágico y excepcional que es la poesía, que nos ofrece sólo una parcela de la realidad sentimental, la mejor. Aquélla menos difícil y más desproblematizada.
En su célebre soneto Varios efectos del amor, Lope de Vega lo termina resumiendo así: «Beber veneno por licor/olvidar el provecho, amar el daño/creer que un cielo en un infierno cabe/dar la vida y el alma a un desengaño:/esto es amor. Quien lo probó lo sabe». Y un siglo antes, en el XV, Juan de la Encina, en uno de sus villancicos nos dice: «No te tardes, que me muero, carcelero./Sácame de esta cadena/ que recibo muy gran pena/pues tu tardar me condena/carcelero». El gran poeta romántico Bécquer nos pone delante del enamoramiento y nos deslumbra con sus certeros dardos expresivos, al ofrecernos lo mejor de sí mismo.
Con la esfinge de la palabra amor se acuñan muchas monedas falsas. Uno se emborracha de ella y puede perder incluso la cabeza. Amar a alguien es decirle «tú estarás siempre conmigo e intentaré darte lo mejor que tengo. Lucharé por ello, me esforzaré», pero sabiendo que mantener ese fuego encendido depende de que se vaya alimentando a base de cosas pequeñas, diarias, menudas, que le dan esas llamas permanentes. El amor es divino y es humano, el amor es espiritual y terrenal. Tener una concepción correcta evita muchas andaduras negativas...
2. Hacer de la otra persona un absoluto. Sería como una prolongación del concepto de cristalización que describió Stendhal, pero con algo más de fundamento. Decía este autor francés que enamorarse es idealizar al otro, con todo lo que ello significa.
El príncipe azul no existe, existe desde fuera, desde los aledaños de la convivencia. Pero no existe desde dentro: nadie es un gran señor para su mayordomo. Aquí se mantiene al otro en una posición excesivamente elevada, lo que lleva a ponerlo en un pedestal psicológico. En la convivencia diaria, la visión que se va a ir teniendo de él es milimétrica, codo con codo; habrá mil y una ocasiones en las que esta imagen superlativa caiga y se desplome. No de un día para otro, sino de forma gradual. El otro, de cerca, pasa de ser absoluto a ser relativo, de magnificar sus capacidades positivas a verlas con un cierto espíritu critico. Por eso, para mantenerse enamorado hay dos cosas esenciales: seguir admirando al otro y mantener un buen nivel de comunicación. Pero es una seria equivocación no ver los defectos de esa otra persona y saberlos aceptar como condición sine qua non de lo que es el ser humano. Eso es tener los pies en la tierra.
Hoy tenemos mucha información respecto a las rupturas de pareja en medio mundo, lo que está llevando a un miedo enorme al compromiso conyugal, al ver los datos de la realidad sobre la mesa. La inteligencia es capacidad de síntesis; también es tener esquemas mentales que nos ponen en la realidad.
El verdadero amor consiste en luchar por sacar lo mejor de la otra persona (y, por supuesto, lo mejor de uno mismo). Tener el arte, la gracia y el oficio de que lo más positivo que el otro tiene salga en la vida ordinaria.
En nuestra cultura, el hombre se enamora por la vista y la mujer por el oído. Al principio, en el enamoramiento casi todo se mueve en el juego de las apariencias. Después de los primeros lances, va apareciendo la verdad de cada uno. Conocer al otro en sus cosas positivas y negativas es tener un buen equilibrio psicológico.
3. Es un fallo bastante generalizado pensar que sólo con estar enamorado es suficiente para que el amor funcione. Es ése el principio, el empujón que pone en marcha toda la maquinaria psicológica de los sentimientos. Pero eso tiene validez solamente al principio. El amor es como un fuego al que hay que alimentar día a día; si no, se apaga. Hay que nutrirlo de cosas pequeñas, en apariencia poco relevantes, pero que están en la falda de lo diario. Cuando se descuidan, antes o después esa relación se enfría y acaba por llevarse las mejores intenciones.
Dicen los economistas que en los negocios hay que estar muy pendientes de los más mínimos detalles para que no se den sorpresas. Cuidar los detalles pequeños también es amor inteligente. La afectividad se parece también a un negocio en el que la cuenta de resultados es subjetiva y se mide por unos termómetros privados que nos dicen si el tema va bien o uno se desvía de la ruta.
En el hombre light, todo está centrado en lo material: dinero, éxito, poder, triunfo. Dicho de forma mas académica: hedonismo, consumismo, permisividad y relativismo. Placer por encima de todo, acumulación, darlo todo por válido si a uno le apetece y tener una visión de la realidad tan amplia que se borran los límites geográficos entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto... Con esos presupuestos, es muy difícil mantener una relación sentimental estable, salvo que la otra persona sea capaz de doblegarse, desaparecer psicológicamente y someterse a fondo. Pero eso no es matrimonio, ni relación conyugal, ni vida de pareja. Eso es otra cosa.
La inteligencia afectiva nos lleva a saber plantear lo que son los sentimientos compartidos y a buscar soluciones. Anticiparse y resolver. Prever y solventar. Facultad para dominarse a sí mismo e ir entendiendo la geografía sentimental en su diversidad. Mapa del viaje exploratorio hacia la arqueología afectiva, espacio donde radica lo más humano del hombre. Desde esos parajes, uno debe esmerarse en concretar planos y aristas y territorios a modificar, enmendar y rehacer lo que no va como es debido.
4. La vida conyugal necesita ser aprendida. Es de una gran inmadurez pensar que una vez que dos personas deciden compartir su vida, todo circulará más o menos bien, por el sólo hecho de la decisión recíproca de estar el uno de acuerdo con el otro. Se necesita un consenso sobre lo básico, bien hilvanado. La convivencia es un trabajo costoso de comprensión y generosidad constantes, en donde no se puede bajar la guardia. Para mí no hay nada tan complejo como esto. Tiene muchos ángulos y vertientes. Sus lenguajes son físicos, sexuales, afectivos, intelectuales, económicos, sociales, culturales, espirituales. La integración de todos esos engranajes, su acoplamiento y el que las piezas rueden con cierta fluidez, es una operación en donde hay que poner los mejores esfuerzos. Tarda uno mucho tiempo en entenderse con otra persona. La madurez conyugal es serenidad y benevolencia. Pero esa madurez necesita tanto de la pasión como de la paciencia.
En la psicología del aprendizaje hay todo un conjunto de reglas que se van a ir cumpliendo para que esa información se archive en la mente y dé lugar a respuestas eficaces y certeras, que solucionen conflictos y apacigüen problemas. La inteligencia y la voluntad deben estar aquí especialmente presentes. La primera como ilustración, perspicacia, percepción integradora, lucidez reflexiva, vivacidad que mueve a la experiencia y la trae a primer plano para aportar soluciones operativas. La segunda, la voluntad, no es otra cosa que la herramienta para luchar deportivamente y permitir vencernos en pequeñas escaramuzas, en batallas afanosas donde se pone el acento en puntos de mira concretos, específicos, en donde el empeño insiste para superar el capricho y el antojo del momento.
La inteligencia y la voluntad potencian la libertad y aseguran la diana de los propósitos. Una muestra pequeña de ello: compartir cosas positivas juntos, evitar la incontinencia verbal negativa (decirle cosas fuertes y negativas al otro, siendo demasiado directo), controlar el no sacar la lista de agravios del pasado (la colección de atranques y roces de atrás). Es necesaria mucha capacidad para perdonar (no hay auténtico perdón sin esfuerzo para olvidar), hay que evitar discusiones innecesarias (rara vez de la discusión sale la verdad, porque hay más desahogo y querer ganarle al otro en la contienda). Hay que evitar malos entendidos, que a veces están a la vuelta de la esquina.
Algunas personas tienen muy pocas habilidades en la comunicación conyugal y necesitan adquirir recursos psicológicos en esa área. Las expectativas demasiado idealistas ignoran la importancia de estos aspectos. Luego vendrá la vida con sus exámenes y esas asignaturas no preparadas no pueden ser superadas. Ahí se va a establecer una reciprocidad positiva, una especie de círculo de satisfacciones bilaterales. Intercambio de conexiones y vínculos que hacen mas fácil y agradable la vida del otro.
Nadie puede dudar que esto se aprende. No es posible que uno se embarque en una relación y todo funcione por una especie de automatismo innato. Verlo así implicaría un error de base que se pagaría muy caro a la larga. Porque no hay que perder de vista que, en la gran mayoría de los casos, los motivos desencadenantes de un conflicto o de una tensión suelen ser fútiles, irrelevantes, nimios, detalles de poca importancia que se acumulan a otros cansancios o frustraciones y producen reacciones de irritabilidad y/o descontrol.
5. Otra equivocación muy reiterada consiste en desconocer que a lo largo de cualquier relación conyugal, por estable y positiva que sea, han de darse algunas crisis psicológicas. Unas serán fisiológicas o normales, es decir, tránsitos necesarios, inevitables, por donde hay que pasar sin más remedio; forman parte de lo que es la condición humana, en lo que atañe a la comunicación y convivencia. Otras, relativamente fisiológicas, suceden con etapas propias del paso de los años, como el crecimiento de los hijos, el paso de las generaciones, las alternativas psicológicas, familiares y económicas...
Unas y otras deben ser superadas sin dificultad, salvo que la pareja no encuentre mínimos apoyos en su cercanía o se produzca la intervención desafortunada de algunos miembros de la familia que, con escasa fortuna psicológica, hacen daño y tienen un efecto contraproducente.
No hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncias. El amor entre dos personas es alquimia y complicidad y estar pendiente del otro. Para estar bien con alguien hace falta primero estar bien con uno mismo. La cultura sentimental es necesaria para alzarnos sobre la mediocridad del entorno. Por ahí nos acercamos a la vida lograda. Suma y compendio de la vida auténtica. Si no puedo cambiar el pasado, sí puedo dirigir el futuro.
Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría y autor, entre otras muchas obras, del libro
Remedios para el desamor
(Temas de hoy).
EL MUNDO QUE VIENE
THOMAS ROBERTSON
«El subdesarrollo es más un problema de distribución de la riqueza que de carencia de recursos»
PABLO PARDO
ES UNO DE LOS EXPERTOS EN MARKETING Y FINANZAS MAS INFLUYENTES DE EEUU Y DESDE HACE MESES SE HA CONVERTIDO EN DECANO DE UNA DE LAS ESCUELAS DE NEGOCIOS MAS PRESTIGIOSAS DEL MUNDO. SU OBJETIVO ES AUMENTAR AUN MAS SU COMPETITIVIDAD ANTE LOS RETOS DE LA GLOBALIZACION
CARGO: Decano de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania (EEUU) / EDAD: 64 años / FORMACION: Doctor en Marketing por la Northwestern University / AFICIONES: Practicar deportes como el tenis, y pasar el mayor tiempo posible con la familia / SUEÑO: Dejar Wharton, cuando abandone el cargo, mejor que como la encontró
El edifico principal de la Escuela de Negocios de la Universidad de Pennsylvania es el John M. Huntsman, un cilindro rojo de apenas siete pisos de alto. Es una construcción que no llama la atención a nadie, en mitad del campus de una de las instituciones académicas con más solera de Estados Unidos frente al cual, la semana pasada, grupos de estudiantes entregaban pasquines contra la Guerra de Irak a los transeúntes que paseaban por los caminos rodeados de árboles y ardillas (que, a juzgar por su abundancia en todos los campus estadounidenses, son el animal más académico del país).
Aunque por dentro es un pequeño delirio arquitectónico y tecnológico, el John M. Huntsman tiene desde fuera un cierto aire de haber sido sacado directamente de la Revolución Industrial, algo así como una versión reducida de la térmica de Battersea, en Londres, famosa en todo el mundo desde que el grupo de rock Pink Floyd la utilizó, hace 30 años, para la portada de su disco Animals. Es una percepción que, en el fondo, tiene mucho de verdadera, porque Wharton es una especie de cadena de montaje de líderes empresariales. Entre sus ex alumnos están los actuales consejeros delegados de, entre otras compañías, Banco Santander, American Airlines, Mittal, Boeing, Phillips, Pfizer, Comcast, US Airways, British-American Tobacco, DHL, UPS, Eli Lilly, NASDAQ, MetLife, Sequoya, Nippon Life y Saatchi and Saatchi, además de la tercera persona más rica del mundo, el inversor Warren Buffett. Y también algunas ovejas negras de la economía mundial, como Frank Quattrone, el protagonista de uno de los mayores escándalos de Wall Street en los años de las puntocom.
Esa alucinante nómina es el resultado de 125 años de trabajo desde que el empresario Joseph Wharton donó a la Universidad de Pennsylvania 100.000 dólares (que hoy serían, descontada la inflación, 1,4 millones de euros) para la fundación de una Escuela de Finanzas y Economía donde los estudiantes aprendieran a gestionar negocios. Así nació la primera escuela de negocios del mundo, que ha entrado en el siglo XXI como la líder de su sector.
Esas glorias del pasado no aseguran, sin embargo, el presente. Y menos el futuro. El concepto de Master de Dirección de Empresas (MBA) nació en EEUU. Pero ahora Wharton y sus colegas afrontan una creciente competencia de los MBA y los Masters de Finanzas europeos, que amenazan con constreñirlas a ser simplemente escuelas estadounidenses especializadas en formar directivos para banca de inversión y consultoría. Es, en último término, una consecuencia de la globalización, un fenómeno que esta también detrás de la explosión de los MBA, y que Thomas Robertson, el educado nuevo decano de Wharton, conoce bien, porque, a fin de cuentas, el también fue profesor en la London Business School, uno de los rivales de la escuela que dirige desde hace dos meses.
PREGUNTA.- Los grandes bancos de Wall Street se han convertido en una especie de Saturno que devora a sus hijos. Merrill Lynch y Citigroup han cesado a sus máximos directivos. El primero ha tenido que recurrir al presidente de la bolsa de Nueva York, John Thain, para cubrir uno de los puestos vacantes. Todo indica que Citigroup también deberá buscar un ejecutivo fuera de la empresa. ¿Cómo es posible que los mayores bancos del mundo no tengan entre sus directivos a nadie capaz de asumir el liderazgo de la compañía?
RESPUESTA.- Porque Wall Street es muy brutal. Hoy tú estás allí, ganando un montón de dinero, y mañana estás muerto. Esa es su cultura. Muy despiadada. Y con mucha chulería. Esos bancos tienen tendencia a evitar la planificación de la carrera de sus directivos y a solucionar sobre la marcha los problemas de sucesión. La presión, además, es tan grande que esas empresas despiden a casi todo el mundo que podría ejercer el liderazgo en el futuro. Y, claro, también hay una tendencia entre sus directivos a asesinar a los rivales y a los enemigos, sean éstos reales o potenciales.
P.- Pero esa mentalidad parece inevitable cuando un directivo tiene que lograr unos resultados trimestrales mejores que los de sus competidores cada trimestre. ¿Cómo se puede combinar la responsabilidad corporativa con la cuenta de resultados?
R.- Bueno, yo he enseñado responsabilidad social corporativa, y no creo que sean incompatibles. Además, las empresas tienen códigos de responsabilidad corporativa. El que los tengan no quiere decir que los cumplan siempre, claro, pero suelen conceder bastante importancia a esos códigos. En último término, la clave es el empleador, el dueño de la empresa, y los máximos directivos. Ellos son quienes tienen que decidir si la empresa debe, además de tener una buena cuenta de resultados, crear valor social a través del mundo.
P.- Los profesores de las escuelas de negocios siempre ponen mucho énfasis en la ética. Pero, ¿cuál es la actitud de los alumnos? Cuando alguien ha invertido 150.000 dólares en un MBA quiere resultados, sobre todo si, como suele suceder en EEUU, ha conseguido ese dinero gracias a un crédito de un banco. La ética pasa a segundo plano.
R.- El mejor gestor es alguien que es enormemente competente y tiene un alto sentido ético. El peor gestor es alguien que es muy competente y no tiene ética. Prefiero un mal gestor que sea ético. Y la cuenta de resultados refleja eso: un excelente directivo sin ética puede salirle carísimo a una empresa.
P.- Normalmente, la clave de un MBA para un estudiante es el valor de la marca. ¿Es eso peligroso? ¿O simplemente inevitable?
R.- La marca es una señal de calidad del producto que realiza una empresa, y eso pasa en cualquier sector y país. Sin embargo, lo que nosotros sí queremos es que los estudiantes no tengan una visión lineal de su carrera. En otras palabras, que cuando lleguen aquí no vengan pensando: «Yo quiero trabajar en Goldman Sachs», y estructuren todos sus estudios para lograr esa meta. Queremos que traten de hacer cosas por el bien de todo el mundo.
P.- ¿Y qué puede hacer una escuela de negocios en ese sentido?
R.- Muchísimo. Porque muchos de los problemas del mundo tienen que ver con la distribución de la riqueza. En un viaje que realicé a Etiopía hace algún tiempo me quedó claro que el problema del subdesarrollo no es económico. Puedes conseguir dinero de USAID [la agencia de ayuda al desarrollo de EEUU], de muchísimas ONGs. Los etíopes están usando menos de la mitad del dinero disponible. ¿Por qué? Por falta de capacidad de gestión de esos recursos. Así que las escuelas de negocios tenemos un papel, no sólo en Wall Street, sino en el mundo en vías de desarrollo. Yo se lo digo permanentemente a los profesores de Wharton: «Siempre hablamos en nuestras clases de 50 países, pero en el mundo hay más de 200. ¿Dónde están los otros 150? ¿Por qué nunca los mencionamos?».
P.- Pero, el hecho de que sólo mencionen 50 países, es un reflejo del reparto del poder económico en el mundo actual.
R.- Pero ese reparto del poder está cambiando. Y, desde luego, va a ser muy diferente en sólo unos pocos años. China, Asia, América Latina y Africa están subiendo peldaños y EEUU va a dejar de ser la mayor economía del mundo. Volviendo a la cuestión de la actual crisis de los mercados y al frenazo de la economía estadounidense, si uno lee The Wall Street Journal, puede sorprenderse ante la cantidad de empresas del mundo desarrollado que esperan capear este temporal gracias a sus negocios en el mundo en desarrollo.
P.- Hace poco, en una entrevista en EL MUNDO, Mohamed el Erian -ex candidato a la dirección del FMI, actual gestor del patrimonio de Harvard y, desde el próximo mes de enero, copresidente de Pimco, la mayor gestora de fondos de renta fija del mundo- explicaba que la actual crisis de las hipotecas de EEUU refleja el cambio de poder económico en el mundo a favor de los países en vías de desarrollo: los países pobres son ya lo bastante fuertes como para no verse contagiados por la crisis.
R.- Desde luego. Esa redistribución de poder a favor de los países pobres ya ha comenzado. Y es muy interesante ver cómo los países en vías de desarrollo están prosperando justo cuando el crecimiento económico de EEUU y Europa se detiene. Aunque, déjeme que le diga, creo que la crisis de las hipotecas de alto riesgo es un problema temporal, y espero que en seis meses o un año haya quedado atrás.
P.- Esa redistribución de poder también está afectando a los MBA, que empezaron como una institución puramente americana y que ahora se han extendido por todo el mundo. Muchos dicen que las universidades estadounidenses están sintiendo la competencia de las escuelas de negocios europeas, que ofrecen programas más cortos, de un año en vez de dos. Columbia ha recortado su programa a un año y medio. Y luego esta la amenaza de los masters en Finanzas, que buscan un público similar al suyo, pero ofrecen más facilidades a los estudiantes.
R.- Harvard también trató de recortar su MBA, y luego dio marcha atrás. El problema es que un programa de un año solamente puede ser interesante para quien tenga ya muy claro lo que va a hacer. No permite un cambio de carrera. Lo mismo pasa con los Masters en Finanzas: si sabes que vas a dedicarte a las finanzas toda tu vida, adelante, pero no esperes aprender estrategia o liderazgo con ellos. Evidentemente, hay mucha competencia. Hay alrededor de 4.000 o 5.000 MBA en todo el mundo. Muchos de Europa, América Latina o Asia son realmente muy buenos.
P.- Ustedes, además, tienen un problema adicional para competir: los controles en la emisión de visados ha desplomado el número de estudiantes extranjeros.
R.- Aunque al principio fue muy difícil, las cosas están mejorando, y el número de estudiantes extranjeros está empezando a aumentar de nuevo. Pero, no obstante, sigue siendo un problema. Yo tomé parte en una conferencia de decanos y rectores de Oriente Medio hace poco, y varios de ellos no pudieron acudir porque no les dieron el visado. Y los que sí lograron entrar tuvieron tantos controles de pasaporte que pidieron que el próximo encuentro sea en Europa. La conclusión es clara: hay que proteger las fronteras y dejar a los terroristas fuera, pero sin insultar a la gente.
P.- Recientemente, el informe Mantener el liderazgo financiero mundial de Nueva York y Estados Unidos, realizado por la consultora McKinsey por encargo del Ayuntamiento de Nueva York y el Senado de EEUU, pone de manifiesto que la dureza de las aduanas estadounidenses está haciendo que los directivos y profesionales de otros países se vayan a trabajar a la City de Londres antes que a Wall Street. Bill Gates también se ha quejado en el Senado de esa situación.
R.- Bueno, nosotros hemos contratado a un irlandés para que lleve las relaciones con los ex alumnos [algo que en EEUU es básico, porque los antiguos estudiantes son quienes donan dinero a las universidades]. ¡Y nos llevó tres meses lograr que pudiera venir a Estados Unidos! Es una cuestión complicada. Porque los terroristas no sólo ganan cuando llevan a cabo atentados. Mire la increíble pérdida de productividad que se produce en los aeropuertos estadounidenses con las nuevas medidas de seguridad, que te obligan a llegar mucho antes a la terminal. Eso tal vez suponga millones de horas de trabajo perdidas. Y no sólo en EEUU. Yo he estado en colas interminables en sitios como el Reino Unido o Barcelona.
P.- Siempre que se habla de MBA se acaba hablando de consultoría o de banca de inversión. ¿Cuándo van a empezar a suministrar directivos a otros sectores?
R.- Bueno, esa percepción no es correcta. Es cierto que cada escuela tiene una cierta especialidad. Wharton, por ejemplo, en finanzas y consultoría. Kellogg [en la Northwestern University] en marketing. Pero aquí también tenemos programas en otros sectores. Y vamos a ampliar nuestra actividad a áreas en las que la gestión no esta muy profesionalizada. Por ejemplo, las sociedades deportivas, que suelen ser en todos los países una especie de juguete para millonarios que juegan con ellas, lo que implica que no suelen estar bien gestionadas. O los medios de comunicación y la industria del entretenimiento, que están dirigidos por gente que conoce esos sectores, pero que tiene una formación empresarial superficial y lograda sobre la marcha. Ahora, con la llegada de las nuevas tecnologías, esos sectores van a tener que profesionalizar mucho su gestión. Fíjese cómo la industria discográfica ha sido virtualmente destruida por internet. Y cómo los medios de comunicación están cambiando totalmente por ese mismo cambio tecnológico. Se trata de sectores que van a tener que cambiar sus modelos de gestión para no desaparecer.
LA CUESTION
- Recientemente, 'Financial Times' comentaba que las escuelas de negocios sólo se dedican a mantener el 'status quo' porque enseñan a ser directivos, pero no emprendedores.
- Nosotros hacemos dos cosas: una es crear conocimiento; la otra, educar a futuros líderes empresariales. Desde luego, crear conocimiento no es reforzar el 'status quo'. Y tampoco debería serlo crear líderes. Claro que, ¿qué es el liderazgo? Es un concepto ambiguo y muy utilizado. Si uno busca el término en 'Google' le puede explotar el ordenador. Se puede enseñar liderazgo, pero hasta cierto punto se trata de que la gente se conozca a sí misma más que al mercado, a la empresa o al sector; es algo tan simple y tan complejo como eso. Lo del liderazgo es a veces sorprendente: puedes encontrar a alguien que como 'numero dos' de una organización funciona muy bien durante mucho tiempo, y que resulta catastrófico si en un momento dado es promocionado a 'número uno', porque requiere unas cualidades totalmente diferentes. Eso es lo que revela la importancia del liderazgo.
«Da vértigo dirigir Wharton, porque el listón está muy alto»
¿Qué sensación tiene al haber asumido el decanato de una escuela de negocios que sistemáticamente lidera la clasificación de MBA internacionales de muchos medios de comunicación como, por ejemplo, Financial Times?
- Bueno, cuando estaba en la Universidad Emory en Georgia todo era mucho más tranquilo, porque sabía que era más fácil mejorarla. El problema con Wharton es que es muy buena, el listón está tan alto que produce cierto vértigo no hacer las cosas peor de lo que se estaban haciendo. Pero, en último término, mi trabajo es relativamente sencillo: se trata de intentar contratar a los mejores profesores, y seguir teniendo a los mejores alumnos.
El problema es que frecuentemente un claustro lleno de estrellas, como el de Wharton, es más difícil de manejar. Los profesores universitarios no son famosos por su capacidad para trabajar en equipo.
- Es más difícil, desde luego. Pero no es menos cierto que yo puedo jugar la baza de que soy uno de ellos. Porque lo soy. Son un miembro del claustro de esta escuela de negocios. He publicado un centenar de artículos científicos. Y eso me da ciertas ventajas. Por lo menos, los otros académicos no me pueden mirar y decir: «¡Pero si tú no eres más que un administrador!».
Usted, de todas formas, está acostumbrado a trabajar con gente relevante. En Emory también está el ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter.
- Sí, de hecho trabajé con él en el lanzamiento del Instituto para el Desarrollo de las Naciones. Es una gran persona, alguien que está literalmente tratando de salvar el mundo, de hacer del mundo un lugar mejor. Y su mujer, Rosalynn, es otra persona excepcional.
Hablando de presidentes, EEUU tiene ahora por primera vez en su Historia un presidente con un MBA, George W. Bush. Y entre los candidatos para las elecciones de 2008, uno de los candidatos mejor colocados es Mitt Romney que, al igual que Bush, tiene un MBA de Harvard. ¿Marca un MBA el estilo de un político?
- Cada vez hay más políticos que tienen un MBA, así que creo que deberemos irnos acostumbrando a eso. El alcalde de Philadelphia, que acaba de ser elegido, tiene un MBA por Wharton, de modo que, evidentemente, esperamos grandes cosas de su estilo de gestión. Y yo creo que Romney podría ser un buen candidato. Y tengo esperanzas en que también podría ser un buen presidente de EEUU. Pero no he visto ninguna traza de que tener un master en Dirección de empresas defina a un político.
Etiquetas: Firmas





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