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Lugar: Cantabria, Spain

jueves, 13 de diciembre de 2007

FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Isabel san sebastián, David Gistau, Manuel Hidalgo, Erasmo, Araceli Mangas



COMENTARIOS LIBERALES
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS
El canon y el PP

Pincha para oír en directo a Federico, o su último programa.Desconozco si el canon digital, esa especie de atraco promovido por la SGAE contra los compradores de cedés y deuvedés para rebañar lo que puedan del Top Manta y esquilmar hoy a los usuarios de ordenadores y, mañana, a los de mp3 y teléfonos móviles es una iniciativa izquierdista o derechista. Ni siquiera sé si lo centrista es estar a favor del canon pero menos o contra el canon pero sólo un poco. La idea de que alguien grave un producto -además de la carga fiscal que ya lleve en el precio- por el posible rendimiento comercial que pueda sacársele a su uso es una fechoría de las que retratan a toda una casta cultural y a toda una época.

Esa máquina de recaudar montada por el antiguo vocalista de Los Canarios tiene un fundamento moral y legal, que es la defensa de la propiedad intelectual como parte de la propiedad privada. Pero cuando el derecho de propiedad se pervierte hasta convertirlo en una agresión al propietario, es decir, en un atraco al consumidor de cedés por lo que pueda grabar y, tal vez, ganar con ellos, pierde toda la legitimidad originaria y se convierte en lo que es: una forma de rapiña desde arriba, desde los altillos políticos de la Administración. Algo que incurre en eso que siempre han denunciado los liberales, dentro o fuera del PP, en las leyes de Sucesiones y Patrimonio y que ahora suscribe hasta Zapatero: no se debe pagar impuestos dos veces por una misma cosa, sea piso o cedé, porque favorece el despilfarro, perjudica el ahorro, propicia el delito y es radicalmente injusto. De hecho, lo prohíbe la Constitución vigente precisamente por lo que tiene de doble imposición fiscal. Los cedés son parte del patrimonio de cualquiera y nadie tiene derecho a añadir más impuestos a los que ya lo gravan, sin duda en exceso.

Pero la lucha contra el canon (http://www.todoscontraelcanon.es/) ha tenido una virtud añadida a la defensa del consumidor, que es retratar el desastre del PP en todo lo que se refiere a política cultural, nuevas tecnologías y modernización de la sociedad española. No hay que ser tránsfuga para servir a la progresía desde el PP. Ahí está el respaldo a la izquierda que en lo del canon digital viene dando la pepera Rodríguez Salmones. Ayer llegó más lejos aún: dijo a través de Efe que el voto mayoritario contra el canon en el Senado, promovido por la Entesa pero cuyo principal apoyo fue el PP, había sido «un error», que eso no prejuzgaba la posición del PP en el Congreso favorable al canon y que, al ser un asunto muy complejo, se esperase al programa electoral. Vamos, que los senadores del PP son idiotas y tiene que explicarles el canon la ideotránsfuga Salmones. Es una buena ocasión para saber lo que piensa Rajoy al respecto. Si es que piensa algo.

LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Los cuervos que vos criasteis


Se suponía que la agitación nacionalista de la pasada legislatura era consecuencia de la prepotencia popular derivada de su mayoría absoluta. Se nos decía que la radicalización de esos partidos ejemplarmente leales y democráticos, que son CiU y el PNV, obedecía al centralismo de la derecha gobernante, a sus desplantes, a su incapacidad para entender y encauzar con flexibilidad la pluralidad del Estado de las Autonomías. Se culpaba a José María Aznar y a otros dirigentes tan carcas y españolistas como él, léase, Jaime Mayor Oreja, del deterioro de las relaciones entre Madrid y la periferia. Pero hete aquí que llegamos al final de la legislatura del talante y estamos peor que nunca, con dos comunidades gobernadas por grupos que amenazan abiertamente con la secesión. ¡Qué ingratitud! ¡Qué desengaño!

En el País Vasco, pionero en eso de lanzarse al monte de la autodeterminación desde las instituciones instauradas por esa Constitución que se denuesta, Ibarretxe sigue en sus trece, empeñado en ejecutar su plan independentista y con más aval del que tenía hace cuatro años. El Ejecutivo socialista le ha proporcionado un argumento impagable con su proceso de negociación con ETA -«si están dispuestos a sentarse con terroristas, ¿por qué no quieren hablar de lo mío?»- y dentro de su partido la opción moderada que representaba Josu Jon Imaz, reacio a consultar nada a nadie mientras la banda siga matando, ha sido derrotada por la que encabeza Iñigo Urkullu, dócil servidor de las pretensiones del lehendakari.

Cataluña, que iba a conocer 50 años de estabilidad bajo el sol de ese nuevo Estatuto alumbrado en La Moncloa entre Mas y Zapatero, se ha apuntado al guateque y ha perdido el pudor. No sólo sienta en varias consejerías a responsables de un partido republicano e independentista. No sólo se rige por una norma recurrida al Tribunal Constitucional nada menos que por el Defensor del Pueblo, entre otros perjudicados, sino que advierte, por boca de la fuerza política más votada, que «se prepare España» si la Justicia se permite cumplir con su deber, porque «habrá conflicto y problemas en el país».

En resumen, señor presidente y secretario general del PSOE: los muertos que vos matasteis están más vivos que nunca, con un apetito insaciable. Los radicales que apaciguasteis no se molestan ya ni en disimular sus intenciones. Los cuervos que alimentasteis con un pan que no era vuestro quieren sacarnos los ojos.


ERASMO
Déjà vu

Quienes, con su consabido catecismo totalitario, instan al cierre de un diario democrático (éste), perpetran su tentativa de golpismo de papel en foros extranjeros, siempre menos informados, ajenos a la despótica basura mediática al uso. Así este Chávez: iletrada bestia nazi a quien ni siquiera hay que rebatir que su socialismo (sic) reposa ya en los más sangrientos avernos, irreversibles abismos de la Historia

AL ABORDAJE
DAVID GISTAU
Hijas de Ryanair

El prestigio sensual de las aeromozas tiene una extensión literaria en Ilona llega con la lluvia. En esa entrega de la trashumancia de un gaviero que navega lodos y soledades, Maqroll participa como socio en un burdel panameño donde las prostitutas son obligadas a vestir uniformes de azafata que les dan distinción internacional y morbo fetichista. Ha salido ahora un calendario erótico de Ryanair donde las empleadas de la compañía recorren el camino inverso: si Alvaro Mutis cubría desnudeces con la corteza formal del uniforme, aquí los uniformes desaparecen para delatar esa mezcla de piel y queroseno que anuncia a las Afroditas tutelares de cualquier taller mecánico. Por supuesto, a los centinelas del moralismo progresista les ha dado un soponcio al atisbar un caso sexista de mujer usada como señuelo comercial.

Obsérvese que a esa policía de las buenas costumbres jamás la llaman a alarma los desnudos a lo Full Monty de bomberos, policías municipales o futbolistas con las prominencias retocadas por el Photoshop.

Aún está fresco en la memoria el posado de la soldado Pacheco para la revista Interviú. Si entonces no hubo escándalo entre el feminismo, fue porque se valoró a una mujer que ejercía su libertad contra una institución tenida por retrógrada. Las azafatas de Ryanair han elegido posar con la misma libertad. Y encima su propósito no es comercial, sino benéfico. Y aun así hay quien se ha sentido obligado por los tópicos bienpensantes a acudir a salvarlas como si fueran víctimas atadas a una estaca y ofrecidas en sacrificio al machismo. Qué canon puritano e intervencionista el de ese moralismo que es reaccionario a pesar de sus coartadas progres y patrulla la vida social para castigar el libre albedrío y vicios inocuos como el tabaco, el trago y las ligerezas de ropa. Y qué triste oficio de ex-seminarista reprimido, el del censor que a la vista anecdótica de un cuerpo exige que se apliquen los reglamentos indumentarios de la Sección Femenina.

Pareciera que aún tenemos pendiente la revolución de la minifalda de Mary Quant para lograr que una mujer se desnude cuando le pete sin que la repriman. Este tonto asunto del calendario demuestra, con las azafatas de Ryanair como ejemplo, que la cruzada moralista convocada por este Gobierno infantiliza al ciudadano y le arrebata por su propio bien la capacidad de tomar decisiones, ya se trate de fumar, de comer hamburguesas, o de posar en ropa interior dentro de la cabina de un avión para recrearse con un erotismo tan inocente y libre como cuando lo practican hombres que promocionan calzoncillos.

A todas ésas, cabe augurar que, de todos los aviones posibles, a partir de ahora será en los de Ryanair en los que con más insistencia se pulse el botón de llamada a la azafata.

A CONTRAPELO
MANUEL HIDALGO
Licencias
Lo mismo va a resultar que ni La Zarzuela ni La Moncloa tienen tampoco licencia de funcionamiento o como se diga. Degenerando, degenerando -que siempre, en rigor, es ir hacia arriba-, nos encontramos con que lo que empezó, en plan guateque, con unas irregularidades administrativas en bares, tabernas y otros comercios consuetudinarios de Madrid, ahora ya pasa, según dicen los unos contra los otros, y viceversa, por las sedes respectivas de Ferraz y de Génova. Habría que ver, ya puestos, si las sedes residenciales del jefe del Estado y del presidente del Gobierno tienen los papeles en regla o bien -degenerando, degenerando- están a falta de un sello o de un tamponazo para funcionar como Dios manda.

Soy de la opinión de que España -y cualquier país, quiero creer- es un mapa prolijo de eso que llamamos enfáticamente corrupción como si quisiéramos decir cáncer terminal, cuando lo más probable es que esa dicha corrupción no sea sino un inevitable procedimiento constructivo y creador frente a la parálisis que supone atenerse a las normas.

También supongo -o doy en suponer- que la denominada corrupción es una de las actividades o actitudes más socializadas entre la población, de manera que cada sujeto practica la suya propia de acuerdo a los fines que le interesan y le competen, evitando así el agarrotamiento y la jibarización de sus objetivos, constreñidos -je- por los cauces legales y por la consecuente parsimonia y tacañería burocráticas.

No quiero arrojar sobre el lector un pensamiento cínico ni descreído. Ni un relativismo moral de baja calidad. Creo, más bien, que ese relativismo está, antes de que yo abra el pico, profundamente arraigado en el cuerpo social, que se mosquea sobremanera cuando el corrupto de gran grosor pilla cacho dinerario de enorme magnitud mientras que hace la vista supergorda cuando el ardid corrupto y fraudulento es de cosecha propia y de escaso -en teoría- volumen: triquiñuelas con el subsidio de desempleo, con la declaración de la renta y otros impuestos, con el maná de subvenciones, manejos con la escrituración de pisos y, en fin, qué les voy a contar que ustedes no sepan.

Hecha la ley, hecha la trampa. Eso se dice. Y la vida funciona con la ley y con la trampa, con ambas a la vez. De manera, que la corrupción -enorme red sin límite ni fondo- no es sino la grasilla que lubrica el motor que imbrica a lo individual con lo colectivo para que vaya chutando. Si pillan al otro con las manos en mucha masa de la trampa, nos enfadamos, incluso, tal vez, porque en alguna ocasión nos pillaron en una trampa menor y fuimos acogotados, de manera que ahora deseamos fervientemente que quien ha sido sorprendido con un truco de gran envergadura lo pague crudo por ser más descarado que lo que nosotros fuimos capaces de ser.

Es verdad que, dicho esto, no se puede admitir tan ricamente la corrupción, pues se iría a la porra no sólo la ley que nos gobierna sino el principio de igualdad. Pero, con todo lo que gotea, ¿hay razón moral -moral, digo- para, por ejemplo, derribar las chabolas de la Cañada Real? ¡Anda ya!


Nos cuentan que... fiel al espíritu navideño, a las tradiciones y a las amistades, Rodríguez Zapatero celebró ayer una comida de fraternidad con un pequeño grupo de periodistas a los que el presidente califica como sus «viejos amigos». El almuerzo, preparado por su asesor Julián Lacalle, tuvo como escenario la zona de menú a la carta del restaurante del Congreso de los Diputados. Zapatero creyó tal vez que su comida pasaría tan desapercibida como aquellas que celebraba cuando era un simple diputado del PSOE en la oposición, y a las que acudían sólo algunos de los que ayer se sentaron a su mesa. Pero no fue así. Numerosos informadores que habitualmente trabajan en la Cámara consideraron poco diplomático el gesto. El malestar fue más patente entre las periodistas que, apenas hace tres semanas, le habían propuesto en los pasillos del Congreso celebrar un almuerzo con chicas para compensar la preferencia que el presidente y sus asesores demuestran una y otra vez hacia las comidas sólo con hombres. La demanda, a todas luces, no prosperó. El caché del jefe del Gobierno como adalid del principio de paridad y siempre dispuesto a dialogar incluso con los representantes de los medios que más le critican bajó ayer muchos enteros en el Parlamento. Los hechos hablaron por sí solos: únicamente hombres y afines.



TRIBUNA LIBRE
ARACELI MANGAS MARTIN
El Tratado de Lisboa: sin volver la vista atrás

Con la firma solemne del Tratado de Lisboa hoy, 13 de diciembre de 2007, se cierra, de momento, una de las crisis más graves entre las muchas que ha sufrido la integración europea en sus casi 60 años de existencia. El melodrama constitucional queda atrás salvándose una parte de las innovaciones de la fracasada Constitución Europea. Todos los ropajes artificiosos, ambiguos y desproporcionados de la burbuja constitucional se han dejado atrás incluido el atrabiliario sistema de normas.

En su apariencia externa, el nuevo Tratado es muy distinto al Tratado constitucional; selecciona una serie de artículos a los que modifica respecto del Derecho ahora vigente. Luego hay que introducir tales modificaciones en los dos grandes tratados en vigor: el Tratado de la Unión Europea y el Tratado de Roma. Por ello, es complejo e ininteligible leído aisladamente. Es una diferencia importante y negativa respecto del fallido Tratado constitucional, cuya sistemática y estructura eran su mejor carta de presentación. No vale la pena lamentarse. Al menos desaparecerá la estructura de pilares culminando la unificación orgánica.

Ahora bien, una vez que los artículos del Tratado de Lisboa se inserten en un texto refundido, como los cromos en un álbum, tapando los preceptos derogados o modificados del Tratado de la Unión Europea (TUE), éste cambiará y mejorará mucho su estructura actual y su legibilidad. Es verdad que sobran preceptos sobre política exterior, pero en los aproximadamente 60 preceptos del TUE refundido cualquier ciudadano podrá tener una idea general de los valores y objetivos comunes, de quién hace qué y para qué en la UE. Otra parte muy significativa de artículos del Tratado de Lisboa habrá que insertarlos en el Tratado más popular, el de la Comunidad Europea o Tratado de Roma, que se rebautiza como Tratado de funcionamiento de la Unión. Este siempre ha sido muy técnico-jurídico y prolijo, y en él se desarrollan las políticas materiales, es decir, el cómo y en qué ámbitos se ejercen las competencias atribuidas a la UE.

Las reformas que introduce el Tratado de Lisboa confirman el notable escoramiento intergubernamental que ya tenía la nave constitucional encallada. El recorte más importante es la eliminación de la parafernalia constitucionalista para dejar al desnudo lo que realmente era aquella reforma: máximo control por parte de los estados y reforzamiento de éstos en el sistema institucional.

Del retórico y ampuloso preámbulo de la Constitución sólo se incorpora el párrafo que reconoce la inspiración en la herencia cultural, religiosa y humanística; aclara que las competencias de la Unión proceden de sus estados miembros y que la UE sólo puede actuar en los ámbitos atribuidos por su naturaleza de organización internacional. Y añade algo obvio: que, además de respetar la identidad nacional de sus estados miembros y las funciones esenciales de éstos, la seguridad nacional seguirá siendo responsabilidad de cada Estado, cualesquiera que sean los avances en política común de seguridad y defensa y de solidaridad. La política exterior de seguridad y defensa mantendrá su especificidad y complejidad con pleno control intergubernamental. Se reconoce formalmente que los estados podrán retirarse de la Unión, derecho inherente a la condición de estados soberanos en toda organización internacional.

También los estados, a través de los gobiernos y de los parlamentos nacionales, dispondrán de mecanismos más flexibles para la revisión de las políticas comunitarias, los procedimientos legislativos o la reducción del voto por unanimidad. El reforzamiento de los estados supondrá también la posibilidad de hacer revisiones renacionalizando o devolviéndoles competencias, algo que ningún tratado comunitario admitió en el pasado.

Los mecanismos institucionales se han conservado tal y como se habían dispuesto en el Tratado constitucional. Pero ya éste no aportaba un modelo nuevo, aunque se generará una nueva dinámica mucho más intergubernamental que viene dada por la nueva Presidencia permanente del Consejo Europeo y por el Alto Representante para los Asuntos Exteriores.

Cuando entren en vigor sus reformas, no antes de enero de 2009, habrá que observar la nueva dinámica, ya que la gran perdedora del camelo constitucionalista es la Comisión y lo que representa -el interés común, la independencia respecto de los estados-. Aunque sus atribuciones no varían, podrían añadirse nuevas tensiones a una deteriorada Comisión desde que la dejó de presidir Jacques Delors, con posteriores presidentes siempre débiles, mediocres o ineptos.

Los gobiernos van a tener un quintacolumnista en la Comisión al nombrar al Alto Representante y acumular éste los cargos de vicepresidente de la Comisión y presidente del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores, sujeto a las instrucciones de los gobiernos rompiendo la colegialidad e independencia de la Comisión. La acumulación de tales cargos puede dar eficacia y coherencia a la acción exterior pero tendremos un virrey de Europa.

Habrá tres presidentes permanentes: el del Consejo Europeo, el de la Comisión y el del Consejo de Asuntos Exteriores -el Alto Representante-. La tricefalia es un riesgo, pero dependerá del factor humano (buena química... o celos). Estos cambios confirman que pese al artificioso ropaje constitucionalista, las innovaciones de contenido que había en la Constitución y que pasan al Tratado de Lisboa son profundamente reforzadoras del intergubernamentalismo.

Reformas positivas como la reducción de comisarios o la nueva mayoría cualificada con los frenos exigidos por Polonia quedarán congeladas hasta 2014 o 2017. Largo me lo fiáis... Para entonces, puede haber otras reformas. Los avances democratizadores se mantienen: ampliación de la mayoría cualificada lo que facilitará la toma de decisiones en el Consejo -aunque sólo sea por el hecho contradictorio de que el temor ante una votación fuerza al consenso- y revaloriza al Parlamento europeo, así como la extensión de los ámbitos materiales sometidos a colegislación y la plena igualdad de Consejo y Parlamento confirmando a éste como legislador y coautoridad presupuestaria. El Parlamento europeo es un ganador, como en las reformas de Maastricht, Amsterdam y Niza. Pero todos los avances son a costa de la Comisión.

Los parlamentos nacionales (y los regionales) dispondrán de más facilidades que en el Tratado constitucional para impedir que se aprueben actos comunitarios que no sean necesarios ni vengan justificados por la dimensión europea y que pudieran ser adoptados por los parlamentos nacionales con la misma eficacia. Claro que este complicado sistema de alerta temprana puede conllevar tensión entre parlamentos nacionales y regionales; incluso los gobiernos podrían manejar a las cámaras nacionales contra la Comisión para frenar una propuesta contraria a sus intereses.

Se reconoce obligatoriedad a la Carta de los Derechos Fundamentales para las instituciones y los estados, incluido el poder judicial; eso sí, para que se aceptara esa obligatoriedad hubo que pagar el peaje de la excepción británica y polaca: los jueces de ambos estados no podrán examinar si las leyes y actos de esos estados respetan o no la Carta -claro que nadie debe deducir que por ello pueda haber barra libre para las violaciones a los derechos humanos-. Fue una concesión criticable, pero al menos en 25 estados sí se podrá invocar el carácter obligatorio de la Carta.

Decía al inicio de este artículo que el Tratado de Lisboa cerraba la crisis. De momento; porque ahora debe pasar por el via crucis de las 27 (que no 14) estaciones constitucionales de los estados miembros. En algunos parlamentos -Reino Unido- ya han preguntado en qué cambia sustantivamente este Tratado del de la Constitución europea. Qué buena pregunta. Pero los daneses están de dulce, incluso desean entrar en el euro y retirar sus excepciones en defensa, y los gemelos polacos -tras la cirugía de las elecciones, en la que uno de ellos ha perdido el cargo- están desactivados. El Tratado de Lisboa se ha redactado haciendo concesiones a los estados en cuanto éstos amenazaban con convocar un referéndum previo a la ratificación. Es conveniente señalar que la autorización de los tratados comunitarios -incluida la fallida Constitución- siempre es parlamentaria y que no existen ratificaciones mediante referendos más que en la mente de políticos y periodistas poco instruidos; por ejemplo, la Constitución española ni la prevé ni la permite.

Para que la ratificación del Tratado de Lisboa no sea un calvario, para que no se repitan caídas como las de Francia y Holanda y evitar la tercera caída, en este via crucis se necesitará más de un cirineo. Y Gordon Brown debe estar más preocupado por no caer él mismo o Bélgica por poder ratificar como un solo Estado... Sarkozy controla en casa, pero no podrá hacer de Sarkoman -como en Chad- si saltara alguna sorpresa. Merkel no hará de cirineo sino que como buena gobernanta aplicará estricta disciplina germana si el caído es un recién llegado dejándolo sin fluido financiero.

Lo que importa es ponerse en marcha de nuevo y dejar de contemplarnos como si fuéramos el centro del mundo. El problema de la UE no es su fracaso constitucional sino cómo hacer frente a la globalización en sus dimensiones económico-tecnológica y de seguridad. Lo más interesante y preocupante para nuestro bienestar no tiene lugar en el seno de la Unión Europea.

Araceli Mangas Martín es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Salamanca.

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