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viernes, 28 de diciembre de 2007

INTERNACIONAL: El asesinato de Benazir Bhutto sumerge a Pakistán en el caos/ El terrorista le disparó dos tiros tras concluir un mitin y después se s



UN ASESINATO ANUNCIADO / La ex primera ministra murió a tres kilómetros del lugar donde fue ahorcado su padre / El 'modus operandi' lleva el sello de Al Qaeda / El poder del presidente, Pervez Musharraf, se tambalea
El asesinato de Benazir Bhutto sumerge a Pakistán en el caos

El crimen con la marca de Al Qaeda deja en el aire las elecciones que iban a acabar con la dictadura militar El opositor Nawaz Sharif pide la dimisión de Musharraf, el boicot de los comicios y llama a la huelga general
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AHMED RASHID. Especial para EL MUNDO

LAHORE.-
Como si las cosas no pudieran empeorar aún más en este país desgarrado por los conflictos y por el extremismo de los talibán, Pakistán se precipitó ayer en un caos inimaginable, una tristeza desoladora y una conmoción paralizante tras el asesinato de Benazir Bhutto.

Su muerte acarreará muy probablemente la suspensión de las elecciones convocadas para el 8 de enero y desencadenará medidas marciales extraordinarias, que podrían concretarse en un nuevo estado de excepción o incluso en la implantación de la Ley Marcial. Mientras tanto, anoche miles y miles de personas se echaban a la calle de las ciudades más importantes del país para llorar en público su pena, arrancarse el pelo a puñados en señal de desesperación y manifestarse contra el Gobierno de Pervez Musharraf, cuyo futuro político está más cuestionado que nunca.

Bhutto murió a apenas unos tres kilómetros de distancia del lugar en que fue ahorcado hace tres décadas su padre, Zulfikar Ali Bhutto, primer ministro de Pakistán al que derrocaron en 1975 los militares. Desde hace mucho tiempo son proverbiales la inquina y el resentimiento entre el Ejército y el Partido Popular de Pakistán (PPP), dirigido por la familia Bhutto. Por ello los militantes del partido acusaban ayer abiertamente al Ejército de haber perpetrado el asesinato de esta otra Bhutto. Lo cierto es que esta hipótesis es muy improbable.

El recurso clásico a un francotirador mientras uno o dos terroristas suicidas creaban una gran confusión lleva el sello inconfundible de un comando suicida de Al Qaeda.

La tragedia personal de esta familia -uno de los hermanos de Benazir Bhutto falleció envenenado y el otro a tiros- resume como ninguna otra cosa el curso sangriento de la vida política de Pakistán desde sus inicios en 1947. El primer ministro de Pakistán que inauguró el cargo, Liaquat Ali Khan, fue asesinado en 1951 durante una concentración política de sus seguidores. Exactamente lo mismo que le ha ocurrido a Benazir Bhutto.

En estos momentos se ha creado un enorme vacío político en el corazón de este Estado de 160 millones de personas, que dispone de armas nucleares y que parece estar deslizándose hacia un abismo de violencia y extremismo islámico. El interrogante crucial de qué va a ocurrir ahora no encuentra prácticamente ninguna respuesta.

La muerte de Benazir Bhutto deja un enorme vacío en el corazón del PPP, a cuya cabeza siempre ha estado un miembro de la familia Bhutto. Benazir tiene una hermana, Sanam Bhutto, que vive en Londres y que nunca ha querido saber nada de política. También un marido, Asif Ali Zardari, que es muy polémico en temas políticos pero que en cualquier caso se ha quedado ahora como padre solitario de tres adolescentes desolados y es muy dudoso que quiera ponerse al frente del partido.

Su fallecimiento también deja un gran vacío en el corazón del golpeado sistema político paquistaní. Elegida primera ministra por dos veces en los años de 1990 y por dos veces destituida por el Ejército bajo acusaciones de corrupción e incompetencia, Benazir Bhutto seguía siendo una figura política titánica en una tierra de pigmeos políticos y acólitos de los militares. En las últimas semanas se había lanzado de manera frontal contra los talibán, algo que Musharraf no se ha atrevido a hacer en ningún momento durante sus ocho años en la Presidencia. Bhutto había exigido a los militares que pusieran fin a las interferencias en el proceso político pero había expresado también su voluntad de trabajar con ellos si las fuerzas armadas respaldaban la democracia.

Una valentía necesaria

Su partido -y ella personalmente- contaban con la lealtad incondicional de al menos una tercera parte del electorado que se opone vehementemente a la dictadura del Ejército y al extremismo islámico. Bhutto y el PPP eran lo más cerca que la República Islámica de Pakistán ha estado nunca de abrazar una cultura política democrática secular. En un país en el que los únicos avances políticos recientes los han protagonizado los talibán paquistaníes, que se han apoderado de extensiones considerables de territorio, la postura de Bhutto ha sido de una valentía absolutamente necesaria.

La campaña de Bhutto estaba atrayendo a las masas, pero también suscitando las críticas de los políticos que se han alineado del lado de Musharraf y los militares. Había denunciado en público el temor a que las elecciones resultaran amañadas por los militares, acusaciones que parecían plenamente justificadas a la vista de las restricciones impuestas por el régimen al estamento judicial, a los medios de comunicación y al proceso electoral.

Los comicios son consecuencia de las enormes presiones que los estadounidenses y los británicos han ejercido sobre Musharraf. Fue Occidente el que le obligó a autorizar el regreso de Bhutto. No obstante, Musharraf había manifestado que estaba dispuesto a colaborar con Bhutto pero sólo a medias y son estas dudas sobre sus verdaderas intenciones políticas las que le van a resultar al presidente más perjudiciales en los días venideros. Es posible que Musharraf no sobreviva políticamente hablando a la muerte de Bhutto por la sencilla razón de que sus intenciones políticas no les han parecido ni les parecen honradas ni aceptables a un número cada vez mayor de paquistaníes.

En el actual estado de dolor y conmoción, resulta poco probable que la oposición acepte que Musharraf continúe en el cargo. Si los disturbios callejeros y el caos político fueran a más, si la oposición se negara a colaborar con Musharraf y si la comunidad internacional empezara por fin a distanciarse del presidente, el Ejército podría verse obligado entonces a comunicar a Musharraf que hasta aquí ha llegado.

Sin embargo, ni siquiera la salida de Musharraf por sí sola resolvería nada. Hay una ligerísima esperanza de que, tras su marcha, el Ejército pueda dar paso a la formación de un Gobierno de unidad nacional en lugar de seguir administrando el poder en exclusiva. Los líderes políticos podrían hacer un esfuerzo y hacer retroceder el fantasma del extremismo que está asolando esta tierra sumida en la ignorancia y sacar adelante pacíficamente unas elecciones que volvieran a encarrilar el país hacia el futuro.

Ahmed Rashid es autor de Los talibán (Península, 2001) y el principal especialista mundial en Afganistán y Pakistán.

«Arriesgo mi vida porque el país peligra»

MADRID.- Bhutto habló muchas veces sobre los peligros que afronta Pakistán. Estas son frases recogidas por Reuters en las que la líder opositora expresó su determinación de luchar por su país:

Durante su último mitin, poco antes de ser asesinada: «

Pongo mi vida en peligro al venir aquí porque siento que el país está en peligro. La gente está preocupada. Sacaremos a la nación de esta crisis».

Recordando una visita a su padre, el ex primer ministro Zulfikar Ali Bhutto:

«Juré en la celda en la que murió que continuaría el trabajo que él comenzó».

En una entrevista de 1986:

«Todos los dictadores usan la religión como apoyo para mantenerse en el poder».

En su autobiografía:

«La amargura puede consumirte, pero no puede gobernarte».

Tras escapar a otro atentado en octubre:

«Sólo debemos modificar nuestra campaña hasta cierto punto por los atentados suicidas. Seguiremos encontrándonos con la gente. No nos disuadirán».

En su declaración sobre el estado de emergencia en Pakistán:

«Creo que Musharraf y la gente a sus órdenes quiere usar este estado de emergencia para retrasar las elecciones al menos dos años».

Obituario en pág. 6

UN ASESINATO ANUNCIADO / Los acontecimientos
El terrorista le disparó dos tiros tras concluir un mitin y después se suicidó con una bomba

La líder de la oposición paquistaní fue abatida cuando estaba saludando a sus seguidores, asomada desde el techo de un vehículo blindado

DAVID JIMENEZ. Corresponsal en Asia

Volvió a su tierra natal como la hija pródiga para lanzar un desafío al extremismo y devolver la democracia a su gente. Un atentado suicida acabó ayer con su vida y dejó sus dos grandes desafíos heridos de muerte. Benazir Bhutto, de 54 años, fue asesinada poco después de dar un mitin en la ciudad paquistaní de Rawalpindi.

Bhutto recibió dos disparos -en la cabeza y el cuello- de un terrorista que, inmediatamente después, se suicidó detonando los explosivos que llevaba consigo. En el momento del atentado, la ex primera ministra estaba saludando a sus seguidores, asomada al techo de su vehículo blindado.

La histórica política paquistaní, favorita para ganar las elecciones legislativas previstas en principio para el próximo día 8, falleció mientras era conducida a un hospital cercano.

Según los primeros datos de la masacre, unas 20 personas -la mayoría miembros de su servicio de seguridad- perdieron la vida en el atentado. La dirigente del Partido Popular de Pakistán (PPP) era la esperanza de Occidente para moderar el país y reforzar la lucha contra el terrorismo islámico. Sus posiciones políticas, su condición de mujer y su pertenencia a la élite política paquistaní la habían puesto en el punto de mira, tanto de los islamistas radicales -Al Qaeda es la primera sospechosa del ataque de ayer- como de algunos sectores de los propios Servicios Secretos.

«Ha muerto como un mártir», dijo Rehman Malik, su consejero de seguridad. Inmediatamente después de la masacre, miles de seguidores de Bhutto tomaron las calles de Lahore y de otras ciudades del país.

Anoche, la violencia se extendía por Pakistán. A última hora de ayer, al menos 10 personas habían perdido la vida en los tumultos, especialmente en Lahore, donde comercios, autobuses y vehículos ardieron, al tiempo que se escuchaban tiros esporádicos.

El presidente paquistaní, Pervez Musharraf, hizo un llamamiento público a la calma y prometió llevar a los culpables ante la Justicia. El dictador, que recientemente renunció a su uniforme militar para convertirse en un dirigente civil, pidió a los paquistaníes que mantengan la tranquilidad «para afrontar esta tragedia y dolor, con resolución renovada para continuar la lucha contra el terror». Musharraf declaró tres días de luto, expresó sus condolencias a los familiares de la fallecida y calificó lo acontecido de «gran tragedia nacional».

El asesinato de Benazir Bhutto había sido vaticinado por el propio Gobierno, que había alertado sobre la presencia de más de una decena de comandos suicidas dispuestos a acabar con su vida.

El pasado 18 de octubre, más de 140 de sus partidarios murieron en otra masacre, cuando la líder regresaba al país después de un exilio de casi una década en Reino Unido y Dubai.

«Estamos ante un acto de quienes quieren desintegrar Pakistán, porque ella era un símbolo de unidad. Han acabado con la familia Bhutto», aseguraba ayer desolado su compañero de partido Farzana Raja, en referencia a la maldición que ha perseguido al clan Bhutto. El padre de Benazir, que ocupó la Jefatura del Estado en la década de los 70, fue ejecutado por el Ejército. Sus dos hermanos, Murtaza y Shahnawaz, fueron asesinados en 1996 y 1985.

Ayer, durante su último mitin, la propia dirigente del PPP declaró: «Toda mi familia se sacrificó por la democracia [...] Pongo mi vida en peligro viniendo aquí porque siento este país en peligro. La gente está preocupada. Pero sacaremos al país de la crisis».

Ahora, tras su muerte, el país parece haberse sumido en el caos. El ex primer ministro y líder de la oposición tras la desaparición de Benazir Bhutto, Nawaz Sharif, anunció ayer que su partido boicoteará las elecciones legislativas, porque «no son posibles unos comicios libres con la presencia de Musharraf, pues él es la raíz de todos los problemas». «Musharraf debe dimitir para salvar Pakistán», insistió.

El ex primer ministro -derrocado por Musharraf- fue más allá en su pulso contra el régimen y convocó una huelga general para hoy, viernes. «Todos los paquistaníes están conmocionados», dijo. «Todos los que se unan a la huelga dejarán clara su solidaridad con el país», añadió Sharif, que como Bhutto también regresó recientemente del exilio.

Anoche, los restos mortales de Benazir Bhutto fueron trasladados del hospital donde falleció a una base militar, desde la que partieron hacia Garhi Khuda Baksh, en el distrito de Larkana, donde será enterrada junto a su padre. Anoche, una multitud enloquecida se lanzó a portar el féretro desde el hospital.

elmundo.es Galería de fotos: Contemple las imágenes de la vida y carrera política de Benazir Bhutto.

Gráfico interactivo: Vea cómo se produjo el ataque.

UN ASESINATO ANUNCIADO / Los análisis
Un país sin rumbo

BROWNEN MADDOX

El asesinato de Benazir Bhutto no significa la muerte de la democracia en Pakistán, siempre y cuando las elecciones se celebren pronto. Posiblemente el primer impulso del presidente Pervez Musharraf sea el de aplazar las elecciones y volver a imponer el estado de excepción que hace bien poco que acaba de levantar, con el argumento de que, de no ser así, la violencia arrasará Pakistán. La condena inmediata de Moscú, que ha expresado el temor de que la muerte de la señora Bhutto desencadene una ola de terrorismo, ha dado implícitamente alas a ese tipo de medidas rigurosas.

Sin embargo, el Partido Popular de Pakistán (PPP), que bajo la dirección de Bhutto se mantuvo como la fuerza más importante del panorama político nacional, deseará probablemente que las elecciones se lleven adelante. Si es capaz de alumbrar un nuevo jefe que resulte creíble, cabe la posibilidad de que el partido arrase y consiga una poderosa ventaja a caballo del efecto mártir. Es probable asimismo que el Reino Unido y EEUU insistan en que las elecciones son la fórmula para recuperar la estabilidad.

La muerte de Bhutto va a suponer una terrible conmoción, pero no se puede decir que sea una sorpresa. En su condición de mujer -procedente además de la provincia empobrecida de Sindh y no del Punjab, que es el feudo por antonomasia de la clase dirigente de Pakistán- esta mujer parecía encarnar la esperanza de convertir Pakistán en un país más moderno.

Tuvo la suerte de sobrevivir a la explosión de la bomba de un suicida en la concentración con la que se celebró su regreso en Karachi. Sin embargo, la falta de precauciones ha hecho que pareciera sólo cuestión de tiempo que se cometiera un atentado con éxito contra su vida. Concentraciones políticas como la de ayer planteaban unos riesgos evidentes. Bhutto había sido enormemente criticada por la vanidad de la concentración de Karachi, donde la explosión terrorista acabó con la vida de unas 140 personas. Sin embargo, tras la imposición del estado de excepción por Musharraf en noviembre pasado, que llevó aparejado el cierre de las emisoras privadas de televisión, quedaba vedada para ella la posibilidad de una campaña virtual. Los mítines en ciudades clave como Rawalpindi se convirtieron así en ineludibles aunque no dejaran de ser peligrosos.

Puede darse por seguro que los seguidores fervorosos de Bhutto cargarán sobre Musharraf las culpas de su asesinato. Todavía estarán más inclinados a ver la mano de Musharraf en el asesinato porque éste ha tenido lugar en Rawalpindi, una ciudad que es en realidad una plaza fuerte, el cuartel general del Ejército de Pakistán y sede de la Casa del Ejército, la residencia en la que vive Musharraf y que se ha negado a abandonar aunque ha renunciado al cargo de jefe supremo de las fuerzas armadas.

La amenaza de protestas violentas no son exageraciones surgidas del entorno de Musharraf. A juzgar por sus recientes reacciones, el presidente bien podría invocar la amenaza de revueltas como justificación para la adopción de nuevas medidas excepcionales de seguridad. Es probable que en este punto cuente con el respaldo del general Ashfaq Kiyani, un hombre plenamente del régimen a quien recientemente ha recuperado como sustituto suyo al frente de las fuerzas armadas. Sin embargo, esta será la primera ocasión en la que se va a poner a prueba si la lealtad de Kiyani se mantiene firme y si comparte las tácticas de Musharraf a la hora de hacer frente a la amenaza terrorista.

¿Qué va a ocurrir ahora con el PPP? El candidato que parece más adecuado es Amin Fahim, vicepresidente del partido, que lo ha dirigido durante los años de exilio de Bhutto. Procedente de una poderosa familia feudal de la provincia de Sindh, al igual que su jefa, se tiene de él la idea de que es un hombre con la capacidad política suficiente para unir a las diversas facciones del partido y llevarlo a la victoria. También está el marido de Bhutto, Asif Zardari. No se trata, sin embargo, de un personaje que cuente con un gran crédito. Le falta carisma y durante la etapa de ella como primera ministra se le conocía como «el señor 10%». En una entrevista con ocasión de su vuelta a Pakistán, pregunté a Bhutto si su marido pensaba volver para estar con ella. «No», me respondió, con gran rotundidad, «se va a quedar al cargo de los niños y, en cualquier caso, está enfermo».

Brownen Maddox es la analista internacional del diario británico The Times

UN ASESINATO ANUNCIADO
Una oposición diezmada y rota

El vacío político que desencadena la muerte de Benazir Bhutto deja un panorama incierto para las fuerzas que se oponen al régimen de Musharraf
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ROSA MENESES

Figura dominante en la oposición secular y religiosa de Pakistán, Benazir Bhutto deja un vacío en la esfera política del país, y en particular en la oposición al presidente, Pervez Musharraf. La muerte sorprendió a Bhutto cuando estaba preparando a su formación, el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP), para volver a emerger como fuerza clave en las próximas elecciones, previstas para el próximo 8 de enero. Sin embargo, sin su líder, el PPP vuelve a su posición de debilidad ante el régimen, por más que el sucesor provisional de Bhutto, Amin Fahim, ya haya recibido el apoyo del Gobierno estadounidense.

La incógnita ahora es saber si Musharraf mantendrá los comicios presidenciales bajo esta nueva espiral de violencia. De ser así, la mejor opción para la oposición -maltrecha por la pérdida de Bhutto- es unificarse en torno a un candidato. Sin embargo, su diversidad política lo hace difícil y uno de los síntomas de que los líderes no encuentran un rumbo común es el llamamiento al boicot que han realizado algunos de ellos, como Nawaz Sharif o el islamista Qazi Husain Ahmed.

Con el asesinato de la carismática Bhutto, el país ha entrado en una crisis gravísima. Musharraf tiene ahora la oportunidad de poner fin a un proceso electoral en el que nunca ha creído y volver a enrocarse en el estado de excepción.

Así lo vaticinan algunos analistas, como Farzana Shaikh, analista del think tank londinense Chatam House, que apunta a Reuters: «El proceso electoral ha sido frenado de golpe. Creo que existe la posibilidad muy real de que Musharraf decida que la situación se ha ido de control y que necesita volver a imponer el estado de emergencia».

Refuerza la posición de Musharraf el hecho de que la oposición paquistaní esté rota. Nawaz Sharif, quien como Bhutto volvió del exilio recientemente, ha boicoteado las elecciones y se opone a Musharraf de una forma más radical a la que lo hacía la ex primera ministra, pero carece de su carisma y su capacidad de convocatoria. En el fondo, Bhutto y Sharif eran rivales y ahora Sharif -a quien Musharraf derrocó mediante un golpe de Estado 1999- queda ungido como el opositor natural a Musharraf.

Sin embargo, las cuentas pendientes con la Justicia y el pasado de corrupción del ex primer ministro no favorecen su imagen en la sociedad paquistaní. Además, su partido, la Liga Musulmana de Pakistán, está dividido en dos facciones, desde que en 2002 algunos de sus líderes se escindieran en una rama que apoya a Musharraf.

El Movimiento por la Justicia que lidera el ex jugador de críquet Imran Khan es la tercera fuerza que intentaba alinearse con Bhutto y Sharif en una oposición fuerte. Sin embargo, sus diferencias con los antiguos primeros ministros aún pesaban a la hora de llegar a un acuerdo. Khan nunca se llevó bien con Bhutto y carece además de la experiencia política de la líder asesinada. Aunque dispone de su carisma para ejercer como contrapeso al presidente, aunque sea en todo caso un contrapeso minoritario.

Musharraf, el dictador necesario a los ojos de EEUU tras el 11-S, se ha vuelto ahora el aliado incómodo, incapaz de combatir la creciente contestación de los islamistas en el interior y el auge de los neotalibán en la frontera con el vecino del Norte.

Su popularidad interna decae desde hace meses a la par que sus apoyos en el exterior. La desaparición de Benazir Bhutto beneficia al general, pero a la larga también le perjudica. Los únicos que ganan en esta nueva vuelta de tuerca en la situación política de Pakistán son los radicales islámicos que desafían al régimen y que sin duda sacarán provecho del vacío político creado en torno a Bhutto para dar aire a una nueva explosión de violencia.


UN ASESINATO ANUNCIADO
El 'efecto boomerang' sobre el vecino afgano
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M.pi.NICA BERNABE. Especial para EL MUNDO

KABUL.-
Casualidades de la vida, el presidente afgano, Hamid Karzai, se había reunido ayer por la mañana con Benazir Bhutto en Islamabad, horas antes del atentado y coincidiendo con una visita del líder afgano al vecino Pakistán. Tras el brutal asesinato, se mostró estupefacto y declaró, en un mensaje de condolencia, que Bhutto ha sacrificado su vida «por el destino de su país y de la región».

Lo cierto, sin embargo, es que la líder paquistaní llevaba años jugando con el destino de su país y por extensión de toda la zona. Ya en octubre de 1994 no tuvo ningún reparo en reunirse oficialmente en Turkmenistán con los señores de la guerra afganos Ismael Khan y el sanguinario Abdul Rashid Dostum, que participó directamente en la destrucción de Kabul a principios de los 90, bombardeando zonas residenciales.

Asimismo, durante su segundo mandato como primera ministra, entre 1993 y 1996, Bhutto miró hacia otro lado mientras en la frontera de Pakistán con Afganistán se hacían fuertes los talibán. De lo contrario no se entiende que este movimiento fundamentalista apareciera por primera vez en Afganistán en el año 1994, y en 1996 ya controlaran el 90% del país.

De hecho, en enero de 1995 más de 3.000 estudiantes de las madrasas desde Pakistán fueron a luchar a Afganistán. Bhutto ha sido víctima, en definitiva, del efecto boomerang de implicarse políticamente en Afganistán, algo que un principio benefició a su país, pero que ahora ha llevado a un aumento del poder de los partidos religiosos y del fundamentalismo islámico que no se sabe qué destino puede deparar en la zona.


UN ASESINATO ANUNCIADO / Las opiniones
La intolerable provocación de un rostro hermoso

BERNARD-HENRI LEVY

Ante todo, han matado a una mujer. Una mujer bella.

Una mujer visible e, incluso, ostensiblemente, espectacularmente, visible. Una mujer que no dudaba en celebrar sus mítines en uno de los países más peligrosos del mundo a cara descubierta y sin velo. Todo lo contrario de esas otras mujeres avergonzadas, ocultas, criaturas de Satán y, por lo tanto, condenadas, que son las únicas mujeres que toleran esos apóstoles de un mundo sin mujeres.

Esos que mataron a un judío como Daniel Pearl.

Esos mismos que mataron a un musulmán moderado, un abogado, un espíritu libre como el comandante Masud.

Esos mismos que lo intentaron con Salman Rushdie durante años, un hombre que se atrevió a decir que ser persona también consiste, a veces, en elegir el propio destino.

Con BB, Benazir Bhutto, mataron un poco todo eso. Pero también mataron a una mujer, a esta mujer. Han apagado esa intolerable provocación que era el brillo de su rostro mostrado, sólo mostrado, expuesto, en su desnudez sin defensa y que era, así, magníficamente elocuente.

Mataron a esta mujer porque era este rostro de mujer a la vez débil y de una fuerza sin réplica el que vivía su destino de mujer rechazando esa maldición que pesa, según estos nuevos fascistas que son los yihadistas, sobre el rostro humano de las mujeres. Mataron, pues, a la que encarnaba incluso la esperanza y el espíritu y la voluntad de la democracia, no sólo en Pakistán, sino en toda la tierra del islam en general.

Pervez Musharraf era un falso enemigo de Al Qaeda.

Simulaba combatirla, cuando, por medio de su doble juego, sus alianzas ocultas y su forma de mantener controlado su stock de terroristas y de soltarlos uno a uno, con cuentagotas, según las necesidades de su complicada alianza con su gran amigo americano, en realidad estaba jugando sus cartas a escondidas.

Benazir, si hubiese ganado (¿pero qué digo?), si simplemente hubiese vivido, simplemente vivido, no habría dejado de decir, por medio de su misma vida, de su ser, de su presencia y, en definitiva, de su testimonio, que era su adversaria decidida, absoluta, irreductible. Era, pues, para esta gente, una amenaza, más que política, ontológica. Les habría declarado la guerra sin cuartel. Ellos lo sabían y, por eso, la mataron.

Volví a pensar en ella, aquella tarde de diciembre de 2002, en Londres, en la época en la que investigaba la muerte de Daniel Pearl en este polvorín, a veces esta base avanzada de Al Qaeda, que ya era Pakistán. Bella, sí. Increíblemente valiente en su voluntad de volver, costase lo que costase, al país que ya le había arrancado, en medio de un perfume de tragedia shakesperiana, a sus dos jóvenes hermanos y a su padre.

Vuelvo a ver a su padre, Zulfikar Ali Bhutto, hace ahora 35 años, justo antes de la liberación de Bangladesh y del estallido de ese Pakistán del que ya era primer ministro. Lo vuelvo a ver tal y como era entonces, ignorante del destino que le esperaba, elegante, refinado, paquistaní y anglófono, musulmán y occidental, cruce viviente de las dos culturas, criatura natural y exitosa de dos grandes linajes, a los que nadie, entonces, imaginaba que tantas fuerzas iban a intentar enfrentar.

Eran la sal de la tierra paquistaní.

Eran los que podían impedir que no sólo este país sino también esta región del mundo se sumergiese en el caos.

Benazir Bhutto ha muerto, un poco como el día 9 de septiembre de 2001, el día de la muerte de Masud. Y, tanto hoy como entonces, no puedo evitar interrogarme sobre el escenario macabro que tienen, forzosamente, en mente estos asesinos. No puedo menos que preguntarme de qué puede ser preludio este otro acontecimiento enorme, este otro trueno.

La mejor manera de contestar es actuar y actuar pronto.

La mejor, la única forma de replicar a este nuevo y terrible desafío es conceder, de inmediato, toda su importancia simbólica al acontecimiento.

La señora Bhutto será inhumada los próximos días en ese país mártir que es, más que nunca, Pakistán. Tienen que estar allí, para acompañarla en este su último viaje, Angela Merkel, George W. Bush, Gordon Brown y todos los demás.

Es necesario que el presidente Nicolas Sarkozy interrumpa sus vacaciones, para ir a decir, en el corazón de este horno, en el que una religión que se ha vuelto loca alimenta cada vez más a menudo el crimen, que la esperanza del mundo no está tanto en la fe, como declaró tan imprudentemente hace unos días, sino en la democracia y en el derecho.

Es necesario que, tras los restos mortales de esta gran dama, como antaño detrás de los de Anuar al Sadat o de Isaac Rabin, desfilen el mayor número posible de jefes de Gobierno y de Estado, convirtiendo esta celebración fúnebre en una manifestación silenciosa y mundial a favor de los valores de la democracia y de la paz.

¿Que Benazir Bhutto no era ni jefe de Estado ni de Gobierno? Es cierto. Pero era más. Era un símbolo. Y es, ya, un estandarte. Detrás de su nombre se van a colocar, de ahora en adelante, todos los que no hicieron el duelo de la libertad en tierras del islam. Y desde ya mismo, detrás de su féretro, tienen que alinearse y recogerse todos los que todavía creen que, en el islam, terminará por imponerse el genio de las Luces sobre el del fanatismo y el crimen.



UN ASESINATO ANUNCIADO / Los análisis
Por qué regreso a Pakistán

BENAZIR BHUTTO

Por su interés publicamos un amplio extracto del artículo publicado en 'The Washington Post' cuando Bhutto decidió regresar a su patria el pasado 18 de octubre.

La viabilidad, estabilidad y seguridad futuras de Pakistán radican en dar el poder a su pueblo y levantar unas instituciones democráticas. Mi objetivo es demostrar que la batalla decisiva por las mentes y los corazones de una generación sólo puede llevarse a buen término bajo la democracia.

El problema fundamental de Pakistán es el enfrentamiento entre la moderación y el extremismo. La resolución de este enfrentamiento tendrá efectos sobre el mundo entero, en particular sobre los países de Asia central y meridional y sobre todas las naciones musulmanas. El extremismo sólo puede prosperar en un entorno en el que el Gobierno descuide su responsabilidad social básica para con el bienestar de los ciudadanos. La dictadura y la desesperación social crean el caldo de cultivo que alimenta el extremismo religioso.

A lo largo de los 60 años de Historia de Pakistán, que han oscilado entre la dictadura y la democracia, entre las elecciones libres, las elecciones amañadas y la ausencia total de elecciones, los fundamentalistas religiosos nunca



han sido parte representativa de nuestra conciencia política. Somos, en esencia, una nación centrista y moderada. Históricamente, los partidos religiosos no han recibido más de un 11% del voto en las elecciones generales. El mayor partido es el mío, el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP), que ha demostrado contar con un apoyo fuerte y continuado de las masas rurales y la élite urbana. El extremismo sigue ahí como una amenaza, pero será contenido como lo ha sido anteriormente si se logra movilizar al centro moderado para hacer frente al fanatismo. Yo vuelvo para liderar esa batalla.

He llevado una vida poco habitual. He enterrado a un padre al que asesinaron a los 50 años y a dos hermanos a los que mataron en la flor de su vida. He criado sola a mis hijos desde que mi marido fue detenido y encarcelado durante ocho años sin mediar una acusación: fue un rehén de mi carrera política. Tomé mi decisión cuando, tras el asesinato de mi padre, la responsabilidad del liderazgo político cayó sobre mis hombros. La responsabilidad no me pudo entonces y no me podrá ahora tampoco.

Mi objetivo en ese diálogo nunca ha sido de cariz personal. Siempre fue asegurar que hubiera elecciones libres y salvar la democracia. La lucha contra el extremismo requiere un esfuerzo nacional que sólo puede desarrollarse a partir de elecciones legítimas. Dentro de nuestro ejército y nuestra inteligencia hay elementos que simpatizan con los extremistas religiosos. Si estos elementos no tienen que responder ante el Parlamento y el Gobierno electo, la batalla contra el activismo religioso, que es una batalla por la supervivencia y el futuro de Pakistán, podría perderse. El Ejército debe tomar parte en la batalla contra el extremismo, pero, como han puesto de manifiesto los seis años que han pasado desde el 11 de septiembre de 2001, no puede hacerlo por sí solo.

El malestar social es lo que quieren los extremistas. La anarquía y el caos les van bien. La facción política del partido de Musharraf que asistió al auge del extremismo ha trabajado con todos los gobiernos paquistaníes desde que el mío fue derrocado en 1996. Sus miembros están bloqueando el cambio democrático. Temen que la democracia será difícil de manipular en beneficio de los extremistas.

UN ASESINATO ANUNCIADO / Las reacciones
Conmoción internacional y condena unánime tras el «ataque a la democracia en Pakistán»

Desde los países árabes hasta la India critican con firmeza el asesinato de Benazir Bhutto

RICARD GONZALEZ. Especial para EL MUNDO

WASHINGTON.-
En una rueda de prensa celebrada en su rancho de Crawford, en Texas, donde George W. Bush pasa sus vacaciones navideñas, el presidente de EEUU condenó enérgicamente el asesinato de la ex primera ministra Benazir Bhutto y expresó su deseo de que los responsables del magnicidio caigan en manos de la Justicia. «Estados Unidos condena este acto cobarde y asesino de los extremistas que están intentando socavar la democracia paquistaní», declaró el inquilino de la Casa Blanca.

El presidente también envió sus condolencias a la familia Bhutto, y a las de todos aquellos que fallecieron en el atentado, así como, en general, al pueblo de Pakistán. Para Bush, la mejor forma de honrar la memoria de la que era líder de la oposición es «continuar el proceso democrático por el que ella dio valientemente su vida».

A su vez, un portavoz de la Casa Blanca aseguró que el atentado tenía las características «típicas de Al Qaeda».

Pero las reacciones no llegaron sólo desde EEUU, sino de todos los rincones del mundo. Estas son las más relevantes:

Países árabes.

Los gobiernos de Jordania, Líbano, Egipto y Siria condenaron con firmeza el asesinato de la líder opositora. Ahora bien, en ningún caso los países árabes señalaron a sospechoso alguno ni criticaron al Gobierno del presidente paquistaní, Pervez Musharraf, con el que Bhutto mantenía profundas discrepancias.

La India.

El Gobierno indio calificó de «acto abominable» el asesinato de la ex primera ministra paquistaní. «Estamos consternados y horrorizados por esta muerte», señaló el ministro de Asuntos Exteriores indio, Pranab Mukehrjee. «Ninguna palabra es lo suficientemente fuerte para condenar este acto», añadió por su parte el subsecretario de Asuntos Exteriores indio, Anand Sharma.

Rusia.

El presidente ruso, Vladimir Putin, envió un mensaje de condolencia a su colega de Pakistán, Pervez Musharraf. «El atentado es un desafío lanzado por los terroristas no sólo a Pakistán, sino a toda la comunidad internacional», señalaba la misiva del jefe del Kremlin. Putin expresó su «hondo pesar» por el «bárbaro atentado terrorista» y culminó: «Esperamos que los organizadores del atentado sean encontrados y reciban un merecido castigo».

Unión Europea.

El Alto Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común, Javier Solana, se mostró consternado por el asesinato y dijo que se trata de un ataque que persigue la desestabilización del país. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Dur o Barroso, consideró el asesinato «un ataque contra la democracia y contra Pakistán».

Francia.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, calificó la tragedia como odiosa en una carta dirigida a Pervez Musharraf. «Francia, al igual que la Unión Europea, está particularmente comprometida con la estabilidad y la democracia en Pakistan», recordó Sarkozy.

Reino Unido.

El primer ministro británico, Gordon Brown, apuntó que Bhutto había arriesgado todo por intentar instaurar la democracia en su país. «No se debe permitir que los terroristas maten la democracia en Pakistán», señaló. Y culminó: «Benazir Bhutto ha sido asesinada por cobardes que temen la democracia».

Alemania.

La canciller alemana, Angela Merkel, condenó el atentado y señaló que el ataque, «dos semanas antes de unas elecciones parlamentarias muy importantes, va contra la estabilidad y el proceso democrático en Pakistán».

Reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas

RICARD GONZALEZ. Especial para EL MUNDO

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas condenó ayer de forma unánime en una reunión de urgencia el asesinato de la ex primera ministra y líder de la oposición paquistaní, Benazir Bhutto y 20 personas más, un acto que calificó de «criminal e injustificable».

En su declaración, el Consejo de Seguridad «condena en los términos más contundentes el atentado suicida cometido por los extremistas». Asimismo, los 15 miembros del Consejo instaron a los seguidores de Bhutto y a todos los paquistaníes a mantener la calma, a la vez que reafirmaron que «el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones constituye una de las más serias amenazas a la paz y la seguridad internacionales».

Según el texto aprobado, es necesario «combatir el terrorismo por todos los medios», pero siempre de acuerdo con las normas de Naciones Unidas y la ley internacional.

La reunión a puerta cerrada, que duró más de dos horas, fue convocada por Italia, que ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad durante el mes de diciembre. Los embajadores presentes en el encuentro comentaron a la salida que no discutieron si el Gobierno de Pervez Musharraf podría haber hecho más para proteger a la líder de la oposición.

El embajador de Estados Unidos ante la ONU, Zalmay Khalilzad, calificó el asesinato de Bhutto de «gran tragedia», porque ella «defendía la moderación, el estado de derecho, y la democracia en su país». La ex primera ministra era «una amiga» para el diplomático norteamericano: «Conocía bien a Benazir, y estoy muy triste por esta noticia».


UN ASESINATO ANUNCIADO
Ya temía por su vida al ser citada en Onteniente por blanqueo de dinero

GUILLERMO RUIZ

VALENCIA.-
La titular del juzgado número 3 de Onteniente archivó el pasado 4 de diciembre una causa contra Benazir Bhutto por blanqueo de capitales en una sucursal de Bancaja de esta localidad valenciana.

La retirada del asunto vino motivada por «no encontrarse indicios suficientes para acreditar la procedencia ilícita de fondos», según explicaron fuentes del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV). Semanas antes de tomarse semejante decisión judicial, el fiscal Anticorrupción de Valencia también abandonó la investigación por idénticos motivos que la juez. Durante la causa, Bhutto no quiso declarar públicamente en Onteniente porque ya temía un atentado contra su persona.

El proceso abierto vivió una historia que comenzó a hilarse en 2004. Entonces, el Servicio Ejecutivo de Prevención de Blanqueo de Capitales (SEPBLAC) encontró una inversión «sospechosa» de divisa extranjera -con dólares y libras esterlinas- depositada en la sucursal bancaria de Onteniente y cuya titularidad recaía en varios ciudadanos pakistaníes, según mantuvieron fuentes cercanas al caso.

Las irregularidades estaban fundamentadas en la compra de una vivienda en la Costa del Sol. Al parecer, estos negocios fueron desarrollados por Bhutto junto al ex miembro de su Gobierno paquistaní Abdul Reman Malik, que tenía una presunta relación comercial con un concesionario de vehículos de Valencia. Este establecimiento cerrado al público que servía como tapadera estaba regentado por el contacto de Malik en España, un paquistaní llamado Syed Hassan Ali.

Fiscalía Anticorrupción

Dados estos hechos, ambos hombres fueron imputados también en el mismo asunto de blanqueo que investigaba el juzgado valenciano. Acto seguido, el SEPBLAC envió un informe de las averiguaciones a la Fiscalía Anticorrupción del TSJCV, que no tardó en interponer una denuncia. De esa forma la juez de Onteniente «acordó el bloqueo de las cuentas bancarias de las tres personas investigadas». «El capital procedía de dos bancos ubicados en Londres y en Suiza, respectivamente». «Y fue ingresado en la localidad valenciana a nombre de diferentes personas y de dos empresas petroleras, Tempo Global Gains FZR y Petroline FZC». Las cantidades quedaron transferidas a la sucursal de Bancaja entre octubre de 2002 y 2004. Un primer envío llevaba 162.000 euros y otros dos posteriores contenían 547.000 y 1.300.000 dólares.

La justicia citó a declarar a Bhutto en Onteniente el 15 de mayo, pero pidió no acudir a este municipio porque ya «temía por su vida», motivo por el que se admitió su solicitud.

UN ASESINATO ANUNCIADO / Datos biográficos
Una familia marcada por la violencia

Dos de sus tres hermanos fueron asesinados en circunstancias misteriosas y su padre fue ahorcado

ROBERT BIRSEL / Reuters / EL MUNDO

ISLAMABAD.-
La líder opositora de Pakistán, Benazir Bhutto, conocía bien los riesgos que corría cuando decidió emprender una campaña pública por la restauración de la democracia en su país.

Horas después de regresar a su hogar en octubre, tras ocho años de exilio voluntario, un atacante suicida asesinó a más de 150 personas al atentar contra la caravana que le daba la bienvenida en las calles de Karachi. Luego del ataque, se produjeron amenazas de militantes ligados a Al Qaeda, enojados por el apoyo de Bhutto a la guerra de Washington contra el terrorismo.

A pesar de haber estado en el exilio la mayor parte de la última década, Bhutto, de 54 años, seguía siendo una de las políticas mujeres más reconocidas en el mundo. Bhutto fue la primera mujer primera ministra en el mundo musulmán cuando fue elegida en 1988, a los 35 años.

La familia de Bhutto no ha sido ajena a la violencia. Sus dos hermanos murieron en circunstancias misteriosas y ella dijo que militantes de Al Qaeda trataron de matarla varias veces en la década de los 90. La ex líder paquistaní, cuyo primer nombre significa «único», nació en 1953 en el seno de una familia terrateniente adinerada. Ella era la primera de cuatro hijos y fue educada en una escuela de la misión cristiana en Karachi, además de haber estudiado en Harvard y Oxford. Hija del primer líder elegido popularmente en Pakistán, su misión comenzó en 1977 cuando el jefe del Ejército Mohammad Zia-ul-Haq derrocó a su padre. Veintiún meses después se convirtió en un feudo sangriento cuando su padre, Zulfikar Ali Bhutto, fue ejecutado en la horca después de un controvertido juicio.

Durante años, Bhutto luchó sin éxito contra Zia-ul-Haq. Ella y su madre, Nusrat, entraban y salían de prisión hasta que en 1984 le permitieron viajar al extranjero para recibir tratamiento médico. Asif Ali Zardari, el empresario con el que se casó en un matrimonio arreglado en 1987, fue visto como su mayor debilidad.

En agosto de 1988, Zia-ul-Haq murió en un accidente aéreo. La victoria electoral de Bhutto más tarde ese año fue aplaudida por el mundo entero como la llegada de la democracia a Pakistán.

Pero muchas personas en los poderosos servicios de seguridad desconfiaron de ella y el entonces presidente Ghulam Ishaq Khan la echó después de 20 meses, acusándola de corrupción. Bhutto acusó al Gobierno de cometer fraude en las elecciones tres meses después para llevar a su protegido, Nawaz Sharif, al poder. Ella logró volver en 1993, pero fue nuevamente derrocada por acusaciones de corrupción y mala gestión.

Caracas ultima la operación de rescate de los tres rehenes en manos de las FARC

Algunos detalles del complejo plan pueden retrasar la liberación hasta el fin de semana

JAIME L. GARCIA. Especial para EL MUNDO

CARACAS.-
El teléfono móvil del general Carreño, el oficial de mayor graduación del Teatro de Operaciones número 1 de la Fuerza Armada (FAN), no ha parado de sonar en los últimos días. Decenas de helicópteros
estadounidenses Superpuma y rusos MI han entrado y salido de la base que comanda en la ciudad fronteriza de Guasdalito, una de las más grandes de la zona, desde donde mima hasta el último detalle de la operación para liberar a los tres rehenes colombianos.

Al otro lado del la línea, el ex ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín está al corriente de los últimos avances. Sobre él recae todo el peso de la operación. Aunque está ansioso y preocupado, su experiencia personal le dice que todo irá bien.

Este capitán de navíos experto en cuestiones de Inteligencia ha sellado acuerdos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en anteriores ocasiones, y siempre finalizaron con éxito. En 2002 Rodríguez Chacín ayudó a liberar al acaudalado empresario venezolano Richard Boulton, secuestrado por la mayor guerrilla colombiana, y se encargó de coordinar el encuentro del guerrillero de las FARC Iván Márquez y el presidente venezolano el pasado mes de noviembre.

Ahora se encargará de recibir en representación de Chávez a tres secuestrados en manos de este grupo insurgente: Clara Rojas, quien cumplió 46 años hace escasos días, su hijo Emanuel, nacido en cautiverio, y la ex congresista Consuelo González Perdomo, de 57 años. Rojas fue secuestrada el 23 de febrero de 2002 junto a la ex candidata presidencial franco-colombiana Ingrid Betancourt.

Compañera de partido de Betancourt, se negó a dejarla sola aunque las FARC permitieron su marcha. Durante su secuestro, tuvo un hijo de ahora tres años con un insurgente. La mayor guerrilla colombiana, con cerca de 17.000 efectivos, ordenó liberarlos a principios del pasado mes de enero como un gesto de «desagravio» a Chávez, ante la decisión unilateral de Bogotá de poner fin a su papel de mediador el pasado mes de septiembre.

El anuncio de Bogotá tomó por sorpresa a Chávez, quien había protagonizó un duro cruce de acusaciones contra su par colombiano Alvaro Uribe, al que llamó «marioneta del Imperio» y «peón de Bush en América Latina». El mandatario colombiano, por su parte, acusó a Chávez de expandir «planes imperialistas» gracias a la renta petrolera venezolana.

El fin de la mediación de Chávez en septiembre destapó la profunda brecha ideológica que separa a los mandatarios de estos países vecinos, con aliados en la región totalmente antagónicos.

El plan de rescate propuesto por Chávez el miércoles, y aprobado pocas horas después por Colombia, incluye la participación de varios aviones Falcon 900 y helicópteros estadounidenses y rusos dispuestos en campamentos militares venezolanos fronterizos. La mayoría de ellos partirán desde el aeropuerto de Santo Domingo (en el estado andino de Táchira), uno de los que cuenta con la mejor pista de aterrizaje de la zona. Estas aeronaves, que llevarán los emblemas de la Cruz Roja a petición de Bogotá, volarán hasta Villavicencio, la capital del departamento de Meta, donde se encuentra uno de los enclaves históricos de las FARC.

En Villavicencio, Rodríguez Chacín recibirá las coordenadas del punto en medio de la selva al cual volarán los helicópteros para recibir a los rehenes. Posteriormente, llevarán a los tres rehenes de regreso a la capital del Meta, desde donde partirán hacia Caracas a bordo de los Falcon 900, mucho más cómodos y lujosos.

Los helicópteros partirán por cuestiones de logística horas antes que los aviones hacia este pueblo colombiano, en un complejo operativo que empezará supuestamente antes del mediodía de hoy en España, según informaron ayer el asesor de Exteriores brasileño Marco Aurelio García y el embajador de Venezuela en Colombia, Pável Rondón.

Sin embargo, algunos detalles técnicos de la operación podría retrasarla hasta el fin de semana. En la comitiva que recibirá en Villavicencio a los tres rehenes estará la colombiana Piedad Córdoba, una senadora opositora al presidente Alvaro Uribe que colaboró junto a Chávez en los procesos de mediación con las FARC.

También participan en la delegación representantes de seis países, entre los que se encuentran el ex presidente y esposo de la actual mandataria argentina, Néstor Kirchner.

El activista de derechos humanos y actual viceministro del Gobierno de Evo Morales, Sacha Llorenti representará a Bolivia, el ex ministro Gustavo Larrea, a Ecuador, el asesor de relaciones exteriores del presidente Lula da Silva, a Brasil y, los embajadores de Francia y Cuba en Caracas.

El Comisionado para la paz en Colombia, Luis Carlos Restrepo, representará al Gobierno colombiano, aunque Restrepo se unirá a la comitiva en la ciudad de Villavicencio (95 kilómetros al este de Bogotá), capital del departamento de Meta (suroeste de Colombia).

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