FIRMAS: Isabel San Sebastián, Arcadi Espada, Carmen Giralt, Erasmo, Luis Peral Guerra, Pedro G. Cuartango, Lucía Méndez,

LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
El Iluminado
Lo mejor de la entrevista del director de EL MUNDO al presidente del Gobierno, mucho más relevante en términos electorales que el affaire Gallardón, es la maestría con la que el periodista, casi un psicoterapeuta, consigue retratar al personaje que se somete a sus preguntas. No sólo le lleva a confesar que mintió sin recato a los españoles al aferrarse a la negociación con ETA mientras juraba por lo más sagrado haber cesado cualquier contacto. No sólo destapa su cinismo irresponsable al arrancarle que sus referencias a la «nación discutida y discutible» se enmarcaban en un debate «puramente teórico». No sólo deja al descubierto el relativismo que caracteriza todas sus actuaciones, cuando en el espacio de unas pocas líneas le hace defender el cumplimiento estricto de la ley en el caso de los tenderos catalanes que rotulan en castellano, ignorándola cuando se trata de izar la bandera de España en ciertos ayuntamientos. Lo mejor, lo más valioso en términos políticos y periodísticos, es el perfil psicológico que se desprende de Zapatero sin que Pedro J. emita un juicio.No hace falta. Basta leer despacio la conversación para darse cuenta de la gravedad de la patología que aqueja al actual inquilino de La Moncloa. Todos sus predecesores, salvo Calvo Sotelo, sufrieron en mayor o menor grado el mismo síndrome de endiosamiento, pero la rapidez e intensidad con que le ha afectado a Z denota una virulencia sin precedentes. El es centro y referente de todas las cosas. Su intención es la medida del bien y del mal, muy por encima de las normas, los programas o los compromisos públicos. Su voluntad es lo único que cuenta, al margen de los efectos que se deriven de sus decisiones. Sus errores no son tales, puesto que siempre son imputables a la maldad intrínseca de otras personas. El sentido común es el suyo. ¿Para qué atenerse (en la valoración de lo que cabe esperar de una banda terrorista) a precedentes cercanos, experiencias previas o manuales de Historia, pudiendo suplirlos con «talante»?
El candidato socialista a la reelección aceptó el reto de someterse al interrogatorio de un auténtico periodista. Cierto. ¿Por valentía? No. ¿Por convicción democrática? Menos aún. Por pura y llana soberbia. Por necesidad de exhibir al mundo (nunca mejor dicho) la enorme satisfacción que experimenta al contemplarse en cualquier espejo, incluído el menos dispuesto a decirle que es el más bello. Su grado de autocomplacencia constituye todo un manifiesto de lo que cabe esperar si vuelve a lograr la victoria: Más de lo mismo, en versión corregida y aumentada por lo que él interpretaría como un refrendo plebiscitario. ¡Qué peligro!
EL CORREO CATALAN
Arcadi Espada
Cornellà, vanguardia de la Alianza de Civilizaciones
Querido J:Verás. Debía de ser muy a principios de este último octubre, en el instituto Francesc Macià (así llamado en homenaje al modelo político de don José Montilla) de Cornellà de Llobregat. El órgano correspondiente del Departamento de Educación de la Generalitat comunicaba al director que dos niños se incorporarían de inmediato al centro. Este tipo de anuncios son mal recibidos en los institutos: alteran la composición de las clases y suponen siempre un problema más en lugares cargados de problemas. Suelen protagonizarlos alumnos extranjeros y son casos frecuentes; hasta tal punto que ya han desarrollado una etiqueta burocrática propia: incorporación tardía. Esta vez, sin embargo, no se trataba de una incorporación tardía convencional. El director comprobó que los dos alumnos (un niño y una niña, primos) habían estado matriculados desde principios de curso en otro instituto de Cornellà. Concretamente en el instituto Martí i Pol. Supo también que eran gitanos. Excúsame, pero tengo que darte este detalle. Ya sabes que los periódicos sólo utilizan la palabra gitano cuando hay que ensalzar al gitano o cuando hay que compadecerse de él. Es decir, cuando un violinista gitano abre una temporada musical o cuando una niña gitana es víctima de un agresión; jamás cuando un gitano delinque. El pensamiento correcto opina que la adhesión de una etnia a circunstancias negativas provoca su criminalización, sin apercibirse (porque es correcto pero no demasiado inteligente) que la adhesión de características positivas provoca el mismo efecto, aunque llegue por un camino curvo. En fin, es perentorio, inevitable, impuesto por el guión: los niños eran gitanos.
El director quiso saber. Esto ya lo retrata. Un gran número de personas en el mundo no quieren saber. Le intrigaba el traslado de instituto a poco de comenzar el curso y también la circunstancia del parentesco. Contaba menos para su curiosidad que fueran gitanos. No hay que engañarse: entre los gitanos hay alumnos difíciles: es una circunstancia que comparten con los llamados payos. La curiosidad del director tenía un interés más o menos oculto, que era el de averiguar si había una grieta por donde pudiera zafarse de la incorporación: los cursos estaban ya sobrecargados, con más de 30 alumnos por aula. Preguntando se va a Roma y allí llegó al fin el director.
Los niños tenían que cambiar de instituto porque estaban amenazados de muerte.
Imprudentemente se interesó por quién o quiénes los amenazaban y le contestaron que otra familia gitana. Las palabras exactas fueron: una familia rival. Encajó y siguió preguntando qué se había hecho para protegerlos. Qué habían hechos las autoridades educativas, qué habían hecho los asistentes sociales e incluso preguntó qué había hecho la Policía. No había hecho falta nada de esto, zanjaron. Precisamente la respuesta a todas la inquietudes del director la tenía él mismo. El colegio que dirigía. La incorporación tardía. La seguridad de los niños dependía justamente del cambio de colegio. Verás. El director fue recorriendo pasillos y a cada recodo se encontraba con otro. La intención del departamento fue que se detuviera antes de llegar al final. Pero ya estaba allí y preguntó: ¿Por qué razón el instituto iba a salvar la vida de los niños?
Verás. La clave estaba en la intervención del patriarca gitano de Cataluña. No te puedo dar demasiados datos sobre lo que sea un patriarca gitano. Las últimas pistas en torno al asunto son las de 'María la Coneja', cuando hace poco le dijo a Gadafi que lo era, y de los faraónicos. En cualquier caso fue la expresión que usaron. No dijeron el llamado patriarca gitano o incluso un patriarca gitano. El acatamiento semántico presagiaba lo peor. A continuación le explicaron al director esta fabulosa historia. Conocedor el patriarca del odio mutuo que maceraba en dos familias gitanas radicadas en Cornellà, de sus amenazas y de las posibilidades de llevarlas a cabo, dispuso que la ciudad quedara dividida por una línea; a una parte los unos y a la otra los otros, y con prohibición expresa y tajante de que ningún miembro de las familias incurriera en desliz. Deducirás que el antiguo instituto de los niños estaba en la zona rival. No tengo información concreta, y me habría gustado dártela, sobre el itinerario que sigue este muro civilizatorio. Podría haberle preguntado al patriarca; pero la pregunta implicaba demasiados reconocimientos de jurisdicción. He puesto los datos que tengo en google maps. El barrio de la Fontsanta, que es donde viven los niños; el antiguo instituto Martí i Pol, que está en la avenida del Prat, y el instituto Francesc Macià, que es donde estudian ahora. La carretera de Esplugues, o la vía del tren pueden formar parte con coherencia de la línea patriarcalmente trazada. Algo se oyó también sobre la Rambla de Anselm Clavé, que separa a los dos institutos, aunque es una línea mucho más corta y permeable.
El director se negó en redondo a aceptar el mandato. Se lo mandaban el Departamento de Educación y el patriarca gitano, la ley civil y la ley gitana, y no fue suficiente. Todo un carácter. El director es un hombre curtido en la gestión. Curtido no quiere decir maleado. Se negó. En sus diálogos con la inspectora de la Generalitat apeló a todo tipo de razones: morales y prácticas. Ella repetía fijamente que lo hacía por los niños y que un mal menor es preferible a un mal mayor. Permíteme, porque éste es el asunto central de los chantajes: ¿hasta qué número de males menores se puede llegar sin que se conviertan en un mal mayor? El director exigió que la petición constara por escrito. Pataleó. Supo, en su estupefacción, que no era la primera vez que el Departamento de Educación se sometía a la llamada ley gitana. ¿Escritos quería? Se los hicieron llegar, y raudos. En Cataluña el impudor no se detiene en la letra impresa. Le llegaron los escritos y los requerimientos terminantes. Indignado convocó un claustro de urgencia. Era el 10 de octubre. Quería informar al profesorado de que iba a desobedecer la orden del departamento y que asumiría personalmente las consecuencias. Empezaron a hablar. Hubo el que lo apoyó, pero la mayoría se mostró dispuesta a que los niños se escolarizaran en el instituto, haciendo constar, eso sí, que estaban enfadados. Incluso muy enfadados. Le dijeron al director que él acabaría pagando la posición de firmeza y le pidieron que desistiera. Desistió. Pasado el puente del Pilar los dos niños se incorporaron al instituto.
No sé qué tal van de flamenco en el Departamento de Educación. Yo muy bien, ya lo sabes. El director tendría que haber contestado a la petición de la inspectora con alboreás. Ese cante dulcísimo y tan bello que describe la aplicación de la ley gitana a las núbiles inminentes, y que gusta mucho a las mujeres relativistas.
En un prado verde tendí mi pañuelo
y salieron tres rosas como tres luceros
Sigue con salud.
A.
ZOOMCARMEN RIGALT
Kafka
Lleva más de 20 años en España y se llama Mohamed, como la mayoría de los marroquíes que dicen llamarse algo, pero no es un estereotipo. Estudió en Granada, donde suavizó su acento de vendedor de alfombras y se especializó en asignaturas pendientes. Veinte años después, la última asignatura de su carrera todavía pende del historial académico. Poco importa ya. Mohamed encontró trabajo en la sección de mantenimiento de un hospital y no ha vuelto a preocuparse de los estudios.
Su conocimiento de la vida española data de los tiempos de Granada, que entonces aún no era una provincia marroquí. Allí se relacionó con estudiantes nacionales: iba de bares, conoció el flamenco y aprendió a vivir según el modo español, aunque sin hacer dejación de sus principios musulmanes. Aquellas relaciones de amistad topaban siempre con la abrupta diferencia de costumbres. Mohamed, que entonces disimulaba sus signos de identidad, recibió un verano el ultimátum de sus padres por culpa del escaso rendimiento académico. Aquel año regresó de sus vacaciones bastante reformado. Se mudó a una pensión con compañeros marroquíes, volvió a observar los preceptos del ramadán y se quitó de los tugurios y del alcohol de garrafa. Era otro. En su nueva vida encallaron los viejos amigos. Ya nada volvería a ser igual.
Hoy, este hombre no habla de la Alianza de Civilizaciones. El plural es para despistar, dice. Occidente sólo tiene confrontaciones con el islam porque el Dios de los cristianos y el de los moros son excluyentes. Mohamed ha ido afianzándose en su religión a medida que la crispación ha aumentado. Su propia hermana, Latifa, que también estudió en Granada y es una mujer pacífica y poco politizada, decidió cubrirse la cabeza (hiyab) dos meses después del 11-S. Era su particular manera de defender la religión ante las embestidas de la cruzada americana.
Años atrás, Mohamed salió con algunas chicas españolas, pero la dificultad para consolidar las relaciones lo llevaron a refugiarse entre los suyos. Como ya había sucedido en tiempos de estudiante, la sorpresa surgió un mes de agosto, cuando fue a Marruecos a visitar a su familia y volvió ennoviado. Fue una boda sonada, con mucha gente y mucha comida. Ahora la esposa está embarazada y quiere vivir en Madrid con su marido, pero el Estado español no reconoce el matrimonio por ser de rito musulmán. Mohamed tampoco puede acogerse a la reagrupación familiar, pues él es español (tiene la nacionalidad), y el trámite no le incumbe. Le sugiero que se case de nuevo en el consulado de Marruecos. Imposible. Tanto él como su esposa aparecen en los papeles como casados.
La situación es kafkiana y Mohamed está a punto de volverse loco. La única solución es que se separe y vuelva a empezar de cero. El mosqueo de la supuesta esposa es fino. Seguro que tiene «otra», dice ella. Mohamed puede acabar tarifando.
ERASMO
De mujeres
Brasileña cuasi adolescente (20), degollada en Pamplona. De la propaganda a confundir deseos y realidad, o la enfermedad infantil del wishful thinking. De la discriminación positiva (contra los Derechos Humanos: no discriminar por razones de sexo) a estadísticas tan desalentadoras: tanto frenesí legislativo y 238 asesinadas (2000-2003) ante 269 desventuradas muertas (2003-2007). Side effects: otro efecto llamada
TRIBUNA LIBRE
LUIS PERAL GUERRA
La senda de la educación
El futuro de Europa va a depender en buena medida de la educación que hoy reciben los jóvenes en sus distintos estados miembros. A pesar de que en la Conferencia de Lisboa del año 2000 los miembros de la Unión Europea se comprometieron a hacer de ésta la economía basada en el conocimiento más competitiva del mundo, con más y mejor empleo y con una mayor cohesión social, la educación sigue siendo un dominio reservado a los estados y al que no se dedican, salvo cantidades simbólicas, fondos europeos.
Creo que la educación es algo demasiado importante para el futuro de nuestro continente como para dejarlo en manos, no ya de los estados, sino, como es el caso de España, de las comunidades autónomas. Los retos que en la Europa de hoy, y especialmente en sus zonas más desarrolladas, deben afrontarse para integrar a los alumnos inmigrantes y para dar las mejores oportunidades a los provenientes de familias desfavorecidas requieren un esfuerzo de solidaridad que se traduzca en la aportación de fondos comunitarios, como se viene haciendo, por ejemplo, en la formación para el empleo o en el desarrollo rural. En tanto llegan estos recursos, cada nación hace frente al reto educativo con sus exclusivos recursos y programas.
En mayor o menor medida, todas las grandes naciones europeas han sido víctimas en su sistema educativo del fundamentalismo pedagógico de la enseñanza comprehensiva, lo que aquí llamaríamos el modelo de la LOGSE. Se ha minusvalorado el esfuerzo, se ha reducido la exigencia, se ha despreciado la transmisión de conocimientos y valores, y se ha socavado la autoridad del profesor. Como consecuencia de todo esto, se ha deteriorado la convivencia en las aulas y los alumnos terminan la enseñanza obligatoria -los que la terminan sin abandonar antes- con un insuficiente nivel de conocimientos.
Los herederos del prohibido prohibir de mayo del 68 se han permitido incluso experimentar con métodos fonéticos de enseñanza de la lectura que han conseguido que en países como Francia -cuyo idioma no se escribe como se pronuncia- cerca del 15% de los niños termine la enseñanza primaria sin leer y escribir correctamente. Métodos a los que ya el anterior ministro de Educación galo, Gilles de Robien, se enfrentó valerosamente al permitir que los profesores pudieran optar por enseñar a leer por el método silábico tradicional, conocido coloquialmente en Francia como la b con la a, ba, lo que, naturalmente, suscitó todo tipo de críticas entre la pedagogía progre.
Este cúmulo de errores ha perjudicado especialmente a aquellos alumnos europeos provenientes de sectores sociales desfavorecidos, alumnos que no tendrán otra formación que la que puedan adquirir en el sistema educativo sostenido con fondos públicos. Hace unos días leí en un periódico inglés un artículo que explicaba cómo una madre que había recibido en su día una educación de alta calidad en un colegio público se quejaba de no poder dar a sus hijos la misma oportunidad tras la Ley de Educación de 1968, obra del ministro laborista Anthony Crosland y paradigma de la educación comprehensiva.
Sin embargo, hay que destacar que los gobiernos del Reino Unido han sabido reconocer los errores de la enseñanza comprehensiva y han puesto en marcha políticas educativas que promueven la calidad, la exigencia, la evaluación, la autonomía de los centros docentes y el derecho de elección de los padres, a través de la colaboración entre la Administración y la iniciativa privada y social. En 1988, el Gobierno conservador británico aprobó la Education Reform Act, que introdujo en el sistema educativo la responsabilidad de los centros por los resultados de sus alumnos, la autonomía administrativa y pedagógica y un sistema de estándares nacionales, con evaluación periódica de todos los alumnos.
El mayor acierto de Tony Blair fue continuar esta política, fiel a su idea de no permitir que los prejuicios ideológicos le impidiesen dar un mejor servicio a los ciudadanos. Se pusieron en marcha iniciativas pioneras, como las City Academies (nuevos centros concertados, con un 90 % de financiación pública para su construcción en las áreas urbanas mas desfavorecidas de Inglaterra), el currículum alternativo para alumnos, a partir de 15 años, en riesgo de abandono del sistema educativo (dos días cada semana en un instituto, dos en un centro de formación profesional y un día en una empresa, conociendo la realidad de la vida en un centro de trabajo) y las Zonas de Acción Educativa, hoy complementadas con el programa Excelencia en las Ciudades y en estrecha colaboración con la comunidad empresarial de cada zona.
En octubre de 2005, el Gobierno de Tony Blair publicó el Libro Blanco sobre los centros docentes, en el que se propone una mayor autonomía para los centros públicos (que podrán constituirse en fundaciones), más autoridad para los profesores ante los problemas de disciplina y una apuesta inequívoca por el derecho de elección de los padres, a los que se quiere ofrecer más apoyo, más información, más facilidades de transporte escolar y más opciones entre las que elegir el colegio de sus hijos.
En palabras del propio Blair, se trata de colocar a progenitores y a alumnos en el centro del sistema educativo, y que el derecho de elección de los padres se convierta en un instrumento para mejorar la calidad y para promover la equidad. Estas propuestas fueron recogidas en la Ley de Educación e Inspecciones del año 2006, cuyo objetivo es asegurar que «cualquier alumno en cualquier escuela de cualquier comunidad recibe la educación que necesita para permitirle alcanzar todas sus potencialidades».
También Francia ha sufrido los efectos devastadores de la secta pedagógica (no les gusta nada a sus miembros esta denominación políticamente incorrecta). La escuela republicana francesa fue un ejemplo durante más de un siglo de calidad y exigencia, de transmisión de conocimientos y de valores cívicos (incluyendo el patriotismo y la cohesión nacional). Pero esta escuela afronta desde hace años los retos de un sindicalismo todopoderoso (que ha hecho caer a más de un ministro de Educación Nacional), de la pedagogía progre y de tener que adaptarse a los nuevos escenarios de la diversidad, a la realidad de las periferias urbanas donde alumnos de la segunda o tercera generación de inmigrantes tienen, en la práctica, un futuro más incierto, entre otras causas porque no se les ha estimulado a concebir mayores expectativas para su futuro personal. Este déficit de ambición es una de las causas de que hoy haya menos hijos de obreros y empleados en las grandes escuelas (Politécnica, Sciences Po, Normal Superior,...) que en los años 50.
Nicolas Sarkozy ha sabido reconocer este problema. En su reciente libro Testimonio apuesta por dar a cada alumno que lo necesite un acompañamiento adaptado a sus dificultades, con escuelas infantiles desde los 18 meses, apoyo escolar, tutorías, internados de excelencia para aquellos menores de las grandes ciudades que no tienen en sus casas ni el espacio ni el ambiente para poder estudiar adecuadamente, y ayudas a los hijos de los inmigrantes para llegar a los mejores centros de enseñanza superior.
Pero también quiere aumentar el nivel de exigencia. En sus propias palabras, «la convicción de que gracias a la exigencia es como se obtiene lo mejor de la infancia, y no por la facilidad, fue la clave del éxito de los profesores de la Tercera República». Propone también Sarkozy favorecer la autonomía de los centros para elegir su proyecto pedagógico e impulsar la apertura de centros concertados (en Francia denominados établissements privés sous contrat) en los barrios desfavorecidos, como es el deseo de estos centros y de muchos padres.
Esta aspiración, en la práctica, había sido disuadida por la regla tácita, derivada de los acuerdos de 1984 entre el Gobierno socialista y la escuela católica, de limitar al 20% la participación de la enseñanza concertada en la financiación por el Estado de la enseñanza primaria y secundaria. Critica Sarkozy, en su obra citada, que «en lugar de intentar comprender las razones del éxito actual de la escuela privada para aplicarlas a la escuela pública en la medida de lo posible, en lugar de permitir a todos los franceses, en especial a los más desfavorecidos, tener acceso a la enseñanza privada, si lo desean para sus hijos, en lugar de estimular lo que funciona, los socialistas prefieren castigarlo». Sarkozy propone, al contrario, poner lo que funciona al alcance de todos.
La capacidad del presidente galo de llamar a las cosas por su nombre, de afrontar sin eufemismos los problemas de Francia, de movilizar las grandes energías y capacidades del gran país vecino y de ilusionar a los franceses ante un nuevo futuro, permite asegurar que también en la educación esta Presidencia va a cambiar muchas cosas en Francia.
¿Y aquí? Aquí tenemos, de momento, a ZP y al PSOE. Un presidente del Gobierno y un partido que lo primero que hicieron al llegar al poder fue paralizar la aplicación de la Ley Orgánica de Calidad de la Educación que promovió el Gobierno anterior del PP. Una Ley que quiso dar respuesta al anhelo mayoritario de padres y profesores, reflejado en encuestas del CIS, de que en el sistema educativo español hubiera más calidad, más exigencia, más autoridad del profesor y mejor convivencia en las aulas. Frente a este deseo mayoritario, los promotores de la LOGSE no han sido capaces de desembarazarse de los principios de esta ley nefasta, incluso ahora cuando los efectos de la misma se aprecian no sólo en el sistema educativo sino también en el acceso al mundo laboral y profesional de muchos jóvenes que en la educación obligatoria no han adquirido ni la preparación adecuada ni las normas de comportamiento imprescindibles para la convivencia social.
Los autoproclamados herederos de la Institución Libre de Enseñanza no se atreven, en los gobiernos regionales donde el PSOE participa, a promover sin complejos la iniciativa social en la educación y en demasiadas ocasiones se inspiran, por el contrario, en un fundamentalismo de la enseñanza pública que jamás defendió Francisco Giner de los Ríos.
La nueva Ley Orgánica de Educación (LOE) y su desarrollo han conseguido la difícil hazaña de no contentar a casi nadie, han supuesto, en la práctica, perder tres años en acometer la mejora de la calidad de la educación, han disminuido la exigencia y han rebajado la autoridad del profesor, con la posibilidad de revocación de las decisiones sobre disciplina del director por el consejo escolar y con la grotesca regulación de la huelga estudiantil (o sea, con la legalización de los novillos). Se garantiza menos el derecho de elección de los padres en los nuevos desarrollos urbanos y se impone a los colegios concertados un comisario kontrolenko municipal.
Fuera de las seis comunidades autónomas gobernadas por el PP -que acordaron con Mariano Rajoy y Ana Pastor un desarrollo común de la LOE, tanto en planes de estudios como en otros aspectos básicos de dicha Ley- se abre un mundo de diversidad difícil de explicar mas allá de nuestras fronteras y muy perjudicial para el derecho constitucional de los ciudadanos de fijar libremente su residencia y de elegir con libertad la educación que desean para sus hijos. Desde comunidades autónomas que no permiten la escolarización en español en centros públicos o concertados hasta regiones donde el Gobierno autonómico socialista discrimina abiertamente a los centros concertados. Y todo esto con un Ministerio de Educación y Ciencia que carece de los recursos necesarios para impulsar políticas nacionales que fomenten eficazmente la calidad, la equidad y la cohesión en nuestro sistema educativo.
La educación en España es algo demasiado importante para dejarlo en manos de 17 comunidades autónomas. Si algún día se reforma nuestra Constitución deberá considerarse este asunto y buscar el consenso con el nacionalismo razonable para que todos los niños y jóvenes de España tengan las mismas oportunidades de recibir una educación de calidad, con equidad y en libertad, para favorecer la movilidad de las familias y para seguir los pasos de otras grandes naciones que, como he explicado con anterioridad, han iniciado ya la senda del futuro.
Luis Peral Guerra es senador por la Comunidad de Madrid y ex consejero de Educación.
VIDAS PARALELAS / ALBERTO RUIZ-GALLARDON / GRIGORY ZINOVIEV
Disidentes a destiempo
PEDRO G. CUARTANGO
La comparación nos ayuda a entender el presente y nos ilustra sobre lo que sucedió en el pasado. Es, por decirlo con palabras de Foucault, una metáfora que nos ilumina.
La vida de Alberto Ruiz-Gallardón guarda un asombroso parecido con la de Grigory Zinoviev, uno de los líderes históricos de la Revolución Bolchevique.
Zinoviev fue también alcalde de Leningrado y, como Gallardón, era ambicioso, brillante, carismático y siempre actuaba al margen del partido.
Zinoviev tuvo durísimos enfrentamientos con Lenin y Stalin, que le apartaron de la dirección comunista. Igual le ha sucedido a Gallardón en las sucesivas etapas de Aznar y Rajoy.
Lenin llegó a tachar a Zinoviev de «desertor» cuando defendió entablar negociaciones con el sindicato del ferrocarril en octubre de 1917 para frenar su huelga. Lenin mencionó este episodio en su testamento, sugiriendo que Zinoviev no era de fiar.
Gallardón también se desmarcó de Aznar en 1996 cuando Cajamadrid pactó con Polanco y Telefónica para crear Cablevisión, lo cual fue una bofetada para el líder del PP, que dejó de dirigirle la palabra durante bastante tiempo.
Zinoviev volvió a la dirección del partido y se alió con Kamenev y Stalin para expulsar a Trotsky. En el interregno provocado por la muerte de Lenin, se convirtió de facto en el número uno del régimen desde su privilegiada posición en el Komintern.
La sucesivas victorias electorales de Gallardón en Madrid también le convirtieron en la estrella del partido y en el hombre llamado a sentarse algún día en la silla del presidente del Gobierno.
Zinoviev y Stalin, dos personas de caracteres antagónicos, chocaron en la lucha por el poder como dos trenes en direcciones opuestas. Stalin logró dejarle en minoría y luego le expulsó, junto a Kamenev, del Comité Central en octubre de 1927, con diversos pretextos.
El revés que sufrió Zinoviev es comparable con el golpe que Rajoy le ha dado esta semana a Gallardón al dejarle fuera de las listas.
Zinoviev acabó en el banquillo en el primer juicio farsa instrumentado por Stalin para eliminar a parte de la vieja guardia bolchevique. Fue fusilado en 1938 y rehabilitado por Gorbachov medio siglo más tarde.
No es probable que Gallardón acabe tan mal porque Lenin no es Aznar ni Rajoy es Stalin ni Esperanza Aguirre es Trotsky, aunque a veces lo parezcan. Pero Gallardón ha quemado todas sus bazas con la misma fortuna que Zinoviev, que se creía el hombre más inteligente de la dirección bolchevique.
Veo a Zinoviev en Reds interpretado por Jerzy Kosinsky, que se le parecía mucho. También Gallardón podría haber hecho ese papel porque nadie como él se habría metido en la piel de Grisha.
En esencia, Zinoviev y Gallardón encarnan al político que siempre se estrella con la realidad porque su propio ego le ciega. Stalin fue el gran maestro de las circunstancias. Los hombres como Gallardón jamás se amoldan y las desprecian. Por eso se equivocan siempre. Su grandeza es que se creen predestinados para algo, fatal espejismo que lleva a la autodestrucción.
ASUNTOS INTERNOS
Llega John Wayne
LUCIA MENDEZ
El hombre que mató a Liberty Valance es una película de culto dirigida por John Ford. Un clásico del western sobre el que se han hecho múltiples análisis tanto cinematográficos como morales, políticos y sociales desde que se estrenó en 1962. James Stewart encarna a un ingenuo abogado que llega a un pueblo del Oeste para hacer cumplir la ley. Antes de llegar, los malos comandados por Liberty Valance, le dan una paliza. El abogado se instala en la cantina del pueblo donde conoce a John Wayne, un pionero del Oeste experto en el manejo de la pistola y el auténtico héroe de la película. Stewart es pacífico, no quiere enfrentarse al malo con las armas, sino con la Ley. Wayne, sin embargo, sabe que la única forma de acabar con Liberty Valance y salvar a la comarca del terror es matándole. El abogado, a quien Valance humilla cada vez que aparece por el pueblo, reta a duelo al malo para demostrar su hombría. Se produce el tiroteo y cuando todo el mundo pensaba que el muerto era Stewart, se descubre que es el cadáver de Liberty Valance el que yace en en el suelo. El abogado se con-vierte en el héroe que mató al malo y hace carrera política hasta llegar a senador. Incluso se casa con la chica. Wayne se queda en el pueblo sin novia, en la sombra, casi en la indigencia, a pesar de que quien realmente mató a Liberty Valance fue él, escondido entre las sombras durante el duelo. Wayne cede a Stewart el poder, la gloria y la chica.
Manuel Pizarro es un hombre de acción, como John Wayne. Por eso dice que quiere ser el hombre que de verdad mató a Liberty Valance, pero en la sombra. El héroe de la resistencia contra Zapatero ha venido a dar guerra. Se le nota espídico, viene dispuesto a comerse con patatas al presidente del Gobierno, igual que se lo comió en Endesa.
Pizarro cree, como John Wayne, que contra el enemigo hay que combatir con todas las armas. Y le gusta este personaje porque, como le ha dicho a Mariano Rajoy muchas veces, no aspira a sucederle, ni a heredarle, ni a disputarle el liderazgo. Sólo quiere acabar con Zapatero -en las urnas, claro- y brindarle los honores al presidente del PP, el hombre de las leyes. A él le gusta imaginarse a Rajoy llegando a La Moncloa, mientras él se queda en la sombra, aunque sea el artífice de la victoria. Con una diferencia sustancial, claro, porque el pionero interpretado por Wayne murió en la indigencia y el hombre de moda en el PP tiene el riñón cubierto mucho más allá de las necesidades diarias de un padre de familia.
Pizarro ha sido recibido como un auténtico héroe del Oeste, el hombre que venció a Zapatero. Estamos desde luego ante un político de raza, verbo florido y capacidad dialéctica. Aunque tal vez Rajoy y el PP se estén pasando en la dosis de adrenalina, porque lo que necesitan para echar a Zapatero del pueblo son votos y no héroes del Oeste. Y está por ver que Pizarro aporte votos. Aunque al líder popular la ilusión del fichaje, junto con la satisfacción íntima de haber dado un corte de mangas a Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre, no se la quita nadie. De momento.
Etiquetas: Firmas





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