FIRMAS: Luis María Anson, Erasmo, ¿Se deberían publicar encuestas hasta la jornada de reflexión?

EN LA RED: ¿Se deberían publicar encuestas hasta la jornada de reflexión?
La Ley electoral española prohíbe la publicación de encuestas con intención de voto en los cinco días previos a la jornada electoral. Pero esta norma fue aprobada años antes de que irrumpieran nuevas tecnologías como internet, que permiten a cualquier ciudadano acceder a medios de otros países donde, como ha sucedido esta semana en Andorra o EEUU, se siguen publicando sondeos en la última semana de campaña. Por ello muchos califican de obsoleto este impedimento y piden un cambio legal. Otros creen que sigue siendo necesario que las encuestas no monopolicen el debate político en vísperas de ir a votar.
EN LA RED: Elecciones paralelas
JAVIER REDONDO
¿Se deberían publicar encuestas hasta la jornada de reflexión? NO Hemos de plantear la pregunta de otro modo: ¿Qué nos aporta la publicación de encuestas hasta el día de reflexión? ¿Más información? Lo dudo. Los sondeos en periodo electoral desfiguran la campaña; y aun a riesgo de multiplicar el rechazo a mi posición -y sabiendo que es imposible contener con diques la marea informativa que generan las nuevas tecnologías-, me reafirmo exagerando: deberían prohibirse durante toda la campaña para preservar el derecho a la individualidad, a la diferencia, a la distinción; el derecho de cada ciudadano a mantener su propio estado de ánimo y su particular percepción del entorno sin verse sometido por la dictadura de los sondeos.
Esta campaña ha sido especialmente prolija en encuestas, que han marcado -junto con los debates- su devenir. Concentrar la atención informativa en los sondeos tiende a modificar el sentido de la campaña, que no ha de ser otro que permitir a los candidatos poner a disposición de los electores estímulos -más racionales que emocionales- a cambio de votos. La constante aparición y posterior comentario de encuestas distorsiona la campaña, la deriva por otro derrotero que ellas mismas trazan. Los líderes políticos quedan atrapados por los imperativos del sondeo y varían su rumbo en función de unas cuantas -y muchas veces apresuradas- conclusiones numéricas.
Los resultados no reflejan la realidad misma, sino una realidad artificial, proyectada por la intención expresada en un determinado momento por el encuestado, o, lo que es más rocambolesco, por la interpretación que el encuestador hace de tal intención. Por ejemplo, si una persona no dice a quién piensa votar, la información se extrae teniendo en cuenta, entre otras, tres variables: a qué partido votó otras veces, qué partido y/o candidato le cae más simpático y en qué lugar de la escala ideológica izquierda-derecha se ubica. No cabe duda de que la predicción tiene su dificultad. Y eso que no entramos en otros detalles.
Pese a todo, el público expectante corre el riesgo de adaptarse al clima de opinión creado por los gurús de la cocina demoscópica y, por miedo al aislamiento o inercia, puede adoptar una actitud de alineamiento en torno a la posición que aparece como mayoritaria. Al final, las propias encuestas generan su propia onda expansiva y unos pocos muestran el camino a seguir por todos los demás, distrayéndonos de lo esencial, que no es quién parece que va a ganar, sino qué propone cada cual.
Las cuestiones que giran en torno a la libertad son especialmente delicadas. Mucho más cuando parecen afectar al derecho a la información o a la libertad de prensa (en esto también el mundo anglosajón nos saca algún cuerpo de ventaja: el pacto de no publicar sondeos en tales fechas es consuetudinario y tácito, la restricción es autoimpuesta). Sin embargo, después de darle algunas vueltas al asunto, he llegado a la conclusión de que la libertad no saldría dañada, sino reforzada, porque una sociedad libre es, entre otras cosas, aquella en la que no hay fuerzas desequilibradoras que frenen su capacidad de autorregulación ni la capacidad de sus ciudadanos para decidir su propio destino sin interferencias.
Dicho de otra manera mucho más descarnada: ¿Creen sinceramente que nos hubiese hecho más libres el hecho de que el viernes -precisamente el viernes- se hubiesen publicado encuestas de intención de voto? Y, llevando la cuestión al extremo: en caso de contradicción entre los resultados de un mega sondeo realizado 24 horas antes de que la gente fuera a votar y los de la elección correspondiente, ¿qué impide a una parte entrar en una discusión vacua sobre legitimidades?
Para acabar: una sociedad plena, verdadera y convencidamente libre no es aquella que permite que se publiquen unas cuantas encuestas según que día, sino una sociedad que no necesitara proteger el carácter secreto del voto.
Javier Redondo es profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Madrid.
JUAN CARLOS RODRIGUEZ
¿Se deberían publicar encuestas hasta la jornada de reflexión? SI
En estos días preelectorales vuelve a plantearse la conveniencia de permitir la publicación de encuestas en los días inmediatamente anteriores al de la jornada electoral. Como saben, en España la ley prohíbe hacerlo en los cinco días previos, lo cual ocurre desde 1980 por una nueva legislación respaldada ampliamente en nuestras Cortes: el Congreso la aprobó con 286 votos favorables y sólo 2 abstenciones. España se incorporó a un reducido grupo de países con prohibiciones similares, que ronda hoy la treintena. Según los defensores de la nueva norma, se trataba de evitar una influencia indebida en el comportamiento de los electores, que podían verse manipulados por quienes difundieran resultados falsos o interesados.
Hoy todavía pervive una idea similar. Unos creen que, sabiendo que un partido tiene una probabilidad alta de ganar, algunos electores tenderán a apostar a caballo ganador, aumentando todavía más su ventaja. Otros piensan que bastantes votantes del segundo partido en discordia, percibiendo que no hay nada que hacer, se quedarán en casa, con el mismo resultado de una mayor ventaja del ganador. Otros, por el contrario, creen que los disuadidos de votar serán bastantes de quienes preveían votar por el partido mejor situado, creyendo que su voto tampoco será tan decisivo para conseguir la victoria. Como se ve, los dos primeros argumentos contradicen el tercero. Quizás por ello los estudiosos de este tema consideran menores las consecuencias de la publicación de las encuestas en el voto, pues los efectos en uno u otro sentido se anulan. Que los razonamientos valgan tanto para un roto como para un descosido quizá explique la unanimidad de la clase política a la hora de aprobar una normativa tal.
La segunda razón y la tercera fundamentarían la prohibición en evitar un resultado indeseado: que el elector se comporte contradiciendo sus (supuestas) preferencias. Mejor que no cuente con según qué información porque puede ser peor para él. Nos encontraríamos, así, con una forma de paternalismo que supone en los votantes un nivel de raciocinio relativamente bajo. Además, según esto, habría que prohibir todo tipo de información que le lleve a confundir sus preferencias, empezando por buena parte de la propaganda de los partidos. La primera razón implicaría algo más serio, pues aduce que votar por caballo ganador es una razón ilegítima. En realidad, votamos por todo tipo de razones.
Unos votan a los suyos, sin tener en cuenta el comportamiento del partido en el gobierno o la oposición. Otros votan por uno para evitar a toda costa la victoria de otro, quizá porque odian (sí, odian) a sus dirigentes y todo lo que ese otro partido representa. Otros sopesan los pros y los contras de votar a uno o a otro, o de no votar (o hacerlo en blanco). Las motivaciones varían, y, según diversos ideales de ciudadanía, unas puede ser más legítimas que otras. ¿Prohibiríamos, por ejemplo, si pudiéramos escudriñar las mentes de los electores, el voto por mero sentimiento de pertenencia o por odio? Es absurdo, tanto como prohibir la publicación de encuestas al final de la campaña porque eso puede inducir a votar por motivos vistos como inapropiados.
La prohibición de la que hablamos es, pues, paternalista y puede comportar un juicio moral poco defendible. Ambas razones se unen a la principal, que no por sabida hay que dejar de recordar: si se impide la difusión de resultados de encuestas al final de la campaña, aumenta todavía más la asimetría de información entre políticos y electores, pues los primeros sí cuentan con encuestas hasta el último día. ¿Queremos, de verdad, ampliar el hiato que separa a la clase política del común de los ciudadanos?
Juan Carlos Rodríguez es investigador de Analistas Socio-Políticos y profesor asociado de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.
CIBERESPACIO
Tendenciosas
No estoy de acuerdo con las encuestas porque la mayor parte de las veces son falsas o tendenciosas, que sólo buscan desorientar y engañar a los votantes. M. Morillas.
Cuestión de madurez
Claro que sí, deberían poder publicarse hasta hoy. Lo contrario significa que se pone en duda la verdadera capacidad de reflexión de los españoles. ¿O es que creemos que cualquier cosa que ocurra en dicha jornada influirá en nuestro voto? ¿Como el 11-M? ¿Como el terrible asesinato de Isaías? Enrique Estella Ledo.
Voto en libertad
Y qué más da que los medios de comunicación, los partidos políticos o quién sea saque a relucir unas encuestas más o menos cocinadas. Con o sin la intención de influir en la opinión pública y más directamente en el sentido de su voto. Lo que nos debe importar es que, una vez más, unos asesinos tiñan de sangre nuestra libertad, nuestro derecho a elegir libremente a nuestros representantes. Que en el momento más importante de nuestra democracia, aquél en el que el pueblo expresa su opinión, unos asesinos quieran influir en nuestro derecho. No debemos dejarnos llevar ni por asesinos, ni por encuestas, ni por ideologias. Hay que votar con la razón, con el sentido común y, sobre todo, con total libertad. José María Valera.
La era de internet
Si se quiere mantener la mente virgen de influencias externas la semana antes de votar, la única solución es copiar el sistema chino de control de internet. Aún así, el problema no son las encuestas, pues los políticos, de forma sibilina ya se encargan de ir filtrando aquello que saben en privado, provocando una manipulación aún mayor. Fran Pérez.
Puertas al campo
Creo que las leyes deben adaptarse a las nuevas tecnologías y que, concretamente, nuestra ley electoral debería ser reformada en profundidad. La prohibición de publicar sondeos en los cinco días previos a una cita electoral lo único que produce es una desigualdad manifiesta entre ciudadanos, ya que su único efecto es restringir el derecho a la información a todos aquéllos que no pertenezcan al club de internautas. La primera regla sagrada que debe existir en una ley electoral es el derecho a elegir y a ser elegido en libertad. Todo lo demás es poner puertas al campo. Teresa González.
Provocan confusión
Estoy de acuerdo en que se prohíba su publicación cinco dias antes de las elecciones ya que los resultados de las encuestas no son fiables al cien por cien y eso podría producir confusión en los votantes. Encarna García.
El autor comienza diciéndole al ministro del Interior que no se puede pedir para la política antiterrorista, que es una cuestión de Estado, el apoyo sin condiciones. En la segunda misiva le formula varias preguntas al embajador de Venezuela en España sobre las relaciones de ETA con el gobierno de Chávez, para acabar la trilogía con la niña de Rajoy, la más popular de toda la campaña.
LUIS MARIA ANSON de la Real Academia Española
ALFREDO PEREZ RUBALCABA
«No se puede apoyar, sin condiciones, ningún pacto de Estado»
Querido ministro...
Desde posiciones diferentes, hemos coincidido siempre en los asuntos de Estado. Tú has demostrado, a lo largo de los años, que estás por encima del partidismo político cuando se trata de tomar posición en aquellas cuestiones que afectan de fondo al bien común de los españoles. He escrito muchas veces que los dos grandes hombres de Estado de los siglos XIX y XX han sido Antonio Cánovas del Castillo y Felipe González, claves, cada uno en su estilo, en la I y en la II Restauración de la Monarquía, al impulsar el pacto de Estado entre el centro derecha y el centro izquierda, que suman más del 80% del voto popular español. Fuiste testigo de excepción de la obra de González, que, a pesar de no pocos errores incuestionables, dejó un balance altamente positivo.
La política antiterrorista es, por supuesto, una cuestión de Estado. Pero, en mi opinión, no se puede pedir para ella el apoyo sin condiciones. La adhesión incondicional es propia de dictaduras y totalitarismos. Franco, Hitler, Stalin, Mao, no concebían otra colaboración que esa adhesión incondicional ajena a las formas democráticas.
Si un Gobierno decide el crimen de Estado para derrotar a los terroristas, el político serio, el periodista serio, el ciudadano serio, no pueden prestar su apoyo a semejante atrocidad. Los escuadrones de la muerte tendrán siempre el rechazo de las gentes que quieren vivir en un Estado de Derecho. Al terrorismo hay que combatirlo desde la ley, con todo el peso de la ley pero sin salirse de la ley.
Si un Gobierno decide entablar una negociación política subterránea con un grupo terrorista, con desprecio para la dignidad del Estado y con embustes a la ciudadanía, no puede reclamar apoyo sin condiciones. La lucha antiterrorista es, sin duda, una cuestión de Estado que exige el acuerdo de los grandes partidos democráticos. Pero con condiciones. El cheque en blanco no existe para ningún asunto y menos cuando se trata de cuestiones de la máxima gravedad. Hay que cumplir una serie de condiciones para que el pacto sea posible. No se puede exigir adhesión incondicional con los ojos cerrados y sin matices para respaldar disparates en materia de la lucha antiterrorista. Esa es una posición cerril y dictatorial.
Estoy seguro, querido Alfredo, que estarás de acuerdo, en lo sustancial, con lo que te expongo en esta carta, sobre todo después de que anteayer descargara sobre la vida española la vesania etarra que ha transformado la libertad en una sangre sin fin que se derrama. Así es que no te arriendo la ganancia de lo que se te va a venir encima durante la próxima legislatura, si las encuestas no yerran, cosa que sabremos dentro de unas horas.
EMBAJADOR DE VENEZUELA EN ESPAÑA
«¿Recibe ETA algún tipo de ayuda del presidente Chávez?»
Señor embajador...
Se ha confirmado ya que un dirigente del grupo terrorista FARC, que estaba a las órdenes de Luis Edgar Devia, alias 'Raúl Reyes', visitó el País Vasco y participó en actos de exaltación de los partidos proetarras. Se trata de Lucas Gualdrón, agente de la guerrilla terrorista colombiana, encargado según parece de los contactos con orga- nizaciones paralelas en Europa.
FARC y ETA, pues, se dan la mano, como suelen hacer las bandas terroristas del más vario pelaje. Y, claro, el ciudadano medio español se hace algunas preguntas que, estoy seguro, señor embajador, sabrá usted responder de forma satisfactoria para la inquietud de la opinión pública.
¿Existen contactos entre el presidente Chávez o su entorno con los etarras escondidos en Venezuela?
¿Reciben algún tipo de ayuda económica o logística del Gobierno venezolano?
¿Por qué no se extradita a criminales en muchos casos confesos?
¿Cree el presidente Chávez que ETA, según ha dicho de las FARC, es un grupo de liberación nacional?
¿Piensa el presidente Chávez, como ha hecho el dictador Castro, prestar asistencia a ETA?
¿Se ha producido alguna negociación entre agentes chavistas, el Gobierno español y la banda terrorista ETA?
¿El apoyo explícito que el presidente Chávez otorga a las FARC podría extenderse a ETA?
Todas estas preguntas, señor Toro Hardy, se las hace en estos momentos el ciudadano medio español y convendría una aclaración de forma directa o indirecta para tranquilidad de la opinión pública española. La actitud inequívoca del presidente Chávez a favor de los terroristas de las FARC, y la desenmascarada relación de éstos con ETA, ha levantado la alarma en sectores cualificados de la sociedad española.
LA NIÑA DE RAJOY
«La campaña de 2008 es la de la niña de Rajoy»
Querida Victoria...
Eres rubita, que lo sé yo, y al abrir tus ojos azules se puede escuchar el mar, como en el verso de Hierro y Lope. Llevas en la cintura la languidez de la caña verde. Y vientos de mañana y esperanza entre las manos. Tienes luz en la frente y el gesto alegre y tempranero. Algunos pájaros locos, en fin, te alborotan el pelo. Te aburren como a todos los niños, como a todas las niñas, los discursos de Zapatero y te da miedo su mirada cuando esconde la sonrisa. Se habla de ti, querida niña, más que de la Pantoja.
No pocos comentaristas de insufrible suficiencia afirmaron que Mariano Rajoy se había equivocado al cerrar el primer debate con la historia de la niña, probada con eficacia en otras latitudes. El candidato popular ha sabido dar la vuelta a los agoreros, no se ha arrugado y ha burlado el cachondeo generalizado de Zapatero y el PSOE reiterando el mensaje de la niña, el más popular de toda la campaña. Los expertos del PSOE han dado marcha atrás. La opinión no se ríe de la niña de Rajoy. Al pueblo español le divierte y le interesa lo que contó el líder del PP.
La campaña electoral de 2008 pasará a la historia como la campaña de la niña de Rajoy. Las encuestas, empezando por la de este periódico, dan claro vencedor a Zapatero. Pero la niña de Rajoy, si nuevas declaraciones de Elorriaga al Financial Times no lo estropean todo, qué error, Dios santo, qué inmenso error, se ha alzado con el liderazgo de toda esta parafernalia insoportable y aburridísima de los mítines y el estruendo.
ERASMO
e/Obama
Como metáfora, y aquí, seis meses de campaña. Sosiéguese al pueblo dizque soberano y los mass media USA como ejemplo, neurolépticos benévolos, formidables máquinas democráticas: un año de primarias. Suprimen de las teúves la voz fuck (joder), alguien dimite por decir monstruo a Hillary. Evítense duelos fratricidas: negro y mujer, Barack, presidente, vice Hillary o viceversa. Firstness: de primeridades. (Suerte).
Etiquetas: Firmas





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