FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Luis María Anson, Raúl del Pozo, Erasmo, David Gistau, Fernando Sanchez Drago, Pedro G. Cuartango, Adolfo Suárez

COMENTARIOS LIBERALES
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS
'Exèrcit del Tinell'
Reconozco que en el nuevo Gobierno de 'ZP', lo que tiene más chiste, que no más gracia, es la creación del Ministerio de la Igualdad para la flamenca Bibiana Aído, que como era de esperar en ese incesante homenaje a Orwell que es el zapaterismo, lo es de la Desigualdad. Ahora vendrán el Ministerio de la Libertad, cuyo embrión es la Fiscalía General del Estado, llamada a asumir todas las funciones del Ministerio de la Justicia Bermeja, y el Ministerio de la Fraternidad, cuyo embrión es el Ministerio del Interior asistido por el CNI. Con la trilogía de Robespierre sustituyendo a los tres poderes de Montesquieu, podrá ya enseñarse en Educación contra la Ciudadanía el culto al Gran Arquitecto y a la Diosa Razón, para solaz de la masonería francesa y española. Ah, y de Napoleón en su tumba, que inalámbricamente será informado por Sarkozy y la juez Le Vert de que la antiguamente llamada España ha completado el proyecto que en el siglo XIX no pudo rematar José Bonaparte, mal llamado Pepe Botella. Más vale tarde, dirán en la logia. Más vale nunca diremos los liberales, desagradables y poco constructivos siempre, como prueba la resistencia a la francesada. Menos mal que los centristas del PP moderarán, equidistantes: ni tarde, ni nunca; ahora, pero por consenso. Para eso se ha creado el Ministerio de la Oposición Búlgara: para consolidar la ruina, pero con calma.
De los tres proyectos, el que tiene más enjundia es el de la transformación de la Justicia en herramienta indolora para el cambio de régimen. Pero el más urgente es el de la entrega de los otrora gloriosos ejércitos españoles a los separatistas del PSC, porque separatistas son por más que Chacón, desabrida y con mala cara, diga viva España. Por poco tiempo, porque con el Estatuto de Cataluña no sobrevivirá. Chacón, es decir, el PSC, quiere una relación bilateral entre Cataluña, nación soberana, y España, nación sin soberanía, para exprimir el mercado cautivo -y desarmado- hasta que llegue el momento de la solución Quebec para la secesión. Y si alguien tiene dudas, que repase lo dicho por Chacón en la campaña electoral.
Su tarea, con la ayuda del CNI, es la de convertir los tres ejércitos españoles en el unificado Exèrcit del Tinell, cuya misión será garantizar, por la fuerza si es preciso, ese cambio de régimen que simbolizan las multas por rotular en castellano y la inmersión lingüística. O sea, la igualdad asimétrica ante la Ley. Pero no mediante una reforma democrática de la Constitución, sino liquidándola con unos estatutos dizque de autonomía que lo son de soberanía. Primero, claro, el de Cataluña, nación de naciones. Después, como Plan Marshall para sus colonias, más estatutos, vía cláusula Camps. Chacón prepara ya el Día de las Fuerzas Armadas en Barcelona, que, después de que l'Exèrcit del Tinell custodie el Transvasament de l'Ebre, aplaudirá un poco.
CANELA FINA
LUIS MARIA ANSON
Zerolo, ministro de Defensa
A Zapatero no se le ha ocurrido hacer a Pedro Zerolo ministro de Defensa. ¡Qué fallo! Hubiera resultado más provocador, más progresista, más ingenioso que el nombramiento de la simpática guapita treintañera. Zapatero es un político de ocurrencias. Adenauer decía que Dios libre a las naciones de los gobernantes que tienen ocurrencias. Pero el viejo demócrata se equivocaba. Basta, para desmentirle, con contemplar el nuevo Gobierno de Zapatero y eso a pesar de que al líder socialista no se le haya ocurrido hacer a Zerolo ministro de Defensa. Sí se le ocurrió la creación de un nuevo ministerio: el de Relaciones con la Iglesia. Quería poner a su frente a Bibiana Fernández pero, según cuenta Jesús Mariñas, la inteligente actriz le dijo que no. Las dos Bibianas hubieran dado mucho juego pero en esta vida no se puede tener todo a la vez.
En cualquier caso, el gran acierto de Zapatero ha sido premiar a Miguel Sebastián ya que en las elecciones municipales derrotó arrolladoramente a Gallardón, consiguiendo la más alta votación que, en Madrid, recuerdan los siglos. Y resultará especialmente útil para pararle los pies al levantisco Solbes que no es un incondicional de la cosa como marca la tabla y se va a enterar. Lo de Magdalena Alvarez era todavía más fácil después de que Congreso y Senado respaldaran por aclamación su gestión ministerial y que en Barcelona los ciudadanos, como todo el mundo sabe, besan el asfalto que ella pisa y dedicarán el mes de mayo a enviarle flores a porfía.
Sostenella y no enmendalla, ese es el lema zapateresco. ¿Por qué va a cambiar a Bermejo si, como ha quedado claro en las incesantes manifestaciones, tiene a su lado a la entera administración de la Justicia? ¿Por qué va a destituir a Moratinos si sus desatinos cuentan con el apoyo incondicional de la carrera diplomática? ¿Por qué va a modificar su política internacional si la decadencia de Estados Unidos es innegable y los políticos en alza que dirigen el mundo son sus aliados y amigos Chávez, Castro, Evo, Ortega y Correa?
Todavía, en fin, tiene Zapatero guardado un as en la manga. En cuanto pase el festival de Eurovisión, hará una remodelación del Gobierno para nombrar a Chikilicuatre, ministro de Cultura. No va a ser menos el líder socialista que el presidente brasileño Lula. La gloria le nimba ya la cabeza con su aureola de luz y le brilla en el acento circunflejo de sus cejas.
«Si yo que carecía de la menor preparación, que no había mandado ni a cuatro personas, que no tenía currículo ni méritos, he sido elegido y reelegido presidente del Gobierno de la décima potencia del mundo, por qué no puede ser ministro o ministra, cualquiera que a mí se me ocurra», dicen que decía el líder socialista a troche y moche durante la pasada legislatura y tras la victoria del 9-M. Eso del mérito es una manifestación retrógrada y burguesa.
Lástima, sí, que a Zapatero I el de las mercedes no se le haya ocurrido designar a Zerolo, ministro de Defensa. Ese nombramiento hubiera dado la vuelta al mundo, convirtiendo al presidente español en el paradigma universal de la progresía. Sobre todo, porque Zerolo, que esperaba con zozobra la designación, tenía pensado nombrar a su ilustre marido subsecretario del ministerio y Jefe del Estado Mayor de la Defensa.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española
ERASMO
Aído
Bibiana (31), ministra de Igualdad, «el valor más noble de la democracia». Dice. Poco churchilliana: separación de poderes, minorías, Prensa libre y. Igualdad suprema: todos iguales ante la Ley. Hitler, Stalin, et al, igualaban bastante en camposantos y sacramentales. Aznar estudió ciencia política, liberalismo en Moncloa. No llegó aprendido. Mas ella: tan joven, tan bienintencionada. Lo hará bien (seguramente). Welcome.
TIEMPO RECOBRADO
PEDRO G. CUARTANGO
El mensaje
El ser humano es capaz de superar grandes adversidades y de luchar contra casi todo, pero hay un enemigo que siempre le vence: su propio carácter. Esto es lo que le ha sucedido a Zapatero al nombrar su nuevo Gobierno: no ha podido con su carácter, como le pasó al escorpión que picó a la rana en mitad del río.
Su manera de ser le ha jugado una mala pasada a la hora de designar los nuevos ministros, ya que da la impresión de que se ha dejado llevar más por sus propios demonios interiores que por un mínimo de racionalidad. Tal vez por su afán de sorprender o quizás para no permitir que nadie se le suba a las barbas, Zapatero ha cometido una serie de errores graves que acabarán por pasarle factura.
El primero de esos errores es restar poder a Pedro Solbes, al que ha dejado a los pies de los caballos al colocar al frente del Ministerio de Industria a Miguel Sebastián, con el que chocó de forma permanente en la pasada legislatura. Desde su despacho en Moncloa, Sebastián torpedeó sistemáticamente muchas de las iniciativas de un Solbes que ha mostrado su enfado al subrayar que su departamento controla el gasto de los demás. No hace falta ser adivino para saber que Solbes y Sebastián van a tener criterios distintos en el ajuste de la economía española que viene. ¿A quién apoyará Zapatero?
Otra decisión difícilmente explicable es el nombramiento de Carme Chacón en Defensa. La nueva ministra es una mujer preparada, inteligente y con experiencia política, pero su perfil pacifista y nacionalista y su avanzado embarazo constituyen una provocación a la cúpula del Ejército español. Zapatero podía haber nombrado a Elena Salgado o a cualquier otra socialista, pero ha optado por poner en el cargo a la que más rechazo iba a provocar entre los militares.
Más difícil todavía es entender por qué ha mantenido en sus puestos a Magdalena Alvarez y Mariano Fernández Bermejo, absolutamente quemados por una desastrosa gestión y con bajísimos índices de valoración en las encuestas. Su decisión sólo se puede entender como un mensaje al partido y a la opinión pública de que él es quien manda y quien decide cuándo un ministro deja sus responsabilidades.
Esta misma filosofía justifica la designación de Bibiana Aído al frente del nuevo y orwelliano Ministerio de Igualdad, cuyo nombre da pavor. Aído tiene 31 años, carece de experiencia y su gran mérito ha sido gestionar la agencia andaluza del flamenco. Por el contrario, todo el mundo pensaba que iba a promocionar al fiel Jesús Caldera, coordinador del programa socialista y candidato a una vicepresidencia del Gobierno con mando en el área social. Le ha defenestrado.
La lógica de todas estas decisiones es su propia falta de lógica política. Aquí reside el mensaje que Zapatero ha querido enviar al partido y a la opinion pública: que el que manda es él y sólo él. ¿Será ésta la esencia del zapaterismo?
EL RUIDO DE LA CALLE
RAUL DEL POZO
Carme, Susanna, Amparo
La pubilla grávida pasando revista a los soldados, tan arrogantes, ha dado la vuelta a la esfera, aunque aquí siempre se regrese a la superstición. Observen el Arbol de la Sangre que crece en El Escorial. Esos misterios vienen desde que Felipe II se rodeó de frailes y alquimistas sin recibir a El Greco, que traía la libertad en angarillas. El monasterio ha estado siempre envuelto en leyendas fatídicas, como el de esa colegiala que hace autostop y le anuncia al conductor en qué curva va a morir o la del perro negro que acojonaba a los obreros que construyeron el monasterio de las 2.673 ventanas. Ahora, en abril, mientras el aire de la sierra se llena del ladrido del perro negro y de los lamentos de los corderos que no reconocen a sus madres esquiladas, sigue el enigma del fresno entre el silbo de los aires.
En el fresno se esconde el mochuelo de Atenea, la de los ojos glaucos. Como los cristianos vistieron a Poseidón de San Nicolás y a Atenea de María, es lógico que la madre de Dios se aparezca en un fresno. Esto es bueno; los centros religiosos atraen el comercio, como puede verse en Roma. Pero algo huele mal en El Escorial. Lo digo porque estaba yo en Espejo público, de Susanna Griso, cuando llegó un sindicato de engañados. Horas antes de que se hiciera comandante del Ejército no a Atenea, ni a una amazona, sino a una socialista catalana, vinieron a decirnos que en el Escorial estamos ante un nuevo Palmar de Troya. Según ellos, la secta destructiva explota a decenas de falsas monjas en la residencia de mármol de cinco estrellas, aunque no han dicho que las monjas peguen a los abuelos.
Los monipodios de espabilados son típicos de esta nación; las devociones nunca faltan del todo a los ladrones. Pero luego me ha contado Susanna que un exorcista, un sacerdote serio, ha investigado y ha llegado a la conclusión de que a Amparo realmente se le abren las carnes o los estigmas. Coño, a ver si es un milagro de verdad. ¿O vuelve el Berlanga de Los jueves, milagro?
Claro que si los franceses tienen su Lourdes, los portugueses, su Fátima, ¿por qué no vamos a tener nosotros nuestra Virgen de El Escorial, en los levantes de la aurora, en la sierra donde el Arcipreste ya cantó a «la señora de las alturas» y a «la flor de las flores»?
Decían que la Virgen de Fátima no era sino la esposa rubia de un agrimensor inglés al que le sorprendió una tormenta y, para secarse, se puso a tomar el sol en una pequeña encina; cuando los pastorcitos se arrodillaron, no quiso quitarles la ilusión de que era la Virgen.
Tal vez lo de El Escorial sea un milagro en pleno ateísmo zapaterista para indicarnos que la Virgen no se ha olvidado de España.
EL LOBO FEROZF. SANCHEZ DRAGO
Robaterrenos
A eso, al robaterrenos, jugábamos los niños de la posguerra con un clavo que parecía un verduguillo. Mis coetáneos lo recordarán. Era juego de dos, y a su término uno de los contrincantes se quedaba sin tierra en la que apoyar los pies para seguir robando. Eso es lo que el otro día le pasó a Rajoy en el Congreso y, antes, en las comilonas de Zalacaín y Vocento.
Comienza la temporada. Teloneros en las Cortes. Sesión de investidura: he aquí el tinglado de la antigua farsa. ¿Por qué televisaron la corrida? ¿Para multiplicar el tedio de la brega con estoque simulado practicada por dos políticos pegapases cuyo repertorio se limita al del pico de la muleta? Toreaban -es un decir- el Niño del Percebe o Trifinus Melancólicus, que se agarra al resbaladizo momio de la oposición a nada con la misma testarudez con la que el artrópodo citado lo hace a la roca, y el Niño de Cierra España, al que pronto veremos hacer el paseíllo con reloj de pulsera rojigualda. ¿Ingresará en la Guardia Civil, se enrolará en el Tercio? Todo por la patria. Sólo la reaparición de don Rodrigo, Niño del Milagro Económico, o la alternativa de Esperanza Aguirre, que de toros sabe un rato (con minúscula), podrían levantar la temporada, pero ninguno de los dos figura, por ahora, en los carteles. El empresario José Bono, Niño de la Jota, tiene que apañárselas con los segundones salidos de las urnas y sacará muchas veces los cabestros a la plaza. Rajoy para, pero no manda; Zapatero manda, pero no transmite; los dos templan gaitas, que no embestidas, y ninguno carga la suerte. El Niño de la Tuneladora, sobresaliente de espada, espera en el burladero resquicio para hacer su quite. ¿Llegará éste, debutará la Niña de la Puerta del Sol, volverá Rato como en la suerte de más peligro lo hizo José Tomás, saldrá de su retiro dorado en la FAES de Colombey-les-Deux-Eglises el Niño Sabio de Georgetown y hablará el Oráculo? En los toros casi nada es imposible, aunque casi todo sea imprevisible. Sólo hay algo que no lo es: Rajoy tendrá que cortarse la coleta o que torear sólo en Galicia, donde mandaría tanto y durante tanto tiempo como lo hizo el Niño de la Rúa es Mía. Y tendrá que hacerlo, le guste o no, porque el Romeo de la escena del balcón de Génova se ha quedado sin jurisdicción a la que llevarse el toro. No la tiene ni en el coso de su partido ni en el ruedo de las Cortes. La Niña del Futuro -ideas y valores- y el Niño de las Cejas se la han quitado. Esperanza lo hizo poco a poco, y sigue en ello. Zapatero remató la faena en las tablas del discurso de investidura. Jugaban los tres al robaterrenos, y uno ha perdido. Señor Rajoy: no se emperre. Sus compañeros de terna, como si fuesen sioux, lo han descabellado con el verduguillo de mi infancia. Alea jacta est. No cierre el paso a su futuro ni al futuro de su partido. Vuelva a Santa Pola o a Pontevedra. Hágalo por usted y por la alternancia democrática. Su Rubicón está en el Sil. Y no reincida, por cierto, en el error de creer que Esperanza Aguirre me ha dictado esta columna. ¿Haría usted eso -dictar a periodistas- si nos gobernara? Es inquietante. Buenos días y buena suerte.
TRIBUNA LIBREADOLFO SUAREZ ILLANA
La Justicia
Se inicia una nueva legislatura y, como manda nuestra Constitución en su artículo 99, se abre con el debate de investidura del candidato propuesto por Su Majestad El Rey que, una vez más, recae en su persona. Creo, señor Zapatero, que es un buen momento -si me permite la broma- para empezar a importunarle. Como siempre, lo haré con todo el respeto que se merece y no sin antes felicitarle por su éxito electoral.
Su discurso de investidura tuvo puntos muy interesantes, es cierto, aunque matizados por el hecho de haber sido usted el presidente del Gobierno durante la pasada legislatura. Ese hecho lanza una sombra de duda sobre la credibilidad de algunas de sus propuestas, pero será el tiempo y no yo, quien, una vez más, dé y quite razones.
Me pareció especialmente importante la referencia que hizo a la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Es verdad que debe ser renovado, pero mal empezamos si la propuesta de pacto viene acompañada de la amenaza de un «remedio excepcional» si no se alcanza tal pacto, supongo, en el tiempo deseado. En cualquier caso, y con ser ello importante, el núcleo no está ahí: lo que debe ser renovado es todo el Poder Judicial y el momento es propicio. Me explico:
La democracia es un sistema de Gobierno en el que los ciudadanos eligen a sus dirigentes para que administren los asuntos públicos y, esto es muy importante, garanticen las libertades individuales que suponen el fin último de la democracia.
Precisamente para eso, para garantizar esas libertades e impedir el abuso del poder por parte de quien lo recibe de los ciudadanos, se ideó la división de poderes. Algo tan sencillo y mayoritariamente aceptado como esto no está funcionando en nuestro país.
Los ciudadanos españoles eligen un Parlamento que, a su vez, elige a un presidente del Gobierno. Esto que, en principio, puede ser interpretado como una falta de separación entre ambos poderes, puede ser aceptado en la medida en la que el Parlamento, a través de la labor de la oposición, sea capaz de articular las medidas necesarias para ejercer un papel de control eficaz al Gobierno y ser un contrapunto real de poder. En una situación así cobra especial importancia la independencia y capacidad del Poder Judicial como garante efectivo de las libertades individuales.
Y ahí tenemos uno de los grandes problemas de nuestra democracia que, si bien ha existido siempre, se agravó de forma extraordinaria desde que, en el año 1985 y gracias a un parlamento gobernado -insisto en el término- por un Partido Socialista con mayoría absoluta, se cambiaron las reglas de juego establecidas en la Constitución y, retorciendo de forma inaceptable -dicho sea con todo respeto desde mi punto de vista- su espíritu, se estableció un sistema en el que el órgano de Gobierno del Poder Judicial -el Consejo General del Poder Judicial- pasaba a ser también elegido por las Cortes y se repartía -al fin y al cabo en eso consistió la reforma- entre los distintos partidos la composición de dicho órgano.
Hemos llegado a un punto en el que todo se legitima y valida por el mero hecho de ser elegido o votado por el Parlamento. Aunque alguno se escandalice, eso no deja de ser una perversión del sistema que, unido a la actual estructura de los partidos, hace que todo el poder recaiga sobre quien dirige el partido más votado que se convierte, a su vez, en jefe del Ejecutivo y, además, en controlador -vía el partido que dirige- del Poder Legislativo y, por tanto, también del Poder Judicial. ¿Qué ocurriría si, además, controlase también los medios de comunicación?
En esta situación, e interpretando a Hayek de alguna manera, podríamos decir hoy, en España, que un Parlamento libre no garantiza un pueblo libre, ya que la licencia que se da a una mayoría parlamentaria nunca lo puede ser para que actúe arbitrariamente, ni para que evite los sistemas de control y respeto a las minorías que el mismo sistema establece.
Es tal el grado de disparate al que ha llegado la politización de la Justicia española actual que somos capaces -y lo hacemos a diario- de predecir lo que va a votar cada miembro del órgano de Gobierno en función del partido que lo propuso. ¡Llegamos a hablar de miembros conservadores y progresistas con absoluta normalidad!
Desgraciadamente, y por otro camino, ocurre exactamente lo mismo con el Tribunal Constitucional.
Son innumerables, y extraordinariamente sonrojantes, los casos de politización tanto del Tribunal Constitucional como del Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. A tal fin, baste recordar asuntos como el caso Rumasa, el aún caliente caso Estatuto Catalán, el olvidado asunto de la puesta en libertad de la Mesa Nacional de HB y los más recientes enfrentamientos entre los distintos órganos citados a costa del caso Albertos y de la elección del presidente del tribunal encargado del caso 11-M.
El problema, con matices, no se encuentra en la Constitución, que contiene todos los principios fundamentales para que la adecuada separación de poderes haga efectivo el control del Ejecutivo, garantice las libertades individuales de los ciudadanos y la independencia del Poder Judicial. Tampoco es usted, señor Presidente, ni su partido el único culpable de este atropello a la división de poderes; han participado en su comisión y mantenimiento todos los grupos parlamentarios y, muy especialmente, quienes han tenido responsabilidades de Gobierno. Porque ha sido, fundamentalmente, la acción de los sucesivos Gobiernos lo que ha acabado adulterando esos principios.
La verdad es que cada Gobierno que llega al poder acaba cediendo a la tentación de controlar cuanto más mejor. Es necesaria mucha grandeza, altura de miras y generosidad para renunciar a lo que se tiene al alcance de la mano... Aunque sea en aras del bien común. Pero no es imposible.
No me equivoco si le digo que la ciudadanía de España pide a gritos una renovación profunda de nuestra Justicia. Una renovación que pase por el establecimiento riguroso de las normas de acceso a la carrera judicial, que evite injerencias -por disfrazadas que pueda venir- de los otros poderes del Estado o de los partidos, como ha ocurrido en el pasado. Una renovación que consagre a la Justicia como un auténtico poder del Estado que goce de absoluta independencia respecto del poder político y sometida, tan sólo, a la Ley, como establece la Constitución en su artículo 117. Una renovación que garantice las funciones de cada uno de los órganos y evite los enfrentamientos e intromisiones que vemos a diario. Una renovación que la dote de los medios adecuados para que pueda ser administrada de forma ágil y efectiva, de manera que se hagan imposibles injustificables retrasos o imperdonables errores como los que hemos conocido estos días con ocasión del dolorosísimo caso Mari Luz.
Creo, señor presidente, que bien valdría una legislatura entera un acuerdo de tales dimensiones. Hace ahora 30 años que se aprobó nuestra Constitución de la concordia. No se me ocurre mejor forma de celebrar este aniversario que «secando una de sus lagunas».
España entera reclama a su clase política que, inspirándose en los principios fundamentales que cimientan su Constitución, sea capaz de acordar, entre todos, la reforma de la Justicia; la más importante y necesaria reforma del Estado.
Adolfo Suárez Illana es abogado e hijo del ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez.
Etiquetas: Firmas





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