FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Vitoria Prego, Raúl del Pozo, Isabel San Sebastián, Erasmo, Carmen Rigalt, Lucía Méndez, Fernando Point

COMENTARIOS LIBERALES
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS
Mountbatten o Sissi
A Pedro Jota le gusta visualizar la idea del futuro taifeño del antiguo PP en la ofrenda anual que los reyezuelos o maharahas hacían al virrey de la India, administrador de la joya del Imperio Británico. Reconozco la potencia plástica de Camps encaramado a un elefante de tres colmillos, Arenas cabalgando un tigre sin rayas (albino que no vaticano) o Celia Villalobos moviendo sus seis u ocho brazos para llenar la alfombra del visorrey Rajoy de pedruscos valiosísimos para la virreina Viri. 'Alfonsalonsenfant', maharaha de la daga sangrante, y 'Nu Feijo-O', príncipe de Breogán, han de embetunarse un poco para resultar convincentemente hindúes, lo mismo que Herrera y Valcárcel, aunque éste, que tira más a chino que a indostánico, ya se habrá retirado a sus bambúes. A Soria no hay que disfrazarlo de brahmán y, a este paso, ni de faquir, y Sirera será la cuerda que desaparece en el aire. Pedro Sanz luchará para no recibir una propina por aparcar los palanquines. Y la gran incógnita será si el rey de la Nieve Nubia, el negro que tenía el alma blanca o el blanco que tiene el alma negra, acudirá a la ofrenda solo o en compañía de Anita Cospedal, maharaní de Kapurtala-La Mancha y naciente estrella de Bollywood. Claro que Cascos, disfrazado de Covadunga Din, puede haber empezado la reconquista liberando a la emperatriz de la Puerta del Sol del Punjab, cercada por las agalbanadas y torvas huestes de Mariano Mountbatten y sus gurkamelucos búlgaros. El espectáculo asiático impone. El último en disfrutarlo fue Lord Mountbatten, que despidió el virreinato con la independencia y voladura del Indostaní en Pakistán, India, Bangladesh y unas cuantas regiones en permanente guerra desde entonces. Mountbatten, la traducción literal al inglés de Battenberg, el primitivo apellido germánico de los actuales Windsor, era primo de la reina de Inglaterra y murió airadamente, a manos de unos terroristas de la extrema izquierda irlandesa. Destino trágico que comparte con la famosa emperatriz de Austria-Hungría popularmente conocida como Sissi, asesinada en su ya anoréxica ancianidad por la aviesa puñalada de otro terrorista zurdo. Y eso me ha traído a la memoria la forma en que Romy Schneider, reina de la saga de Sissi, recibía al final de su primera película el homenaje de sus súbditos a la vera de Francisco José, el estólido Karl Böhm. Teniendo en cuenta el mísero estado de las arcas peperas tras la toma de Bulgaria, me parece más asequible la fórmula austrohúngara que la hindú: los señores de las distintas partes del Imperio acudían a la coronación llevando cada uno un saquito de tierra de su feudal dominio y lo echaban a los pies del trono andamiado de los Habsburgo. Al final de la ceremonia, sobre una montaña formada con los sacos de todas las tierras, sonreía emocionada Sissi. La mala película acababa bastante bien. La realidad fue mucho peor.
LA TRASTIENDAISABEL SAN SEBASTIAN
Preguntas trampa
Con ese aire a medio camino entre lo aldeano y lo virginal que suele adoptar para vender su mercancía podrida, el lehendakari nacionalista nos ha desvelado el texto de las preguntas-trampa que pretende formular a «los vascos y las vascas» el próximo 25 de octubre, en aras a «lograr la paz». Un cúmulo de eufemismos engañosos, cuya mera formulación constituye una escalada intolerable en la deriva secesionista que ha tomado el PNV ante la impotencia de un Gobierno incapaz de pararle los pies.
La primera de las cuestiones planteadas al ciudadano en esa consulta ilegal de la que Ibarretxe habla ya con la naturalidad del hecho consumado, dando por seguro que se celebrará, no hace sino reproducir el texto de la resolución aprobada en mayo de 2005 por el Congreso para dar carta de naturaleza a la negociación del Ejecutivo con ETA: ¿Está usted de acuerdo en respaldar un «final dialogado» de la «violencia» si ETA manifiesta su voluntad inequívoca de ponerle fin para siempre? Primero que los terroristas entreguen las armas -es la única respuesta posible- y luego ya veremos de qué hay que hablar. ¿Cuántas veces se les ha tendido la mano y han respondido a tiros? Suya y sólo suya es la carga de la prueba. Claro que si el PSOE dijo sí en Madrid, difícilmente puede decir no en Vitoria. Y ahí está la trampa.
El segundo interrogante es aún más retorcido. ¿Está usted de acuerdo en que «los partidos vascos sin exclusiones» (es decir, incluidos los representantes de los asesinos, se llamen como se llamen) «inicien un proceso de negociación para alcanzar un acuerdo democrático» (¿cómo va a ser democrático un acuerdo que se toma al margen de las instituciones democráticas, ignorando ese pilar de la democracia que sitúa la soberanía en el conjunto del pueblo español?) «sobre el ejercicio del derecho a decidir del pueblo vasco» (o sea, la autodeterminación que no se atreven a llamar por su nombre)? Los «partidos vascos sin exclusiones», incluidos los batasunos-etarras, se sentaron a hablar con los socialistas en Loyola, e incluso en un hotel donostiarra con luz y taquígrafos, de toda clase de cuestiones políticas, como el encaje de los vascos en el Estado español o el futuro de los navarros. ¿Con qué autoridad se opone ahora Patxi López, que ya acepta llamar nación al País Vasco y se muestra dispuesto a respaldar un referéndum, a las pretensiones del lehendakari?
Están cogidos en su trampa y nos han metido en ella a todos. El nacionalismo avanza sin pausa hacia la consecución de sus últimas metas, con la ayuda inestimable de quien debería frenarlo. Ibarretxe 1, Zapatero 0, y el PP a lo suyo, perdido en sus propias guerras.
LA GRADA DE LOS LEONESVICTORIA PREGO
La 'niña'
¡Caramba con la niña, cómo viene dando! La niña, esa criatura de mirada candorosa, considerada por una legión de afectuosos varones como demasiado tierna para encarnar desde los bancos de la oposición la implacable dureza de la critica al Gobierno, un puesto difícil y amargo propio para gentes mucho más curtidas que ella y con más visión política de conjunto -como ellos mismos, sin ir más lejos-, está teniendo unas intervenciones excelentes. Excelentes en el contenido, en la argumentación, en la acidez del planteamiento y excelentes en el tono, ese nuevo talismán electoral que se ha demostrado infalible desde que el presidente del Gobierno consiguió convencer a los ciudadanos de que lo importante era la sonrisa, no la daga.
Resulta que la niña, que tiene, por cierto, los mismos años que tenía Aznar cuando fue aclamado como presidente del PP entre el delirio de los suyos, se está descubriendo como una estupenda parlamentaria, por lo menos en lo tocante a esa carrera contrarreloj de réplica y dúplica en que se ha convertido la sesión de control al Gobierno.
Durísima en el fondo y suave, como ella es de natural, en las formas, sonríe mucho y sonríe bien, pero abre la boca y lanza con precisión y de manera entendible unos pelotazos de harare que tumban a un hipopótamo. Lo hizo la semana pasada y volvió a hacerlo ayer en la sesión de control al Gobierno. Y, por segunda vez, cogió desprevenida a la vicepresidenta del Gobierno.
«¡Que baje Dios y lo vea!», exclamó en un momento Fernández de la Vega, con un recurso a la jaculatoria del todo impropio de la misión laicizante a la que se sabe destinado nuestro Gobierno. La vicepresidenta ya estaba hecha al molde Acebes- Zaplana, y Sáenz de Santamaría ataca de otra manera, pero Fernández de la Vega recurrió en sus respuestas a los mismos quiebros de manual de siempre, rebosantes de retórica y de ese recordatorio, déjà vu demasiadas veces, de lo que hicieron, o más bien perpetraron los populares cuando, a la altura del pleistoceno, dicen que estuvieron gobernando España.
«A este paso van a acabar ustedes culpando a Colón de la inmigración», dijo cruel S.S.S. después de recordar la ridícula explicación del ministro Bermejo según la cual la culpa de las deficiencias en la Justicia la tiene Franco, como también la tiene, presidente dixit, del pésimo nivel de formación de los actuales estudiantes de secundaria.
Pero no son las ocurrencias lo que se celebra aquí, sino el modo en que la portavoz del PP defendió en esos pocos minutos los principios -palabra de triple filo aplicada a las filas populares- de su partido en lo tocante a la igualdad de derechos de los españoles. Apuntaba a la financiación autonómica, pero hablaba de otras muchas cuestiones que van a ser, si es que los de Rajoy llegan enteros, o al menos vivos, al otoño, las señas de identidad de este PP que ayer tarde seguía hirviendo de incertidumbres.
Es demasiado pronto, es verdad, para dar todo esto por sentado, pero yo sólo digo lo que he visto. Y he visto por segunda vez cómo en la tribuna de prensa los colegas se miraban complacidos unos a otros mientras, con sonrisas de esperanza en futuras tardes de entretenimiento, movían la cabeza en señal de asentimiento. «Muy bien, muy bien», se oía musitar ayer tarde. Y eso que lo que circula por la bancada de arriba suele ser mero ácido sulfúrico apenas amortiguado por los susurros. «Se está preparando un ERE para los periodistas que cubran la información del PSOE, porque ahí ya no hay trabajo», decía alguno. El hecho es que S.S.S. tenía a una legión de informadores esperando en la puerta de salida de los populares mientras la zona socialista clareaba. Caramba con la niña.
ZOOM
CARMEN RIGALT
'Gincana'
Si las encuestas no mienten, una de las principales causas de divorcio son las mudanzas. Me lo creo. Dicen los psicólogos (y si no lo dicen los psicólogos lo digo yo) que la rutina es un clima favorable a la convivencia. Los sobresaltos, en cambio, la dinamitan. También me lo creo. La vida funciona mejor cuanto más bajo es el perfil de una relación. No conviene abusar de las pasiones ni de los guisos. Aspectos importantes a considerar son también la temperatura ambiental y la amplitud de los espacios domésticos. En mi casa dejamos de invocar el divorcio cuando dispusimos de los metros cuadrados necesarios para no tropezar en el pasillo. Dicho así, suena a comedia americana, pero yo no me invento nada. Muchos matrimonios se rompen por la mañana en la disputa del cuarto de baño.
La rutina tiene mala prensa, pero es una buena aliada de la familia. Siendo un ecosistema poco fructífero (y nada vistoso) resulta bastante cómodo. Con habilidad incluso llega a ser confortable. La rutina convierte en virtud hasta las maldiciones clásicas: los gritos del despertador y el silencio de los enfados, los viajes largos y las conversaciones cortas, el vaho del cuarto de baño (con el agua que gastan ellos en la ducha se evitarían todos los trasvases) y la falta de consenso sobre las fundas nórdicas. Y es que todo se supera. A fuerza de acostumbrarse, una termina creyendo que las pequeñas diferencias forman parte del paisaje. A lo que no se acostumbra nadie es a las mudanzas. De la última mudanza salí yo tan escocida que todavía no me he repuesto. Ese día juré que sólo me iría de casa con los pies por delante.
La otra tarde vi una foto de la nueva casa de Brad Pitt y Angelina Jolie. Más que casa, casoplón. Nuestra feliz pareja es muy aficionada a cambiar de escenario. La recuerdo en Namibia, donde nació su hijo, y en Nueva Orleans, y en no sé dónde más. Ahora toca Europa, concretamente, Francia, y más concretamente aún, la Provenza. Pobres chicos ricos. Van como titiriteros, arrastrando cómodas y pañales, arriesgando siempre la armonía conyugal. ¿También discutirán ellos sobre la conveniencia de dormir con un edredón nórdico? ¿O es que en la Provenza no necesitan edredón? ¿Y los niños? ¿Pasarán frío los niños? ¿Sabrán ellos en qué lugar del mundo están cuando se despiertan por las mañanas, o será que llevan un GPS a la altura del riñón? ¿Encontrará Jolie las bragas en el armario de turno, o habrá de reclamarlas a Nueva Orleans? ¿Y Pitt, se contrariará él cuando no aparezca el cepillo de los dientes, o lo buscará pacíficamente entre las cajas que han depositado los transportistas?
La noticia del nuevo cambio de domicilio de la pareja me produce hoy gran desazón. Jolie y Pitt han convertido la aventura del amor en una gigantesca gincana cuya única meta posible es el divorcio. Necesitan unas dosis de rutina.
ERASMODe cocinas
Ay, Ruperto de Nola, su «Libro de cocina» (1525) ya entonces plagiado. Aprenda haute couisine de Ruperto ese Adriá: «Gato asado... muy buena vianda» (salvo los sesos: «perdería el juicio quien los comiere»). Cual ese otro: dice «dual» (esquizoide) de Santi Santamaría, (tres estrellas Michelin). Cocinero stalinista interna a Santi en un frenopático. ¿Y eso? El stalinista cenó sesos (de gato). Confunde el goulash con el Gulag
EL RUIDO DE LA CALLE
RAUL DEL POZO
Cicloturista y contrarrelojista
Ayer, el día que Ibarretxe anunciaba el referéndum ilegal, el PP le preguntaba al presidente del Gobierno por la economía. Quién los ha visto y quién los ve. Dicen los historiadores que la Pax Romana se inició cuando Augusto cerró el templo de Jano, después de vencer a los vascones y a los astures, si bien los primeros ofrecieron poca resistencia. Para disfrutar de un periodo de paz y de calma ZP no necesita abrir el templo, sino derrotar a Ibarretxe, un autrigón en bici. En ello está. Sigo a Zapatero en el Parlamento desde el año 2000 y nunca había vivido esta calma. Tanto en la serenidad como en la crispación tuvo la misma divisa: «No hay verdad que valga un grito». Ese lema procede de aquel Palacio de San Jerónimo con escupideras donde los diputados chupaban caramelos. Entonces eran estrellas los ergotistas, que Unamuno describe como canónigos con el tumor escolástico. Sin levantar la voz, ZP se hizo con la legislatura pasada. No puede decirse que en los cuatros años el grupo de Mariano Rajoy estuviera tomado por los ergotistas, pero se atrincheraron más en las obsesiones que en las ideas alternativas. Zapatero, que se pasó muchos años en los pasillos, aprendió pronto eso de que no hay verdad que valga un grito.
Sin perder la sonrisa ni abandonar el puñal, ZP, primitivo y moderno, sencillo y complicado, con su derecho a la incoherencia, hoy articula el país, mientras los restos de la derecha descubren tardíamente la España plural, aquejados de un súbito síndrome de Estocolmo. Las reivindicaciones regionalistas y nacionales han sido la angustia del primer ZP. Al final está imantado en Cataluña, gobierna en dos de las tres capitales vascas y en siete de las grandes ciudades donde Ibarretxe ha perdido 120.000 votos. Los alcaldes del PSOE van a prohibir el referéndum. Sencillamente, no van a abrir los colegios. El PNV, después de las elecciones, puede acabar como el PP.
Aquel cabecilla de guardería, chicle sin azúcar, cervatillo de Walt Disney del 2004, no tiene cuatro años después más obstáculos en el horizonte que la crisis económica y, enseguida, las seguras huelgas y manifestaciones de la gente jodida por el precio de la gasolina. Aún faltan seis meses para la contrarreloj de los Presupuestos. Hasta que lleguen los tirones vive meses de gracia con su socialcentrismo y su jacobinismo suave.
Ha dejado de vender temores. Sus imprudencias han tenido más éxito que la metafísica patriótica del PP.
Mariano Rajoy intenta rectificar adaptándose a las nuevas realidades. Pero se le acabó el prestigio de contrarrelojista. Su soledad recuerda el telegrama que le envió Bernard Shaw a Churchill: «Tengo el honor de invitarle al estreno de Pigmalión. Venga y traiga un amigo, si es que lo tiene». Mientras el contrarrelojista vive la pájara, el cicloturista pedalea como drogado. «Si a Ibarretxe le hacen el antidoping, va de cráneo», me dice un portavoz de Moncloa.
TRIBUNA LIBREFERNANDO POINT
Comer para sobrevivir, o vivir comiendo mejor
Cuando el brutal encarecimiento de los alimentos provoca protestas en medio mundo y se habla ya de crisis alimentaria universal, puede parecer muy frívola una polémica entre cocineros de ringorrango que no dan de comer por menos de 100 o 150 euros. Y puede causar asombro la repercusión mediática y popular de este debate, cuando el 99% de la población no ha catado ni catará nunca un plato elaborado por Santi Santamaría o por Ferran Adrià... Pero, en más de un sentido, esta pelea entronca con aquella crisis y está sirviendo -en medio del estruendo y de las descalificaciones- para colocar sobre el tapete algunas cuestiones que van a pesar en el futuro sobre la forma de alimentarnos y la calidad de lo que comemos.
Naturalmente, el morbo del asunto nace de la decisión de Santamaría de buscar la confrontación en el terreno de la salubridad de la alta cocina moderna, al cuestionar en su libro La cocina al desnudo (Ed. Temas de Hoy) los efectos sobre la salud de aditivos que emplean Adrià y otros muchos modernistas. Y ha ardido Troya. Luego, el propio tres estrellas catalán matizaba su discurso en una agitada conferencia de prensa, pero lo matizaba... de aquella manera: «Yo no digo a nadie que no use esos productos, digo que informe. Yo no digo que son tóxicos, digo que tienen consecuencias indeseables». Y remachaba que lo preocupante son las altas dosis de algunos aditivos.
La realidad, en pocas palabras, es que Santamaría se ha equivocado de objetivo, dejándose llevar por la pasión con la que desde hace años combate el tecnicismo culinario. Carecen de peligro los espesantes y gelificantes que permiten hacer esas cosas tan curiosas (esferificaciones, gelatinas calientes...) y que concitan sus iras, o sazonadores como el glutamato monosódico. Más interesante es su propuesta de que los menús indiquen todos los ingredientes (como en Alemania, donde deben citarse los aditivos, o en Italia, donde debe avisarse de todo lo que sea congelado) si la llevamos al terreno de la cocina barata, muy industrializada, a base de conservas diversas, que se ofrece en comedores escolares o empresariales y demás refectorios públicos. Pero, claro, ahí no habría morbo ni titulares...
En el terreno de la alta cocina, donde se emplean en dosis homeopáticas aditivos de calidad, los verdaderos expertos lo tienen claro. (Y, por cierto, El Periódico descubría ayer aditivos de ésos que Santamaría denuncia... ¡hasta en recetas publicadas por Santamaría!).
Fuchsia Dunlop, escritora y cocinera británica, es sin duda la persona que mejor conoce en Occidente la cocina china; ha sido la única graduada extranjera en toda la historia del Instituto de Alta Cocina de Sichuan. El año pasado explicaba en The New York Times cómo había vencido sus prejuicios negativos sobre el glutamato monosódico, descubierto hace exactamente un siglo por el científico japonés Kikunae Ikeda:
«Fabricado industrialmente, el glutamato es una forma químicamente limpia de uno de los compuestos umami [el quinto sabor de la cocina oriental] que deleitan nuestras papilas gustativas cuando se encuentran de manera natural en el queso, el jamón o las algas, igual que la sal es una forma limpia de la salinidad del agua marina y el azúcar blanco lo es del dulzor de la caña de azúcar. ¿Va a ser peor para nosotros que la sal o el azúcar refinados?».
Por su parte, el doctor Raimundo García del Moral, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada y pionero de algunas de las técnicas culinarias de vanguardia que Santamaría reprueba, acaba de escribir (en el blog de internet www.lomejordelagastronomia.com) sobre los polímeros hidrocarbonados:
«A excepción de la metilcelulosa (que es un producto completamente atóxico procedente de la transformación química de la celulosa), los hidrocoloides empleados en la cocina de vanguardia (agar agar, alginatos, carragenanos, etcétera) se obtienen a partir de algas naturales, que curiosamente son utilizadas con profusión en la carta del restaurante Can Fabes [de Santamaría] y constituyen la base de la cocina japonesa, una de las más tradicionales y sanas del mundo. La diferencia principal entre los hidrocoloides de las algas y el almidón de los cereales, estructuralmente bastante similares, es que los primeros son acalóricos e insípidos, mientras que el segundo tiene gran poder energético -es decir, engorda- y cierto sabor dulce puesto que la enzima amilasa de la saliva lo transforma en glucosa. Por este último motivo, los hidropolímeros coloidales son una sólida alternativa para la dieta en la diabetes y la obesidad, que son las dos plagas más amenazadoras para la civilización del siglo XXI».
Según García del Moral, «la supuesta acción laxante de la metilcelulosa argüida para oponerse a su empleo en cocina, donde se usa a dosis tan bajas como 250 mg por plato, no es sino un efecto fibra equivalente al producido por la celulosa y que en condiciones normales es muy positivo para la mejora del tránsito intestinal».
Casi no hace falta añadir que las exquisitas setas silvestres están casi totalmente compuestas por celulosa, por lo que un festín otoñal o primaveral a base de hongos puede acarrear serios problemas digestivos. O que, consumidos en cantidades excesivas, el azúcar, la mantequilla o la carne de buey tienen efectos muy perniciosos. O que los largos menús de degustación de algunos restaurantes modernos que practican una cocina con raíces entroncada en el terruño, como la que defiende Santamaría, resultan ser una ruta del colesterol (la expresión es de García del Moral).
Más interesante para quien esté interesado por la gastronomía o sencillamente por la alimentación sería ver a dónde nos llevan las tendencias culinarias ahora en pugna. No nos engañemos: como la Fórmula Uno prefigura lo que luego se extiende a toda la industria del automóvil, la alta cocina lleva dos siglos marcando los cambios en la cocina burguesa y, a la larga, en todo lo que se come. Además, no olvidemos que la actual crisis alimentaria, como recalca Amartya Sen, Nobel de Economía, no nace de alguna hambruna bíblica, sino del encarecimiento provocado por un aumento de la demanda: es decir, se va viviendo mejor en el mundo, y se va consumiendo más. Se ha comido para poder vivir. Hoy, cada vez más, se puede vivir con la aspiración de comer mejor.
Existen, es cierto, dos escuelas en la cocina pública creativa. Una de ellas, más proclive a recordar sabores tradicionales a una clientela muchas veces nostálgica y a entroncarse en los productos de cada territorio, aunque desde la depuración técnica y la precisión de las cocciones que nos legó la Nueva Cocina francesa desde hace cuatro decenios. Es la de Santamaría, entre otros: nada que ver, por cierto, con el tradicionalismo puro en el que algunos despistados le colocan estos días. La otra está inspirada a la vez por algo muy oriental como es la obsesión con la textura de los alimentos (tan importante para los chinos y los japoneses como el sabor... o más) y por los estudios del físico-químico francés Hervé This. Explora sin cesar las formas de crear («deconstruir», según sus críticos; «construir», según This) platos y productos nuevos y sorprendentes, más por la textura y la apariencia que por los aromas o sabores. Ahí están Adrià, Andoni Luis Aduriz, Quique Dacosta, el francés Pierre Gagnaire, el británico Heston Blumenthal y muchos más.
Lo que sucede es que resulta artificioso establecer una frontera radical, nítida, entre las dos tendencias. La mayoría de los cocineros de terruño recurre a innovaciones técnicas, incluidos ciertos aditivos; la mayoría de los deconstructivistas, moleculares (expresión de This) o tecnoemocionales (feo palabro, promovido por un periodista, que parece extraído de un spot de Seat) hacen guiños a platos tradicionales y a productos de su entorno. Muy pocos, como Adrià, se han lanzado a la creación pura, sin echar el menor vistazo atrás a tradiciones o nostalgias. De ahí, a veces, saltos al vacío y resultados caricaturescos, que sí son criticables.
Este cronista siempre se ha sentido más cercano a la cocina que evoluciona que a la que rompe con todo. Pero ninguna es rechazable, ni es aceptable el poner puertas al campo como parece pretender ese gran cocinero pero equivocado ensayista que es Santamaría. No podemos ignorar tampoco el atractivo que hoy ejercen también -¡y no digamos entre los jóvenes!- cocinas exóticas como la japonesa o la tailandesa, sin mayor relación con nuestra memoria gustativa que la de Adrià. La innovación y la fusión han movido el progreso culinario. Y, si se generalizan la carestía o incluso la desaparición de tantos productos nobles que hoy observamos a diario, podemos estar seguros de que las técnicas moleculares se extenderán rápidamente para hacer más paladeables los pescados de piscifactoría, los pollos industriales y demás componentes, ¡ay!, de nuestra dieta del mañana.
Fernando Point, cronista de EL MUNDO, lleva 27 años ejerciendo la crítica de restaurantes en periódicos de ámbito nacional.
ASUNTOS INTERNOSLUCIA MENDEZ
El nido del cuco
Ha sido muy comentada la anécdota que protagonizó Rodrigo Rato al equivocarse yendo a un acto de Esperanza Aguirre cuando en realidad pretendía ir a otro sitio. Sin embargo, a mi no me extraña, después del accidentado día que llevaba el ex vicepresidente del Gobierno.
Por la mañana, al afeitarse, puso la radio y oyó que decían que José María Aznar estaba arrepentido de haber designado sucesor a Mariano Rajoy. Casi se corta con la cuchilla. «Je, je, a buenas horas mangas verdes», pensó.
A media mañana, un amigo del partido le llamó para decirle que los medios digitales estaban dando como noticia política una entrevista en la sede del PP entre Gustavo de Arístegui y Mariano Rajoy. «No puede ser». Pero entró en las web de los diarios y, efectivamente, era. Arístegui había hecho declaraciones a la salida. Rato tuvo que hacer un poco de yoga en el despacho para recuperarse de la impresión.
A la hora de comer, coincidió en un restaurante con algunos compañeros y cuando les preguntó que cómo iba la cosa -más bien por cumplir, la verdad- ellos le contestaron que acababan de pasar por los alrededores de la sede del partido y que estaba rodeada de votantes del PP que insultaban a Rajoy llamándole mentiroso y traidor porque María San Gil se había retirado. Le pusieron su plato favorito, pero apenas comió nada. ¿Votantes del PP insultando a Rajoy? Demasiado para él.
Cuando salió del restaurante, puso la radio en el coche y oyó que alguien estaba diciendo que había una conspiración contra Rajoy y que los conspiradores eran María San Gil, Esperanza Aguirre, José Antonio Ortega Lara, Federico Jiménez Losantos, Juan Costa, Pedro J. Ramírez y Gabriel Elorriaga. Imposible, pensó, ¿qué tienen que ver unos con otros?
A media tarde, mientras ayudaba a sus hijos a hacer los deberes, recibió otra llamada. Qué pesadez, pensó, pero la cogió. Sé de buena tinta, dijo la voz, que esta tarde Juan Costa va a anunciar que disputará a Mariano la Presi-dencia del PP en el congreso de Valencia. ¿Cómo? ¿Se referían a su Juan Costa, el mucha-cho que se crió a sus pechos? Increíble, dijo.
Cuando se dirigía a la conferencia del sociólogo Víctor Pérez Díaz, le llamaron para decirle que el diputado Alejandro Ballestero había dado una rueda de prensa en el Congreso como si fuera un líder de masas diciendo que Rajoy no es lo que el PP necesita. ¿Quién?, preguntó, ¿ese chico que salió en una revista patinando en Los Angeles con la ex novia de Bruce Willis? Sí, el mismo, le contestaron... y otra cosa, Cascos quiere que el PP sea democristiano.
Con esto último ya no pudo. De repente se le vino a la cabeza la escena de Alguien voló sobre el nido del cuco en la que Jack Nicholson recorre el manicomio con cara de velocidad montado en un cochecito de juguete. Equivocarse de hotel es lo mínimo que podía pasarle. Desde entonces no para de preguntarse: «¿Cómo hemos llegado a esto?»
Etiquetas: Firmas





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