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viernes, 31 de octubre de 2008

TERRORISMO: Todo sobre el atentado contra la Universidad de Navarra



OFENSIVA TERRORISTA / Los etarras cargaron con 50 kilos de explosivos el coche que robaron el miércoles en Zarauz / El atentado, que se produce tras la detención del 'comando Nafarroa', provocó una treintena de heridos leves
Un comando prepara desde Guipúzcoa en 12 horas el atentado contra la Universidad de Navarra

MIKEL ILUNDAIN. FERNANDO LAZARO

PAMPLONA/MADRID.-
En apenas 12 horas, la organización terrorista ETA logró dar un golpe de impacto, perpetrar un atentado con gran eco no solo nacional sino internacional. Su objetivo: la Universidad de Navarra, una institución reconocida fuera de nuestras fronteras a la que ya ha golpeado en seis ocasiones.


El atentado se cometió en alrededor de 12 horas. El vehículo utilizado como coche bomba, un Peugeot 307 blanco, fue robado por el comando de ETA en la localidad guipuzcoana de Zarauz. Su dueño lo aparcó pasadas las 20.30 del pasado miércoles, hora en que lo vio por última vez. A las 23.30 denunció su robo en la comisaría de esa localidad.

Los investigadores sospechan que el vehículo utilizado en el atentado de ayer contra la Universidad fue cargado con cerca de 50 kilos de explosivos en Guipúzcoa, poco después del robo, y aparcado antes de las 8.15 de la mañana en el parking donde, finalmente, estalló sobre las 11.00 horas.

En resumen, ETA logró en un tiempo récord perpetrar un gran atentado en una comunidad donde las Fuerzas de Seguridad del Estado le acababan de dar un importante golpe operativo, con la desarticulación del llamado a convertirse en el nuevo comando Nafarroa. Cuatro detenidos (tres en Pamplona y una en Valencia) cortaron de raíz sus andanzas. Pero las ansias de la banda de atentar en la comunidad foral las calmaron uno de los grupos que aún mantienen operativos en Guipúzcoa y que fue el que ayer estuvo a punto de provocar una masacre. Estas fuentes apuntan que en esa provincia hay numerosos atentados sin resolver, entre ellos, el asesinato del ex edil del PSOE de Mondragón Isaías Carrasco. No descartan que el atentado de ayer fuera perpetrado por el mismo comando.

El aviso de la colocación del coche bomba no llegó con nitidez, los datos fueron imprecisos e incompletos. Algo más de una hora antes de que estallara, los terroristas llamaron a la Dya de Vitoria y alertaron de que iba a explotar un coche «en el campus universitario». Según la Ertzaintza, el etarra, que llamó desde Guipúzcoa con un teléfono móvil de tarjeta prepago, no dio más datos y se interpretó que ese campus era el de Vitoria, que fue revisado. Mientras, el reloj avanzaba implacable sin que nadie supiera ni de lejos que el atentado salía del ámbito vasco y se adentraba en Navarra, en una Universidad que ya había sido víctima de ETA en otras cinco ocasiones (1979, 1980, 1981, 1983 y 2002).

La explosión provocó, según los últimos datos, 29 heridos leves, importantes daños materiales en el edificio central, y decenas de coches afectados es el balance. Y pudo ser mucho peor.

Las autoridades no pudieran desalojar la zona. Suena a cliché, pero no lo es. A la hora de la explosión, las 11 de la mañana, la universidad estaba llena de trabajadores y alumnos que atraviesan a menudo el lugar donde se produjo el atentado, pues es de tránsito entre facultades.

A esa hora, Eduardo Garralda, 24 años, antiguo alumno de Historia y auxiliar del Archivo Histórico Universitario, oyó una fuerte explosión y sintió retumbar las paredes y cristales de su oficina, situada en el sótano de la biblioteca. «En seguida recibimos una orden de desalojo y al salir al exterior nos encontramos con el caos, gente llorando y llamando por el móvil, cristales por los suelos y varias columnas de fuego y humo procedentes del aparcamiento». Efectivos de la Policía no tardaron en llegar al lugar y en pocos minutos se acordonó la zona y se desalojó a personal y alumnos a través del césped, hacia el vecino barrio de Iturrama. Llovía a esas horas en Pamplona y el gris del cielo se unió a las sombrías dudas sobre si había o no víctimas mortales. «Un amigo mío ha aparcado el coche en el lugar de la explosión y ahora mismo no sé si se ha visto afectado, por suerte yo hoy no he aparcado donde siempre». Ricardo Gil, alumno de la Universidad, tranquilizaba a su madre por el móvil a través de una línea por momentos colapsada.

Pasaban los minutos y las sirenas de ambulancia agudizaban la tensión imperante en el campus. Los numerosos periodistas congregados a la entrada de la que fue para muchos su antigua facultad, la de Comunicación, iban conociendo las primeras cifras de heridos.

El presidente del Gobierno de Navarra confirmaba entonces que se trataba de una veintena y que ningún caso revestía gravedad. No había, pues, que lamentar víctimas mortales. Las noticias eran confusas y se transmitían con cuenta gotas. A lo largo de la mañana se habló de una posible segunda bomba en la facultad de Ciencias, al otro lado del Campus, pero al final todo quedó en un desalojo y otro susto.

La zona se fue despejando. Uno de los testigos que aún se encontraba por allí, Emilio Herrero, empleado de la biblioteca, comentaba que la onda expansiva le desplazó tres metros desde su silla y que una compañera resultó herida en la cara. Herrero lleva 26 años en la Universidad de Navarra y para él lo ocurrido ayer resulta penosamente familiar: «Con este ya he vivido tres atentados de ETA en la Universidad. Pero aunque pudo ser una masacre, aquí vamos a seguir con nuestro trabajo como siempre», sentenciaba.

elmundo.es Las imágenes: Vea el vídeo y las fotos del atentado.



A CONTRAPELO
ETA y sus porqués

Por SANTIAGO GONZALEZ

Los terroristas, es lo que tiene su afición, no ponen mucho cuidado en los detalles, no se puede estar en todo. Quizá por eso, o tal vez por otra causa, el encargado de la llamada dijo la marca del coche y la hora; también el lugar, la Universidad, pero no especificó cuál. El hecho de que la llamada fuera hecha a la DYA de Vitoria hizo pensar a los responsables policiales que el coche bomba se encontraba en el campus de Alava.


El atentado ha dejado tras de sí un saldo de 29 personas con heridas leves, una conmoción considerable en Pamplona y un montón de preguntas inútiles. Tenía razón ayer el ministro del Interior al decir que tanto da si la omisión del dato preciso era un error del terrorista o una ocultación voluntaria. También la tenía al ser preguntado sobre si era una respuesta de ETA a las detenciones de dos días antes: «Puede ser, puede no ser. Yo no voy a entrar en eso. No comento nunca las intenciones de ETA, pertenece al ámbito operativo de las Fuerzas de Seguridad del Estado».

Es difícil encontrar palabras nuevas para tanta barbarie tan antigua. Quizá por eso, el portavoz del PSOE en el Congreso condenó «el brutal y atroz atentado», y la «bajeza moral» de sus autores al atentar contra un centro «de pensamiento, cultura y estudio». Alonso ha sido ministro del Interior y sabe perfectamente que hace ya décadas que ETA tiene en el punto de mira a toda la sociedad española, que tiene entre sus víctimas niños, ancianos y mujeres embarazadas.

Al presidente del Gobierno navarro también debió de cogerle desprevenido la noticia. «No podemos bajar la guardia», dijo, antes de declarar que «vamos a estar siempre dispuestos a ir contra esta gente que no respeta ni siquiera una institución como la Universidad, que tanto representa para nuestra Comunidad, y también para toda España».

Era el 10º atentado realizado mediante coche bomba desde que ETA puso fin a la tregua a finales de 2006 en la T-4; el sexto que sufre la Universidad de Navarra desde 1979. En su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid asesinó ETA a Francisco Tomás y Valiente el 14 de febrero de 1996. El 9 de junio de 1995, ETA atentó en el centro de San Sebastián, frente a su casa, contra Enrique Nieto, máximo responsable en Guipúzcoa de la lucha antiterrorista, que murió después de una larga etapa en coma. Un intelectual vasco, ya fallecido, se preguntó retóricamente si los terroristas sabrían que la calle en la que cometieron el crimen se llamaba Sancho el Sabio.

El penúltimo coche bomba contra la Universidad de Navarra hizo explosión el 23 de mayo de 2002, dos años después de la ruptura de la tregua de Lizarra, a pocos metros de donde colocaron el Peugeot 307 blanco de ayer. No es improbable que en el comunicado que hagan público dentro de unos días vuelvan a explicar la barbarie con palabras ya trilladas tras otros atentados contra esta Universidad, por ser el «centro político espiritual y económico» donde se forja la clase «tecnocrática y centralista» que se opone a la reivindicación nacionalista sobre Navarra.

ETA ha cometido ya todos los atentados, ha escrito todos los comunicados que su falta de capacidades literarias le permite, ha enumerado todas las torpes sinrazones del psicópata. Sería muy deseable que nuestros políticos las den ya por descontadas y que los periodistas no nos empeñemos tanto en el porqué. La respuesta estaba en una gran tautología enunciada por Jon Juaristi hace bastantes años: «En Euskadi se mata porque hay mucho asesino suelto». Eso es todo.

OFENSIVA TERRORISTA / Los testimonios
«Si siempre atentan en esta Universidad, será por algo»

Estudiantes y profesores del campus de Pamplona pasaron momentos de gran desconcierto en el sexto ataque de ETA contra el centro del Opus Dei

LEYRE IGLESIAS. JULIEN CRUZ

PAMPLONA.-
Marañas de gente corriendo, gritos, miedo y un desconcierto generalizado que se apoderó del ambiente del campus. Eso es lo que vivieron ayer los alumnos y profesores de la Universidad de Navarra que padecieron de cerca la brutalidad etarra, en el sexto ataque que sufre el centro desde 1979. Tanto estudiantes como docentes compartían ayer una misma percepción: fue un auténtico milagro que no muriera nadie, porque el lugar del atentado es uno de los más transitados de toda la universidad.


Lidia Pastor, estudiante de Filosofía y Periodismo.

«¿Sabes las imágenes que han salido en la tele de unas ventanas ardiendo? Yo estaba dentro». Lidia Pastor, estudiante aragonesa de 21 años, relata con serenidad la terrorífica experiencia que la llevó al hospital, donde recibió una decena de puntos en la pierna. Estaba sentada en la clase más cercana a los servicios administrativos, junto a otros 15 alumnos de Filosofía, cuando estalló la bomba: «Se nos han venido las ventanas encima, ha sido como una lluvia de cristales. A un sacerdote y a mí nos ha tocado la peor parte. Yo me he mirado la pierna y he visto que estaba sangrando, pero no notaba dolor, aunque me he quitado un cristal y he visto que tenía un boquete. Luego una enfermera me ha dicho que era normal que no me doliera, porque tenía un shock».

José Manuel Magaña, estudiante de Periodismo.

La fortuna le sonrió en forma de retraso. En el mismo momento en el que se produjo la explosión, iba en su coche con un amigo por el camino de árboles que da acceso a la Universidad: «Mi intención era aparcar justo en el sitio donde explotó el coche, y hacia allí me dirigía. Llego un minuto antes y no lo cuento».

Fernando Zubikoa, estudiante de Publicidad.

«Parecía sacado de una película». Se dirigía a su facultad por un camino contiguo al aparcamiento cuando vio cómo el Peugeot 306 blanco estallaba a pocos metros de donde se encontraba. «Me he quedado sin saber qué hacer, he estado así por lo menos dos minutos. Algunas chicas que había por allí se echaron a llorar del susto. Lo primero que he pensado es que podían haber muerto 30 o 40 personas por el sitio en el que estaba puesta la bomba. Hay que darle gracias a Dios de que esto no haya pasado dos minutos antes, porque hubiera habido una tragedia».

Alfonso Sánchez Tabernero, vicerrector y profesor.

Se encontraba en su despacho del edificio central cuando se produjo la explosión, a escasos metros de donde estaba ubicado el coche bomba. «La ventana se desencajó y todos los cristales cayeron sobre mí, pero no me pasó nada y conseguí mantenerme tranquilo». «Quizás la lluvia y el frío fue lo que propició que no hubiera nadie por allí. Ha sido algo milagroso que no haya muerto nadie».

Efrén Cuevas, profesor de Comunicación Audiovisual.

La ventana del despacho de Efrén Cuevas da directamente al aparcamiento en el que estaba estacionado el coche bomba. El se encontraba allí, como cualquier otro día, cuando se produjo el fogonazo y posterior estruendo. «Mi primera preocupación fue que hubiera algún muerto. Los profesores que estábamos allí no sentimos miedo ni pánico, sólo una gran preocupación por lo que podía haber pasado».

David Guajardo y Pilar Cervigón, estudiantes de Periodismo.

David salía de clase de alemán en la Facultad de Medicina cuando sintió cómo las ventanas retumbaban. «Algún fallo del edificio», pensó, aunque a medida que se acercaba a la explosión sentía «un fuerte olor a pólvora». Medicina, alejada del edificio central, vivió ayer con menos miedo el atentado. Pero la novia de este aspirante a periodista, Pilar, lo estaba llamando sin resultado para conocer su paradero. Ella preparaba un reportaje junto a unos compañeros a unos metros de la explosión. «Había quedado con David y él tenía que pasar por el aparcamiento. Cuando no me contestaba he pasado un susto enorme».

La angustia de la incertidumbre se fue extendiendo entre los amigos de la pareja, que intentaban localizarse unos a otros mientras los contactos telefónicos continuaban colapsados. «No encontraba a mi amiga Fátima y nos hemos puesto a buscarla. He pensado lo peor». Al final, Fátima se encontraba en su casa, tranquila. Pero la conclusión, para Pilar, es la misma: «ETA se ha ganado la repulsa de una nueva generación».

Miguel Angel Jimeno, profesor de Periodismo.

A la hora crítica, se encontraba trabajando en su despacho, situado en la denominada biblioteca vieja, a escasos 50 metros del lugar de la explosión. «Estaba marcando un número de teléfono cuando, de repente, ha habido un estruendo brutal». Vibraron el suelo, la mesa, las estanterías. «Se me ha caído el teléfono de las manos, se han volcado algunos libros y cedés y las carpetas de la mesa se han ido al suelo». ¿Lo primero que pensó? Una palabra: «Masacre». «He salido a todo correr a la explanada del aparcamiento. No había mucha gente, estaban cinco coches ardiendo y las llamas no habían alcanzado aún el edificio central. Pero he sentido una gran paz, porque no había nadie tirado en el suelo».

«Tengo 203 llamadas en mi móvil, decenas de mensajes de cariño en el correo electrónico... Por lo menos ciertas cosas unen, incluso entre los estudiantes de muy diferentes creencias, procedencias e ideologías. Todos estaban hoy de acuerdo».

El de ayer fue el sexto atentado en una universidad que tristemente ha vivido muy de cerca la barbarie etarra. Jimeno también estuvo presente en el ataque de 2002. ¿Por qué esa fijación con esta institución? ¿Porque está ligada al Opus Dei? «No tengo ni idea, pero si siempre atentan en la misma universidad, será por algo», lamenta.

Antonio Martínez Illán, profesor de Literatura.

Acababa de tomarse un café en el bar de la biblioteca y había llegado al vestíbulo del edificio anexo al central. Allí sintió el fuerte temblor que provocó la bomba. Bajó a toda prisa hasta el aparcamiento y observó atónito cómo el fuego penetraba en el edificio. Sintió «rabia e impotencia»: «Pensaba en las personas que trabajan allí, en los alumnos, y verdaderamente creí que iba a haber muchas víctimas. Tengo fe y creo que en este caso la Providencia ha hecho lo suyo. Mañana seguiremos trabajando».

Idoia Zorroza, profesora de Filosofía.

Aparca siempre el coche frente al edificio central. Ayer no encontró sitio, y el destino o la casualidad la condujeron a otro aparcamiento. A las 11.00 horas se encontraba ya en el despacho de su jefe, preparando unos papeles. Al otro lado de la ventana, la explanada del aparcamiento estaba aún tranquila. A través de ella observó entonces «dos segundos» de la explosión, «restos de un coche junto a las ventanas, llamaradas que salían de otro coche y mucho humo». Un panorama asolador que la abrumó, unido a las «pequeñas explosiones» que siguieron al gran estruendo, «quizá de los depósitos de los coches cercanos».

Mientras el humo se hacía «cada vez más denso y más negro», Zorroza abandonaba el edificio «por miedo a un segundo artefacto». «Los nervios los vas conteniendo, pero cuando te relajas te viene todo encima. Hemos sufrido una gran tensión, a algunos se les han caído las ventanas encima y lloraban por el pasillo. Pero no se ha creado un pánico».

TERROR EN EL CAMPUS

«Podían haber muerto 30 o 40 personas por el sitio en el que estaba puesta la bomba».

«Ha sido como una lluvia de cristales. Me he mirado la pierna y he visto que estaba sangrando».

«No encontraba a mi amiga Fátima y nos hemos puesto a buscarla. He pensado lo peor».

«Tengo 203 llamadas en el móvil y decenas de mensajes en el correo electrónico».

«Tengo fe y creo que en este caso la Providencia ha hecho lo suyo. Mañana seguiremos trabajando».

«Hemos sufrido una gran tensión, a algunos se les han venido las ventanas encima».

OFENSIVA TERRORISTA / La vivencia / TESTIGO DIRECTO / UNIVERSIDAD DE NAVARRA
Bomba contra la casa del saber

Un empleado del campus de Pamplona reconstruye para EL MUNDO en primera persona el atentado de ETA, y las reflexiones a las que le mueve el ataque cometido «en un espacio de libertad»

JESUS TANCO LERGA

Pudo haber víctimas; yo pude ser una víctima del atentado terrorista que, en un espacio de libertad, en una casa del saber como es una Universidad, se produjo a las 10.58 horas de ayer. Justo hablaba por teléfono en ese momento cuando el estruendo seco, brutal, atronador, dejó sobrecogidos a los miembros del Departamento de Comunicación Institucional, en el que soy colaborador.


Mi primera reacción ha sido rezar. Encomendar a las posibles víctimas y también acordarme de estas gentes que no saben lo que hacen. En la misma línea, dar gracias a Dios cuando me he enterado a los pocos minutos de que no había heridos de gravedad. Lo que ha pasado por mi cabeza en los minutos siguientes ha sido: «¿Qué móvil pueden tener estos desgraciados al intentar una carnicería en un lugar apacible, sereno y bonito como es el otoñal campus de la Universidad de Navarra?».

Mi momento del bombazo ha sido sereno. Quizá ser el más viejo de los presentes me ha hecho reaccionar con una cierta mesura. Tras el trueno bronco, mientras mis compañeros salían ordenada y nerviosamente, he visto una nube de humo negro que subía hacia el lluvioso cielo pamplonés con borbotones de siniestros presagios.

A los pocos minutos, el humo que salía del aparcamiento del edificio central se había tornado blanco, quizá debido al incendio producido en el interior del edificio. Desde una de las torres, he observado una multitud de personas que, a una lejanía prudente, contemplaba el suceso, y el orden que la Policía, desde el primer momento, ha garantizado, sin que se dieran situaciones de pánico, más allá de las justificadas reacciones personales de nerviosismo.

Poco a poco, han llegado autoridades, amigos, colegas, personas que han querido testimoniar a la Universidad su solidaridad y su cariño y el rechazo más enérgico a este atentado terrorista.

En los primeros momentos, aproximadamente en la primera hora, hube de atender a los medios. He palpado lo que es el periodismo con prisa, con ansia de contar antes, más y mejor, lo que pasa y nos preocupa. Después, en las horas siguientes, he recibido unas 50 llamadas de amigos que me han dicho cosas deliciosas, fuertes quizá, porque los momentos piden firmeza, pero llenas de ese calor humano que necesitamos después de una tragedia como ésta.

He acompañado a un retén de bomberos. Me ha sorprendido el manejo de estos profesionales en una situación de emergencia. En quienes tienen responsabilidad de gobierno en la Universidad, he constatado, una vez más, un sentido elevado de miras. Todos a nuestro alrededor se animan, nos animamos, a seguir adelante con esta tarea ilusionante.

Sabemos que la Universidad no es, ni debe ser, una cápsula, algo protegido por un invernadero que le resguarda de los temporales y tragedias. Como la sociedad circundante, sufre con sentido, pero con desgarro interior, el terrorismo. Además, en su misma esencia de descubrir y transmitir la verdad, tiene que plantearse esta pregunta: ¿Señor, para qué? ¿Por qué?

Ha habido quienes han pagado con su vida la lealtad a los valores trascendentes que la Universidad afirma y propaga, en medio de la libertad consustancial a la persona humana. En esta Universidad se formó Gregorio Ordóñez y doctoró Giménez Abad. Las víctimas han de ser recordadas, y los que pudimos ser víctimas o potencialmente lo somos, es decir, todos, hemos de hacer algo más de lo que se hace, o mejor lo que no se hace del todo bien, para que el bombazo del campus de la Universidad de Navarra de las 10.58 del 30 de octubre de 2008, con unos heridos que recordamos con afecto, sea pronto historia y lección para todos.

En las próximas horas, acción de gracias y presencia rotunda para demostrar que el Bien está llamado a triunfar. Así lo esperamos. A pesar de los pesares. Una carnicería frustrada, por puro milagro, y ahora a seguir trabajando, que es lo nuestro.

OFENSIVA TERRORISTA / El análisis
La delicada 'clave de bóveda' navarra

La Comunidad Foral es uno de los 'objetos del deseo' de ETA, fue una de las protagonistas de la negociación y en ella cualquier táctica política adquiere una notable repercusión.

ANGELES ESCRIVA

MADRID.-
Los expertos no albergan duda alguna sobre la intención de ETA de dar una respuesta a las cuatro detenciones realizadas el martes en Navarra y Valencia. Esos arrestos de los integrantes de un comando que había dejado de ser incipiente para convertirse en un peligro inmediato, y la evidencia pública de que se les tenía controlados y de que sus actuaciones habían sido abortadas «preventivamente» han inoculado la urgencia de la reacción rápida en la banda terrorista.


Agónicamente ha tenido que demostrar que tiene capacidad, que no está tan desmadejada como aparenta, y lo ha hecho contra un objetivo fácil y que no pone en peligro su equilibrio interno, relativamente precario. Al fin y al cabo, la Universidad de Navarra sólo tiene la seguridad propia de un complejo docente al que acuden todos los días 15.000 alumnos y, además, según los comunicados de ETA, una especie de fábrica de elementos capitalistas represores. En definitiva, ya que había que elegir un objetivo en al menos 12 horas, los etarras han optado -por sexta vez- por uno accesible y que no suscite crítica alguna entre las bases de la izquierda abertzale, para enviar el mensaje, también a los suyos, de que no están tan débiles y, por ende, de que el Gobierno -en caso de contactos futuros- no se enfrenta a un interlocutor en descomposición.

Pero aunque este atentado haya sido argumentalmente coyuntural, tampoco puede soslayarse el hecho de que ETA no se resigna a no establecer infraestructura en Navarra. Porque forma parte de su concepto de territorialidad -uno de los dos irrenunciables junto con el de autodeterminación-; y es la cuarta vez que las Fuerzas de Seguridad lo impiden. Los atentados en Navarra tienen un doble sentido y, probablemente, ése sea el motivo por el que los presos etarras, poco después del final de la tregua, enviaron cartas a su dirección solicitando que se atentara en la Comunidad Foral.

Navarra había estado encima de la mesa de la negociación entre ETA y el Gobierno y, según algunos de los participantes de aquellos contactos secretos, fue la excusa de los terroristas para romperlas.

En las reuniones entre los representantes de PNV, Batasuna y PSE celebradas en Loyola, se habló de la creación de un órgano común compartido entre el País Vasco y Navarra con capacidad ejecutiva y legislativa, y se entró al detalle incluso en el porcentaje de representación que ambas comunidades autónomas iban a tener. Y no era la primera vez que Navarra era motivo de comentario porque durante las conversaciones de caserío entre Arnaldo Otegi, Joseba Permach, el socialista Jesús Eguiguren y Javier Moscoso, el asunto había salido a colación siquiera de manera tangencial.

En cualquier caso, relatan los nacionalistas que en el último encuentro celebrado antes del atentado de la T-4, y cuando sólo quedaba dar el visto bueno al último borrador, Otegi y Rufino Etxeberria acudieron con órdenes de ETA para abortar el acuerdo. Tras unos momentos muy tensos, los dos interlocutores radicales sacaron de su carpeta la única propuesta que la banda terrorista quería aceptar, sólo para empezar a hablar, y que consistía en una única comunidad autónoma formada por los dos territorios en liza. Fue el entonces presidente del PNV, Josu Jon Imaz, quien se levantó airado para decir que no estaba dispuesto a negociar mientras ETA ponía una pistola en la cabeza de los socialistas.

Tras la T-4, similar situación se reprodujo en Ginebra y ETA volvió a rechazar la propuesta del Gobierno. A partir de ese momento, los esfuerzos del Ejecutivo y del PSOE se centraron en impedir que las frases pronunciadas por los representantes del PP y UPN alegando que los socialistas habían «vendido» Navarra pudieran adquirir viso alguno de credibilidad. No en vano, las elecciones generales estaban a la vuelta de la esquina.

Fue ése un motivo poderoso para que en las autonómicas, celebradas meses antes, Ferraz parase la intención de los socialistas navarros de pactar con los nacionalistas de NaBai para hacerse con la presidencia desplazando a Miguel Sanz que, al frente de UPN, había ganado las elecciones amplia pero insuficientemente. Los protagonistas de la negociación en Moncloa y en el Partido Socialista de Euskadi habían promovido o relegado, según fuera el caso, a los representantes del PSN en los prolegómenos de los contactos para garantizar que, en la Comunidad Foral, ninguno de los suyos fuera a convertirse en una sorpresa cuando se entrara de lleno en la negociación; y una vez fracasado el intento, también hicieron valer su autoridad.

Los socialistas permitieron que Sanz fuera un presidente sujeto a la inseguridad de que su cargo pudiera depender de una moción de censura. Durante el último terremoto político ocurrido en la Comunidad Foral, una de las cosas que dio a entender el presidente navarro sobre el PSN es que está seguro de tenerlo a su lado frente al nacionalismo. Pero ETA no se da por enterada -ni en Navarra ni en ningún otro lado- y sigue presionando. Por supervivencia. Y por si acaso.

OFENSIVA TERRORISTA
La Policía localiza en Pamplona detonadores y material informático

MADRID.- Agentes del Cuerpo Nacional de Policía registraron ayer por segunda vez el domicilio de Aurken Sola Campillo en Pamplona y encontraron nuevo material informático, pendiente ahora de analizar. Los agentes localizaron ese material escondido en la campana de extracción de humos de la cocina del domicilio de Sola Campillo, donde también se encontraron varios detonadores, según informa Europa Press.

Para realizar los registros, los agentes de la Comisaría General de Información trasladaron hasta el número 6 de la calle Remigia Etxarren al presunto jefe del comando Navarra desarticulado el pasado martes. Igualmente se localizaron varios escondites en el monte, todos vacíos, por donde habría pasado el material explosivo que los terroristas guardaban en un trastero de la localidad de Ansoain, colindante con Pamplona.

Tras realizar el registro y rastrear el monte, los agentes trasladaron de nuevo a Aurken Sola a dependencias de la Comisaría General de Información, en el complejo policial de Canillas, en Madrid, donde permanecerá incomunicado hasta que preste declaración ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska a lo largo del fin de semana.

En el material informático podrían guardarse los planes del comando Navarra para atentar. En el trastero registrado el martes, y vinculado a Xabier Rey, otro de los detenidos, se encontraron 100 kilos de material explosivo con todas las sustancias necesarias para fabricar amonitol, así como varios temporizadores, cordón detonante, pentrita y sistemas para fabricar bombas lapa, pero faltaban los detonadores, que fueron localizados ayer.

OFENSIVA TERRORISTA
LAS REACCIONES POLITICAS

José Luis Rodríguez Zapatero: «La unidad de los demócratas logrará acabar con la lacra del terrorismo que asola a España y a otros países», dijo el presidente desde El Salvador, donde condenó el «intento de violencia ciega, criminal y fanática que una vez más ETA ha intentado realizar».

Mariano Rajoy: El líder del PP afirmó que el atentado demuestra que todos los ciudadanos son «objetivo» de la banda y expresó su «convicción» de que la unidad de la sociedad permitirá «acabar con ETA».

Juan José Ibarretxe: Desde Buenos Aires, el 'lehendakari' aseguró que «detrás de una actuación de esta naturaleza, colocar un coche bomba en un campus universitario, hay un principio de locura evidente».

Yolanda Barcina: La alcaldesa de Pamplona señaló que «esto es una lacra de una sociedad enferma» y que «es increíble» que haya gente que justifique el terrorismo.

Rosa Díez: «Limitarse a condenar no disuade a los terroristas», consideró la diputada de UPyD, que añadió que, «mientras sigan en las instituciones, tendrán capacidad para hacer daño».

José Angel Gómez: El rector de la Universidad envió un mensaje de «serenidad» y aseguró que seguirán trabajando «sin miedo y sin rencor».

Uxue Barkos: La portavoz de Nafarroa Bai en el Congreso mostró su convicción de que el trabajo «capaz y unido» de toda la sociedad permitirá acabar con ETA.

Izquierda 'abertzale': En un comunicado, apuntó que «este grave suceso», junto «al aumento de la represión del Estado en los últimos meses, es una muestra de la crudeza del conflicto que vive nuestro pueblo».

OFENSIVA TERRORISTA
La Policía requisa material fotográfico de Efe

MADRID.- Las fuerzas de seguridad requisaron y destruyeron parte del material gráfico obtenido por el fotógrafo de la Agencia Efe que acudió ayer a cubrir la explosión de un coche bomba en la Universidad de Navarra. Según el testimonio del fotógrafo, en un momento de su actuación profesional, un policía nacional le advirtió de que debía alejarse más del lugar donde había estallado el coche. Posteriormente le exigió el material.

Sindicatos de Policía y escoltas reclaman protección para José Alcaraz

 MADRID.- Los sindicatos policiales SUP y CEP y la Asociación Española de Escoltas (Ases)
coincidieron ayer en la necesidad de restablecer de forma inmediata el servicio de protección al ex presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) Francisco José Alcaraz, por ser un «objetivo potencial» de la banda terrorista ETA, dada su «notoriedad pública» en la defensa de las víctimas y su rechazo a «cualquier política de concesión o diálogo» con esta organización.


En un comunicado, el Sindicato Unificado de Policía (SUP) entiende que Alcaraz reúne el «perfil para ser objetivo terrorista» y lanzó una pregunta: «¿Acaso se pretende con esta medida dar un aviso a personas del ámbito de las asociaciones de víctimas o de las Fuerzas de Seguridad que discrepen de la política del ministro Rubalcaba?». En este sentido, calificó de «mezquino» e «intolerable» que Interior haya retirado el servicio de protección a un ciudadano «simplemente por haberse opuesto».

Por su parte, la Confederación Española de Policía (CEP) pidió también el inmediato restablecimiento del servicio de protección para el anterior responsable de la AVT al considerar que se encuentra en clara situación de riesgo, dado su «activismo desempeñado en pro de la defensa de las víctimas del terrorismo» y su rechazo a cualquier «concesión de beneficios o diálogo con los terroristas». «Es un claro objetivo de estos delincuentes», estimó. El CEP destacó en un comunicado que la popularidad de Alcaraz persiste «de forma evidente a pesar de haber abandonado su cargo al frente de la asociación de víctimas».

La Asociación Española de Escoltas (Ases) consideró que es un «error terrible» que se haya retirado la protección a Alcaraz. Su presidente, Vicente de la Cruz, aseguró que es «impresentable».

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