LOS GUERRACIVILISTAS TIENEN MONO DE QUEMAR

A CONTRAPELO
20-N, memoria y desvarío
Por SANTIAGO GONZALEZ
Sostuvo Zapatero el 20-N que Franco está «enterrado en lo más profundo de la memoria colectiva (...) la mayoría de los españoles ya ni nos acordamos de lo que representa el 20 de noviembre como el día en el que murió el dictador Franco, y quienes así lo recuerdan pertenecen a un sector marginal y testimonial de la sociedad».¿Marginal? ¿Testimonial? Ayer mismo, intelectuales y artistas se dieron cita en el Círculo de Bellas Artes para promover un manifiesto de apoyo al juez Garzón. En aquel acto, Cristina Almeida sostuvo que su auto de inhibición «debería convertirse en un anexo de la Constitución Española», al tiempo que expresaba los deseos que le entran de quemar una estantería de libros cuando ve en El Corte Inglés la obra de historiadores como César Vidal: «Estamos ante una fosa común de lo peor de la Historia».
El mismo 20-N, Gaspar Llamazares, el increíble hombre menguante de la política española, anunció su intención de presentar una proposición no de ley para que los juzgados continúen con la obra puesta en marcha por Baltasar Garzón. Increíble contrasentido, tal como apuntó ayer la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña: «Si los autores [de los crímenes] están muertos para Madrid, también lo estarán para Barcelona, Tarragona, Lleida o Girona». La misma causa que obligó a Garzón a inhibirse llevará a idéntica actitud a los juzgados territoriales. La Ley de la Memoria no autoriza a juzgar a Franco, tan desmejorado en estos 33 años.
En el mismo día, y tampoco por casualidad, Esquerra Republicana y los Foros de la Memoria pretenden revisar una Ley de Memoria que les parece insuficiente. El representante de los Foros, José Mª Pedreño, anunció que la democracia seguirá siendo muy imperfecta mientras siga vigente «el franquismo ideológico»: «Franco murió en la cama, lo hizo de risa y sus carcajadas aún se oyen». Es lo que tiene la memoria histórica, ese oxímoron que sintetiza la historia, narración desapasionada y objetiva, y la memoria, el relato subjetivo de unos hechos tal como los vivimos y recordamos.
Quienes seguimos con avidez los partes del equipo médico habitual y recordamos la larguísima agonía de El Pardo, sólo podemos entender la frase de Pedreño, si era muy niño entonces y tiene prestada la memoria de los casi dos meses que pasaron entre los fusilamientos del 27 de septiembre y el 20 de noviembre en que aquel equipo médico certificó su defunción. Si tenía edad para tener recuerdos, estamos ante la persona más incompetente para presidir unos foros llamados de la Memoria.
Probablemente, muchos de los congregados ayer en el Círculo de Bellas Artes no sepan que unos metros bajo sus pies, en el sótano del edificio, se creó el 4 de agosto de 1936 la checa de Bellas Artes, también llamada de Fomento, porque el 25 de octubre fue trasladada al número 9 de la calle de Fomento. El Comité Provincial de Investigación Pública, que tal era su nombre, constaba de 30 miembros, propuestos por los partidos que integraban el Frente Popular. Sus seis tribunales decidían sumariamente sobre las vidas y las muertes de los detenidos.
¿Sector marginal y testimonial, dice Zapatero? Ninguno de los reunidos pensó que la democracia debería acoger con idéntica piedad a las víctimas de la España franquista que a los desgraciados que salían de Bellas Artes con la palabra libertad, seguida de un punto en la sentencia, para ser llevados en coche hasta las tapias del cementerio del Este. Lo malo de seleccionar sólo un bando de las víctimas es que se elige también un bando de verdugos.
JUICIO AL FRANQUISMO / A favor del proceso
«El auto de Garzón debería ser un anexo a la Constitución Española»
Intelectuales y artistas presentan su manifiesto en un acto de apoyo al juez
MADRID.- Intelectuales y artistas exigieron ayer que prosiga la investigación sobre los desaparecidos durante la Guerra Civil y el franquismo y destacaron la importancia del auto de inhibición del juez Baltasar Garzón, «el documento más escalofriante» que el hispanista Ian Gibson ha leído en su vida.
«Ese auto debería convertirse en un anexo a la Constitución Española», aseguraba la abogada Cristina Almeida, al presentar, junto a varios firmantes, un manifiesto en el que se pide justicia para las víctimas del franquismo y se apoya la labor de las asociaciones para la recuperación de la memoria histórica, según Efe.
El manifiesto (www.hemosconocidolanoticia.org) ha sido promovido por Ernesto Sábato, José Saramago, Antonio Gamoneda, José Luis Sampedro, Juan Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald, Emilio Lledó y los ya citados Gibson y Almeida.
La lectura del manifiesto se convirtió un acto de apoyo a Garzón y a su «impresionante» auto de inhibición en la causa que había abierto contra la cúpula franquista.
La escritora Fanny Rubio, el actor italiano Leo Bassi o el cantautor Paco Ibáñez (que interpretó un poema de Cernuda) fueron algunos de los que participaron en el acto, que también respaldaron con su firma más de 350 intelectuales procedentes de todo el mundo; entre ellos, los españoles Pedro Almodóvar, Manuel Rivas, Carlos Berzosa, Pilar Bardem, Suso de Toro, Juan Diego, José Sacristán y Rosa Regás.
«El auto de inhibición es el libro más apasionante que he leído en muchos años, es casi una novela policiaca. Es un documento escalofriante detrás del cual hay un gran trabajo de investigación. Se lo recomiendo a todo el mundo», aseguró Gibson.
Gibson consideró «una vergüenza» que el Gobierno socialista haya contribuido a «silenciar» lo ocurrido durante el franquismo.
Los firmantes lamentan «el desproporcionado ataque» que Garzón ha sufrido en las últimas semanas y aseguran que no quieren «permanecer impasibles ante la evidencia» del «crimen contra la humanidad» que se cometió en aquellos años.
Este manifiesto se suma a otro de Amnistía Internacional -titulado Para pasar página, primero hay que leerla- al que se han adherido 50 expertos juristas para pedirle al Gobierno que «garantice una investigación judicial» sobre las desapariciones. Las firmas han sido enviadas al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ante la reciente «falta de voluntad» del Estado para esclarecer las circunstancias en las que se produjeron esas desapariciones y recuperar los cuerpos.
El PP recriminó a los intelectuales que apoyen a Garzón y no pidan soluciones a la crisis económica.
EL REVES DE LA TRAMA
Entre la frivolidad y el sectarismo
Por JUSTINO SINOVA
Tenía yo un conocimiento escaso de sor Maravillas de Jesús pero ahora, gracias al escándalo político que ha protagonizado a su pesar, ya sé que fue toda una mujer dedicada a hacer el bien a los demás, fundadora de una institución católica, santificada por Juan Pablo II y que después de muerta ha sido víctima de una exclusión fanática. Es la última mujer marginada por la España política que presume de racional, justa y plural, y que ha demostrado ser todo lo contrario, o sea, incongruente, injusta y sectaria. Esa mujer ha sido discriminada por haber consagrado su vida a un objetivo religioso. Se trataba de recordar, mediante una placa como hay colocadas en tantas fachadas, que había habitado en un edificio que hoy forma parte de la sede del Congreso; si hubiera sido una actriz distinguida por su agnosticismo o una escritora feminista al uso, ya habría hecho el marmolista su trabajo y se estaría en vísperas de un homenaje en el que se reivindicaría, of course, su figura de mujer para engrosar la nómina políticamente correcta de la igualdad. Pero era una monja y recordar su figura constituía, según sentenció Alfonso Guerra, una decisión disparatada y un precedente horroroso. Ahí es nada: de la gloria vindicativa al disparate y el horror.
Para impedir la placa recordatoria, los protagonistas de la reacción tuvieron que cometer una grave frivolidad antes del espectáculo grosero de sectarismo, pues provocaron una nueva reunión de la Mesa del Congreso para revocar el acuerdo que días antes había adoptado por unanimidad, es decir, con la anuencia de los representantes de los saboteadores. Eso es, efectivamente, de una frivolidad insuperable, que, de repetirse, puede llevar a cualquier institución a un final inmovilizador. Siempre habrá alguien que se oponga a un acuerdo, lo que no provoca un movimiento de revisión permanente. Lo normal es que las decisiones colectivas se aprueben por mayoría, no por unanimidad, y a nadie se le ocurre someterlas a revisión al día siguiente. Pero con la placa de santa Maravillas el Congreso ha permitido la supeditación del normal funcionamiento institucional a un objetivo partidario.
El fanatismo, la intransigencia, el sectarismo que han exhibido los boicoteadores del acuerdo de la Mesa ha sido, con todo, lo peor, porque ha demostrado otra supeditación: hay quienes están dispuestos a someter los principios bajo el peso de la ideología. A sor Maravillas se la ha castigado por ser católica en un país que proclama constitucionalmente la libertad religiosa, se la ha relegado en un sistema que tiene el pluralismo como uno de sus principios inspiradores y ha sido proscrita por quienes frecuentemente votan a favor de la mujer por ser mujer. En el caso de la monja no ha importado que fuera mujer. Ha primado el rechazo a su condición de persona religiosa y especialmente su militancia católica. Estoy seguro de que si hubiera sido mahometana, el asunto habría discurrido de otro modo. Es que una parte de la clase política de este país se muestra radicalmente sectaria con la religión mayoritaria del pueblo español, ésa que la Constitución manda que sea tenida en cuenta, con escaso éxito, como es evidente. Este caso es un flagrante ataque a la pluralidad, que es una virtud democrática, pero importaba el ostracismo de una persona que se distinguió por su religiosidad, aunque hiciera en su vida por los demás, en especial por los desfavorecidos, mucho más de lo que nunca harán los que la persiguen. Había que evitar, claro, que se estableciera un «precedente horroroso», y lo que se ha hecho es dejar una muestra patética de las cegueras que causa el fanatismo.
JUICIO AL FRANQUISMO / Las posiciones políticas
Zapatero cree que Franco está «enterrado en lo más profundo de la memoria colectiva»
El Gobierno ayudará a buscar fosas, pero Bermejo rechaza crear una Fiscalía especial, como pide IU
MARISA CRUZ
MADRID.- Apenas dos días después de que el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón se reconociera incompetente en la causa que él mismo abrió para juzgar los crímenes de la Guerra Civil y la dictadura franquista, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha mostrado convencido de que «la mayoría de los españoles ya ni se acuerda de que el 20 de noviembre fue el día en que murió el dictador». No obstante, aseguró que el Ejecutivo cumplirá con la Ley de Memoria Histórica, uno de cuyos artículos obliga a las administraciones públicas a colaborar en la identificación y recuperación de los restos de las víctimas.
En opinión del jefe del Gobierno, que ayer compareció en el Palacio de la Moncloa junto al primer ministro de Túnez, Mohamed Ghannouchi, «los residuos que quedan del franquismo irán desapareciendo poco a poco». «Lo mejor de todo», afirmó, «es que la mayoría de los españoles ya ni nos acordamos de lo que representa el 20 de noviembre como día en el que murió el dictador Franco, y quienes así lo recuerdan pertenecen a un sector marginal y testimonial de la sociedad».
«En este país», manifestó, «ya no hay añoranza, tras comprobar lo bien que se vive en democracia y con libertad y lo bien que estamos juntos». Para él, es «un buen dato» darse cuenta de que «todo eso está enterrado en el olvido más profundo de la memoria colectiva y los residuos que aún quedan irán desapareciendo, aunque unos muestren más disposición que otros».
El presidente del Gobierno, que no se esperaba ayer una pregunta que se saliera del omnipresente guión económico para bucear en la historia, reaccionó con agrado a la cuestión. «Esto no me lo esperaba», llegó a decir. Sin embargo, añadió que, en su opinión, «lo único que hay que lamentar es el recuerdo de las generaciones de españoles que vieron frustradas sus vidas por un régimen indignante, rechazable, triste y tan pequeño como fue el del general Franco».
Organo específico
Otras fuerzas políticas, sin embargo, no son de la misma opinión que el presidente. Ayer mismo, coincidiendo con el aniversario de la muerte del dictador, IU pidió que se cree una Fiscalía especial para las víctimas del franquismo. Según explicó Gaspar Llamazares, se encargaría de exhumar e identificar los cadáveres de las fosas y evitaría así a las familias la «carrera de obstáculos» por los juzgados, informa Agustín Yanel.
La iniciativa, que incluye la petición de que los restos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera sean trasladados del Valle de los Caídos a un cementerio, fue rechazada por el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, que consideró «prematura» la idea de crear un órgano especial sobre este asunto. En rueda de prensa, Bermejo pidió a la sociedad «prudencia» hasta ver si los procesos judiciales contra el franquismo siguen adelante o no.
JUICIO AL FRANQUISMO / Las posiciones políticas
200 'antifascistas' 'toman' Granada
GRANADA.- Un grupo de 200 jóvenes antifascistas 'tomó' ayer las calles del centro de Granada, durante una marcha con motivo del 33º aniversario de la muerte de Francisco Franco en la que se han producido numerosos incidentes, que han obligado a los agentes antidisturbios presentes a intervenir.
Los manifestantes, procedentes casi en su totalidad de la extrema izquierda, han volcado e incendiado hasta siete contenedores a su paso por las calles centrales de la ciudad, y se han cebado con un coche de la Policía Nacional que han encontrado a su paso y al que han rociado con pintura y han roto las ventanas y las puertas.
Con la tensión en aumento, los jóvenes, que tenían como original lema 'Granada será la tumba del fascismo', han terminado con el lanzamiento de botellas a los antidisturbios, que a continuación han cargado con contundencia. Al cierre de esta edición, se habían producido dos detenciones, informa Efe.
La marcha había comenzado a las 21.30 horas tras un mitin de la CNT, y pocos minutos después ya habían comenzado los disturbios.
Las manifestaciones antifascistas con motivo del 20-N son tradicionales en toda España, especialmente en los puntos con presencia de importantes grupos de extrema izquierda, como Granada.





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