LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
De derrotismo e inmoralidad

- «Es inmoral utilizar el tema del terrorismo para hacer campaña electoral».
- Cierto. ¿Quien lo dice?
- El PSOE.
- ¡No puede ser!
- Sí, sí, el partido de Rubalcaba, Zapatero, Conde Pumpido y Blanco nos sale ahora con ésas.
- Pues una de dos: o sufren amnesia colectiva o su desvergüenza no conoce límites.
Se consideran víctimas de una vileza sin precedentes en la democracia: la utilización de la lacra terrorista en la contienda política. El ministro de Justicia, entrevistado en estas páginas por Esther Esteban, llega a afirmar que «hay una enorme madurez en el pueblo español y no creo que un atentado terrorista cambie el voto». ¿Se puede tener más caradura? ¿Es que nos toman por imbéciles o piensan que la desmemoria de la que ellos hacen gala es un mal contagioso que a todos nos aqueja?
En las elecciones del 14 de marzo de 2004, ésas que se jactan de haber ganado por méritos propios, fue un salvaje ataque terrorista, utilizado sin el menor pudor por el aparato de propaganda socialista, lo que dio la vuelta al resultado que todas las encuestas vaticinaban. Fueron los muertos y heridos de Madrid, unidos a los mensajes de móvil lanzados desde teléfonos controlados por Ferraz, a las manifestaciones convocadas frente a las sedes del PP de toda España, a las imputaciones más o menos veladas que culpaban de esas víctimas a nuestra presencia en Irak, y a declaraciones como esa célebre de «España se merece un Gobierno que no mienta», lo que movilizó a unos electores dormidos que llevaron a Zeta hasta La Moncloa. Y ahora resulta que «utilizar el tema del terrorismo en campaña es una inmoralidad». ¿Y no se les cae la cara?
- Pasa usted por alto lo de las mentiras...
En efecto. En aquellos días aciagos la izquierda acusó al Ejecutivo de mentir a la ciudadanía por sospechar de la banda etarra y tardar 10 horas en atribuir la autoría de los atentados a los islamistas. Ahora sabemos que el presidente y sus ministros nos han estado mintiendo durante meses sobre la negociación clandestina llevada a cabo con ETA, hasta en 11 ocasiones, de manera explícita. Sabemos que después de la bomba de la T-4 siguieron hablando y permitieron el regreso de los terroristas a las instituciones. ¿Y se rasgan las vestiduras porque haya quien lo denuncie? En materia de inmoralidad en lo referente al terrorismo, pueden impartir un master.
ERASMO
Iberdrola ISi la delicada norma de los mercados se subordina a tornadizos caprichos políticos del poder. Mobsters calientan la acción, desvelan infamias tan nerviosas. Primer generador de energía eólica del mundo y buscan su partición, deconstrucción sería el verbo: y Francia, a la espera. Y Solbes, cabal: no es partidario. Y acaso un bíblico aviso: muere electrocutada cuando hacía el amor, estimulada por un cable eléctrico (Agencias).
LA POLEMICA NACIONAL
VICTOR DE LA SERNA
'Z' saca los colores a tirios y troyanos
ESPIRAL DE PROMESAS ELECTORALES. Los columnistas y los editorialistas se han unido a los sindicalistas y a buen número de socialistas en el universal rechazo de la repentización de 'Z' con esos famosos 400 euros regalados.
Si los españoles se formasen su opinión ante las elecciones generales leyendo los periódicos y no contentándose con los cortes y demás pildorazos de esos telediarios tan rendidos al poder, es probable que esa gruesa ocurrencia de los 400 euros habría significado una rebaja muy seria en las expectativas electorales del vendedor de alfombras persas de La Moncloa. Como la prensa escrita no es desde hace decenios la que más influye en los votantes, el resultado electoral queda en el aire. Pero, esta vez, nadie se ha atrevido a defender la tercermundista humorada.
Los diarios económicos, renuentes inicialmente, han dejado a lo largo de la semana la iniciativa a la altura del betún. De los demás, El País es el que más se ha hecho esperar, como casi siempre. Pero el miércoles, al fin, se manifestaba en un editorial titulado Fiscalidad de campaña, en el que algo sí que se concedía a Zapatero, con la boca pequeña: «Si algo bueno se puede predicar de la medida es que tiene un coste tasado, al contrario que la del PP, que nadie sabe cuánto costará ni cómo se aplicará». Claro que nada más de bueno encontraba, aunque suavizaba su crítica con el habitual argumento que lo que promete el PP es igual de malo. (Como otras veces, desde ABC se juega también a la equitativa equidistancia; en este caso, Antonio García Barbeito: «La misma copla de Zapatero la tararea Rajoy, que aquí el que no corre, vuela, y si se trata de hacerse con el poder, lo que haga falta. Han entrado en una especie de puja que puede acabar en cachondeo o en algo peor»). La cabecera financiera de Prisa, Cinco Días, se lamentaba editorialmente a la vista de la crisis económica que llega: «Hoy, más que nunca, todo aconseja no frivolizar con la merma de ingresos».
Por lo demás, un estruendoso concierto de pitos, desde la izquierda nacionalista (Pilar Rahola, en La Vanguardia: «Creo que jugar con el dinero público, y hacerlo, además, sabiendo que algunas capas de la sociedad están en clara recesión, es un acto de pornografía política, que no sólo no debería animar al voto, sino actuar como eficaz repelente») hasta la derecha de Madrid.
Así lo veía, en efecto, un editorial de La Razón: «El empate técnico que tozudamente muestran las encuestas entre las expectativas de voto del PSOE y del Partido Popular parece incidir mucho más en el ánimo del Gobierno que entre los responsables de la oposición. No es la primera vez que se demuestra con los hechos que Rodríguez Zapatero es demasiado vulnerable a los vaivenes de la opinión pública. Pero gobernar a golpe de encuestas, ajustando y reajustando las prioridades según se tabula el sondeo de turno, aunque pueda ser beneficioso en el corto plazo, es práctica que casi siempre acaba por volverse en contra. España es una sociedad madura que distingue perfectamente entre una ocurrencia para salir del paso y una propuesta económica seria y bien estudiada».
La sorna la pone Ignacio Camacho, en ABC: «Por lo menos deberían cuidarse de no llamar 'devolución' a esta dádiva, porque si tienen algo que devolver a los ciudadanos habrá que suponer que antes nos lo habían birlado». (Pero, ¿es que alguien lo dudaba?).
EL CORREO CATALAN
Arcadi Espada
La política y su enfermedad
Querido J:
No acabo de comprender la fascinación que genera el Alzheimer. Debe de tener que ver con la época arcaica, cuando no se distinguía entre mente y cuerpo. La evidencia de que un hombre vaya perdiendo poco a poco sus recuerdos, hasta el último, que es él mismo, resulta mágicamente perturbadora cuando se separa el espíritu de la cosa. Pero en la época de las imágenes cerebrales, cada vez más precisas, el Alzheimer no debe despertar una curiosidad suplementaria respecto a una lesión de rodilla. En la bienintencionada película (Bucarest) que Albert Solé ha dedicado a su padre, Jordi Solé Tura, afectado desde hace ocho años por la enfermedad, hay un momento incómodo en que el hijo le lee al padre unas cartas que éste envió a su familia desde la cárcel. El padre no las reconoce y ni siquiera recuerda que estuviese preso. La escena, que dura demasiado, pretende subrayar el rasgo inexplicable de la enfermedad. Pero, a menos que se incruste en la inexplicabilidad general de la vida, la insistencia resulta tan poco convincente como sería la de insistir en que un cojo no puede correr ni saltar vallas. La memoria no es más conceptual que el movimiento y, como él, depende de mecanismos orgánicos que pueden lesionarse. La fascinación también proviene, seguramente, del pletórico arsenal de metáforas que la enfermedad provee. En este sentido, su superioridad sobre el resto de enfermedades (incluso sobre el resto de las muy metafóricas enfermedades cerebrales) es indiscutible. El Alzheimer es la más perfecta y cruel representación de la muerte en vida, ya que no hay vida humana sin memoria.
Las metáforas se han multiplicado recientemente en el caso español al haber afectado la enfermedad a tres políticos muy importantes del inmediato pasado: los presidentes Adolfo Suárez y Pasqual Maragall y el ya citado Solé Tura, uno de los redactores de la Constitución. Yo mismo no pude eludir el otro día la metáfora del alzheimer social a propósito del presidente Suárez. Impulsado por la lectura de su discurso de dimisión, que publicó este periódico donde te pongo las cartas, empecé a buscar en la red las huellas de su vida política. No sabes lo que ha sido este viaje a ninguna parte.
Puedes hacerlo conmigo. Puedes empezar en la web de La Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno. En el apartado dedicado a los presidentes encontrarás una biografía de agencia, formularia y espesa, cuyo detalle más espectacular, tratándose de una publicación digital, es la ausencia de cualquier link. Dada tu formación puramente libresca y tu alergia al medio sería improbable que buscaras algún vídeo célebre: pero no hay cuidado porque la videoteca gubernamental sólo se retroextiende hasta el año 2006. Las cosas están algo mejor en el Congreso porque, al menos, son accesibles las transcripciones de sus intervenciones parlamentarias. Por desgracia, el archivo de imágenes es inexistente, más allá del año 2007. Ahora bien, donde el asunto se vuelve completamente surrealista es en Radio Televisión Española. Buena parte de sus fondos están ya digitalizados por la ejecución de un proyecto que se acordó en el año 2002.
RTVE ha puesto incluso a la venta un cedé donde están algunos de los hits audiovisuales del siglo, sean los goles de Zarra, la llegada del hombre a la Luna o el que se anuncia como el documento más antiguo del mundo, donde habla Sir Arthur Sullivan, compositor de óperas. En el cedé figuran tres fragmentos de discursos fundamentales de la vida de Suárez: el de la toma de posesión, su letanía electoral del Puedo prometer y prometo o el discurso de dimisión, de 1981. Pero la radio televisión pública ni siquiera permite que esas cuñas sean accesibles por internet. Ni siquiera pagando. Digitalizar para qué.
Las sorpresas continúan en YouTube. Si tienes paciencia y tino encontrarás, desperdigados, algunos fragmentos de programas donde Suárez aparece en algunas secuencias históricas. Todo desordenado, parcial y de discreta calidad. Ni siquiera está completo su breve discurso de dimisión, cuyo texto sólo se encuentra en el archivo del diario El País (y, desde hace unos días, también http://blogs.elmundo.es/elmundo/blogs/elmundopordentro/index.html). YouTube es un indicador muy fiable de la sensibilidad de una comunidad determinada hacia determinados hechos o personas: la marginalidad de Adolfo Suárez ni siquiera cabe interpretarla como una metáfora. Sigue en la red. Busca blogs; sólo encontrarás el de un voluntarioso y limitado admirador (http://adolfosuarezes.blogspot.com/). Ve a la Wikipedia. Por fortuna anuncian que unos cuantos wikipedistas están trabajando sobre su página. Para que tengas un punto de referencia, y no especialmente despiadado, sobre lo que sucede en otros lugares de memoria acude a la wikipágina de Valéry Giscard d'Estaing, presidente francés en aquella época, que con tanto desdén trató a Suárez, no sólo por sí mismo, sino como sinécdoque de los españoles. La pregunta, muy obvia, es si resultaría excesivo para este país, para su Gobierno, para sus miles de fundaciones la construcción de una web sobre la figura del presidente español, donde su vida estuviese ordenada con inteligencia, eficacia y buen gusto. La pregunta es, de nuevo, sobre la extensión del alzheimer social cuando la memoria histórica no puede utilizarse políticamente.
Sigo con ella. Ahora vuelvo a Solé Tura y la película que ha filmado su hijo. Un documental patrocinado por todas las instituciones catalanas, empezando por su Gobierno. Todas las vertientes de la vida política, y hasta personal, de Solé Tura están más o menos presentes con la profundidad que cabe exigirle al cine, y especialmente al cine sentimental. Todas, a excepción de una. Ya puedes figurártela. De pronto, en la película irrumpe Jordi Pujol, que conserva plenamente su retranca. Desde ella, y sin ocultación, ensalza a Solé Tura, aunque señala sus grandes discrepancias políticas. «Unas discrepancias muy fuertes», precisa. Es una gran noticia; debe de ser la primera vez que Pujol habla de Solé Tura sin insultarlo. El documental no quiere complicarse la vida; ni subraya la gran noticia ni señala cuáles son esas discrepancias: sólo una transeúnte y fugaz referencia al federalismo de Solé Tura, mal visto por los nacionalistas. Es una lástima. Solé Tura fue el más importante antagonista de Pujol, y del pujolismo. Por dos veces. La primera en 1967, cuando publicó Catalanisme i revolució burgesa, apuntando al centro del antifranquismo nacionalista, cuyos postulados no duda en calificar de reaccionarios. «Curiosamente, cuando se publicó, la principal y más violenta polémica la tuve con Jordi Pujol, que en una conversación personal me aseguró que me equivocaba y que ése no era el camino correcto para Cataluña», me dijo el propio Solé Tura sobre ese libro hace 16 escalofriantes años. La segunda vez que le llamaron traidor fue a partir del 27 de mayo de 1984, cuando publicó su artículo El respeto a Pujol y la querella de Banca Catalana. Tú no recordarás otro artículo como ése en Cataluña. Un artículo que simplemente dijera que Cataluña no era un sólo hombre. Ni tú lo recuerdas ni yo tampoco, y no estamos enfermos. Desde aquel momento Solé Tura se convirtió en uno de los muñecos de trapo del nacionalismo. En los palacios, cuando era ministro, le quitaban la silla; y en la calle lo asaban a botifarres. La memoria perdida de Solé Tura no está en Bucarest, a menos de que esto nuestro (en fin, tuyo ya no) no sea el más exacto bucarest de la subvención, la ocultación y la farsa.
Muertos en vida, eso creo.
Sigue con salud
A.
EL MUNDO QUE VIENE / FARUK HOSNI: «La Alianza de Civilizaciones alude al choque de religiones y su meollo es el conflicto palestinoisraelí»
ESTE PINTOR EXPRESIONISTA ES MINISTRO DE CULTURA DE EGIPTO DESDE HACE DOS DECADAS. EN SU RECIENTE VISITA A MADRID COMPARTIO CONFIDENCIAS CON SANCHEZ DRAGO. A LOS DOS LES UNE LA QUERENCIA POR EL PAIS DE LOS FARAONES, QUE LA PROXIMA SEMANA VISITARAN OFICIALMENTE LOS REYES.
FERNANDO SANCHEZ DRAGO
CARGO: Ministro de Cultura de Egipto desde 1987 / EDAD: 69 años / FORMACION: Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Alejandría / AFICIONES: La pintura abstracta (él pinta) / CREDO: «El arte, y en especial la pintura, se pueden usar para enriquecer el mundo» / SUEÑO: Democratizar la cultura, fomentar la apertura entre los jóvenes y proteger la herencia cultural de Egipto
17 de enero, 11.00 de la mañana, Hotel Ritz de Madrid. Estoy citado con Faruk Hosni, ministro de Cultura egipcio, al que llaman el de la Esfinge, porque restauró la de Gizeh con ciencia y a conciencia. Ha venido a España para intervenir en el Foro de la Alianza de Civilizaciones, esa nadería -flores y pajaritos- que Zapatero ha sacado de su chistera y ha metido en el fez de su socio Erdogan. Nuestros Reyes van a realizar la próxima semana una visita oficial a Egipto y el señor Hosni regresa a su capital, El Cairo, dentro de cuatro horas.
Antes, y después de hablar conmigo, tiene que recorrer a toda mecha el Museo del Prado y el Reina Sofía acompañado por su homólogo español: César Antonio Molina. ¿Un par de minutos para Velázquez y alrededor de 30 para mí? No dispone de mucho tiempo. La gente importante nunca lo tiene. Así viven. ¿Les gustará?, me pregunto mientras miro el ajetreo y la nube de funcionarios que envuelve a mi interlocutor. Seguro que sí, al menos en este caso, porque Hosni lleva 21 años -casi tantos como el faraón Mubarak- al frente del Ministerio que preside y 37 en los despachos de la cultura o, mejor dicho, de la política cultural. Debutó en la embajada egipcia de París y en sus círculos concéntricos, y, desde entonces, no se ha apeado. Era antes, y lo sigue siendo, me dirá, aunque sólo entre los apretujones de sus breves ratos libres, pintor con obra colgada en bastantes museos. Le digo que hablaré con César Antonio, amigo de larga data, para que incorpore alguno de sus cuadros al catálogo de las pinacotecas que se dispone a visitar, se ríe y me promete que, si lo consiguiera, tendré alfombra roja y trato de Sinuhé la próxima vez que vaya a Egipto. Su risa y su cordialidad no me sorprenden. Los egipcios son simpatiquísimos. Nunca se enfadan. Tampoco se enfadará, estoy seguro, mi entrevistado si confieso aquí que no me gusta entrevistar a ministros. Casi nunca dicen nada. No les dejan. Prefieren callar a meter la pata. No dan titulares, y éstos, a los periodistas, nos gustan tanto, por lo menos, como a mí me gusta el país del que vamos a hablar. Es uno de mis favoritos. Lo he visitado muchas veces. Lo conozco como si fuera el pasillo de mi casa.
Es hora de empezar. «Salam'aleicún», le digo. «Aleicún salam», me responde.
PREGUNTA.- Hay, respecto a la Alianza de Civilizaciones, mucho escepticismo en España. Se dice que es un gesto buenista, populista y electoralista del presidente del Gobierno.
RESPUESTA.- Sea cual sea la base o el punto de origen de la iniciativa no por ello deja de ser importante. Es un toque de atención.
P.- El presiente Hosni Mubarak vino a España en noviembre de 2004 y respaldó ese Foro. ¿Por qué no lo ha hecho esta vez?
R.- No se trataba de reunir a presidentes de Gobierno ni a jefes de Estado. Sólo han venido dos, y un par de consortes de otros. Pero había muchos ministros y cargos institucionales.
P.- ¿No cree que la Alianza confunde el concepto de civilización con el de cultura? Civilización, en el mundo de hoy, sólo hay una. Culturas hay muchas.
R.- Cierto, pero esa civilización única que usted menciona es la suma de todas las culturas. Estas proceden del pensamiento y del arte. Con la Alianza de Civilizaciones se alude, en realidad, al choque de religiones y a la necesidad de resolverlo. Ese es su punto de partida.
P.- ¿Oriente? ¿Occidente? Otra confusión: la línea divisoria entre el uno y el otro es, a mi juicio, la trazada por las religiones del Libro. Judaísmo, cristianismo e islamismo son cosas muy parecidas. Oriente empieza donde termina el Islam.
R.- Digámoslo con franqueza: el meollo del problema, su fundamento, llamémoslo Diálogo de Culturas, Alianza de Civilizaciones o Acuerdo entre Religiones, es el conflicto palestinoisraelí.
P.- Se han librado muchas guerras en nombre de Yavé, Cristo y Alá, pero ninguna en nombre de Siva, Buda o el Tao. ¿Por qué?
R.- [Risas] Esa es una pregunta peligrosa. No me meta usted en líos. Las religiones orientales nacen del hombre. Las occidentales, las del Libro, vienen de Dios, son mandatos enviados por éste a sus súbditos, y pasa lo que pasa.
P.- Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz iraní, ha dicho que el enfrentamiento entre el islam y Occidente es consecuencia de la desaparición de la Guerra Fría. A enemigo muerto, enemigo puesto. ¿Cuál es su opinión?
R.- Estoy totalmente de acuerdo con la señora Ebadi. El Próximo y el Medio Oriente eran durante los años de la Guerra Fría una especie de presa de contención entre las dos superpotencias. Estados Unidos y la URSS concentraban toda su energía en ese enfrentamiento. Luego, al desplomarse el régimen soviético, la zona se convirtió en otro tipo de presa, por todos codiciada, debido al petróleo, y colocada en una situación de inferioridad estratégica a causa de su subdesarrollo.
P.- Usted ha dicho que el islam está en fase de reforma, pero que ese proceso evolutivo debe responder a criterios propios, endógenos, por así decir, y no acomodarse a lo que Occidente propone y desea.
R.- El islam, como religión, no plantea problema alguno. Son sólo los grupos extremistas existentes dentro de él quienes lo plantean y a ellos, y sólo a ellos, debe afectar la reforma de la que usted habla y a la que yo me refería.
P.- Usted, el año pasado, se convirtió en foco de polémicas al pedir públicamente que las niñas egipcias dejasen de llevar velo. Este, dijo, acentúa su feminidad y constituye un verdadero crimen. En Francia acaban de prohibir que las alumnas vayan a clase con velo. En Turquía, en cambio, están a punto de autorizarlo. ¿Qué opina de todo ese lío?
R.- Lo que dije fue una opinión personal, no institucional, y la mantengo. Lo hago por dos motivos. En primer lugar, porque no se puede imponer el hijab a las menores de edad. Sería una agresión a la infancia. Y, en segundo lugar, porque en Egipto, aunque no en otros países islámicos, si se obliga a alguien a llevar velo o cualquier otro tipo de vestimenta, se incurre en discriminación, se trazan líneas divisorias entre los musulmanes y los creyentes de las demás religiones, también muy arraigadas, como la de los cristianos coptos, por ejemplo. Cualquier mujer adulta, eso sí, puede y debe llevar, si así lo desea, el indumento del que estamos hablando. El hijab, en definitiva, oculta el rostro, pero no lo que hay tras éste. Al contrario. Revela la forma de pensar de quien se lo pone.
P.- Casi todos los focos de conflicto bélico que hoy existen en el mundo se encuentran en países islámicos o de fuerte presencia musulmana: Irak, Palestina, el Líbano, Afganistán, Argelia, Sudán... Y no nos olvidemos de Filipinas, Indonesia o la India.
R.- Ese fenómeno surgió en el mismo momento en que la Unión Soviética intentó consolidar su influencia y su presencia en algunos países islámicos, lo que obligó a Estados Unidos a recurrir a la religión como arma defensiva, convirtiéndola en bandera política de los musulmanes. Eso siempre es muy peligroso. La gente, en esos países, se dio cuenta entonces de que el islam era el muro que la defendía del neocolonialismo y las presiones procedentes del exterior, cerró filas alrededor de él y lo apuntaló, lo reavivó, lo expandió. Así empezó la yihad, la resistencia islámica, como una especie de fiel de la balanza para mantener el equilibrio entre y frente al acoso de las dos superpotencias.
P.- Muchos dicen que Mubarak gobierna como lo hacían los faraones. ¿Es eso cierto? ¿Existe una especie de telón de fondo faraónico en el escenario de la democracia egipcia?
R.- Seguramente, pero no son los políticos quienes lo aportan y manejan, sino el pueblo. Las raíces del Egipto clásico son muy profundas. La gente las siente como propias, y eso se extiende al jefe del Estado y, en cierto modo, lo condiciona. No sólo los musulmanes, también los coptos son eslabones y correas de transmisión de esa actitud, de esa herencia psicológica. El faraón, a los ojos del pueblo, era un semidiós que al morir se transformaba en dios. De ahí viene el respeto -casi veneración- que los egipcios rinden a quienes les gobiernan. Se trata de un fenómeno muy peculiar y muy difícil de atajar, pero últimamente las cosas están cambiando y el viento sopla a favor de la libertad y la democracia.
P.- Existe, incluso, un parecido físico. Yo, a usted y a Mubarak, los he visto pintados o esculpidos en los frisos de los templos y en los frescos de las tumbas.
R.- [Carcajadas] A Mubarak seguro que sí. Mi caso es distinto.
P.- Pero usted es una especie de faraón de la cultura. Lleva 21 años al frente de ese Ministerio. ¿Va a seguir siendo ministro el resto de su vida? ¿No añora la época en la que sólo era un buen pintor?
R.- Sí, la añoro, pero el presidente Mubarak está contento con mi gestión, me mantiene en el cargo e insiste en que no lo deje. Yo, sin embargo, no me veo como ministro, sino como persona a la que se le ha encargado una misión y trata de llevarla a cabo. La cultura, para Egipto, es muy importante. Otros países tienen petróleo, industria, recursos naturales, pero nuestra mayor y casi única riqueza es el legado cultural de quienes aquí vivieron. Los políticos anteriores a Mubarak no prestaron a la cultura la atención que entre nosotros merece y exige. Ahora lo estamos haciendo, y ese trabajo me absorbe y me enorgullece. Se me olvida el paso y peso del tiempo cuando lo dedico a recuperar y salvaguardar nuestro patrimonio histórico.
P.- Muchedumbres de turistas que se agolpan alrededor de las pirámides, colas de cocodrilo gigante en los museos, hileras de barcos de varios pisos surcando el Nilo o atracados en los muelles de Luxor y Assuán... La masificación del turismo es, quizá, más grave en Egipto que en ningún otro lugar del mundo. ¿Cómo oponerse a ella y reparar los destrozos que ocasiona?
R.- Ese problema me preocupa desde hace muchos años y, para tratar de resolverlo o de aminorarlo, es por lo que hemos puesto en marcha un ambicioso plan de restauración del patrimonio. En Luxor, por ejemplo, hay 67 tumbas, pero muy pocas de ellas podían visitarse. Hemos restaurado todas y, simultáneamente, hemos cerrado las que estaban abiertas y hemos abierto las que estaban cerradas. Con ese régimen alterno de visitas se ha aliviado bastante la presión demográfica, llamémosla misericordiosamente así, ejercida sobre esos monumentos. Además, estamos construyendo museos en casi todas las grandes ciudades del país. Algunos de ellos ya se han inaugurado. En 2011, por si todo lo dicho fuera poco, abrirá sus puertas el Gran Museo Egipcio de El Cairo, que dará cabida, holgada, a lo mejor de nuestro patrimonio y a cuantos deseen visitarlo.
P.- ¿Estarán allí, el día de su inauguración, la cabeza de Nefertiti, la piedra Rosetta y otras grandes piezas del legado egipcio desperdigadas por el mundo? ¿Conseguirá usted que se las presten para una fecha tan señalada? ¿Cómo van las negociaciones?
R.- En ellas andamos. Es un toma y daca. Hemos ofrecido a los alemanes, por ejemplo, que si nos prestan a Nefertiti, nosotros les prestaremos, para aliviar su ausencia y llenar su hueco en el Museo Egipcio de Berlín, una pieza que casi podría rivalizar en hermosura con la que nos ceden.
P.- ¡Insh'Allah!
R.- Contamos con Su apoyo. El es grande.
P.- ¿Cómo va el tema de las devoluciones? Creo que el Gobierno egipcio amenaza a los países que no restituyan las piezas robadas con la prohibición de excavar en Egipto en el futuro...
R.- Efectivamente, pero ese ultimátum sólo se dirige a las naciones que hayan sustraído ilegalmente piezas con posterioridad a 1972.
P.- Los Reyes de España viajan a Egipto la próxima semana. ¿Será una visita política, será cultural o será, simplemente, palaciega, faraónica?
R.- Cuando un jefe de Estado sale de su país, lo hace siempre, y ante todo, por motivos políticos, pero en este caso, afortunadamente para mí, la cultura desempeñará un papel muy importante
P.- Egipto: don del Nilo. La Expo de Zaragoza rinde homenaje al agua. ¿Estarán ustedes allí?
R.- Con el mismo interés y empuje con el que estuvimos en Sevilla. Nuestro pabellón fue allí uno de los más visitados y comentados. Haremos todo lo posible para rayar a la misma altura, pero no puedo adelantarle nada.
LA CUESTION
- Todos los asistentes al Foro de la Alianza de Civilizaciones celebrado en Madrid eran representantes de gobiernos democráticos y moderados, al menos en teoría. Así, cualquiera: un brindis al sol, palabras al viento... El Foro sólo serviría para algo si a su próxima reunión acuden los integristas de uno y otro bando, Al Qaeda y la Casa Blanca incluidas. - [Entre risas] Es usted un provocador. Algo de cierto hay en sus palabras, porque las alianzas, en principio, se establecen entre quienes aún no se han aliado, pero de nada sirve pretender lo imposible. Los terroristas no dialogan: ponen bombas. Al Qaeda, además, no habría podido burlar los servicios de seguridad del Foro, que han sido impecables e implacables. Hay que ir poco a poco. Existen problemas, como la educación de los jóvenes y la erradicación de la pobreza, ante los que es posible ir avanzando. Lo hemos hecho. Se han aclarado matices, se han perfilado soluciones, se han trazado líneas de acción. La situación económica y el subdesarrollo de la enseñanza son los fermentos del extremismo y el fundamentalismo. Empecemos por ahí.
SU PROPIO MUNDO
«No me importa que me llamen 'el ministro de la Esfinge'» Dicen que va a ser usted el próximo secretario general de la UNESCO...
- [Se troncha de risa y alza los brazos al cielo] Rece por mí.
¿A qué dios?
- Al Unico que existe.
¿Le agrada que le llamen el ministro de la Esfinge?
- No. Restaurarla fue el primer proyecto de envergadura al que me enfrenté tras mi toma de posesión. Estaba yo recién nombrado cuando se le cayó un hombro.
Y decidió ser su cirujano.
- [Más risas] Algo así. Me volqué sobre su restauración o, más bien, reencarnación, porque estaba, la pobre, hecha unos zorros, y esa intervención casi quirúrgica, como usted dice, dio que hablar en todas partes. Era lógico, porque la Esfinge es el reloj del mundo.
Bonita frase y buen anzuelo para que la gente visite su país. Me gustaría sugerirle otro.
- Escucharlo será un honor.
La humanidad es un don del Nilo.
- Gracias, con la venia de Heródoto. Le invito a surcar otra vez sus aguas.
Lo haré. ¿Tiene usted buena opinión de los arqueólogos españoles que trabajan en Egipto?
- Excelente. Sus compatriotas saben mucho de eso y, si se trata de restaurar monumentos islámicos, más.
¿Tiene los pinceles olvidados en un cajón?
- No del todo. Los saco de vez en cuando y entonces, sólo entonces, me olvido de mi cargo.
Para terminar, sáqueme de una duda: ¿son compatibles Amón y Alá?
- [Ultima carcajada] El universo no podría soportar dos dioses.
VIDAS PARALELAS / ANTONIO ROUCO VARELA / PEDRO SEGURA: Dos pastorales y un mismo país
PEDRO G. CUARTANGO
Una de las constantes que vertebra la Historia de España en los últimos dos siglos es el enfrentamiento de la Iglesia católica con la izquierda.
Ya en 1834, durante la primera guerra carlista, los liberales ejecutaron en Madrid a un centenar de religiosos a los que acusaban de envenenar las aguas de la villa. Y un poco antes, durante la llamada Década Ominosa, miles de anticlericales habían sido ajusticiados y encarcelados por orden de Fernando VII tras la restauración de su poder absoluto por las bayonetas del Ejército del Duque de Angulema.
Ha pasado mucho tiempo de aquello, pero las relaciones entre los socialistas y el clero siguen envenenadas por una inquina mutua, que se remonta como precedente más cercano a la II República y la Guerra Civil.
El documento de la Conferencia Episcopal de esta semana recuerda mucho a la pastoral del cardenal Segura de 1931, al igual que la tensión que se ha creado ahora evoca el choque de la jerarquía católica con el Gobierno republicano-socialista de Azaña.
Recordemos el pasado: el cardenal primado de Toledo e íntimo amigo de Alfonso XIII hizo pública una pastoral el 1 de mayo de 1931, en la que atacaba frontalmente al nuevo régimen, proclamado tan sólo 16 días antes.
«Cuando los enemigos del reinado de Jesucristo avanzan resueltamente, ningún católico puede permanecer inactivo», decía la pastoral. Segura pedía a los católicos que no permanecieran «quietos y ociosos» ante «la gravedad del momento».
Los obispos españoles, liderados por Rouco Varela, piden ahora a los españoles que se movilicen contra el PSOE y que no le voten por negociar con los terroristas, haber aprobado el matrimonio homosexual y haber implantado la Educación para la Ciudadanía.
El paralelismo es muy fuerte, pero también lo es en cuanto a las personas. Segura lideró entonces a las fuerzas católicas que luego se agruparon en torno a la CEDA, pero no todos los católicos estaban de acuerdo. Herrera Oria se opuso a la línea de Segura, defendiendo desde El Debate un diálogo con las autoridades de la República. El cardenal de Toledo tachó al periódico de «panfleto liberal».
Hoy sucede lo mismo: la Iglesia católica está dividida. Hay obispos que, como antaño Herrera Oria, no comparten la línea de enfrentamiento que lidera Rouco Varela, el auténtico hombre fuerte y cerebro de la Iglesia católica en España. Pero también el PSOE está dividido, ya que un sector de su electorado es católico y no comparte el laicismo radical de ZP.
El choque entre Segura, expulsado de España en junio de 1931, y el Gobierno republicano degeneró en un violento enfrentamiento institucional que acabó en el golpe de Franco en 1936.
La Iglesia, identificada con la monarquía alfonsina, nunca aceptó la República y ésta laminó sus poderes con una Constitución que los obispos vieron como una agresión.
Los tiempos y las circunstancias son distintos, pero persiste el mismo espíritu cainita. España es el único país civilizado en el que la Iglesia y el Gobierno mantienen aún una abierta hostilidad. Los españoles llevamos la intolerancia en nuestras venas y eso sí que no tiene solución.
ASUNTOS INTERNOS: 'Aló, Mariano'
LUCIA MENDEZ
Mariano Rajoy gusta de definirse a sí mismo como un hombre previsible. Sin embargo, desde hace una temporada está como cambiado. El líder del PP no se ha dejado la melena larga como Aznar, pero sí se ha soltado el pelo. Justo cuando los obispos -que se han puesto pesadísimos contra Zapatero- intentaban meterle en la sacristía, Rajoy llamó al teléfono de miles de españoles. «Hola, soy Mariano Rajoy, ¿dónde te has metido?. Te estamos esperando». Los interlocutores reaccionaron con sorpresa y estupor. Los más creyeron que les estaban gastando una broma. La llamada de Rajoy es una «herramienta» electoral de nueva tecnología surgida de la factoría que ha montado en la sede del PP el secretario de Comunicación, Gabriel Elorriaga. Se hace a través del ordenador y está incluida en un vídeo al que se accede a través de una web. Rajoy y algunos de sus colaboradores interpretan una reunión de maitines a las 7.30 de la mañana. Llegan todos a la sala y falta uno, que puede ser cualquiera de los millones de españoles. «¿Y ahora qué hacemos?», dice Pío García-Escudero. «Lo voy a llamar a ver dónde se ha metido». Entonces suena el teléfono de Pilar, Manolo, Paloma, Carlos... y responde Mariano. Ninguno de los actores del PP que aparecen en el vídeo ganará el Goya a la mejor interpretación -el más natural resulta ser el propio Rajoy-, pero demuestran que son capaces de bromear sobre sí mismos.
La campaña Aló Mariano, encuadrada en la operación de humanizar al candidato del PP es, con diferencia, lo más moderno y llamativo que ha hecho este partido desde hace años. Y es, también, la primera vez que el equipo de creativos del PP le gana la partida al del PSOE, que siempre ha ido por delante en creatividad, imaginación y uso de nuevas tecnologías aplicadas a la política.
La llamada de Mariano dista mucho de ser una idea suelta o una broma intrascendente. El equipo del candidato del PP es consciente de que el mensaje socialista que identifica a Rajoy con lo antiguo y a Zapatero con lo moderno ha calado en la opinión pública. La exclusión de Alberto Ruiz-Gallardón -a quien la ciudadanía considera como lo más moderno que se despacha en el PP- ha sido una munición extraordinaria para el PSOE. Hay que buscar fórmulas para combatir la eficaz y malvada idea-fuerza de que los dirigentes del PP representan a la España casposa de sotanas negras, frente a la España cosmopolita y tolerante del PSOE. O, mejor dicho, de Z, en cuya imagen los socialistas han depositado todas sus complacencias.
Es obvio que en esta legislatura el PP no se ha esforzado nada en mostrar su lado simpático. Más bien lo contrario. El «hola, soy Mariano» tiene como objetivo decirle a los electores que usan Internet -los más jóvenes- que los del PP también pueden ser simpáticos y optimistas. Como Zapatero, pero mejor, porque además Mariano es un tipo serio que se fotografía al estilo Los tres mosqueteros con los más grandes de Europa.
SABATINA SABATICA: Mañana los Goya
MANUEL HIDALGO
Hace 10 años, la película más taquillera en todo el mundo fue Armageddon. El crítico norteamericano Steven Jay Schneider ha coordinado un excelente libro titulado Las 1.001 películas que hay que ver antes de morir, muy divulgado entre nosotros. En este libro se citan un total de 14 películas de 1998 de visión imprescindible. Armageddon no está en la lista.
Schneider y sus colaboradores saben bien que el cine es, junto a otras cosas, un negocio, pero todos ellos son especialistas en arte y no periodistas económicos.
Ante los Goya, están apareciendo extensos artículos que versan sobre taquillas, cifras de clientes (espectadores) y euros (cuenta de resultados), cuyo lugar genuino sería la sección de Economía. De publicarse ahí, sería exigible que contuvieran más datos: gastos de producción y publicidad, número de copias exhibidas de cada película, relación entre número de copias, cifras de espectadores y recaudación, análisis de los targets de clientes (espectadores) en función de la edad, lugar de residencia y nivel de educación...
Pero dejemos de hablar del cine como negocio y hablemos del cine como arte, cultura, comunicación y documentación histórica, social y política. Es otra posibilidad. Cuarenta y dos críticos de muy variado pelaje han elegido en Fotogramas las mejores películas españolas de 2007. Sus votos han ido a parar a 40 títulos distintos. No está mal, parece que había dónde elegir. Los académicos se han quedado más cortos -fíjate-, y han nominado sólo 34. A mí, que soy un blando con el cine español, me sobran unas 20. Pero me conformo con las otras 20: son las que verán mis nietos aún no nacidos dentro de 30 años en las diversas pantallas de sus casas, las que figurarán en los libros de crítica e historia del cine español, las que se repondrán en filmotecas, museos y centros culturales y, sobre todo, las que permitirán a todos los nietos no nacidos del mundo tener una imagen de España hoy expresada con cierta calidad.
Nunca jamás se han visto tantas películas como ahora, y probablemente nunca tan buenas. El cine no está en crisis. Lo que está en crisis son las salas de cine, debido a la triple pinza formada por un cambio de costumbres en el ocio, una revolución tecnológica en los soportes y una lacerante posibilidad de ver películas sin pagarlas. Se arreglará el lío.
La decisión académica centrada en Mataharis, Siete mesas de billar francés, El orfanato, Las 13 rosas y La soledad no es, para ser académica, una mala opción. Ahí están -en razonable proporción- las tendencias posibles hoy por hoy de nuestro cine, uno de los ocho o 10 más importantes del mundo: realismo con toque autoral, mimetismo americano, artesanía industrial de mayor empeño y autoría radical.
Cuando los periódicos españoles difunden las exiguas cifras oficiales de sus ventas de ejemplares, cada uno saca un titular distinto y presenta la realidad -¡cifras nada más!- de forma diferente. Los cineastas no pueden esperar, según esto, un análisis exacto del cine español. Ni siquiera de sus números.
A PIE DE CAYE: Leo
CAYETANA GUILLEN-CUERVO
Hoy Leo cumple dos años. Recuerdo que me miraba a los ojos sin verme. Y yo le miraba, también sin verme. Con él entre los brazos y el cuerpo roto, intentaba entender algo más. Sigo en ello. Sigo intentando asimilar que mi vida nunca será lo mismo que antes de llegar él. Hoy he visto unas fotos que dormían solas en una caja de zapatos. Su padre y yo, en la plaza de San Geminiano, en la Toscana italiana. Y recuerdo la sensación de libertad. Nada ni nadie me esperaba para pedirme explicaciones del peso de mis alas, nada ni nadie me hacía sentir culpable de mi ausencia, porque nada ni nadie me necesitaba para vivir. Ya no puedo desaparecer, ni alejarme sin contar los detalles de cada uno de mis pasos. Salgo de trabajar y corro a su lado como si él estuviera memorizando cada segundo de la separación, como si los demás sustituyeran mis fuerzas y mi voluntad y eso fuera a cambiar su destino.
Durante su primer año de vida anduve buscándome. No me reconocía en esa casa invadida de abuelos y ayuda externa, en los horarios estrictos, en la rutina. En mis respuestas a tantas preguntas, yo, que hablo mucho pero nunca de mí. Me salvaba del naufragio el intenso y arrollador amor que me completó desde el principio. Porque le huelo, y me arrasa la sensación de haber llegado al lugar definitivo. Porque les observo reír, y paro de pensar. Todo está bien. Un lugar de tres en el que hay que redefinirse poco a poco. Y así fui olvidando qué hacía yo con mi tiempo libre, la sensación de calma, los largos silencios, la constante improvisación y un orden de prioridades que mantuvo mi vida a raya hasta que llegó él. Y es que hoy, las ocho de la tarde no es el momento de discutir un libro o de dar un paseo, o de quedar para ir al cine; no, las ocho de la tarde es ya noche cerrada en la que el baño, la crema, el pañal, el pijama, la cena, el cuento, el perro, la nana, las caricias y un ritmo más lento en la respiración se suceden como los días. Su padre, de vez en cuando me dice «yo estoy por aquí....».
Leo crece, y nosotros nos adaptamos a su alrededor. Nos adaptamos bien, cada vez mejor. Porque en el nuevo orden dentro del completo desorden de tus pequeñas cosas, vibran constantes buenas y sanas, y tú lo percibes, y amas lo que construyes aunque tú no estés por ningún sitio. Y miras perplejo a tu alrededor por la normalidad con que los demás renuncian a sus vidas -a las de antes de llegar él- como si nada. Me gusta fijarme en las ojeras. Me pierdo en su recorrido y pienso que combinar opciones y acertar en todas con equilibrio es la nueva cruzada de este siglo.
Leo crece, y sabe quién le quiere bien. No regala sus besos a cualquiera porque tiene amor con mayúsculas y no necesita buscar la aprobación de quien ni siquiera conoce. Le observo, y pienso que cuando sea mayor quiero ser como él.
TRIBUNA LIBRE
FERNANDO MENDEZ-LEITE
Los Goya como síntoma1.-Ha escrito uno tanto y durante tanto tiempo sobre el cine español que un nuevo encargo de este tipo me provoca el lógico miedo a la repetición. Esa misma repetición que percibo cada vez que oigo o leo comentarios sobre el descenso de espectadores, la uniformidad monocorde de nuestras películas -una cantinela tan mentirosa que sólo puede provenir de quien no ha visto ni el 1% de las películas españolas que se producen cada año-, los comentarios genéricos sobre el abuso de las subvenciones, el aburrimiento de la ceremonia de los Goya y ese largo etcétera de monsergas que muchas veces encubren intereses de propaganda política a costa del trabajo de cientos de profesionales a los que se mete en un mismo saco sin el mínimo pudor de matizar y concretar. Por todo ello, no quiero incidir en esas generalizaciones -algunas de las cuales tienen un punto de verdad-, sino apuntar algunos aspectos de la realidad del cine español de muy diversa índole, tomando las nominaciones a los Goya como referencia y como síntoma y reivindicando el derecho a una opinión propia que creo que me otorga el hecho de haber visto la totalidad de la producción española del año, a veces con gozo y otras, pasmado. 2.- Vaya por delante que el cine español es una industria -todo lo discutible que se quiera- pero que sigue produciendo más de 100 largometrajes al año e infinidad de cortometrajes, aunque en uno y otro caso la calidad no es uniforme, y que es una de las pocas cinematografías que ha mantenido una continuidad desde el nacimiento del invento hasta la actualidad. Los niveles de calidad no son superiores ni inferiores a los de cualquiera de las industrias europeas y esos resultados dependen de innumerables circunstancias. Hay, más o menos, un porcentaje similar de películas de calidad y de productos impresentables que en el cine francés, el italiano o incluso el americano. Dentro de esa producción, hay casi siempre notabilísimos trabajos técnicos, ideas novedosas o interpretaciones memorables. En el cine español hay no menos de 25 directores con una filmografía de interés que les avala -o les avalaría- para realizar excelentes proyectos. El relevo generacional se ha ido produciendo con una cadencia sorprendente y cada año aparecen nuevos autores y realizadores cuyo talento asoma desde su primera película, lo que no contradice mi idea de que la excesiva protección a las películas de nuevos realizadores ha provocado una inflación que parece imparable y la minifundización de la profesión de director. Creo que esas ayudas a los nuevos deben estar en función de la calidad de sus proyectos y no del hecho poco meritorio de su juventud y de carecer de curriculum. No parece lógico que desde el año 2000 hasta la fecha hayan debutado en el cine español más de 300 directores.
3.- La puesta en marcha de la nueva ley -felicitaciones a Fernando Lara que ha conseguido llevarla a buen fin con un consenso inhabitual e imprevisible- va a facilitar algunas cosas. Pero ya se sabe que las leyes no lo son todo y que una industria depende sobre todo de las personas que asumen la responsabilidad de las decisiones. El resultado del cine español depende fundamentalmente de que quienes deciden acierten al elegir los proyectos que se ponen en marcha, quiénes los escriben, quiénes los dirigen y los técnicos y actores que los van a levantar. Y ahí está el quid de la cuestión. Nunca ha habido en el cine español muchos productores sensatos, pero los ha habido tan brillantes e inteligentes como Elías Querejeta, Alfredo Matas, Emiliano Piedra, Luis Megino, José Vicuña o José Sámano y con tan acusado sentido de la comercialidad como José Luis Dibíldos o Pedro Masó, y ésta no es una cita exhaustiva. El caso especial del siempre polémico Andrés Vicente Gómez se salda con una abrumadora lista de títulos de indiscutible peso específico en las tres últimas décadas. Hoy en día las cosas siguen siendo similares y han aparecido empresarios con una concepción más moderna de la producción como Agustín Almodóvar, Gerardo Herrero, Fernando Bovaira, José María Morales o José Antonio Félez, y algunos otros, que conviven con productores con una sensibilidad más comercial como Julio Fernández, Eduardo Campoy o José Manuel Lorenzo. Y aunque olvidaré alguno, hay que reconocer que todos ellos han tenido aciertos incontestables y alguno con una continuidad envidiable.
3.- Pero hace tiempo que la entrada, siempre a regañadientes, de las cadenas de televisión en la financiación -por otro lado justa y necesaria- de las películas ha enrarecido notablemente esas tomas de decisión. Los productores se ven obligados a diseñar sus productos muy en función de los gustos de ejecutivos de las televisiones no siempre capacitados para distinguir entre lo que es una película y lo que es un producto televisivo. Se busca a menudo un nuevo realizador que avale la subvención ministerial, técnicos y actores oriundos que justifiquen la entrada de los gobiernos autonómicos en proyectos delirantes o simplemente localizaciones que no necesariamente sean las idóneas para el guión en marcha, pero que sirven de propaganda para el consejero de Turismo de turno. Algunos productores y directores recurren a estas habilidades con singular talento y consiguen torear a ejecutivos y políticos locales para alcanzar unos resultados convincentes. Véase al respecto la estupenda Oviedo Express de Gonzalo Suárez. Pero en la mayoría de las ocasiones esta situación da origen a un sinnúmero de películas ridículas, desastrosas e inestrenables.
4.- La prensa y la crítica tampoco ayudan mucho. Las revistas cinematográficas se dividen entre las que dedican la mayor parte de sus páginas a la difusión de las grandes producciones americanas y sus secciones críticas no distinguen unos productos de otros, de manera que una película como John Rambo puede merecer las mismas estrellas que una como Expiación, y minusvaloran cualquier producto europeo o desprecian cualquier forma de experimentación, y las que por el contrario sólo aprecian esa experimentación -por banal y obvia que sea-, ensalzan la deconstrucción y niegan la posibilidad de supervivencia de la narración, lo que conduce a la descalificación agresiva de excelentes películas «no experimentales» como ha ocurrido con dos de las mejores películas de este año: Las trece rosas y Siete mesas de billar francés. La agrupación de las críticas e informaciones cinematográficas en los periódicos de los viernes hacen que la presencia del cine en sus páginas no tenga la lógica continuidad deseable y en algunos medios la reducción del espacio de las críticas las convierten en meras gacetillas. Los tertulianos se despachan frecuentemente con diatribas contra el cine español en general y contra algunos de sus profesionales en particular cada vez que les viene en gana, sin la menor objetividad ni conocimiento de causa. Pongo por caso: se puede no estar de acuerdo con unas declaraciones políticas de Federico Luppi, sin por ello dejar de reconocer que es uno de los mejores actores del mundo. Se puede pensar que Javier Bardem está muy bien en Los lunes al sol y muy mal en El amor en tiempos del cólera, al margen de que uno comulgue o no con sus manifestaciones como ciudadano. Finalmente, choca que los telediarios difundan tanta información -publicidad indirecta- de películas americanas y que prácticamente jamás lo hagan con una película europea.
5.- Desde mi punto de vista, la realidad del cine español hay que juzgarla a la luz de las películas que se hacen. De su calidad intrínseca, que por supuesto siempre es opinable, pero también susceptible de razonamiento, o de la adecuación de los resultados a los fines. A mí me gusta mucho más La soledad que El orfanato, pero eso no quiere decir que la película de Bayona no haya cumplido con creces sus objetivos ni que la de Rosales no sea una obra maestra. El hecho de que la ceremonia de los Goya pueda aburrir a unos y divertir a otros y que los métodos de votación sean discutibles no quita para reconocer que estos premios ayudan a la taquilla de las películas seleccionadas y premiadas y que a lo largo de su historia casi siempre han estado nominadas las películas más representativas del año.
6.- En las nominaciones de este año ha vuelto a ocurrir. Tiene sentido que cualquiera de las cuatro (La soledad, Las trece rosas, Siete mesas de billar francés y El orfanato) estén en la terna. Yo habría metido también En la ciudad de Sylvia, REC, El prado de las estrellas, La influencia o Mujeres en el parque, pero obviamente todas no cabían. Eso sólo quiere decir que a mi entender este año hay ocho excelentes películas españolas y que reconozco la perfección técnica y comercial de la película de Bayona. A eso hay que sumar debuts tan prometedores como Pudor, Ladrones, Yo, Bosque de sombras, Lo mejor de mí, La caja o Bajo las estrellas, y algunas películas tan buenas como Oviedo Express, La caja Kovak, Lola y Barcelona, un mapa, así como documentales tan estupendos como Fados o ¿Qué tienes debajo del sombrero? Un panorama nada desconsolador que habría que contraponer con unas cuantas películas horrorosas que me permitiré no citar.
7.- Los trabajos de los profesionales nominados son en general sobresalientes y debo confesar que a la hora de votar la elección de unos sobre otros -en la que empleé más de tres horas- me resultó costosa. No sé quién va a ganar, pero en la mayoría de los apartados, gane quien gane, no me parecerá del todo mal. Me han extrañado ausencias, especialmente las de Sonia Almarcha, Elvira Mínguez, Carmelo Gómez, Blanca Apilánez, Josep María Pou y Jesús Castejón, pero la verdad es que tampoco sabría a quién sacar de las ternas para meterlos a ellos.
8.- De los cortometrajes, ¿qué quieren que les diga? La Academia ha nominado Padam de José Manuel Carrasco y Atención al cliente de Marcos Valín y David Alonso. Son los brillantes trabajos de fin de carrera de tres alumnos míos de la ECAM y de sus compañeros de las otras especialidades. Espero que me comprendan y que acepten que quiero que ganen sobre todas las cosas. Hasta yo, que voy de «objetivo» por la vida, tengo mis debilidades.
Fernando Méndez-Leite es director de la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de Madrid (ECAM).