e-pesimo Auxiliar 1

Auxiliar1, Auxiliar2, Auxiliar3 y Auxiliar4 son Blogs auxiliares de epesimo y de e-pesimo

Actualización de madrugada

Mi foto
Nombre:
Lugar: Cantabria, Spain

miércoles, 19 de marzo de 2008

EDITORIALES: ¿Qué hacen los tanques españoles imponiendo una secesión contra la legalidad internacional?



EDITORIALES DEL DÍA
¿QUE HACEN LOS TANQUES ESPAÑOLES IMPONIENDO UNA SECESION ILEGAL?

Más de cien soldados españoles integrados en el contingente de la KFOR desplegado por la OTAN en Kosovo ocuparon ayer posiciones en Mitrovica para doblegar a la minoría serbia y evitar, por medio de las armas si fuera necesario, nuevas revueltas como la que este lunes sacudió la zona más convulsa de Europa. Mientras el sargento de la Guardia Civil Miguel Angel Molina se recupera de las heridas de granada sufridas cuando intentaba proteger a un compañero ucraniano que resultó muerto en los disturbios, el Gobierno ultima el relevo de parte del contingente de 585 soldados españoles enviados a la provincia serbia, que hace un mes declaró unilateralmente su independencia.

La tensión aumenta por horas y las voces de alarma sobre el sentido de nuestra misión en el polvorín balcánico no se han hecho esperar. La principal asociación de oficiales de la Benemérita reclamó ayer al Ejecutivo que exija a sus aliados en Bruselas, en la ONU y en la OTAN una «clarificación» sobre la situación de Kosovo. La solicitud es más que pertinente tras la escalada de disturbios a que ha dado lugar el reconocimiento por parte de EEUU y de buena parte de las potencias de la UE de la declaración de independencia -contraria al Derecho Internacional- decretada por Pristina.

Es sintomático de la falta de coherencia de nuestra política exterior que España acometa labores de ocupante militar en primera línea del conflicto para salvaguardar una independencia contra la que, lógicamente, nos hemos pronunciado y cuyo auge y desarrollo no sólo ha agravado la inestabilidad en la zona, sino que va contra nuestros intereses. Ayer, en un gesto esperpéntico, el Ayuntamiento de Sant Cugat se apresuró a reconocer, con los votos de CiU y ERC, la independencia de Kosovo y acusó a España de ser «como los serbios». Que esta presunta legitimación se produzca justo cuando la región parece más ingobernable y convulsa es buena muestra del desatino de nuestros nacionalistas y separatistas.

El Gobierno debe retirar su participación en la KFOR en Kosovo, en lugar de pertrechar de hombres y armas la más incoherente de nuestras misiones. En el momento en que Pristina declaró su independencia, las obligaciones y responsabilidades originales del contingente internacional quedaron en un limbo jurídico al que España no debe contribuir. La KFOR era una misión de paz en un territorio bajo administración de Naciones Unidas, pero no una fuerza de ocupación para someter a la minoría serbia a la política de hechos consumados de la mayoría albonokosovar.

La situación en los Balcanes ha empeorado. España debe ser coherente con su posición y sus intereses en lugar de permanecer al arbitrio de una comunidad internacional desprestigiada tras su gestión en la zona. Fue el propio Moratinos quien dijo que la independencia de Kosovo era «tan ilegal como la Guerra de Irak». Pues tantos motivos hay ahora como los había entonces para retirar a nuestros soldados y agentes.

El Gobierno admite ahora que la economía está en riesgo

El Gobierno admitió ayer que la economía española «no es inmune» a las dificultades por las que está atravesando EEUU y que el repunte de la inflación tiene un componente internacional «claro e indiscutible». Al margen de no explicar por qué la inflación española está en el 4,4% y la europea en el 3,3%, las manifestaciones de David Vegara, secretario de Estado de Economía, vienen a dar la razón a quienes desde hace meses hemos venido alertando de que la situación era más alarmante de lo que se admitía oficialmente. El Ejecutivo, en su ánimo por despejar cualquier sombra de recesión que pudiera minar su autoridad en vísperas electorales, salió en tromba para defender la solidez y la impermeabilidad de la economía nacional. Desde Zapatero a Solbes, pasando por la vicepresidenta Fernández de la Vega, nadie escatimó argumentos para asegurar que estábamos blindados ante una posible crisis y para criticar a quien lo pusiera en duda. Ya en enero, en el Foro Nueva Economía, Zapatero acusó de falta de «patriotismo» a Rajoy por crear «alarmismo» sobre la fortaleza económica española. También en la intensa entrevista que el presidente mantuvo con el director de EL MUNDO, calificó de «falacia» y «puro catastrofismo» hablar de crisis. Esa misma tónica siguió durante la campaña. Así, en el debate de Solbes con Pizarro, el vicepresidente se limitó a hablar de «turbulencias», pese a que el candidato del PP preguntó con tino si en el Gobierno «sabían que esta crisis se estaba produciendo y desde cuándo» y «si lo ocultaron por razones electorales». Para tapar la realidad, el Ejecutivo presentó unos Presupuestos voluntaristas, con unas perspectivas de crecimiento que ahora se confirman inalcanzables. Pero lo más preocupante es que quienes han negado durante meses que la economía pudiera resentirse son los mismos que van a tener que tomar medidas para evitar una recesión.

Dedicar calles a etarras debe ser delito

La Delegación del Gobierno en el País Vasco requirió ayer al Ayuntamiento de Hernani que retire las placas que conmemoran al etarra Pana y anule el acuerdo municipal por el que en 1982 este consistorio, gobernado por la izquierda abertzale, decidió homenajear al pistolero. La instancia se basa en un informe de la Abogacía del Estado que considera que poner el nombre de etarras a lugares públicos «vulnera el derecho fundamental de las víctimas al honor y la dignidad». Es lamentable que la Fiscalía considere que para atajar esta iniquidad sólo cabe recurrir a la vía contencioso administrativa. Cabe preguntarse entonces de qué sirve una figura penal como la de enaltecimiento del terrorismo, que prevé penas de uno a dos años de cárcel, si no abarca también el reconocimiento público a los verdugos de ETA en las mismas calles y plazas que recorren las víctimas.

TRIBUNA LIBRE
INOCENCIO ARIAS
Mentiras y verdades de la Guerra de Irak

INOCENCIO ARIAS

La Guerra de Irak ha sido una de las intervenciones más impopulares del último medio siglo. La aversión que despertó en la opinión pública, especialmente en la europea, no ha disminuido cinco años después. Sus consecuencias son generalmente vituperadas. Lo que lleva, en la consiguiente condena, a deformar en ocasiones la realidad. Examinaré 11 asertos relativos al conflicto para mostrar, a mi juicio, los que pueden ser correctos, cuestionables o disparatados:

1) Antes de la intervención, se aseguró que la guerra sería corta y que se recibiría a las tropas estadounidenses con palmas de olivo. A corto plazo, la afirmación pudo ser cierta; a medio plazo, no. El conflicto comenzó el 19 de marzo y la enorme estatua de Sadam Husein en el centro de Bagdad fue derribada el 9 de abril. Momentáneamente, muchos iraquíes, traumatizados por la brutalidad que habían soportado durante el régimen baazista, acogieron bien a las tropas aliadas. La frase pronunciada por McCain: «Los iraquíes estarán agradecidos a quien asegure su libertad», pareció fugazmente incontestable.

Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos cuestionaría lo dicho por McCain y más aún la frase de Bush, cuando desde un portaviones militar proclamó: «Misión cumplida». Ni lo estaba ni lo está ahora. El primer embate contra el prestigio estadounidense llegó cuando se supo que sus tropas, en los saqueos que iniciaron los iraquíes, sólo habían recibido órdenes de proteger el Ministerio del Petróleo. Después llegaron otros hechos, como el desmantelamiento total del ejército y del aparato administrativo iraquí, las infames fotos de Abu Graib, etcétera, que contribuyeron a cuartear la imagen de EEUU en Irak y en el mundo.

2) Bush fue totalmente por libre y se inventó lo de las armas de destrucción masiva para justificar la intervención. Incorrecto. En su país, Bush estaba totalmente arropado. Legalmente, 77 de 100 senadores le dieron luz verde legal. Popularmente, casi el 80% de los encuestados apoyaban la intervención. Y mediáticamente, prácticamente ningún medio repudió la intervención. Muchos analistas americanos han entonado posteriormente un mea culpa por su seguidismo. Los atentados del 11-S les habían traumatizado y cegado.

En el plano internacional, Bush no consiguió la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, pero sí tenía un buen número de gobiernos que lo apoyaban. No se inventó las armas de destrucción masiva. Sadam Huseim las había usado en el pasado, contra los iraníes y contra los kurdos. Además, la mayor parte de los servicios de inteligencia del mundo creían que existían; el propio Bill Clinton lo afirmó poco antes de dejar la Casa Blanca. Dirigentes que no querían la guerra, como Chirac o Mubarak, pensaban que Sadam no se había desembarazado de ellas. Las discusiones versaban sobre si se intervenía o se proseguían las inspecciones, no sobre la existencia de las armas.

3) Se aseguró también que la intervención tendría un coste aceptable. Un disparate. El gasto está siendo descomunal. Además, ha habido decenas de miles [otras fuentes hablan de cientos de miles] de muertos iraquíes (la mayor parte causados por atentados de los insurrectos, pero vidas humanas en definitiva), y unos 4.000 soldados estadounidenses. Económicamente, el costo es astronómico. El Nobel Joseph Sitglitz y Linda J. Bilmes sostienen que Afganistán e Irak han implicado un desembolso de 800.000 millones de dólares. Según ellos, sumando las pensiones vitalicias que habrá que pagar a mutilados y heridos, y teniendo en cuenta que ya han rotado 1.600.000 efectivos, de los que un porcentaje no despreciable tendrá secuelas, el costo final de la guerra ascenderá a unos tres billones de dólares.

4) Se dijo que la democracia estabilizaría Irak y, como consecuencia, el precio del petróleo. Incorrecto. Los iraquíes han votado libremente, pero la paz, por el momento, no ha llegado al país árabe. La mayoría chií, victoriosa por constituir el 60% de la población, ha sido revanchista, después de haber estado sojuzgada durante años por la minoría suní, y ésta ha sido remisa a aceptar la nueva situación, cerrando los ojos durante tiempo a la violencia de sus extremistas. La desaparición de Sadam ha abierto, además, la caja de Pandora de las tensiones soterradas étnicas, sectariasy tribales .

El precio del petróleo se ha multiplicado casi por cuatro. Sería injusto achacarlo sólo al conflicto; más importantes son la voracidad creciente de China y la India, la escasa capacidad refinadora, la situación en Nigeria, etcétera, pero la intranquilidad en Irak no ha ayudado y, otro fallo en los pronósticos, no se producen los seis millones de barriles diarios que se podrían extraer. La cifra sigue en los 2,5 del inicio de la guerra.

5) Muchos aseguran que Bush siempre pensó en atacar; lo de pedir el respaldo de la ONU era un paripé. Puede que el presidente estuviera decidido a intervenir sin la ONU, pero no hubo tal paripé. Se lo dijo a Aznar en su rancho, cuando nuestro entonces presidente argumentaba que era mejor obtener la autorización de Naciones Unidas. Pero, además, Bush lo había proclamado en público en la propia Asamblea General en septiembre ante altos dirigentes y embajadores de 188 países. Yo estaba allí. The New York Times lo resumía así en primera: «O intervienen ustedes o lo hará EEUU».

6) Aznar se separó de la línea europea apoyando a EEUU. Harto dudoso. No había una sola línea. Había dos posturas europeas. En un lado, estaban Francia, Alemania, Suecia, Bélgica...; y en el otro, el Reino Unido, España, Italia, Portugal... Europa se partió literalmente en dos. Identificar la postura del continente con la de Francia es trasnochado e inaceptable. ¿Desde cuándo es más Europa la patria de Molière y de Kant que la de Newton, Dante y Goya? Lo cierto es que había dos Europas.

7) Se aseguró que la guerra tuvo una incidencia directa en las elecciones españolas y que la tendrá en las de EEUU. Depende de lo que entendamos por incidencia directa. A pesar de la masiva irritación de nuestra opinión pública con la intervención, el tema estaba digerido y, sin el atentado islamista en Atocha, el PP habría ganado las elecciones. Había superado sin problemas unas municipales en fechas en que la irritación estaba más fresca y dos días antes del 11-M, todas las encuestas le daban ganador.

En cuanto a Estados Unidos, aunque hace un año se pronosticaba que la campaña electoral sería «Irak, Irak, Irak» (Woodward), la cuestión últimamente se ha esfumado. Un 38% de los anuncios electorales mencionaban Irak en septiembre; sólo un 3% a finales de diciembre. A la gente le preocupan más la economía, el seguro sanitario y la inmigración. Por otra parte, de los tres candidatos en liza, dos (Hillary Clinton y McCain) apoyaron la intervención.

8) Se asegura que la retirada de las tropas españolas de Irak se realizó porque, a diferencia de lo que ocurre en Afganistán y otros lugares, su presencia era claramente ilegal. Una memez. Nuestras tropas se retirarían porque el presidente Zapatero lo había prometido en su campaña electoral. Una razón política sólida, sí; pero su presencia era totalmente legal porque tenía la bendición del Consejo de Seguridad, que es el órgano que debía darla. El Consejo, en el octubre previo a nuestras elecciones -Resolución 1511 aprobada por unanimidad- no sólo apoyaba la presencia de las tropas de la coalición en Irak, sino que instaba a los estados miembros a prestar asistencia... «incluyendo fuerzas militares» a la misma. Es decir, animaba a más países a enviar tropas.

9) Cuando Bush se marche habrá un cambio brusco en la política de EEUU, incluyendo la salida de las tropas. Veremos. La opinión pública de Estados Unidos ciertamente ha cambiado. Una mayoría -¿55%?- piensa ahora que no se debió intervenir, pero la cuestión de la retirada militar es peliaguda. El rey de Jordania decía esta semana en EEUU que la salida abrupta sería un error, y los tres candidatos a la Presidencia tienen posturas matizadas. El republicano McCain dice que no hay la menor prisa. En el lado demócrata, Hillary Clinton no la concluiría hasta 2013, y Obama habla de que lo hará en 16 meses, pero consultando primero a los jefes militares.

10) A diferencia de otros conflictos, como los de Kosovo y Afganistán, la Guerra de Irak fue ilegal porque no contó con el apoyo de Naciones Unidas. Formulada así la afirmación es una falacia. Bush, es impepinable, no consiguió una resolución aprobatoria del Consejo, tampoco hubo condena y esquivó finalmente a la ONU. La aprobación del Consejo a la guerra de Afganistán es también para muchos discutible y, ciertamente, nunca existió en el caso de Kosovo. Es generalmente aceptado que la intervención en Irak, a pesar de su denunciada endeblez, cuenta con una base legal mucho más sólida que la de Kosovo. En Irak, había unas 14 resoluciones del Consejo acusando a Sadam de incumplir las resoluciones de la ONU. En la última de ellas, se decretaba incluso que se le daba «una última oportunidad» y que si no la acataba «se atendría a las consecuencias».

He aquí la paradoja. Dos ocasiones en que se interviene militarmente al margen de la ONU: en una, Kosovo, la opinión pública aplaude o se calla; y en la otra, Irak, se levanta airada. En la calificación, la percepción pública juega más que la legalidad.

11) Los españoles se movilizaron masivamente por su pacifismo y por impedir un atropello. Bueno, el pacifismo español es encomiable, pero totalmente selectivo. Millones de personas se echan a la calle si el atropello puede ser atribuido a EEUU. Pocos se mueven, permanecemos totalmente indiferentes, ante otras tragedias internacionales con un número espantoso de muertos si no se ve la mano directa de Washington. ¿Cuánta gente se ha echado a la calle para protestar por el actual drama de Darfur? Aquí no hay manifestaciones. ¿Cuánta protestó cuando trascendió que en Ruanda habían sido asesinadas 800.000 personas en 100 días? Muy pacifistas, sí, pero a la carta.

Inocencio F. Arias es diplomático español y cónsul general en Los Angeles (EEUU).

PORTADAS de la PRENSA de HOY


Etiquetas:

domingo, 16 de marzo de 2008

CARTA DEL DIRECTOR | PEDRO J. RAMÍREZ: Nuestro Adlai Stevenson



CARTA DEL DIRECTORPEDRO J. RAMÍREZ
NUESTRO ADLAI STEVENSON

Cuando pocas semanas antes de las elecciones de 2004 presenté en un artículo a Rajoy como el candidato «mejor preparado» para llegar a La Moncloa -anticipando lo que habría de ser un apoyo en toda regla, idéntico al que EL MUNDO le ha prestado también en 2008-, Zapatero me mandó un correo electrónico, haciéndose el ofendido. Alegaba que me había decantado por su contendiente sin tan siquiera esperar a conocer su programa o escuchar sus propuestas de campaña.
En parte por corresponder al sincero esfuerzo que había hecho desde su llegada a la Secretaría General por normalizar las relaciones entre el PSOE y nuestro periódico y en parte por un afán de precisar y dejar las cosas en su sitio, le contesté que la batalla de las urnas no siempre la ganaba el «mejor preparado». Y le puse como ejemplo el caso de Adlai Stevenson, doble perdedor ante el general Eisenhower en las elecciones del 52 y el 56, sin imaginar hasta qué punto estaba anticipando lo que habría de suceder entre él y Mariano Rajoy.
Miembro de una familia de Illinois cuyo arraigo político en el noroeste se afianzó con la llegada de su abuelo a la Vicepresidencia de los Estados Unidos -el de Rajoy fue prócer de la derecha republicana gallega-, Adlai Stevenson tenía el mejor currículo imaginable para conquistar la Casa Blanca. Como en el caso del líder del PP su cursus honorem le había llevado a adquirir la impagable experiencia de ejercer altos cargos en tres departamentos de la Administración: Agricultura, Marina y Estado. En ninguno de ellos llegó al rango de ministro, pero mientras en Galicia Rajoy no pasó de número dos de la Xunta, él consiguió convertirse en gobernador de Illinois en representación del Partido Demócrata.
No fue el dedazo del presidente saliente Harry Truman el que le designó candidato a la Casa Blanca, pero sí el de la maquinaria del aparato del partido controlada desde Chicago por el boss Jake Arvey. En aquella época las primarias tenían mucha menos importancia para obtener la nominación y era en las habitaciones llenas de humo de la Convención donde los factotum regionales intercambiaban cromos y ponían y quitaban nombres como tratantes de ganado.
El gobernador Stevenson tenía entre sus virtudes un fino sentido de la ironía que a veces le hacía parecer frío y distante ante el gran público y entre sus defectos una cierta tendencia a la indecisión a partir de la cual sus adversarios lo describían como un tipo blando y pusilánime. No le llamaban Maricomplejines, pero por ahí le andaba.
Algunas de las anécdotas que se le atribuían casi parecían el estereotipo de los «chistes de gallegos». Entre la prensa circulaba la especie de que una vez que estaba a punto de intervenir en un acto preguntó si le daba tiempo de pasar por el cuarto de baño y cuando le dijeron que sí, planteó una nueva duda: «Oiga, ¿y usted cree que es necesario que yo vaya al cuarto de baño?». El a su vez se vengaba de quienes difundían episodios como este, explicando que «la labor de la prensa consiste en separar el trigo de la paja... y publicar la paja».
Adlai Stevenson recibió un legado envenenado que incluía el cansancio del electorado por la gestión de los demócratas y el rechazo a una guerra tremendamente impopular que no era la de Irak sino la de Corea. Enfrente se encontró con un Eisenhower con prestigio militar pero sin apenas experiencia política. Quienes pensaban que el avezado profesional con su abrumadora preparación e inagotables conocimientos iba a dejar pronto en evidencia al ingenuo recién llegado se encontraron con la sorpresa de que el artífice del Día D tenía una capacidad natural de conectar con los electores y un inteligente equipo de publicitarios dispuestos a explotar esa empatía. Aunque los atributos del general eran prácticamente los opuestos a los que ahora nos han vendido los estrategas del PSOE -también los tiempos eran muy distintos-, la simplicidad rayana en la tontería de aquel slogan «I like Ike» que de repente se adueñó de la nación es todo un antecedente de la «Zeta de Zapatero» con que hemos sido inmisericordemente flagelados.
El voto femenino y la televisión hicieron el resto. Aunque los debates no llegarían hasta el 60, la pequeña pantalla ya estaba en gran parte de los hogares norteamericanos dando paso a la cultura de la imagen. Mientras Eisenhower -o sea Ike- se dejaba querer por las cámaras con su rostro limpio y sonriente, la prominente calvicie de Stevenson realzaba su aire académico y severo. Muy pronto un columnista republicano le bautizó como el «cabeza de huevo» y con ese mote se quedó para siempre. A Eisenhower le bastaba repetir ideas muy básicas para que la televisión disparara su popularidad, mientras Stevenson se declaraba incómodo ante la mera idea de hablar para un auditorio al que no podía ver y consideraba poco menos que ofensivo que le pidieran que resumiera sus ideas en spots de medio minuto.
Hombre inteligente y perspicaz como pocos, él mismo era consciente de sus grandes dificultades para conseguir que le votara la América profunda. Cuando uno de sus seguidores, elogiando su programa y sus bien argumentados discursos, vaticinó que «cualquiera con dos dedos de frente tendrá que votar por usted», Stevenson no pudo reprimir su ironía desdeñosa y exclamó: «Sí, con todos esos ya cuento... Mi problema es que necesito llegar a la mayoría».
Tratando de contrarrestar esa mala fama de político aristocrático y alejado de la calle su equipo de campaña pretendió hacer de la necesidad virtud, dándole la vuelta a una embarazosa foto que le sacaron en un aeropuerto enseñando un agujero en la suela del zapato. Esa era la prueba, vinieron a decir sus asesores, de que Stevenson no era sino el esforzado hombre corriente que se olvida de todo lo que le concierne personalmente para entregarse a la causa de recorrer el país de punta a punta, desgastando sus zapatos en el polvo del camino en lugar de hacer poses con la uve de la victoria ante los reporteros gráficos. Para su desgracia también eso se le volvió en contra a través de una cascada de bromas fáciles: la campaña de Stevenson estaba tan agujereada como sus zapatos, cómo va a ocuparse del país quien ni siquiera es capaz de cuidar de sus zapatos, este hombre quiere devolvernos a los tiempos de la Gran Depresión en los que no había ni para comprar zapatos... etc, etc.
Siendo un hombre íntegro, bien preparado y cabal al que los suyos adoraban, Stevenson nunca fue capaz de aceptar su propia responsabilidad en las dos derrotas cosechadas. Siempre pensó que en el 52 perdió por el embolado que le había dejado Truman y en el 56 por el súbito empeoramiento de la situación internacional fruto de las simultáneas crisis de Suez y Hungría. Y puesto que sólo esas inesperadas circunstancias le habían impedido llegar a la Casa Blanca, bien podía y debía intentarlo una tercera vez. Cuando, con el apoyo de toda su vieja guardia encabezada por la viuda de Roosevelt, Stevenson se declaró dispuesto a luchar por la nominación también en el 60, todo fueron sonrisas, palmaditas en la espalda y buenas caras pero el stablishment del Partido Demócrata se percató de que tenía un problema.
Con todas las diferencias favorables a los Estados Unidos en lo que a la vida interna de los partidos políticos se refiere, esa misma es la hipocresía que en estos momentos impregna la actualidad del PP. Los mismos dirigentes que en público orquestan el rigodón del cierre de filas en apoyo al líder son los que en privado comentan que Rajoy se ha creído la versión de Arriola y su propio gabinete según la cual hace cuatro años sólo se perdió por el 11-M y sin el atentado de Mondragón del viernes, él habría ganado las elecciones del domingo. Y añaden que aunque es cierto que ahí se pudo ensanchar la distancia en casi un punto, lo que habría que preguntarse es por qué un crimen de ETA ayuda al Gobierno que negoció con la banda engañando a los españoles y no a la oposición a la que el tiempo ha dado trágicamente la razón. Y si la respuesta es que el terrorismo siempre provoca la solidaridad y el cierre de filas en torno al Gobierno que lo padece, entonces la cuestión es por qué eso no fue así en el 2004. Y si al final resulta que entonces y ahora se gestionaron mal las respectivas situaciones y se jugaron de forma errónea las bazas que iba proporcionando el destino, lo que queda es el vértigo de que pueda cumplirse el dicho de que no hay dos sin tres.
Con la misma claridad con que hemos pedido por dos veces el voto para las candidaturas encabezadas por Rajoy, con el mismo respeto hacia el político y aprecio hacia la persona que ha peleado con todas sus fuerzas por buena parte de las ideas que defendemos, EL MUNDO dijo en el editorial publicado el martes -es decir, en el exacto momento adecuado en todo proceso democrático- que a nuestro entender lo más conveniente para las expectativas del PP y para los intereses de sus electores y por lo tanto de casi la mitad de la sociedad española era afrontar la renovación de su imagen, su estrategia y su liderazgo.
También nosotros somos «previsibles» en lo que atañe a las formas de la democracia. Es la misma tesis del artículo El hombre que sólo tenía una bala, publicado en esta misma página el 3 de octubre de 2004 con ocasión de la clausura del Congreso que ratificó el designio sucesorio de Aznar: «O el que hoy será coronado nuevo presidente del PP gana las próximas elecciones generales, o ya puede ir quitándole el polvo al Registro de la Propiedad de Santa Pola».
No lo hemos planteado ni con ningún propósito de jugar el papel de king makers, ni en apoyo de ninguna alternativa concreta. Proponíamos un Congreso abierto a los distintos aspirantes, conocidos o no, y una decisión democrática de las bases como la que tan óptimo resultado le proporcionó al PSOE en el 2000. El reflejo defensivo verbalizado por Gallardón durante el Comité Ejecutivo del día siguiente, alegando que el rumbo del partido no debía marcarse «desde fuera» -como si tuviera importancia quién es el primero en decir en voz alta lo que tantos piensan-, sólo es una prueba más de hasta dónde puede llegar la endogamia de una organización que se proclama abierta a la sociedad pero en la que todo fluye de arriba hacia abajo y nada de abajo hacia arriba.
En todo caso lo esencial no es eso, sino los argumentos esgrimidos por Rajoy para alegar que «lo mejor para España y para el PP» es que él continúe en el cargo, él vuelva a ser por tercera vez candidato a La Moncloa y no haya por lo tanto más renovación durante estos cuatro años que la que él mismo pilote. Dejando al margen tanto el elemento providencialista como el espejismo de que será ahora cuando pueda formar su «propio equipo», como si después de haber sido rehén de Aznar en el 2004, lo hubiera sido de Acebes y Zaplana en el 2008, lo que de verdad queda es la comparación con el tercer y el cuarto presidentes de la democracia.
Es verdad que González también perdió dos veces antes de llegar a La Moncloa, pero entre su primera derrota (julio del 77) y la fecha de su elección (octubre del 82) sólo transcurrieron cinco años y tres meses. Tras la segunda derrota, a pesar de que había dejado tambaleándose a Adolfo Suárez, González echó un órdago de tal calibre al statu quo de su propio partido que perdió un Congreso y abandonó temporalmente el cargo. Sólo tras esa catarsis convenció a los españoles de que el viejo socialismo marxista había sido sustituido por un proyecto adecuado para el cambio sin riesgos.
Es verdad que Aznar también perdió dos veces antes de llegar a La Moncloa, pero entre su primera derrota (octubre de 1989) y su amarga pero determinante victoria (marzo de 1996) sólo transcurrieron seis años y cinco meses. A diferencia de lo que ha ocurrido ahora su segundo asalto al poder se saldó en el 93 con una reducción en nada menos que 50 escaños -34 que ganó el PP, 16 que perdió el PSOE- de la distancia que le separaba de un González que se quedó, acosado por la sombra de la corrupción y el crimen de Estado, con sólo 159 diputados, a expensas de lo que todos percibíamos como una corta legislatura de transición.
Nada de esto sucede en la actualidad, pues el avance del PP ha sido tan exiguo como estéril. Vayan como vayan la economía, la lucha antiterrorista o los conflictos territoriales, Zapatero no va a tener problema alguno para llegar a 2012. Tiene margen pues para remontar cualquier escenario que con otro resultado electoral le pondría contra las cuerdas. De ahí que el único horizonte atractivo que les quedaba a los populares para estos cuatro años fuera la apertura de un decidido proceso de renovación, orientado a ampliar su base social con el objetivo de pelear no por una apurada victoria supeditada una vez más a CiU y al PNV, sino a conquistar algo parecido a la mayoría absoluta del 2000 para poder entrar en el fondo de los problemas que afectan a las reglas del juego del sistema constitucional.
Eso es lo que Rajoy acaba de zanjar de plano, abocándonos a una legislatura en la que la impotencia ante la ocupación de las instituciones por el PSOE y sus socios -ya verán lo que va a ocurrir con la Justicia- ni siquiera podrá encontrar el alivio de la ilusión en torno al proceso de germinación de una nueva alternativa. No le arriendo la ganancia a medida que su electorado vaya descubriendo que sólo le quedará aquietarse o recurrir al pataleo.
El Partido Demócrata impidió en 1960 a Adlai Stevenson intentarlo por tercera vez, decantándose por el ticket Kennedy-Johnson -fruto del inesperado pacto entre los dos principales aspirantes a la sucesión- que a la postre recuperó el poder. Nadie puede descartar que en el PP pueda ocurrir algo parecido hacia mitad de legislatura, pero quien lo intente siempre deberá hacer frente, además de a los obstáculos naturales que impiden el progreso de las cosas, a la actitud retadora de la briosa diputada que con los brazos en jarras y lo suficientemente alto como para que se la oyera lo más posible, defendía poco antes del inicio del Comité Ejecutivo del martes a su santo y su limosna, poniendo en su sitio a la figura percibida como una amenaza para la economía familiar: «Esa es una hija de puta y a ver si tiene ahora cojones para presentarse». En fin que, como bien ha dicho, el propio Rajoy, señoras y señores, «esto es lo que hay». La próxima semana, hablaremos del Gobierno.
pedroj.ramirez@el-mundo.es

Etiquetas:

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis

Visitor Map
Create your own visitor map!