
LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Navarra en el punto de mira
Todo el tinglado de la construcción nacional vasca se desmorona sin Navarra. Sin Navarra, no hay masa crítica, ni territorio, ni despensa, ni siquiera justificación racial, ya que es en Navarra donde los historiadores sitúan el solar ancestral de los vascones, y no en Guernica, como les gustaría a muchos. Navarra es la pieza a cobrar. La piedra angular. La clave de todo. De ahí que tanto el nacionalismo democrático como ETA tengan puestos sus ojos voraces en ella, cada cual a su manera pero con un mismo empeño: tragársela de un bocado. No es casual que las ofensivas política y terrorista que sufre este viejo reino coincidan en el tiempo. Ambas persiguen convencer a la sociedad navarra de los beneficios de integrarse en esa gran Euskal Herria (que, desde anteayer, cuenta ya con banco propio tras la fusión de las cajas) en la que siempre luce el sol y los ríos manan leche. Unos, los de la capucha, colocan coches bomba en la Universidad a fin de sembrar el pánico e inducir al desistimiento, mientras otros, desde los despachos, siembran de cizaña el campo adversario para así diezmar sus filas. Lo incomprensible, lo inexplicable, lo inaceptable, lo lamentable, es que quienes deberían mostrar un frente más compacto que nunca ante este formidable embate anden sumidos en rencillas mezquinas.
Cuando el envite es tan sustancial como en el caso que nos ocupa, hay que exigir grandeza de miras e inteligencia a quienes tienen la responsabilidad de representarnos. Navarra no puede írseles de las manos como si tal cosa. Es evidente que Miguel Sanz ha traicionado al PP para venderse al PSN por la poltrona de presidente. En caso contrario no habría mostrado tanto interés en escenificar sus afrentas hasta obligar a Rajoy a dar por roto el pacto que mantenía con UPN. Dicho lo cual, un problema de esta envergadura no se arregla «vistiéndose por los pies», sino afrontándolo con tiempo y estrategia. Hace meses que el líder de la oposición debería haber previsto esta contingencia y empezado a preparar la respuesta, en vez de meter el expediente en un cajón y confiar en que se resolviera por sí solo. Desde el mismo momento de la proclamación de Sanz, merced a la clemencia socialista, los fontaneros de Génova tendrían que haber encontrado el modo de justificar o minimizar la abstención de sus diputados en la votación de los Presupuestos, porque lo que ha ocurrido con la ruptura es exactamente lo que pretendía Blanco con su trampa. Ahora el centro derecha español anda a la greña y el nacionalismo vasco afila los dientes, con la ayuda inestimable del PSOE... Una vez más.
DE GOLPE
FERRER MOLINA
La reina transparente
Las manifestaciones de Doña Sofía no han dejado indiferente a nadie: ni a los monárquicos, ni a los republicanos, ni a ese 60% de españoles a quienes, según las encuestas, la Corona no les hace ni fu ni fa. Esa extraordinaria repercusión no se debe al contenido en sí de las declaraciones, sino a que éstas se centren en asuntos que están vivos, saltando aún en la sartén. Es decir, lo relevante no es que la Reina haya hablado -lo hizo antes en múltiples ocasiones y se han publicado varias biografías-, sino que haya tomado partido. De hecho, el retumbo hubiese sido el mismo si se hubiera pronunciado a favor de los matrimonios gay y de la eutanasia. Cabe ahora alejarse unos pasos de la humareda y preguntarse dos cosas. ¿Beneficia esta polémica a la institución? Y, segundo: si ante determinadas cuestiones Doña Sofía no ha dicho esta boca es mía en 35 años, ¿por qué ha decidido cambiar de criterio?
Respecto de la primera, parece obvio que la Casa del Rey piensa que no conviene la batahola. De ahí que adujera con nocturnidad y torpeza, cuando la primera edición del libro de Pilar Urbano se desparramaba ya en los estantes de El Corte Inglés, que los entrecomillados de la soberana son inexactos. No tengo claro que La Zarzuela esté en lo cierto. Es probable que los republicanos hayan encontrado argumentos para reafirmarse en su republicanismo, que los realistas acaben encontrando los suyos para afianzar su monarquismo, y que el resto, la mayoría, no vaya a adherirse después de todo a una u otra militancia. Es harto elocuente, en este sentido, que 48 horas después de abierto el debate, el 75% de los internautas de elmundo.es estén a favor de que la Reina opine sobre asuntos de cualquier índole.
Si alguien ha quedado en evidencia ha sido Alberto Aza, el jefe de los mosqueteros. O no se leyó el libro o habiéndolo hecho no calibró el eco de esas páginas. Es amarga, pero inevitable una vez más, la comparación con D'Artagnan Fernández Campo.
Pero -y vamos al segundo interrogante-, ¿por qué se sincera la Reina tras siete lustros de exquisita prudencia, de silencios y de palabras medidas al milímetro? De entrada, no es creíble que Doña Sofía, una profesional del trono, ignorase la trascendencía de lo que hacía. Es probable -sólo probable-, que a estas alturas de su vida haya querido que la conociésemos mejor. Quizás ha considerado que ha llegado el momento de dejar de ser transparente, neutra, casi invisible; desmitificar esa imagen de mujer rigurosa y fría. Tal vez se ha propuesto que sepamos que corre sangre por sus venas. Doña Sofía ha sido y es una reina admirada y respetada, más que querida. Lógico, dado que sólo se puede apreciar a quien se conoce.
Muchos españoles han proclamado durantes estos años su fe juancarlista y acaso sea oportuno que empiecen a asomar los sofistas. Porque seguramente la Reina ha acertado equivocándose. Por fin, nos ha dado razones para quererla o repudiarla.
SABATINA SABATICA
MANUEL HIDALGO
Autonomía
Autónomo es, según el diccionario y el atinado entender, quien no depende de nadie. En estricto rigor, autonomía e independencia son la misma cosa. Los españoles, sin embargo, nos hemos dado un modelo de Estado que consagra la autonomía como algo distinto de la independencia, lo que da lugar a un sinfín de problemas, al menos tan abundantes como el sinfín de soluciones a lo que también da lugar. Lo que sucede es que las soluciones tienen que ver con un determinado campo de problemas, mientras que los problemas atañen a un campo sin soluciones. Al menos, sin soluciones fáciles. En realidad, todos sabemos lo que queremos decir cuando, en lo político, distinguimos entre autonomía e independencia, pero el caso es que lo decimos mal porque esa distinción es, en verdad, inexistente. Distinguimos, pues, entre lo indistinguible. Lo que queremos decir -aunque esté mal dicho- es el reflejo de lo que queremos hacer y lo que queremos hacer encierra una contradicción: queremos ser autónomos, pero dependientes.
Para superar esta contradicción-que en realidad es insuperable- recurrimos, de un modo u otro, a un pacto: en tal y tal cosa seremos autónomos, en tal y tal otra seremos dependientes. Los líos vienen cuando los pactos no se interpretan de igual modo por las partes o cuando las partes no cumplen de igual modo los pactos.
Pero esto no ocurre solamente en el terreno de la política y, más concretamente, en el terreno de la política española, esto sucede en la vida misma a cada rato.
Algún periódico hablaba ayer de divorcio entre los populares y los regionalistas navarros. Divorcio, ruptura del matrimonio, fin del amor. La pareja está montada sobre la misma contradicción: necesidad de autonomía e independencia y necesidad del otro.
Te quiero, te necesito. Con estas palabras cuajan los romances. Después viene la necesidad de autonomía: mis cosas, mi espacio, mi tiempo. Y llega la infidelidad al pacto, la distinta interpretación de lo pactado, el distinto cumplimiento de lo acordado. Y, a la corta y a la larga, casi siempre, en la pareja y en todo, hay una parte más dependiente y otra más independiente. Suele ser cuestión de personalidad y de intereses. Los intereses comunes, proclives a ser la materia del pacto, no excluyen -no incluyen, se puede decir también- la existencia de los intereses particulares. Y ahí andamos, en la política y en la vida, en la tensión creativa entre estar con el otro, tirar por libre y, eventualmente, volver al redil. Al mismo o a otro.
Y pasa igual en la familia, en la casa de vecinos, en cualquier grupo o colectivo. Es el tema -uno de los grandes- de la vida, conciliar -dosificar, calibrar- la necesidad de religarse al otro y la necesidad de estar al margen del otro. Es una de las caras de la compleja vivencia del deseo de libertad frente a la vinculación, también deseada o debida al otro. En la vida no es fácil manejarse, ni en la teoría ni en la práctica. En la política, tampoco. Salvo para los editorialistas, que todo lo tienen claro.
ASUNTOS INTERNOS
LUCIA MENDEZ
Reina y persona
El gran psiquiatra austriaco Victor Frankl, cuyo pensamiento ha creado escuela, estudió a fondo las distintas etapas de la vida de las personas. En sus libros llenos de sabiduría, describe la vejez como la edad de la «noética». A partir de los 70, más o menos, los hombres y las mujeres han hecho ya su análisis existencial, se aceptan como son, hacen cosas que siempre quisieron hacer pero nunca pudieron. En definitiva, intentan vivir de acuerdo consigo mismos.
A punto de cumplir 70 años, la Reina de España se encuentra ya en esa etapa y ha hecho lo único que nunca pudo hacer en la vida: opinar sobre lo divino y lo humano. Sus confidencias a Pilar Urbano han causado estu-por general porque Doña Sofía era hasta el momento una figura esculpida en cera dentro de la cual no había una persona, sino una Reina. Como figura de cera era perfecta. Tanto en los actos públicos como en las recepciones. No contaba chistes verdes como su marido, el Rey, no era tan campechana, ni opinaba de política. Siempre impecable bajo el maquillaje, se le atribuía una dureza heredada de sus antepasados alemanes.
Su vida no ha sido un cuento de hadas. Educada para ser princesa, fue expulsada de palacio junto a su familia y se pasó media existencia buscando un lugar en el mundo. Cuando creyó haberlo encontrado en España al lado de Juanito, su marido, tuvo que aguantar a la familia Franco. Una vez en el trono, ha mantenido un silencio sepulcral, a pesar de que su vida matrimonial y familiar no ha sido precisamente un lecho de rosas.
Durante sus 70 años, ha visto transformarse el mundo de arriba a abajo. Ha contemplado cómo las mujeres -las demás- conquistaban su propia vida. Ha asistido a la transformación de la televisión en una máquina de picar carne contra su familia. Los hijos se fueron de casa y se quedó más sola que la una en palacio con sus perros, porque el Rey siempre fue un espíritu libre. Nunca dejó traslucir sus emociones. Acordémonos de la sorpresa que despertaron sus lágrimas en el entierro de su suegro, Don Juan de Borbón.
Ahora la figura de cera se ha derretido y ha aparecido una señora de carne y hueso, incluso católica, ¡oh sorpresa!. El cuento ha cambiado mucho, tanto como el mundo.Ya sé que es duro descubrir que los Reyes Magos son los padres y que las monarquías las encarnan personas que tarde o temprano, se comportan como tales. O sea, como una mujer de 70 años educada en los años 40 y 50 del siglo pasado.
La Reina ha hecho su análisis existencial. Los gays se han enfadado -como es lógico- porque ironiza sobre sus carrozas y la Casa Real se ha alarmado por la repercusión de las opiniones de Doña Sofía, haciendo público un comunicado sin precedentes.
Yo comprendo a la Reina. Me cae bien. Quiere ser humana y tiene derecho a serlo. No me cuadra que haya elegido a Pilar Urbano como confidente. Pilar es una periodista de raza -y del Opus-, pero parece esa compañera cálida y entrañable con quien confesarse delante de un chocolate con picatostes.
ERASMO
La Reina I
Celebran así el LX Aniversario de la Declaración de Derechos Humanos. First: trampa para osos. Second: la amordazan. Mas ella es, primero: ser humano (Artículo 1º). Dos: mujer (Artículo 2º). Y tres, Reina (Artículo 19º): repiten, majaderos, la consigna política totalitaria, piden ¡el silencio! para poetas, de Marcos Ana (Franco) a Raúl Rivero (Castro). En lugar de empeñar vida y pesebres por Su derecho a la palabra y
VIDAS PARALELAS / REINA SOFIA / MARIA ANTONIETA DE AUSTRIA
PEDRO G. CUARTANGO
Antes de la Revolución
Quien no haya conocido los tiempos de antes de la Revolucion, no sabe lo que es la dulzura de vivir. (Talleyrand)
Reinaron muy lejos del lugar donde habían nacido, eran hijas y nietas de reyes, vivieron tiempos turbulentos, asistieron a grandes cambios políticos y tuvieron que madurar para poder sobrevivir en circunstancias adversas.
María Antonieta, de Austria, archiduquesa e hija predilecta de la emperatriz María Teresa, murió en el cadalso tras sufrir la ejecución de su marido, Luis XVI.
Sofía, reina de España, quedó marcada por la traumática experiencia de la pérdida del trono y la expulsión de su tierra natal de su hermano Constantino, el último rey de Grecia.
Stefan Zweig escribe que María Antonieta era una joven normal y agradable a la que el destino obligó a asumir un papel trágico. Lo mismo podría decirse de la Reina de España.
La tragedia de María Antonieta, jamás aceptada por la Corte francesa, fue su incapacidad para entender el cambio histórico que se estaba generando en las calles de París.
La reina contemplaba desde los ventanales de palacio a una turba desafiante y grosera que amenazaba a la autoridad real sin respetar los principios a los que ella había consagrado su vida.
¿Qué debió sentir aquella mujer al ver a la plebe exhibir la cabeza de la princesa de Lamballe, su mejor amiga, clavada en una pica, o el asalto a las Tullerías en la jornada del 10 de agosto?
Sofía de Grecia, como Talleyrand y María Antonieta, también añora aquella sociedad de l'ancien régime, en cuyos principios fue educada, a juzgar por sus declaraciones en el libro de Pilar Urbano.
Por eso, habla de una ley natural que está por encima de las leyes civiles y del principio de soberanía popular que defendían los jacobinos en 1791.
Ni es feminista, ni le gustan los homo-sexuales, ni está de acuerdo con la eutanasia y el aborto, aunque se alegra de que «un negro» como Obama pueda llegar a presidente de EEUU.
Sofía de Grecia también ha debido sufrir mucho a lo largo de estos años al presenciar unos cambios que iban contra lo que ella siempre había creído inscrito en el orden de las cosas.
Sus declaraciones la engrandecen porque muestran ese lado trágico que hasta ahora nos había pasado desapercibido, lo mismo que María Antonieta se elevó a un grado moral superior cuando se enfrentó a Fouquier Tinville y sus verdugos en el tribunal revolucionario que la condenó a muerte.
Como decía Zweig, el problema de ambas es no haber nacido en el momento adecuado. Hubieran sido mucho más felices en tiempos menos turbulentos, como princesas educadas para serlo y parecerlo. Pero nadie elige su fecha de nacimiento y los reyes, tampoco.
«Es en la desgracia cuando se siente lo que uno es», escribió la reina de Francia en su prisión. La niña caprichosa que correteaba por los pasillos de Schönbrunn se había convertido en una gran mujer. Las declaraciones de Sofía reflejan lo que ha aguantado en un digno silencio que ha decidido romper para que quede constancia de su rebelión contra un siglo que no entiende.
EL MUNDO QUE VIENE
RAJENDRA PACHAURI
«La responsabilidad humana en el cambio climático es un hecho tan demostrado como la Ley de la Gravedad» EL SABIO INDIO, QUE PRESIDE EL PANEL DE EXPERTOS SOBRE EL CAMBIO CLIMATICO DE LA ONU Y COMPARTIO EL NOBEL DE LA PAZ CON AL GORE POR SU CONTRIBUCION A LA LUCHA CONTRA EL CALENTAMIENTO GLOBAL, CREE QUE A LA HUMANIDAD LE QUEDA POCO TIEMPO PARA AFRONTAR ESTA AMENAZA CON EXITO
PABLO JAUREGUI
CARGO: Director del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) de la ONU / EDAD: 68 AÑOS / FORMACION: Ingeniería industrial y Empresariales / AFICIONES: Disfrutar de la naturaleza / CREDO: Hinduismo / SUEÑO: Que la Humanidad aprenda a respetar su hogar planetario y sea capaz de detener el calentamiento global
«Todo el Universo es una familia». Con este proverbio hindú comenzó el discurso que Rajendra Pachauri pronunció al recibir el Premio Nobel de la Paz en diciembre de 2007 junto al ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, por impulsar la lucha mundial contra el calentamiento global. Para este sabio indio que dirige el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU (IPCC), en el que participan más de 2.500 científicos de todo el planeta, cada día es más urgente que toda la familia humana se una para afrontar esta amenaza global con éxito.
Frente a los que siguen cuestionando la realidad del cambio climático y consideran un despilfarro que se gaste dinero en buscar estrategias eficaces para detener este fenómeno, Pachauri considera que el calentamiento global es un hecho absolutamente incuestionable y que la actual crisis económica no puede ser una excusa para cerrar los ojos ante el problema. Este fue el mensaje fundamental que el director del IPCC quiso transmitir en su reciente visita a España, cuando junto con Al Gore participó en Sevilla en el encuentro Cambio Climático: Conciencia y Acción, organizado por la Fundación Biosfera y The Climate Project Spain, la rama española del proyecto de educación ambiental impulsado por el ex vicepresidente de EEUU. Tras pronunciar una conferencia ante el ejército verde de Gore en nuestro país, Pachauri aceptó dialogar con EL MUNDO.
PREGUNTA.- ¿Cómo de grave es la amenaza del cambio climático? ¿Hemos alcanzado un punto de no retorno o estamos a tiempo de detenerlo?
RESPUESTA.- Los impactos del cambio climático no son, ni van a ser, uniformes en todo el planeta. Algunas zonas del mundo son especialmente vulnerables y quizás en su caso ya se ha alcanzado un punto de no retorno. El pasado verano visité el archipiélago de Kiribati, en el Pacífico Sur, y su presidente me dijo que, para finales de este siglo, la población de estas islas tendrá que ser evacuada debido al aumento del nivel del mar. Esto para mí es la mayor tragedia imaginable: la desaparición de un país entero. Yo creo que tenemos que fijarnos en las zonas del planeta que van a sufrir o ya están sufriendo el impacto más grave del cambio climático, y comprobar si allí ya se ha cruzado un punto de no retorno.
P.- ¿Pero aún estamos a tiempo de evitar tragedias tan graves como la de Kiribati si reducimos las emisiones contaminantes?
R.- Desde luego, creo que los escenarios más dramáticos sólo se producirán si continuamos con una actitud pasiva de business as usual, y no hacemos nada para remediarlo. Pero estoy convencido de que la sociedad humana tiene el poder y la capacidad para lograr una transformación radical. Si somos capaces de estabilizar, e incluso reducir, la concentración de CO2 en la atmósfera, es probable que incluso las regiones más amenazadas puedan sobrevivir.
P.- Y en España, ¿cómo será el impacto?
R.- Creo que en el caso español existe una grave amenaza de escasez de agua, ya que los niveles de precipitaciones están cambiando, y en toda la región mediterránea se prevé mucha menos lluvia. Además, el aumento de temperaturas provocará al mismo tiempo una mayor demanda de agua en un momento en el que las sequías serán cada vez más graves. La agricultura también se verá amenazada por este mismo motivo, y se necesitará más energía para afrontar la demanda creciente de aire acondicionado, lo cual obstaculizará la posibilidad de reducir emisiones. En definitiva, España es un ejemplo claro de un país vulnerable que tendrá que adaptarse al impacto del cambio climático, y por lo tanto debería liderar la batalla para disminuir las emisiones contaminantes.
P.- ¿Qué medidas deben adoptarse en la próxima gran cumbre mundial del clima que se celebrará en Copenhaguen en 2009 para establecer un Kioto II?
R.- Como mínimo, debemos especificar los compromisos que se propusieron en la hoja de ruta de la cumbre de Bali celebrada el pasado diciembre, donde se habló de «reducciones profundas» de emisiones, sin detallar las cantidades concretas. Yo espero que los gobiernos del mundo tengan el coraje de comprometerse a establecer reducciones de entre un 25 y un 40% antes de 2020. Si lo logramos, entonces tengo la esperanza de que la Humanidad progresará en la dirección adecuada.
P.- Sin embargo, en el último Consejo Europeo, el rechazo de Italia y de los países del Este ha paralizado el plan de reducción de emisiones de la UE. ¿No teme que estas divisiones pongan en peligro la lucha contra el cambio climático que hasta ahora ha liderado Europa?
R.- Espero que no, y además creo que el presidente Sarkozy está manejando muy bien todo el proceso de negociaciones. Sin embargo, no se puede negar que estamos viviendo tiempos difíciles, y la propia UE es un experimento extraordinariamente complejo en el que hay que poner de acuerdo a muchos países diversos. La situación, por lo tanto, no es fácil, pero confío en que una vez que la situación económica se estabilice, los líderes europeos tengan la valentía de especificar lo que debe hacerse. Buena parte de los problemas que padecemos se debe a una política energética mundial totalmente insostenible. No debemos cerrar los ojos a esta realidad porque si lo hacemos, el problema se agravará cada vez más. Por eso mismo necesitamos un liderazgo fuerte, y considero que la UE tiene la capacidad de hacer comprender a la gente que no podemos ignorar este problema ahora simplemente porque estamos sufriendo problemas económicos. La crisis no puede ser una excusa para dejar de actuar.
P.- ¿Y Estados Unidos? ¿En qué medida cree que la llegada de un nuevo inquilino a la Casa Blanca puede cambiar la postura norteamericana ante el cambio climático?
R.- Todo parece indicar que Obama va a ganar las elecciones, aunque nunca se sabe lo que puede pasar. Si finalmente se produce la victoria que las encuestas predicen, creo que será una excelente noticia, porque Obama ha manifestado su intención de lograr que EEUU se independice del suministro de petróleo procedente de Oriente Próximo en una década. Si ésa es su visión, me parece magnífico, aunque ya veremos si una vez que asuma el cargo, será capaz de cumplir este compromiso. De momento, lo que ha dicho en la campaña suena muy bien, y confío en que si gana las elecciones, se convertirá en el líder que el mundo necesita para afrontar adecuadamente la lucha contra el cambio climático.
P.- ¿Y si gana McCain?
R.- Pues la verdad es que él también ha sido un candidato muy proactivo en el terreno del cambio climático, aunque es verdad que ha defendido la necesidad de continuar realizando prospecciones de petróleo en territorio estadounidense. Creo que McCain tendrá una mentalidad abierta si se convierte en presidente, aunque probablemente esté más influenciado por las compañías petroleras que Obama.
P.- Otro de los grandes desafíos es lograr que los países emergentes, como China y su propio país, la India, también se impliquen en la lucha contra el cambio climático. ¿Cómo puede lograrse este objetivo?
R.- La realidad es que durante todos estos años, los países en vías de desarrollo deberían haber empezado a tomar medidas, pero no lo han hecho. En los países en vías de desarrollo, como la India, las emisiones per cápita apenas alcanzan 1,1 toneladas. En el caso de EEUU, llegan hasta 20 toneladas. Hay 400 millones de indios que no tienen acceso a la electricidad. ¿Debemos permitir un mundo dividido entre privilegiados y desposeídos? Por supuesto que no, así que lo primero que tenemos que hacer es permitir a los países en vías de desarrollo que alcancen un nivel razonable de bienestar, y si para lograrlo, usan carbón y petróleo, me parece lógico hasta cierto punto. Sin embargo, también existen proyectos muy interesantes para introducir energías renovables en estos países que demuestran que hay alternativas.
P.- ¿Hasta qué punto cree que las energías renovables pueden resolver el problema, y en qué medida considera que es necesario recurrir a la energía nuclear?
R.- Creo que necesitamos ambas estrategias. No estoy a favor de la energía nuclear en todos los países, porque para esto es necesaria una cierta infraestructura institucional, capacidad tecnológica y una disciplina estricta de regulaciones para garantizar su seguridad. En este sentido, está claro que no todos los países pueden desarrollar la energía nuclear.
P.- ¿No está de acuerdo, entonces, con las tesis de James Lovelock, quien considera que la energía nuclear es la única estrategia viable para afrontar la amenaza del cambio climático?
R.- En absoluto, me parece una visión muy limitada. Creo que Lovelock debería analizar en serio el potencial de las energías renovables, que es enorme. Las renovables pueden aportarnos buena parte de la solución. Lo que necesitamos es una combinación de todo, y como ya le he dicho, no todos lo países pueden adoptar la estrategia nuclear, así que necesitamos flexibilidad para ofrecer un amplio abanico de alternativas que se puedan elegir para satisfacer las necesidades energéticas de cada población.
P.- ¿Y qué opina de los biocombustibles? ¿Son una solución o un problema, debido a su impacto sobre la disponibilidad y el precio de los alimentos?
R.- Lo que hemos hecho hasta ahora con los biocombustibles, al derivarlos de cultivos útiles para la alimentación, me parece una estupidez. Es evidente que esto ha sido un grave error, porque vivimos en un mundo en el que todavía hay muchas personas muriéndose de hambre. Así que era inevitable que esta estrategia redujera el acceso a algunos alimentos, y provocara una fuerte oposición en buena parte del mundo, que ha visto cómo se le quitaba comida del plato para fabricar biocombustibles. Por lo tanto, esta estrategia sólo me parece aceptable si avanzamos a una segunda generación de biocombustibles derivada de cultivos que no se utilizan para la producción de alimentos, como la celulosa.
P.- ¿Pero nos queda tiempo para desarrollar todas estas nuevas estrategias energéticas antes de que sea demasiado tarde?
R.- Nos queda muy poco tiempo, y tenemos que empezar a reducir las emisiones contaminantes antes de 2015, como muy tarde. Esto implica que tenemos que lograr mejoras en la eficiencia energética, aumentar de forma muy considerable el uso de energías renovables y reestructurar todo el sistema económico, de tal manera que aquellas actividades que utilicen de forma intensiva los combustibles fósiles sean sustituidas por otras actividades menos contaminantes. En definitiva, tenemos que empezar a cambiar nuestro comportamiento como individuos, porque nos hemos vuelto terriblemente irrespetuosos con nuestro propio planeta.
P.- Recientemente usted ha recomendado a la gente que reduzca su consumo de carne como medida individual para combatir el cambio climático. ¿Por qué?
R.- Yo siempre digo a todo el mundo que coma menos carne, porque esto es bueno no sólo para la salud del organismo, sino también para la del planeta. Hoy existe abundante evidencia médica que demuestra que el exceso de carne es perjudicial para la salud, e incluso se ha vinculado con algunos tipos de cáncer. Pero, además, también sabemos que la industria de la carne tiene un grave impacto sobre el cambio climático, debido a las emisiones provocadas por la ganadería intensiva.
P.- ¿Qué otras cosas podemos hacer en nuestra vida cotidiana para contribuir a la lucha contra el calentamiento global?
R.- Sobre todo, tenemos que aprender a usar el transporte de forma más sensata. Siempre que podamos caminar, coger una bici o usar el transporte público, hagámoslo en vez de coger el coche. Y cuando compremos un vehículo, busquemos uno eficiente en vez de un todoterreno.
P.- ¿No le parece paradójico que el llamado Homo sapiens, el animal inteligente, sea también el más autodestructivo, ya que puede destruir su propio planeta?
R.- Es cierto, pero como dijo Gandhi, la verdad y la no violencia deben ir juntos. La verdad es el conocimiento: tienes que entender las consecuencias que van a provocar tus acciones en cada pequeña porción de la naturaleza. Y la no violencia quiere decir que no puedes ser un depredador o un propietario de la naturaleza, sino que debes percibirte a ti mismo como un humilde servidor de la Tierra. No sé como podemos lograr esta transformación cultural, porque hay lugares en el mundo que consideran que todo lo que nos da la naturaleza podemos explotarlo como nos dé la gana. Si tomáramos conciencia de la santidad de la naturaleza y nos diéramos cuenta de lo importante que es preservarla y respetarla, no seguiríamos comportándonos de esta manera.
P.- ¿Lo que necesitamos, entonces, es sobre todo un cambio de mentalidad?
R.- Desde luego, necesitamos un cambio de valores a una escala global masiva, una verdadera revolución cultural, pero no sé si seremos capaces de lograrlo.
«Me duele cuando veo a la gente despreciar a la naturaleza»
¿Qué medidas ha tomado usted en su propia vida para luchar contra el cambio climático?
- Pues la verdad es que viajo constantemente en avión y esto implica que contribuyo mucho a la contaminación, pero espero que se vea compensado por el hecho de que puedo ayudar a cambiar la mentalidad de la gente. Además, si me permite una pequeña broma, como soy hindú, se supone que creo en la reencarnación, así que espero vivir otras vidas en las que procuraré reducir mi huella de carbón (risas).
Al recibir el Nobel de la Paz, citó un proverbio hindú que dice que «todo el Universo es una familia». ¿Cómo le ha influido su formación religiosa en su actividad como líder de la lucha contra el cambio climático?
- La verdad es que tuve una formación muy liberal. Mi educación primaria fue en colegios católicos, y todos los días tenía que ir a misa. Así que conozco muy bien los textos sagrados del cristianismo, y al mismo tiempo mis mejores amigos han sido musulmanes. Nací en una familia hindú, pero mis padres eran personas de una mentalidad muy abierta, y siempre me enseñaron a tener respeto por todas las creencias.
¿De qué manera le ha ayudado su infancia y juventud en la India en su responsabilidad actual al frente del IPCC?
- Quizás lo que más me ha influido es el hecho de que nací en Nainital, una preciosa ciudad en la montaña, donde descubrí la belleza de la naturaleza que me rodeaba por todas partes. Supongo que esto es algo que te penetra el alma y que nunca pierdes. Por eso me duele y me entristece tanto cuando veo que la gente desprecia y despilfarra todas las riquezas naturales que hemos heredado.
Supongo que ahora las exigencias de su trabajo le dejan muy poco tiempo para disfrutar de la naturaleza...
- Es cierto, tengo muy poco tiempo, pero siempre que puedo, incluyendo cuando viajo a otros países, intento disfrutar aunque sea unas pocas horas de la belleza de los espacios naturales, porque siempre es lo que más me ayuda a recargar las pilas.
¿Cuál sería su sueño para el futuro de la Humanidad?
- Me gustaría ver un mundo en el que hubiéramos restaurado todo lo que hemos destrozado en la Tierra, donde los hogares en los que vivimos y los sistemas de transporte que utilizamos fueran respetuosos con el medio ambiente, y donde valorásemos el impacto ambiental de cada una de nuestras acciones. Si lográramos esta transformación en nuestro sistema de valores, todo lo demás se arreglaría.
LA CUESTION
- ¿Qué opina de los escépticos que siguen cuestionando el hecho de que el cambio climático sea un fenómeno provocado por el ser humano, y afirman que se trata de un ciclo natural?
- Desconocen por completo la abundante investigación que demuestra esta realidad, y se dedican a lanzar opiniones sin fundamento científico. Le aseguro que si analizas los datos de los últimos 100 años, y tienes en cuenta sólo la influencia de factores naturales, como la actividad solar o la volcánica, no puedes explicar el aumento de temperaturas que se ha registrado. Esto sólo es posible si incorporas el factor humano, es decir, las emisiones contaminantes. La evidencia es cada vez más abrumadora, y el número de escépticos es cada vez menor, aunque hagan mucho ruido porque ven que la opinión pública no está de su lado, y algunos están sobornados por grupos de presión. Pero la realidad es que la responsabilidad humana en el cambio climático es un hecho tan demostrado como la Ley de la Gravedad.
TRIBUNA LIBRE
GUILLERMO FESSER
'Halloween' español: tradiciones de ida y vuelta
Se arraiga en España la celebración de Halloween y, mientras los más pequeños parecen sumarse a la fiesta entusiastas, no faltan entre los adultos quienes se preguntan con cierto disgusto qué diantres pinta este espectáculo de Hollywood entre nosotros. Incluso, el director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española, Joan María Canals, ha manifestado hace unos días que Halloween «no es inocente, pues tiene un trasfondo de ocultismo y de otros tipos de corrientes que dejan su huella de anticristianismo».
Por ello e, independientemente de que a unos les llame más la atención que a otros el festejo, me veo en la obligación de aclarar que Halloween es nuestro. O, mejor dicho, que lo fue. Tanto como Gibraltar. O más. Yo lo descubrí con sorpresa hace años en un pueblecito del estado de Nueva York situado a cien millas de Manhattan. En el mismo valle en el que espero celebrar pronto con los amigos de aquella época la victoria electoral de Obama. Vecinos demócratas y republicanos; ya que más de uno se ha pasado al cambio, consciente de que el futuro, aunque parezca una contradicción dialéctica, se le presentaría mucho más negro con McCain en el poder.
Entonces era el final de octubre y tocaba rastrillar hojas de arce, tallar calabazas, construir lápidas de corcho blanco y ofrecer chocolatinas de tamaño reducido a las interminables hordas infantiles que invadían mi jardín. Intrigado por el enigma de la fiesta de Halloween, empecé por desmembrar la palabra en sílabas. All, todos. Hallow, santificar. Even, abreviatura de evening, tarde. ¡Víspera de Todos los Santos! Un nombre cristiano que escondía una costumbre de origen celta y que, coincidiendo con la caída de las hojas secas, símbolo de muerte en la naturaleza, se remontaba a la vieja Europa del siglo III antes de Cristo. Resultaba que en la Edad del Hierro, con la excepción de los tartesos del sur y los íberos del litoral Mediterráneo, los habitantes de la Península creían que, la noche de transición del invierno al verano, bajaban del cielo las almas, unidas en Santa Compaña, y vagaban por los caminos cubiertas por sudarios de color blanco. El pobre infeliz que se topara con tan macabra procesión estaba condenado a sumarse a ella y, para evitar el encuentro, la gente colocaba lámparas de aceite en los cruces de caminos, facilitando el paso a la Suma de las Animas y asegurándose así de que no se entretendrían buscando el sendero y se alejarían de allí cuanto antes.
Y no ocurría solamente en Galicia o en Asturias. También era celta la comarca extremeña de las Hurdes, donde se aparecían los jinetes fantasmagóricos del Corteju de Genti de Muerti; Zamora, por donde vagaba la Estadea, mujer sin rostro que desprendía el desagradable olor a humedad de los sepulcros; o León, por donde peregrinaba sin rumbo la espantosa Hueste de ánimas. En estos territorios, una vez producido el desafortunado encuentro, al vivo se le seguían apareciendo los muertos cada noche hasta minarle la salud de un modo irreversible. Contra el maleficio no existía otra cura que el viejo remedio de ganarse al enemigo por el estómago. Con tal motivo se organizaban fiestas en los cementerios para ofrecerles a los difuntos dulces y castañas asadas sobre sus tumbas. Al final de aquellas celebraciones, en las que solía abundar el vino, los asistentes se tiznaban la cara con los carbones de la hoguera y se dedicaban a asustarse los unos a los otros.
O sea que, Halloween, trick, or treat, tampoco nos pilla tan lejos. Trick, broma, susto, jugarreta, or treat, o regalo. Castañas asadas o te llevo conmigo de este mundo. Antes de que el Papa Gregorio IV, allá por el año 835, cristianizara la ceremonia, las linternas, los dulces y los disfraces formaban parte del imaginario popular de nuestros ancestros. Luego quedaron prohibidos. La Iglesia trasladó el día de Todos los Santos, que se celebraba en mayo, al primero de noviembre y dijo que aquello era cosa de brujas y que lo bueno eran sus ángeles. En España le dijimos adiós oficialmente a la ceremonia; en el Reino Unido, con la llegada de la reforma, la pudieron recuperar y más tarde los irlandeses la embarcaron hacia América allá por el XIX.
La versión que nos llega ahora, de vuelta, como las habaneras flamencas, es la irlandesa. Borrada por la Iglesia toda posibilidad de asociar la fiesta a su verdadera razón de ser, el pueblo hubo de inventar un personaje que le conectase de nuevo a sus raíces. Surgió el mito de Jack el del Farol, Jack of The Lantern, que, tras burlarse con éxito del demonio, fue castigado por éste a vagar en la oscuridad con un tizón ardiente metido en un tubérculo tallado a modo de linterna. El descubrimiento de América en el siglo XV traería a Europa las calabazas y facilitaría sobremanera la expansión de la leyenda. Se dejaron de encender luces en calaveras de animal llenas de grasa y se pusieron de moda los cirios en faroles recortados en la cáscara dura de las cucurbitáceas. De los caminos y los cruces, los candiles saltaron a las ventanas de las cocinas. Nacieron los Jack O¿Lantern, caras terroríficas recortadas en la calabaza para asustar al espíritu errante del tacaño Jack.
A Nueva York los emigrantes llevaron la tradición y un vecino ilustre del Estado, el escritor Washington Irving, se encargó de asociarla a los maizales. A partir de ahí, escrita la leyenda del caballero sin cabeza en el pueblo de Sleepy Hollow, cercano al lugar de su residencia, se abrieron infinitos caminos para los expertos del marketing. Pero, vamos, que, del mismo modo que el jazz no hubiera existido sin los instrumentos de viento que aportaron los soldados españoles acuartelados en Nueva Orleans, Spielberg no hubiera podido rodar la famosa escena de E.T. en la que los protagonistas se cruzan en Halloween con un niño disfrazado de Darth Vader, si no hubieran existido nuestros antepasados celtas.
Lo que hoy nos llega no es otra cosa que una fiesta inocente. Una disculpa para disfrutar de los huecos de felicidad que nos depara de vez en cuando esta vida agitada que llevamos. Es cierto que las tiendas se llenan de artilugios que ansían vender a nuestros hijos; pero no es menos cierto que no resulta obligatorio comprarlos. Se asusta lo mismo con un disfraz casero. En Rhinebeck, el pueblo neoyorquino en el que me aficioné a estas historias, nos gustaba acercarnos al escaparate de Stickles. Unos almacenes que parecían sacados de una portada de Norman Rockwell para el Saturday Evening Post. A finales de octubre se llenaban de brujas de tamaño natural y arañas gigantescas listas para ser hinchadas y colocadas en los porches. Bombillas naranjas para los árboles y las cornisas de las ventanas. Tumbas de pega con inscripciones graciosas para montar tu propio cementerio en el jardín. En una lápida podía leerse: «¿Lo ves?, te dije que me encontraba muy mal». Y en otra el epitafio rezaba: «En memoria de Anita Buenaesperanza. Aquí yace el cuerpo de Ana, enviada a la muerte por una banana. No fue la fruta, lo que la mató, sino la cáscara, de un resbalón». En Stickles se podían comprar esqueletos que simulaban salir de la tierra, momias, fantasmas para colgar de los árboles, vampiros y muñecos mecánicos. Adornos para ventanas y chimeneas, manteles y servilletas naranjas con dibujos de miedo y los típicos cubos de plástico con forma de calabaza para que los niños metieran los caramelos que iban pillando por las casas.
Y no hay más. Una fiesta que fue, que se marchó y que retorna, como le ocurre a cualquier emigrante, convertido en algo diverso de lo que partió. Al que le guste, que la disfrute. Al que no, que la ignore. Pero no parece acertado referirse a ella, ni como invasión cultural, ni como arma del diablo. Alertar de que los niños, al celebrar Halloween con sus amigos del colegio, «corren el peligro de abrirse a la muerte», se me antoja una exageración poco acertada. Sobre todo viniendo de una Iglesia que, desde el siglo V, en que se labrara por vez primera la imagen de la crucifixión de Cristo en las puertas de la basílica romana de Santa Sabina, se ha empeñado en que, de Jesús, nos quedemos mayormente con sus horas de sufrimiento en el travesaño.
Guillermo Fesser es periodista, miembro del dúo Gomaespuma y director de cine.
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