
LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Esa otra crisis
Oculta tras la humareda que producen los incendios desatados día a día por la tempestad económica que nos azota, está esa otra crisis de consecuencias no menos inquietantes a medio plazo. La que impide que la oposición despegue en las encuestas de intención de voto a pesar de la incompetencia que manifiesta el Gobierno de Zapatero en la gestión de estas vacas escuálidas. La que nos tiene sumidos a muchos (muchos más de lo que algunos se imaginan y mucho/as pertenecientes al núcleo central del poder popular, por más que la prudencia les mantenga amordazados) en una desesperanza que se va cronificando a medida que pasan los meses sin que se vislumbre una luz al final del largo túnel.
¿Dónde está la alternativa? ¿Quién será ese líder capaz de sacar España adelante? Nadie lo sabe, porque Mariano Rajoy, que debería encarnar esa figura, está mucho más preocupado en asegurarse el sillón de mando que en analizar, con honestidad, los datos que escupen los sondeos demoscópicos. El no convence; es un hecho comprobado. Su estilo de hacer política, el de esta última legislatura, sólo gusta a quienes jamás votarán al PP ni comparten sus valores, sus ideales o sus objetivos. Sus mayores defensores son quienes le alaban cuando agacha la cabeza y se apresuran a rompérsela en las raras ocasiones en las que la levanta para alzar la voz. Pese a lo cual parece decidido a aguantar hasta las próximas generales, confiando en que su rival sea arrollado por las cifras del paro y le entregue el Gobierno sin pelear. «La lluvia fina», denomina a esa estrategia su muy bien retribuido sociólogo de cabecera.
La última maniobra urdida en sus cocinas pasa por enviar a Europa a Alberto Ruiz-Gallardón, en contra de su voluntad y con Jaime Mayor Oreja en el papel de reserva de lujo. Si el alcalde de Madrid lograra una victoria en esos comicios, que se prestan como ningún otro al voto de castigo ideológico, su triunfo sería capitalizado como propio por un Rajoy amenazado de desahucio. Si, por el contrario, el electorado propinase una patada al líder en el trasero del madrileño, éste cargaría con el fracaso y quedaría definitivamente desactivado como recambio. De ahí que un eminente ex dirigente popular, a quien el aludido ha pedido consejo, le haya recomendado aceptar únicamente si con ello aspira a... suicidarse.
¿Recuerda el cuento de los 10 negritos? Rato, Mayor, Zaplana, Acebes, San Gil o Cascos ya están muertos. Próximo objetivo: Gallardón.
TRIBUNA LIBRE
JESUS LOPEZ-MEDEL
Rusia: del poder ideológico al imperio energético
La operación de Lukoil sobre Repsol es un claro paradigma de algo notorio y creciente. Revela, en primer lugar, el robustecimiento y expansión de Rusia y la sustitución en este país de la ideología por los intereses energéticos como elemento vertebrador de su intento de volver a ser potencia mundial. Y en segundo término, es una manifestación de la cada vez más notable sumisión de los dirigentes europeos hacia lo que es el poderío del Kremlin, asumiendo una posición de inferioridad y de evitar nada que moleste a una nación cada vez más poderosa.
La desintegración de la URSS en 1991 hizo que surgieran 15 estados. Todos nuevos, salvo los tres bálticos, que ya habían tenido soberanía (ahora celebra Letonia su 90 aniversario de su existencia como nación). El golpe de Estado contra Gorbachov fracasó pero la Unión Soviética desapareció siendo sustituida por un nuevo mapa geográfico donde el reto pendiente, en la mayoría de los casos, es el de la conquista de la libertad. Rusia inició entonces una época muy dura, porque el tránsito de una economía centralizada a otra liberalizada fue traumático. La inflación fue altísima y el deterioro de la economía hizo que el nivel de vida se resintiese mucho. Ello vino acompañado de la consternación por haber perdido su perfil de primera potencia que se tuteaba con EEUU.
A este respecto, fue muy clarificador Vladimir Putin en mayo de 2005 cuando, con ocasión del 60 aniversario del fin de la II Guerra Mundial, afirmó que «la desaparición de la URSS ha sido uno de los grandes desastres del siglo XX». Y esto lo expresó en presencia de los principales líderes mundiales (entre ellos G. W. Bush) tras un desfile militar en Moscú con centenares de jóvenes portando banderas rojas con la hoz y el martillo. Esa recuperación de una chatarrería oxidada no era casualidad. Debemos dejar a un lado en este análisis las connotaciones ideológicas que chocan con los aires de modernidad que está adquiriendo Moscú (no confundir con el resto del país), que, como exponente del glamour y el lujo, es ahora la ciudad más cara del mundo (aunque empiezan ya a pagar la factura por su rápido crecimiento).
Interesa más bien resaltar la nostalgia del Imperio -descrito con brillantez por Kapuscinski-, que abarcaría no sólo 300 millones de personas (ahora Rusia tiene algo menos de la mitad) sino también el hecho de ser el Estado más extenso del planeta. Los últimos años han servido para recuperar internamente no sólo el recuerdo y el orgullo patrio de entonces, cuando la URSS era una gran potencia, sino también para conseguir una gran prosperidad económica. Ello, motivado por los hidrocarburos de que dispone, ha sido utilizado estratégicamente en su política de vecindad con los que son ahora países soberanos y que se han visto favorecidos o penalizados en función de sus políticas pro rusas o pro occidentales.
Rusia, que no forma parte de la OPEP, se ha beneficiado muchísimo del precio de los recursos energéticos en estos últimos años. Muchos ciudadanos son críticos con las políticas liberalizadoras de Gorbachov y Yeltsin, cuyo prestigio interno es muy escaso frente al proteccionismo público anterior (la calefacción, como otros servicios, era gratuita antes). Pero algunos nos preguntamos cuál habría sido la valoración de estos dirigentes si el barril de petróleo hubiera valido entonces no ya 14 dólares sino los 140 que ha llegado a pagarse hace poco.
Articulada una buena política de alianza con los principales productores energéticos del ámbito postsoviético (como Kazajstán o Turkmenistán) o sus muy buenas relaciones con Irán y teniendo bastante control sobre los oleoductos existentes, Rusia ha querido extender su área de influencia. Y el intento de adquirir un porcentaje de Repsol es una manifestación de ello. Inicialmente, la interesada fue la macro empresa pública Gazprom (que presidió el propio Medvédev, actual jefe de Estado ruso). Pero, tras las reacciones generalizadas que ello provocó, apareció una sociedad privada, Lukoil, pretendiendo soslayar el escándalo de que una empresa española privatizada por los gobiernos del PSOE y del PP pasase al ámbito público de otro país.
Sin embargo, el carácter privado de la empresa nueva en escena no varía mucho las consecuencias. Debo advertir mi simpatía y admiración hacia el pueblo y la cultura rusa. No hay, pues, planteamientos de fobia hacia esa gran nación. Pero eso no puede significar el silencio ante lo que sería un inmenso error. Dejo a un lado un tema no menor como es el interés en salvar la situación económica grave de un importante grupo de construcción español, que ha sido peón del Gobierno en determinadas operaciones financieras de altura, o la situación tan injusta y discriminatoria respecto a los demás accionistas a la vista del sobre precio que se ofrece a la entidad en graves dificultades.
La crisis de ésta era la oportunidad para extender la presencia e influencia rusa a través de su principal arma: el poderío energético. No debe olvidarse que toda la política rusa (también la empresarial) tiene profundas conexiones en cuanto a estrategias y objetivos con lo que es un planteamiento militar. La operación con Repsol se pretende realizar por una empresa dirigida por un importante dirigente de la etapa soviética y cuya gran amistad con el primer ministro Putin es muy conocida. Además, cualquiera que conoce algo la situación en Rusia puede hablar de la confusión y los estrechos vínculos entre lo público y lo privado. Todo se mezcla, como se entrecruzan los intereses y las tramas en las cuales la presencia de poderosas mafias es algo muy real.
Pues bien, la posibilidad de adquirir una parte importante de Repsol, daría a Moscú una posición muy relevante en un sector muy estratégico en un área como es el flanco sur de Europa, que es, al tiempo, el sur de la OTAN. Al tiempo, sería un mecanismo extraordinario para extender su influencia a América Latina, donde la petrolera española (aun con las dificultades propias con regímenes populistas) tiene una excelente posición. Asistimos estos días a la evidencia del interés creciente de la expansión de Rusia en lo que era el patio trasero de EEUU. La exitosa presencia hace dos días en Perú con varios acuerdos suscritos entre Medvédev y Alan García, la excelente vinculación con Venezuela y los otros países incluidos en la región que visita ahora, son una forma de volver, reforzadas y remozadas, a las posiciones de los años 60 con la conexión de Cuba y una manera de contrarrestar la influencia (a veces torpe por excesiva como en Georgia) norteamericana en la zona ex comunista.
Pero ese fortalecimiento de Rusia no habría sido posible sin la debilidad de unos dirigentes nacionales europeos, actuales y anteriores, ante el Kremlin. Su política de no ofender a una potencia de cuyo poderío energético dependen mucho, ha hecho que se extendiese un gran silencio sobre la regresión de libertades y derechos humanos en Rusia. La inminente ampliación del mandato presidencial a seis años es una de tantas manifestaciones. La muy débil posición del núcleo duro de la Unión Europea (la posición de la presidencia francesa fue patética) en la defensa de Georgia por la invasión militar rusa tras el error de Saakashvili, es también un claro ejemplo. Además de intentar sacar provecho comercial de ese silencio, esa debilidad se incrementa por la muy insuficiente política exterior común en el seno de la Unión Europea.
Es paradójico ver en España a algunos socialdemócratas defendiendo (en esta ocasión) el libre mercado y la no intervención mientras que los liberales-conservadores propugnan que el poder ejecutivo actúe. En todo caso, hay algo que debería ser el leiv motiv de cualquier Gobierno: el interés general. Y éste supone dejarse llevar no por un nacionalismo patriótico sin más o un amiguismo mal entendido, sino por la sensatez que supone no facilitar que un sector estratégico clave quede en manos de alguien lejano incluso a la Unión Europea y que lo utilizará, no lo duden, como instrumento para sus intereses políticos.
Jesús López-Medel es abogado del Estado y ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Democracia de la OSCE. Acaba de publicar
La larga conquista de la libertad (Quince nuevos Estados tras la URSS a la búsqueda de su identidad), edit. Marcial Pons (Octubre 2008).
MARIA TERESA GIMENEZ BARBAT
Carta abierta a Zapatero
Estimado presidente:El día 19 de noviembre se presentó en Madrid la plataforma Tercera Cultura. Esta plataforma tiene como objetivo la convergencia entre personas procedentes tanto de la ciencia como de las humanidades para promover el pensamiento crítico y la socialización de la ciencia. Estamos convencidos de que una mejor comprensión de la misma favorece el desarrollo de una sociedad que plantea continuamente dilemas relacionados con la naturaleza de las personas y de la vida y es la base indispensable para unas políticas públicas del Siglo XXI. Nuestra presentación tuvo un aceptable eco en los medios españoles y un interés muy especial por parte de Edge, uno de los portales socio científicos más importantes del mundo. Fue justamente nuestra presencia en este portal lo que llamó la atención de uno de sus ministerios.
El 26-11-08, Ana Moltó, Directora de Programas del Gabinete de Relaciones Internacionales, nos escribió desde su dirección electrónica en el Ministerio de Igualdad. El motivo de su misiva fue llamarnos la atención sobre el hecho de que en nuestro Consejo de Redacción, formado por cinco personas, la única mujer fuera yo. Y le pregunto, sr. Presidente, ¿en un país como el nuestro, en plena recesión, con una tasa de paro elevadísima, donde ustedes mismos predican la necesidad de potenciar la ciencia, la innovación y la iniciativa privada, no hay ningún otro ministerio que nos considere dignos de su interés? Le he de decir que ni el de Ciencia, ni el de Innovación, ni el de Tecnología ¡ni siquiera el de Cultura! se ha dirigido a nosotros. ¿Y el único que lo hace, el de Igualdad, se manifiesta para... reñirnos?
Este es un portal creado y llevado por personas voluntarias que no reciben remuneración por nada de lo que hacen, aparte del apoyo técnico de una pequeña asociación que bastante tiene con seguir adelante con sus pocos medios. Desde nuestro punto de vista, tenemos prioridades de supervivencia mucho más urgentes que el preocuparnos por si tenemos la proporción de sexos (alguien diría géneros, pero a nosotros nos va la ciencia) políticamente más correcta.
Ya que ustedes han dado el primer paso, nos gustaría que con esta carta hiciéramos más conscientes tanto al Gobierno que usted preside como al Gobierno de la comunidad autónoma donde esta iniciativa ha surgido, Cataluña, de la necesidad de impulsar proyectos realmente positivos y que incidan en lo esencial más que en lo periférico. Quizá con ello destinasen aunque fuera una pequeña porción de los recursos a proyectos como Cultura 3.0, que merecen la atención de intelectuales de primera fila a nivel mundial y nos enlazan con un pensamiento moderno e ilustrado más allá de nuestras fronteras.
Aprovecho esta ocasión tan excepcional para saludarle muy cordialmente.
María Teresa Giménez Barbat es antropóloga y una de las fundadoras de la plataforma Tercera Cultura.
EL CORREO CATALAN
ARCADI ESPADA
Un alumno español llega a Bolonia
Querido J:
Un calambre recorre el espinazo de los viejos. Hay movimiento en la Universidad. Desde Nanterre, y este año hizo 40 años, cada vez que un brazo se levanta en un aula y pide la palabra los cebolletas rejuvenecen. Es bonito. Y ya no te digo si se corta el tráfico, o como pasa estos días en Barcelona, hay encierros en el rectorado. Querría habértelo contado de primera mano, sobre el terreno; ¡pero quia!, yo no soy Manu Leguineche. Por fortuna me escribió una joven corresponsal y puedo darte el sonido de ambiente. Universidad de Barcelona, rectorado. Al atardecer, que todo lo ennoblece: «Hay una parada con recogida de firmas. Dicen que llevan 2.500, con octavillas, fanzines, y una hucha en una caja de galletas Fontaneda. Carteles: Autogestió. Ocupacions. Al pie de la escalera hay cinco o seis chicas sentadas. Dos están liándose unos porros. Otra está preguntándole a otra de más allá qué es el esperanto. Del segundo piso cuelga una ilustración hecha con spray: una niña sentada en un columpio, tipo Banksy. La antesala del despacho del rector está tomada por las colchonetas, los cartones y los sacos. Tres guitarras y un par de bongós. Ahí deben de poder dormir unos 40, contando con las prestaciones de una considerable cama hinchable de matrimonio. La cocina está detrás de una barra improvisada. Tienen una bombona de butano, pero no han comido caliente, por problemas logísticos. Pronto se hará de noche. Hay un par de muchachos que la esperan pasándose con los pies una pelota de tenis».
Menos mal que no me atreví a aventurarme. A ciertas edades el déjà vu es un insoportable pleonasmo. Para consolarme del carácter, tan analógico, de la protesta busqué el blog que diera fe y contraseña. Al fin y al cabo ahora los encierros tienen wifi. Está aquí, y se llama tancadaalacentral.blogspot.com. Lo encontré tan sumamente rudimentario que pasé un buen rato buscando otros. Sin mayor resultado. A veces me entra un deseo intensísimo de convertirme en eso que llaman, tan graciosamente, un periodista tradicional. Sobre la infrautilización de la posibilidad tecnológica para dar cuenta de algunos sucesos ya hemos hablado alguna vez en estas cartas. Pero qué duda cabe que el llamado periodismo ciudadano tenía en esta protesta una ocasión inmejorable. Si las redes sociales, si los tontys, si los blogs no proclaman su imperio en una protesta universitaria que implica a la Europa del desarrollo y que tiene como protagonistas básicos a los hijos de una clase media alfabetizada tecnológicamente, ¿cuándo y en qué circunstancia lo van a hacer? Creo firmemente que la protesta contra Bolonia ha inaugurado en España al periodismo 0.0.
Acaso sea, sin embargo, esta pobreza creativa el símbolo de un problema mayor. No comparto las visiones apocalípticas respecto a la instauración de los planes de Bolonia. Hay que andarse con cuidado a la hora de decretar el apocalipsis en la Universidad española, no vayamos a dar con otro pleonasmo. Es probable que los planes pretendan una Universidad radicalmente alejada de la bildung, de ese turbador y desinteresado amor por el saber que se margina voluntariamente de toda forma de futuro y de toda cláusula laboral, que con tanta lucidez y delicadeza dibujó Robert Redeker cuando vino a hablar a Barcelona. Pero si eso existió alguna vez en España no habrá sido Bolonia el que habrá acabado con él. El argumento es una mera lanzada a un muerto. Lo realmente inquietante, desde el estricto punto de vista español, es el tipo de alumno que prevé Bolonia. Para bosquejarlo sumariamente: los planes prevén un alumno que llega con la facultad de pensar puesta y que conoce cómo funcionan las modernas herramientas de conocimiento. Más simple: que sabe leer y buscar. No quisiera hablar en términos demasiado abstractos. Hay un ejercicio muy fácil de hacer en un aula universitaria. Hacer leer en voz alta a los muchachos. Es un ejercicio que a mí me hace sufrir de veras. Es posible que una lectura correcta y semánticamente entonada sólo dé una apariencia de entendimiento. Pero estoy seguro de que nadie que no sepa construir esa máscara tiene la menor posibilidad de entender.
Ya llevo 15 años dando clases universitarias. Tú debes de llevar una cifra similar. Sabemos que ese alumno es raro en España. En los claustros universitarios, al menos en el mío, se insiste en que la cláusula boloñesa pretende una drástica reducción del magister profesoral. No me parece mal. Lo que el magister aporta es, básicamente, una organización del discurso. Se pretende ahora que los alumnos participen más decisivamente en su construcción y que busquen, bajo la vigilancia del profesor, pero de una forma autónoma, la información que ha de nutrirlo. No está ese alumno en mis clases, hablando genéricamente. En estos 15 años habré tratado con ejemplares numerosos de lo que podría llamarse la generación tv. Es decir, de jóvenes que han llegado al uso de razón en la época atronadora, triunfante, de la televisión. Muchos de sus vicios intelectuales delatan su filiación generacional; pero en especial uno: la mirada sin relieve sobre lo real que observo en muchos de ellos. Son chavales que no han vuelto sobre el párrafo. Y que tampoco han hecho clic sobre el ratón, indagando. Sus armas lógicas parecen a veces bloqueadas por la gramática de un serial convencional. Por ejemplo, son grandes fanáticos de la falacia que lo que sucede después de algo sucede a causa de ese algo. Les cuesta comprender todo aquello que no pueda encarnarse. Su curiosidad intelectual no rebasa la de un aseadito plano medio. Y se sienten deslumbrados por los sentimientos. En cuanto a la ironía, qué decirte. El problema mayor no es que no practiquen la mirada bifocal. Es que no la reconocen. Tal vez haya un valle entre la generación que leyó y la que navegó, y estemos en él. No estoy seguro; ni siquiera estoy seguro de que no se trate de mis prejuicios.
El alumno de Bolonia no nace en la Universidad, sino mucho más atrás. También aquí hay noticias inquietantes. La otra tarde mis hijas tenían previsto un largo examen sobre el medio natural. Montañas, ríos y mares. Eché un vistazo a su trabajo y comprobé que lo estaban estudiando igual que lo hacía yo hace 40 años exactos. Recitando una larga serie de picos y afluentes, y en la mejor de las hipótesis posibles, colocándolos luego en un mapa mudo. ¿Es razonable pensar que en la época de los ordenadores la geografía primaria debe estudiarse igual que entonces, con la misma monotonía de lluvia tras los cristales?
Toda la ceremonia escolar, tanto la que sucede en clase como en casa, sigue desarrollándose a partir del antiguo código magistral. Alguien habla y el otro escucha. No es que me parezca mal, por supuesto. Ya les llegará la hora de no escuchar a nadie. Ahora bien, el prodigioso cambio que la tecnología ha proyectado sobre el conocimiento consiste en la accesibilidad de una cantidad ingente de información. Todos estamos en el centro de una biblioteca universal. ¡Todos menos la escuela! Quisiera hablarte hasta el final calmadamente. ¿No sería razonable que los niños dedicaran parte de su tiempo lectivo a indagar, ahora que pueden tan fácilmente, a experimentar ese suspense que acaba siendo uno de los alcoholes más adictivos de una vida adulta digna de así nombrarse y que a veces propicia, incluso, el rayo verde de la serendipity, la prueba de la existencia divina más difícil de soslayar para un ateo? ¿No sería razonable que entendieran que el conocimiento es sobre todo conocer, el paso lento y cargado de ese verbo que en las ocasiones más memorables se da solo y con frío?
No sería España. Acaso una improbable Bolonia.
Sigue con salud.
A.
ERASMO
Leguineche
Tan meritoria, merecida encomienda, galardón José Luis López de Lacalle, de los tres mártires de este diario (y Julio Fuentes y Julio Anguita Jr). De nombres: que Fernando Macarro es el poeta Marcos Ana y Pedro José el tan interminable Pedrojota, no da palabra sin hilo, en su encomio, que tal Manu es Manuel Angel. Grande trotamundos, también veía (y ve) el mundo. Es el genuino reportero sin fronteras
EL MUNDO QUE VIENE / FRANÇOISE BARRE: «El sida va a permanecer como la epidemia del siglo XXI, no estamos cerca de la vacuna ni de la cura total»
SOLO FALTAN UNOS DIAS PARA QUE RECOJA EL NOBEL DE MEDICINA, 25 AÑOS DESPUES DE QUE ESTA CIENTIFICA FRANCESA DESCUBRIERA EL VIRUS DEL SIDA. PERO ANTES DE ACUDIR A LA POMPOSA CEREMONIA SUECA, VOLVERA A RECLAMAR EL LUNES, DIA MUNDIAL DEL SIDA, MAS MEDIOS PARA LUCHAR CONTRA EL VIH Y, SOBRE TODO, QUE NADIE BAJE LA GUARDIA
RUBEN AMON
CARGO: Investigadora del Instituto Pasteur / FORMACION: Doctora en Ciencias (Universidad de París) y científica del Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación / EDAD: 61 años / CREDO: La tolerancia / AFICIONES: La lectura y viajar / SUEÑO: La vacuna del sida El adjetivo histórico suele manejarse con ligereza, pero define con justicia el hallazgo de Françoise Barré-Sinoussi en el microscopio. Fue ella quién distinguió y aisló por vez primera el retrovirus del sida. Le sorprendió el tamaño del núcleo, que era muy pequeño. Le llamó la atención la forma, que era curiosa, «bizarre». Le sobrecogió, en fin, la ferocidad del monstruo. Han transcurrido 25 años desde el descubrimiento y a la profesora Barré le han otorgado el Nobel. Es la tercera mujer francesa que obtiene la distinción y la primera que lo recibe en la categoría de Medicina. No le importa compartirlo con Luc Montagnier porque admira al pionero francés y porque ambos han aprendido a desentrañar el enigma del sida en el Instituto Pasteur.
Es donde nos recibe Françoise Barré y donde nos enseña con rubor y modestia el laboratorio del hallazgo. Han cambiado los útiles, la iluminación y los cacharros, pero la científica parisina reconoce el espacio a ciegas, persiguiendo sin demasiado optimismo la noticia de una vacuna y orgullosa de haber firmado el juramento pasteuriano. «Que consiste en responsabilizarse, en buscar el beneficio de la humanidad, en trabajar por la salud pública y por los países pobres», explica con la voz firme y abaritonada.
El despacho de la Nobel es pequeño, recogido y está recubierto de papeles. Le hacen compañía las muecas de unas máscaras africanas y le distraen unos globos de colores que han puesto sus compañeros de laboratorio, porque no se gana el Nobel todos los días. Barré-Sinoussi lo recoge el 10 de diciembre en Estocolmo, aunque unos días antes, el próximo lunes, participa en primer plano de la Jornada Mundial del sida.
PREGUNTA.- El Nobel, decíamos.
RESPUESTA.- En primer lugar estoy muy sorprendida. Nunca lo hubiera sospechado. Me encontraba en Camboya y me dio la noticia una periodista francesa en medio de una reunión de trabajo. No sabía nada, sinceramente. Me he acordado de muchas personas. De los enfermos, de los que no están. De quienes han contribuido en la lucha contra el sida. Me he acordado del equipo que ha participado en este descubrimiento. Ha sido un ejemplo de movilización polifacético: médicos, inmunólogos, científicos, personal hospitalario, biólogos moleculares. Se ha creado una red que ha permitido avanzar muy rápido. Entiendo que hay una gran expectación, que se pide a la comunidad científica un esfuerzo. Pero hay que valorar también la dimensión de los avances. Es una enfermedad nueva, a la que ya se puede presentar cara. Por eso hablo de avances rápidos.
P.- ¿En qué punto está la lucha contra el sida? ¿Dónde nos encontramos realmente? El lunes se celebra la Jornada Mundial y vuelven a escucharse mensajes providencialistas.
R.- Hay que ser honestos. No estamos cerca de una vacuna ni de un tratamiento curativo total. Hay mucha investigación pendiente y hay terapias que funcionan. Muchos enfermos han mejorado su calidad de vida. Y estamos en el camino de transformar la infección en una enfermedad crónica, me refiero a los países desarrollados. En éstos puede seguirse a los pacientes, personalizar el tratamiento.
P.- El sida va a camino de convertirse en una enfermedad crónica, como usted dice, pero permanece como una enfermedad mortal en los países menos desarrollados.
R.- En los países pobres la situación es más dramática, pero ha habido progresos significativos. Un 30% de enfermos ya recibe un tratamiento constante de antiretrovirales. La ONU se había marcado el objetivo del 100% en 2010, pero no parece una expectativa nada fácil de alcanzar. Sería más fácil con el esfuerzo de los estados y con la contribución de los individuos. Todos podemos hacer una aportación. Los países ricos tienen que respetar sus compromisos, implicarse más de cuanto hacen. No sólo con el sida. También con la tuberculosis y la malaria. Espero que la notoriedad del Nobel me sirva para que se me escuche más. Estamos en el buen camino, pero...
P.- Pero...
R.- El sida, en mi opinión, va a permanecer como la epidemia del siglo XXI. Creo que es impropio esconderse en pronósticos triunfalistas. Hay que ser sensatos. Conocer que es un virus extraordinariamente complejo.
P.- ¿En qué sentido?
R.- La cuestión más inquietante y preocupante es la presencia de reservas del virus en el organismo de los pacientes. Me refiero a un estado latente, dormido. En cuanto se detiene el tratamiento, el virus se manifiesta con todas sus reservas. Estamos estudiando cómo se forman esas reservas del virus, cómo persisten y por qué lo hacen. Todas esas complicaciones están pendientes de resolverse, aunque al mismo tiempo se ha avanzado mucho en las terapias y en los recursos farmacológicos. El virus actúa muy rápido. Daña la defensa inmunitaria con enorme velocidad y eficacia. Muchos avances farmacológicos se hacen en esa dirección. Tratando de bloquear la rápida acción del VIH.
P.- Usted advierte del riesgo que implica bajar la guardia. Especialmente en el ámbito de la prevención. Más o menos como si hubiera una relajación de la sociedad.
R.- No es que la tema, es que ya existe. Me preocupa que los jóvenes no se conciencien de la importancia y de la gravedad del sida. Existe una visión edulcorada de la realidad según la cual puede contraerse el virus y hacer una vida saludable. A veces vivimos y nos comportamos cómo si existieran la vacuna y el tratamiento curativo total. Pero es un error. Hay que explicar a los jóvenes que haber mejorado el tratamiento de la enfermedad no implica haberla resuelto. Es un tratamiento de por vida, que requiere de consultas frecuentes y especializadas. Que exige readaptaciones y terapias a medida. Y que la enfermedad, aun perfectamente tratada, arrastra complicaciones muy severas.
Hay problemas de metabolismo que no comprendemos aún bien. Acumulaciones de grasas, por ejemplo, en órganos vitales, como el corazón o el hígado. Hay una predisposición al cáncer, particularmente a los linfomas. Hay una tendencia al envejecimiento precoz, con todas las implicaciones neurológicas que conlleva. Y me refiero, de hecho, a la manifestación del Alzheimer. El catastrofismo no es la respuesta, pero el triunfalismo tampoco. Aunque el sida nos ha enseñado muchas cosas, nos está abriendo caminos en el ámbito inmunológico.
P.- ¿A qué se refiere?
R.- El virus nos ha resultado útil para familiarizarnos mejor con el sistema inmunitario. Especialmente en lo que concierne al modo en que contamina la relación, el diálogo de nuestras células. Y resulta que ese diálogo lo conocíamos bastante mal antes de la aparición del sida. Por eso ahora nos enseña. Nos permite decodificar como funcionan las relaciones celulares en el ámbito inmunológico. Y eso tiene como consecuencia no sólo una esperanza en relación al sida mismo, sino que conlleva implicaciones en otras enfermedades que afectan al sistema inmunológico. Mi impresión es que el virus del sida puede ayudarnos a combatir otras enfermedades infecciosas. Hay muchas para las que todavía no existe vacuna. No la hay para la malaria, para la tuberculosis. Ni para la hepatitis C. Tampoco tenemos una solución al cáncer. Cito todos estos casos y menciono afecciones muy antiguas para explicar que el hallazgo de vacunas requiere un tiempo. Y que con el sida, insisto, estamos yendo muy rápido.
P.- Aunque usted menciona un cierto laxismo. De los estados y de las compañías farmacológicas. Estas últimas se han resistido a democratizar los precios.
R.- Las compañías farmacéuticas tienen deberes pendientes. Han dado pasos hacia adelante y se han sensibilizado gracias a las campañas de unos y otros grupos activistas. Hay medicamentos contra el sida que son más económicos ahora incluso que los genéricos. La presión social y la perseverancia de algunos colectivos han servido para democratizar los precios. La cuestión pendiente radica en la diferencia de los países ricos y los pobres respecto al seguimiento de la enfermedad. Los tests que determinan la carga viral, por ejemplo, están lejos del alcance y de los medios de muchísimos enfermos que viven en los países pobres. Son prohibitivos. Y son al mismo tiempo fundamentales. Ocurre igual con los tests que establecen la resistencia a los antiretrovirales. Ese es el camino de la movilización. Hay que abaratar y generalizar esas pruebas. Pero no basta con buscar fuera de uno todas las soluciones. Como individuos, estamos obligados a un compromiso. Empieza por cada uno de nosotros la batalla contra el sida. Y no me refiero únicamente al desembolso económico. También al problema de la estigmatización social, de la convivencia.
P.- Los enfermos siguen segregados.
R.- Desgraciadamente sí. Se les cataloga en categorías marginales: homosexuales, prostitutas, drogadictos, pervertidos... Es una vergüenza para una sociedad marginalizar a un tipo de enfermos, considerarlos una especie de sustrato despreciable. Las cosas han cambiado relativamente en ciertos países occidentales, pero mi experiencia personal me enseña que el sida sigue siendo una razón de exclusión y de marginalización.
P.- Hay países, Rusia entre ellos, donde no se concede un permiso de residencia en caso de ser seropositivo.
R.- Hasta hace muy poco sucedía exactamente lo mismo en una democracia como Estados Unidos. De modo que los científicos nos hemos propuesto no celebrar congresos internacionales allí donde el sida sea observado como una vergüenza.
P.- Está cambiando el mapa geográfico de la enfermedad, ¿no es cierto?
R.- Ahora que trabajamos con más medios y con más optimismo en Africa y en Asia, nos preocupa extraordinariamente el progreso que el virus hace en los antiguos países del Este de Europa. Sobre todo en las ex repúblicas soviéticas. Hay países donde se ha negado la enfermedad en lugar de combatirla. Se han segregado a los enfermos en lugar de atenderlos. Se ha tratado de aislarlos, de considerarlos culpables en lugar de víctimas de una enfermedad. China era uno de los países que persistía en la negación, aunque ahora ha aceptado la realidad y comienza a plantear una estrategia terapéutica e investigativa. Es fundamental que exista una red internacional, que circule el discurso científico, que prolifere el intercambio de informaciones. La estimulación recíproca constituye una de las grandes esperanzas. Y en todos los ámbitos de la enfermedad.
P.- También en el sida infantil.
R.- Vuelve a establecerse en este caso una diferencia fundamental entre los países ricos y los países pobres. En aquéllos ha desaparecido prácticamente la transmisión de la enfermedad de madres a hijos, mientras que en los otros el problema sigue siendo el mismo. Por eso insisto en hacer una llamada a las conciencias. Todo investigador debe tener un sentido de la responsabilidad. Buscamos un beneficio. Un beneficio a los pacientes. Lo digo trabajando en una institución como el Pasteur. Una tradición pasteurina que busca el beneficio de la humanidad, tal como decía el propio Pasteur, desarrollando todos los hallazgos en el ámbito de la salud pública y en los países pobres. El sida me ha hecho comprender completamente qué quería decir esa tradición pasteuriana. Hay una pasión y hay una obligación.
P.- ¿Qué piensa usted cuando, por ejemplo, los conservadores americanos y el Vaticano reivindican la abstinencia como manera de prevenir y prevenirse del sida?
R.- Pienso que, afortunadamente, se trata de posiciones marginales. El preservativo es una defensa. La defensa.
«Una visita a Africa nos hace relativizar todos los problemas» ¿Hasta qué extremo el sida se ha convertido en una manera de vivir?
- El sida ha cambiado mi existencia. El hallazgo de 1983 marca el antes y el después de mi vida. Personal y profesionalmente. Hablo de experiencias humanas, de viajes, de descubrimientos de otras culturas y de otras sensibilidades. He estado cerca de los homosexuales, de los drogadictos, de las prostitutas. He aprendido a escucharlos. Y estar a la escucha ha sido una de las claves. Permanecer cerca del sida me ha hecho más tolerante y, espero, que más humana. He estado cerca de la diferencia, de la diversidad.
Empecé a encontrar a los enfermos en el Instituto Pasteur. Venían en busca de información, de aclaraciones, de noticias. Era la primera vez que me ocurría algo así. Y he de decir que era una situación angustiosa, frustrante. Tener delante personas que no iban a llegar a tiempo de curarse... No soy médico y es raro para un investigador estar a pie de obra, por así decirlo. Al mismo tiempo era una experiencia enriquecedora. Se abría un diálogo entre el paciente y el investigador completamente insólito. Que era, además, fundamental para establecer la dirección y la emergencia de los trabajos. Aprendí a escuchar. A comprender las prioridades. Este fue mi primer descubrimiento.
Salió, en definitiva, de las paredes del laboratorio.
- No había estado nunca en el Africa negra hasta 1985. Y fui allí, concretamente a la República Centroafricana, sustituyendo al profesor Montagnier. Fue duro encontrarse de frente y de golpe con el sufrimiento, más allá del sida. Me refiero a la poliomelitis. Y ese drama convivía con una alegría y con una vitalidad que no he visto tampoco nunca. Una visita a Africa relativiza los problemas que decimos tener en los países desarrollados. Y nos permite descubrir valores que hemos perdido. Empezando por la solidaridad. Podemos esperar de los estados ésta o aquella ayuda, pero el compromiso personal nos concierne a nosotros. Desde entonces, no he dejado de ir a Africa y me he interesado por otras realidades en Asia, sobre todo Camboya y Vietnam. He tratado de ser una gota de agua. Sabiendo que muchas gotas de agua hacen un océano
Marie Curie e Irene-Joliot Curie. Las dos únicas francesas con un Nobel.
- Si me alegra este premio es porque puede abrir un horizonte a la investigación femenina. Se ha ido resolviendo en los últimos años el grave problema de la paridad. Y estoy convencida de que las mujeres van a estar en la primera línea científica.
¿Es verdad que usted fuma?
- Sí, desgraciadamente.
LA CUESTION - Estamos en enero de 1983 y usted analiza el ganglio de un seropositivo. Exactamente, en el laboratorio del Instituto Pasteur, donde nos encontramos haciendo esta entrevista ¿Cómo recuerda el momento del hallazgo del retrovirus?
- Observé que había algo que nunca había visto antes, pero no quise decírselo a nadie. Por prudencia y por estar más segura. En realidad, aislar un retrovirus no es un momento específico, ni un golpe de efecto, ni una escena espectacular. Es un trabajo minucioso, pasito a pasito. Que requiere cotejos, pruebas y más pruebas. Simplificando mucho las cosas, un día ves por el microscopio convencional un agente desconocido que mata las células. Después lo mantienes en cultivo y lo analizas en el microscopio electrónico. Ves que tiene un núcleo 'bizarre', que en nada se asemeja a otros retrovirus clásicos. Es pequeño, curioso. Es el retrovirus del sida.
SABATINA SABATICA: Crucifijos
MANUEL HIDALGO
Con pereza y miedo, me dispongo a escribir sobre el asunto de los crucifijos en los colegios públicos, tomando como premisa que una iniciativa particular y la sentencia de un juez han puesto en situación la controversia, pero no ningún vendaval antirreligioso presuntamente impulsado por el Gobierno o sus belicosos votantes.
Mi débil sometimiento a la razón me indica que las aguas bajaban mansas para todos -durante cerca de 30 años-, cuando el radical posicionamiento de ciento y pico emisoras de titularidad episcopal contra las siglas de la izquierda, la connivencia callejera de los obispos con el partido de la derecha -que hoy lo lamenta- y los beligerantes posicionamientos de algunos circunstanciales y muy activos dirigentes de la Iglesia -Rouco, Cañizares, Martínez Camino- en temas que conciernen al libre y voluntario criterio sobre salud y felicidad de los ciudadanos, bien han podido suscitar algunas reacciones de hostilidad que hasta ahora no se habían dado por no mediar agresión de parte y porque el pasado quedaba lejos.
Quitar los crucifijos de las aulas públicas es, obviamente, una medida acorde con la constitucional aconfesionalidad del Estado, pero, también, descristianiza el espacio público y anula posiciones alcanzadas por la Iglesia y la religión católicas desde cuando, en contra del precepto evangélico, y para estupor de los testigos imparciales, las cosas del Dios (presuntamente liberador) y del César (siempre opresor) comenzaron a ir juntas y, en España, juntas siguieron hasta hace 33 años más lo que, sin deber colear, colea. La libertad de la que, como es lógico, disfruta la Iglesia para exhibir sus símbolos en sus escenarios privados -colegios, templos, recintos varios-, siempre con vistas a la calle, y en sus salidas públicas -celebraciones, procesiones, publicaciones- es total y muy amplia.
Pudiera ser que no pocos padres y ciudadanos pensaran, lejos del odio antirreligioso, que no desean que la vida de sus hijos esté diariamente presidida por una figura ensangrentada y torturada de la que emana un discurso a favor del valor de la muerte, del martirio, del sufrimiento, de la autoinmolación, de la mortificación y del dolor. Sin disponer humildemente de una visión sobrenatural, ni de una inquina anticlerical, sencillamente preferirían -modestos creyentes, agnósticos, ateos o variopintos- que sus hijos no interiorizaran, en la escuela pública -en el espacio vacío, concurrente y común- esa visión de la existencia y de la condición humanas. Eso podría ser todo, y ajustado a Derecho.
Me pregunto ingenuamente, y por poner un poco de picante a este texto pacífico y beatífico, cuántos ciudadanos partidarios del crucifijo en las aulas públicas lo tienen colocado en lugar preferente en la pared de sus dormitorios y de los de sus hijos, en sus cuartos de estar, en sus carteras, en sus coches o en sus despachos. Cuántos lo llevan en su corazón, en su conducta y en su ejemplo de perdón y amor al prójimo y al enemigo. Se vería más que en cien mil paredes.
ASUNTOS INTERNOS: 'La Ola'
LUCIA MENDEZ
Ron Jones, profesor que daba clases en un instituto de Palo Alto (California), ha pasado a la historia de la pedagogía por un experimento conocido como The Third Wave (La Tercera Ola). Uno de sus alumnos le interrogó sobre el silencio del pueblo alemán ante los crímenes de Hitler. Jones decidió dar una clase práctica. Impuso una férrea disciplina, restringió sus libertades, impuso uniforme. Al quinto día, el profesor suspendió el experimento. No porque los alumnos se rebelaran contra la autoridad, sino porque se habían convertido en una auténtica falange, que acosaba y amenazaba a los que no eran del grupo. Jones supo que si seguía, la violencia sería imparable.
Dennis Gansel es un joven alemán cuyo abuelo fue oficial del Tercer Reich. Sus padres siempre han vivido con ese trauma. Gansel ha hecho una película basada en el experimento de Jones para exorcizar sus demonios familiares y los alemanes hacen cola para verla porque necesitan recordar. La película, descarnada y pavorosamente real, se titula La Ola. Los protagonistas son el profesor progre y enrollado de un instituto alemán y sus despreocupados y satisfechos alumnos que sólo piensan en divertirse. Toca una semana de clases prácticas sobre la autocracia. «Ya sabemos que los nazis eran una mierda, ni de coña es posible otra dictadura», le dice uno de los chicos al profesor. Rainer Wenger empieza el juego. No pueden llamarle Rainer, sino señor Wenger, tienen que levantarse cuando le hablan, llevar uniforme -camisa blanca y pantalón vaquero-, y obedecer sus órdenes. Wegner les proporciona símbolos, objetivos y sobre todo un sentido para sus vidas. «Vuestra fuerza es la disciplina». Los chicos de La Ola se sienten bien, ágiles, sin complejos, unidos e invencibles. No quieren la individualidad, prefieren el grupo. El autoritarismo les gusta. Hasta el tímido y débil Tim es feliz porque se siente útil.
«Nos estamos convirtiendo en una unidad, ése es nuestro poder». «Tenemos todo lo que queremos, ropa, dinero, pero estábamos aburridos, La Ola nos ha hecho iguales, nos ha dado un ideal por el que luchar». Tres días después, el juego se ha descontrolado, los muchachos se han convertido en vándalos. Wenger -que hubiera querido dar clases de anarquía y no de autocracia- tarda seis días en darse cuenta, a pesar de las advertencias. La Ola ha cobrado vida propia y nadie puede detenerla. Al séptimo día, Wenger recurre a su autoridad e intenta detener la tragedia con una última clase experimental...
La película es, desde luego, una parábola del Tercer Reich. Sin embargo, en otros países como España tampoco vendría mal que mucha gente fuera a verla para reflexionar acerca de la mala educación. Ahora La Ola puede estar en otras partes. Salvador Cardús, profesor de la Autónoma de Barcelona, denunciaba el otro día que estudiantes universitarios «autoritarios y caprichosos, iluminados, educados en el antisistema y proclives a la manipulación» han ocupado por la fuerza la Facultad de Políticas para protestar contra Bolonia.
VIDAS PARALELAS / A. SANCHEZ MONTESEIRIN / DIONISIO EL JOVEN: Filósofos, mecenas y gobernantes PEDRO G. CUARTANGO
Filósofos, mecenas de la cultura y del arte, emprendedores y gobernantes, las vidas de Diniosio II de Siracusa, llamado El Joven, y de Alfredo Sánchez Monteseirín, alcalde de Sevilla, se entrecruzan hasta confundirse en un mismo trazo.
Dionisio, que gobernó la ciudad siciliana en el siglo IV antes de Jesucristo, llevó a su corte al gran sabio ateniense Platón, fundador de la Academia. Allí el pensador griego aleccionó a Dionisio y los suyos sobre las reglas del buen gobierno. Platón habla en una de sus cartas de Dionisio como el prototipo de filósofo-rey.
Sánchez Monteseirín también es un alcalde-filósofo, que se pregunta acerca de la verdad y la naturaleza de las cosas en su web. No ha querido ser menos que Dionisio y se va a gastar 60.000 euros en traer a los asesores de Obama para dar un curso en Sevilla.
¡Qué son unos míseros 60.000 euros por acceder a la sabiduría de estos ilustres consejeros! El tirano de Siracusa se gastó mucho más en convencer a Platón de ponerse a su servicio. Y mereció la pena porque el mundo le recuerda hoy como el inspirador de La República, la gran obra política del maestro de Aristoteles.
Puede que Monteseirín pase a la historia tras la llegada de los hombres de Obama, ya que, como ha dicho el alcalde de Sevilla, el equipo de gobierno municipal «ha conseguido logros reconocidos en los circuitos internacionales», que, según sus palabras, «no se comunican bien a los ciudadanos».
Los sevillanos, que son unos ingratos, no se enteran de nada. Necesitan que los asesores de Obama les digan que tienen un gran alcalde cuya fama traspasa las cordilleras y los oceános.
El propio Platón se quedaría boquiabierto ante la sabiduría del alcalde-filósofo que escribe en su blog que «en la reflexión que cada persona realiza sobre un problema que le concierne debe buscar a solas la verdad por medio de la razón y con argumentos que contengan razones».
Increíble perspicacia la de este hombre que ha llegado a la conclusión de que los argumentos deben tener razones. Ni Kant en su Crítica de la Razón Pura acertó a formular un juicio tan penetrante.
Aguardo con expectación la llegada de los asesores de Obama porque la Humanidad puede quedar deslumbrada de la conjunción de su talento con el del alcalde de Sevilla. A lo mejor alumbran un nuevo sistema de organización política, como Platón en Siracusa.
Dicen los historiadores que Dionisio se cansó finalmente de Platón y que le metió en la cárcel. Esa decisión fue su tumba política porque el tirano se volvió impopular por su carácter caprichoso.
A buen seguro que Monteseirín no va a cometer el mismo error. El va a seguir al pie de la letra los consejos de los hombres que han llevado a Obama a la Casa Blanca. Tal vez incluso, coloque a alguno de ellos como asesor.
En esta España del despilfarro en la que el presidente de Galicia se gasta dos millones de euros en arreglar su despacho, hay que alabar la ponderación de Monteseirín, que, por una cantidad muy inferior, va a ilustrar a los sevillanos sobre las secretas afinidades entre el obamismo y el chavismo reinante
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