
EL PRESIDENTE ZAPATERO HACE BALANCE DE LA SITUACION ECONOMICA
'La tempestad es fuerte pero tenemos un barco muy sólido'
Augura que en la segunda mitad de 2009 habrá «signos alentadores de mejora» en el empleo Rajoy responde: «El balance es una crisis de caballo y Zapatero no ha tenido coraje para enfrentarse a ella»
MARISA CRUZ
MADRID.- Si hace un año Zapatero volcaba su satisfacción en la boyante situación de la economía, en los niveles de creación de empleo, en el superávit previsto y recalcaba que, en su primera legislatura, el país había conocido el «mejor» periodo de Gobierno de la democracia, ayer tuvo que cambiar radicalmente el tono de su discurso: lo que hace 12 meses se presentaba brillante ahora se muestra oscuro y las perspectivas de ver un atisbo de luz se fían, como pronto, a medio plazo.
El presidente reconoció, al hacer balance del año, la gravedad de la crisis en toda su dimensión, pero hizo un esfuerzo por lanzar un mensaje de optimismo: «La tempestad es fuerte pero tenemos un barco sólido que conoce muy bien su rumbo».
La segunda parte de su afirmación ha sido rebatida en múltiples ocasiones por todos los partidos de la oposición, muchos de los cuales han acusado al Ejecutivo de «improvisación» a la hora de aprobar medidas para sacar al país del agujero económico.
Prácticamente todos los planes que ha aprobado hasta ahora el Gobierno han topado con fuertes críticas. Sólo el diseñado para evitar el derrumbe del sistema financiero logró el consenso y aun así éste no ha estado exento de fuertes dosis de recelo y desconfianza.
«Estamos viviendo», añadió ayer el presidente, «los momentos más graves y duros de la crisis y 2009 será también un año difícil porque seguiremos sufriendo la destrucción de empleo», vaticinó.
No obstante, Zapatero quiso poner un punto de optimismo voluntarista a este negro panorama recalcando que el país tiene «fortaleza para salir adelante». «Lo haremos sin ninguna duda. La recuperación económica es nuestro único horizonte», afirmó.
«Vamos a salir de la crisis. No nos quedaremos sentados esperando que venga la recuperación. Vamos a salir a buscarla y la vamos a anticipar con el esfuerzo de todos», señaló.
Según su teoría, el país superará los graves problemas económicos que lo atenazan y se situará «en mejor posición que antes».
«Pondremos sobre la mesa», añadió el presidente, «todo lo que tenemos para salir de la crisis. Pondremos toda la capacidad de liderazgo, de diálogo con los interlocutores sociales y con las fuerzas políticas, de compromiso con los ciudadanos, así como todos los recursos de que dispone el Estado».
«Estamos», insistió, «en condiciones de superarlo. Confiar en España no es optimismo, es realismo».
La receta del presidente para imprimir nuevamente velocidad de crucero a la economía es simple: más gasto público.
«Rechazo», afirmó, «las recetas que se han propuesto y que incluyen contención del gasto público, que piden recortes salariales o abogan por la flexibilidad en el despido. No responderemos a la crisis con recortes sociales. Podemos hacerlo y lo vamos a hacer».
Zapatero aseguró además que tras el voluminoso paquete de ayudas y avales a la banca que se aprobó en octubre, se ha conseguido «evitar el colapso del sistema financiero», sin embargo, admitió, «ello no implica que los problemas hayan desaparecido».
De hecho, reconoce que una de las disfunciones que todavía persiste es la parálisis de la actividad crediticia. El grifo del crédito se mantiene cerrado y ello estrangula las iniciativas que buscan la reactivación económica y la creación de empleo.
El Gobierno ya ha transmitido a los bancos el mensaje de que «a partir de los primeros meses de 2009 el flujo de concesión de créditos debería mejorar». El Ejecutivo evalúa continuamente la evolución en este terreno y se declara dispuesto, tal y como señaló ayer Zapatero, a «lanzar todas las medidas de estímulo que sean necesarias».
Por el momento, el presidente prepara ya una nueva reunión con los presidentes de los bancos y cajas más importantes para hacer balance de la efectividad de las ayudas que se les ha proporcionado y para urgirles a colaborar en el relanzamiento económico. «Es bastante probable», aseguró, «que me vuelva a reunir con los banqueros en enero».
A partir de ahí, se embarcó una vez más en el repaso de todas las medidas aprobadas por el Ejecutivo desde el pasado mes de abril.
Además de referirse a los fondos y líneas de avales previstos para la banca, enumeró las medidas de alivio fiscal y respaldo a las familias, a las líneas excepcionales de crédito abiertas para las pequeñas y medianas empresas y a los planes de inversión pública para estimular el empleo.
Respecto a esto último, que incluye los 8.000 millones destinados a proyectos de ámbito local, Zapatero calculó que podrán crearse hasta 220.000 nuevos puestos de trabajo directos.
Según los datos que maneja el Gobierno, este plan está dando ya buenos resultados. A fecha de ayer, los ayuntamientos habían presentado un total de 2.200 proyectos por un valor total de 1.000 millones de euros, y de ellos, 700 actuaciones habían recibido ya la oportuna autorización para su financiación y puesta en marcha. «El ritmo es excelente», valoró el presidente.
Para él, la destrucción de empleo es «el efecto más pernicioso de la crisis» y en el que volcará todo su esfuerzo el Ejecutivo.
Señaló que, al menos durante la primera mitad del nuevo año, se mantendrá la tónica de pérdida de puestos de trabajo y auguró que ya en el segundo semestre podrán verse «signos alentadores de mejora y de recuperación» y el proceso de destrucción de empleo «empezará a frenarse».
«Lo más importante», dijo, «es conservar los puestos de trabajo y conseguir que quienes lo han perdido tengan esperanzas razonables de encontrar uno nuevo».
Su promesa pasa ahora por aportar «más recursos a protección social y a cubrir a los desempleados». «Todos», dijo, «tendremos que hacer un gran esfuerzo y sacrificios. Los principios que han de regir deben ser la solidaridad y la protección social».
En este sentido, el compromiso del Ejecutivo, tal y como explicó, es lograr «que nadie quede abandonado a su suerte y, por ello, pese a las dificultades, van a reforzarse las políticas sociales».
Zapatero también se refirió ayer a la recta final de negociaciones con las comunidades para acordar un nuevo modelo de financiación autonómica. El presidente dio por hecho que con el futuro sistema se dará también un impulso importante al esfuerzo por salir del pantano económico.
«Las comunidades autónomas dispondrán de un mayor margen financiero desde 2009», de manera que se facilitarán los compromisos de gasto y se fortalecerán las inversiones en materias como la educación y la sanidad.
El presidente señaló además que es «probable» que el Gobierno envíe a las comunidades, antes del 31 de diciembre, su propuesta sobre la reforma del sistema de financiación. Con este documento espera conseguir «un grado de consenso mínimo» que permitiría convocar a mediados de enero el Consejo de Política Fiscal y Financiera para cerrar definitivamente el acuerdo.
El papel del Ejecutivo «mejorará» la financiación de todas las comunidades. «Todas van a tener más recursos para sus presupuestos», aseguró Zapatero, quien además insistió en que el modelo final «ha de ser equitativo y debe atender las distintas circunstancias de las comunidades». Señaló que lograr la unanimidad «sería un éxito absoluto», pero él confía como mínimo en que su propuesta genere un «apoyo global». «Ya sé que a algunos dirigentes del PP les puede resultar difícil asumir que el Gobierno haga una propuesta que concite este respaldo, pero es algo que se puede y que se debe hacer».
Zapatero también reconoció que el nuevo sistema «estimulará a las comunidades autónomas que generan más crecimiento y reconocerá también el incremento de población y alguna otra circunstancia singular».
No habló el presidente de parámetros como la dispersión o el envejecimiento de la población, pero sí se refirió en cambio a peticiones como la presentada en el último minuto por el presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, quien reclamó fondos adicionales para aquellas comunidades que cuentan con una lengua propia.
Zapatero adelantó que el Gobierno ve «razonable» esa demanda y dijo que es «bastante probable que se tenga en consideración» y que «tenga relevancia en el nuevo modelo». La reclamación afectaría a cuatro comunidades: Cataluña, Baleares, Galicia y Valencia.
elmundo.es Vídeos: Zapatero y Rajoy hacen su balance político del año. Opine: ¿Cuál es su balance del año?
TERRORISMO
Pasó la oportunidad: El presidente aseguró ayer que «ya no habrá más oportunidades» para que la banda terrorista ETA tenga un final dialogado. «La democracia le ha dado ya tres oportunidades para que pusiera fin a su indigna aventura de crímenes sin sentido. ETA ha desperdiciado las tres y ya no habrá más», recalcó. Zapatero insistió en que «la democracia prevalecerá» y el terrorismo «será vencido», pese a que, dijo, «aún pueden matar y causar dolor». También reconoció que «en los últimos meses la democracia ha avanzado en su lucha contra el terrorismo que», dijo, «ha retrocedido». INMIGRACION
Buenos resultados: Zapatero destacó los buenos resultados que, a su entender, está cosechando la estrategia del Gobierno para poner freno a la inmigración ilegal. Aseguró que en la actualidad, en los centros de internamiento apenas hay 180 personas, «frente a los momentos más difíciles del año 2006 en los que se llegó a las 10.000». El presidente recordó también que «a estas alturas del año» han llegado a las costas españolas 5.000 inmigrantes ilegales menos que en 2007. Zapatero se mostró satisfecho de los resultados conseguidos, pero aseguró que el Gobierno «no bajará la guardia». POLITICA EXTERIOR
Giras y viajes: El año 2009 será importante para impulsar la presencia internacional de España. El presidente afirmó ayer que es «probable» que viaje a Cuba y que haga sendas giras por Oriente Próximo y Africa. No obstante, la prioridad de su agenda será la preparación de la Presidencia española de la Unión Europea en el primer semestre de 2010, un periodo que Zapatero vaticina ya «como muy relevante». Respecto a un futuro encuentro con el próximo presidente de EEUU, Barack Obama, no quiso hacer previsiones, pero afirmó que espera que «haya noticias positivas para 2009». GUERRA CONTRA EL TERROR
Afganistán y Guantánamo: Zapatero descartó ayer la posibilidad de incrementar el número de efectivos militares destacados en Afganistán. «Digo de entrada que no porque nuestro compromiso está muy medido en lo que podemos y debemos aportar», señaló. También consideró muy improbable que España se preste a acoger a presos de Guantánamo. «No ha habido petición de EEUU. Creo que plantearía serios problemas legales», aseguró. En relación con la polémica de los vuelos ilegales de la CIA, aseguró que se trata de «un intento inconcebible de hacer acusaciones falsas contra el Gobierno».UN PAIS EN CRISIS / El análisis de la oposición
Rajoy critica a un Gobierno que sólo «gasta a troche y moche»
El presidente del PP hace un balance muy negativo del curso político y centra su discurso en los «palos de ciego» frente a una «crisis de caballo»
CARMEN REMIREZ DE GANUZA
MADRID.- Rajoy hizo ayer desde Galicia un balance muy negro de la España de 2008 que ahora acaba. El papel de oposición constructiva con que inauguró la legislatura en mayo no le impidió arremeter, siete meses después, contra un Gobierno «incapaz» de frenar una «crisis de caballo» y que sólo «gasta a troche y moche» y «da palos de ciego».
A pocos minutos de que Rodríguez Zapatero hiciera el balance exactamente contrario desde La Moncloa, el presidente del PP arremetió contra el Ejecutivo. Y no habló de ETA, ni de la Justicia, ni de la seguridad, ni de la política de Defensa... Rajoy no dijo una palabra que no fuera sobre economía y una crisis que, según dejó claro, monopoliza su discurso político.
«El balance de este año en toda España», dijo Rajoy, «es una crisis económica, un país donde hay más ciudadanos que han perdido su puesto de trabajo que en cualquier país de la UE, y donde hay muchas pequeñas y medianas empresas y familias que lo están pasando muy mal».
Según Rajoy, los españoles «ven la inoperancia, la incompetencia y la política de palos de ciego del Gobierno de Zapatero», que «es incapaz de hacerle frente con un mínimo de coraje, un mínimo de determinación y un mínimo de conocimiento de lo que se trae entre manos».
En su balance de oposición a Zapatero, el líder popular recurrió al argumento del «engaño» que tanto empleó en la anterior legislatura y que recuperó hace unos días a cuenta del nuevo modelo de financiación y las promesas hechas en La Moncloa a los presidentes autonómicos. Además, criticó la sucesión de planes acometidos, en referencia al del rescate de la banca o el de los ayuntamientos, pese a que apoyó el primero y sólo se abstuvo en el segundo.
«Zapatero ha engañado a los españoles. Preside un Gobierno incapaz. Lo único que hace es gastar dinero a troche y moche, sin ton ni son, haciendo planes para todo el mundo que normalmente quedan en nada», afirmó, para advertirle de que «en vez de hacer planes para los ayuntamientos o las autonomías, planes para las instituciones, tiene que hacer un plan para la gente».
Así, además de insistir en que «nos ha engañado diciendo que no había crisis» y de llevar a cabo una «pésima gestión de la economía», Rajoy replicó al presidente del Gobierno que «aquí el único plan que se necesita de verdad es el plan para las pymes y para las familias españolas, el plan para que las pymes y las familias tengan créditos, y por tanto, puedan hacer funcionar su empresa y puedan generar riqueza y puestos de trabajo. Ese es el plan que no ha hecho Zapatero y es el plan que necesita en estos momentos la sociedad española».
Según el presidente del PP, «en el tercer trimestre del 2008 el crédito a las pymes se ha reducido en un 58% y el crédito a las familias ha pasado de 16.000 millones de euros a 8.000 millones de euros». «Así no se puede continuar», advirtió, «Zapatero cree que esto se arregla dándole a la máquina de hacer dinero, generando deuda pública que al final acabaremos pagando todos con nuestros impuestos. Y la política que hay que hacer», apuntó, «es dar facilidades a quien crea riqueza y empleo, austeridad en las administraciones públicas y bajar los impuestos».
Los consejeros del PP reivindican el modelo de financiación de 2002
Génova promueve una comida para cerrar la brecha interna y criticar a Zapatero por diseñar una reforma para resolver las «presiones» del PSC
CARMEN REMIREZ DE GANUZA
MADRID.- Génova puso ayer paños calientes a la brecha interna abierta entre el PP y sus feudos autonómicos a cuenta de la subasta de promesas que Zapatero ha repartido en materia de financiación.
En una comida celebrada en un restaurante de Madrid, y en un ambiente navideño y más distendido de lo que se esperaba, el vicesecretario Javier Arenas y el portavoz de Economía, Cristóbal Montoro, reunieron a todos los consejeros económicos de los Gobiernos del PP, incluido el de Madrid, para hablar de financiación a golpe de vino y solomillo.
El madrileño Antonio Beteta estaba destinado a ocupar el foco de la tensión durante el almuerzo, después de que su presidenta, Esperanza Aguirre, declarara su «satisfacción» tras su entrevista de La Moncloa del lunes pasado y la dirección del PP contestara que el presidente la había «engañado».
Sin embargo, la tensión se diluyó con las bromas, y los reproches de los populares se tornaron ironías: «Le pondréis el nombre de una plaza a Zapatero, ¿no?», «Algún monumento, ¡eh!»... le decían a Beteta, quien aguantó el tirón con humor y contó a los presentes que Zapatero prometió a Aguirre «mucho más» dinero que los 1.100 millones que la Comunidad reclama por el aumento de población registrado.
El interés de Génova ayer era, además de cerrar la brecha, contener la hemorragia de cara al futuro, y convencer a sus feudos de que esperen a valorar la oferta del Gobierno hasta que diga su última palabra. Y así lo suscribieron finalmente los consejeros, en una nota en la que exigieron a Zapatero, primero, que se reúna con todos los presidentes autonómicos, incluidos los de Ceuta y Melilla, y luego, que haga público un documento con su propuesta.
Los consejeros no se comprometieron a hacer en su día una valoración conjunta, y tampoco asumieron la tesis del «engaño» de Zapatero auspiciada por Génova, pero sí declararon su «extrañeza» por «las distintas propuestas hechas por Zapatero en función de su interlocutor». El propio consejero de Madrid declaró a Europa Press a la salida: «Nosotros expresamos una satisfacción provisional hasta que podamos ver el documento definitivo».
Contenida la hemorragia de entusiasmos inconvenientes, Génova se concentró también en afianzar la postura común adoptada por el PP en el mes de julio pasado en torno a la Declaración de San Millán de la Cogolla. Tanto es así que la nota consensuada con los consejeros no sólo reivindicaba la multilateralidad y la unanimidad en la financiación autonómica; o, una vez más, que no se suban los impuestos. Además, esta vez subrayaba su reivindicación del vigente modelo de financiación, firmado en 2002 por el Gobierno de Aznar. Los populares justificaron que éste «garantizaría la suficiencia de todas las competencias». Sobre todo, recordaron que, «además», el modelo vigente «incluía posibilidades de reforma y actualización por razones demográficas, entre otras, aunque el Gobierno socialista no ha querido ponerlas en marcha».
Y es que, he ahí el tercer empeño logrado ayer por Génova, los consejeros del PP acertaron ayer en unirse frente a sus adversarios y a colocar el balón de la discordia interna, precisamente, en el PSOE. El discurso, con el que el PP pretende aguantar el tirón de las ofertas de Zapatero a sus feudos, es que «el único objetivo de la reforma de la financiación autonómica es el sostenimiento de las alianzas políticas del Ejecutivo socialista y la necesidad de solucionar sus problemas internos derivados de las amenazas del PSC».
Según el PP, «son precisamente estas presiones las que han obligado al propio Zapatero a impulsar personalmente la negociación y a buscar un acuerdo lo antes posible». «Desde el principio», insistían en la nota, Zapatero ha planteado la cuestión de la financiación autonómica como una negociación interna en el seno del PSOE y con los socios de gobierno de otros partidos de izquierda o nacionalistas».
«Querer imponer un sistema de financiación diseñado para afrontar las discrepancias del PSOE es algo inaceptable para el PP», sentenciaban los populares que, en la comida, criticaron también que Zapatero emprenda la reforma «contrarreloj» y sin esperar a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña.
LA POLEMICA NACIONAL
Cuentas y cuentos de La Moncloa
FINANCIACION AUTONOMICA, NEGOCIADA EN NAVIDAD. El inicio de una negociacíón bilateral de la financiación autonómica para Cataluña entre Zapatero y Montilla ha puesto en pie de guerra a las demás autonomías, pronto amansadas por el presidente.
VICTOR DE LA SERNA
El siempre desahogado presidente del Gobierno empezó pronto a llamar a capítulo a los responsables autonómicos y a prometerles de todo. Y con muchas prisas. De tela de fondo: las imposiciones del nuevo Estatuto catalán.
«Sin haber enseñado sus cartas, sin haber firmado un solo papel que le comprometa, Zapatero ha desactivado el clamor de la mayoría de presidentes autonómicos e incluso ha trasladado el malestar a las filas del PP», apuntaba un editorial de EL MUNDO. Por ahora, claro: «Zapatero ha ganado tiempo, pero su habilidad en el regate corto no va a sacarle del problema. Todos los territorios deben tener las mismas oportunidades y, por tanto, el mismo sistema de financiación, pero el Estatuto de Cataluña que él alentó rompe con ese principio. Más pronto que tarde quedará en evidencia». Algo parecido escribía desde Cataluña, en El Periódico, Joan Tapia, para quien Zapatero «no quiere que con la financiación se repita la campaña anticatalana del Estatut, que perjudicó mucho al PSOE». Y resalta el veterano periodista: «No quiere ser un Fidalgo a la inversa. Y parece un pato mareado: aspira a cumplir el Estatut sin que España se entere. Casi imposible».
Sí, hay entrevistas con Aguirre o con Camps, pero las exigencias del Estatut son las que están en mente de todos. Cataluña es la clave.
El poeta pujolista Carles Duarte observa en El Periódico que las tensiones financieras con Madrid continúan y, harto, sugiere que Cataluña levante el vuelo: «Debe pasar página y apostar por poner el énfasis de su acción política en otros horizontes, como la Eurorregión, con un gran potencial, o la capitalidad de la Unión por el Mediterráneo, que nos debería ayudar a reforzar nuestra proyección internacional. Catalunya necesita volar más alto, ir más lejos y no quedar atrapada en la dinámica a menudo estéril de confrontación en Madrid». ¿Y quién paga eso de la Unión por el Mediterráneo o la Eurorregión, si es que preguntar no es ofender?
En el mismo diario leemos a Joan Barril, suspicaz: «Hay quien dice que todo lo que se está haciendo con este tema es puro teatro. Por desgracia tal vez no sea teatro, sino una muestra del desprecio con el que los grandes divos de La Moncloa asisten a los esfuerzos de los Pastorets de Montilla o de la Passió de Castells».
Y en La Vanguardia, el catedrático de Economía Joaquím Solé reclama que se cumpla «el principio de ordinalidad que garantiza el mantenimiento del orden o ranking que tienen las comunidades autónomas en ingresos impositivos por habitante antes y después de recibir los fondos de nivelación». Es decir: que una comunidad que recibe fondos solidarios no pueda sobrepasar en ingresos a una comunidad donante. Es la nuez del planteamiento catalán.
Josep Ramoneda, entretanto, plañe en El País: «Cuesta entender que el nacionalismo moderado tenga mucho interés en empantanar la financiación. Y en cualquier caso resulta dudoso que éste fuera el interés de Cataluña. No se puede olvidar que, desde el inicio de la democracia, cada vez que los catalanes han tenido que votar si preferían que gobernara el PSOE o que gobernara el PP han optado por el PSOE y, ocho meses atrás, por abrumadora mayoría. ¿No da este dato alguna señal sobre los intereses de Cataluña?». Mensaje clarito...
¿Y la Oposición? En ABC, César Alonso de los Ríos fulmina: «Mariano Rajoy no interviene en el debate de la financiación de las comunidades. Sobra. Las batallas son bilaterales. La Oposición no cuenta. Se diría que la ausencia de Rajoy en la votación de los Presupuestos fue un adelanto simbólico a esta otra obligada. Pero, ¿no ha venido jugando a eso? Cuando aceptó la invitación de Rodríguez Zapatero a cambiar el régimen autonómico, ¿acaso no cayó en la cuenta de que las Comunidades Autónomas dejaban de ser regiones para convertirse en pequeños estados, algunos ciertamente ridículos, mientras el poder central se erigía en el dispensador de situaciones privilegiadas?».
EL CORREO CATALAN
Por una financiación adecuada de la fala del Jálama
ARCADI ESPADA
Querido J:
Feliz Navidad, amigo mío. Es lo que tenemos los ateos, que hacemos lo que nos da la gana. Una amiga muy católica («hoy no estoy muy católica» se decía en España para dar cuenta de un episodio de mala salud) me preguntaba con cierta zumba cómo es posible que los ateos celebremos la Navidad. Le contesté que por la misma razón que tenemos amigas del alma, y no hubo más. Pero, por desgracia tengo que dejarte de hablar de Dios. Hay asuntos más urgentes. Don José Montilla, lo habrás adivinado. Inexorablemente su figura se agiganta. Va sintiéndose cada día más suelto, más presidente, y sus intervenciones en el debate público son cada vez más frecuentes. Yo me alegro. Es probable que en estas última semanas, en las que se ha puesto a un paso de la pura verborrea, su actividad haya estado marcada por el inevitable fracaso de la financiación autonómica. Se interprete lo que se interprete del Estatuto vigente (vigente, pero aún sujeto a la dilatadísima interpretación del Tribunal Constitucional), Cataluña no va a negociar bilateralmente con el Gobierno del Estado al margen de las sucesivas bilateralidades que el mismo Gobierno está acordando con Madrid, Valencia, Galicia o Andalucía. La bilateralidad explícita o presunta del Estatuto catalán es puro papel muerto. Los socialistas catalanes ni siquiera amenazan bilateralmente: incluso esa representación sucesiva de sus diferencias con el PSOE está llamada a convertirse en un lugar común, desde el mismo momento en que la presidenta de la Comunidad de Madrid se ha erigido en la principal disidencia de Rajoy. En España no hay otra asimetría que la del concierto vasco. Pero es un camino muy costoso e incierto y no es probable que el socialismo nacionalista catalán se decida a recorrerlo.
Una prueba más de la imposibilidad de una bilateralidad unilateral acaba de darla el presidente de la Xunta de Galicia. Durante muchos años (toda la vida nuestra, para qué disimular) los nacionalistas catalanes han insistido en el rasgo diferencial de la lengua. Se basaban en un hecho que al inicio de la transición política no tenía discusión: en España había dos lenguas, el castellano y el catalán. Así era atendiendo al peso demográfico y a la tradición literaria. El vasco era poco más que una suma dispar de dialectos, que usaba un tanto por ciento ínfimo de la población, y el gallego, poco más que un habla de la que algunos poetas habían hecho una lengua esporádica. Pero eso fue hace más de 30 años. Hoy todo va muy rápido, también para las lenguas. Y 30 años dan para mucho. A falta de elementos de diferenciación, el «hacer lenguas» se ha convertido en una de los prioridades de los gobiernos autonómicos. No hará falta que me refiera al gallego y al vasco: a la lengua y a sus lenguaraces. Me referiré al aragonés, al eonaviego, al andaluz, a la fala del Jálama, al aranés y al castrapo, por aludir a algunas que me resultan especialmente simpáticas. Y espero que ningún filólogo se escandalice por esta mezcla de hablas, dialectos y lenguas, porque es la política, y no la filología, la que resulta operativa en estas distinciones.
La proliferación lingüística ha acabado haciendo inútil el empeño nacionalista catalán por presentar su lengua como un hecho diferencial. No es que cualquiera pueda tener y tenga hechos diferenciales; al fin y al cabo esto no dejaría de ser la habitual materia opinable que genera un planteamiento abstracto. Es que todos tienen lengua; lo que bien puede probarse abriendo la boca. Es muy significativo que sea el presidente gallego el que haya hecho esta reivindicación económica sobre la lengua propia. Y aún más significativo es el helado silencio catalán ante la propuesta. A fin de seguir cultivando la especie de la singularidad, los nacionalistas catalanes son capaces hasta de renunciar a la lengua. No les gusta lo más mínimo esta proliferación. Y una de las razones del disgusto es su absoluta falta de argumentos. Han insistido siempre en la especie de que todas las lenguas son iguales. Absurda especie, desde cualquier punto de vista. Desde el más elemental, también: una lengua es sinónimo de diversidad, y no hay palabra que le pegue menos que la igualdad. Pero los nacionalistas catalanes la han utilizado con la intención de relativizar el peso de la demografía o de la tradición literaria; es decir, para reivindicar el catalán frente al castellano. Ahora reciben una dosis de su propia medicina: y no tienen antídoto frente al castrapo.
En este paisaje de fracaso anunciado e inexorable don José Montilla ha tomado, como te decía, la palabra. Te haré una confesión, que no quisiera que sonara irrespetuosa: creo que en la palabra del presidente de la Generalitat el acto de la pura enunciación, su necesidad pragmática, se impone a cualquier decisión sobre el contenido. Verás. Este miércoles el Gobierno catalán homenajeó al presidente Macià en el 75 aniversario de su muerte. Allí estaba don José Montilla, honrando a su antecesor. Lo que dijo. Estarás de acuerdo en que un nacionalista puede decir palabras bonitas sobre Macià. Su patriotismo. Su sentimentalidad. Su valor. Su idealismo. Cualquier sustantivo de esta honorable gama. Pero don José Montilla debe de ponerse nervioso en presencia de algún antecesor, sea Pujol, Companys o Macià. El ante tales presencias. Es así que habló de Macià como un ejemplo de político ¡realista! Macià, y su Prats de Molló; Macià, y su República Catalana. ¡Realista! De entre todos los adjetivos del mundo don José Montilla hubo de escoger realista.
Días antes había hecho otra notable afirmación en el contexto de los obligatorios protocolos para la emigración que acaba de redactar su gobierno. Dijo, justificando que se exigiera a los inmigrantes el conocimiento de catalán, que era preciso que hablaran catalán (y en público) para ser así un solo pueblo. Insisto en que no estoy del todo seguro de que el presidente catalán sepa lo que dice. No quiero ofenderle: sólo poner en evidencia su piloto automático. Pero, a pesar de mis recelos, es la frase de una autoridad y tiene efectos performativos al modo de gritar ¡fuego! en un teatro repleto. La frase es el negativo exacto de lo que la izquierda ha venido diciendo (y alardeando) desde la dictadura franquista. Esto es, que la noción de pueblo no era identificable con la lengua; y que no podía, en consecuencia, hablarse de dos comunidades catalanas. El supremo y repetido alarde de la izquierda consistía en recordar que ahí estaba ella para evitar esa fractura. Ahora, cuando don José Montilla pide a los inmigrantes que hablen en catalán para ser un solo pueblo, reconoce implícitamente que la fractura lingüística es una fractura social y que la fractura existe. ¡Con lo que habían trabajado ellos! Te reconozco que es muy fuerte la tentación de interpretar sus palabras como la franca e imprudente exhibición de lo que la izquierda catalana ha pensado siempre. El final de la comedia bilingüe (¡de la política de mano izquierda!), ahora que Juan Marsé ya ha ganado el Cervantes. Veremos. Por lo pronto, y en el paisaje inmediato de las cuitas financieras asimétricas, resulta un nuevo y desesperado intento de marcar distancias con el resto autonómico y sus innumerables y crecientes lenguas propias. Pero el intento será vano. Cuando los nacionalistas catalanes se mueven, se mueve con estrépito su corte de latas y cencerros. La cencerrada autonómica. Lo que les pasa a los viudos en sus segundas bodas.
Sigue con salud.
A.