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viernes, 9 de enero de 2009

ELECCIONES VASCAS: EL JUICIO: Psoe trata de pasar desapercibido, PNV y Batasuna de llamar la atención. Las Actas de la Negoción con ETA.



EL FUTURO DEL PAIS VASCO / Juicio en precampaña a dos candidatos
Ibarretxe descubre sus bazas al plantear la continuidad del juicio

El abogado del 'lehendakari' da un golpe de efecto y rechaza pedir el archivo de la causa, para aprovechar el tirón del proceso de cara a las elecciones

PAU BLASI

BILBAO.- El primer asalto del caso Ibarretxe sirvió ayer para que la defensa del lehendakari diese todo un golpe de efecto con un cambio de estrategia. Si antes de la vista oral pidió hasta seis veces la anulación del juicio, ahora quiere que se celebre para aprovecharlo como trampolín para las elecciones autonómicas del próximo 1 de marzo.

Durante la primera sesión de la vista oral, celebrada en el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV), la defensa del lehendakari pidió al tribunal que deje de lado las cuestiones previas y vaya cuanto antes al fondo del asunto. El abogado Mikel Gotzon Casas provocó la sorpresa general, llevando desde el comienzo el debate al terreno político.

La solicitud de la defensa del lehendakari fue más simbólica que práctica, pero demostró su voluntad de utilizar este caso como altavoz político ante las decisivas elecciones autonómicas vascas que se celebrarán el próximo 1 de marzo

Juan José Ibarretxe y los dirigentes socialistas Patxi López y Rodolfo Ares están acusados de haber actuado como «cooperadores necesarios» para la comisión del delito de desobediencia que se imputa a cinco representantes de Batasuna, con los que se reunieron a pesar de que esta formación estaba ilegalizada.

Ayer era el día para que las distintas partes hiciesen sus alegatos de defensa o acusación y para que presentasen las cuestiones previas que la Sala de lo Civil y lo Penal del TSJPV debe resolver antes de iniciar propiamente el juicio oral. Todas las cuestiones planteadas eran esperadas. Las más sustanciales, las de la Fiscalía, el PSE y Batasuna, que solicitaron el archivo de la causa, amparándose en la doctrina Botín, que establece la imposibilidad de llevar adelante un juicio oral cuando sólo existe acusación popular.

La abogada abertzale Jone Goirizelaia exigió, además, la suspensión del proceso en tanto en cuanto no se reciban unos autos solicitados a la Audiencia Nacional, punto en el que se mostró de acuerdo el Foro Ermua.

El tribunal, presidido por Manuel Díaz de Rábago, escuchó a las partes y aplazó hasta el lunes el anuncio de la decisión sobre si da por finalizado el proceso o si, como se prevé, sigue adelante con el mismo.

Dentro de este escenario de probabilidades, fue Ibarretxe el que se saltó el guión al pedir que continúe el juicio. Lo hizo su abogado en una intervención extensa y con un cargado componente político. Frente a un PSE que quiere mantener un perfil bajo durante las dos semanas que dura el juicio, consciente de lo poco que le beneficia ver a su candidato sentado en el banquillo de los acusados durante dos semanas, el lehendakari exhibió su estrategia a las primeras de cambio, llevando la contienda al campo en el que más réditos cree que puede sacar de cara a las elecciones vascas.

La intervención de Casas supuso un giro de 180 grados respecto a la estrategia mantenida en la fase de instrucción. El mismo reconoció que el TSJPV ha tenido en este tiempo seis ocasiones jurídicas para suspender la causa y que no lo hizo. Por ello, y llegados a este punto, anunció la retirada de la cuestión previa que iba a presentar, basada también en la doctrina Botín, «no porque no creamos en la misma o porque falten razones», sino por considerar que el proceso se ha dilatado ya en exceso y porque la pena soportada por los imputados «es más que suficiente para demostrar que nos asiste la razón».

El abogado se mostró convencido de poder ganar el caso «por razones jurídico-materiales», demostrando que «no sólo el lehendakari actuó legítimamente», sino que lo hicieron los ocho acusados.

Fiel al perfil que Ibarretxe quiere dar al proceso, Casas comenzó esgrimiendo argumentos jurídicos que aconsejan el archivo, para terminar con un alegato político ensalzando las virtudes del diálogo para solucionar conflictos. «Si los querellantes plantean que frente al diálogo, cárcel, nosotros planteamos que frente al diálogo, diálogo», proclamó.

El abogado del Foro Ermua, Fernando García Capelo, respondió en el turno de alegaciones, y dio lugar a un cara a cara que se prevé que sea la tónica de las dos próximas semanas. El letrado vio en la actitud de Casas la demostración de que Ibarretxe «no quiere que se aplique la ley, sino un juicio político».

No terminó aquí este particular rifirrafe, y la defensa del lehendakari aprovechó su segundo turno de palabra para asegurar que lo que el TSJPV juzga es «algo más» que un delito de desobediencia, y que lo que los imputados buscaban con sus encuentros era «la paz social, el diálogo y encontrar salidas para este país».

Díaz de Rábago reprendió a ambos letrados, recordándoles que ayer era el día sólo para plantear las cuestiones previas y no para entrar a debatir otros asuntos de fondo. Mientras Casas y García Capelo se enzarzaban en este debate político, el resto de partes sí que respetó el orden del día, limitándose a exponer sus argumentaciones jurídicas.

Junto al debate sobre la viabilidad de llegar al juicio oral sin Fiscalía ni acusación particular, que antepone la jurisprudencia del caso Atutxa y del caso Botín, la mayor parte de la sesión de ayer estuvo centrada en las cuestiones de cosecha propia planteadas por Batasuna, como la situación de sus representados encarcelados en prisiones alejadas del País Vasco, la presencia de policías y guardias civiles como testigos periciales o la exigencia de las grabaciones completas de las reuniones, realizadas por las televisiones.

Será el lunes a las 9.30 horas cuando se sepa si el TSJPV atiende a estas cuestiones o si, como espera Ibarretxe, continúa el juicio.

elmundo.es En imágenes: Vídeo y galería fotográfica del juicio.

TOMANDO PARTE

Alfonso González-Guija, juez decano de Bilbao: Cree que la Justicia tendrá en cuenta que la reunión se produjo «para buscar la paz y con el convencimiento de no estar cometiendo delito alguno».

Juan Pablo González, ex vocal del CGPJ para el País Vasco: «Todos los ciudadanos están sometidos a la ley, incluso los máximos representantes. [...] No hay ningún motivo para cuestionar el enjuiciamiento».

EL FUTURO DEL PAIS VASCO / Juicio en precampaña a dos candidatos / EL JUEZ
Rábago marca las pautas y rebaja la tensión

MONTSE RAMIREZ

BILBAO.-
Era su primer día y estaba obligado a marcar las pautas, como así hizo, dejando claro desde el principio que tendrá un carácter abierto y tolerante para intentar rebajar la tensión de un juicio precedido por tanta expectación. Manuel Díaz de Rábago, presidente del tribunal, dirigió la vista oral con cercanía y con una buscada complicidad de imputados y asistentes.

Con el mismo lenguaje próximo con el que pidió que se apagaran los móviles, «como en el cine», y se excusó por la insuficiencia de servicios en el Palacio de Justicia para atender las necesidades fisiológicas de tanta gente, comunicó a los acompañantes de los procesados y al público en general que no permitiría ninguna expresión de apoyo o aplauso tras el efusivo saludo brindado al miembro de Batasuna encarcelado Pernando Barrena.

La jornada transcurrió sin incidentes y según el guión establecido por el tribunal, lo que llenó de satisfacción a su presidente.

Esto «va rodado», llegó a decir al ordenar un receso de 30 minutos a las 11.30 horas. Díaz de Rábago, que apuntó metódicamente cada una de las cuestiones previas planteadas como novedad, interrumpió a los letrados para cuantas aclaraciones precisó y confirió a la vista un clima de normalidad en el que todos se movieron con comodidad.

Tanto es así, que la única protesta escuchada durante la mañana fue retirada de inmediato por quien la planteó, el abogado del Foro Ermua, García Capelo, a quien desarmó pidiendo que se reservara para su informe final, tras un pequeño rifirrafe sobre el carácter público del juicio durante el que le impidió profundizar en las cuestiones políticas que había intentado desarrollar la defensa del lehendakari.

Concluyó advirtiendo del silencio que guardarán los jueces sobre la vista. «Todo lo que pueda aparecer en los medios sobre la resolución de las cuestiones previas no habrá salido de la boca de estos magistrados», dijo, de forma distendida, y levantó la sesión.

EL FUTURO DEL PAIS VASCO / Juicio en precampaña a dos candidatos / EL ABOGADO
Una defensa de la causa más política que jurídica

MONTSE RAMIREZ

BILBAO.-
Fue el protagonista principal de la primera jornada del juicio. Por tres motivos: su anterior falta de proyección mediática, la expectación que despierta su representado y el importante y visible cambio de estrategia, sin matices, que pronto dejó al descubierto la intencionalidad que anida en el alma del lehendakari, una vez llegado el trance de ocupar el banquillo de los acusados.

Se llama Mikel Gotzon Casas y gasta ya medio siglo a sus espaldas, visible en una gran calvicie que adorna una imagen pulcra y eficiente, prolongada en una prosa que para sí quisieran muchos oradores parlamentarios, puesta ayer al servicio de la finalidad última de Ibarretxe: centrar la vista en la bondad del diálogo político e instar a su celebración, en un ámbito preelectoral, marginando todos los argumentos esgrimidos anteriormente para su cancelación.

La revelación de la cuidada oratoria de Casas descubrió a un personaje inédito en el panorama judicial vasco. Frente a penalistas de reconocido prestigio como Félix Rojo, que encarna la defensa de López y Ares, y la probada experiencia de la abogada de los ex dirigentes de Batasuna, Jone Goirizelaia, curtida en mil pleitos de la izquierda abertzale, ningún atributo definía a priori al abogado de Ibarretxe.

Poco se sabía y se sabe de él. Vizcaíno, de Baracaldo, y licenciado en Deusto, engrosa desde hace dos décadas el servicio de Régimen Jurídico del Gobierno vasco.

Sorprendió ya desde el principio al anunciar que aportaría «pruebas documentales nuevas e importantes» para el pleito y, más aún en su primera intervención, con consideraciones sobre la pena de banquillo, para pedir una sentencia que «legitime» el diálogo como método para la búsqueda de la paz.

Identificado con las tesis de Ibarretxe, abogó por más diálogo frente a la «cárcel», adoptando el tono pedagógico que suele emplear el lehendakari. Su coletilla, al pedir un enjuiciamiento del fondo del asunto para que nunca se repita un enjuiciamiento similar, anticipó las explicaciones que luego ofreció Balza.


EL FUTURO DEL PAIS VASCO / Juicio en precampaña a dos candidatos
La sala decidirá el lunes si acepta pedir las actas de Henri Dunant

PAU BLASI

BILBAO.-
El tribunal presidido por Manuel Díaz de Rábago anunciará al inicio de la sesión del lunes su posición sobre las ocho cuestiones previas planteadas ayer por las partes. Por un lado, está la solicitud del Foro Ermua y Dignidad y Justicia de las actas del centro Henri Dunant y la inadmisión de los testigos llamados para hablar sobre la negociación política. Por otro, la Fiscalía, el PSE y Batasuna coincidieron en pedir el archivo de la causa en aplicación de la doctrina Botín. Al margen quedan las otras cinco cuestiones planteadas por la defensa abertzale, a saber, las dificultades acarreadas por el alejamiento de los presos, la ausencia de varios autos solicitados a la Audiencia Nacional, la presencia de guardias civiles y policías nacionales como testigos periciales, la exigencia de grabaciones de vídeo no editadas por las televisiones y la excesiva dilación en el tiempo que ha tenido la fase de instrucción del proceso.

Aunque la sesión de ayer en el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) se limitaba a la presentación de las cuestiones previas, los planteamientos de las diferentes partes sirvieron para conocer la estrategia que seguirán a lo largo de la vista oral.

Especial relevancia cobró la petición del Foro Ermua de solicitar al centro suizo Henri Dunant las actas de las negociaciones entre ETA y el Gobierno de España, asunto éste al que se adhirió Dignidad y Justicia y que fue frontalmente rechazado por la Fiscalía y las defensas. Aunque resulta poco probable que la sala acepte esta prueba, que ya rechazó el pasado octubre, su sola solicitud puso encima de la mesa muchas de las claves que rodean el proceso.

«Visión conspiranoica»

El colectivo cívico argumentó que en dichas reuniones se acordó el encuentro entre el PSE y los dirigentes de Batasuna y que con las actas se probaría que la reunión del 6 de julio de 2006 en el hotel Amara Plaza de San Sebastián fue con la formación ilegalizada «y no con la izquierda abertzale», una de las cuestiones que deberá resolver el tribunal.

Félix Rojo, defensor de Patxi López y Rodolfo Ares, sacó en este punto su discurso más duro y acusó al Foro Ermua de tener una «visión conspiranoica», según la cual las instituciones se encuentran dentro de una trama «que sólo ellos pueden descubrir y esclarecer». Rojo trató de destacar que con esta solicitud se incurre en una contradicción. «Deduzco que, sin esa prueba, no pueden probar que han hablado con Batasuna. Y si no está probado, ¿por qué nos trae aquí?», se preguntó.

Igual de reacio se mostró el letrado del lehendakari. Mikel Gotzon Casas se preguntó «para qué» solicita el Foro Ermua estas actas, cuando nadie niega la celebración de las reuniones que son objeto de juicio, y añadió que la petición puede ser «contraproducente», porque «a un mediador no se le puede pedir que enseñe sus papeles nunca».

A CONTRAPELO
Una vaga querencia

Por SANTIAGO GONZALEZ

Jacques Vergès, defensor de terroristas como Carlos y criminales nazis como Klaus Barbie, escribió en sus tiempos izquierdistas un interesante librito, Estrategia judicial en los procesos políticos. Distinguía en él la «estrategia de connivencia», consistente en la aceptación de las reglas del juego por el procesado, de la «estrategia de ruptura», en la que éste aprovecha la ocasión para erigirse en acusador de un sistema injusto. Es ejemplo de este último la defensa que Fidel Castro hizo de sí mismo al ser juzgado por el asalto al Cuartel Moncada. Un proceso de ruptura más cercano a nosotros fue el de Burgos de 1970.

Se hacían cábalas hasta ayer sobre la posibilidad de que Batasuna convirtiese el juicio en un proceso contra el sistema. No hubo tal. La abogada de Arnaldo Otegi hizo una defensa técnica y jurídica de sus posiciones y pidió la suspensión del juicio, al igual que hicieron la defensa de Patxi López y Rodolfo Ares y la fiscal jefe del TSJPV. Sorprendentemente, fue Mikel Casas, el letrado del Gobierno vasco que defiende a Ibarretxe, quien adoptó la línea de defensa más próxima a la ruptura. Después de lamentar las seis ocasiones perdidas por el tribunal para cerrar la causa, en el broche de su intervención transformó su alegación previa en un alegato político a favor del diálogo como procedimiento para resolver conflictos, y exigió la continuación del juicio para luchar por la absolución.

Es el mundo al revés. El 3 de diciembre de 2003 se cumplían 33 años del comienzo del Proceso de Burgos. Aquel día, en el mismo palacio de Justicia de Bilbao, estaba llamado a declarar Juan Mª Atutxa. Un grupo de compañeros de partido, dirigidos por Xabier Arzalluz, lo recibió al pie del coche oficial entonando el Eusko Gudariak (Soldados vascos), himno con el que Mario Onaindía había roto la vista del consejo de guerra hacía 33 años.

Es una vaga querencia sin fundamento. El magistrado Díaz de Rábago, que preside esta causa, no se parece al coronel Ordovás, presidente del Sumarísimo 31/69, ni la fiscal Montes recuerda a su vocal ponente, el capitán Troncoso, ni el PNV fue un gran agitador en diciembre de 1970, ni a aquellos procesados se les habilitó un living en las dependencias del Gobierno Militar de Burgos, como los que se prepararon para los procesados en los sótanos del palacio de Justicia de Bilbao, con sofá, teléfono, televisión y cafetera.

No hay razón para que el lehendakari se sienta humillado, como ha dicho su partido, ni es cierto, como dijo ayer su defensa, que no haya hecho «nada distinto a otros gobiernos democráticos».

Esta negativa no es precisamente un modelo de rigor. Ningún otro gobernante ha convocado una organización ilegal a sus rondas de consultas con los representantes legítimos de los ciudadanos antes de formar gobierno. Por otra parte, en democracia el método para resolver conflictos no es tanto el diálogo como la aplicación de la Ley. Es la Ley quien establece las reglas, los interlocutores y los asuntos del diálogo democrático.

Claro que en estas cosas siempre hay algo de subjetivismo. Un personaje de Elvira Lindo y amigo de Manolito Gafotas, Yihad, describía en un ejercicio de redacción la causa de que su hermano mayor llevase dos años en Carabanchel: «Hace dos veranos fue cuando mi hermano le dijo a una vieja: 'Señora, ¿me da el bolso, por favor?', y la vieja montó un pollo como si la estuvieran matando. Le dio con el bolso en la cara que por poco le salta una ceja y luego va la vieja y se tira al suelo haciéndose la víctima. Y la vieja se rompió un brazo, pero mi hermano es inocente».

EL FUTURO DEL PAIS VASCO / Estrategias políticas ante el juicio
«¡Batasuna 'aurrera'!» y caldo con picatostes

Sólo unos pocos seguidores del PNV y los radicales dieron color a una gélida jornada

ROBERTO L. DE CALLE

BILBAO.-
Ayer no hubo empujones, tumultos, ni agresiones; ni siquiera hubo una multitud arropando al lehendakari, con la salvedad de un puñado de jubilados que desoyó el llamamiento a la desmovilización que había lanzado días antes el dirigente del PNV Joseba Egibar para evitar alteraciones de la normalidad.

Sólo hubo periodistas, alrededor de 125; cerca de un centenar de cargos internos e institucionales de la formación nacionalista, y otros tantos simpatizantes de la izquierda abertzale.

Juan José Ibarretxe lo tenía todo controlado: sabía que estaría arropado por la cúpula de su partido, por un buen número de dirigentes vizcaínos y por la mayor parte de su gabinete.

Enfundado en su abrigo azul, con gesto serio, boca arqueada y cejas hincadas sobre los ojos, recorre el pasillo que forman sus compañeros para acceder al Palacio de Justicia.

Iñigo Urkullu, el presidente del PNV, le abraza ante las cámaras antes de abandonarle: no puede acceder a la sala de vistas por su condición de testigo de la defensa. Joseba Azkarraga (EA) y Javier Madrazo (EB), consejeros de Justicia y Vivienda, le estrechan la mano; él reparte besos entre las mujeres que le acompañan. Y enfila hacia el interior del Palacio de Justicia. En la escalinata, y entre los aplausos de sus incondicionales, amaga con darse la vuelta, pero finalmente no altera su gesto y se pierde en el interior.

Veinte minutos más tarde, llegan los miembros de Dignidad y Justicia y del Foro Ermua, Daniel Portero y Sonsoles Arroyo, acompañados por el abogado Fernando García Capelo y el empresario Arturo Benedí. Portero no exhibe el mismo polo marino con la bandera española y el nombre de su colectivo que lució durante la fase de instrucción, ni acude acompañado por Antonio Aguirre, el ex militante del PSE que recibió una patada en los genitales tras un intercambio de provocaciones. Tampoco está Iñaki Ezkerra después de su conflictiva salida del Foro.

Esta vez, sólo Benedí recibe algunos reproches sonoros, pero por parte de un grupo de trabajadores de una de sus empresas, que le dedica improperios como «caradura» y «sinvergüenza» por haber iniciado su liquidación. También entran.

Aparecen los dirigentes del PSE Patxi López y Rodolfo Ares acompañados por varios cargos socialistas. Apenas hablan, se limitan a caminar de la mano de sus esposas y a lanzar tímidos saludos a los periodistas, y acceden al edificio judicial.

Son las 9.20 horas. Desde la explanada del Palacio de Justicia, entre los vehículos aparcados, aparece un grupo de radicales con ikurriñas encabezado por Arnaldo Otegi y sus eternos partenair Rafa Díez Usabiaga, ex secretario general de LAB; el antiguo dirigente de ETA en los años 80 Eugenio Etxebeste, Antxon; el también ex dirigente de Herri Batasuna Tasio Erkizia; Julen Aginako -un ex miembro de la Mesa Nacional que también conoce la prisión- y la abogada Jone Goirizelaia.

Desfilan tras una pancarta en contra del «estado de excepción» y por la autodeterminación, y los radicales comienzan a proferir gritos, algunos de ellos elocuentes, a modo de avance de lo que se comenzaría a juzgar minutos después. «¡Batasuna aurrera [adelante]!», chillan los simpatizantes abertzales.

Dos horas después se produce un receso y empiezan a salir informadores, invitados e imputados. Patxi López comienza a apurar un cigarrillo mientras Ibarretxe y Otegi siguen en el interior. El Café Iruña es punto de encuentro de dirigentes socialistas, periodistas y simpatizantes abertzales. Los cuartos de baño se convierten en escenario de encuentros extraños.

Rodolfo Ares, responsable de la campaña electoral del PSE, apenas suelta el teléfono después de tenerlo dos horas desconectado. Un compañero de su partido bromea: «Si no le dejan utilizar el móvil durante todo el proceso se va a volver loco. Igual hasta le pide al presidente del tribunal que le deje atender llamadas».

El ambiente gélido convierte el caldo con picatostes en el tentempié estrella y, a cinco minutos para la reanudación del juicio, todos apuran sus consumiciones y vuelven a entrar.

La jornada concluye sobre las 14.00 horas. Iñigo Urkullu vuelve a abrazarse al lehendakari, que reparte saludos de nuevo entre sus compañeros de partido, y entra en Sabin Etxea. Deja en manos del consejero de Interior, Javier Balza, las explicaciones sobre la estrategia de la defensa, mientras los mismos incondicionales le dedican aplausos y gritos de ánimo como «¡lehendakari aurrera!».

Otegi, en paralelo, se dirige a los suyos, que le jalean e intentan imponerse a la ovación con irrintzis [gritos de alegría].

López y Ares salen de forma más discreta. Sin gritos de apoyo ni consignas. Se limitan a charlar con sus compañeros de partido y regresan a su sede.

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