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Lugar: Cantabria, Spain

viernes, 13 de marzo de 2009

FIRMAS: Erasmo, Arcadi Espada, David Torres, Raúl del Pozo, En la Red



A DIESTRA Y SINIESTRA
DAVID TORRES
Del asesinato considerado como chapuza

Después de las masacres que tiñeron de sangre el mismo día Winnenden y Samson, los psicólogos y los aprendices de psicólogo se apresuran a sacar su manual de la señorita Pepis para firmar sus pronósticos infalibles con varios cadáveres de retraso. No fallan porque son pronósticos a tiro hecho, es decir, pintan el blanco justo donde ha dado la bala. Suelen decirnos que el tiroteo estaba cantado, que el asesino novato vivía bajo una tremenda presión, que se sentía solitario y aislado, que sólo era cuestión de tiempo el que saliera a la calle y se pusiera a pegar tiros, etcétera.

O bien, que la sociedad actual genera este tipo de comportamientos, que la violencia en los medios audiovisuales exaspera las tendencias homicidas, que la facilidad con que pueden conseguirse armas de fuego, que los videojuegos, etcétera.

Paparruchas. Hay millones de chavales jugando a reventar zombis en internet y a ninguno se le ocurre cambiar la pantalla por la realidad. Hay millones de estudiantes tímidos y solitarios que no pasan al siguiente curso y a ninguno se le ocurre descargar su frustración a través del cañón de una pistola. Hay millones de chavales que se tragan cada fin de semana varios metros de celuloide ensangrentado (hoy día, rara es la película que no saca, por lo menos, un arma de fuego) y a ninguno se le ocurre salir a la calle a hacer el Tarantino.

La triste verdad es que la inmensa mayoría de jóvenes que repiten punto por punto el perfil de McLendon en Samson y el de Kretschmer en Winnenden seguirán acumulando ira, fracasos y complejos de inferioridad toda su mediocre vida sin que un buen día se les crucen los cables y, ya puestos, decidan cruzar la raya. Por suerte o por desgracia, no hay ninguna señal previa que delate a un asesino de masas.

Dicho de otro modo, Kretschmer y McLendon no eran androides programados para matar por culpa de unos genes defectuosos, un carácter introvertido o una intolerable presión social. Eran seres humanos que podían elegir y eligieron mal. De hecho, eligieron el mal. Anthony Burgess ya escribió a fondo sobre el tema en La naranja mecánica, donde descubrimos que el mal es, precisamente, la posibilidad de elegir, el demonio en términos teológicos, la médula misma de la libertad. McLendon descargó su furia contra su propia familia y Kretschmer contra sus compañeros de clase.Dos noticias leídas una y mil veces: ambos fueron mediocres hasta en el modo escogido para que sus nombres pasaran a los turbios anales del asesinato considerado como chapuza


ERASMO
R. Madrid

CUAL sería la renovación de tal Club, el mejor del mundo del siglo XX. Interpela este diario. Qué hacer: elecciones, etecé.Qué no hacer: huir de aquel «Palco de Arrebatacapas», jolgorio de pícaros. Allí holgaban Fefés y otros céspedes. O maleantes cual el que ayudó a destruir tan grande rotativo democrático (Diario 16). Y no caer en: la tentativa (atentos a Gallardón) de vender el Bernabeu (o a la inquietante Sociedad Anónima).¿Y Liverpool? El «Palco de Arrebatacopas».

¡QUIA!
ARCADI ESPADA
¡QUIA!: Disparan jóvenes armados

AYER fue un día muy extraño en los periódicos. En los periódicos suceden cosas en verdad muy extrañas, coincidencias asombrosas y asociaciones muy creativas. Pero lo de ayer... En Winnenden (Alemania), un adolescente empezó a disparar contra sus compañeros de escuela y mató a 15 personas antes de suicidarse. Al sur de Alabama otro muchacho hizo prácticamente lo mismo y acabó con 11, antes de acabar consigo mismo. En Murcia, un jubilado entró en un hospital y disparó contra una doctora, un enfermero y un taxista. Y, como cada día, hubo los pequeños sucesos asociados que sólo emergen gracias a estos hechos de succión descomunales.Otro hombre armado que irrumpió en un hospital de Nevada, muerto por la policía, o la supuesta matanza abortada en un instituto de New Hampshire.

Estas coincidencias en el tiempo son nutritivas para los astrólogos y otros profesionales de la superchería. Para el periodismo son temibles. El orden del periodismo proviene de las coincidencias, de lo que coincide, y de lo que no, en un día. Es un orden frágil, por lo arbitrario, y este tipo de sucesos tremendos lo ponen demasiado en evidencia. Sucede algo más: el periodismo, tan parecido a los vecinos de Winnenden, anhela una explicación rápida, inminente de estos sucesos. La fast truth, a la que me he referido alguna vez. Desgraciadamente, no puede ir más allá de las notas de carácter: taciturno, solitario, arrogante, asocial y la mejor de todas: un chico normal.

El apogeo del periodismo industrial coincide con un enorme optimismo epistemológico. Los periódicos están construidos sobre viejos armazones psicológicos o sociológicos, de la época en que las dos disciplinas se presentaban como desencriptadoras fetén de la vida. Hoy sólo son herrumbre. La pedagogía social del periódico pasa hoy por limpiar esa herrumbre. Y por exhibir la complejidad, sin caer en la flácida pesadumbre del relativismo cognitivo, de la religiosa imposibilidad de saber. Las causas por las que dos adolescentes destruyeron a 26 personas están fuera del alcance del periódico. No están tampoco en los chats de internet, donde la nueva ingenuidad manotea en pos de la verdad sin comprender el surtido arsenal de máscaras que la red procura. En días como ayer se aprecia mejor que nunca la triste aspereza de Sísifo que requiere este oficio: la obligación de ir llevando hasta la improbable cumbre del sentido datos, hechos, fechas, rasgos, trozos. El gesto del niño criminal de Winnenden que antes de dispararse en la cabeza se arrodilla

EN LA RED

EL RUIDO DE LA CALLE
RAUL DEL POZO

Mancha del Jaguar

Esto se hunde, pero lo vamos a pasar muy bien. El último macarreo es ese Jaguar que Francisco Correa regaló a Jesús Sepúlveda, alcalde de Pozuelo, senador, ex de Ana Mato y colega conseguidor en el cuarto oscuro de la acción electoral. Los padres de la patria van a acabar con las marcas de prestigio. Primero desprestigiaron Audi; ahora, Jaguar.

Cuando alguien decía Yaguar delante de Cela, el premio Nobel reprendía: «¿Por qué esa cursilería de pronunciar Yaguar? Hay que decir Jaguar, coño». Y añadía que el adulterio en Jaguar es incómodo y no distrae más que al principio. Mi hermano Félix Sanz, general de la estirpe de Spínola, Farnesio o Gonzalo Fernández de Córdoba, me cuenta eso de la sota que sueña con visón en el armario, jaguar en el garaje, tigre en la cama y se queda con un cerdo en el sofá. A mí me parece que ese coche tiene el más bello diseño, el que se parece al de los futuristas con sus ojos de fragua. Así que no estoy de acuerdo con Federico cuando dice que ése es el auto de los nuevos ricos. Lo han conducido la Reina de Inglaterra y Paul Newman. El bugata de lujo me trae el recuerdo del avión Fokker, motores Rolls-Royce, donde íbamos en el año 1996 60 enviados especiales en la campaña de Aznar. Pagábamos a escote. Recuerdo como si fuera hoy que acompañamos al aspirante a saludar a Alberti en el Barrio de los Pinares de Cádiz. Entre asesores y cockers, pádel y Cernuda, Aznar desayunaba té con limón y dos naranjas, se fumaba un Cohíba y se entregaba a la campaña-plató.

Unos gachós huidizos organizaban todo: de la reserva de los hoteles al maquillaje. No los recuerdo como ahora, engominados con rubia maciza de bolso baguette. Mariano Rajoy no recuerda si conoce a Francisco Correa. Ana Mato declara que no le consta lo del auto. Leire le exige que aclare si se subió en el regalo de Correa.Nadie sabe nada. Entonces me viene a la mente la escena de Enrique IV en la escalinata de la abadía de Westminster, cuando las trompetas tocan tres veces y Falstaff le guiña un ojo al Príncipe. «No te conozco», contesta el que va a ser coronado, ordenando que alejen al espontáneo a 10.000 millas de la corte.

En el PP - me dicen- se divorcian más que se casan. Ana Mato hace mucho que no está con Jesús. «Están engrandecidos desde Galicia, sólo piensan en ganar las europeas». Pero la razón del poder hace crecer todo tipo de pasiones, desde la codicia al expolio, como escribía Plutarco. «¿Quién gobernará al que gobierna.Está claro, sólo la ley».

Antes fue el Hayga de los estraperlistas; ahora, el Jaguar de los conseguidores, al que le han dibujado una nueva y horrorosa mancha.



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