
#LAS CUATRO ESQUINAS

LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIÁN
En el país de la impunidad
NO PASA ni pasará nada. La final de una competición de fútbol se convierte en una exhibición de independentismo, con alarde de pancartas y banderas inconstitucionales, y no pasa nada. El himno que simboliza a la nación española es recibido con pitidos insultantes, y no pasa nada. El Rey, máximo representante del Estado, es ultrajado en público por una horda de bárbaros vociferantes, y no pasa nada. Aquí nunca pasa nada, siempre que la ofensa venga de esa tribu cavernaria del espectro sociopolítico que tiene la sartén por el mango. Se censura el reportaje de televisión (esa RTVE más democrática que nunca, donde resplandece la verdad y se respetan los sagrados principios de la objetividad informativa) y aquí paz y después gloria. Lo que no se ve o no se oye, no existe. A los efectos de la audioteca las aficiones habrán tenido «un comportamiento ejemplar», como ha sentenciado la vicepresidenta De la Vega sin que se le atraganten las palabras.
No pasa ni pasará nada. La Real Federación Española de Fútbol no sancionará ni al Athetic Club de Bilbao ni al Barcelona. El comité de competición callará. El impresentable Laporta volverá a lucir su bufanda secesionista cuando le pete. La Zarzuela no se dará por enterada ni expresará el menor malestar, como si Sus Majestades no sangraran cuando se nos pincha a todos en sus carnes. Acaso hayan dejado de sangrar, de puro espesa que se les ha vuelto la piel a base de aguantar y aguantar puyazos sin rechistar.
No pasa ni pasará nada, porque ésta es la tónica general de esta España de ZP: ¿Qué los chicos no estudian ni aprenden? «Flexibilidad». A pasar de curso con cuatro o más suspensos, que hacerles repetir sería coartar gravemente su derecho a la felicidad. ¿Qué tienen relaciones sexuales sin la menor protección, en muchos casos bajo los efectos del alcohol? Píldora del día después y aborto libre. Que no se vean obligados, pobrecitos, a hacer frente a las consecuencias de sus actos. Que nada perturbe su buen rollito. La responsabilidad es un concepto caduco y facha, igual que el respeto, el esfuerzo o la urbanidad. No forman parte de los manuales de Educación para la Ciudadanía, asignatura nacida para formar a las nuevas generaciones en el espíritu zapateril del «tranquilos, que no pasa nada».
Decía Gustavo Bueno que nuestro presidente, sumido en el pensamiento simplón e infantiloide de Alicia, vive en el país de las maravillas. Es cierto. En el país de las maravillas y el reino de la impunidad, donde nunca pasa nada… Hasta que pase.
ERASMO
Encuestas
LA VENIA. Tentativa de degradar al pueblo dizque soberano hasta ínfimos estadios de reses de corral. Ni recurrir al sistema de «checks and balancees», contrapesos democráticos, tres poderes. Ni Jovellanos, su deslumbrado fervor por el Derecho anglosajón. Ejecutivo, Legislativo, Judicial ¿Tres poderes? Tres funciones, un solo poder (Franco). Sondeos: del lápiz del Poder. Tan indignos en su boca como de nuestros oídos. Y tanta Prensa en su pesebre (simulan que se las creen).
EN LA RED:
Casi nadie cree que el jefe de Deportes de TVE fuera responsable de censurar el himno
En la final de Copa del Rey del miércoles, TVE no emitió en directo la llegada de los Reyes al palco y el himno nacional, que fue contestado con una fuerte pitada desde las gradas. La cadena lo atribuyó a «un error humano». Sin embargo, sí lo retransmitió en diferido en el descanso, con los pitos atenuados. Tras la polémica, el jefe de Deportes fue destituido. Pero el 88% de los internautas no cree que el responsable de la enorme pifia de TVE fuera Julián Reyes, y piensan que ha sido un chivo expiatorio. Sólo el 12% restante cree que Reyes sí fue el máximo responsable de la desastrosa actuación que tanta polémica ha suscitado.
El próximo debate 'En la red' será el lunes. Podrá usted participar con su voto en la sección de Opinión de elmundo.es. Cada día, de lunes a viernes, EL MUNDO somete a debate y votación los temas más polémicos de la actualidad.
EL CORREO CATALÁN:
ARCADI ESPADA
Sin contemplaciones
Querido J:
La mañana que muere Carlos Castilla llamo al doctor Jambrina, psiquiatra de mérito en Avilés. Es una reacción frecuente. Cuando muere alguien al que conocí trato de mantener una conversación con otro que lo conociera. Supongo que se trata del imposible de hablar una última vez con el muerto. Castilla, además, fue asunto frecuente en nuestras conversaciones. Me decía Jambrina, después de los preliminares noticiosos:
- Al final va a pasar a la historia por algo que no sé si previó. Como un psiquiatra clásico. El árbol genealógico es muy evidente y parte de Cajal, de su rama psiquiátrica: Cajal, Gonzalo Lafora, López-Ibor, Bartolomé Llopis y Castilla. Un enorme psiquiatra clásico, con una preparación neurológica que ninguno de nosotros hemos tenido, y con una monumental experiencia clínica.
- ¡Más de 100.000 historias clínicas!
- En efecto, una experiencia prodigiosa.
- El hombre que oyó contar 100.000 historias.
- Es muy difícil hacerse una idea de lo que supone una experiencia así para un científico.
- Clásico y sin embargo durante una época fue el psiquiatra de mayo. Nuestro psiquiatra, al menos: sexo y antipsiquiatría.
- Es verdad que ahí pasó unos años dudosos, ligado al freudomarxismo. Pero nunca dio el paso al frente hacia el despeñadero ni propuso vaciar los manicomios sin ton ni son.
- Tampoco curó con la imposición de palabras.
- Eh...
- La palabra, el psicoanálisis.
- Je, je. No lo fue nunca. Él practicó más bien una psicoterapia ecléctica, la 'psicoterapia esclarecedora', basada en la atención y presta a ofrecer salidas al discurso del paciente. Y fue un gran psiquiatra burgués.
- ¡Vaya!
- Sí, la culpa es uno de sus grandes temas. Afecciones burguesas.
- Yo diría que más bien literarias.
- Es lo mismo. En el segundo volumen de sus memorias cuenta sus conversaciones con jesuitas sobre ese asunto. Novela burguesa.
- Lo veía como un hombre muy articulado.
- El otro día estaba viendo en youtube una conferencia que dio en Bilbao hará unos tres años. Ya muy mayor y, sin embargo, perfectamente inteligible, articulado como dices.
- Sí, articulado hasta la rigidez. Moral. E incluso física. Había algo rígido en su propia forma de moverse.
- Ya.
El doctor Jambrina no está para pamplinas metafóricas. Yo tampoco debo estarlo. La rigidez... Llevaría faja, como Karl Lagerfeld, del que su asistente ha confesado ahora sobre la faja que lleva y sobre sus gafas negras: le sirven para ocultar que dormita casi todo el tiempo. Castilla fue un intelectual sin contemplaciones: le habría horrorizado verse aquí con Lagerfeld. Un intelectual para el que la vida no tenía sentido fuera de la acción (y ambición) del conocimiento. Otro de su generación y de sus oficios, Luis Martín Santos, cuyo cotejo múltiple con Castilla ofrece tanto interés, era un hombre semejante. Por cierto: lee el libro de José Lázaro sobre Martín Santos, antes de que te hable de él y de Janet Malcolm (y su retrato de Gertrude y Alice) y de Juan Goytisolo y la intimidad.
Cuando conocí a Castilla estaba escribiendo Pretérito imperfecto, su primer volumen de memorias. Se trata de un libro gigantesco, de uno de los mejores libros de memorias que he leído, de un ejercicio intelectual soberbio. Su referente (en el propósito) es Proust; pero con la memoria a secas, sin el clavo ardiendo de la ficción. Y con la ventaja sobre Proust de haberse desprendido por ciencia y por oficio de las adherencias bergsonianas que empastan la sublimidad del francés. Sobre la Guerra Civil, que buscaba minuciosamente bajo las piedras mucho antes de que el ejercicio se convirtiera en asqueante política necrófila y, en especial, sobre el franquismo, al que retrata en todo su inverosímil y culpable retorcimiento, no hay crónica comparable a la de Castilla. Él inventó en ese libro la memoria molecular. Y además lo escribió muy bien, con un gran estilo español. Aunque en este punto me gustaría ser sincero: no sé hasta qué punto su escritura es fruto del trabajo de Celia Fernández, la encantadora joven que ocupó la segunda vida amorosa de Castilla, experta, además, en literatura autobiográfica.
Al decir Castilla en ese día de nuestro conocimiento que estaba escribiendo sus memorias, le pregunté cómo iba tratar el suicidio y la autodestrucción de varios de sus hijos. Aún noto, y está muerto, cómo le sentó.
- Para empezar, ya veremos si lo trato.
- Hombre, sería desconcertante ver cómo un especialista en la conducta humana elude la cuestión.
- No estoy obligado -cortó.
No estoy seguro, pero la conversación se produciría a finales de 1995. Es un azar extraño que la última vez que lo viera fuese en la Casa del Olivo del pueblo cordobés de Castro, tan bella, silenciosa y refinada, y que cerráramos nuestra conversación de siete años también con los hijos. Este último acto del diálogo se publicó en el verano de 2002 en el diario El País. No debo traerte aquí las frases violentas y veraces que Castilla dijo sobre la vida, la muerte, la paternidad y la ambición intelectual, porque esas frases, como ciertos dibujos, no resisten la luz intensa y deben leerse bajo la sombra que procura el contexto.
En el año 2004 Castilla publicó el segundo volumen de sus memorias. Casa del Olivo, precisamente. Allí encaró la muerte sucesiva de sus hijos. Cinco páginas (de 500) obligadas, donde se ve, y ni siquiera al trasluz, el forzamiento y el trámite. Lo realmente valioso e indicativo de ellas es, después de la anotación casi periodística de tanta muerte (ah, cierto: «Il vero è nel fatto», como dice el filósofo Vico en la cita del inicio), la energía final, feroz, el gesto furioso con que Castilla se desata de la asfixia de las ligaduras: «Reivindico para mí mismo el derecho a buscar el resquicio por el cual salir de la desgracia y construirme un lugar donde ser feliz». Hay lo mismo en las líneas finales de Pretérito imperfecto, cuando llega con 27 años a la ciudad de Córdoba, alfa y omega: «Crearme una Córdoba para mí, en la que trabajar, leer, escribir, vivir». Un resquicio, una Córdoba. Ni la tragedia colectiva del franquismo ni la tragedia personal pudieron con Castilla. Y ni siquiera hoy, en este último trance, podría uno ceder al verso y decir que la muerte al fin le ha derribado. Fuera metáforas y mucho menos la carroña metafísica. Su lucha se libró, a costa de lo que fuese, contra la vida. Venció.
Sigue con salud.
A.
LA POLÉMICA NACIONAL / DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN:
Artificios en el Congreso, realidades en Mestalla
Rajoy tildaba de mentiroso a Zapatero y de analfabetos a los socialistas; Zapatero, de faltón y perdedor a Rajoy. Y prometía, ¡una vez más!, ordenadores para los escolares. El artificioso debate del Congreso ha terminado en empate (a cero), mientras en otros lugares -Mestalla, con su bronca a España...- sí se percibía el frágil estado de la nación.
VÍCTOR DE LA SERNA
«¡Ni una palabra sobre la Justicia, ni una palabra sobre la situación de la lengua española!». La indignación de Jiménez Losantos -en su tertulia, al día siguiente de anunciar que no seguirá en la Cope- era patente tras la primera jornada del Debate sobre el estado de la Nación. Y ninguno de los dos principales líderes políticos salía bien parado. En el conjunto de los medios, y después de un amplio reconocimiento -con excepciones como la de La Razón- de la habilidad de Zapatero para sortear el embate demasiado monotemático, impreciso y generalista de Rajoy, la impresión final ha sido mucho más mitigada. Con unas horas de análisis, de la inconexa batería de soluciones presentada por el presidente quedaba bien poco. Y, mientras tanto, se resaltaba que la sonrojante pitada al himno y al Rey de la final copera, con el añadido del torpe intento de censura por parte de TVE, dicen más del verdadero estado del país que dos días de peroratas en la carrera de San Jerónimo.
Triunfalismo inicial en Público (Zapatero desarma a Rajoy) y en El País, que trompeteaba medidas «para cambiar el modelo productivo. Pero un indulgente ABC explicaba en titulares: El PSOE celebra que Zapatero salvara el Debate ante los suyos para arrancar la precampaña europea. Rajoy tampoco apretó: prefiere que el Gobierno se consuma antes en su soledad y con sus propios errores.
Es interesante la cronología en El País. El día 13, editorial entusiasta: «Por primera vez, después de más de dos años de crisis y 91 medidas poco coordinadas, el Gobierno adopta iniciativas con probabilidad de éxito para crear simultáneamente empleo y sustituir a medio plazo la economía del ladrillo por un patrón de crecimiento basado en la productividad, la tecnología, la educación y la sociedad de la información». Pero en sus propias páginas aparecía al día siguiente el tío Paco -bueno, el economista valenciano Manuel Sanchis i Marco- con las consabidas rebajas: «Afirmar que tenemos que 'cambiar el modelo productivo' como si pudiésemos hacerlo en un santiamén es un planteamiento simplista y peligroso, signo inequívoco de la crisis de visión que aqueja al pensamiento económico y político en España».
Remachaba, en EL MUNDO, Casimiro García-Abadillo: «Zapatero elaboró un discurso poco ideológico con medidas que conforman unos efectivos fuegos de artificio. (...) El recorte del 5% del Impuesto de Sociedades a pymes apenas supone un ahorro fiscal de 16.000 euros al año como media. ¿Alguien cree que esa medida evitará la sangría que supone el cierre de miles de empresas?».
En cuanto a la zafia realidad de Mestalla, ésta movía a Antonio Burgos a comentar en ABC: «De las muchas Copas que tienen los dos en sus vitrinas convendría, pues, echar la cuenta sobre cuántas ganaron durante la dictadura. Y si esas Copas se las dio Franco, ¿por qué no les aplican entonces la Ley de la Memoria Histórica y las retiran, como las estatuas del Generalísimo que se las entregó en persona, con Doña Carmen Polo al lado? ¡Vamos, anda ya, hombre, con el cuento del envergue del separatismo!».
VIDAS PARALELAS / ÁNGELES GONZÁLEZ-SINDE / LENI RIEFENSTAHL:
Propagandistas del líder PEDRO G. CUARTANGO
A Hitler le sobraban generales y le faltaba talento. Por eso, quedó prendado de Leni Riefenstahl, cuyo genio utilizó para engrandecer el regimen nazi.
Zapatero ha fichado como ministra a Ángeles González-Sinde, una cineasta que representa a ese lobby de artistas que con tanto entusiasmo loan a su gran líder.
El zapaterismo siempre ha sido sensible a la propaganda, cuyo manejo magistral es una de las razones de su éxito, al igual que el desaforado gasto con el que intenta contentar a todo el mundo.
Zapatero no busca convencer con sus ideas, que no las tiene, sino con sus gestos y sus gastos. Por eso necesita propagandistas que confieran a su gestión una grandeza épica de la que carece.
Esto lo hizo fenomenalmente Leni Riefenstahl con dos películas que contribuyeron a mitificar el nazismo en los años 30: El triunfo de la voluntad y Olympia, que siguen sobrecogiendo al espectador a pesar del paso del tiempo.
González-Sinde puede convertirse en la Riefenstahl de Zapatero. Hitler invitaba a tomar el té y regalaba flores a su directora favorita. Zapatero ha hecho ministra a la suya y puede que le encargue algún trabajo que engrandezca su figura con un aura heroica.
Casi todos los grandes líderes políticos se han sentido atraídos por el mundo de la literatura y el cine, medios en los que han visto la posibilidad de quedar retratados favorablemente de cara a la posteridad.
Franco escribió un guión autobiográfico que luego fue llevado al cine por José Luis Sáenz de Heredia. Tal vez Zapatero esté escribiendo otro para ser filmado por González-Sinde. Podría titularse Una palabra tuya si no fuera porque la directora ya hizo una película con este sugerente nombre.
Bien pensado, el propio Zapatero podría dirigir ese gran documental sobre su régimen, en el que todos sus ministros podrían ser actores. ¡Qué fantástico futuro para el fotogénico Pepiño!
Riefenstahl, por la que Goebbels sentía unos celos invencibles, filmó la concentración nazi de Nuremberg en 1933, en la que Hitler contempla desde su hotel a las juventudes del partido desfilando por la noche con antorchas.
González-Sinde podría acudir a los mitines socialistas y reflejar a ese Zapatero que tantos orgasmos -Zerolo dixit- suscita entre las bases. Y es que el zapaterismo se ha convertido en un movimiento irracional de adhesión, que diluye lo individual en un sentimiento colectivo de identidad. Elías Canetti lo llamaría masa.
Si Riefenstahl fue capaz de presentar a Hitler como un gran héroe wagneriano, estamos seguros de que González-Sinde podrá retratar a Zapatero como un estadista sin par. Calígula era un canalla, pero no le faltaron artistas para alabar su figura. A Zapatero le sobran.
ASUNTOS INTERNOS:
El aburrimiento del 'cheddar'LUCÍA MÉNDEZ
Hoy en día, a pesar de la cantidad de estímulos y diversiones, la gente se aburre muchísimo. Hace poco, un trozo de queso cheddar enfocado por una webcam se convirtió en una estrella en internet. Miles de personas de todo el mundo se conectaban durante horas a la página del cheddar sólo para ver cómo evolucionaba su proceso de curación, que duró doce meses. Aunque la apariencia del cheddar cambiaba con mucha lentitud, como es lógico en este tipo de quesos, la gente se quedaba hipnotizada observándolo en su ordenador. Un día se produjo un acontecimiento inesperado: la etiqueta se cayó, lo que dio lugar a una auténtica convulsión entre los internautas, que se relataron sus impresiones sobre la peripecia. Este extraño suceso demuestra que hay muchas personas que matan el tiempo esperando a que las cosas maduren o bien se pudran. Desde otro punto de vista más positivo, el episodio es la exaltación del aburrimiento como una de las bellas artes.
No sé en cuál de las dos categorías encuadrar el papel del líder de la oposición en el Debate sobre el estado de la Nación. Es posible que haya decidido engancharse a la webcam de La Moncloa para ver si a Zapatero le sale una arruga, y después celebrarlo como los internautas cuando se despegó la etiqueta del cheddar. O si, como le dijo una jóven que participó en el programa Tengo una pregunta para usted, quiere llegar al poder por aburrimiento en su modalidad más artística.
Ignoro si alguien del círculo interno de Mariano Rajoy -además de hacerle la pelota- se ha molestado en analizar el último barómetro del CIS. No en lo que se refiere a la intención de voto, sino a otro dato importante a la hora de fijar estrategias: los españoles tienen menos fe en él que en Zapatero. El 66% asegura tener poca y/o nula confianza en el presidente, pero una cifra aún mayor -el 80%- desconfía del líder del PP. ¿Contribuyó la intervención de Rajoy en el debate a despertar fe y esperanza en su capacidad política y de gestión de la crisis? La mayoría de los dirigentes populares consultados considera que no. Bien es verdad que muestran casi el mismo aburrimiento que los internautas siguiendo minuto a minuto la lenta maduración del cheddar. Pasito a pasito, a lo mejor Zapatero acaba desgastándose a sí mismo y pierde las elecciones él solito, igual que los quesos maduran en las estanterías. Hay una pega. El aburrimiento de los internautas del cheddar era lúdico y buscado, mientras que el de los españoles está lleno de irritación y hartazgo.
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