e-pesimo Auxiliar 1

Auxiliar1, Auxiliar2, Auxiliar3 y Auxiliar4 son Blogs auxiliares de epesimo y de e-pesimo

Actualización de madrugada

Mi foto
Nombre:
Lugar: Cantabria, Spain

jueves, 4 de marzo de 2010

ZAPATERO Y EL CAMARADA-COMPAÑERO GORILA CHÁVEZ, PROMOTOR DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: «No tengo que darle ninguna explicación a Zapatero»



El relevo del malandro

GINA MONTANER

Pertenece a la jerga popular venezolana. Un malandro es un delincuente en busca de bronca. Un tipo que siempre está a punto de liarla. Un sujeto metido en asuntos turbios.

Bien, con un lenguaje leguleyo, el magistrado de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco ha señalado en un auto indicios de que el gobierno de Hugo Chávez pudiera estar amparando la relación entre las bandas terroristas ETA y FARC. Por muchos eufemismos que se empleen, en las calles de Caracas lo tienen claro: la justicia española se ha topado con el malandro de Chávez.

Digamos que se trataba de la crónica de una complicidad anunciada, pero ahora avalada por un organismo independiente. El escándalo es tan mayúsculo que el etarra Arturo Cubillas, afincado en Caracas desde 1989, llegó a tener un cargo oficial en el gabinete chavista. La cosa venía de lejos. Venezuela se ha convertido en un santuario donde los guerrilleros revoltosos de este mundo reciben entrenamiento y refugio para perpetrar sus travesuras mortíferas. Y quiénes mejores que los experimentados instructores etarras y del IRA para adiestrar a los discípulos de 'El Che' Guevara en las espesas selvas de Latinoamérica.

Como era previsible, el presidente venezolano no ha tardado en descalificar al Ejecutivo español. «El tiempo de la colonia acabó», respondió con desdén en la toma de posesión de José Mújica en Uruguay. Y es que lo poco que sabe este malandro lo ha aprendido de su mentor, Fidel Castro. Estamos, me temo, ante El Pequeño Saltamontes después de absorber la sabiduría que le ha trasmitido su particular maestro Po. Su demagogia victimista, aludiendo a las «cadenas» de épocas pasadas, es el eco cansino del verano de 1990, cuando Castro acusó de capataz imperialista al entonces ministro español de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. En julio de ese año, en La Habana se desató un conflicto social con la ocupación en diversas delegaciones extranjeras por parte de ciudadanos desafectos. Para castigar el apoyo que el gobierno socialista de Felipe González brindó a los asilados, la dictadura cubana infiltró en la sede diplomática a unos falsos disidentes que, en verdad, eran policías castristas. Había estallado la crisis de las embajadas y Castro provocó un grave incidente internacional con insultos por medio.

Hugo Chávez ya no es un grillo de barracón, sino un dragón con siete cabezas que no sólo amenaza la estabilidad de la región, presuntamente vinculado a planes de atentados contra los presidentes colombianos Álvaro Uribe y Andrés Pastrana. Su afán internacionalista, calcado del ya retirado sensei Castro, lo ha llevado a cultivar amistades peligrosas con las multinacionales del terrorismo.

¿Qué puede hacer el Gobierno de Rodríguez Zapatero frente a este feo asunto que hasta ayer era un secreto a voces? Debe, por lo pronto, formar un frente común con la Unión Europea porque un Estado que alberga y financia a terroristas es un enemigo del que las sociedades abiertas tienen que protegerse. En cualquier caso, como se las está viendo con un clásico fanfarrón, su capacidad de acción es limitada, ya que le responderán con una sarta de falsedades y ocultamientos. En declaraciones al periódico venezolano El Universal, Diego Arria, ex embajador ante la ONU, ha dicho: «La ley española no va a llegar hasta acá, pero sí llega la importancia que tiene una acusación de esa naturaleza».

Mientras, la investigación prosigue y se van conociendo más detalles de una trama que llega hasta Cuba, donde desde hace décadas residen etarras que han gozado de la protección de la tiranía castrista. De dónde, sino, iba a nacerle al amateur de Chávez su simpatía por esta banda asesina de corte marxista-leninista. Es el viaje a la semilla y, en este caso, la simiente la pusieron las lecciones podridas del comandante y ese afán tan terrible de El Che de convertir al hombre en una «efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar». Parece mentira que todavía haya incautos paseándose con camisetas que llevan el retrato de este asesino mesiánico.

Sobra decir que, 50 años después de la instauración en Cuba de un modelo totalitario que llegó a desestabilizar Latinoamérica sufragando movimientos guerrilleros, sólo la ruina económica detuvo las ansias expansionistas de un régimen que llegó a mandar soldados a Angola y Etiopía. No es el caso de Chávez, bendecido por unos petrodólares que dan alas a su revolución bolivariana. ¿Cómo, entonces, poner freno a la franquicia terrorista que parece estar auspiciando este señor? El Pequeño Saltamontes asegura que la historia lo absolverá. Son las enseñanzas de su anciano y ciego maestro



Hugo Chávez: «No tengo que darle ninguna explicación a Zapatero»

El Gobierno tomará medidas si Venezuela no colabora

JAIME LÓPEZ / MARISA CRUZ

Caracas / Madrid

Zapatero embustero «No tengo que darle ninguna explicación a Zapatero». Hugo Chávez ha dejado claro que no va a decir nada sobre las acusaciones de colaboración del régimen venezolano con ETA y las FARC vertidas por el juez Eloy Velasco en un auto de procesamiento.

Durante un acto en una populosa barriada de Caracas, el presidente venezolano calificó ayer de «temeraria» la acusación del magistrado de la Audiencia Nacional -a quien acusó de formar parte de una «orquesta internacional contra su país»- y manifestó que «es absolutamente falso» que apoye a ETA.

Chávez aseguró que no ha recibido ninguna solicitud formal sobre el asunto y relató la conversación que el martes mantuvo por teléfono con Miguel Ángel Moratinos, a quien calificó de «buen amigo». Indicó que el ministro de Exteriores español no le pidió «ninguna explicación», sino que «más bien» le llamó «para explicarle que el Gobierno de España no tenía nada que ver en este tema».

«Él llamó para aclararnos a nosotros, para darnos una explicación. Así me lo dijo: 'Sepa usted que mi Gobierno no tiene nada que ver con esto'», aseveró.

Y añadió: «El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien yo estimo mucho, salió diciendo por allá que el Gobierno de él se dirigió al de Chávez para exigir explicación. Pues yo, Zapatero, no tengo nada que explicar, compañero, nada. No tengo nada que explicarle a Zapatero, ni a él ni a nadie en el planeta, más bien el jefe del Gobierno español y el Rey de España deberían meter el ojo a su poder judicial».

Horas antes de conocer esta respuesta, el Gobierno mantenía que no daría un paso antes de que Caracas diera respuesta oficial, por escrito y detallada, a las acusaciones de colaboración, bajo el argumento de que no desea «satanizar» al régimen venezolano.

La actitud que mantenían en el departamento de Moratinos era la de «no poner la mano en el fuego» por Venezuela, pero tampoco restringir las relaciones antes de obtener de Caracas una explicación concreta y convincente.

En Exteriores no se negaba la posibilidad de tener que adoptar medidas diplomáticas -la primera sería convocar al embajador venezolano en Madrid- pero éstas se activarán, señalaron las fuentes consultadas, «si hay que protestar porque Caracas se niegue a colaborar, o bien porque las explicaciones que proporcione sean insuficientes».

La retirada del embajador español de Caracas e incluso la ruptura de relaciones son pasos extremos que se adoptarían si finalmente hay pruebas concluyentes que demuestren la cooperación, amparada por el régimen de Chávez, entre ETA y las FARC con el objetivo de atentar en España contra altos cargos colombianos, entre ellos el actual presidente Álvaro Uribe.

En Exteriores, los expertos en Iberoamérica aseguraron que todos los países latinoamericanos en los que residen miembros o colaboradores de la banda terrorista «tienen claro que con ETA no se juega y son conscientes de las consecuencias que se derivarían para su relación con España de una política de connivencia y apoyo a la banda».

«No tengo intención de dañar las relaciones con el presidente ni con el Rey de España», aclaró ayer Chávez, y añadió: «De la actitud del Gobierno de España dependerán las relaciones. Tienen que respetarnos»


Garzón dice que él ya investigaba

MANUEL MARRACO

Madrid

Zapatero embustero Tras recibir una copia del auto en el que el juez Eloy Velasco procesaba a 13 terroristas de ETA y las FARC, Baltasar Garzón llamó a su compañero para advertirle de que él ya investigaba la vinculación con las FARC de la única procesada a disposición de la Justicia española: Remedios García Albert. El resultado de la llamada es que Velasco ha reclamado a Garzón una copia del material de que dispone contra ella para examinarlo y valorar qué juzgado debería seguir adelante con esa parte de la investigación. A priori, el candidato parece ser Garzón, ya que la imputación que efectuó era por colaboración o «pertenencia», lo que presume una investigación más detallada que la simple colaboración recogida por Velasco. En cualquier caso, la remisión del material se limitaría a lo que afectase a esa procesada, y no a la causa en la que ha surgido una supuesta colaboración del régimen venezolano con las dos organizaciones terroristas. Garzón interrogó a García Albert en julio de 2008 y la dejó en libertad bajo fianza de 12.000 euros. En su auto, afirmaba que había mantenido «una relación fluida, cercana a la integración» con las FARC a través de 'Raúl Reyes', del que recibió 6.000 euros para el representante de las FARC en Europa. Igualmente, afirmaba que la mujer había estado al menos dos veces en campamentos militares. Por el momento, Velasco mantiene la declaración indagatoria de la presunta integrante de las FARC para el próximo 24 de marzo, durante la cual le comunicará su procesamiento

El triángulo diabólico del chavismo

LA IZQUIERDA en general, la extrema izquierda en particular y una importante parte de la progresía occidental ha considerado con demasiada frecuencia que Hugo Chávez y su populismo radical eran la quintaesencia de la modernidad y del progreso. Chávez no es de izquierdas, seguramente ni siquiera de izquierda radical. Chávez es un admirador de un sin fin de dictadores militares de diverso signo y color. Cualquiera que haya estudiado mínimamente su biografía sabe demasiado bien que su héroe indiscutido e indiscutible es Marcos Pérez Jiménez, dictador de Venezuela hasta 1958. Las lecturas y, en consecuencia, la ideología del caudillo venezolano han sido hasta hace poco un gran misterio.

Lo que sí sabemos es que el populismo, tropical o no, ha sabido conjugar las peores características del totalitarismo. Por una parte ha politizado y dividido las fuerzas armadas para garantizarse el monopolio de la fuerza del Estado. Todo aquel militar que haya creído ver en Chávez a un dictador militar con las características propias de ese tipo de dictadura se equivoca de parte a parte. Es más, Chávez ha privatizado y politizado el uso de la fuerza y de la violencia políticas, ha convertido a las milicias popular y territorial, así como a los círculos bolivarianos, en el frente defensor principal de su régimen y su poder. Al mismo tiempo la policía política, verdadera Stasi de Venezuela, la DISIP, se ha convertido en una suerte de Gestapo caribeña omnipotente, omnipresente, sin escrúpulos, implacable.

Para entender la extensión y falta de límites de su poder basta conocer la penetración e influencia de los agentes cubanos de la temida y sanguinaria G-2. Todos los regímenes totalitarios han intentado siempre perseguir al discrepante y al opositor como si de delincuentes, dementes o terroristas se tratase. Venezuela no es una excepción. El último extremo, aún no logrado, es declarar ilegales a todos los partidos, afines o no, e integrar a los coaligados y afines en un solo instrumento de poder que hoy recibe el nombre, muy significativo, de Partido Socialista Unificado de Venezuela o PSUV.

El régimen chavista, lejos de ser un garante de la progresía y de la libertad, es un elemento pluscuamperfecto de represión y de opresión. Poco importa que en ocasiones sus instrumentos totalitarios en apariencia carezca del rigor de la URSS o la DDR. Lo cierto es que su carácter implacable en un mundo en que el estalinismo y el totalitarismo son denostados incluso por algunas izquierdas radicales acaba siendo verdaderamente significativa. La persecución de opositores, discrepantes, periodistas críticos, extranjeros discordantes o cualquier otro diferente se ha convertido en el eje central de la acción represora del régimen chavista. Venezuela no es una democracia. Quienes afirman lo contrario desconocen que todo régimen democrático precisa, además de convocatoria de elecciones, separación de poderes, justicia independiente, garantía y respeto absoluto a los derechos y libertades fundamentales, Estado de Derecho, imperio de la ley e igualdad de todos los ciudadanos ante ésta. Ninguno de estos requisitos, ninguno, es respetado o siquiera tenido en cuenta por el régimen chavista.

Zapatero embustero El chavismo y su caudillo han utilizado burdamente a Venezuela como instrumento fundamental y plataforma de exportación de su ideología totalitaria. El régimen chavista poco o nada ha hecho en beneficio de aquéllos a los que dice proteger. Los marginados, necesitados y pobres de Venezuela han sido burlados, engañados y utilizados con un propósito muy claro: el uso, abuso y perpetuación en el poder. Esta misma filosofía, verdadera hoja de ruta totalitaria, ha sido convertida en método y exportada eficaz, y por qué no decirlo, inteligentemente, a otros países de América Latina. Hoy en día ante el temor, complacencia, ignorancia o irresponsabilidad de tantos, Chávez y su régimen populista radical se han convertido en una de las principales fuentes de inestabilidad, incertidumbre, violencia del continente y quién sabe si del mundo.

Otra cuestión que conviene estudiar a fondo es la construcción y promoción de una alianza antisistema y antidemocrática patrocinada por el chavismo. Todos los radicalismos, tengan el color que tengan, son bienvenidos en esta alianza con tal de que compartan los objetivos esenciales. A saber: el antiimperialismo (léase antiamericanismo, antioccidentalismo), la frontal oposición a la democracia tal y como la mayoría la concibe, el anticapitalismo, la mercadofobia, el antiliberalismo, la frontal oposición a la tolerancia y el respeto al distinto, el ataque implacable a la libertad individual y cualquier otro elemento totalitario.

En este sentido, no se puede obviar que se ha forjado ya una alianza entre cuyos principales actores es preciso contar a la extrema izquierda, a los antisistema, a los antiglobalizadores, a los anticapitalistas, a los antiliberales, a los antidemocráticos, a los populistas y a los indigenistas radicales. Y también, no lo olvidemos, a la ideología islamista radical. Muchos escépticos piensan que fuerzas tan heterogéneas y en apariencia contradictorias podrían muy bien ser antagónicas. Sin embargo, coinciden en la esencia: la confrontación a la libertad, a la democracia y a los derechos y libertades fundamentales.

La actualidad nos ha puesto de manifiesto hasta qué punto todo lo hasta aquí escrito es una flagrante y peligrosa realidad. El régimen de Hugo Chávez se ha convertido no sólo en un aliado pasivo de los mayores radicalismos del planeta; es de hecho, uno de los ejes centrales del extremismo mundial. No contento con atacar política, filosófica y sistemáticamente la democracia y la libertad, se ha propuesto ser un elemento esencial de la confrontación contra la esencia y el corazón mismo de los regímenes de libertades. Esto que puede parecer, a primera vista, una elaboración teórica, no es sino la grave, gravísima, consecuencia de una estrategia de desestabilización, violencia y ataque total a todo aquello que suponga democracia y libertad individual.

Llegados a este punto, la complicidad, coordinación y, en ocasiones, coautoría con grupos terroristas, incluidos en la lista estadounidense y europea de organizaciones criminales, no deja de ser una consecuencia dramáticamente lógica en su dinámica totalitaria. Las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) no son simplemente un grupo terrorista calificado como tal en las listas de la Unión Europea y de Estados Unidos. Son, fundamentalmente, el más poderoso y próspero cartel de drogas del mundo, cuyo éxito comercial no sería tal si no consiguiese exportar más del 50% de la droga colombiana a través de territorio venezolano con la imprescindible complicidad del régimen chavista.

¿Puede alguien dudar todavía de que las FARC son la quintaesencia de lo que se ha dado en llamar el narcoterrorismo? A todo esto viene a añadirse la colaboración, complicidad y cooperación necesaria con la banda terrorista ETA, como ha quedado de manifiesto por medio del auto judicial del juez Velasco de la Audiencia Nacional. Me permitirá el lector que señale que todos estos extremos estaban detallados prolijamente en mi libro Contra Occidente, pero la constatación judicial de los mismos los convierte en unos hechos de extrema gravedad y sin precedentes en la historia de las relaciones internacionales. La complicidad del régimen de Hugo Chávez con el crimen organizado, el terrorismo y el narcoterrorismo es razón suficiente para poner bajo escrutinio, vigilancia y quién sabe si sanciones a un régimen totalitario, desestabilizador y cómplice del crimen internacional.

DESDE QUE EL Partido Socialista alcanzó el Gobierno en el año 2004 hasta hoy se ha diseñado una política vergonzante, vergonzosa, peligrosa, irresponsable, contraproducente y frontalmente opuesta a los intereses de la democracia y las libertades con respecto a América Latina y con irradiaciones peligrosas y de largo alcance en el resto del mundo. Lamentablemente conocemos los permanentes intentos del Ejecutivo y del Partido Socialista por exculpar, explicar, disculpar, justificar, minimizar y, en demasiadas ocasiones, aplaudir, jalear y alabar las políticas del populismo radical totalitario que hoy se demuestra es, y ha sido, cómplice del terror. Demasiadas veces se ha escuchado en la Comisión de Asuntos Exteriores y también en el Pleno del Congreso vergonzosos discursos de defensa, justificación y alabanza de una ideología totalitaria y del régimen opresivo, expansivo y violento al que inspira.

Éste es el momento en el que el Gobierno debe dar urgentes y detalladas explicaciones de su política respecto a Venezuela en sede parlamentaria. Lo menos que se puede pedir es la convocatoria del embajador venezolano en Madrid para exigirle explicaciones por tan incalificable conducta de su Ejecutivo, seguido, si esta actuación no fuera satisfactoria, que no lo será, de la llamada a consultas del embajador de España en Caracas.

No se preconiza aquí la ruptura de relaciones, sino una actuación firme y contundente contra un régimen que ha demostrado ser un frontal enemigo de la democracia y de la libertad. El Partido Socialista y sus grupos parlamentarios en el Congreso y en el Senado no sólo han justificado y exculpado al régimen chavista de sus gravísimos atentados contra la legalidad internacional y la libertad, sino que incluso han jaleado y cantado las alabanzas de sus «logros sociales, carácter democrático y progreso». En algunas ocasiones diputados con nombres y apellidos han bloqueado iniciativas de censura y crítica al régimen chavista y sus aliados mundiales. Ésta es la hora no sólo de las explicaciones debidas a la ciudadanía de la España democrática. Éste es el momento de una solemne petición de disculpas ante el pueblo soberano. Semejante error quedará para siempre inscrito en el haber de este Gobierno y del partido que lo sustenta.

Gustavo de Arístegui es diplomático, diputado por Zamora, portavoz de Asuntos Exteriores del PP en el Congreso y autor del libro Contra Occidente (La Esfera de los Libros).

Etiquetas:

Links to this post:

Crear un enlace

Home

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis

Visitor Map
Create your own visitor map!