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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

viernes, 4 de junio de 2010

FIRMAS: Federico Jiménes Losantos, Arcadi Espada, Raúl de Pozo, Ignacio Garcia de Leániz


COMENTARIOS LIBERALES

F. JIMÉNEZ LOSANTOS

Una justicia rifeña

EL TRIBUNAL de Estrasburgo, una década después, ha dado la razón, toda la razón y nada más que la razón a José Luis Gutiérrez, director de Diario 16 y víctima de la justicia española cuando el sultán de Marruecos Hasán II interpuso contra él una demanda en defensa de su honorrr.

Han de saber ustedes que los tiranos tienen un honorrr muy delicado, a todo déspota le preocupa su honorrr. Y la alteración del frágil honorrr del sultán se debía a una información sobre el tráfico de hachís de África a España, en cuya persecución se apresó en Algeciras, a fines de 1995, un camión de los Domaines Royaux, o sea, Dominios Reales, la empresa de los negocios particulares del sultán de Marruecos, que llevaba en un fondo falso casi cinco toneladas de hachís. Para ser exactos, 4.638 kilos.

El 18 de diciembre, Diario 16 tituló así la importante noticia: «Cinco toneladas de hachís encontradas en un envío de una compañía que pertenece a Hasán II». Subtítulo: «La compañía de la familia de Hasán II, implicada en el tráfico de droga». Recuérdese que por la confusión o indiferenciación entre bienes privados y públicos de la Familia Real marroquí, no sólo el camión, pública propiedad privada del sultán, sino todo el tráfico de hachís en Marruecos, ha caído bajo la sospecha policial y mediática de estar amparado, compartido o ineficientemente perseguido -según el medio y la época de la denuncia- por esa concentración de todos los poderes, políticos, legales y religiosos, que es el sultán marroquí.

Sólo por eso, un juez de verdad, atendiendo a la necesidad de información sobre tan grave asunto y la difícil definición del honorrr de un tirano (¿qué sabe el juez de las finanzas opacas de Hasán?) debería haber protegido a Gutiérrez y Diario 16 del ataque de Hasán II, que en 1997 decidió bruñir su honorrr y perseguir la libertad en España. Pues un juzgado de primera instancia, la Audiencia Provincial de Madrid, el Supremo y el Constitucional dieron la razón a Hasán II y protegieron su honorrr mientras machacaban el de Gutiérrez y Diario 16.

Todo, todo lo que se decía era cierto y era Hasán II el que debía explicar, no apelando a su honorrr sino a datos fehacientes, cómo se habían escondido en uno de los camiones de su propiedad casi cinco toneladas de hachís. La Justicia española alcanzó en ese caso una de las cumbres de su acción liberticida. Estrasburgo la confirma como la más peligrosa del Rif.

«Un juez de verdad debería haber protegido a 'Diario 16' del ataque de Hasán, que decidió perseguir la libertad»

>TRIBUNA / CRISIS POLÍTICA / IGNACIO GARCÍA DE LEÁNIZ

El laberinto mental de nuestro presidente

El autor establece un original paralelismo entre la película 'El motín de Caine' y lo que le está sucediendo a Zapatero
Considera que ya es muy difícil que el inquilino de La Moncloa pueda superar su actual 'fase de depresión'

Recordará el lector aquella película dirigida por Edward Dmityrik en 1954, El motín del Caine, que supuso uno de los mayores desafíos interpretativos de Humphrey Bogart. Por si acaso, no está de más repasar su argumento: un dragaminas de la armada estadounidense, el USS Caine, recibe a su nuevo comandante, el capitán Queeg, cuya estructura mental -y por tanto de gobierno- resulta un complejo laberinto, pleno de rasgos neuróticos.

La situación a bordo se hace más o menos llevadera, hasta que la crisis en forma de tifón en pleno Pacífico hace insostenible la percepción distorsionada de la realidad de Queeg y su capacidad de mando. En efecto, nuestro capitán no sólo tarda en hacerse cargo de aquella tormenta perfecta, negando la brusca bajada de los barómetros del puente de mando, sino que, además, rehúsa adoptar las medidas pertinentes al uso que le recomienda su segundo, el teniente Marik. Medidas todas basadas en el sentido común de la experiencia náutica: soltar lastre para evitar la zozobra del dragaminas a merced de aquellas olas descomunales en lo más alto de la Escala Beaufort.

En aras de la supervivencia del buque y de la tripulación no queda otro remedio que relevar a Queeg mediante un motín propiciado por los oficiales: sólo así se logra salir de aquel infierno adoptando las acciones marineras pertinentes y que el Caine pueda llegar a buen puerto. He aquí a grandes rasgos la síntesis de la primera parte de la película, que antecede al Consejo de Guerra contra la oficialidad amotinada.

Pero para nuestros efectos, basta con esta primera mitad para toparnos con una metáfora tan desasosegante como explicativa que da cuenta y razón de la emergencia nacional al borde del naufragio mismo en que nos hallamos. Así, si el lector sustituye al comandante Queeg por nuestro presidente Zapatero, al dragaminas Caine por esta nación en zozobra y al tifón asiático por la crítica situación económica que ha llevado a nuestro país a ser incautado por el eje Berlín-París, hallará que la simple metáfora trueca en paralelismo angustioso.

Y es que la afinidad entre el capitán Queeg y nuestro presidente se basa en un denominador común: su elevado índice de resistencia a aceptar y gestionar los cambios negativos y su impericia para abordar consecuentemente procesos que exijan modificaciones sustanciales. Uno, el capitán Queeg, por su grave desajuste mental; otro, Rodríguez Zapatero, por el peso de la ideología en su estructura cognitiva y su inmadurez de juicio. Ambos, atrapados en un laberinto interior solipsista que les hace incapaces de admitir los datos de la realidad, esa piedra de toque de nuestra salud mental y, por tanto, de nuestras habilidades para el gobierno del entorno real.

Al respecto de todo ello, Daryl Conner, basándose en las investigaciones previas de su maestra, la eminente psiquiatra Elysabeth Kübler-Ross, estableció las fases sucesivas ante un cambio negativo, señalando que de su correcta elaboración y transición dependía el éxito o fracaso de la gestión del cambio sobrevenido. En síntesis, el esquema de Conner nos señala cinco estadios o fases (Inmovilización, Negación, Negociación, Depresión y Aceptación), que nos pueden ser muy útiles para entender los mecanismos mentales de nuestro presidente, y fundamentar su falta de idoneidad psíquica y cognitiva para gestionar los cambios que exige nuestra Gran Depresión. Veamos si no:

1) Fase de Inmovilización: la reacción inicial ante un cambio negativo, postula Conner, es la de shock o estupefacción, que se manifiesta en una confusión mental más o menos temporal o en una completa desorientación. En el caso de la mente de Zapatero, podemos cifrar esta fase en la quiebra el 15 de septiembre de 2007 de Lehmans Brothers, impensable seis meses antes. El estupor presidencial se vio acompañado por un hecho no menos dramático: la magnitud simultánea del colapso financiero también en España que hizo que determinada noche de fines de octubre del mismo 2007 no hubiera liquidez suficiente en nuestras entidades para garantizar los depósitos de las cuentas corrientes. Así de trágico, así de dramático, así de silenciado.

El verdadero shock del futuro que percutió en la estructura mental de nuestro presidente fue precisamente ése: comprobar que el sistema financiero español -no sólo las cajas- de tan alta reputación no era otra cosa que una réplica de la estatua soñada por Nabucodonosor, cuya deuda con la banca extranjera ascendía a 850.000 millones de euros.

2) Fase de Negación: A la estupefacción inicial es natural, afirma Conner, que suceda un acto de negación de la catástrofe, durante un tiempo más o menos breve. En este nuevo periodo, se da una incapacidad para integrar los nuevos eventos en los antiguos marcos de referencia, lo que lleva a no querer asumir la pérdida del statu quo anterior al cambio. Durante un cierto tiempo, menor cuanto más madura es la persona, no tiene nada de anormal la existencia de esta fase.

Pero en una cabeza tan fuertemente intoxicada por el mito caduco del progreso indefinido y por el optimismo antropológico como la de nuestro presidente, la persistencia en la negación de la crisis desde 2008 hasta mayo de 2010 tomó aspectos que rozaban muy seriamente patologías vinculadas con la irrealidad, siendo esa denegación cognitiva y volitiva la que, con su inacción, ha colocado a nuestra economía ante el precipicio.

Para explicar semejante extensión de la fase de negación, recuérdese que para nuestro presidente el criterio de verdad no era lo que la realidad dictaba sino más bien el deseo subjetivo de transformarla, viniendo a ser el político más que un gestor de lo real un fabricator mundi o fundador de nuevos universos. Por eso las palabras estaban al servicio de la política y por ello nuestro presidente oponía a la sentencia evangélica de que la verdad nos haría libres, aquel su lema de que más bien «la libertad nos haría verdaderos».

como el capitán Queeg en El motín del Caine, negando los indicadores que mostraban el temporal inclemente, Zapatero suprimía la existencia de la palabra misma «crisis». En su estructura mental, ya seriamente dañada, no había posibilidad de acoger e integrar el feed-back que le daban los aterradores indicadores económicos con los datos del paro a la cabeza, a pesar de que un solo trimestre del 2008 se destruyeran 700.000 empleos. Más podía su optimismo -una forma especial de negacionismo- que el drama de lo real.

3) Fase de Negociación: Superada la negación, la persona sometida a un escenario de cambio dramático acude a una negociación con esa realidad distinta del anterior statu quo: ya no puede evitar evadirse del nuevo estado de cosas y esta fase señala el comienzo de la aceptación del cambio volviendo las estructuras cognitivas a orientarse a lo real. Pero lo verdaderamente grave del caso que nos ocupa es que en nuestro presidente dicha fase no ha sido elaborada por su psiquismo. Ha tenido que ser el exterior -Angela Merkel, BCE, FMI, Barak Obama et alii- el que ha sacado a Zapatero de su universo negacionista, o más bien y más dramático -como en la película del Caine- han tenido que sustituirle de facto, adoptando medidas tan excepcionales como las del pasado 12 de mayo, malgré lui.

La gobernanza de nuestro presidente, confinado en su celda de La Moncloa como el capitán Queeg en su camarote del dragaminas, se ha visto relevada por aquella otra de los hombres de Strauss-Kahn dando fin al bienio negacionista. He ahí la razón inconsciente de que en el fondo Zapatero no haya hecho suyo el discurso de la gravedad de la situación limitándose a decir el pasado 23 de mayo en Elche: «No he cambiado yo, sino las circunstancias». Justo lo contrario que diría un líder del cambio que sabe asumir y gestionar las fases citadas para sacar a su país del marasmo.

Por eso es dado pensar que nuestro presidente sea incapaz de superar la fase de Depresión en la que está instalado de un tiempo a esta parte y que temo que vaya in crescendo. Como, en rigor, su mente no ha negociado plenamente con la nueva realidad aterradora, es natural que afloren sentimientos de víctima y falta de energía emocional y física, acompañada de signos exteriores de agotamiento. Tal que la figura derrumbada -plena de patetismo- del capitán Queeg en la escena final de El motín del Caine, con aquel semblante ojeroso, el rostro desencajado, la mirada perdida, balbuciente el discurso, ausente el alma. Y España incautada.

EL REVÉS DE LA TRAMA

JUSTINO SINOVA

El poder de los sindicatos

El anuncio de que el Gobierno va a decidir el día 16 la reforma laboral ha puesto nerviosos a los sindicatos, que se han apresurado a amenazar con la huelga general. Aún no se conoce el contenido de la reforma, pero los sindicatos reaccionan con la intimidación porque ven que una decisión gubernamental por ellos no tutelada les va a lastimar lo más precioso que tienen: su poder para condicionar la acción de gobierno y acaso la revalorización espectacular de las generosas asignaciones públicas que reciben. No me nieguen que el asunto tiene guasa (por no decir tragedia): los sindicatos han visto crecer impávidos la multitud de desempleados en España sin recurrir a su dominio de la protesta frente a un Gobierno inmóvil, pero despiertan de su ensueño subvencionado cuando sienten un peligro para su territorio.

Lo más desconcertante del nuevo escenario de confrontación es que tenga como detonador a Zapatero. Ni en el delirio más desquiciado cabía imaginar a nuestro jefe de Gobierno en plan Margaret Thatcher, que se enfrentó a los sindicatos y ganó la batalla. Desde luego, Zapatero ha hecho méritos sobrados para que no se le crea una palabra, pero en sus últimas medidas actúa presionado -y angustiado: se le nota en la cara- por Europa y USA, con lo que hay motivos para confiar en que decrete, entre otras cosas, algo que siempre aseguró que nunca haría: nuevos contratos de trabajo con despido más barato. Así como recortó a las bravas el gasto público después de derrochar a manos llenas, ahora podría diseñar los nuevos contratos que tanto maldijo.

Lo más probable es que antes del nuevo decretazo, Zapatero trate de atraerse a Cándido Méndez y a Fernández Toxo con el argumento de que mejor estarán con él que contra él. El gran problema de Zapatero es que no podrá hacer compatible su decreto ley con los planes de UGT y CCOO porque la cesión lo haría inaceptable para los vigilantes foráneos que fiscalizan sus pasos. Ya veremos en qué queda todo, si es capaz de dar el do de pecho que le exigen Bruselas y Washington, y si los sindicatos no se achantan a última hora, pero del larguísimo episodio que ha demorado temerariamente la reforma laboral conviene sacar alguna lección importante para el futuro.

La primera de ellas es que los sindicatos tienen atribuido un rol excesivo. Los sindicatos son instituciones importantes para la defensa de los trabajadores, pero cada vez es más nutrido el coro de voces que rechaza la capacidad de veto que se les ha cedido en cuestiones que son competencia indeclinable de un Gobierno. Si a eso se une la subvención exorbitante que reciben del Estado, disponen de un potencial de acción desmedido, que puede ser desequilibrante. Tienen más poder que la oposición, cuando -y aquí la segunda lección- el presidente del Gobierno tendría que haber convocado a pactar la reforma al partido que puede un día gobernar, el PP. Los sindicatos y la patronal no pintan tanto en una cuestión vital como los dos principales partidos. Si el próximo decretazo debilita el poder de los sindicatos, muchos aplaudirán, los mismos que entenderán que con una huelga general tratarán de defender, sobre todo, su propia jurisdicción.

«Cada vez son más las voces que rechazan su capacidad de veto en asuntos que competen al Gobierno»
SALVADOR SOSTRES

Di que te han violado

A finales de abril de 2006, una llamada de la embajada mexicana despertó a mi madre en medio de la madrugada. Mi hermana, que se encontraba en México, había sido detenida y pronto sería expulsada del país. Cuando al fin pudimos hablar con ella nos dijo que había sido brutalmente detenida en una manifestación pacífica. Mi hermana nos contó también que en el traslado a la cárcel, a ella y a unas amigas suyas las habían violado. No hace falta explicar la angustia que su relato llegó a causarnos.

Al día siguiente mi hermana llegó a Barcelona y lógicamente fuimos a buscarla al aeropuerto, donde fue recibida entre pancartas y aplausos por los miembros de la oenegé con la que había viajado a México. Irrumpió en la zona común de la terminal con el mismo gesto de victoria con que aparecían ayer los activistas detenidos. En aquel momento, mi madre empezó a desconfiar de la versión de la violación, al detectar en el ambiente farsa y representación.

Ante algunos medios convocados en el aeropuerto, mi hermana y sus amigas repitieron que habían sido violadas, y enseguida El País quiso entrevistarlas. La embajada española en México se puso a trabajar al hilo de estas acusaciones y pronto se entrevistaron con mi madre para contarle lo realmente ocurrido.

Por orden o sugerencia del subcomandante Marcos, mi hermana y otros cooperantes o activistas -o tal vez mejor llamarles, simplemente, insatisfechos chicos de casa buena que buscan en dramas internacionales lo que no encuentran en sus vidas vacías y acomodadas- se desplazaron a la población de Atenco y lo que nos había contado que fue una manifestación pacífica fue en realidad una barricada donde esperaban a la policía con cócteles molotov. La detención fue la normal en estos casos. Las acusaciones de violación resultaron ser falsas.

Los cooperantes que les pudieron visitar en la enfermería de la cárcel les recomendaron explotar la versión de la violación para «dar más publicidad internacional a la causa». Mi hermana nunca quiso someterse a ninguna prueba médica que certificara la supuesta agresión sexual.

Después de haber hecho toda la demagogia posible a propósito del abordaje israelí de la flotilla, los primeros vídeos demuestran que los soldados fueron recibidos con machetes, barras de hierro y pistolas, y que la intención de los activistas no era la ayuda humanitaria, y que buscaban el conflicto que al final se produjo. Los malos tratos y torturas que los activistas españoles denunciaron haber recibido en el aeropuerto por parte de las autoridades israelíes, carecen también de veracidad, según el portavoz de la embajada española en Israel, que no es precisamente del Mosad, que ha negado tener constancia de que hubieran ocurrido.

Entiendo el sobresalto y la tristeza que nueve muertes causan, porque también es mi sobresalto y mi tristeza. Pero antes de criminalizar a un país democrático y serio como sin duda lo es Israel, deberíamos tener la misma cautela que sería -por cierto- conveniente a la hora de creerse la versión de un grupo terrorista como Hamas, o la de extraños personajes que se refugian en lo solidario para disimular el fondo de desequilibrio que siempre les mueve, el desequlibrio de andar por el mundo buscándose a ellos mismos en los dramas de los demásÚL DEL POZO

El Gran Capitán

EL RUIDO DE LA CALLE

En el fútbol, la nueva fe de los españoles, ha estallado un debate sobre porteros. Se preguntan quién de la trinidad Casillas, Reina (que evitó ayer un gol coreano en el último minuto de la primera parte) o Víctor Valdés, debe guardar la muralla de los arietes, que en su acepción inicial significaba máquina de guerra.

Para mí está claro: el batallón, sin Casillas, carece de comandante. Hasta hace unas semanas Iker, 103 veces defendiendo la puerta, 10 años en el conjunto nacional, era imprescindible. Ha sido el intrépido centinela de la selección de táctica y toque, la que ha desterrado de nuestras costumbres tribales la infecunda furia española. La furia sólo fue real en Amberes y después de la frustración constante dio paso al juego de toque.

Ayer, Del Bosque ensayó con seis cambios ante Corea su plan B y no estaba Casillas en la empalizada. Las internadas del pequeño Jesús Navas (que marcó un gol soberbio) y de Pedro fueron lo mejor de la tarde. En la segunda parte salió Valdés y no se cruzaba el paralelo 38. A España le cuesta ganar sin Iker Casillas. Dicen que para el entrenador, Iker sigue siendo el rey, a pesar de sus fallos en el primer amistoso. Se ha dicho que es irregular y que para como un portero de balonmano. Han magnificado sus cantadas, como las de todos los arqueros que esperan su fusilamiento entre los tres palos. Di Stéfano siempre detestó a los cancerberos.

Qué pronto olvidamos las hazañas y los milagros de San Iker de Móstoles, hasta hace 10 minutos el mejor portero del mundo. Recordemos que una vez en Viena, miró al cielo, apretó los puños y paró los penaltis de De Rossi y Di Natale, venciendo en el duelo a Buffon. Él solo eliminó a Italia. Paró dos de los cuatro penaltis, y como los héroes tranquilos dijo al final de la noche: «Los penaltis son una cuestión de suerte». Luego consiguió una hazaña mayor: lograr que en sus manos prodigiosas latiera el corazón de Sara Carbonero.

Ante la descarga, algunos arqueros se quedan zumbados como nos recuerda el filme de Peter Handke (El miedo del portero ante el penalti). El guardameta está más sólo que nadie en el mundo, aunque le estén mirando 1.000 millones de personas a través de las cámaras y bajo los reflectores, ante una portería de 7,32 metros de largo por 2,44 de alto.

Iker Casillas es un chico sereno e inocente y si no fuera tan rico recordaría a Albert Camus, que jugaba de portero por no gastar los zapatos en Argel, donde su madre era limpiadora. Camus comentó: «Los partidos de domingo en un estadio repleto de gente y el teatro son los dos sitios del mundo en los que me siento inocente».


¡QUIA!

arcadi espada

Fe de vida

LA TENTACIÓN de la lírica surge en los escenarios más insospechados. En la mismísima presidencia del Gobierno, antes de que la vida fuera en serio. Ahora, en la logarítmica Agencia de Protección de Datos, se han puesto a teorizar sobre el derecho al olvido: el derecho que tendría todo ciudadano a que se borre el rastro de su memoria en internet. El «derecho a» es un bonito juego: da 75 millones de googles en castellano y entre ellos se encuentran el derecho a la pereza del incansable Lafargue, el derecho al delirio y el más extraordinario de todos que es el derecho a nacer. La plausibilidad de este nuevo derecho se aprecia fácilmente exigiendo que pueda ejercerlo Hitler. El olvido es una imposiblidad metafísica y la exigencia de la Protectora un espejismo más, paradójicamente provocado por las posibilidades infinitas de internet. La Protectora pide que se borre la memoria digital porque aparentemente puede hacerse; supongo que, ya embalda, no se atreverá a pedir el descuartizamiento o incineración de las hemerotecas, que contienen tantas pavorosas mentiras sobre los hombres.

La exigencia es una muestra del pensamiento negativo, etimológica y lógicamente reaccionario, que caracteriza a buena parte del establishment. Comprendo que la Protectora deba protegernos y comprendo, sobre todo, que deba pagar las nóminas de sus funcionarios. Pero podría dedicar sus esfuerzos a algo más interesante que ponerle puertas al campo. La información que haya en la red sobre cualquier hombre puede ser injusta y dañina. Y parcial: es fama que se publican con mayor facilidad los procesamientos que las absoluciones. Pero el modo de amortiguar el problema no es patrocinando el borrado, jurídicamente complejo y técnicamente incierto. No es suprimiendo información, sino añadiendo información autorizada. Si la Protectora pensara en términos positivos animaría a la creación de una inmensa wikipedia del hombre corriente. Es decir, una página personal de cada ciudadano (con el infalsificable dominio de su nombre y apellidos) donde constaran los sucesos relevantes de su vida: sus negocios, sus matrimonios y sus pleitos; una página de carniceros, taxistas, fontaneros, empresarios, maestros, policías, que sería el primer paso a dar por cualquiera que buscara datos sobre un hombre. La analogía con la wikipedia no es irrelevante: es lo primero que se consulta, en cualquier lugar del mundo, cuando se precisan datos sobre los hombres públicos. Una página personal, en fin, cuya única y preciosa garantía fuera la de haber sido escrita (o dictada) por el hombre llamado como su dominio informático. Incluidas sus irrenunciables mentiras, protegidas, ellas sí, por el Derecho.

«La teoría de la Agencia de Protección de Datos sobre el derecho al olvido es de un pensamiento reaccionario»

Ignacio García de Leániz Caprile es profesor de Comportamiento Humano en la Empresa.

«La persistencia en negar la crisis de Zapatero rozó muy seriamente patologías vinculadas con la irrealidad»

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