FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, PG Cuartango, Erasmo, S González, Secondat, A Espada, V de la Serna, ESde Buruaga, A Lucas, J Müller, D Torres, I

El CIS no deja lugar a dudas: Aplastante PP; el PSOE, aplastado
La encuesta del CIS hecha pública ayer no deja lugar a dudas: Mariano Rajoy aplastará en las urnas a Alfredo Pérez Rubalcaba el 20-N.
No será un holgado éxito, una contundente victoria, un triunfo indiscutible o un resultado inapelable; sencillamente, lo aplastará. Entre 191 y 195 escaños lograría el PP, mientras el PSOE se quedaría entre 116 y 121, el peor resultado desde las primeras elecciones democráticas en 1977, que dieron una victoria clara a la UCD de Suárez sobre el PSOE de Felipe González, victoria que repetiría en 1979. A la tercera, Felipe consiguió 202 escaños, porque UCD había saltado en pedazos y porque Alianza Popular, UCD y el CDS de Suárez dispersaron de forma suicida el voto de centro derecha.
Aun así, hasta el año 2000 no logró la derecha una mayoría absoluta, con Aznar al frente del PP y del Gobierno y con Almunia al frente del PSOE. Pero lo que se creía un resultado difícil de empeorar es lo máximo a que, según el CIS, puede aspirar Rubalcaba.
Hay quien cree que el CIS exagera la derrota del PSOE para movilizar al electorado de izquierdas. Y otros, que, ay, es lo que hay.
Avances en el 'caso Campeón'
José Blanco en el Supremo, oé, oé, oé
Pese a todas las presiones y al cambiazo pumpidesco del fiscal de Lugo, la jueza Estela San José ha llegado al final de su instrucción en el caso Campeón -uno entre otros graves casos de corrupción- y ha remitido al Supremo los claros indicios de criminalidad que ha apreciado en José Blanco, más conocido como Pepiño, que es nada menos que portavoz del Gobierno y ministro de Fomento. Cuando el jueves por la tarde se anunció una rueda de prensa de Blanco, muchos creyeron que Rubalcaba lo había obligado a abandonar las listas del PSOE, a las que no aporta aire nuevo sino viciado. Pero Rubalcaba no tiene fuerzas para nada y Blanco se ha atrincherado en el Supremo, a la espera de que los jueces nombrados por el PSOE y el PP hagan la vista gorda sobre el encuentro de Dorribo y Blanco en la gasolinera de Guitiriz, belén del presunto cohecho. Al látigo implacable de Camps, seguir aforado podría permitirle seguir aforrado. A cambio los mítines del PSOE padecerán reventadores cantando el «¡Campeones, oé, oé, oé!», o el We are the champions de Freddie Mercury; no de Freddy El Químico, o sea, Rubalcaba.
Grecia amenaza el euro
Jeffrey Papandreu III 'El Insolvente'
Un primer ministro griego que nace en Minnesota y se llama Jeffrey debería haber hecho desconfiar a Europa. Pero como también se hace llamar Yorgos y oficia como Papandreu III, hijo y nieto de presidentes de Grecia y heredero del imperio del PASOK -el partido socialista heleno, hermano del PSOE- la Unión Europea disimuló.
Pues bien, en tres días aciagos, Jeffrey ha convocado un referéndum para aprobar o no el segundo rescate de Atenas, donde sólo hay declaradas seis piscinas; luego dijo que lo cancelaba e inmediatamente después dejó abierta la posibilidad de perpetrarlo. Vamos, que ha dejado a Grecia epiléptica y al euro temblando. Jeffrey, educado en el Amherst College y doctorado en Harvard, habla mejor griego que inglés, pero no piensa en ningún idioma conocido.
La UE dice que si hay referéndum -y arruina el euro y hunde a Italia y España, ya en manos del FMI- no pagará los 8.000 millones de euros de la nómina de diciembre de funcionarios, pensionistas, médicos y apotecarios -o sea, boticarios- griegos.
Jeffrey, gracias a su inglés, puede entrar en el reparto de The Walking Dead.
Jordi González no se lo explica
Anunciantes en contra de 'La Noria'
Por primera vez en la historia de la televisión en España y sin que haya mediado campaña política o boicot partidista se ha producido una rebelión de anunciantes contra el contenido del programa en que se anunciaban. Bien es verdad que la rebelión, encabezada por Campofrío pero seguida por otras prestigiosas marcas tuvo lugar en La Noria de Telecinco y tras la última hazaña cívica de la televisión de Berlusconi, que ha sido la de pagar 9.000 euros a la madre de 'El Cuco', uno de los presuntos asesinos de Marta del Castillo que siguen burlándose de la Justicia y se niegan a decir dónde enterraron el cuerpo de la muchacha. La mamá del Cuco dijo a Jordi González que su criatura es «un buen niño», lo cual sólo demuestra que es su madre. Pero la falta de escrúpulos exhibida por uno de los símbolos de la telebasura en un caso tan atroz ha convertido a los anunciantes comerciales en denunciantes morales. Los padres de Marta ya han pedido que el dinero cobrado por la progenitora del infame criminal se dedique a investigar el crimen. Jordi González, molestísimo, no se lo explica. Y mira que está claro.
Una indiscreción (y II)
Querido J:
(Resumen de lo publicado. El cineasta José Luis Guerín filmaba a sus vecinos. Entre ellos, un hombre que tocaba el violín. Un día el hombre se tiró por la ventana. Guerín decidió hacer un película sobre el impacto del suicidio entre el vecindario e incluyó unas imágenes del hombre. Su familia ha puesto el asunto en manos de los abogados.)
Te anticipaba en mi carta anterior que no va a ser fácil que veas Recuerdos de una mañana. La familia se niega a que la película se exhiba. Bajo ninguna circunstancia. Guerín acepta que no se vea en España. Pero añade que por motivos de humanidad: porque comprende, así lo dice, el dolor. A mí me parece absurda esta distinción. La cuestión es si Guerín tenía o no derecho a hacer esa película y no qué espectadores tienen derecho a verla. Es probable que la discusión judicial se centre en los fotogramas que muestran al suicida. Es un detalle interesante, porque fuerza a pensar que la película sobreviviría perfectamente sin esas imágenes, y eso centra el problema donde me interesa, es decir, hasta qué punto y en qué condiciones un artista puede utilizar la vida de alguien.
Las imágenes, empecemos por ahí, tienen un peso indudable respecto a la presunta violación de la intimidad. Aunque no son nítidas, equivalen en sus efectos a que en la película se pronunciara (que no se hace) el nombre del suicida. Tienen un cierto valor identificatorio. La pregunta es si un nombre propio, perteneciente a una persona real, puede aparecer en un relato público. La respuesta parece obviamente afirmativa, a riesgo de que lo contrario hiciera desaparecer el periodismo, un relato público repleto de nombres propios, muchos de ellos anónimos, y a los que no siempre se suele pedir su asentimiento para traerlos al periódico. La respuesta tiene, sin embargo, una condición moral y a veces legal, y es que sobre el nombre y apellido no se adosen mentiras. Un nombre propio convoca a la veracidad, incluso en un relato ficcional. Aunque se llame Napoleón y sea Tolstoi el que lo convoque.
Si muchos nombres propios son libertad sin fianza para algunos artistas es porque ya no hay nadie que sufra directamente por las mentiras proyectadas; porque la luz de ese nombre hace tiempo se apagó para los que fueron los suyos. No me parece que Guerín incumpla la condición de veracidad en su relato. Es cierto que en su película aparecen absurdas y hasta ridículas opiniones (no hechos) sobre el suicida; pero sólo retratan a los que las profieren.
La filmación del hombre del violín se produjo en un ambiente íntimo, una habitación de su casa, por cuya ventana abierta penetró la cámara indiscreta. Es probable que eso traiga problemas judiciales a Guerín. La casa es sagrada, reducto último de la intimidad, etcétera. Pero esa evidencia no impide que podamos mirar algo más de cerca. Se aprecian algunos detalles. El primero es que el hombre del violín se expuso a la mirada ajena sin que pareciera importarle. Lo que vio la cámara podía verlo, aunque admito que con mayor dificultad, el ojo de un vecino. No extraña su indiferencia: estaba tocando en un día de calor, con el torso desnudo y los calzones puestos: nada de lo que se exhibía era denigrante ni entonces ni ahora.
Sobre el carácter presuntamente denigrante de una foto tomada en una intimidad muy distinta me hizo reflexionar el abogado Melero cuando, comentándole mi asunto, recordó aquella valiosa y nocturna fotografía de Javier de la Rosa comiéndose un bocadillo tras los barrotes de su celda en la cárcel Modelo. En primera instancia condenaron al fotógrafo Carles Ribas y al diario El País, porque, aun en una celda, un hombre tiene derecho a la intimidad. Pero el Supremo acabó por dictar la absolución en razón del interés público, el valor noticioso y otros intangibles.
No sería fácil que Guerín adujera como eximente el valor noticioso de su indiscreción. La noticia no es el objetivo de su relato. Sin embargo, la noticia, el carácter de la noticia, aletea desde la raíz del conflicto que enfrenta a la familia y al cineasta. Muy difícil habría sido que alguien hubiese reprochado algo a Guerín tratándose, pongamos, de una violación seguida de asesinato. Es indudable que en los reproches familiares no sólo están el balcón, el violín y los calzones, sino la exhibición pública de una noticia privada: el suicidio. Y en este sentido no hay duda de que cuentan con el apoyo de una prensa que considera pública cualquier violencia que uno comete sobre otro, pero no la violencia del uno sobre el uno. A menos que el uno, por hipócrita supuesto, sea famoso, porque entonces todos los cerrojos morales se aflojan.
A pesar de todo, es dudoso el carácter privado de un suicidio que alguien consuma tirándose por un balcón que da a una calle concurrida y a las dos de la tarde. Sobre la última voluntad de un suicida es hasta inmoral establecer hipótesis; pero conviene recordar que Guerín hizo su película a partir de un hecho que ocurrió en el espacio público más convencional.
Tiene su interés desmenuzar todo esto para saber hasta qué punto los protagonistas de un hecho deben dar su autorización a cualquier cronista que quiera ocuparse de él. Recuerdos de una mañana es una película acabada, cuya exhibición está pendiente de un conflicto raro e interesante. Pero más allá de los principios generales, es evidente que la suerte legal de un experimento de esta naturaleza dependerá siempre de la denuncia que se proyecte efectivamente sobre ella. Esta denuncia ha existido, y agria, en el caso de Guerín.
Vuelvo a ver la película y no distingo problemas más allá de los principios generales. Sigue fastidiándome la grava de literatura con que está asfaltada. Pero no alcanzo a ver el daño. Es más, las ciudades están llenas de esquinas donde un hombre sufrió, abrazó o cayó. Las ciudades son un inmenso cementerio. Un cementerio no segregado del andar de los vivos. No parece indigno que de vez en cuando alguien descubra una lápida.
Sigue con salud
A.
Cómo subirse al carro de una noticia soslayada
En el caso del ministro de Fomento, merece capítulo aparte lo de El País. Apenas si ha informado a sus lectores de lo que Carlos E. Cué define como «las acusaciones de un empresario imputado por corrupción», y ahora se enfrenta a la tarea de tener que explicar que el caso ha sido remitido al Supremo por existir indicios de corrupción. ¿Cómo lo hace? A su estilo inimitable: exponiendo todos los horrores que hacen sospechosa la actuación de la juez de Lugo, y soslayando el menor resumen de las sospechas sobre Blanco:
«El escrito llegó unas horas antes de que arrancara la campaña electoral y permitió al Partido Popular exigir de nuevo la dimisión del candidato socialista. La juez no consultó ni notificó a la Fiscalía de Lugo su decisión. (...) Una exposición razonada sobre un supuesto delito de tráfico de influencias no necesitaría acreditar los requisitos que exige el presunto cohecho y permitiría a la juez un cierto "encaje" para dirigirse al Supremo sin haber realizado determinadas diligencias, inexcusables si se trata de demostrar un soborno. Entre éstas, el interrogatorio del primo del ministro, Manuel Bran . (...) Dicho interrogatorio no se ha practicado, pese a haberlo solicitado el propio Bran. (...) La actuación (...) habría 'incumplido los principios éticos de no injerencia en la campaña electoral'».
La estrategia de Público, en este caso, coincide con la de El País. No es muy sorprendente. Así, Alicia Gutiérrez remachaba ayer: «La magistrada, que atribuye a Blanco un delito de tráfico de influencias, ha decidido pisar el acelerador sin dictar previamente una providencia o auto susceptible de recurso por parte de la Fiscalía, en lo que las fuentes consultadas consideran una actuación 'insólita'».
Hasta ahora, casi nada en las páginas de opinión. El columnista de El PaísJavier Martín se indignaba con el «sectarismo» de las emisoras públicas en comunidades del PP: «En Radio 9, del mismo ente gubernativo y que dirige la ex de prensa de Camps, se dedicaron a llamar al ministro Blanco Pepiño el gasolinero». ¡Oh, qué pecado de zafiedad!
Observaba Javier González Ferrari en La Razón, recordando el caso de los trajes de Camps: «Lo suyo ha sido un acoso en toda regla amplificado día a día durante más de dos años por la jauría mediática que ahora, cuando hay que pasar del acoso al Dorribo, guarda un silencio sepulcral, de lo más propio en estas fechas».
En La Gaceta (que cita en sus informaciones a EL MUNDO, «no como otros»), Antonio M. Beaumont vaticinaba el futuro de Blanco: «El drama llegará al cénit en cuanto deje de pisar las alfombras del poder y purgue en el limbo de la oposición, pese a su curiosa teoría de que todo terminará en cuanto pase el 20-N. 'Está muerto', reconocen dirigentes socialistas». Y ABC concluía, en un editorial, que «el caso Campeón, que lleva a José Blanco, ministro de Fomento y número 2 del PSOE, a las puertas de la imputación por la Sala Segunda -y, en todo caso, a una dimisión inevitable-, certifica el desmoronamiento de un Gobierno y de un partido para los que la campaña electoral va a ser un calvario».
Grecia como excusa
EL RECELO atávico y oportunista hacia el vecino que agoniza ha introducido el síndrome de la helenofobia. Tanto se caricaturiza la Grecia contemporánea como se idealiza la Grecia clásica, de tal forma que el rapto de Europa entre los pitones de Zeus ha adquirido el aspecto de un pecado original que han de expiar los atenienses de 2011. La crisis de Europa no consiste en la fragilidad de Grecia, sino en la fragilidad de Europa, aunque resulta tan sugestivo como posibilista sobreponer el síntoma al problema de acuerdo con la lógica recurrente del chivo expiatorio.
Es el contexto en que se demoniza a los griegos del siglo XXI y en el que se les atribuyen responsabilidades tan despropor-cionadas como el porvenir de Europa y el futuro del euro, naturalmente sin tenerse en cuenta que el peso demográfico, económico y político de Grecia debería representar una amenaza relativa al poder de la UE. A menos que la UE sea un oxímoron (¿unión europea?) y que pretenda convertirse a Papandreu en una especie de cancerbero. Se habla de Grecia como cortafuegos necesario y del premier heleno como el último centine-la, cuando el problema de Europa no está en las emergencias de la periferia, sino en la desvertebración política, en el interés parti-dario, en la ciclotimia del eje francoalemán y en la desafección a la bandera azul. De hecho, la helenofobia arriesga a convertirse en xenofobia disfrazada, más aún cuando el discurso de la extrema derecha, el peligro del populismo y la manipulación nacionalista sitúan el proceso de construcción europea en la coyuntura de la involución.
Europa, al cabo, parece retratarse otra vez delante de sus antiguos fantasmas. La crisis económica, la demagogia patriótica y la nostalgia de la moviola histórica han puesto en entredicho el himno de la alegría de Beethoven, quizá porque la identidad de Europa consiste precisamente en la falta de identidad y en las precauciones que debían adoptarse en la fase embrionaria para conjurar la naturaleza endogámica y beligerante del continente. Que Grecia mintiera en sus cuentas e incurriera en una política negligente no explican ni el veneno de la helenofobia ni las loas a Pericles, aunque la hipotética catarsis que se avecina a los pies del Partenón puede introducir el proceso de reflexión al que Europa se ha resistido desde su nacimiento temiendo ruborizarse con las cuestiones socráticas de que se acompaña cualquier manual de autoayuda: ¿quiénes somos?, ¿dónde estamos?, ¿dónde vamos?
>Vea de martes a sábado el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Sólo en EL MUNDO en Orbyt, hoy: Jugando con fuego
Poderío y descabello
Otra puntilla más en la cerviz del PSOE, que ya lleva muchas en el cuerpo. Eso es lo que han sido los resultados de la encuesta del CIS que, en esta ocasión, no difieren de los últimos sondeos publicados por EL MUNDO. Demoledores para todo socialista que aspire a llegar a la meta sin haber perdido la honra y hasta la cara, estos datos se acercan ya al descabello
Y, sin embargo, hay algo que no encaja en la publicación de estos resultados. No encaja el CIS consigo mismo. Resulta hasta sospechoso el triple salto mortal que ha dado el Centro de Investigaciones Sociológicas desde el pasado julio hasta ayer, primer día oficial de campaña. Porque, en lo que estuvo en radical contradicción con el resto de los sondeos del momento, lo que el CIS publicó en verano fue una diferencia de siete puntos entre el PP y el PSOE a favor del primero. Catorce más o menos dábamos los demás.
Pero hete aquí que, milagro, milagro, en tan sólo tres meses el organismo oficial nos dice sin inmutarse que la diferencia entre ambos partidos en intención de voto se ha multiplicado y es ya más del doble de lo que se nos dijo antes de comenzar agosto.
Eso es imposible. España no es tan espasmódica, la evolución del voto se está viendo venir desde hace muchos meses. Los saltos que describe el CIS no han existido nunca.
De modo que llega lo inevitable: la desagradable impresión de que alguien ha estado metiendo la mano en esos sondeos. O lo hizo antes o lo ha hecho ahora. O quizá antes y ahora, pero en distinta medida y dirección.
A pesar de eso, y dando por bueno lo que el CIS dice hoy, aunque quizá se exceda en la atribución de escaños, lo que estamos presenciando en estos días es el anuncio trompetero de una auténtica debacle para el partido en el Gobierno. Y la cosa es: ¿le conviene esto a España? No creo que le convenga. Así, no.
A España le conviene que el próximo Gobierno tenga mayoría absoluta en el Congreso y disponga no sólo de la determinación sino de la fuerza necesaria, que va a tener que ser mucha, para tomar las medidas, por impopulares, amargas y brutales que sean, que logren sacar al país del agujero además de emprender la regeneración institucional de nuestro país, tan necesaria y tan urgente.
Pero esas decisiones, que habrá que tomar aunque sea en solitario, aconsejan consenso. Aunque no sea numéricamente imprescindible es políticamente necesario. Lo que sucedió con el Estatuto de Cataluña -una modificación emboscada de la Constitución Española con la oposición del PP- no debería volver a ocurrir. Para eso se necesita un partido de oposición que no se haya desencuadernado y que, por sentirse inane, acabe refugiándose en la radicalidad ideológica y busque sus fuerzas en los pequeños partidos que poblarán la Cámara. Y ése es el problema: que el sondeo del CIS no anuncia sólo una gran victoria, es que apunta a un tiempo, no de poder, sino de total poderío.
DAVID TORRES
España bipolar
ABURRE YA ESTO de pertenecer a un país bipolar, un país bifronte, una patria en blanco y negro donde cada partido de fútbol es un epílogo de la Guerra Civil y la Guerra Civil la continuación del fútbol por otros medios. Aquí siempre hemos sido del Barça o del Madrid, de Joselito o Belmonte, de aspirina o de paracetamol, de Ortega o de Gasset, de izquierdas o derechas. Aquí hasta a los muertos se les mira si son zurdos o diestros para establecer su correspondiente parcela de gloria, eternidad y cementerio. «¿Y tú de quién eres?», he ahí la eterna pregunta hispánica, el ADN, el DNI y el único carné de periodista.
Está claro que en un país así hay que posicionarse, no como yo que soy un bicho raro y a veces meto a diestra y otras a siniestra, unos días me cachondeo de Aznar y otros de Zapatero, unos días salgo en una tertulia de Intereconomía y otros me descuelgo en una lectura plagadita de poetas y anarquistas.
Aunque lo aviso desde el título, muchas veces el personal se me distrae y al final no sabe qué pensar, dónde ubicarte, en qué lado de la trinchera pegarte un tiro ni en qué pesebre echarte la sopa boba. Lo fundamental no es lo que dices sino dónde lo dices y a qué sol te arrimas que más caliente. La equidistancia, como bien sabía Newton, es imposible porque la ley de la gravedad no admite excepciones salvo para las partículas subatómicas, que es en lo que uno va quedando.
De manera que hay que escribir firmes, prietas las filas, escribir estilo balancín que es la modalidad española, es decir, que si aúpas a un candidato, el otro baje, y que si denigras a otro, el uno suba. Cuando, en realidad, como todo el mundo sabe, el balancín consiste en una sola palanca, un solo madero, igual que la liga de fútbol donde mucho debate y mucha quiniela pero al final todo se resuelve entre Cristiano y Messi.
Para dar algo de vidilla a un debate electoral que va a costar medio kilo y cuya única incertidumbre es si saldrá otra vez la niña de Rajoy de delantero centro, se podría invitar a los polares o el Gobierno extraterrestre, lo cual, visto lo visto y votado lo votado, no sería mala alternativa. Al final lo único que queda son los matices, es decir, las gafas de Ortega, la calva de Gasset, contar verónicas de dientes y manoletinas de cejas, a ver cuál de los dos filósofos se lleva al final la Bota de Oropartidos minoritarios, los nacionalistas e incluso esas formaciones folclóricas que abogan por las plantas, los osos
¿Quién mató al interbancario?
El mercado interbancario, donde las entidades financieras acudían para prestarse dinero entre ellas, murió de desconfianza a finales de 2008. Estaba malherido por la crisis subprime pero el golpe de gracia se lo dio la caída de Lehman Brothers.
Es verdad que el Euribor (Euro Interbank Offered Rate), que se fija con la ayuda de 44 bancos europeos entre los que están el Santander, BBVA, la Caixa y las cajas de ahorros, no ha dejado de publicarse en estos tres años y sigue siendo referencia de las hipotecas, pero los que saben dicen que el mercado de préstamos interbancarios tal como lo conocimos no ha vuelto a existir. Si un día resucitara, sería un síntoma de que esta crisis comienza a ser historia. Pero aunque nadie presta, el Euribor sigue cotizando. Ayer, por ejemplo, bajó seis centésimas, hasta el 2,04%. ¡Pero consiga usted un crédito a ese tipo de interés! Sencillamente no existe. Los tipos están bajos pero los créditos están caros.
El Euribor baja porque Mario Draghi, el sucesor de Jean-Claude Trichet en el BCE, ha bajado el precio del dinero al 1,25% porque asegura que viene «una suave recesión» y desea reactivar la economía. Pero el dinero a ese precio sólo existe para los bancos y para compañías como Siemens que tienen ficha en el BCE. Como mínimo, con un Euribor a 2,04, los bancos están ganando 0,79 cada vez que piden al BCE y prestan en el interbancario. Pero como ya hemos dicho, nadie presta en el interbancario porque los bancos no se fían de sus propios colegas. Entonces lo depositan en el mismo BCE donde ganan muy poco (0,75%), pero lo tienen seguro, o compran deuda soberana que les permite cuadruplicar el beneficio en el caso de los bonos españoles (5,59%).
Draghi dice que quiere reactivar la economía. Pero sin resucitar al interbancario es muy difícil. La Reserva Federal y el Banco de Inglaterra vienen patrocinando una política de tipos bajos y de inyección de liquidez, pero eso tampoco está reactivando sus economías. Por lo tanto, el problema no está en si hacemos políticas de estímulo como en EEUU y el Reino Unido o de austeridad, como en la Eurozona. En junio pasado, Steve Hanke publicó una nota en Cato en la que sugería que los tipos bajos están contribuyendo al estrechamiento de la liquidez (en contra de lo que presupone la teoría económica) precisamente porque el mercado interbancario no funciona y los bancos prefieren coger el dinero de la Fed y comprar bonos del Tesoro de EEUU. Lo mismo que ocurre aquí. Hanke proponía subir ya los tipos de interés.
Hemos pasado de un esquema en que los bancos se relacionaban en red, prestando dinero a otros bancos y a particulares, y sólo acudían al BCE en casos excepcionales, a uno en que la relación es bilateral con el banco emisor y los tesoros, y la excepción es soltarle dinero a algún emprendedor o consumidor. Se entiende que los bancos estén asustados y necesitados de más capital, pero hay que romper esa relación enfermiza que se ha creado con los bancos centrales. Y subir los tipos, en vez de bajarlos, para que el dinero tenga un valor real y se resucite de una vez el interbancario sería una manera de hacerlo.
john.muller@elmundo.es
Cabrones
La juez Murillo no pudo contenerse y se dejó llevar por los sentimientos: «Pobre mujer, y encima se ríen estos cabrones». Adoración Zubeldia, la viuda del concejal de UPN José Javier Múgica, relataba entre sollozos que tras oír una explosión que hizo temblar los suelos de su casa, al salir al balcón vio la furgoneta ardiendo y a su marido quemándose como un arbusto. Los etarras, ajenos al relato, hacían bromas y sonreían. La juez Murillo no pudo contenerse y pensando que nadie la iba a escuchar se quedó a gusto en su desahogo. Consciente del error ha querido dejar el tribunal para que el juicio no fuera declarado nulo.
En la repetición, Adoración ha tenido que recordar de nuevo, entre sollozos, la agonía de su marido. Otra vez repetir la película de una tragedia que la acompaña cada día y que ni quiere, ni puede borrar de la memoria. Pero esta vez no fue lo mismo. Esta vez Adoración se armó de valor y de dignidad y pidió permiso al tribunal para mirar a la cara al asesino de su marido. A uno de los más sanguinarios etarras, el apodado Txapote.
Nadie le devolverá nunca a su marido. Nadie sabe la de noches que ha llorado su muerte. Han sido años de recuerdo y de dolor. De verse sola, de mirar la caja de las fotos de una vida rota, de recordar las burlas que les hacían en el pueblo por ser José Javier concejal. Y cuando pensaba que iba a encontrar la paz sufre la última humillación. Las risas, la indiferencia, la chulería del pistolero que se siente el centro de atención, ajeno al daño causado como si fuera algo natural, parte del paisaje.
Pero apenas 24 horas después, el falso gudari, cuando esta viuda que arrastra su dolor le mira a los ojos, ya no sonríe y baja la vista. No puede mantener una mirada limpia y cristalina que no le pedía nada más que respeto. No sé si le alivió de tanta pena. No se si pudo sentir algún tipo de resentimiento. Pero su expresión era de calma, de placidez, de victoria moral cuyo valor sólo ella puede llevarse a su casa. Y no, la juez Murillo no estuvo acertada pero ¡caramba! nos permitió ver que detrás de su figura sigue
Pongamos que es Ana Botella
Vivamos el presente. Pero en el presente el personal está de los nervios por su futuro. Y todos miran a Cibeles. Y las gentes de la Cultura, con lupa. Para cuando llegue Ana Botella, claro. Cuando llegué el futuro, «que el futuro ya nos vendrá». Pero el caso es que en Cultura, y lo sabe bien Ana Botella, la suerte está echada. Desde hace ocho años.
Ruiz-Gallardón marcó territorio. Su mandato ha sido un punto de inflexión hacia la modernidad sobre la curva cañí de ÁlvarezdelManzano. Un punto a partir de la brecha abierta por el ViejoProfesor. Veinte años después. Es lo que quería Ruiz-Gallardón. ¿Lo ha logrado? Hay que fijarse en lo que pasa en el Matadero, ese epicentro.
En la mañana del 15-O, el de las manifestaciones de los 15-M en 1.000 ciudades del mundo, en el Auditorio del Matadero, que lleva PabloBerástegui, habló uno de los sociólogos del momento, ZygmuntBauman, el padre del término «modernidad líquida», contra la que arremete porque hace de los ciudadanos simples consumidores.
En el Matadero, Bauman comenzó su parlamento con San Pablo: «Somos todos uno en Cristo»... ¡Estos polacos! Lo dijo a propósito de que el 99% de la indignación de la sociedad esté causada por el 1% restante.
Y, a continuación, no se cortó a la hora de decir que los del 15-M del mundo tenían un problema, que cada uno de ellos está en la movida por un interés personal e intransferible.
Estuvo bien que Bauman lanzara su sermón en el Matadero. Un Matadero que va a albergar uno de los baluartes más firmes de la «modernidad sólida». La casa del lector, que abrirá sus puertas en febrero, de la mano de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Sociedad civil.
El futuro cultural de Madrid está en el Matadero. Y Botella no lo ignora. Ella ya sabe que, de perdidos, al río... Manzanares.
Etiquetas: Firmas





Links to this post:
Crear un enlace
Home