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viernes, 2 de diciembre de 2011

LA FAMILIA DE RAJOY: De los cuatro hermanos de Rajoy, tres son registradores y uno notario. Su padre, juez.

  • 27/11/2011
  • 1
  • CRONICA
  • los hermanos que no le darán problemas


    Rajoy Presidente


    Noche electoral. Séptima planta de Génova. Hacia las 22:00 horas, hasta el cautísimo Mariano Rajoy se atreve a celebrar su apabullante victoria electoral. En la calle, miles de militantes aguardan sus primeras palabras como presidente electo. Pero la celebración deberá aguardar hasta que el gallego cumpla un compromiso ineludible: «¿Dónde están mis hermanos?», pregunta.

    Minutos después, el núcleo duro del clan Rajoy se reúne en el despacho del ganador. Entre platos de queso y de hojaldres se arremolinan ocho personas: Mariano y su esposa Viri; sus tres hermanos, Mercedes, Luis y Enrique, más sus respectivas parejas. Ellos fueron el refugio del futuro presidente en los momentos más feroces de la oposición a ZP. Por eso, hoy son quienes degustan su triunfo con mayor delectación.

    -Fue un acto muy sencillo: nos dimos un beso, un abrazo...-, cuenta uno de los presentes en la reunión. -No hubo ningún exceso. Ya sabes que los Rajoy son de poco hablar.

    -¿No dijeron nada reseñable?

    -Sólo recuerdo una frase: «¡Por fin!».

    «Por fin». Dos palabras que, con típico laconismo rajoyesco, encapsulan el sentir de la familia. Tras ocho años de quina, había llegado la noche de gloria del clan. Un grupúsculo ignoto para el gran público que, sin embargo, ejerce una poderosa influencia sobre el futuro presidente. «Mariano da mucha importancia a las opiniones de sus hermanos, porque le conectan con el sentir de la calle», cuenta un alto cargo del PP cercano a la familia.

    A partir de ahora, los Rajoy Brey dispondrán de hilo directo con el líder del partido que más poder ha acumulado en la democracia. Serán su sostén ante las zozobras que se avecinan. Su cobijo en los momentos más duros. Y, sin embargo, se resisten a abandonar la cómoda penumbra de sus vidas cotidianas.

    Los Rajoy son alérgicos a cualquier publicidad. A su lado, el hipertímido Mariano parece un concursante de Gran Hermano. De ahí que todos rechazaran la petición de entrevista de Crónica, al igual que numerosos amigos, familiares y colaboradores. «Es que si te metes en esta rueda de contar intimidades, ya no sales nunca...», explica Luis, el hermano mediano.

    Rajoy PresidenteSin embargo, otro de los presentes en la minifiesta del 20-N desafía la estricta omertà [«si se entera mi pareja, ¡se divorcia!»] para resumir los rasgos que unen a los cuatro hermanos. «Son muy austeros», dicen. «Su memoria es alucinante. Y, sobre todo, tienen una apabullante fuerza de voluntad».

    el número uno

    Es decir, las tres virtudes del perfecto opositor. Fue el mayor, Mariano, quien holló la montaña primero al convertirse en el registrador de la propiedad más joven de España. Hincó los codos mientras estudiaba el último curso de la carrera de Derecho y al año siguiente, en 1978, a los 23 años, aprobó el durísimo examen con el número uno de su promoción. Desde luego, una oposición menos dura que la que le ha llevado, al fin, a Moncloa.

    Sus tres hermanos siguieron su senda de brillante opositor. Todos aprobaron sus exámenes en la primera convocatoria. Y todos lo hicieron en el mismo orden en que nacieron: primero Mercedes (registradora, 1981), luego Luis (notario, 1983) y, finalmente, Enrique (registrador, 1984). Chez Rajoy, ya se sabe, el método lo es todo. De ahí que los cuatro hermanos se hayan convertido en el cuerpo de opositores deluxe que regirá los destinos de España. Un caso sin parangón en el resto de España.

    «Hasta donde sabemos, los Rajoy forman una familia única», confirman en el Colegio de Registradores, con unos 1.300 miembros. «Si acaso, conocemos casos de dos hermanos registradores... O de una madre con dos hijas... Pero tres hermanos... ¡Eso es muchísimo!».

    Como a Rajoy le complace decir, la suya es «una familia como Dios manda». Son tenaces hasta el hartazgo. De fiabilidad supina. Nunca se olvidarían el móvil en casa ni dejarán tirado a nadie. «Si te dicen que estarán en un sitio a las 10, llegan a menos cinco. Llueve, nieve o granice», cuenta una familiar.

    Tal es la sobriedad de los Rajoy que a Luis, un notario de provincias, algunos le conocen como «el bohemio» de la familia. Pocas farras hacen falta para ganarse fama de excéntrico en este clan. Es lo que tiene sacar un 9,5 en una familia de 10. Todo un cambio tras las frivolités de la etapa Zapatero.

    La austeridad, la discreción y la memoria también son tres virtudes indispensables para su nuevo rol de primera familia de España. Nunca chuparán cámara ni necesitarán que el presidente les dé un empujoncito laboral. Los tres hermanos tienen la vida resuelta: pese al catacrac del ladrillo, se estima que en registros como los suyos se pueden ganar unos 300.000 euros al año. Es decir, el cuádruple del magro salario presidencial: apenas 78.185,04 euros en 2011.

    Ante el turbio panorama que se avecina, Rajoy gozará de muy pocas certidumbres. Una de ellas es que no sufrirá la maldición del pariente. Es decir, que no le acosarán los líos familiares que han arruinado la carrera de tantos políticos.

    Nadie espera los enjuagues de Juan Guerra, hermanísimo del vicepresidente socialista. Tampoco el nepotismo de Manuel Chaves con sus dos hijos: Iván y Paula. Ni siquiera los trapicheos de José Blanco con su primo Manuel Bran, que este jueves le empujaron a dejar la primera línea de la política.

    Hasta ahora, Rajoy sólo ha sufrido dos microescándalos familiares. Uno fue la condena de su primo Raúl por su presunta participación en el secuestro de un empresario. El otro, la alusión a su primo Javier Brey, físico, para desdeñar los efectos del cambio climático.

    Tan juiciosos son los Rajoy que su círculo ni siquiera les ve como asesores en Moncloa, igual que Zapatero con su primo José Miguel Vidal. «Qué va, imposible», coinciden todos. «Los hermanos quieren mucho a Mariano, pero jamás se meterían en esos líos».

    Más allá de la vocación política de Mariano, que no todos los hermanos acaban de entender, los Rajoy siempre han sido un clan compactísimo. Una razón es su edad: entre los cuatro hermanos, apenas se llevan seis años. La otra, el oficio del padre, Mariano Rajoy Sobredo, cuyas obligaciones como juez le llevaron a Piedrahita (Ávila), a Carballiño (Ourense), a León, a Pontevedra... «Como los hermanos no tenían un grupo fijo de amigos, estrecharon sus lazos familiares», cuenta un parlamentario popular muy cercano a la familia.

    estudiaron en el cole de zp

    La formación del cuarteto como futuros opositores arrancó en el colegio Las Discípulas, un centro de monjas de León. Allí se cruzaban por los pasillos con un chaval igual de lacónico y desgarbado que ellos. Era un tal José Luis, compañero de clase de Enrique durante algún curso. Nadie se imaginaba que aquel chaval, décadas después, asestaría a Mariano los dos peores golpes de su carrera política: las derrotas en las elecciones de 2004 y 2008.

    En 1993, un tercer factor unió a los hermanos. Fue la muerte por leucemia de su madre: una mujer extrovertida, chispeante, de las primeras que aprendió a conducir en León. Ella fue quien inoculó a Mariano el virus de la política, una afición insólita en una familia que precia la estabilidad por encima de todo. «Intenté por todos los medios persuadirle de que no se metiera en política, pero no funcionó», confesó recientemente el padre.

    Desde la muerte materna, los cuatro Rajoy están volcados en el bienestar de su padre. Entre los cuatro apoquinaron para comprarle un bungalow en las Islas Canarias, donde pasa largas temporadas. A sus 90 años, Mariano padre sigue manteniendo sus costumbres, como darse un chapuzón matinal casi todos los días. «Tiene la cabeza mejor que tú y que yo», dice un destacado miembro del clan.

    Fue don Mariano quien convirtió chez Rajoy en una casa de leyes. Hijo de abogado, ex presidente de la Audiencia de Pontevedra, el progenitor inculcó a sus hijos el esfuerzo, la prudencia y, sobre todo, el respeto al orden establecido. Por eso, el futuro presidente siempre recalca que es la persona que más le ha influido en su vida, desde que se levantaba cada día a las cinco de la mañana para ayudarle con el temario de derecho hipotecario.

    «Me parezco bastante a mi padre», escribe Rajoy en su autobiografía, En Confianza. «Él es perfeccionista y algo introvertido, muy prudente. Ser perfeccionista tiene la desventaja de que te hace trabajar el triple que a otros. Y además no siempre la rentabilidad de ese detallismo está fuera de dudas».

    Este 20-N, la primera llamada de Rajoy como presidente electo fue, como había prometido, a su padre (algo accidentada, por cierto, por la incipiente sordera del progenitor). Hace tiempo que don Mariano se resignó a la vocación política de su hijo mayor y, dicen, se ha convertido en su mayor fan. Por eso le molestó sobremanera perderse el recuento en Génova, al que no pudo acudir por la convalecencia de una rotura de cadera.

    -Me alegré mucho por él, siento enorme orgullo, pero tengo 90 años y sólo quiero vivir tranquilo-, dice el padre a Crónica, antes de cortar la conversación.

    Don Mariano aparte, el jefe indiscutido del clan Rajoy es el futuro presidente. Igual que en política, el suyo es un liderazgo sereno, sin aspavientos ni astracanadas... Le basta con arquear las cejas para que sus tres hermanos capten su parecer. «Al principio, no les entendía nada», dice una de las parejas del cuarteto. «No se gritan, no se pelean, hablan como por telepatía... Son gente muy peculiar».

    Tras Mariano, la siguiente es Mercedes, registradora de la propiedad en Getafe. Cuentan de ella que es la hermana que más le influye, tanto política como personalmente. Primero, porque vive puerta con puerta con él en Aravaca, a las afueras de Madrid. Y, segundo, porque su esposo es el eurodiputado Francisco Millán Mon, de la máxima confianza de Rajoy, con quien hizo la mili en Valencia.

    Tan estrecha es su relación con Mariano que, tras la derrota de 2008, a Mercedes se le atragantaron las maniobras para desbancarle de la presidencia del PP. Cuentan que un día, indignada ante tantos palos, llamó a Esperanza Aguirre para abroncarla por sus deslealtades: «¿Cómo le has podido hacer esto a mi hermano?», le inquirió.

    El tercer Rajoy, Luis, es la oveja negra del clan. Fue el único hermano que - ¡sacrilegio!- se hizo notario en vez de registrador. Tras muchos años en Galicia, hoy regenta un lucrativo despacho en El Escorial, en plena sierra madrileña. Aun así, se le perdona este desliz porque fue él quien presentó a Mariano a su futura esposa, Viri, en una cafetería de Pontevedra.

    Cierra el póquer rajoyano Enrique, el benjamín de la familia, el mismo que compartió pupitre con Zapatero. Elegante y bien parecido, se quedó a un palmo de arrebatarle el récord de registrador pipiolo a Mariano. Se sacó la oposición en 1984, con sólo 24 años, tras obtener un sobresaliente cum laude en sus estudios de Derecho. Hoy, regenta un registro cacereño, aunque pasa gran parte de la semana en Madrid.

    escándalos descafeinados

    Fue precisamente Enrique el único que dio un disgusto a su hermano en forma de titulares escandalosos. En 2008, la Dirección General de los Registros y del Notariado le sancionó por «incumplir abiertamente la ley» al negarse a inscribir una escritura certificada por un notario. Todo un sacrilegio para esta familia de leyes que, afortunadamente, se disolvió con el tiempo: este año, un juez anuló aquella multa. Así de descafeinados son los escándalos rajoyanos.

    Casi tanto como sus fiestas. Tras la escueta celebración del domingo en Génova, el clan volverá a brindar por el triunfo el 24 de diciembre. La cena de Nochebuena en Pontevedra es uno de los dos actos anuales que reúnen a toda la familia. El otro, igual de multitudinario, es el cumpleaños del patriarca, que se celebra a finales de agosto en Sanxenxo (Pontevedra). Allí veranean desde niños y allí todos, menos Mercedes, tienen casa.

    Si todo sale según lo previsto, Mariano acudirá al cenorrio de Nochebuena ya investido como presidente. Días antes, habrá presidido su primer Consejo de Ministros y habrá anunciado sus primeras medidas de choque. A buen seguro que algunas de ellas ya las habrá sondeado, en charlas informales, con alguno de sus hermanos.

    Entre brindis de cava y raciones de capón, los Rajoy reflexionarán sobre la oposición más dura que ha vivido la familia: sus ocho años de pelea, de oposición por alcanzar La Moncloa. A unos les dolió más la derrota de 2004, cuando Rajoy acudió a votar entre aullidos de «¡asesino!» por el 11-M. A otros, les marcó el clima guerracivilista que se desató en el PP tras la derrota de 2008. «Más de una vez, sus hermanos se han preguntado: ¿por qué se mete en estos líos si tiene la vida resuelta?», asegura un alto cargo del PP, amiga íntima de la familia.

    Pero, por algún motivo, Rajoy siguió ahí. Y ahora, frente a los augurios más pesimistas, el mayor del cuarteto ha alcanzado el poder. El alivio es palpable entre los miembros del clan, que llevaban años aguardando este momento...

    En dos palabras: «¡Por fin!».

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