La juez Mercedes Alaya, que investiga la existencia de una supuesta trama para utilizar fondos públicos de modo ilegal para pagar prejubilaciones, ha ordenado a la Policía Judicial que investigue la situación laboral de Fernández en González Byass, empresa en la que se prejubiló el 16 de julio de 2010. La magistrada quiere conocer todos los extremos de la excedencia que permitió a Fernández conservar su puesto de trabajo en González Byass durante casi 30 años y, a la postre, prejubilarse a la edad de 54 años.
También quiere averiguar qué criterio siguió la empresa para calcular la indemnización de Fernández, al que en los listados oficiales se le otorga como antigüedad en la empresa el día de su fecha de nacimiento.
Como publicó EL MUNDO, Antonio Fernández trabajó en González Byass desde el 1 de mayo de 1971, cuando ingresó como aprendiz de primera de conserjería, hasta el 10 de octubre de 1981, cuando solicitó una excedencia voluntaria para incorporarse como profesor asociado a la Facultad de Derecho de Cádiz. En medio, Fernández causó baja una vez para realizar el servicio militar y pidió excedencia en otra ocasión para terminar sus estudios.
El 10 de octubre de 1981, estuvo contratado por Facultad de Derecho de Cádiz en los cursos 81/82 y 82/83. Al mismo tiempo, ejerció como abogado laboralista en despachos vinculados a CCOO y UGT, según su biografía oficial.
En mayo de 2003, resultó elegido concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera y, en septiembre de 1983, solicitó que su excedencia voluntaria se le convirtiera en forzosa, por ocupar un cargo público. Fuentes de toda solvencia han asegurado a EL MUNDO que la empresa le concedió esta excedencia forzosa el 17 de octubre de 1983.
En un reciente auto, la juez Mercedes Alaya quiere conocer «si existió solicitud de excedencia forzosa en el año 1983 por parte del señor Fernández a la empresa González Byass cuando pasó aquél a desempeñar el cargo de concejal del Ayuntamiento de Jerez de la Frontera», debiendo además recabar la contestación de la empresa.
Igualmente, quiere saber qué «personal directivo» trabajaba en González Byass en 1981, presumiblemente a los efectos de tomar algún tipo de declaración sobre cómo se concedió la excedencia al ex consejero.
En este sentido, la juez también ordena que se investigue si existieron «otras comunicaciones» de Antonio Fernández a González Byass «sobre la continuidad o prórroga de su excedencia por nuevos cargos públicos y las contestaciones de la empresa».
Finalmente, ha pedido el convenio colectivo por el que se regía González Byass de 1981 a 1983 «para determinar si existía alguna disposición específica sobre las excedencias».
Entra sonriente y sin corbata, con una cafetera en la mano y menos bronceado que en las páginas de los tabloides. Pero Tony Blair explica que las apariencias engañan: ni lleva una vida sedentaria ni es un jubilado de lujo. En parte por su responsabilidad como enviado del Cuarteto en Oriente Próximo y en parte por sus actividades benéficas y lucrativas, que lo pasean por los cinco continentes. En esa apretada agenda se cuela este encuentro para hablar de sus Memorias (La Esfera, 2011), un libro que arroja luz sobre el proceso de paz en el Ulster y sobre sus dilemas morales en los prolegómenos de la invasión de Irak. Pero también sobre el carácter afable y mesiánico del único líder laborista que puede presumir de haber ganado tres generales consecutivas en el Reino Unido y de haber dejado el cargo sin perder una sola batalla electoral. La cita es en la antesala de su despacho en Grosvenor Square. Antes de empezar, su voz aterciopelada se disculpa: «Supongo que no le importa que venga sin corbata...». ¿Quién dijo que Strauss-Kahn era el gran seductor?
Pregunta.- ¿Qué distingue a un buen primer ministro de uno malo?
Respuesta.- Un buen primer ministro tiene que tener una visión muy clara de lo que quiere hacer y no le debe temblar el pulso a la hora de hacerlo. Por eso yo diría que el liderazgo requiere un temperamento que no tiene todo el mundo. Uno tiene que saber elevarse sobre la brutalidad de la política cotidiana.
P.- ¿Usted cree que un buen primer ministro toma decisiones en contra de lo que piensa la mayoría de su electorado?
R.- Yo diría más bien que uno tiene que tomar una decisión si cree que es la correcta sin importar lo que crea la gente. Y la gente luego puede sacarle a uno del poder. Está en su derecho. Pero los ciudadanos nos eligen para liderarles, no para seguirles.
P.- ¿Siente que no le ama el laborismo?
R.- (Silencio) Mire. Mi relación con el laborismo fue siempre muy compleja...
P.- Ése ha sido un silencio muy largo…
R.- Bueno (sonríe), supongo que amor es una palabra demasiado fuerte. A estas alturas no queda mucho amor en política… A mí me eligieron líder y me reeligieron durante muchos años. Pero en todos los partidos progresistas del mundo hay dos bandos: los tradicionalistas y los reformistas. Yo fui un reformista y los tradicionalistas nunca me tragaron.
P.- ¿Se arrepiente de no haber destituido a Gordon Brown?
R.- No. Así lo explico en el libro. Él era un activo muy importante para el partido y para el país. Pero al final no logramos ponernos de acuerdo. Estas cosas pasan.
P.- Hablemos de Irlanda del Norte. ¿Hubo un momento concreto en el que usted supo que la paz era irreversible?
R.- Supongo que la noche en la que firmamos los Acuerdos de Viernes Santo en abril de 1998. Sabía que aun así tendríamos problemas pero aquel fue un momento clave.
P.- En España tuvimos un proceso de paz en 2006 y el Gobierno siempre dijo que usted había asesorado a Zapatero.
R.- No es cierto. Hablábamos del tema de vez en cuando. Pero nunca hubo un asesoramiento formal. A quien me pregunta siempre le digo lo mismo: primero, que nunca deje de intentarlo. Pero también que lo más importante es que quienes usan la violencia se convenzan de corazón de que está mal lo que hacen.
P.- ¿Eso es cierto en Irlanda del Norte?
R.- Por supuesto.
P.- Pero ni Gerry Adams ni Martin McGuinness han dicho en público que se arrepienten de sus crímenes.
R.- Ellos tienen su propia forma de justificar lo que hicieron.
P.- Sugiere que ése es un precio que merece la pena pagar por el fin de la violencia.
R.- Lo que creo es que uno nunca va a lograr que cambien de discurso. No creo que tenga sentido intentar que se arrepientan. Pero sí creo que la paz en el Ulster nació porque ambos bandos se convencieron de que la violencia no les llevaría a ninguna parte. Sin eso el proceso de paz no habría salido adelante.
P.- El Gobierno español dijo que usted animó a Zapatero a seguir negociando después del atentado de la T-4.
R.- No. Lo que quizá dije y lo que sí creo es que uno siempre tendrá disidentes con ganas de torpedear el proceso. El ejemplo evidente es el atentado de Omagh. Entonces tuve que decidir si mantener el proceso o romperlo y decidí pensando que la inmensa mayoría de los norirlandeses estaba a favor de la paz.
P.- Supongo que la gran diferencia es que Omagh fue obra de los disidentes del IRA y el atentado de la T-4 fue obra de los etarras que negociaban con el Gobierno.
R.- Claro. El IRA condenó la bomba de Omagh. ETA no condenó la bomba de la T-4.
P.- ¿Debe exigir un Gobierno democrático unos requisitos antes de sentarse a negociar con los terroristas?
R.- El requisito clave es el rechazo de la violencia. Es un dilema que yo tengo presente todos los días con Hamas en mi trabajo como enviado del Cuarteto en Palestina. A un grupo terrorista se le debe exigir siempre que se comprometa a no usar la violencia como una herramienta de negociación.
P.- ¿Cómo nació su amistad con Aznar?
R.- Supongo que nos unían dos cosas. La primera, que teníamos la misma percepción sobre la amenaza terrorista y sobre cómo afrontarla. La segunda, que compartíamos una idea de Europa. A ninguno nos gustaban los excesos de una Europa federal.
P.- Esos son los motivos de su sintonía política. Yo hablaba de su amistad personal.
R.- Cierto. Él se portó muy bien con mi familia. Pasamos unos días maravillosos en Doñana en 1998. Hablábamos en francés. Aunque ahora hablamos en inglés porque José María lo habla fantástico. Nos vemos de vez en cuando. Sigue siendo un buen amigo.
P.- Cuenta en su libro que Aznar le dijo en 2003 que sólo un 4% de los españoles apoyaba la guerra de Irak y que usted le contestó que ése era más o menos el porcentaje de personas que pensaban que Elvis estaba vivo.
R.- Así fue (se ríe). Y supongo que a Aznar le preocupaban esas cifras. Pero no cambió su decisión. Era un líder fuerte.
P.- ¿A usted no le preocupaba que pudiera retirar su respaldo a la invasión?
R.- No. No era esa clase de líder. Cuando tomaba una decisión, seguía adelante con ella. Usted no imagina lo difícil que fue tomar aquella decisión. Lo saben aquellos que se enfrentan hoy a dilemas similares. Qué hacer con Libia o con Siria. Irak y Afganistán. Cómo ayudar a Egipto a progresar… Estas decisiones están aquí todavía.
P.- ¿Es la llamada primavera árabe una oportunidad o un riesgo para Occidente?
R.- Es una oportunidad magnífica. Pero sólo si trazamos un plan ambicioso. Porque estos países necesitan ayudas económicas.
P.- Usted respalda esa especie de Plan Marshall que propone Barack Obama.
R.- Desde luego. Sobre todo para Egipto. Porque si no arreglamos su economía, la política puede tomar una deriva peligrosa. Lo que debe comprender la gente en la región es que la democracia es mucho más que celebrar unas elecciones libres. Requiere libertad de expresión y religión, unas instituciones independientes y un mercado libre.
P.- ¿Es correcto comparar las intervenciones en Irak y en Libia?
R.- No. Los motivos en los dos casos son distintos. En Libia intervinimos por motivos humanitarios. En Irak, por nuestra seguridad.
P.- ¿Se arrepiente de sus fotos con Gadafi?
R.- No. Mi opinión es muy sencilla. Cuando hizo lo correcto, lo respaldamos. Cuando hizo lo que no debía, dejamos de apoyarle.
P.- Algunos le acusan a usted de traicionar la memoria de las víctimas de Lockerbie y del IRA.
R.- Mire, eso me lo decían también durante el proceso de paz y creo que no es justo. Gadafi abandonó su programa nuclear y cooperó con nosotros en la lucha antiterrorista. Lo que hace ahora no está bien y por eso estoy de acuerdo con la intervención.
P.- ¿Tiene miedo de que las revueltas incrementen la influencia de Irán en la región?
R.- Ese peligro existe. Pero existe también la oportunidad de que Irán cambie. Para mí es muy difícil aceptar que ésta vaya a ser una primavera estrecha. Creo que es posible que haya un cambio en Irán y eso tendría una inmensa influencia positiva sobre la región.
P.- ¿Hay algo que Occidente pueda hacer para que eso suceda?
R.- Mantener la presión sobre el régimen. Decir a sus miembros que su programa nuclear es una línea roja que no deben traspasar.
P.- Es decir, decirles que si siguen adelante habrá una guerra.
R.- No creo que debamos descartar nada sobre Irán. Su programa nuclear cambiaría de un modo dramático la región.
P.- Hablemos de Europa. Usted debe de estar aliviado de que Gordon Brown le persuadiera de no entrar en el euro.
R.- No fue exactamente así. Siempre pensé que lo mejor para el Reino Unido era entrar en el euro. Pero siempre dije también que sólo entraríamos si salían las cuentas. Lo sopesamos y decidimos que entonces no nos convenía. Pero sigo pensando que el euro sobrevivirá y que el Reino Unido terminará asumiéndolo como moneda.
P.- ¿Es posible que el euro sobreviva sin que sus miembros coordinen sus impuestos?
R.- Supongo que no. Esta crisis requiere alinear la política fiscal y monetaria. Pero requiere también un gran programa de reformas. Las reformas que debemos hacer no son patrimonio de la derecha o de la izquierda. Tienen que ver con el envejecimiento de la población y con la tecnología. Vivimos en un mundo en el que la gente quiere tener el poder de decidir. En muchos países los servicios públicos son aún anticuados, burocráticos e ineficientes. Protegerlos no es un postulado progresista. Es proteger algo pasado de moda.
P.- ¿Por qué está en crisis la izquierda en Europa?
R.- Porque no se moderniza (sonríe). El mundo ha cambiado y el problema perenne de la izquierda es que confunde valores que son inmutables con políticas que cambian con el tiempo, y este error se repite siempre.
P.- ¿Eso vale para Zapatero?
R.- Pues creo que él es uno de los pocos que ha tenido el valor de emprender reformas.
P.- No se puede decir que le haya ido muy bien en las urnas.
R.- Es una coyuntura difícil pero le comprendo y admiro lo que ha hecho en los últimos meses porque ha sido un periodo muy difícil y ha tomado decisiones muy valientes.
P.- Sólo después de las presiones europeas. Ahora es un reformista. Pero durante seis años no lo fue.
R.- (Silencio) Es bueno que lo haga ahora, aunque tiene un gran coste para él. Eso es liderazgo. El problema es que la izquierda asumió que después de la crisis la opinión pública giraría a ella. No entienden que la mayoría de los ciudadanos paga impuestos. Y cuando ven que los Gobiernos se endeudan, enseguida comprenden que tarde o temprano pagarán por ello. Por eso la izquierda europea está en crisis. Porque no es honrada consigo misma y no reconoce los motivos de sus derrotas. Curiosamente, allí donde los gobiernos conservadores tienen problemas es por sus disputas internas, no por propuestas progresistas.
P.- Eso ocurre en el Reino Unido.
R.- No lo sé. Supongo que el laborismo podría ganar las próximas generales pero sólo si es fiel a los preceptos del nuevo laborismo.
P.- Usted cree que Ed Miliband no lo es.
R.- No lo sé. Espero que se mueva en esa dirección.