LAS CUATRO ESQUINAS03/12/2011 FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
El yerno del Rey, bajo sospecha
El documento clave del 'caso Urdangarin'
Las investigaciones que Inda y Urreiztieta vienen publicando sobre el caso Urdangarin en EL MUNDO -y que antes de formar parte de un sumario judicial ya fueron objeto de denuncia periodística en EL MUNDO/El Día de Baleares- han alcanzado seguramente esta semana el punto de no retorno.
La clave fue la reproducción en portada de tres líneas judicialmente letales para el yerno del Rey, la Infanta Cristina y su secretario Revenga, al que se presenta como asesor de la Casa del Rey.
El breve texto de presentación de Nóos muestra la utilización descarada de la Familia Real para trincar dinero público, sugiriendo que lo pide Urdangarin pero con el respaldo de la Corona. El documento, remitido al Ayuntamiento de Alcalá de Henares, logró una pingüe subvención del alcalde socialista Peinado.
Pero cuando Nóos-Aizoon quiso subir el trinque a 30.000 euros, el nuevo alcalde del PP se plantó. Y suministró una prueba material decisiva sobre la actividad presuntamente delictiva del real yerno. Ya no se puede decir que fue algo privado; y la Casa del Rey se ha quedado muda.
Hay silencios que sentencian.
Un culebrón que no se estrena
La Ley Sinde y la Ley de Murphy
Este Gobierno que no acaba de irse nunca estuvo a punto de hacerlo ayer dejándole al PP una joya de impopularidad: la Ley Sinde, una especie de control estatal de internet en nombre de la propiedad intelectual o viceversa, que levantó en armas a los internautas y logró que hasta el PP, acomplejado siempre en materia cultural, le retirase su apoyo. Pero Sinde, acreditada guionista de Mentiras y gordas, esperaba a las postrimerías del Gobierno para meterla aunque fuera con calzador en el BOE.
Previamente, la gran defensora de la SGAE había roto su carné de socia del tinglado de Teddy, precisamente cuando hay gente dispuesta a dignificarla. Pero sobre la política de Sinde pende la Ley de Murphy, cuyo axioma esencial es que si algo puede salir mal, saldrá mal. Como si de la famosa tostada se tratase, la fatua ministra llevó su Ley al Consejo de Ministros y cayó al suelo del lado de la mantequilla. Medio Gobierno se opuso al engendro, alegando motivos legales y de legitimidad porque corresponde al PP legislar en esta materia, y la anunciada ley quedó sólo en el tráiler de una película que no se estrenará.
Chacón y Rubalcaba, a sus pies
El discutido apoyo de Leire Pajín
Una de las pruebas de la decadencia del PSOE es que chaconistas y rubalcabistas se disputen el apoyo de Leire Pajín. Y aún es más llamativo que ésta se haga desear por unos y otros y traicione a los otros con los unos.
Muchos daban por hecho que Pajín, sucesora de José Blanco en la sala de máquinas de Ferraz, iba a apoyar al candidato oficialista y gerontocrático, o sea, Rubalcaba. Pero lo que empezó como un rumor se convirtió en una sorpresa que dejó pasmada a la Legio Pepunta: ¡Leire se había pasado a Chacón!
El barrunto dio paso a la convicción cuando Pajín publicó un artículo en EL MUNDO mostrándose tan ambigua y equidistante entre los dos bandos que, automáticamente, fortalecía al más débil, el de Carme Chacón. Ambas usaban el mismo argumento: en el PSOE, tras el 20-N, no se trata de hablar de personas sino de ideas.
Pero la trayectoria de ambas ministras de Zapatero acredita que todas las ideas que han exhibido en estos años o son prestadas del nacionalismo catalán o de la extrema izquierda indignada o, simplemente, no existen. Mal, muy mal está el PSOE cuando tanto pinta Leire Pajín.
Un debut con sabor a final
Eurocopa: Italia primer rival, nada menos
El bombo de la suerte ha arrojado el primer grupo de rivales para la campeona de Europa de fútbol, que es España. Y el más importante de los tres es, ni más ni menos, que Italia, bicampeona del mundo y temible siempre y en cualquier circunstancia. Para colmo, aunque haya sido en partido amistoso, que con los azzurri nunca lo son, Italia ha vencido recientemente a España, que parece atontolinada cuando juega de mentira.
Hace cuatro años, con el memorable gol de Fernando Torres en la final de la Eurocopa contra Alemania, España inició la época más brillante de su historia futbolística, que coronó dos años después con la conquista del Campeonato del Mundo en Sudáfrica. Pero todos los títulos caducan, salvo en la memoria, y de nuevo se anuncia la Eurocopa, con España defendiendo el título, Alemania como primer aspirante y Francia, Inglaterra o Italia como clásicos de la sorpresa, que nunca lo es cuando se trata de tres campeonas del mundo. El primer partido, España-Italia, puede marcar decisivamente la Eurocopa, que para España podría ser la tercera. Ojalá, pero no va a ser nada fácil.EL CORREO CATALÁN03/12/2011 ARCADI ESPADABundesrepublik Deutschland (I)
Querido J:
Tal vez recuerdes, te la he dicho recitada alguna vez, la frase de aquel imponente franquista que fue Paco Godia. «Yo estoy dispuesto a olvidar que hubo una guerra; incluso estoy dispuesto a olvidar que la ganamos. Ahora bien: nadie va a convencerme de que la perdimos». Viene bien para estos días de Cuelgamuros. Los hechos son un jodido problema. Echémosles un ojo a estos cinco. Franco desencadenó la Guerra Civil. La ganó. Ejerció el poder durante cuatro décadas. Nombró a su sucesor. Su sucesor reina.
Observa ahora la aplicación de estos hechos a Hitler y Mussolini, sobre la gestión de cuya memoria algunos pretenden establecer comparaciones. No. No es posible. Hitler y Mussolini perdieron. Franco fue un ganador. No sólo venció, sino mucho peor para Unamuno: convenció. La Transición no fue la caída de Franco, sino su superación. Aventuro que él habría estado de acuerdo: hay que interpretar creativamente su atado y bien atado. La Transición fue un cambio de gobierno: aunque ya hacía falta, bien es cierto.
Yo comprendo a los nacionalistas cuando exigen que el Estado pida perdón a Cataluña, levante a Companys de la tumba y aplique otros procedimientos de reparación de lesa patria. Y no admitiría que el Gobierno Zapatero se sacara de encima a los nacionalistas arguyendo que eso fueron cosas de Franco. Entendería que se los sacara de encima con otros argumentos; por ejemplo, el del considerable número de catalanes que combatieron con Franco y que se alegraron del fusilamiento de Companys: pero jamás arguyendo la falta de continuidad histórica del Estado.
El crucial asunto de la continuidad lo entenderás bien si llamas a Berlín, al Ministerio del Interior. 004930186810. Habrás de pasar por dos departamentos. En el último te confirmarán que los retratos de los ministros que cuelgan de las paredes del Ministerio son «Bundesrepublik Deutschland». Es decir, sólo incluyen a los ministros que ejercieron a partir de 1945. A mí me parece un error la tabla rasa alemana. Pero esa tabla rasa incluye unas cuantas condiciones: la derrota de Hitler, Auschwitz y más de siete millones de muertos. Y un hecho contemporáneo, menor pero significativo: las miles de agresiones neonazis que en los últimos 20 años se han registrado en Alemania, con 174 asesinatos, según algunas fuentes. Estos 174 muertos permiten entender las precauciones alemanas ante la posibilidad de que la memoria de Hitler conlleve celebración y reivindicación.
No es el caso de Franco, naturalmente. Ni siquiera el más histérico de los socialdemócratas puede argumentar que el recuerdo de Franco sea hoy activo y peligroso. Franco, a diferencia de Hitler, no existe. Está disuelto. Y disuelto en el Estado. No cuelgues el teléfono y compruébalo tú mismo: creo que no hay un solo ministerio español que haya suprimido de sus paredes los retratos de los ministros de Franco. Cuelgan-de-los-muros. Hay continuidad. Hace un tiempo la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega fue interpelada en rueda de prensa por una de esas criaturas que amamantaba. Le preguntaron cómo era posible que Franco apareciera en la web de La Moncloa, en el capítulo de los antecedentes históricos: «Lo voy a comprobar. Sinceramente, no soy consciente de que sea así. Lo voy a mirar personalmente y actuaremos de forma inmediata». ¿La oyes? ¿Te la imaginas? Yo, perfectamente. Y actuaron, desde luego, como perfectos socialdemócratas. Quitando a Franco de la web, y dejando, entre otras muchas cosas, los retratos ministeriales. ¿Cómo iban a poner en práctica algo más que esa burda cosmética virtual?
Cualquier revolución acaba primero con las personas o con su poder, y luego con los símbolos. Así suceden las cosas, excepto en el mágico pensamiento socialdemócrata. Por fortuna en España no hubo revolución. Hubo continuidad. Hay continuidad. Están esos retratos de los ministerios. Y está el Rey. Como siempre tienden a lo fácil, nuestros socialdemócratas quieren trasladar los huesos del muerto, pero no se atreven a trasladar los del vivo. El Valle de los Caídos es el reflejo de la victoria de Franco; aunque de un modo infinitamente más secundario que la propia Monarquía instaurada. En cualquier caso, todo eso, Monarquía y Valle, ha pasado por el asentimiento de los españoles, políticamente reflejado en la aprobación de la Constitución. En contra de un tópico general, la Constitución no limpió el pecado original de la Monarquía ni la forma específica que adoptó en el tránsito de la dictadura a la democracia. Hizo algo duro de sobrellevar para algunos: la Constitución dio continuidad a la Monarquía de Franco; no limpió el pecado, sino que negó la mayor: que lo fuera. Para decirlo de una manera vistosa y que tal vez entiendan los niños: hizo demócrata a Franco.
Las decisiones de la Transición fueron tomadas por varias generaciones de españoles. Unas habían vivido la guerra y su consecuencia de muerte, hambre y dictadura. Otros, como tú y yo, despuntábamos. Las decisiones de cualquier comunidad son revisables, y no hay ningún muerto, ni siquiera un medio muerto, que tenga legitimidad moral para obligar a los vivos a atenerse a lo legislado. Por tanto, es razonable que los españoles puedan decidir ahora el fin de la Continuidad. Pero en ningún caso van a poder soslayar la aplicación de la lógica. O las consecuencias morales de tergiversarla. Descolgar los retratos de los ministros, discriminar entre los huesos de Cuelgamuros y tantas otras revisiones necesitan de una decisión previa. Un punto y aparte. Su Bundesrepublik Deutschland. Y éste sólo puede ser la refundación del Estado y el abajamiento del único símbolo operativo del franquismo, que es la actual monarquía española. Bien: es un programa político. No sé si rentable. Pero es lo que cuesta acabar con la moral de la Continuidad y la moralidad de Cuelgamuros. Todo lo demás sólo es un capítulo más de la turbia manera socialdemócrata, de la tensión permanente con el pasado que los socialdemócratas utilizan para su provecho electoral, de modo parecido a como los nacionalistas utilizan la tensión con el futuro, esto es, la amenaza de la secesión.
No he acabado todavía. En el asunto del Valle de los Caídos cabe discernir, aparte de la moralidad política, la moralidad de los historiadores. Será en la próxima.
Sigue con salud
A.
LA POLÉMICA NACIONAL03/12/2011 VÍCTOR DE LA SERNA El largo adiós, o una transición sobresaltada
Lo que Javier Vizcaíno, el comentarista a piñón fijo de Público, llama «lo de los huesos del bajito de Ferrol» está siendo uno de esos side shows del interregno PSOE-PP. Manuel Martín Ferrand, en ABC, atacaba: «Hace falta ser muy ingenuo o muy perverso para, desde La Moncloa, dejarle una herencia cainita y conflictiva, además de innecesaria, al próximo inquilino de tan singular y cenizo palacio presidencial. (…) Hacer ahora lo que, con buen sentido, no hicieron los Gobiernos de UCD y, después, los de Felipe González y José María Aznar -cada uno por razones diferentes- acredita, no lo sé muy bien, la perversidad o la inconsecuencia de un personaje de mucho talante, poco talento y ningún sentido de la convivencia pacífica y fraternal».
Otra componente polémica de esta etapa de transición es la situación de José Blanco, cuyo eventual procesamiento es más probable tras el apoyo del fiscal a la investigación de la juez. El pulgar hacia debajo de El País ha sido muy comentado: afirmaba en un editorial que surge una «nueva dimensión de mayor consistencia jurídica y, por tanto, más comprometida para el ministro y portavoz». Por ello, el periódico ex gubernamental pide su relevo como portavoz, no por razones jurídicas: «Son razones políticas, éticas y de imagen del propio Gobierno como tal las que aconsejan que alguien sobre el que planea una acusación que afecta al ejercicio de sus funciones ministeriales deje de actuar como portavoz del Ejecutivo».
Eso sí, no se despedía el diario sin una andanada algo despechada: «No importa que hasta la fecha no haya comparecido ante el juez, ni esté imputado, ni que se haya enterado de las diligencias judiciales que le afectan por una extraña conjunción mediático-judicial producida en vísperas electorales. Tampoco sirve de mucho lamentar que la investigación de la juez de Lugo solo se base en la denuncia de un empresario imputado por corrupción y en correos electrónicos no contrastados y descontextualizados».
El navajeo en el PSOE y aledaños es -aparte del factor exterior, ese psicodrama del euro que tiene al país transido- el tercer elemento, el más previsible quizá, de estos días. Apuntaba J. A. Gundín en La Razón, sobre Zapatero: «Lo que nadie imaginó nunca es que el ajuste de cuentas más despiadado vendría de sus propagandistas y corifeos, entregados ya a ensalzar a Rubalcaba como el ungido. De ahí a borrar todo vestigio de su antecesor, como hacían los faraones, sólo hay un paso. Ay de los vencidos».
En El País, Elvira Lindo nos revelaba que nunca pensó que ZP fuese un gran presidente, pero que «algunas veces hube de callarme» ante el entusiasmo ajeno. Eso sí, ahora protestaba: «Lo que desde luego no me parece honesto es atribuir las razones de la derrota a la afición de Zapatero por llenar sus Gobiernos de jovencitos y mujeres. ¿Es que la mediocridad tiene edad o sexo? Para empezar, Guerra y González eran escandalosamente jóvenes cuando llegaron al poder. Para terminar... Ahora resulta que de la crisis socialista va a tener la culpa Bibiana Aído».
Se ha criticado mucho el largo período de transición, de más de un mes, hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno, que llega respaldado por una amplia mayoría. Y desde la prima de riesgo hasta la presión judicial sobre Blanco, todo se ha complicado.
AJUSTE DE CUENTAS03/12/2011 JOHN MÜLLERPor qué no entendemos a los alemanes
Los alemanes se sienten incomprendidos, se ven como los paganos de Europa, pero no dejan de acusarles de insolidarios. Hace unos días, Reinhard Silberberg, embajador germano en Madrid, ofreció un almuerzo al Círculo Hispano-Alemán en el que desmontó los argumentos que culpan a Berlín de falta de europeísmo.
Pero hay una diferencia cultural que explica esta incomprensión y es la devoción sin fisuras que los alemanes sienten por una moneda fuerte. Existe una explicación histórica: la emisión incontrolada de marcos en la década de 1920 causó una hiperinflación que destruyó su moneda y de paso arrasó la democracia de Weimar. Pero hay una segunda causa más pedestre: en la economía alemana, a diferencia de la española, los sueldos y pensiones no están indexados con la inflación. Aquí, las rentas se reajustan según el IPC para mantener el poder adquisitivo. Allí eso no sucede. Por eso el obrero y el jubilado sienten aversión por los fenómenos económicos que crean inflación: emisión inorgánica, inyecciones de liquidez, despilfarro público, créditos improductivos, etc.
La desindexación de la economía española de la inflación sería una auténtica proeza, porque cambiaría nuestra mentalidad económica. Nos haría odiar el despilfarro y amar el ahorro. Los pensionistas rechazarían a los políticos botarates. Cuando Merkel le exigió a Zapatero que desindexara salarios y pensiones, éste se puso de perfil, consciente de que era tarea imposible para un gobierno débil como el suyo.
Admitida esta diferencia, hay que reconocer que el discurso alemán -el que les lleva a rechazar los eurobonos y que el BCE compre deuda soberana- es perfectamente coherente. Sólo hay una pega: no se ajusta a la realidad.
Alemania propugnó que, tal como decía el Tratado de Maastricht, no se rescatara a Grecia. Y la hemos rescatado dos veces. Combatió la compra de deuda por el BCE y éste no deja de hacerlo. Bien, los alemanes dicen que han tenido que ceder, porque si no la banca francesa se hubiera arruinado por su compromiso griego.
Hay otra cosa curiosa. Los alemanes piden comprensión porque su Tribunal Constitucional frenó la puesta en marcha del mecanismo de rescate. Aseguran que eso «no fue falta de solidaridad, sino necesidad de legitimación democrática». Bien, lo que no se comprende es que Sarkozy y Merkel presionen a Eslovaquia por haber rechazado el mecanismo en una votación que hubo que repetir hasta que la ganaron.
Estas incoherencias entre el discurso y la realidad no son nada al lado del auténtico acto de fe que Alemania le pide a sus socios para salir de la crisis: aplicación estricta del Pacto de Estabilidad y un euro fuerte. Sobre lo primero, hay que recordar que Alemania ha vulnerado 15 veces el pacto desde 1999 y España sólo 5. Respecto de lo segundo, no encuentro precedentes históricos en los que se haya remontado una crisis fortaleciendo la moneda. Al final, de todas las depresiones se ha salido con procesos inflacionarios, que diluyeron las deudas, o con guerras que obligaron a pasar página. También han tenido su precio, claro. Pero el camino que marca Alemania está virgen.
john.muller@elmundo.es PASADO MAÑANA03/12/2011 ERNESTO SÁENZ DE BURUAGA Necesito un médico
Me gustan los puentes, incluso los acueductos festivos. Me gusta que la semana sea una fiesta intermitente porque me cuesta menos levantarme para ir al trabajo. Me gusta que otros se consuman en atascos y yo dar el parte de guerra en la radio con esa carretera de hormigas donde en el pecado llevan la penitencia, y me gusta lo contrario, ser yo la hormiguita que busca otro techo durante unos días. Es la imagen de este sábado que nos introduce ya en Navidad con las luces encendidas.
Antes de que me entre el ansia infinita de paz, que hace años invade al todavía presidente Zapatero, voy a despotricar contra los que se empeñan en hacer difícil lo fácil, contra los que nos hacen la vida mas complicada, contra los burócratas de pacotilla y los políticos de quinta, contra los mediocres y contra los que se creen que jugar con la vida de los demás es parte de lo inevitable.Y hablo de la sanidad. Soy español. Y tengo todo el derecho del mundo a ser atendido en cualquier punto de la geografía española.
Yo no elijo dónde caigo enfermo ni entiendo las estupicedes burocráticas que tenían que poner colorados como un tomate a sus responsables.Ya está bien de que la guerra entre comunidades haga a los enfermos padecer problemas que no han creado. Cerrar fronteras a la salud y que los virus se queden en el límite de la provincia. Ser trasladado de ambulancia porque se cambian en ese punto kilométrico las competencias transferidas.
Decía Luis del Val en nuestro programa Así son las mañanas de la Cope que nos dejen en paz. A los enfermos no les curan los consejeros ni los directores generales ni los gerentes.Nos curan los médicos.Y es un insulto que si tienes un hospital a 20 kilómetros tengas que acudir a otro a más de 100 porque perteneces a una comunidad o a otra. O que te manden de un hospital a otro hasta que alguien decide que te abren sus puertas. O que las medicinas de un enfermo crónico que pasa el invierno en Alicante se las tenga que recetar su médico de cabecera a 800 kilómetros de distancia.
Tenemos una magnífica sanidad pública, y médicos excelentes y mal pagados. Pero dependiendo de dónde vivas o a dónde te desplaces, eres un ciudadano de segunda. Tan cierto como lamentable.
A DIESTRA Y SINIESTRA03/12/2011 DAVID TORRES La España que va en metro
DESDE HACE algún tiempo los españoles nos dividimos en dos clases: los españoles y los otros, es decir, los que viajan en el metro y los que piden en el metro, una partición que sirve para irse haciendo un mapa del desastre, evaluar daños y calcular las salidas más próximas. A su vez los mendigos se subdividen en diferentes especies (el guitarrista de túnel, el acordeonista rumano, la yonqui superviviente), todas ellas distintas entre sí pero lo bastante vistosas para diferenciar al pedigüeño subterráneo del tipo que aún tiene un sitio donde ir.
Todo va bien mientras las monedas, la indiferencia, el asco, el ceño fruncido o la ceguera voluntaria fluyan en el sentido correcto, pero últimamente sucede que cada vez hay más pasajeros que no se sientan, que se quedan de pie ante las puertas y extienden la mano avergonzados, recién llegados a la mendicidad, diletantes de la pobreza que no conocen el ritual ni la retórica de dar pena. Abren la boca y dicen que se han quedado sin trabajo, que tienen un hijo pequeño al que ya no alcanza el paro, que acaban de ingresar en la triste cofradía de los muertos vivientes, los centrifugados del sistema, los refugiados del capitalismo a los que les estalló la hipoteca, esa explosión a cámara lenta que es la versión neoliberal de la bomba de neutrones.
Hay algunos que hasta mendigan con corbata, como si todavía gastaran uniforme de ejecutivo, como si estuvieran pidiendo un balance en lugar de una limosna. Apenas imponen lástima, ignoran el código por el cual un mendigo debe colocarse lo más lejos posible de su benefactor, estableciendo una distancia que exprese claramente que el tinglado funciona y que lo suyo fue merecido, un desliz, un chute de heroína, una partida de cartas, un delito o pura y simple mala suerte. En cambio se quedan ahí, de pie, dando miedo, como un espejo de carne donde mirarse, reconocer el avance de la enfermedad, saber que es una enfermedad y que no tiene cura, que cualquier día te levantas sin trabajo ni ahorros ni paro ni esperanza, hecho un don nadie, un extranjero, un zombi dotado de habla.
Tanto progreso y tanta lucha de clases para al final acabar regresando al sistema de castas de la India, con una muchedumbre babélica de parias pululando en el abismo, un montón de gente haciendo equilibrios en la cuerda floja y unos pocos borbones, urdangarines y banqueros en lo alto de la pirámide, a miles de años luz de esa España que va en metro.
apunte lego03/12/2011 JULIO MIRAVALLS Avances de la humanidad
A estas horas, la nave que lleva hacia Marte al robot Mars Curiosity está ya a unos 17,5 millones de kilómetros de la Tierra (más de 40 veces la distancia de la Luna), viajando a 12.000 por hora. Hasta el 6 de agosto le queda mucho viaje todavía, casi 550 millones de kilómetros, pero los comunicados del Jet Propulsion Lab transpiran un optimismo que agiganta el entusiasmo que tuiteros legos y entendidos sentimos hace una semana en Cabo Cañaveral.
No es fácil explicar la oleada de emociones que puede sacudir el rugido de un cohete. Y lo que éste puede suponer para la humanidad, ahora que se acabó la carrera espacial.
Lo primero: con los recortes de Obama, el espacio se desvanece en el imaginario estadounidense. Al llegar a Miami tuve que explicar sucesivamente a dos policías de fronteras el motivo que me llevaba allí. El escepticismo de ambos fue similar: «¿Cohetes en Cabo Cañaveral...? ¡Pero si la NASA ya no funciona!».
Lo segundo: los exploradores robóticos evocan juguetería sofisticada, pensando en los traviesos Spirit y Opportunity y sus largas vidas marcianas. Pero el rover Curiosity, grande como un coche, tiene una misión muy seria: determinar las condiciones de Marte como posible soporte de vida, pasada, presente o futura. Aventurar si será viable a corto plazo, y con la tecnología disponible, enviar hombres al planeta.
Otra cuestión es el debate sobre el valor de la aventura, como avance de la humanidad. «Es el mayor logro de todos los tiempos», argumenta un colega. «No hombre, la gran hazaña sigue siendo aún poner a un hombre en la Luna...», replico. «Pero aquello fue como una acción de combate de un país contra otro, era la Guerra Fría. Esto es de toda la humanidad».
No puede negarse cierto mérito al argumento. En el rover viajan tecnología e instrumentos de Canadá, Rusia, Francia y España. Y en su desarrollo en el JPL se refleja la mezcla de razas y orígenes que está cristalizando la inteligencia en EEUU. En Cabo Cañaveral estaba el jefe científico adjunto Ashwin Vasavada (apellido y rasgos indios), que hace cinco años ya analizaba los hipotéticos riesgos de una fuente de energía nuclear, como la del rover, con microbios terrestres y agua marciana. Y el ingeniero Allen Chen (rasgos asiáticos), responsable del atrevido sistema de aterrizaje con retrocohetes, que recuerda al somier volante con el que se entrenaban en el proyecto Apolo para posar el LEM en la Luna.
En la NASA hay miles de ingenieros y científicos y su política sigue siendo captar talento de donde sea.
Zapatero afirmó en su día que cualquiera puede valer para ser presidente. Lo que sí está demostrado es que cualquiera puede ser ministro.
Lo fue un tal Julio Rodríguez, nombrado por Franco por error. Y lo ha sido durante un breve intervalo Miguel Arias Cañete, al que el Ministerio de Asuntos Exteriores francés le elevó a esta condición durante unas horas hasta que tuvo que rectificar.
Franco cesaba a los ministros con una carta que enviaba a través de un motorista. Ahora no hay motoristas, pero existe internet, que se ha convertido en un hervidero de rumores. De hecho tengo varios amigos que ya han aparecido en la lista del hipotético Gobierno que va a hacer público Rajoy después de su investidura.
Cualquier cosa es posible. Hasta que Arias Cañete sea ministro de Exteriores, aunque yo no lo creo. Pero el que lo tiene que decir es Rajoy, que es el único que lo sabe de verdad.
Esperemos que no le suceda lo que a Franco en 1973. El general estaba enfermo y pidió consejo a Carrero Blanco sobre a quién tenía que nombrar al frente de Educación.
Carrero le dijo que conocía a un catedrático de Granada que reunía todos los requisitos y que se llamaba Rodríguez. Franco, que ya no escuchaba bien, se enteró de lo de Granada, pero creyó entender el apellido «Sánchez».
El almirante Carrero pasó a hacer público el nombramiento de Julio Rodríguez, catedrático de Geología, lo que fue recibido con enorme sorpresa por el dictador, que creía que su hombre de confianza le había propuesto a Luis Sánchez Agesta, prestigioso catedrático, jurista e historiador, nacido en Granada.
Así que Julio Rodríguez, el audaz ministro que decidió que los cursos académicos comenzaran en enero, fue nombrado porque Franco no oía bien.
A lo mejor también Arias Cañete ha creído escuchar que Rajoy le nombraba ministro y se ha lanzado al mundo a actuar como si ya fuera el jefe de la diplomacía española.
Cuentan que lo que más ilusión le hizo a Julio Rodríguez fue tener teléfono en el coche oficial y que su primera llamada fue a su madre. Seguramente es una leyenda, pero lo cierto es que hoy existen en este país miles de personas que están esperando a que Rajoy les llame para luego llamar a su madre.
Pero lo más divertido del interregno que estamos viviendo es que hemos vuelto a la época en la que la política era sinónimo de rumor. Hoy la Villa y Corte es un estruendoso bulo que contrasta con el silencio de Rajoy, que se debe de estar descojonando de todos esos opositantes con su socarronería gallega.
No, lo que interesa no son las medidas del nuevo Gobierno contra la crisis sino quiénes van a ser los ministros. Ya estamos como siempre en esta España que ha cambiado mucho menos de lo que creemos.
Quizás una clave la dio ayer aquí Steven Pinker: civilización y democracia alejan la violencia. Pero el hombre aún crece con los desafíos.
BREVETE 03/12/2011 SECONDAT La ironía del juez
Un juez de Huelva ha empleado la ironía para archivar una denuncia contra el rey Baltasar, que en el desfile de la cabalgata de los Reyes Magos arrojó al público caramelos, uno de los cuales lesionó el ojo de una espectadora. Este juez nos ha hecho recordar lo que es la ironía, a saber: un arma dialéctica, un juego de la inteligencia, una forma literaria, una modalidad acerada de la crítica. Cuando generalmente son muy aburridas las resoluciones judiciales, se agradece mucho que un juez, Javier Pérez Minaya, nos diga que el rey Baltasar, junto a Melchor y Gaspar, le vienen dando regalos, todos los 6 de enero, desde que tiene uso de razón. Con estos vínculos de gratitud no puede ahora condenarle. ¡He aquí una estupenda resolución cargada de ironía!
03/12/2011 PEDRO G. CUARTANGO Madrid es un rumor
ARIAS CAÑETE / JULIO RODRÍGUEZ
Zapatero afirmó en su día que cualquiera puede valer para ser presidente. Lo que sí está demostrado es que cualquiera puede ser ministro.
Lo fue un tal Julio Rodríguez, nombrado por Franco por error. Y lo ha sido durante un breve intervalo Miguel Arias Cañete, al que el Ministerio de Asuntos Exteriores francés le elevó a esta condición durante unas horas hasta que tuvo que rectificar.
Franco cesaba a los ministros con una carta que enviaba a través de un motorista. Ahora no hay motoristas, pero existe internet, que se ha convertido en un hervidero de rumores. De hecho tengo varios amigos que ya han aparecido en la lista del hipotético Gobierno que va a hacer público Rajoy después de su investidura.
Cualquier cosa es posible. Hasta que Arias Cañete sea ministro de Exteriores, aunque yo no lo creo. Pero el que lo tiene que decir es Rajoy, que es el único que lo sabe de verdad.
Esperemos que no le suceda lo que a Franco en 1973. El general estaba enfermo y pidió consejo a Carrero Blanco sobre a quién tenía que nombrar al frente de Educación.
Carrero le dijo que conocía a un catedrático de Granada que reunía todos los requisitos y que se llamaba Rodríguez. Franco, que ya no escuchaba bien, se enteró de lo de Granada, pero creyó entender el apellido «Sánchez».
El almirante Carrero pasó a hacer público el nombramiento de Julio Rodríguez, catedrático de Geología, lo que fue recibido con enorme sorpresa por el dictador, que creía que su hombre de confianza le había propuesto a Luis Sánchez Agesta, prestigioso catedrático, jurista e historiador, nacido en Granada.
Así que Julio Rodríguez, el audaz ministro que decidió que los cursos académicos comenzaran en enero, fue nombrado porque Franco no oía bien.
A lo mejor también Arias Cañete ha creído escuchar que Rajoy le nombraba ministro y se ha lanzado al mundo a actuar como si ya fuera el jefe de la diplomacía española.
Cuentan que lo que más ilusión le hizo a Julio Rodríguez fue tener teléfono en el coche oficial y que su primera llamada fue a su madre. Seguramente es una leyenda, pero lo cierto es que hoy existen en este país miles de personas que están esperando a que Rajoy les llame para luego llamar a su madre.
Pero lo más divertido del interregno que estamos viviendo es que hemos vuelto a la época en la que la política era sinónimo de rumor. Hoy la Villa y Corte es un estruendoso bulo que contrasta con el silencio de Rajoy, que se debe de estar descojonando de todos esos opositantes con su socarronería gallega.
No, lo que interesa no son las medidas del nuevo Gobierno contra la crisis sino quiénes van a ser los ministros. Ya estamos como siempre en esta España que ha cambiado mucho menos de lo que creemos.
DE CUERPO PRESENTE03/12/2011 RUBÉN AMÓNLa vista gorda
EDIPO existió antes de que Freud se convirtiera en su terapeuta. Quiero decir que el mito griego puede airearse sin las prosaicas connotaciones psicoanalíticas, empezando porque la moraleja que expía el magnicidio y el incesto involuntarios estriba en que el desconocimiento no exime de la responsabilidad.
Edipo es responsable de yacer con su madre y de asesinar a su padre. Y el desenlace de la leyenda consiste en que el rey impostor se despoja de la vista. Un castigo que retrata la ceguera de sus obras y que amortiza el pecado de la lujuria. Inaugurando una singular jurisprudencia en la literatura que relaciona los excesos libidinosos con las maldiciones oculares.
Ya nos decían en el colegio que la masturbación conducía a la ablepsia, exactamente igual que Shakespeare castigaba la voluptuosidad del conde Gloucester con la oscuridad. Resignado a su ceguera y a la miopía de sus congéneres, el conde retrata la condición humana en un aforismo de preocupante vigencia: «El mal de este tiempo es que los locos guían a los ciegos», confiesa a su lazarillo.
El Rey Juan Carlos tiene los pies hinchados, como Edipo, y los ojos reparados en unas gafas de sol que se le antojan suficientemente espesas para preservarse de los desórdenes familiares. No cabe compararlo a Gloucester por rango y época -otra cuestión es la vista-, pero sí al Rey Lear desde la perspectiva de la decadencia y de las ambiciones con que la prole ha subestimado el fervor republicano de la guillotina.
Admitiendo que las Infantas Elena y Cristina carecen de la maldad de Regan y Gonerila, hijas insaciables de Lear, el monarca español agradecería la cordura que proporcionaban a su homólogo bretón el candor de Cordelia -la tercera hija-y la sinceridad de un bufón profético para alertarlo de la impunidad que han cultivado sus yernos desojando la flor de lis.
La Casa Real va a terminar desmintiendo la boda del duque de Palma -ya le sucedió al de Lugo- cuando sea inaplazable el procesamiento de Undargarin, del mismo modo que al balonmanista se le exigirá desvincular la Corona de cualquier implicación contextual, aunque los andares renqueantes del Rey y el mal de ojo sobrentienden una suerte de castigo mitológico en descargo de quien la Constitución preserva como inviolable.
Inmune a los tribunales, pero no al consejo que el bufón administra al Rey Lear al final del primer acto: «No debías haber envejecido antes de ser sabio».
>Vea de martes a sábado el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Sólo en EL MUNDO en Orbyt, hoy: La regla de austeridad
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