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martes, 24 de enero de 2012

FIRMAS: Luis María Anson, A Espada, Secondat, J Müller, R del Pozo, S Sostres, D Gistau, G Montaner


  • CANELA FINA
  • 24/01/2012 LUIS MARÍA ANSON
  • Cárcel para los despilfarradores, y ¿por qué no?



    SE ACEPTA ya por casi todos la inhabilitación de los manirrotos que derrochen el dinero público. Se debate, sin embargo, sobre si, en la reforma del Código Penal, debe establecerse pena de prisión para los despilfarradores. Y ¿por qué no? se pregunta el ciudadano medio.

    Si una ministra malgasta un millón de euros en dotar su despacho de un jardín oriental, cama de rayos uva, baño exclusivo de colores ondulantes, sillones de masaje y aparatos de relajación, significa sencillamente que le ha robado ese dinero al contribuyente. Si un presidente de comunidad decide conocer la India y enmascara su propósito organizando un viaje «político», arrastrando con él en un avión exclusivo a varias docenas de colaboradores, ayudantes y empresarios afines, habrá que concluir que ha cometido un delito y el peso de la ley deberá caer sobre él y su despilfarro. ¿Cuántos de los viajes de Carod Rovira estaban justificados, cuántos eran sencillamente turismo gratis total a cargo del contribuyente? Y qué decir de aquella ministra a la que picó una avispa haciendo senderismo en la sierra madrileña y tomó su teléfono móvil para que acudiera a socorrerla un helicóptero a cargo de los impuestos con que la clase política sangra a los ciudadanos.

    A mí la propuesta de Cristóbal Montoro me ha parecido moderada y razonable. No solo inhabilitación. Sobre el derrochador del dinero público debe pesar la amenaza de la cárcel para que contenga su desmesura. No toda la clase política española es corrupta. Sería injusto generalizar. En su inmensa mayoría, los políticos españoles son muy mediocres. Varios ministros y ministras de gobiernos anteriores no hubieran sido fichados por este periódico ni como auxiliares de redacción. Pero nuestra mediocre clase política, tan mansurrona y lanar, no es, en su inmensa mayoría, corrupta, aunque las excepciones crezcan de forma alarmante. En cambio sí se puede afirmar que el derroche a lo nuevo rico se ha instalado en las cuatro Administraciones, la central, la autonómica, la provincial y la municipal. No me refiero, insisto, a los corruptos, algunos de los cuales están ya pagando sus delitos. Me refiero a los derrochadores del dinero público que se multiplican como los goles de Messi. Apabulla contemplar cómo la clase política se ha instalado en la suntuosidad, los lujosos palacios, los incesantes banquetes, los automóviles de gran cilindrada, los incontables asistentes, escoltas, choferes, ayudantes, secretarias; los viajes a todo avión, las estancias en paraísos para milmillonarios ocupando las suites de los hoteles más caros y pretenciosos.

    ¿Por qué no, inhabilitaciones aparte, pena de cárcel para los despilfarradores? Pues claro que sí, aunque tal vez el sabio Cristóbal Montoro no ha meditado sobre el punto más vidrioso de su propuesta. El 90% de lo que gastan o malgastan los partidos políticos y los sindicatos se sufraga con dinero público a través de subvenciones directas o indirectas. ¿Incluiremos entre los despilfarradores sujetos a inhabilitación y penas de prisión a los dirigentes de los partidos políticos y sindicatos que derrochan el dinero público en actos descomunales en plazas de toros y palacios deportivos, todo ello en medio de la más costosa parafernalia audiovisual y sofisticados alardes de la nueva tecnología? ¿No habría que empezar por establecer que los partidos políticos, las centrales sindicales, las organizaciones empresariales no puedan gastar un euro más de lo que ingresen a través de las cuotas de sus afiliados?

    Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
  • ¡QUIA!
  • 24/01/2012 ARCADI ESPADA
  • ¡Tierra!

    SIGILOSAMENTE, una serie de aconteci-mientos está cambiando el mundo. No es un cuento del abuelito Hessel. Sólo es que se está devolviendo a la palabra «mundo» su hondura semántica: la del conjunto de todas las cosas que existen. Este diario lo explica-ba ayer con precisión y belleza: «Hay millo-nes de 'tierras' ahí fuera.» Los cálculos de los astrónomos son contundentes: sólo en la Vía Láctea puede haber unos cien mil millo-nes de planetas, repitan conmigo, cien mil. Mi generación, y muchas otras, cuadró su mente en torno a un universo donde había nueve planetas, una luna y un sol. Sabíamos que la materia (y hasta la antimateria) continuaba más allá. Pero le dábamos poca importancia: sólo se trataba del vacío, misterioso e impreciso, pero simple relleno. Nuestro pequeño barrio extraplanetario era el escenario, cada vez más desolado, de fantasías alienígenas. La fría realidad es que hollamos la luna y nadie salió a recibir; y estábamos seguros de que lo mismo sucede-ría si aterrizábamos en Marte. Se hizo entonces su poquito de lírica con la soledad del cosmos, el estremecimiento de nuestra unicidad y otros vahídos; pero nuestra provinciana visión sobre el mundo no deja-ba de ser confortable. Se paró la carrera es-pacial; y en realidad no extraña, porque no había ningún lugar interesante a donde ir.

    Hace menos de dos décadas, sin embargo, todo estalló. Para empezar el propio concepto del viaje. La carrera espacial estaba demasia-do influida por los pies. Por el contrario, se podía viajar perfectamente con la mirada, que es lo que se dispusieron a hacer los grandes telescopios. En 2009 se desveló el maravilloso Kepler, que ya ha traído noticia de unos 1.500 exoplanetas, es decir, de tierra situada fuera de la órbita de nuestros ojos. Al mismo tiempo se han ido popularizando nociones como el multiverso o el universo inflacionario. La palabra «eterno» ha empezado adquirir peso. Decimos «eterno» y es como si supiéramos, quizá por primera vez, lo que queremos decir. Un espacio y un tiempo eternos. Sin borde ni principio.

    Lo que está rompiéndose es una visión colonial, metropolitana del espacio. «Globali-zación» es otra palabra que ha adquirido la densidad de un agujero negro. Dice el cosmó-logo Vilenkin que la hipótesis de que estemos solos aquí se ha vuelto mucho más frágil y que el cambio de mentalidad que eso com-porta será comparable al del Renacimiento, cuando dios dejó de estar en el centro. La inmensidad de las posibilidades de réplica del hombre y de la vida hace más improbable pensar en nuestra singularidad. Pero eso no deja de ser una idea preñada del concepto de «sentido». Quizá tan cálido y anacrónico como los límites de nuestro sol vecinal.

    >Vea de martes a sábado el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Sólo en EL MUNDO en Orbyt, hoy: Descubriendo nuestra realidad
  • 24/01/2012 SALVADOR SOSTRES
  • Tres rosas rojas


  • 24/01/2012

  • Tres rosas rojas

  • 24/01/2012
  • Tres rosas rojas

    No sabemos todavía quién va a ganar el próximo congreso del PSOE, pero sí sabemos que los dos candidatos son fieles al más puro estilo socialista en tanto que ya están mintiendo. No ha habido a lo largo de la historia de la democracia europea ningún partido que haya mentido más que el PSOE. Rubalcaba y Chacón demuestran que, por lo menos en lo de mentir, están a la altura de Felipe González y de Rodríguez Zapatero, y andan desde hace días distribuyendo toda clase de cifras inciertas y contradictorias entre sí acerca de los votos de los delegados con los que dicen contar.

    Luego, tanto el uno como el otro hablan de tiempos nuevos, de la regeneración de la política, de honestidad y de transparencia, pero ya antes de empezar a serlo están mintiendo como han mentido todos y cada uno de los secretarios generales socialistas hasta el momento. Hay un museo de la mentira en Ferraz: Rubalcaba formaba parte de él desde los tiempos de González. Chacón ingresó en él cuando en aquel pueblo de su padre se hizo llamar Carmen.

    En Francia, la demagogia socialista es igual de cínica que la nuestra, aunque no tan mentirosa: se nota que allí, firmar un cheque sin fondos tiene pena de cárcel. Pero igualmente, el desprestigio intelectual de la izquierda por todas partes se desparrama. Ayer, el candidato rojo a la Presidencia de la República se rebajó a pronunciar la siguiente frase: «Yo amo a la gente, otros están fascinados por el dinero». Impresionante.

    Hay una degradación, propiciada por la izquierda, que es la que sin duda nos ha sumido en esta crisis, económica en su aspecto pero fundamentalmente moral. Hay una degradación que se basa en ir rebajando cada vez más el nivel del discurso, de las expectativas que cada político ha de transmitir a sus votantes para inspirarles. Los socialistas están tan perdidos en su naufragio, y en el de sus ideas naufragadas, que ya sólo les queda el populismo compulsivo. «Yo amo a la gente», dijo François Hollande, como podrían haberlo dicho Isabel Pantoja o Hugo Chávez. Y remató: «Mi verdadero enemigo es el mundo de las finanzas», inventándose un falso enemigo para azuzar a la masa. De todos modos, hay que agradecerle a Hollande que se quedara en lo abstracto. El último socialista que se inventó un falso enemigo fue Hitler y la última estación de tal tren fue Auschwitz.

    No conozco la ideología -si es que tiene alguna- del pirata de Megaupload. Sí que conozco lo que piensan los millones de apologetas del gratis total, y por donde escora el discurso falaz de que el acceso a la cultura tendría ser universal y a ningún precio. Contra toda esta hipocresía y toda esta mentira actuó, felizmente, el FBI la semana pasada. Siempre es América quien tiene que venir a rescatarnos de nuestros peores dramas y siempre es la izquierda la que crea el caldo de cultivo de las peores barbaridades imaginables. Detenido el pirata, la recaudación de los cines americanos mejoró un 32% este fin de semana, la película Los descendientes triplicó sus previsiones en España y el videoclub en streaming filmin.es ha duplicado su tráfico.

    El pirata ha caído pero no es el único responsable. Millones de ciudadanos cómplices han participado en este atraco. Millones de ciudadanos que luego se atreven a hablar de justicia social o de igualdad de oportunidades; y a denunciar la supuesta corrupción de la clase política y a exigir toda clase de transparencias y de honestidades. Ellos, los socios del pirata.

  • BREVETE
  • 24/01/2012 SECONDAT
  • Nómina de rufianes

    Raro es el día en el que los medios de comunicación no nos informan de un gran escándalo. Con estas referencias se puede establecer una nómina de rufianes (según el Diccionario de la Real Academia Española, 'rufián' es sinónimo de perverso o despreciable). A la cabeza habría que colocar al italiano que pilotaba el crucero 'Costa Concordia' -o mas exactamente, que no lo pilotaba aunque fuese el capitán-. Su nombre es Francesco Schettino. El segundo lugar lo puede ocupar el duque español Iñaki Urdangarin que, con sus negocios poco claros, está haciendo un enorme daño a la Monarquía. Como tercer personaje de esta relación de impresentables, pueden ustedes seleccionar a uno de la lista de corruptos en las diferentes Administraciones Públicas: tal es el caso de varios políticos que actuaron -o siguen actuando- en la Comunidad Valenciana o, con otro color, en Andalucía. Sin embargo, por desgracia, hay varios candidatos para ese tercer puesto y para los que siguen. Parece que nos ha tocado una forma de vivir rodeada de porquerías
  • AL ABORDAJE
  • 24/01/2012 DAVID GISTAU
  • El bolsillo del abrigo


    CONOZCO gente de la que vota y frena en los pasos de cebra que sentiría vergüenza sólo de imaginarse entrando en un Fnac con un abrigo bien provisto de bolsillos en los que esconder CDs y DVDs. Y que, sin embargo, ni siquiera sospecha que estuvo haciendo exactamente eso mientras llenaba de putas el jacuzzi donde Dotcom renovó el principio de Arquímedes. Y conste que putas y jacuzzi, continente y contenido, no son tanto el problema como la legitimidad del dinero con que se financian. Con la edad, uno puede ir incurriendo en la enojosa costumbre del sermón y el moralismo, pero no tanto como para haber dejado de comprender al rapero de alma que relaciona la vida outlaw con un hedonismo de cuenta atrás.

    No he conseguido que nadie me explique por qué internet desactiva las alarmas éticas en personas que suelen atenderlas. Y que disponen tanto de una capacidad de contención ante la tentación del delito como de dinero para pagarse el entretenimiento. La diferencia tal vez consista en que en el Fnac te pueden pillar: la palpitación al pasar junto al guardia jurado, el escándalo y el ridículo si suena el pitido del arco detector. La inhibición ante el castigo, ya que no funciona ante la conciencia. Pero no basta, hay algo más. Algo por lo que la misma persona que afana una película en la Red no siente estar robándola como si se la metiera en un bolsillo del abrigo en un Fnac. A lo mejor planteo obviedades para los gurús de lo ciber, y entonces pido disculpas por llegar tarde a ciertas preguntas.

    No será la primera vez que una actividad gangsteril encuentra coartadas vindicativas con las que distraer la conciencia. La de las descargas se ampara nada menos que en la libertad de expresión y de acceso a la cultura. Como si las canciones de Shakira o las películas de Adam Sandler fueran un patrimonio universal intangible, algo así como las palabras de Cristo, por las que nadie habría cobrado entrada allí donde las pronunciara. Aunque interesada, hay una persistencia cursi en no ver ciertas semejanzas entre la cultura y un bolso de Vuitton: su vertiente industrial, el afán lícito de negocio, la inversión, la profesionalidad de los que aplican talento con la esperanza de vivir de ello. ¿Alega alguien que los bolsos de Vuitton son un derecho universal y que, al salir caros, es legítimo robarlos o copiarlos? ¿Destruir la cultura saqueándola es la manera de socializarla? También dicen que cerrar Megaupload es inútil, pues surgirán otros portales. En The Wire, McNulty decía lo mismo de las esquinas en las que otro traficante sustituiría al recién arrestado, pero él seguía, con la tenacidad melancólica del guardia civil que siempre supo que otra cúpula etarra sucedería a la desarticulada.
  • ZONA FRANCA
  • 24/01/2012 GINA MONTANER
  • El guerrero que evolucionó


    Esta semana Ollanta Humala visita España y durante su estancia mantendrá encuentros con el Rey Juan Carlos y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Si hace unos años la presencia del actual jefe de Estado de Perú podría haber despertado cierto recelo, hoy ya no es el caso, porque el Humala de 2006 no tiene nada que ver con el que ganó en segunda vuelta las elecciones presidenciales que se celebraron el pasado junio.

    Cuando el líder de Gana Perú perdió la contienda electoral contra el aprista Alan García, ningún experto en imagen habría apostado por su reinvención. Aquella campaña había estado marcada por la identificación del ex militar con las doctrinas de Hugo Chávez y su empeño en exportar el fallido socialismo del siglo XXI que ha impuesto en Venezuela. Además, los peruanos aún conservaban en la memoria el intento de golpe de Estado que Humala había encabezado contra el Gobierno de Fujimori en 2000.

    En aquel entonces sus discursos eran rabiosamente nacionalistas, influenciado por las creencias de su padre, Isaac Humala, histórico dirigente comunista y promotor del etnocacerismo, movimiento indigenista que reivindica el retorno a los valores del imperio incaico. El propio nombre de Humala, el segundo de siete hermanos que fueron educados para ser soldados, significa en inca «el guerrero que todo lo ve».

    Bien, ¿qué queda de este candidato que hace seis años ahuyentó a la clase media agitando un programa populista? Apenas nada, salvo su insistencia en que, aunque ha abandonado el izquierdismo radical, su compromiso con el nacionalismo pervive. Poco más. Porque cuando la sociedad peruana se vio en la disyuntiva de elegir entre el nefasto continuismo fujimorista por la vía de su hija Keiko y las incógnitas que representaba Humala por su pasado, éste, bien asesorado por enviados brasileños del ex presidente Lula da Silva, dio un giro hacia el centro con un mensaje moderado que tranquilizó a muchos votantes, cuyo mayor temor era el retorno de Fujimori a la sombra de su heredera.

    Como si se hubiese tratado de la reeducación de Eliza Doolitle de la mano del profesor Henry Higgins antes de debutar en sociedad, el Ollanta Humala que será recibido en el Palacio de la Zarzuela y en la Moncloa no sólo acabó repudiando los delirios colectivistas del chavismo; también tuvo el acierto de escuchar a un referente moral en Perú como lo es el escritor Mario Vargas Llosa quien, a pesar de haber dicho en un primer momento que optar entre él y Keiko era como elegir entre el sida y el cáncer, finalmente le brindó su apoyo. El Premio Nobel de Literatura pidió el voto para Humala, convencido de que era el único modo de garantizar el Estado de Derecho. Las palabras tranquilizadoras de este sabio de la tribu sin duda contribuyeron al triunfo del reformado aspirante a la Presidencia.

    En su viaje a España Humala se centrará, sobre todo, en potenciar las relaciones comerciales con una Europa debilitada que busca aliados y lo hará con una magnífica carta de presentación: la economía de Perú crecerá este año un 5,5% , situándose a la cabeza de Sudamérica, por encima de Uruguay y Chile. Como adelanto, el ministro de Exteriores ha dicho que su país «ya no es parte del problema, sino de la solución». Luego Humala proseguirá rumbo a la cumbre económica de Davos, donde participará en un foro sobre el capitalismo. Está claro que Ollanta también quiere decir «el guerrero que supo evolucionar».
  • AJUSTE DE CUENTAS
  • 24/01/2012 JOHN MÜLLER
  • Imitando a Rubalcaba


    El déficit es la gran cuestión del momento. Las palabras del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, pidiendo que Bruselas reconsidere la senda de consolidación fiscal a la vista de la recesión a la que estamos abocados, recuerda demasiado a la promesa electoral de Alfredo Pérez Rubalcaba de que cogería el avión para ir a Bruselas a pedir que nos dieran dos años más para pagar.

    Desde el Gobierno y el Partido Popular han insistido en que el cumplimiento del déficit es «irrenunciable». ¡Faltaría más! Sería difícil conciliar el sacrificio pedido a la población con la subida del IRPF en aras de la «credibilidad financiera» de España como para que los nuevos gestores la dilapidaran mostrándose dubitativos con su propio deber.

    Hay personas que han querido ver un enfrentamiento entre Montoro y la vicepresidenta del Gobierno o su partido al respecto. No creo que sea un choque sustancial. A lo sumo será una cuestión de formas, ya que lo que el ministro de Hacienda nunca debió hacer es que este debate trascendiera a la opinión pública por su boca. Primero, porque ya recuerda demasiado a Rubalcaba. Segundo, porque se debilitan las razones para justificar los ajustes. Tercero, porque siembra dudas sobre su propia voluntad para acometer los recortes.

    Está muy claro que el mal comportamiento de la economía en 2012 complicará extremadamente el cumplimiento de los objetivos fiscales. El Gobierno se ha encontrado con un déficit adicional de 20.000 millones heredados de unos antecesores incompetentes. Además, cumplir con lo marcado para este año por la UE requiere reducir unos 16.500 millones más. Si el PIB español se contrae un 1,5%, se generará, además, un déficit adicional (cíclico) de unos 13.500 millones. Todas estas cantidades suman un macroajuste de 50.000 millones. La cifra asusta a cualquiera, pero la avanzamos aquí hace ya unos días.

    Lo que debió hacer Montoro es irse a Bruselas (como decía Rubalcaba), encerrarse con el comisario Olli Rehn, y convencerle de que la senda de consolidación fiscal debe ser recalculada y que una cosa es cumplir con el ajuste del déficit estructural y otra con el déficit cíclico. Eso es perfectamente defendible desde un punto de vista técnico y sería aceptable para la Comisión Europea e incluso para la canciller Merkel. Y argumentos, como la «trampa de la austeridad» (que sostiene que mientras más ajustas una economía, más recesión induces en ella y más difícil es cubrir el déficit) no le faltarían al ministro para sostener su posición.

    Nos encontramos en una situación muy vulnerable. La aparente calma que reina en los mercados puede acabarse en cualquier momento. Hay amenazas estratégicas sobre el tablero de la política mundial y un planeta que cada vez es más consciente de que el problema es este viejo continente.

    Abrir un debate interno sobre si Europa debe administrarnos una dosis más suave de medicamento es inútil. Por eso el mensaje acordado ayer en la ejecutiva del PP es que, ante todo, se cumplirá lo que marque Bruselas. Aunque seguirán intentando convencerle de que afloje la soga.

    john.muller@elmundo.es
  • EL RUIDO DE LA CALLE
  • 24/01/2012 RAÚL DEL POZO
  • Congreso en Sevilla


    La cólera de los hechos sigue. Se anuncia fuerte contracción en España y la derecha que gobierna se está gastando los 100 días de gracia en funerales y gaitas; nos ha dejado de contar cuentos y echa la culpa de todo a sus antecesores. Parece que Mariano Rajoy sigue aquella vieja estratagema política ante las catástrofes: lo mejor es no despegar los labios. En las últimas horas hemos sabido que Christine Lagarde ha dicho sonriendo en Berlín que España puede caer en una crisis de solvencia mientras el Banco de España anunciaba fuerte recesión para el año 2012.

    Si esto sigue así, tendremos que comer langostas, pero no de la familia de los crustáceos sino de la los insectos, aquellos saltamontes de la dieta de San Juan Bautista. La derecha parece apabullada y ¿qué fue del socialismo? Su derrota no ha mermado sus certidumbres, su suficiencia. Dentro de nada podemos ver a los viejos y a los mendigos calentándose en las rejillas del metro sin pelea porque los sindicatos y la izquierda se pasan los días en la moqueta discutiendo con los empresarios si la lucha de clases está tan pasada de moda como la lucha de gladiadores.

    El PSOE, sin embargo, se prepara para el congreso de Sevilla, donde se suelen casar las Infantas y la duquesa de Alba. Los congresillos previos de 52 provincias han confirmado la devoción fetichista por un líder. Luego harán lo de siempre, al final se abrazarán en un consenso de claveles.

    Algunos me informan de que el congreso será muy reñido, «muy empatao, muy empatao», «hasta el último voto y a muerte». Pero uno de los viejos rockeros declara: «Rubalcaba o la Chacón pronto dan en lo que son: bostezos de Salomón».

    ¿Con quién estará Zapatero, con Carme, la niña de sus ojos, o con Rubalcaba, su compañero de tele los domingos? José García Abad, en su último libro, El hundimiento socialista, explica que Zapatero apostó por la Chacón en primarias pero en plena combustión de su persona, cuando se dio cuenta de que lo podían echar de Ferraz en un minigolpe de Estado, tuvo que inclinarse por Rubalcaba, el hombre que está detrás de sí mismo. «El cántabro fue el último recurso antes de abrirse las venas».

    Otros socialistas, patriotas de partido, comentan que no están para administrar los restos de un naufragio y garantizarse una chalupa, sino para sacar a flote el partido. Tan legítimo es pedir apoyos para la Chacón o para Rubalcaba como insistir en la conveniencia de acudir a Sevilla con la mente abierta a escuchar a los otros antes de optar por uno u otro candidato.

    «Chacón gana en imagen, flota, su programa es su fantasía, Rubalcaba tendrá el voto amarrategui, quizá gane, pero hay quien piensa que el resultado es muy incierto: 30 votos arriba o abajo».

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