EDITORIALES: Merkel, dispuesta a cambiar la música, pero no la letra

Merkel, dispuesta a cambiar la música, pero no la letra
.EL ANUNCIO hecho ayer por Angela Merkel de que impulsará una «agenda del crecimiento» para la Unión Europea con la intención de que esté lista antes del verano ha llevado a la izquierda a proclamar la derrota de la receta de austeridad y disciplina presupuestaria como fórmula para salir de la crisis. El ex ministro López Aguilar, líder de los eurodiputados del PSOE, interpretó de inmediato las palabras de la canciller alemana como una reacción al «clamor» contra su «estrategia disparatada y suicida».Aunque es cierto que Merkel ha suavizado su discurso y admite que hay un problema de estancamiento, sería un error creer que eso implica un volantazo a su política basada en el rigor en las cuentas. La canciller está convencida de que puede estimularse el crecimiento con un uso más eficaz de los recursos disponibles y, por lo tanto, sin tener que recurrir a más deuda. «Las políticas que devuelvan el crecimiento y la competitividad no deben formularse a base de crédito», manifestó ayer. Su propuesta de incrementar el capital del Banco Europeo de Inversiones para aumentar su capacidad de préstamo a iniciativas que fomenten el empleo o la de reorientar los fondos estructurales para que nutran directamente a las pequeñas empresas son coherentes con esa filosofía y dignas de tener en cuenta.
La izquierda, envalentonada con las expectativas de victoria de Hollande en las elecciones francesas del próximo domingo y reforzada en sus posiciones tras la recomendación hecha por Draghi desde el BCE de que hay que intentar activar el crecimiento, trata de presentar a Merkel como si se hubiera quedado sola de repente. Sin embargo, cabe recordar que 25 de los 27 miembros de la UE han estampado su firma en el Pacto Fiscal impulsado por ella.
En el fondo, Merkel no ha cambiado su planteamiento, que sigue sustentándose en la necesidad del control del gasto y el ahorro, pero sí la música. Y eso tendrá efectos prácticos que pueden ser positivos para España, con un escenario negro ante sí tras confirmarse su entrada en recesión y el aumento del número de desempleados. La política de apoyo directo a las pymes con fondos europeos de cohesión sería una de esas consecuencias. Pero además, tal y como hoy publicamos, el calendario que exige Bruselas para bajar el déficit podría ahora relajarse, lo que permitiría suavizar los ajustes por la vía de espaciarlos más en el tiempo. En concreto, la exigencia del 3% para 2013 podría aplazarse un año. Aunque el Gobierno insiste ahora en que mantendrá los objetivos fijados por la UE, siempre podría encontrar en ese nuevo calendario una puerta de emergencia por si llega el momento en que la soga estrangula demasiado la economía.
Pese a las lecturas equívocas o interesadas, es obvio que el Pacto Fiscal sigue siendo la base sobre la que la UE se apoya para salir de la crisis, lo cual no es incompatible con medidas que permitan oxigenar la economía. A ello se han puesto Bruselas y Berlín .
Los gobiernos regionales del PP se aferran a sus ruinosas televisiones públicas
Un gasto superfluo que resta credibilidad
MANTENER las televisiones autonómicas, entes que perdieron 1.500 millones en 2011, no es compatible con recortar en Sanidad o Educación ni con subir impuestos. Y cuando las reticencias a desprenderse de esos canales proceden de las comunidades gobernadas por el PP, el programa de ajustes del Ejecutivo de Rajoy sufre una especial pérdida de credibilidad. El Gobierno acertó al aprobar un proyecto de ley que permite a las comunidades cerrar, privatizar o ceder la gestión de sus cadenas. Sin embargo, el impacto de la norma se prevé nulo, pues la mayoría de los gobiernos regionales, populares incluidos, se aferran a sus canales esgrimiendo argumentos tan variados como poco convincentes. Incluso Madrid y Castilla-La Mancha, abanderadas de la privatización, dan ahora largas. La tentación de controlar un poderoso instrumento de influencia política como es la televisión puede ser irresistible para algunos gobernantes, pero la opción más realista y justa en las actuales circunstancias es proceder a su privatización o cierre. Lo contrario supone detraer recursos públicos que deberían atender verdaderas necesidades
Rajoy sopesa eludir la celebración del Debate sobre el estado de la Nación





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