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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

lunes, 23 de abril de 2012

FIRMAS: S González, J Müller, M Jabois, M Hidalgo, R del Pozo, C Cuesta, F Jiménez Losantos, CG Abadillo, FS Dragó,




  • A CONTRAPELO
  • 23/04/2012  SANTIAGO GONZÁLEZ

  • Vídeo Festival

    El factor estacional ha perdido vigencia. Ahora se pueden comer cerezas en diciembre y ver vídeos cainitas muy lejos de las campañas electorales. Ahora el dóberman está en celo prácticamente todo el año. El PSOE y el PP han reeditado aquella versión tan española del tema goyesco, duelo a garrotazos. En los primeros años 70, como no había partidos, estas broncas las protagonizaban los periodistas. Jaime Campmany y Emilio Romero se enzarzaron en una famosa guerra de sonetos, que ganó el primero.
    Ahora los poetas han dejado paso a los cineastas y los aparatos de comunicación de los partidos. El PSOE atacó con su producción Donde dije digo, digo recortes, en el que hacía recuento de las promesas incumplidas del PP: recortaremos todo menos pensiones, Sanidad y Educación, no al copago, etcétera. Tienen razón. Incluso podrían haber añadido otra promesa que el Gobierno no va a poder cumplir: «No subiremos el IVA».
    Dirán algunos de ustedes que antes de contar estos hechos ciertos, los socialistas deberían recordar aquel cartel de la campaña de 2008, el año en que empezamos a vivir peligrosa y precariamente: la foto del líder y su eslogan, Por el pleno empleo.
    El PP ha respondido con otro vídeo sobre la herencia recibida y también tiene razón, aunque no parece que este corto vaya a ganar un Goya, a pesar del nivel medio del cine español. Floriano no es precisamente un actor del método. A mí me recuerda a Sacristán en alguna película de Lazaga.
    La portavoz del Grupo Socialista en el Congreso empieza a cansarse del argumento y bien haría el partido del Gobierno en renovarlo. Ya hace cinco meses que Rajoy preside el Gobierno, no van a estar así toda la legislatura.
    Es verdad que Zapatero seguía usando el hundimiento del Prestige en los mítines de las autonómicas gallegas contra el PP en febrero de 2009, tres campañas electorales y cinco años y tres meses después de los hechos. También es cierto que los socialistas han dejado los cajones llenos de facturas impagadas, aunque las de sus agravios políticos las pasaron tres veces al cobro. O más. El 6 de septiembre de 2011, ocho años y varias campañas después, Rubalcaba explicaba en la cadena amiga que los españoles tenían que elegir entre dos formas de resolver crisis: «Los españoles pueden comparar entre el señor Rajoy que hizo frente a la crisis del Prestige y yo, que hice frente a la crisis de los controladores». Por citar dos casos nada más.
    La portavoz socialista podría ponerse en jarras pasado mañana en el Congreso y desenmascarar tanta falsía poniendo a 'Soraya1' frente a la cuestión que no han sido capaces de explicar: «¿Me quiere decir, señoría, que ustedes, conociéndonos como nos conocen, suponían que les íbamos a dejar las cuentas ordenadas, las facturas pagadas y que el déficit se iba a ajustar a lo que decíamos?, ¿que cuando Elena Salgado decía 'veo brotes verdes' la creían? Es muy halagador que hayan confiado tanto en nosotros, como le digo una cosa le digo la otra, pero me va a perdonar que se lo diga con esta crudeza, señoría: están empezando a parecerme ustedes algo lilas».



  • AJUSTE DE CUENTAS
  • 23/04/2012 JOHN MÜLLER

  • Mejor funcionario

    Estaba claro que era muy difícil que un Gobierno de altos funcionarios como el de Mariano Rajoy adoptara otra medida que supusiera exigir más sacrificios salariales al abultado sector público español. Al fin y al cabo, perro no come perro, dicen.
    El Gobierno se ha contentado con prorrogar la congelación de los salarios en 2012, después de que Zapatero los rebajara un 5% en 2010 y los mantuviera fijos en 2011. Pero lo más llamativo ha sido la exclusión de casi dos millones de funcionarios de las subidas del pago farmacéutico porque se encuentran «en un régimen especial», según la ministra Ana Mato. Estas personas -muchas de ellas con rentas altas- están encuadradas en alguna de las tres mutualidades de las que gozan los funcionarios (la generalista Muface, la militar Isfas y la de los jueces, Mugeju).
    Aunque se costean con dinero público, las tres funcionan en un régimen cuasiprivado y sus afiliados ya abonaban sólo el 30% de los medicamentos, cifra inferior al 40% que pagaba un asalariado y que se queda muy por debajo del 50% o del 60% que pagarán ahora. Bien es verdad que los funcionarios jubilados cubrían el 30% de sus medicinas.
    Es curioso que, en cambio, el millón largo de personas que forman el personal laboral de la Administración, y que en general tienen sueldos más bajos, no gozará de este beneficio porque están adscritos a la Seguridad Social.
    Según la encuesta salarial del INE de noviembre de 2011, el 60% de los funcionarios cobra entre 2.000 y 3.200 euros al mes, mientras que en el sector privado sólo un 22% de los trabajadores supervivientes a la masiva destrucción de empleo de los últimos años cobra esas cifras. Del mismo modo, sólo el 9% de los funcionarios recibe entre 600 y 1.000 euros, mientras que en el sector privado el 35% de los asalariados no pasan de mileuristas.
    Ya en mayo de 2011, cuando se veía que iba a ser difícil cuadrar el déficit, el Gobierno lanzó un globo sonda con un posible ajuste salarial en el sector público, pero al final se descartó, porque Zapatero no quería más problemas para él y su partido. Lo mismo hizo este Ejecutivo en marzo pasado, cuando el ministro Cristóbal Montoro descartó una rebaja.
    La medida tenía dos grandes ventajas. Una es el efecto demostración que tiene sobre los salarios privados cualquier ajuste de salarios públicos, como han comprobado diversos expertos. En un país que tiene que reducir casi un 30% sus rentas para recuperar competitividad, era un ejemplo vital.
    En segundo lugar, la rebaja del sueldo de los funcionarios fue una de las medidas más acertadas del primer paquete de Zapatero, porque tenía un efecto general sobre las cuentas de la Administración central y de las comunidades autónomas. A éstas les venía de gloria, porque recorta sus gastos sin coste político aparente. Por tal razón, muchas comunidades pensaban que Montoro aplicaría un recorte adicional a estos sueldos.
    No fue así y una de las comunidades más valientes a la hora de recortar, que ha sido Cataluña, se ha quedado sola y aislada en una impopular reducción adicional del 5% del sueldo de sus funcionarios, mientras otras se dedican a tender cortinas de humo exigiendo horarios que todos creíamos que ya se cumplían o implantando el teletrabajo como excusa para no ir a la oficina.
    Hay otra derivada de esta situación: el Estado no podrá eludir por mucho tiempo la necesidad de prescindir de personal, que le sobra en muchas partes. Mientras se destruía empleo privado, el sector público no hizo más que crecer en personal en estos años. Ya que los sueldos no bajan, tendrán que disminuir los perceptores. Pura matemática.
    john.muller@elmundo.es



  • APUNTES EN SUCIO
  • 23/04/2012 MANUEL JABOIS

  • Vídeos de primera 

    PP y PSOE han desatado una pequeña guerra de vídeos que incluye difusión de hashtaghs y un sobre sorpresa con matasuegras y regaliz. Estas pequeñas piezas audiovisuales inscritas en el movimiento dogma, si el dogma hubiese nacido en Biloxi, son la base constituyente de la crisis española: en ellas se desmenuzan todos los grandes vicios de nuestros partidos y su incapacidad pandillera no sólo de valer para algo, sino de mentir sobre ello. Dice ahora el presidente del Gobierno que quiere llevar a todos los pueblos de España una explicación sobre cada recorte: casi mejor que no. A estas alturas un ciudadano está listo mentalmente para ser sacrificado a los mercados sobre un brasero en lo alto de un monte, pero no para que le expliquen por qué. El fracaso de la vida política es también el fracaso de su comunicación y el hecho de no saber acercarse a nadie sin una mala verdad. Sólo cogiendo todos los vídeos propagandísticos de PSOE y PP a lo largo de su historia, fusionándolos al azar y viéndolos al revés puede encontrarse algo de valor, siempre que la televisión esté apagada. Lo que habría que hacer con los autores intelectuales de estas películas es entregarles en una ceremonia oficial un gallifante y acto seguido deportarles. El efecto que consiguen es el mismo que el del yonqui que pide dinero para el autobús: que no es que no nos lo creamos, es que ni siquiera tenemos ganas. Y esa es la desazón principal: la ausencia de estímulo, la absoluta convicción de que si en un vestuario el entrenador motiva a sus jugadores poniéndoles el vídeo de un partido político español acaban todos rezando en túnica antes de prenderse fuego para escándalo del árbitro, que lo refleja en acta.



  • LA BALSA DE lA MEDUSA
  • 23/04/2012 MANUEL HIDALGO

  • Lo del Rey

    Lo del Rey me parece mal, todo. Incluso sus disculpas -que no petición explícita de perdón-, retóricas y pobres en la forma y en el fondo y, sin duda, forzadas por la reacción creada, más que hondamente sinceras. Pero quiero hablar sobre una sociedad nada ejemplar que tiende a exigir conductas ejemplares. Que nada se exige a sí misma y exige todo a los demás. La ejemplaridad sólo puede exigirse desde la ejemplaridad. Pero los ejemplares no exigen -al igual que los verdaderos liberales-, sino que se comportan. La función crítica es indispensable, pero queda vaciada de legitimidad, contenido ético y utilidad moral si no empieza por uno mismo.
    Los partidos, los medios, los intelectuales, las redes sociales y, en fin, el conjunto de los españoles censuran el comportamiento del Rey. Los partidos no son capaces de eliminar de sus filas y de sus prácticas la corrupción que nos asola. Los medios de comunicación sacan pecho y venden mercancía criticando a todo el mundo, inmersos en un juego de dependencias oscuras y silencios cómplices. Los intelectuales estamos engolfados con premios amañados, servidumbres al dictado y pagos sabrosos. Las redes sociales son un foco putrefacto de cobardías, insultos, anonimato, robo y piratería. ¿Y el conjunto de los españoles?
    El conjunto de los españoles no tiene problema en trampear y en estafarse unos a otros con los peores vicios: los españoles escrituran a la baja los pisos que venden o compran, utilizan el subsidio de paro según les conviene, aceptan o no pagar el IVA según pueden evitarlo, enchufan a sus próximos en toda clase de trabajos y circunstancias, engañan con la declaración anual de la renta todo lo que pueden, trafican con el dinero negro siempre que tienen la oportunidad, explotan no siempre lícitamente los beneficios del Estado protector en materias de sanidad y Seguridad Social, esquivan trabajar manipulando sus acopios de días libres…y sigue tú. ¿Hay españoles íntegros al cien por cien? Alguno hay. Muchos, pero no bastantes.
    Una sociedad enferma es aquella que piensa que los culpables son los otros y que se exonera a sí misma de sus deficiencias y perversiones con la coartada de que si los demás -los más altos, preferentemente- no cumplen, nada obliga a que todos y cada uno de sus miembros deban cumplir. Una sociedad propensa a erigirse en víctima de infortunios e injusticias -ciertos, tantas veces-, y a tomarlos como pretexto para buscarse la vida sin pudor, sortear la ley, no ver la viga en el ojo propio y, encima, exigir responsabilidades…a los otros.
    Si la sociedad española estuviera sana, motivo habría para exigir las máximas responsabilidades a los máximos responsables. Pero no son posibles líderes enfermos sin un tejido social enfermo, el cual, para salvarse, sitúa siempre la responsabilidad en los otros, en quienes deben dar ejemplo. Pero el ejemplo lo debe dar cada uno, sin mirar a los lados ni arriba, para que todo funcione. Y no hablemos adulterios, ni familias rotas. Ni de niños accidentados. Ni de gastos superfluos. Hablemos de que toda regeneración empieza por uno mismo. Cada uno sabe, seguro.



  • EL RUIDO DE LA CALLE
  • 23/04/2012 RAÚL DEL POZO

  • Rey en Zarzuela

    . El Rey vio el partido en la Zarzuela, triste, con gesto adusto, rodeado de soledad y de zarzas, como el nombre del palacio sugiere. Se llevó una gran alegría por la victoria de los vikingos, la única en estas semanas turbulentas, porque Don Juan Carlos es madridista como lo era su padre, que en un partido rompió el protocolo, se levantó en el palco y gritó: «Hala Madrid, que vamos a ganar». Quizá el Rey se emocionó en esa edición reducida de Os Lusiadas, con los portugueses Mou, Pepe, Cristiano, Coentrao, y hasta recordaría los versos de Camoens con la bandera siempre vencedora («De vencer os trabalhos e perigos», «descobrindo os mares inimigos»), versos que aprendió de memoria en el colegio Amor de Deus de Estoril, cuando aquella ciudad era el gran casino de reyes destronados y espías a pleno rendimiento.

    Me cuentan que Su Majestad ha notado en las últimas semanas un maretazo de ingratitud y deslealtad, quizá porque hay una nueva generación que ya no se cree aquel cuento de hadas de la Transición y, como escribe Juan Carlos Monedero, lo de la Monarquía les parece una película kitsch; les indignan, más que los asuntos de bragueta, los de gaveta, y se cita en la mínima primavera republicana aquella frase de Talleyrand: «Es costumbre real el robar, pero los Borbones exageran».
    Tiene mucha gracia que los ciudadanos se hayan alborotado tanto porque un rey cace, viviendo como vive desde hace tantos años en un pabellón de caza que construyó Felipe IV por consejo del Conde-Duque de Olivares, un edificio con techo de pizarra. Cuando ese rey contaba 39 años, ya había matado 400 lobos, 600 corzos, 150 jabalíes. Velázquez lo pintó tres veces con su cuello de encaje de Flandes, junto al mastín, con la escopeta en la mano. Un siglo después, a Carlos III, monógamo y beato, lo pintó Goya cinco veces, con su casaca parda, junto al perro dormido.
    Con la excepción de Carlo III, los reyes de España llenaron el país de bastardos. El desenfreno de los Austrias, y después el de los Borbones según los cronistas y viajeros, no tenía límites. ¿Y qué tiene que ver aquel absolutismo con una monarquía parlamentaria?, me preguntarán ustedes. Tienen razón, pero incluso en monarquías no tan absolutas las reinas se llevaban al jardín a generales y a guardias de corps.

    Todo eso lo recordaría el Rey viendo el partido entre la soledad y las zarzas, muy abatido, acordándose de su estancia en Estoril y después en Lausana pocos años después de haber nacido en el exilio en el hospital angloamericano de Roma, donde fue bautizado por el cardenal Pacelli, cuando los tutores destruían cualquier regalo comestible que recibiera por temor a que estuviera envenenado.



  • LA ESCOPETA NACIONAL
  • 23/04/2012 CARLOS CUESTA

  • Monarquía y democracia
    Siempre fue un príncipe trágico, como de Shakespeare.

    . ¿ALGUIEN pondría en duda el respaldo a la monarquía en Reino Unido? Y, sin embargo, fue la presión social la que llevó a esta casa real a publicar cada detalle de su presupuesto y de su agenda -pública o privada- en su página web. ¿Y alguien pondría en duda que España, con cerca de 200 casos de corrupción política judicializados en estos momentos, se ha convertido en uno de los más evidentes paraísos de la pérdida de prestigio de los partidos?

    Y, como no podía ser de otra manera, España ha llegado a estas cotas gracias a ser el último país avanzado en incorporar los mecanismos de transparencia habituales en el resto de democracias: ha sido el último país en impulsar una ley de transparencia y el último en trasponer la directiva antiblanqueo entre los políticos.

    Por eso nuestros políticos gozan de un difícilmente superable desprestigio. Y por eso es imprescindible que una ley acote la arbitrariedad del comportamiento de la monarquía. A menos que queramos que la misma órbita de clandestinidad que ha destrozado la credibilidad de nuestra clase política absorba a una institución cuya voladura podría convertirse en el hecho más festejado por aquéllos que, viendo en el rey el último resquicio de las decisiones de Franco, aspiran a su caída como medio para reabrir una Guerra Civil que, tras más de 70 años, siguen pretendiendo ganar.

    Quienes se califican como monárquicos y niegan el derecho constitucional a la crítica de las actuaciones del Rey, no hacen sino excluir del sistema democrático a la Casa Real, un flaco favor para la institución y un sinsentido tan profundo como sería pedir que se ocultasen los casos de corrupción que asolan a todos los partidos como mecanismo para garantizar su salud.

    Y quienes, en consecuencia con ese ocultismo, pretenden soterrar los hechos probados en el caso Urdangarín no hacen sino extender la sombra de la corrupción por toda la Casa Real con un peligroso añadido: el de que la población llegue a sospechar de una intromisión en la Justicia. España cuenta ya con suficientes elementos de inestabilidad financiera, laboral, soberanista, presupuestaria y política como para abrir un nuevo foco de discusión. Pero también es cierto que a la misma conclusión ha de llegar la Casa Real, cuyo comportamiento ha sido el verdadero culpable de la reapertura de este debate. Porque, si no hay nada que ocultar ¿cuál es el problema en asumir los mismos controles que el resto de instituciones?



  • COMENTARIOS LIBERALES
  • 23/04/2012 F. JIMÉNEZ LOSANTOS

  • República y 'Chekública'

    . LAS ENCUESTAS sobre el Rey y la Monarquía suelen ser erráticas y contradictorias, porque se hacen básicamente sobre el Rey y por la peculiar naturaleza de una institución que está en el tiempo pero fuera del tiempo, dentro pero fuera del espacio político, que suscita afectos y desafectos volátiles. Tras la de ayer en EL MUNDO tengo la impresión de que hay un cierto consenso, hijo de la abulia y la pereza, para que el Príncipe pague las facturas del Rey, lo cual, dadas las costumbres, amistades irrenunciables, líos y negocios del padre, le saldrá cada vez más caro al hijo y a la Corona.

    Otra encuesta de ayer en La Razón mostraba también una gran acogida al timo de la disculpa pero, entre absurdas proclamas de euforia monárquica, decía que un 35% pide la abdicación del Rey. ¡Más de un tercio! En la de EL MUNDO, un 70% perdonaba al Rey pero el 54% cree que la institución sale lesionada del regio trompazo. Sin el control o autocensura de los medios de comunicación, los números serían mucho peores para el Rey y acaso para la Corona, aunque los sedicentes republicanos y los sedicentes monárquicos compiten en falta de fervor para implantar o mantener su régimen favorito. Vamos, que la gente no sabe lo que quiere, salvo que la dejen en paz. Cuando lo de Eva Sannum, el 72% que ahora dice que ve bueno o muy bueno el reinado de Juan Carlos I se reducía al 62%. Y en una reciente encuesta del CIS, la Monarquía suspendía en la valoración ciudadana. ¿Quién nos entiende?

    En mi opinión, la continuidad de la Corona se basa hoy en tres pilares. El primero es la parálisis de la opinión pública, atemorizada por la ruina económica y el horizonte de disgregación nacional; dos circunstancias que ahora no animan precisamente a los cambios pero que pueden precipitarlos si en un año o dos la intervención de la economía y la secesión de Cataluña y el País Vasco sepultan el régimen constitucional del 78, ya cadáver. El segundo es la continuidad de la Monarquía española, que, pese al juancarlismo, supone el Príncipe. Y el tercero, esencial, es el rechazo que producen los republicanos tricolores o chekublicanos, que no buscan un régimen nacional, liberal y democrático, sino la vuelta al pasado que simboliza la guillotina y que aquí encarnaron la II República, la Guerra Civil y la Cheka. Mientras la República sea Chekública, habrá monarquía. Pero ojo: cualquier corista o corina puede volar la Santa Bárbara.



  • A FONDO
  • 23/04/2012 CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO ARNAL
  • Siga a Casimiro García-Abadillo en Twiter : garcía_abadillo casimiro.g.abadillo@elmundo.es

    Repsol: una respuesta justa

    . En plena fiebre nacionalizadora, Rodríguez Zapatero se reunió con el presidente de Bolivia, Evo Morales. El entonces presidente del Gobierno español trataba de argumentar en defensa de Repsol, situada en el ojo del huracán de la ofensiva que el dirigente izquierdista había iniciado contra las multinacionales. Morales, ataviado con su habitual jersey a rayas horizontales, miró de frente a Zapatero y le contó que él provenía de una familia muy pobre del norte del país que habitualmente pasaba hambre y frío. Mientras uno de sus hermanos moría entre tiritonas, él veía cómo el gas que se producía en cantidades ingentes muy cerca de su humilde vivienda era enviado fuera del país. «Eso no volverá a ocurrir; mientras haya gas en Bolivia, los bolivianos no morirán de frío», le dijo. Zapatero no supo qué contestar.
    La decisión del Gobierno argentino de expropiar YPF entronca con ese sentimiento de expolio que llevó a los gobiernos de Bolivia y Venezuela y a otros de África o Asia a tomar decisiones similares, que han contado con un amplio apoyo popular.

    El argumento de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) suena bien a los oídos de la mayoría de los argentinos: un país productor y exportador de petróleo y gas no puede tener este año un déficit de 12.000 millones de dólares.

    Desde hace años, el consumo de energía y el transporte están subvencionados en Argentina. Es una forma de disfrazar una economía que castiga con una altísima inflación a su clase trabajadora. CFK completa así su argumento para justificar la expropiación: mientras YPF ha disminuido su producción, desde que fue adquirida por Repsol (que lanzó una OPA por el 100% en 1999), ha repartido dividendos por más de 15.000 millones de dólares. En la calle, los piqueterosperonistas aplauden. Los jóvenes de La Cámpora (un grupo de poder creado por Néstor Kirchner para revitalizar el peronismo), encabezados por el hijo de CFK y por el viceministro de Economía, Axel Kicillof, se frotan las manos al haber logrado imponer sus tesis en un Gobierno en el que sólo manda «la señora».

    La expropiación forma parte de una agenda que comenzó a fraguarse en 2008 cuando el Gobierno (ya presidido por CFK) decidió nacionalizar los fondos de pensiones. Tras la muerte de su marido, en octubre de 2010, CFK logró una aplastante mayoría, sustentada en la promesa de continuar con su legado, entre el luto y las lágrimas.

    El deterioro económico iba en paralelo con el ascenso de los ideólogos del neoperonismo. Y así, a finales de 2011, la agenda nacional-populista se completó con dos grandes retos: la reivindicación sobre las Malvinas y la renacionalización de YPF.

    El anunció televisado de la expropiación de YPF, el pasado 16 abril, hecho en una sala de la Casa Rosada atestada de vociferante público, aunaba todos los elementos de la nostalgia peronista. Un perfil de Eva Perón, Evita, tras la presidenta, flanqueada por una gran bandera albiceleste. CFK no leyó ningún discurso. Habló como si estuviera en una asamblea de barrio. Atacó a las multinacionales y pasó del petróleo a la yerba para comprometerse con los argentinos a que el Gobierno les garantizaría el petróleo y el mate a precios asequibles.

    Con la expropiación, Repsol pierde el 50% de su producción y de sus reservas. A pesar de que la compañía presidida por Antonio Brufau exige un justiprecio de 8.000 millones de euros, la primera oferta del Gobierno argentino apenas si supera los 3.000 millones, a los que habría que descontar supuestos costes por la compensación de «daños ecológicos». En la empresa española se tiene asumido que la intención de CFK es no pagar ni un peso por el 51% del capital de YPF expoliado a Repsol.

    Sin duda, es un terremoto de enormes e imprevisibles consecuencias comparable con la decisión de Putin sobre Yukos.

    El Gobierno español ha iniciado una ofensiva diplomática sin precedentes, que ha tenido cierto éxito en la UE, el Banco Mundial, el G-20 y en algunos países latinoamericanos como México, Chile o Colombia y un apoyo menos entusiasta de EEUU. El último Consejo de Ministros acordó suspender la importación de biodiésel

    Por su parte, Repsol ha contratado los servicios de los potentes despachos Freshfields y Latham & Watkins para plantear un pleito contra el Gobierno argentino que promete ser tan largo como costoso.

    Las preguntas que hay que hacerse ahora son: ¿Pudo evitarse esta situación? ¿Hasta dónde debe llegar el Gobierno en su defensa de los intereses de Repsol?

    Desde luego, la decisión de CFK es a todas luces ilegal y constituye un atropello a los acuerdos firmados y a las prácticas del libre comercio.

    Sin embargo, el desastre podría haberse amortiguado. Hace dos meses, el Gobierno argentino hizo saber tanto al ministro de Industria, José Manuel Soria, como al presidente Rajoy e incluso al propio Rey de España que no quería a Antonio Brufau como interlocutor para negociar las condiciones de una expropiación que había venido fraguándose desde el mes de noviembre de 2011.

    Brufau se negó a declinar su responsabilidad como máximo ejecutivo de Repsol y el Gobierno le apoyó.

    Esa decisión fue interpretada por Argentina como una afrenta.
    Brufau y CFK no pueden soportarse. De hecho, llevan meses sin reunirse.
    En su último encuentro con el ministro de Planificación, Julio de Vido, que se produjo justo cuatro días antes del anuncio de expropiación, éste le propuso a Brufau la expropiación del 26% de la participación del grupo Petersen (de la familia Eskenazi) y del 25% de Repsol, con lo que la empresa española hubiera conservado el 30% del capital de YPF. Pero Brufau se negó a aceptar el ofrecimiento, lo que encorajinó aún más a CFK.

    Esas negociaciones fueron las que llevaron equivocadamente a Soria a afirmar que las cosas con Argentina se estaban arreglando, justo 72 horas antes de la expropiación.

    Repsol tiene todo el derecho a ejercer acciones legales para exigir un precio justo por su participación en YPF. El Gobierno tiene que seguir desplegando su ofensiva diplomática para defender a una empresa nacional. Pero no debe olvidar que en Argentina hay todavía unas 500 empresas españolas y miles de trabajadores que viven allí. Y también, que debe preservar la relación con un país hermano en el que CFK no deja de ser una triste anécdota



  • EL LOBO FEROZ
  • 23/04/2012 FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

  • Sí logo

    : todo se compra, todo se vende, todo es pura transferencia… ¡Viva la Sony!
    VUELVO A Madrid tras pasar dos meses en Indochina, cojo el metro, transbordo en Sol y descubro que ya no se llama así. Su nombre es ahora el de un teléfono móvil. No diré gratis cuál es. Cuando leí en Phnom Penh que iban a hacer eso, pensé que era una inocentada. ¡Y los usuarios lo aprueban! Allá ellos. Sarna con mal gusto pica y mortifica. Ya somos todos hombres sandwich con un anuncio delante y otro detrás. Coca en la punta de la nariz, para esnifarla, y Cola en el culo, que es donde crece ese apéndice. ¡Como si no tuviéramos bastante con el Calderón, allí cerquita, convertido en reclamo de una multinacional de helados! Tampoco diré su nombre. No quiero que mi conciencia cargue con el peso de la obesidad y la diabetes generadas por sus calorías.

    Pronto veremos los capotes de los toreros adornados por logos del mejor postor. España sanearía el déficit si los diputados y los ministros llevasen camisetas con eslóganes, así fuesen, según sus simpatías ideológicas, los de la campaña electoral de Sarkozy, Hollande y Le Pen. Propóngase en el consejo de ministros. ¿Qué tal un anuncio de cava en el lomo de los leones de las Cortes y otro de rosquillas del santo en la señera de la Generalidad? Los miembros de la familia real podrían hacer caja con el bourbon para que Urdangarin devuelva lo que birló. Camps ya lo hizo con Milano. ¿Y Garzón? ¡Ah! Garzón publicitaría los servicios de cualquier funeraria capaz de venderle a precio de contrachapado los ataúdes requeridos para exhumar y dar honrosa sepultura a los cien mil millones de víctimas del franquismo. Un pastón, don Baltasar. ¡A por él!

    Se nos viene encima un zafarrancho de nuevos apellidos que van a poner patas arriba el Registro Civil haciendo bueno el refrán de que los hijos nacen con un paquete de Punset Bimbo, antes pan de barra, bajo el brazo. No tardaremos en oír hablar de don Pedro Almodóvar Corteinglés, doña Penélope Cruz Lladró, doña Carmen Posadas NH, don Arturo Pérez Alfaguara y don Fernando Sánchez Planeta. ¿A quién darán el próximo Nobel Volvo? ¿Y el Pulitzer Microsoft? ¿Cuántos millones de turistas visitarán el Museo del Prado Chorizos Revilla? ¿Y la catedral de Burgos Toyota? Torre más alta que la del metro de Sol, otrora símbolo de un país vendido hoy a las multinacionales, no podía caer. Ya lo dijo el poeta Jesús Munárriz Hiperión Zara en una de sus canciones antifranquistas

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