FIRMAS: Victoria Prego, LM Anson, A Espada, JL Gutiérrez, R del Pozo

. Se acabaron los paños calientes por conveniencia política. Se acabó el respeto reverencial a según qué axiomas nunca sometidos a revisión. Cristóbal Montoro ha debido de pensar que, con la Ley de Estabilidad Presupuestaria en la mano, lista para ser inmediatamente aplicada, había llegado el momento de hablar en crudo y desmontar un puñado de lugares comunes que han acabado por convertirse en dogmas. Por ejemplo, el de que a mayor autonomía, mayor eficacia. O el de que, si se independizaran de España, los problemas financieros de algunas comunidades autónomas estarían resueltos. Y en ese fregado se metió ayer -y con gusto, además- el ministro de Hacienda.
La verdad es que con los votos de su partido tenía de sobra para rechazar en el Congreso las enmiendas a la totalidad de los Presupuestos, cosa que sucedió por la mañana, y para sacar intacta en el Senado la Ley de Estabilidad, cosa que sucedió por la tarde. Así que no tenía la menor necesidad de arremangarse y meterse en el campo de la doctrina. Pero lo hizo y, por el modo en que hablaba, se vio que desde hace mucho tiempo tenía ganas de entrar a ese trapo.
En el doblete de intervenciones que se marcó -porque intervino con energía en cada una de las Cámaras- llegó el ministro a ponerse castizo ante los defensores de las identidades zaheridas por las exigencias presupuestarias. «Levanten la mirada... No es el momento del 'qué hay de lo mío'», les espetó.
Anécdotas al margen, lo que se está viendo estos días es un cambio profundo, y a mucho mejor, en la consideración pública que la Administración central hace de las comunidades autónomas y en la reacción a ese cambio de buena parte de sus responsables.
El Gobierno ha impuesto unas líneas básicas para las medidas de ajuste y recorte, es verdad. Pero se ha quedado ahí. Ahora son los gobiernos autonómicos -exceptuemos a Cataluña, que lo lleva haciendo más de un año- los que deben hacerse cargo de su plena responsabilidad. Es decir, los que tienen que decidir por sí mismos por dónde cortan y hasta dónde cortan. Y, de pronto, se han encontrado de bruces con que ahora son también ellos y no únicamente «Madrid», como ha sido siempre hasta hoy, quienes tienen que tomar decisiones desagradables: exactamente aquellas que están dentro de sus competencias, que son muchas y muy amplias. Que son ellos quienes deben optar y decidir a qué renuncian, a quiénes irritan, cómo lo explican y cuánto les cuesta en apoyos y en protestas cada una de sus decisiones.
Es la primera vez que los gobiernos de las comunidades se ven en la tesitura de tener que pagar un alto precio político por gobernar. Señalarán con el dedo al Gobierno por forzarles a los recortes, sí, pero suya será la responsabilidad de decir dónde meter la tijera. Con eso, han abandonado de golpe una adolescencia política que ha durado 30 años. Es que cargar con la responsabilidad de dar disgustos madura mucho. Ya somos mayores
Valencia: de 46 a 6 empresas públicas
. LOS PARTIDOS políticos, en el poder o en la oposición, llevan décadas dedicados a despilfarrar el dinero público. Se han convertido, además, como las centrales sindicales, en agencias de colocación. De los 700.000 funcionarios que los españoles pagábamos en 1977 hemos pasado a los 3.200.000 actuales. Los dirigentes de los partidos políticos se han dedicado, mes tras mes, a colocar a sus amiguetes, a sus parientes y a sus paniaguados, convirtiendo a España en un gigantesco enchufe público. Incluso durante los dos peores años de la crisis económica, mientras se multiplicaban los eres y los cierres de empresas privadas, Zapatero empalmó a más de 200.000 personas en la Administración pública.Agotadas, en gran medida, las posibilidades de contratación de nuevos funcionarios o empleados, los partidos políticos se han dedicado con el mayor cinismo a la creación de empresas públicas. ¡Qué listos son! En la empresa pública se contrata a dedo sin cortapisas, se pueden pagar suculentos sueldos, se hacen negocios particulares de envergadura. La Administración central, la autonómica, la provincial y la municipal han multiplicado hasta la náusea la promoción de empresas públicas, a veces como fundaciones y otras camelancias, la inmensa mayoría de ellas deficitarias, con deudas en estos momentos abrumadoras. Edificios suntuosos, despachos derrochadores, automóviles de gran cilindrada, despliegue de secretarias, asistentes, choferes, colaboradores y asesores; sueldos astronómicos, incesantes viajes gratis total, tarjetas de crédito sin freno, teléfonos móviles a discreción, gastos de representación desmesurados, todo, todo, ha contribuido a convertir a las empresas públicas en el gran escándalo de una clase política que es ya para los ciudadanos el tercero de los diez grandes problemas a los que se enfrenta España.
El presidente de la Comunidad valenciana, Alberto Fabra, ha tenido la honradez de reconocer la turbia realidad y ha anunciado que suprimirá 40 de las 46 empresas públicas de la Autonomía. Solo elogios merece la decisión del presidente valenciano que ha abierto, además, el camino, por el que deben transitar el resto de las Comunidades autónomas, algunas, por cierto, como Andalucía, que dan miedo a tenor de lo que ya sabemos que ocultan.
Las cosas no pueden estar más claras. De cada 1.000 empresas públicas de las Administraciones central, autonómica, provincial y municipal, hay que suprimir al menos 900. Así lo exigen la salud pública y también los ciudadanos a los que se sangra con unos impuestos casi confiscatorios. ¿Será fácil hacer la operación? No. Se resistirán los paniaguados, se tensarán los partidos políticos y, sobre todo, los sindicatos pondrán las pancartas en el cielo. ¿Por qué esto último? Porque los trabajadores de las empresas privadas, como ha explicado muy bien el profesor Feito, se han dado cuenta de que las exigencias sindicales les dejan sin trabajo y provocan los eres y los cierres empresariales. Tal vez la mitad del paro actual se deba a la disparatada actividad sindical según los estudios de Feito. El divorcio entre los trabajadores de la empresa privada y los sindicatos no se produce en la pública. Como los dirigentes de las empresas públicas disparan con pólvora del rey aceptan las exigencias sindicales sin importarles el incremento de las pérdidas. Para Toxo y Méndez las empresas públicas son un chollo. Se enseñorean de ellas. ¿Un ejemplo? En la televisión autonómica valenciana, con unas pérdidas abrumadoras y unas deudas que asustan, trabajan 1.800 personas, es decir, más que en la suma de Telecinco, Antena 3, la Cuatro y la Sexta. La empresa pública, en fin, salvo contadas excepciones, es el escándalo que no cesa.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española
¡Haga como yo!
.TENGO una pregunta, y es quién se dedica a la política en el Gobierno y en el partido del Gobierno. Sabemos que a la política no pueden dedicarse, por ejemplo, los ministros Guindos y Montoro. Ellos se dedican a cuadrar y a cuadrarse y es imprescindible que sigan en ello. En cuanto al presidente Rajoy, es verdad que los gallegos no se meten en política («¡haga como yo...!»); pero aún así. El caso de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría merece mayor atención. Después de cinco meses en el Gobierno, ejerciendo un poder en teoría omnímodo, aún se espera de ella que haga su primera declaración política: sobre todo, porque la coordinación entre sus ministros, visto el espectáculo, no debe de ocuparle mucho tiempo.Quizá, y venciendo la vergüenza, haya que explicar qué supone hacer política. En primer lugar supone la práctica del gene-ralismo. No es la ministra Mato, sacando y metiendo la tarjeta sanitaria, ni el ministro Wert apagando y encendiendo los semáfo-ros de la reforma educativa ni el ministro Margallo en sus Argentinas, dubitativo entre los barcos y la honra, ni los ya citados ministros económicos manejando sus arañas aritméticas. Hacer política es insertar todos esos movimientos en un relato claro, coherente, justificado y hasta orgulloso. Hacer política no es tuiteo sino escritura.
Hacer política es también la exhibición de las convicciones; gozar del escrúpulo del principio de la realidad, pero sin olvidar que un político es parte inexorable y activa de ese principio. La realidad, por ejemplo, es que en Andalucía y en Cataluña el Gobierno afronta mayorías políticas regionales peligrosamente contrarias a sus propósitos. Pero la impresión dominante va mucho más allá de este dato objetivo. La impresión dominante es que allí el Gobierno no gobierna ni piensa gobernar. El PP ha perdido las elecciones andaluzas pero eso no le da derecho a guardar un depresivo silencio sobre el exceso andaluz que va configurándose (bajo la mirada complaciente e irresponsable del líder de la oposición) y del que la sesión de constitución del nuevo Parlamento fue su preludio dadá. El PP no gobernará nunca en Cataluña, pero ni siquiera las comprensibles aspiraciones de su líder catalana a llevar una vida regalada justifican la pasividad con la que el partido está encarando la continua deslegitimación del Estado que llevan a cabo, con obsesiva pertinacia, los dirigentes nacionalistas. Para hablar del País Vasco será mejor esperar unos meses. Tétricos.
Cualquier Gobierno tiene un relato. Pero yo no había visto aún ninguno que estuviera siendo escrito en solitario por sus enemigos.
>Vea de martes a sábado el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Sólo en Orbyt, hoy: Despidamos al fantasma de la herencia
Kirchner: expolio y enseñanzas
.Países raros. En la vecina Francia, quizá el más rico y refinado del planeta, con los más elevados estándares de bienestar y, hasta anteayer, merced a su insufrible esnobismo ideológico, más de un 10% de los franceses votaba trotskista. O la Argentina de Cristina F. de Kirchner, tras la expropiación del 51% de YPF a Repsol, gobernada por el peronismo, cuya definición más acertada se debe a Borges: «Los peronistas no son ni buenos ni malos. Sólo son incorregibles».Coincidí y charlé con el amigo Mario Vargas Llosa en el Palacio Real en la comida de homenaje de los Príncipes de Asturias al premio Cervantes, el poeta ausente Nicanor Parra. El nobel acaba de publicar un acertado análisis de la expropiación, en el que la equipara con las del venezolano Hugo Chávez y disecciona el peronismo como una mezcla de «populismo, nacionalismo, marxismo, fascismo, caudillismo, y todos los ismos» que han arruinado el subcontinente americano que Mario conoce bien.
Más allá del peronismo como mejunje ideológico, recurriré a otro connaisseur de Argentina -el país más culto y europeo de América-, a Martín Prieto: el peronismo como fascismo tropical que sobrevive a base de contradicciones y cara dura, dirigido por esta Tiranita Banderas: bótox, cleptocracia y desvergüenza.
Señora totalitaria, inestable y ciclotímica -y el extraño proceder de B.Obama, haciendo manitas con ella en Colombia- que arremete contra España con el retrato de Evita Perón, olvidando que trajo trigo a la España famélica de la posguerra y habló junto a Franco desde el balcón de la Plaza de Oriente.
Si Evita regalaba a sus «grasitas» y «descamisados» dentaduras postizas usadas, extraídas de cadáveres, su augusto, el general Perón, uniformado con aquella diagonal de cuero negro que le cruzaba el pecho, en cuyo extremo reposaba el ominoso pistolón profundo; travestido de gran macho austrohúngaro, algunas madrugadas requería los servicios de una niña, justamente apodada como La Piraña -Martín Prietodixit-, para que le propinara arduas y concienzudas felaciones.
Hablé, pocas horas antes del expolio, cuando ya todo parecía resuelto, con el canciller García-Margallo, que consultaba a Luis Blasco, presidente de Telefónica Argentina. El ministro era cautelosamente pesimista y acertó. Por cierto, la disponibilidad de los miembros del Gobierno en esta crisis contrasta con esa inaccesibilidad -incluso para los que sólo quieren ayudar- algo ridícula, por lo provinciana y jupiterina, de Antonio Brufau, presidente de Repsol.
Quizá Kirchner debería saber que M. R. S., una humilde pensionista española, ha perdido la mitad de sus magros ahorros como accionista de Repsol.
O lo del adolescente nipón Misaki Murakami: en Anchorage (Alaska) apareció un balón de fútbol perdido en el tsunami de 2011 del que se reclama propietario. Pues la propiedad privada es un derecho humano protegido por el artículo 17 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 de las Naciones Unidas. Pero Kirchner no es partidaria. Habrá más problemas .
Salgado pidió en enero volver a Abertis
. Elena Salgado está de plena actualidad. Para celebrar que el lunes Bruselas corroboró que la ex ministra de Economía y Hacienda nunca nos dijo toda la verdad sobre el déficit, ayer se supo que volverá a desempeñarse como consejera de Abertis, empresa con la que ya estuvo relacionada desde que abandonó el Gobierno de Felipe González.Sobre el asunto del déficit, la hemeroteca es implacable con la ex ministra: «Hay riesgo cero de que las comunidades autónomas incumplan el objetivo de déficit» (24.11.2010); «para cumplir no serán necesarios nuevos sacrificios» (21.08.2011); «el 6% es irrenunciable» (14.10.2011); «España cumplirá con comodidad» (18.11.2011)...
La compañía de infraestructuras de la órbita de la Caixa que preside Salvador Alemany, consejero informal del president catalán Artur Mas, anunció ayer que Salgado se incorporará a su consejo asesor en Madrid, pese a que el nombramiento lo tiene en cartera desde enero, quizás esperando un momento oportuno.
La ex ministra pidió informe a la Oficina de Conflictos de Intereses (OCI) el 20 de enero pasado. Como se trata de una readmisión -porque la ex ministra era consejera de Abertis Telecom antes de ser fichada por Zapatero para el Ministerio de Sanidad-, su consulta se despachó en apenas tres días y se le indicó que la ley de incompatibilidades no pone mayores pegas a las reincorporaciones.
Curiosamente, ese mismo 23 de enero Salgado pidió autorización para convertirse en consejera territorial de Chilectra, la filial chilena de Endesa. Ese informe de la responsable de la OCI, María López Laguna, fue más exhaustivo y tomó más tiempo porque sólo le contestaron el 22 de febrero. Sin embargo, el nombramiento de Chilectra se conoció el 5 de marzo y el de Abertis el 25 de abril.
Ahora la ex ministra ya acumula dos sueldos de consejera y la indemnización como ministra que corresponde al 80% de su sueldo durante dos años: unos 4.899 euros mensuales.
Al PP no le gusta la laxitud de la actual Ley de Incompatibilidades. El caso más significativo es el que vulnera la norma de que no se pueden cobrar dos salarios del erario público y que se produce cuando los ex ministros son elegidos diputados y cobran la cesantía y su sueldo.
En esta situación se encuentran todos los ex ministros y secretarios de Estado del último gobierno socialista que fueron elegidos diputados (José Blanco, Valeriano Gómez, Trinidad Jiménez, Manuel Chaves, Leire Pajín...) en noviembre pasado. El único que ha dicho no a este privilegio ha sido Alfredo Pérez Rubalcaba que en su campaña electoral defendió el principio de «un político, un sueldo». Rubalcaba renunció a su indemnización como ex ministro. El asunto ha provocado comentarios con el colmillo retorcido dentro del PSOE, donde los ex ministros se resisten a perder su cesantía. Está pendiente que el Gobierno decida si el asunto se refleja en los Presupuestos de 2012 o en los de 2013. De momento, en los que se debatieron esta semana hay una partida para satisfacer a 19 ex miembros del Ejecutivo y 29 secretarios de Estado que asciende a 3,7 millones, la mayor de la historia de la Democracia.
'Petra'
.Enloqueció la rosa de los vientos como si los marineros, que llevaban el tifón en bolsas de cuero, hubieran abierto el zurrón. Una borrasca explosiva, a la que llamaron Petra, azotó Galicia y la cornisa cantábrica. Petra no es una bruja sino algo muchísimo peor, una ciclogénesis explosiva con rachas de viento de 100 km/h. Arrancó árboles de cuajo y levantó olas de espuma, puso en alerta naranja a 20 provincias. Tal vez estas alarmas se deben a los medios y a las redes porque desde siempre hubo en Finisterre tempestades; según cuenta Camilo, esas galernas daban después la oportunidad a los merodeadores de buscar dientes de oro y relojes de lujo que habían pertenecido a marineros holandeses y escandinavos.Dicen que se trata de un choque de aire cálido con aire gélido configurando una bomba meteorológica, pero como estamos tan sensibles a las catástrofes, cualquier cielo amenazador se convierte en una noticia que haría reír a los grandes navegantes de la historia. «La mar era tan alta y la gente estaba tan molida -escribe Cristóbal Colón- que deseaba la muerte para salir de tanto martirio».
Desafiando la cólera de las feministas, han puesto a la ciclogénesis nombre de mujer, de una monja que cuidaba de los ancianos abandonados y los convertía mientras les medía la tensión. Petra, beata y virgen, encabeza los telediarios y la publicidad de las radios, pagada por bancos.
Vivimos un tiempo en el que los sucesos desgraciados son noticias, y no sólo en la meteorología sino en la política y la economía. Se emplean en las crónicas periodísticas y en los discursos del Parlamento términos de la literatura de catástrofes; se abusa de símbolos como Titanic o tormenta perfecta. El debate de los Presupuestos ha sido un muro de lamentaciones con abuso retórico de imágenes patológicas o desastres naturales. «Dejaron el estado de las finanzas en la UVI. Si siguen cuatro días más, nos mandan a la ruina».
El que así habla no es un extraparlamentario sino uno de los portavoces de la mayoría en el Congreso, Antonio Gallego, del PP. Sólo faltó que propusiera rogativas y novenas a Santa Petra. ¿Cómo no van a espantar así a los especuladores si además de los políticos los Nobel como Krugman llevan diciendo varios meses que España y el euro van hacia la catástrofe y que nuestro país está en el corazón de la ciclogénesis?
Se usan también imágenes de tormentas como en la novela 93, de Victor Hugo, donde Gauvin, el revolucionario, comprende que lo guillotinen: «Absuelvo a la revolución. Una tormenta sabe siempre lo que hace».
Hoy como nunca tiene vigencia aquel pasaje de Ray Bradbury, tan citado por los poetas y que parece destinado a políticos y banqueros: «¡Eh -gritó Will-, la gente corre como si ya hubiese llegado la tormenta!». «¡Llegó -gritó Jim-, la tormenta somos nosotros!».
Etiquetas: Firmas





Links to this post:
Crear un enlace
Home