FIRMAS: Victoria Pregro, D Gistau, LM Anson, L Oz, C Rigalt

No es lo que parece
.Entre rebeliones confirmadas y grandes acuerdos de Estado esbozados, el panorama político español de este final de semana ha quedado muy confuso. Parecía que los dos grandes partidos nacionales habían acercado posiciones para acordar la revisión y reforma de la estructura administrativa de España. Y, al contrario, parecían graves en su planteamiento y peligrosas en sus consecuencias las declaraciones de insumisión de algunas de las comunidades autónomas no gobernadas por el PP que, cada una en su estilo, anunciaron que no cumplirían las reformas aprobadas por el Gobierno.Pues ni lo uno ni lo otro. Nada es lo que parece. Es el caso de la oferta de acuerdo formulada el pasado jueves por el presidente del Gobierno para «repensar y evaluar la estructuración de los poderes públicos» y hacerlo con «espíritu de concordia».
¡Qué bien!, pensamos muchos, después de saber que desde Las Palmas Alfredo Pérez Rubalcaba se mostraba muy dispuesto a mejorar la eficacia de las instituciones «para ver si lo podemos hacer mejor y más barato». Y dio la impresión de que ambos líderes habían hablado y que uno estaba a enterado de lo que iba a decir el otro y viceversa.
No era verdad. La verdad era, y es, que Mariano Rajoy y el líder socialista han permanecido dándose la espalda y que se han limitado a lanzar sus mensajes a los medios de comunicación. La verdad es que no se ha producido la menor aproximación personal, ni directa ni indirecta, entre ellos.
Desde el PSOE confirman que Rajoy no ha llamado nunca a Rubalcaba para este asunto de la racionalización de las competencias repetidas. Es más: ni para éste ni para ningún otro, remachan desde la dirección del Partido Socialista. «Pero ¿por qué le iba a haber llamado para este tema si no le llamó para informarle de que Bolivia se disponía a nacionalizar la filial boliviana de REE?», dicen. «¡Si ni siquiera le llamó para contarle que el Rey había tenido un accidente cuando cazaba en Botsuana!», insisten. «Ni nos ha llamado ni esperamos que nos llame».
¿Por qué entonces ha respondido positivamente el señor Rubalcaba al discurso de Mariano Rajoy ante el Consejo de Estado? «Pues porque la propuesta de acuerdo para la reforma de las administraciones públicas en realidad es suya», responden en el PSOE. «Fue él quién primero la planteó», primero en la campaña electoral y luego en el debate de investidura de Rajoy. Y, para muestra, recuerdan que en el debate electoral en televisión el entonces candidato socialista propuso suprimir las diputaciones provinciales como medida de ahorro: «Pura y sencillamente, quitarlas. Nos ahorraríamos un montón de cargos políticos», dijo entonces Rubalcaba. «Propuesta que, por cierto, fue rechazada por Rajoy», añaden en el PSOE.
Así que puede que haya coincidencia de criterio en algunos asuntos -coincidencia en el sentido de que dos cosas ocurren al mismo tiempo- pero aproximación no hay ninguna. Todo lo contrario, lo que hay es gran lejanía y mucha desconfianza. Y más desde que se rompió la apariencia de voluntad de consenso en torno al futuro presidente de la Corporación RTVE.
Tampoco desde el Gobierno tienen el menor interés en desmentir la versión socialista de que nadie les ha llamado para nada. De hecho, reconocen que no se ha producido ningún contacto con el líder socialista y lo justifican en privado con el siguiente argumento: «¿Cómo vamos a llamarle para proponerle nada si lo primero que hacen los suyos [Patxi López y José Antonio Griñán] es llevar ante el Tribunal Constitucional las medidas de ajuste en Sanidad y en Educación que acabamos de aprobar?». Esto mismo, sólo que formulado en términos mucho más diplomáticos aunque con idéntica carga de reproche, lo dejó caer en público la propia vicepresidenta, Sáenz de Santamaría, el pasado viernes tras el Consejo de Ministros.
Éste es el clima real que existe ahora mismo entre los dos. Ni se han visto, ni han hablado, ni han negociado, ni se fían el uno del otro -hablamos de los partidos, pero la afirmación hay que extenderla también a las personas-, ni parece que el consenso ansiado por muchos sea un anhelo de ninguno de los dos. De modo que, lo dicho: de aproximación, nada. Todo es apariencia.
Exactamente lo mismo sucede, sólo que al revés, en el episodio de rebelión a varias bandas que se desató en los últimos días de la semana. Andalucía, Canarias y el País Vasco han advertido de que no piensan obedecer al pie de la letra las indicaciones del Gobierno central en materia de sanidad, educación e incluso reforma laboral. Parecería entonces que el enfrentamiento y el desmadre estarían garantizados porque un conflicto abierto entre estas comunidades y el Gobierno tendría efectos catastróficos en la credibilidad de España ante los mercados y ante la UE.
Pero no es lo que parece. Ha habido voces y gestos de aparente rebeldía pero, por encima de todo, lo que hay es un hecho aplastante: que las cuentas autonómicas tienen que cuadrar. «Lo haremos por imperativo legal», dicen en Andalucía. «Por imperativo legal, sí, pero no sólo por eso», se responde en voz baja desde el Ministerio de Hacienda. «Lo harán sobre todo porque lo manda su realidad financiera. No tienen margen para desviarse del objetivo de déficit. Tienen que afrontar sus deudas y el mercado no les financiaría de ninguna manera un incumplimiento».
Ésa es la razón, se subraya en fuentes gubernamentales, por la que, aun protestando, ninguna autonomía ha dicho que vaya a desafiar la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Si alguna lo hiciera, el Gobierno rechazaría su plan de ajuste, no recibiría el dinero prometido y llegaría el otoño y no podría pagar ni las nóminas de sus funcionarios. Es lo que tiene el imperativo legal cuando a él se le suma la realidad. «La vida es dura», dicen impávidas estas fuentes, «pero es que todos los caminos conducen inexorablemente a Roma».
Lo más serio de todo lo sucedido ha sido el anuncio del Gobierno vasco de recurrir ante el Constitucional lo que considera que es una invasión de sus competencias. Pero los autores de las medidas están seguros de que no han incurrido en ello. «Lo que se ha hecho es una regulación básica de servicios públicos, y eso es algo que no lo ha recurrido ni Cataluña», dicen en el entorno de Moncloa. Es más, desde el Ministerio de Hacienda se asegura que, con recurso y todo, el País Vasco ya tiene acordado con el Gobierno su plan de ajuste. Precisamente por eso el Ejecutivo no ha respondido a la aparente rebelión de estas comunidades. Conclusión: lo que parecía un grave desafío institucional, en realidad tiene mucho más de cáscara que de sustancia. «Hay mucha pose política en todo esto». Así que, una vez más, nada es lo que parece.
victoria.prego@elmundo.es
La barra
CUANDO ESTABA exiliado en Puerta de Hierro, con la momia en el desván, Perón dividió la sociedad argentina en conservadores, socialistas y radicales al 33% por cada tendencia. Confuso, el periodista que le entrevistaba preguntó entonces que dónde estaban los peronistas: «Ah, no -respondió el general-, peronistas somos todos». En efecto, el peronismo es un movimiento inclasificable, proteico y omnímodo, que satura el escenario del poder hasta convertir en corrientes internas las colisiones ideológicas que en Europa constituyen siglas diferenciadas. En su origen, lo mismo adaptó características del fascismo, como el nacionalismo exacerbado, que otras del socialismo, como la redención de los «cabecitas negras» y los «descamisados». De tal forma que, ni en la Guerra Fría, el comunismo prosperó nunca en la Argentina, pues las acepciones revolucionarias del peronismo le arrebataron la causa del trabajador.En Argentina suele decirse que de un padre se hereda la pasión por un equipo de fútbol y la adhesión al peronismo. La asociación de ideas no es casual, pues ambas devociones son emocionales antes que racionales, epidérmicas en el sentido que de ninguna de ellas se deserta. Esto ayuda a comprender la imagen de un parlamento futbolizado, con banderas, puteadas al rival e himnos de grada.
Después de la reelección de CFK, el kirchnerismo terminó de consagrarse como un movimiento que actualiza el peronismo emocional. Se atrajo a los jóvenes -la barra parlamentaria- desencantados de 2001 con un relato épico. La Cámpora es una reminiscencia de la «juventud maravillosa» que Perón vio en los Montoneros, al menos antes de la matanza de Ezeiza y de la expulsión de la plaza de Mayo de las columnas de «imberbes». Basta recordar el cortejo de personalidades alrededor del ataúd de Néstor, y el repunte extraordinario en las encuestas de la entonces viuda doliente que anunciaba la presencia de su marido en una corriente de aire que cerraba una puerta durante un acto político, para detectar cuál es la coartada sentimental de esta nueva concepción de un poder total que encarna a la patria. Y, por añadidura, declara traidores, o «españoles», a quienes se resisten al rodillo populista. Fijada en el cadáver de Néstor la profundidad dinástica, el relato del kirchnerismo necesitaba una rapsodia de la victoria. La buscó un tiempo con la magnificación del agravio de Malvinas en el aniversario de la guerra, incluso con ese atleta del vídeo promocional que grabaron infiltrados en las islas. Terminó encontrándola en la expropiación de YPF, recibida con himnos de grada, puteadas al disidente y una enorme imagen de Néstor, definitivamente ascendido al panteón de supersticiones folclóricas.
. FLORENTINO PÉREZ
«Son muchos los que te consideran el mejor presidente de la historia del Real Madrid»
Querido presidente…
En el Barcelona juegan habitualmente siete de los futbolistas titulares que Vicente del Bosque alineó frente a Holanda en la final del Campeonato del Mundo: Pujol, Piqué, Busquets, Iniesta, Xavi, Pedro y Villa. Guardiola ha reforzado ese prodigio con la estrella del fútbol mundial, Leo Messi, con los también mundialistas Valdés y Fábregas y con Alves, por citar solo a algunos de los mitos del gran equipo catalán, que ha coronado en los últimos cuatro años una hazaña sin precedentes en el fútbol mundial.
A ese Barcelona le has vencido tú con unas cifras que marean. Supiste fichar, en primer lugar, a los grandes nombres del fútbol internacional con Ronaldo a la cabeza. Y jugaste tu órdago particular al contratar al impertinente José Mouriño, que es una persona muchas veces impresentable, pero siempre un sabio del deporte rey. Lástima esa idea que tiene de que todo el monte es orgasmo.
Enhorabuena, presidente, enhorabuena. En tu primera gestión presidencial resanaste las finanzas del Real Madrid, que bordeaban el precipicio de la quiebra. Hiciste entonces una deslumbrante proeza económica. Y, además, fichaste a Zidane, el mejor jugador, tal vez, de la historia madridista, y al genial cascarrabias Figo, al deslumbrante brasileño Ronaldo y al británico Beckham, que en lugar de hacer de estrella del cuché se jugaba todos los domingos las piernas con una entrega absoluta al equipo.
Has tenido la elegancia de callar sobre las presuntas trapisonderías cometidas por tu sucesor primero, antecesor ahora, y te has dedicado a una labor constructiva en favor del club, con esa mesura, esa moderación, esa liberalidad, ese espíritu de concordia y conciliación que han caracterizado siempre tu obra y tu vida. Eres la palabra fértil, la savia escondida, la clamorosa cintura política que todo lo resuelve. Has tenido este año la décima Copa de Europa al alcance de los zapatos pero unos penaltis desgraciados lo han impedido. Suelo recordarle a Butragueño cuando me lo encuentro en el estadio lo que escuché de boca de Piru Gaínza: «En la mayoría de los partidos de fútbol, el resultado depende a 50% de la suerte».
A la manifestación en Cibeles, mientras el cielo lloraba a lágrima viva, acudieron, según la policía, 40.000 madridistas; los sindicatos solo arrastraron, el 1 de mayo, a 19.280 y casi todos eran liberados y sus familias. Toxo y Méndez no se han enterado todavía que si la gente no quiere ir a una manifestación no hay quien la detenga.
Cibeles, como en el verso de RafaelAlberti a Platko, el rubio guardameta húngaro, «fue la vuelta del mar … diez rápidas banderas incendiadas, sin freno. Fue la vuelta del viento. La vuelta al corazón de la esperanza… Azul heroico y grana mandó el aire en las venas. Alas, alas celestes y blancas, rotas alas, combatidas, sin plumas, encalaron la yerba».
A la vista de lo que has conseguido en tus dos etapas al frente del Madrid, son muchos los que te consideran el mejor presidente de la historia del club. Nadie ha manejado como tú la zaranda que separa los escobajos de la auténtica casca. Ningún giliporcelanas ha podido engañarte ni cimbrearte. Pero las comparaciones resultan estériles. Los aficionados conocen muy bien tus hazañas, no solo las deportivas, para afianzar al Madrid en el lugar que le corresponde. Albert Camus, aquel premio Nobel prematuramente malogrado al que entrevisté en su casa de París, hace ya cincuenta años, dijo: «Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol». Seguramente, querido presidente, tú podrías suscribir esas palabras pedernales. Sabes mejor que nadie que las orzas de miel, hoy colmadas, se anegan de hieles con solo perder unos partidos sobre el césped del estadio.
JOSÉ ANTONIO ESCUDERO
«El Estado nunca debió transferir la Educación»
Mi admirado amigo…
A lo largo de los años has acumulado un prestigio intelectual que todos reconocen. Tu obra histórica es excepcional. Algunas de tus biografías asombran por el rigor científico. Tu Felipe II: el rey en el despacho es un modelo de investigación, de conocimiento profundo, de ecuanimidad. Entre los historiadores españoles, hoy, ocupas un lugar cimero y tu gran obra El Rey, historia de la Monarquía constituye un monumento a la exigencia histórica. Has puesto un espejo ante la significación de la Corona en la vertebración y la continuidad de España. Tus declaraciones a J. Ors en La Razón demuestran la sagacidad de tu pensamiento y la objetiva visión de la realidad, achatarrada hoy por los cantamañanas de turno. Estás conforme con la osatura del Estado de las Autonomías pero afirmas de forma nítida que es necesario fijar cuanto antes «cuáles son los límites de las transferencias y qué es intransferible, porque lo que no puede soportar un organismo político es un permanente proceso de transferencia hacia abajo, cuando existe un proceso de transferencia hacia arriba, hacia la Unión Europea». Está claro que ese doble tirón fragilizará el Estado español hasta la fractura. Sobre todo, si consideramos que cuando el partido triunfador en elecciones generales no consigue mayoría absoluta, las agrupaciones nacionalistas se convierten en bisagras y para la sesión de investidura y la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado chantajean al Gobierno a veces de forma miserable, hasta obtener suculentos réditos del más vario pelaje. «La experiencia histórica -aseguras- nos sugiere que cuanto menos se toque la Constitución, mejor; o que se toque solo en lo imprescindible». No te falta razón. La reforma constitucional debe hacerse con pies de cristal. Aparte de cerrar el capítulo de las transferencias y extirpar así la coacción de los partidos nacionalistas, hay que recuperar para el Estado, la Educación. Tu afirmación en este sentido es rotunda: «El Estado nunca debió transferir la Educación, porque esa transferencia se ha convertido en un instrumento para enseñar pseudohistorias y diferencias inexistentes de carácter disgregador». No se puede hablar ni más claro ni más alto. Felicitaciones, querido profesor, felicitaciones. Eres un escritor manantial y desde la cima del estudio de la Historia has dicho lo que es necesario reiterar una y otra vez para enseñanza de nuestros dirigentes, empeñados muchas veces en la tórpida competencia de convertir a la política en un negocio, olvidando que es una ciencia superior puesta al servicio del interés general.
JORGE DE ESTEBAN
El futuro de la Monarquía y la Ley del Rey
Mi querido amigo… Muchos de los mejores artículos que se han publicado en este periódico durante los últimos años llevan tu firma. Tienes la facultad de serenar las aguas tormentosas, de analizar desde la altura la situación de la vida española, de sacudir el espinazo político de unos partidos cada vez más deshuesados. Has escrito un artículo que debería ser leído con especial atención en la Casa del Rey. Las cosas han ido tan bien para la Corona en los últimos treinta años que era difícil advertir los flancos descubiertos. Don Juan III de Borbón tenía la idea clara de que la suerte no siempre acompañaría a su hijo y que había muchas cuestiones que era necesario regular como en las otras monarquías europeas. El incidente menor de Botsuana y el mayor de Urdangarín han demostrado la necesidad de poner orden en las cuestiones que huronean bajo los techos del palacete de la Zarzuela. Afirmas con toda razón que «es necesaria una Ley Orgánica que regule algunas cuestiones de la esfera privada del Rey, así como las funciones del Príncipe heredero». Pues claro, eso no se puede dejar en el aire porque luego sucede lo que sucede. En esa Ley del Rey debe quedar establecida la transparencia de las cuentas de la Casa. También la necesidad de que el presidente del Gobierno autorice de forma expresa cualquier viaje del Monarca, porque la vida privada del Jefe del Estado en una Monarquía parlamentaria debe quedar reducida a la mínima expresión. Como no están especificadas las funciones del Príncipe de Asturias, en la Ley del Rey habrá que hacerlo para que sepamos a qué atenernos, por ejemplo, en caso de enfermedad o ausencia del Monarca. La Ley del Rey tendrá que fijar las funciones constitucionales de la Reina consorte en determinadas circunstancias. Y también del Rey consorte, que es lo que se planteará cuando la infanta Leonor acceda al Trono. Desarrollas también, mi querido amigo, en tu crucial artículo, varias cuestiones más que debería contemplar la Ley del Rey como la diferencia entre la Familia Real y la Familia del Rey, los problemas de una abdicación, las funciones de los miembros de la Casa del Rey y sus incompatibilidades… Rafael Spottorno y Javier Ayuso deberán hacer una lectura meditada, si no lo han hecho ya, del espléndido artículo con el que has honrado las páginas de este periódico, puestas por su director al servicio de la verdad que es lo que nos hace libres.
Los males del oficio
.Unos 300 periodistas nos reunimos el jueves bajo el puente de Juan Bravo para denunciar los males que envenenan el oficio. Ángel Fernández resumió perfectamente anteayer, el Día de la Libertad de Prensa, el acto y el diagnóstico de la enfermedad en estas páginas.Pilar Cernuda nos calificaba en Onda Cero de «un poco pretenciosos y ególatras» por advertir que «no puede haber periodismo sin periodistas, ni democracia sin periodismo». José María García se sentía un privilegiado ante «la peor crisis, con diferencia, en contenido y en continente». Toni Bolaño hacía suyo el lema principal de la jornada y Casimiro García-Abadillo desmenuzaba las dos claves del tsunami que se ha llevado por delante ya más de 6.000 empleos.
«Una es la caída en un 50% de la publicidad en cuatro años y de la difusión entre un 15 y un 20%, lo que ha llevado a una pérdida de ingresos de más del 40%», dijo. «El segundo factor es la información gratuita de los principales periódicos en la Red, una información de calidad, lo que hace cada día más difícil que la gente se gaste dinero en el quiosco».
«Porcentualmente, hay más parados en el periodismo que en la construcción», afirmaba Joaquín Estefanía en la Ser. «Más información con menos informadores no puede ser», señalaba Matías Vallés.
«La crisis nos ha debilitado y, a la vista de que está muy desmusculado el oficio, algunos están abusando», explicaba Iñaki Gabilondo en ABC Punto Radio. «Encima, no tenemos el reconocimiento de la clase política ni, creo, de la sociedad», lamentaba Fernando Jáuregui. «Peligroso, pues somos un pilar fundamental en el engranaje de la democracia», añadía Hermann Tertsch.
Fuera de España preocupan más otros problemas. «Cada minuto siento que me van a matar», confesaba en TVE desde Antioquía (Colombia) Luis Cervantes, uno de los periodistas más amenazados de su país, donde 100 viven hoy, según el corresponsal de TVE en Bogotá, bajo protección policial.
Desde Cuba, el disidente Luis Felipe Rojas explicaba en la Ser que, para conectarse a internet, tiene que recorrer unos 150 kilómetros. «La Red no te libra de la prisión, pero te puede librar de la impunidad», explicaba.
Reflexionando sobre los 21 informadores y seis blogueros asesinados desde el 1 de enero según Amnistía Internacional (AI) -los cuatro últimos en Veracruz (México), desde el pasado 28 de abril-, Javier Zúñiga, de AI, advertía de que «hay muchas formas de coartar la libertad de prensa: bloqueando la señal, encarcelando a blogueros o tuiteros, y asesinándolos…».
Los colaterales cabalgan de nuevo
.Telma Ortiz es capaz de convencer a Del Burgo para celebrar los esponsales en el África tropical. El último proyecto de Jaime, el matrimonial, es una magnífica prueba de su afición al riesgo. Ana Rodríguez ya forma parte de la cuadra de famosos y tiene algunos 'paparazzi' adjudicados.
Vuelven los colaterales. Realmente siempre están ahí, pero a veces parece que se ponen de acuerdo para arremeter todos al tiempo. A lo mejor es cosa de los astros, que entran en conjunción. Urdangarin, por ejemplo, es cíclico. Tras dos meses en silencio, paréntesis durante el cual lo hemos imaginado dando vueltas a la manzana de su casa en calzón corto, ha vuelto a anunciarse. Que si quiere pactar con la Fiscalía para no ir a la cárcel, que si se declarará culpable, que si esto, que si lo otro. Globos sonda, o sea. Nada hay de cierto en ello (que se sepa) pero cada vez que alguien escribe su nombre en la prensa el futuro se le pone un poco más negro.
Al otro lado del mar, la primavera ha echado mantos de lejanía en el calendario, pero la distancia no siempre es el olvido. Las convulsas vicisitudes que han sacudido a la Familia Real no distraen la atención por el yernísimo. Al revés: está más enfocado que nunca y sigue acumulando inquina sobre su persona. Al final lo haremos responsable de la muerte de todos los elefantes de Botsuana caídos en acto de servicio.
La última imagen de Urdangarin es la del imputado que descendía con mirada altiva la rampa del juzgado de Palma. En aquella secuencia quedó patente que conservaba in pectore al duque que fue. Caminaba como si se hubiera tragado un palo, sin hacer ninguna concesión a la debilidad, y elevaba los ojos al cielo como si solo esperara consuelo de los dioses. El pavoneo le hizo flaco favor a Urdanga. Hoy tiene el pronóstico por los suelos.
Y tras el pavo, la pava: Telma Ortiz. Hasta ahora mismo ella ha ostentado la subdirección de relaciones internacionales del Ayuntamiento de Barcelona. Un cargo adjudicado supuestamente por sugerencia. Ahora, por sugerencia también, pero de distinto signo, la hermanísima levanta el chiringuito y se va con la música a otra parte. A su lado aparece un personaje nuevo: Jaime del Burgo, su futuro marido. Un chico rico, vehemente y devoto de Steve Jobs. Esto último se le nota porque imita su look con el mismo fervor con que algunas rubias de bote imitan el look de Madonna.
Abogado y hombre de negocios, buen relaciones públicas de sí mismo, simpático y vividor, tirando a arribista, Jaime del Burgo pasa a ocupar un lugar bajo el sol de los focos. De momento ha organizado una boda en el área de influencia de Roma. Ni cerca ni lejos, pero lo bastante a trasmano como para disuadir a algunos paparazzi. Aunque todo puede cambiar. Telma es capaz de convencer a Jaime para marcharse a un rincón del África tropical a celebrar los esponsales. No en vano ella tiene un alma de oenegé que no cabe en el mapa. Lo que ya está pactado es el cura. En Roma sobran curas, pero no sería de extrañar que la familia Del Burgo lo llevara puesto desde Pamplona, pues en todas las casas navarras hay un cura por lo menos. Se ha llegado a decir que Telma no es del agrado de Blanqui Azpíroz, la conservadora mamá del novio. Tal versión tendría sentido si el enlace fuera civil, que no es el caso. Telma Ortiz se casa por la Iglesia, con todas las bendiciones, y a nadie le sorprendería que su hija Amanda recibiera las aguas bautismales en una ceremonia organizada en el mismo pack. El amor sindica gustos, creencias e intereses.
Telma pone fin a una etapa de su vida en el Ayuntamiento de Barcelona y busca destino en otra latitud. Pese a su querencia exótica puede que se conforme con ir a Londres, donde reside su novio, enrolado en menesteres nuevos tras cerrar por quiebra varias empresas de construcción. Es un hombre arriesgado, dicen. Su último proyecto (el matrimonial) constituye una magnífica prueba de esa afición al riesgo. Si la convivencia con Telma le funciona la mitad de bien que los pretensados industriales de hormigón (para entendernos, los chalés prefabricados: el negocio más boyante de su vida) ya puede sentirse satisfecho.
Roma está a la vuelta de la esquina, pero Jaime y Telma son imprevisibles. Hace años, Del Burgo estuvo a punto de casarse con una Kennedy en el mismo sitio y a la misma hora. La boda se frustró. Normal. En el fondo, Jaime es un personaje literario.
Etiquetas: Firmas





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