LUCHANDO CONTRA LAS FUNESTAS CONSECUENCIAS DE LA DEUDA SOCIALISTA: Según el FMI 200 puntos de la Prima de Riesgo no son achacables a la deuda socialista

200 puntos de la prima de riesgo no son achacables a España según afirma el FMI
. Ni el incumplimiento del déficit en 2011 ni la alta tasa de paro del 24,63% ni la recesión de la economía merecen una prima de riesgo tan alta. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), unos 200 puntos no son culpa de España.Así lo cree la institución que dirige Christine Lagarde, que en un informe reciente coincide con el presidente del Banco Central Europeo (BCE) en afirmar que los intereses que paga España por financiarse en los mercados no se corresponden, en ningún caso, con los fundamentales de su economía.
Sólo la ira de los inversores por la vaguedad con la que algunos líderes europeos defienden la convergencia fiscal y económica necesaria para garantizar el futuro del euro justifica el desorbitado nivel en el que se ha instalado la prima de riesgo española, que tras llegar a instalarse en los 639 puntos, cerró el viernes en 543.
Si se atienden a los fundamentales de la economía, la prima de riesgo de este país debería ser de 200 puntos inferior a los niveles en los que se ha movido en los últimos seis meses, según el citado informe del FMI.
La institución que dirige Lagarde reconoce que ningún ajuste fiscal será suficiente para contener el acoso que España está sufriendo en los mercados de deuda si no se acompaña de una acción europea para proteger los bonos soberanos, puesto que el castigo de los mercados va más allá de los aciertos o errores de la política económica del Ejecutivo.
«La política fiscal en solitario no puede estabilizar las condiciones del mercado en la zona euro. Los diferenciales soberanos están muy por encima de lo que podría justificarse sobre la base fiscal y de otros fundamentales a largo plazo», señala el organismo en ese documento, que ha sido analizado por el Gobierno español y consultado por este periódico.
La estimación del FMI se basa en un modelo de trabajo elaborado con la evolución de la rentabilidad de los bonos de 21 economías avanzadas entre 1980 y 2010, año en el que la crisis griega infectó el mercado de deuda soberana europea.
En esa fecha, la prima de riesgo española apenas llegaba a los 100 puntos. Este diferencial (que mide el sobrecoste que afronta un país por financiarse a 10 años frente a Alemania, la economía de referencia en la Eurozona) se ha distorsionado en los últimos dos años y medio por el doble efecto que esta crisis ha tenido en los costes financieros de España (que han encarecido el interés del bono a 10 años por encima del 7,5%) y de Alemania (que ha pasado de pagar un 4% por su deuda a una década a financiarse gratis al 1,12%).
Según se desprende de los datos del FMI, el deterioro actual de la economía española sólo debería haber impulsado al alza su prima de riesgo hasta el entorno de los 350 puntos, es decir, la rentabilidad del bono español debería rondar el 4,5%. También el diferencial italiano tendría que ser en este momento menor, concretamente debería estar próximo a los 250 puntos.
La deformación que ha sufrido en los últimos meses el mercado de bonos ha cogido por sorpresa al Gobierno, que en sus Presupuestos Generales del Estado (PGE) dibujó el peor escenario imaginable para la economía española en 2012 y estimó que el interés de la deuda a 10 años alcanzaría el 5,4% y el de las letras a tres meses el 0,9%. Ese cuadro macroeconómico (que establecía una caída del PIB en 2012 del 1,7%) resultó realista, según el consenso de mercado en marzo.
El rechazo de los inversores a la Marca España, que amenaza con colapsar las finanzas del país, tampoco es entendido por el presidente del BCE, Mario Draghi, que este jueves reconoció que el Gobierno de Mariano Rajoy, en solitario, no puede hacer nada para detener este ataque.
«Las altas primas de riesgo, que están relacionadas con los miedos sobre la reversibilidad del euro, son inaceptables y tienen que ser atajadas de forma fundamental», afirmó el economista italiano en referencia al diferencial de la deuda española e italiana frente a la alemana.
No fue Draghi, fue Weidmann
El Bundesbank se impuso al líder del BCE y vetó la compra de deuda española
Cuando Draghi envió a los mercados señales de que el BCE volvería a comprar deuda española, no mentía. Esa era realmente su intención, de cara a la reunión del Consejo del BCE del pasado jueves. «Haré todo lo que sea necesario para preservar el euro y eso, créanme, será suficiente», fueron las palabras mágicas de Draghi el 26 de julio y bastaron para que la Bolsa lograra su mayor subida en dos años y para que la prima de riesgo cayera 50 puntos. Repasando a cámara lenta la reunión del Consejo del BCE, resulta evidente que Draghi sabía que contaba tras de sí con una amplísima mayoría para embarcarse en una nueva compra de bonos. Tan amplia, tan amplia, que el único miembro que votó en contra fue el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, según desvelaba en su edición de ayer el diario Frankfurter Allgemeiene.
Aferrado ciegamente al dogma de la Ordnungspolitik, Weidmann vetó la iniciativa de Draghi. Los restantes presidentes de bancos centrales europeos y los miembros del Directorio del BCE estuvieron de acuerdo en que la situación en el mercado de la deuda justificaba una siguiente intervención y se daba además la trágica circunstancia que el propio Consejo había convenido confidencialmente meses atrás, como señal de alarma para preparar el siguiente rescate encubierto en el mercado de la deuda: los bonos españoles rozaban el 7%. Al inicio de la sesión, 7 miembros del consejo aún se mostraban escépticos, pero finalmente el resultado de la votación fue de 21 votos a favor (un miembro estaba ausente) y uno en contra, el de Weidmann, detalle cuya filtración a los medios es síntoma del ácido malestar que se ha apoderado del Consejo del BCE.
Era de esperar que el Bundesbank liderase la posición de resistencia, pero cuando Draghi abordó su exposición de motivos, torres muy altas fueron cayendo en la cuenta de que el sentido común podía esta vez justificar que el BCE pisase la línea roja, de modo que los representantes de los bancos centrales de Finlandia, Holanda, Luxemburgo y Estonia dieron su brazo a torcer.
Pero semejante decisión sólo podía ser tomada por unanimidad y Weidmann mantuvo el pulso hasta el final. Su obcecación, sin embargo, está ya pasándole factura interna. «Weidmann ha cometido el error de quedarse aislado», dice el profesor de Economía de la Universidad de Frankfurt, Volker Wieland. El teórico de política monetaria de la Universidad de Bonn, Manfred Neumann, director por cierto de la tesis doctoral de Weidmann, también le ha criticado sugiriendo que «la aparente victoria del Bundesbank sobre los argumentos de Draghi dará lugar a operaciones del BCE en el mercado de la deuda de dimensiones mucho mayores de lo que imaginábamos hasta ahora». Neumann se refiere a la exigencia del Bundesbank, según la cual España e Italia deben pedir formalmente al fondo de rescate temporal (EFSF) o al permanente (Mede) que adquiera deuda, bajo compromiso de una serie de reformas y ajustes que serían especificados en un memorándum de entendimiento que incluirá además mecanismos de supervisión y vigilancia. Ese documento podría contener condiciones a las que España ya se ha comprometido en su mayoría y a cambio se está produciendo un cambio de estatus del BCE, dispuesto ahora a compras masivas sin prioridad de pago frente al resto, empezando por el tramo corto de la curva de bonos, y que ya no podrán ser discutidas.
No ha sido por tanto tan negativo el desenlace para España e Italia. Bruselas se prepara desde hace semanas a la celebración de un Eurogrupo para aprobar una ayuda a los dos países y, aunque en las altas esferas de la Comisión Europea se esperaba mayor rapidez, ahora todo apunta a que esta reunión de los responsables de finanzas de la zona euro se celebrará a primeros de septiembre. Con un matiz, ya que el que ha pedido la reunión ha sido el propio Rajoy sin que, de momento, haya ninguna solicitud de ayuda presentada.
Mario Monti y Mariano Rajoy tenían razón al señalar el jueves por la tarde que las palabras de Draghi no suponían ningún paso atrás y sí varios adelante. Por primera vez en mucho tiempo, la compra de deuda por parte del BCE ha dejado de ser un tabú, y el propio Draghi destacó la posibilidad de adoptar en el futuro medidas no convencionales. Incluso le echó un capote a Italia y a España al asegurar que las primas de riesgo que soportaban no estaban justificadas. Sin embargo, la idea principal de su discurso era la de que la pelota está en el tejado de Monti y de Rajoy que, si necesitan ayuda, deben pedirla al Eurogrupo y aceptar sus condiciones. Se ha impuesto una vez más la tesis de Merkel, a medio camino entre el desquiciado rigor del Bundesbank y la flojera mediterránea. En este punto coinciden Merkel y Draghi: España e Italia no obtendrán dinero del BCE sin someterse a condiciones. Incluso Bruselas ha respaldado esa posición al insistir en que si alguien necesita ayuda debe pedírsela al EFSF o al Mede que entrará en vigor en otoño.
Llegue de donde llegue, el efecto del dinero va a ser el mismo. Sin embargo, en caso de tener que pedírselo a Bruselas, España deberá aceptar nuevas condiciones que consistirían en añadir plazos vinculantes al procedimiento por déficit excesivo y a las recomendaciones económicas ya presentadas por Bruselas. En cualquier caso, de momento está totalmente descartado un rescate a la griega.
Tras la asistencia financiera para la recapitalización de los bancos, esta vez estaríamos ante una asistencia para que España pueda financiarse a costes más bajos en los mercados y para así no tener que dilapidar todo el dinero que generan los impopulares recortes en pagar la deuda acumulada. Esta medida es imprescindible para lograr cuadrar los objetivos de déficit impuestos por Bruselas y, sobre todo, para que el sacrificio al que se someten millones de españoles no sea en balde. Si para ello basta con someterse a una nueva humillación de tener que pedir algo que podría no tener ni que llamarse rescate y si basta con recibir unas condiciones que, a priori, serán de fácil cumplimiento, bien puede merecer la pena hacer frente común con Italia y pedir ayuda por las buenas antes de que, como ya ocurrió el pasado mes de julio, nos obliguen a hacerlo por las malas.
>Vea hoy el videoanálisis de Rosalía Sánchez.





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