LAS CUATRO ESQUINAS28/01/2012 FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOSReformas legales, bienvenidas
Ruiz-Gallardón, la mayúscula sorpresaLa semana política se abrió con la comparecencia en sede parlamentaria del ministro de Justicia. Lo que nadie esperaba es que, junto al cambio en la elección del CGPJ -que había adelantado la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría el viernes anterior y que vuelve a lo que mandan la letra y el espíritu de la Constitución-, el ex alcalde madrileño planteara un ambicioso plan de modernización de la totalidad de la Administración de Justicia, partiendo de su despolitización y la modernización de códigos como el Mercantil, intocados desde hace un siglo.
Que la politización quedaría herida de muerte lo demostró la reacción de la Izquierda y los nacionalistas, que saltaron como panteras. Sólo UPyD apoyó a Alberto Ruiz-Gallardón y criticó a quienes pretender elegir jueces y dictar sentencias en el Parlamento.
Tan sorprendente como la amplitud y profundidad de las reformas -desde la Ley del Aborto al tratamiento judicial de los menores, entre otras- es la identidad del reformador, caracterizado por su escaso apego por la Libertad y su seguidismo del PRISOE. Pero sus reformas son dignas de apoyo, porque la Justicia es la Justicia, defiéndala Agamenón o Gallardón.
'In dubio pro reo'
La primera absolución de CampsUn jurado popular, por cinco votos contra cuatro, declaró «no culpable» al ex presidente valenciano Francisco Camps por el célebre caso de los trajes que presuntamente le regalaron los pájaros de la bandada gurteliana. En rigor, lo que decidió el jurado es que no había pruebas suficientes para acreditar que los de Gurtel le regalaron los dichosos trajes, aunque tampoco las había de que Camps los hubiera pagado, así que, ante lo que en los USA llaman una duda razonable y en latín in dubio pro reo, lo absolvieron.
La alegría de Camps y una parte del PP era lógica y estaba en consonancia con la campaña del PSOE y medios anejos contra lo que creyeron baluarte esencial del PP en Valencia, cuya caída les permitiría recuperar el Poder. Fracasaron en las elecciones regionales y han fracasado ahora. La parte del PP que se alegró menos con la sentencia temía que Camps quisiera volver a ocupar la presidencia de la Generalidad que, tras ser imputado, Rajoy le obligó a ceder a Alberto Fabra. Temor infundado, porque en pocas semanas Camps debe afrontar tres nuevos juicios. El más escandaloso, el de Urdangarin.
Una cifra de paro diabólica
Legado laboral del Gobierno socialistaLa última EPA aparecida el viernes ha certificado lo que se temía: el paro registrado en España a 31 de diciembre de 2011 alcanza los cinco millones doscientos setenta mil personas, que más que cifra es maldición diabólica.
Un millón y medio de familias españolas no tienen en estos momentos ningún ingreso laboral, con lo que la pobreza alcanza niveles desconocidos desde la inmediata posguerra. Añádanse a esta ruina del mercado de trabajo sin precedentes históricos, el déficit disparatado, el colapso del sector financiero y la semiquiebra del Estado, en especial por su flanco autonómico, y se tendrá un visión terrorífica del legado económico del último Gobierno socialista que ha padecido España, con José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza.
Han pasado menos de cuatro años desde que Zapatero, con esa sonrisa suya de «optimista antropológico» a lo Forrest Gump, proclamaba en las vallas electorales su programa en el área laboral: «Por el pleno empleo». Lo cierto es que ha legado casi el pleno paro. Y que España, incluso si el Gobierno del Partido Popular lo hace bien -de momento, no hace nada- tardará años en recuperarse.
Blanco, agencia de colocación
Pepiño, campeón; y el testaferro, colocadoPoco antes de tener que ir a la fuerza, el ex-ministro de Fomento José Blanco acudió voluntariamente a declarar ante el Supremo por el caso Campeón, del que se desprenden severísimos indicios de tráfico de influencias, prevaricación y cohecho. El popularmente conocido como Pepiño no estuvo muy brillante al justificar sus ayudas a empresarios amigos por la «creación de puestos de trabajo», que seguramente hubieran podido crear otros empresarios aunque no fueran amigos de Blanco.
Pero tras la revelación de sus tratos laborales en las gasolineras, lo peor para Blanco ha sido la publicación en EL MUNDO de un dato que puede ser decisivo: la identidad de un presunto testaferro del político lucense. Se trataría de Luis Vilariño, cuya empresa Antalsis era conocida como la milagrosa tras pasar de 1,5 millones de euros de facturación a más de 56 millones gracias a su fortuna en las concesiones de obra pública, siempre con Blanco en el Gobierno y, en la última legislatura, de ministro de Fomento. Además de Jorge Dorribo, lo ha reconocido un íntimo amigo de Pepiño, que no barrunta nada bueno.
EL CORREO CATALÁN28/01/2012 ARCADI ESPADAEl Sacramento de la política
Querido J:
Sabrás que el nuevo Gobierno, al mes de organizarse, ha querido ya dejar su particular marca del Zorro en la cansada piel ideológica de España. El encargado ha sido el ministro Gallardón y el motivo, la Ley del Aborto. Al parecer, los gobiernos no pueden pasar sin estas tomatinas. Un gran especialista en abrir conflictos, que aunque se agriaran nunca dejaban de ser pueriles, fue el presidente Zapatero. El Gobierno popular no ha tardado en seguirle. Evidentemente, en una España sometida a la EPA, al déficit y a la prima de riesgo, la Ley del Aborto y sus presuntos conflictos éticos y técnicos son un problema indistinguible en el fondo de armario estadístico. Pero no hay duda de que la apertura de estos conflictos tiene para los gobiernos dos virtudes: da fe de vida de la nueva época y procura aliento a la militancia (¡ya hemos pasao!) y afloja la presión sobre los verdaderos y arduos problemas de la coyuntura. Además, el costo electoral de los subsiguientes debates es mínimo: sólo se ven involucrados los extremos de cada segmento (a la enorme bolsa centrista ni le van ni le vienen estos coloquios) y el periodismo, siempre cómplice de las alegrías pirotécnicas.
La vigente Ley del Aborto, cuya elaboración desencadenó hace un par de años el mismo debate que ahora va a producirse con resultados previsiblemente distintos, afecta a unas cien mil personas al año. La inmensa mayoría de ellas, sin embargo, no parecen ser abortistas por la nueva ley, por así decirlo. Bastará citar el número total de mujeres que se aprovecharon de la característica más llamativa de la nueva ley, y cuya reforma explícita ya ha adelantado el Gobierno. Es decir, las mujeres que se beneficiaron de la posibilidad de abortar sin informar previamente a los padres: que fueron, exactamente, 151. Por lo tanto éste, como el matrimonio homosexual, es uno de esos asuntos cuya capacidad de formar parte de la conversación no se corresponde con el número de afectados. Obviamente, la audiencia no es el único criterio que debe regir la toma de decisiones políticas y morales; pero es pedagógico conocer cuántas personas hablan y opinan de un asunto sin rozarse ni siquiera con él. Por lo demás, ya sabes que me parece bien la decisión del anterior gobierno de darles a las mujeres de edades comprendidas entre los 16 y los 18 años la responsabilidad exclusiva de sus abortos. Porque creo que, por lo general, están maduras para ejercerla y porque creo que ningún padre puede imponer un nacimiento o un aborto a su hija. Yo soy partidario de la absoluta libertad para la embarazada, con la excepción de los matices que pueda aportar su espermatozoide de cabecera; o sea, la degradada condición insuficiente, aunque lamentablemente imprescindible, de toda fertilización.
La descripción de los planes del Gobierno en cuanto a la reforma del aborto ha coincidido en el tiempo con un hecho, en apariencia anecdótico, pero cuya vinculación con el sustrato ideológico de la reforma da una textura polémica interesante. Quizá sepas que al obispo de Valladolid (un tal Blázquez, decía Arzalluz) no le parece muy conveniente que una mujer que vive en concubinato (religioso) dé el pregón de la Semana Santa de Valladolid. Y no ha hecho variar su criterio el que la concubina sea vicepresidenta del Gobierno. El obispo esgrime que se trata del pregón de Semana Santa (y no de las Fiestas de Primavera de la ciudad, por así decirlo) y que, además, e ininterrumpidamente desde 1998, se celebra en la catedral de la ciudad. Desde ese año, por cierto, el pregón lo han dado sólo tres mujeres más, ninguna concubina: Paloma Gómez Borrero, mi santa preferida, y autora de un libro espléndido, casi diabólico, para cocinar pasta italiana (tú has gozado más de una vez de mis impresionantes espaguetis a lo Sofia Loren, con laurel y tomate, y vienen de allí); Ana Botella, alcaldesa de Madrid, de la que recuerdo vivamente, para no hablar de política, la emoción que me produjo su posado en la playa de Oropesa, y Concepción Velasco, nuestra segunda doña Concha, que dio el pregón en 1999, casada, al menos en la vida real. El sosiego matrimonial de los pregoneros masculinos es también generalizado. Es cierto que el torero Roberto Domínguez no vivía con su esposa en el año de su pregón, pero entonces no constaba la materialización jurídica de semejante avatar. Por lo tanto, observada y analizada la lista, esta va a ser la primera vez que una concubina pregone en la catedral de Valladolid. ¡Para que se diga que el Partido Popular no va a cambiar las cosas!
Creo que el obispo tiene razón en su queja. La vicepresidenta no vive conforme a lo que espera de ella la religión católica y debería haber rechazado discreta y elegantemente la invitación. Es cierto que la que prescribe la jerarquía no es la única manera de ser católico; pero si uno tiene otra no debe participar en ceremonias donde la jerarquía está implícita y explícita. Porque imprimen carácter. Hay muchas maneras de ser conservador; pero una, específica, es la de ser militante del Partido Popular. Y en ese caso deben asumirse, lógicamente, las reglas. Hay algo más, y aún más delicado, que trasciende lo personal para hacerse arrebatadoramente político. Algunas de las decisiones ideológicas del Partido Popular están inspiradas en lo que se llama «una concepción cristiana de la vida». Nadie puede dudar que es la concepción (e incluso la concha) que inspira la reforma de la Ley del Aborto que planea el ministro Gallardón.
Los miembros de un gobierno que justifica algunas de sus decisiones morales en una concepción cristiana de la vida deben vivir con arreglo a ella. De lo contrario, incurrirían en el defecto de esos príncipes que se casan con plebeyas o de esos socialdemócratas, catalanes y nacionalistas, que llevan a sus hijos a la escuela privada alemana. Es decir, incurrirían en un caso más, y muy práctico, de doble vida. Ser católico tiene cosas estupendas: permite agonizar con esperanza y da respuestas claves y rápidas a infinidad de dilemas morales. Eso sí, tiene algunas incomodidades y algunas de ellas revisten una inexorable forma sacramental. Pero, a lo visto, la vicepresidenta no sólo quiere vivir como laica y gobernar como católica, sino que encima quiere dar pregones de Semana Santa en la catedral, y de Valladolid. Una mujer poderosa, ciertamente.
Sigue con salud
A.
DE CUERPO PRESENTE28/01/2012 RUBÉN AMÓN La hora de los justos
EL ESLOGAN patriarcal de «preservar el derecho a la vida», aunque sea entre los barrotes de la cadena perpetua, convierte al legislador en una figura totémica. Por ejemplo Gallardón, cuyas bulímicas reformas de la Justicia se resienten de la moral y de la ideología. Podrá objetarse que muchas de ellas figuraban en el programa electoral, pero cuesta trabajo sustraerlas a la tentación del oportunismo y del populismo. Oportunismo porque Gallardón asume la hiperactividad reformista en ausencia del mesianismo económico. Populismo porque se incitan y cultivan contradictoriamente los instintos justicieros de Celtiberia.
La propuesta intimidatoria de la «prisión permanente» representa un caso inequívoco. Viene a complacerse la expresión plebiscitaria de «pudrirse en la cárcel», a cuestionarse ciertas garantías constitucionales -reeducación, reinserción- y a olvidarse que el preso Montes Neira ha sido indultado tras haber permanecido 36 años en prisión sin delitos de sangre.
Gallardón despeja las inquietudes plebiscitarias incurriendo, incluso, en la incoherencia. Por un lado se convierte al delincuente menor de edad en una especie adulto experimental. Por otro se rebaja a la inopia la madurez de las chicas de 16 y 17 años embarazadas accidentalmente.
No pueden abortar sin el permiso de los padres, pero no se requiere su autoridad para casarse ni para implantarse silicona, de tal forma que el discurso gallardoniano entronca con el mantra de la falta de valores, reivindica el edén de la disciplina familiar y antepone la incolumidad del nasciturus desde una fórmula pintoresca: el derecho a la vida no lo decide la conciencia de la madre sino el veredicto de los abuelos en una carambola doméstica.
Siempre y cuando, como parece, las intenciones del ministro no trasciendan la mera rectificación de la ley que Zapatero promovió en 2010. Gallardón estaba obligado a «revocarla» porque el PP la cuestionó ante el Constitucional, pero las ambiciones de la contrarreforma conllevan una regresión al escenario de 1985.
Interviene un factor sentimental inesperado: Gallardón insinúa en 2012 el mismo argumentario que su padre opuso a le ley de Felipe hace 27 años. La diferencia es que las madres en pecado mortal no tendrán que viajar únicamente a Londres. Podrán aliviarse en otras legislaciones europeas que preservan la ley de los patriarcas y de los legisladores totémicos.
>Vea de martes a sábado el videoblog de Carlos Cuesta sólo en EL MUNDO en Orbyt, hoy: ¿Y si los siguientes parados fuéramos nosotros?
28/01/2012 PEDRO G. CUARTANGO No culpables
FRANCISCO CAMPS / O. J. SIMPSON
Aunque el PP ha acogido con bastante prudencia el veredicto sobre Francisco Camps, no han faltado voces que exigen una reparación para el que señalan como víctima de una conjura para apartarle del cargo.
Es fácil responder a quienes así opinan porque es evidente que el fallo judicial no le exime a Camps de sus responsabilidades políticas por rodearse de malas compañías.
Pero es que Camps no ha sido declarado «inocente» por el jurado, que lo que ha considerado «no culpable». Escuché con atención la lectura de las consideraciones de ese jurado en las que quedaba claro que no se le condenaba por haber una duda racional sobre si había pagado o no los trajes.
Lo que dijo su portavoz es que se le aplicaba el principio de in dubio pro reo al no haberse podido probar, debido a la existencia de testimonios contradictorios, que no había pagado las prendas. Eso es muy diferente a ser declarado inocente, que significa que uno no ha cometido aquello de lo que se le acusa.
El derecho anglosajón, según mi querido amigo Manuel Conthe, llama a este tipo de sentencias not proven o veredicto bastardo porque no es ni una absolución plena ni una condena.
Hay un precedente muy conocido de este tipo de sentencia judicial: el que se produjo en el caso de O. J. Simpson, el famoso ex jugador de fútbol americano. Como muchos recordarán por su impacto mediático, O. J. Simpson fue declarado en 1995 «no culpable» por un jurado popular de la acusación de haber asesinado a su mujer y su amante.
Había sólidos indicios de su culpabilidad, pero la investigación policial fue irregular. El abogado de Simpson realizó una defensa magistral y logró que el jurado dictara un veredicto de «no culpable».
Dos años más tarde, O. J. Simpson fue de nuevo juzgado por un procedimiento civil y condenado a pagar 33 millones de dólares a las familias de las víctimas. Esto no es posible judicialmente en España, pero el ejemplo sirve para ilustrar cómo, a veces, es difícil hacer justicia cuando un jurado tiene que examinar hechos complejos y discernir la veracidad de los alegatos de abogados que se saben el oficio.
No faltará quien argumente que el ex presidente valenciano tiene derecho a ser considerado inocente al no haberse probado su culpabilidad. Este razonamiento sólo vale para el ámbito penal, pero no para el político porque Camps nunca ha dado una explicación convicente de su conducta y además tiene asuntos pendientes con la Justicia como la eventual financiación ilegal de su partido en Valencia.
Rubalcaba tenía mucha razón cuando dijo que, si el PP cree que Camps es ejemplar, que lo restablezca en el cargo. Pero no lo es. Sigue siendo un político bajo sospecha y un gestor que ha dejado una herencia nefasta a su sucesor. Por ello, no debería volver jamás a desempeñar cargos públicos.
BREVETE 28/01/2012 SECONDAT El desprecio del jurado
Se ha afirmado, en defensa del jurado, que con esta institución, comparada con los tribunales de jueces y magistrado, se consigue un mejor desarrollo y aplicación de algunos de los principios básicos del proceso penal, como son la oralidad, la inmediación y la publicidad. Pero cuando se opta por el jurado a nadie se le plantea que los componentes del mismo sean analfabetos. En tal caso, tales individuos carecen del nivel mental suficiente para juzgar y decidir. Increíble, pero cierto. Ayer conocimos las faltas graves de ortografía del acta del juicio realizado con jurado en Valencia y seguido con interés en todos los medios de comunicación. ¿Hemos de aceptar, sin reacción alguna, este desprecio de la cultura de los españoles? Y aunque los componentes de tal jurado no lo sepan, el desprecio del ofendido puede ser una agravante a tener en cuenta
LA POLÉMICA NACIONAL28/01/2012 VÍCTOR DE LA SERNA La sentencia de Camps: entusiasmo descriptible
>EL JURADO POPULAR DECLARA NO CULPABLE AL EX PRESIDENTE
La exoneración judicial de Francisco Camps, no excesivamente sorprendente considerando que todo un juicio por supuesto cohecho se basaba en unos trajes, no ha sido recibida por la prensa más afín al PP con el mismo entusiasmo desbordado que enfrente causa, por ejemplo, Garzón. Estos suelen servir de varas de medir sectarismos.
Eduardo San Martín, en ABC, proporcionaba un buen ejemplo de reacción crítica: «Que cada cual juzgue de qué lado se inclinó la moneda en el 'caso Camps'. Pero muchos de los que hoy lamentan un fallo exculpatorio quizá sean los mismos, ¡oh ironía!, que con más ahínco defendieron la introducción del jurado en nuestra ley. La institución remite a un tiempo histórico distinto. Hoy, la llamada 'justicia popular' no garantiza la equidad ni la limpieza en mayor medida que un juez liberado de las ataduras del ancien régime».
Desde El País, periódico que San Martín conoce bien, venía una de esas quejas, transformada -en un editorial, nada menos- en bien poco socialdemócrata descalificación del jurado valenciano: «La absolución de Camps y Costa por un jurado popular podría ser interpretada como un gesto más de complacencia ciudadana con los políticos corruptos; como el voto en las urnas a favor de ellos». Pero no hay mal que por bien no venga, parecía decir Carlos E. Cué frotándose metafóricamente las manos: «Si Camps quiere seguir mandando en Valencia, e incluso volver a ser presidente, la situación puede volverse incontrolable y el PP valenciano una auténtica olla a presión».
Por otro lado iba, de nuevo en ABC, José María Carrascal, que titulaba su columna Al fin, justicia: «Un hombre que sale de la política con menos dinero que con el que entró es, no ya una rareza, sino un santo. Y, desde luego, no se vende por tres trajes». Pero terciaba Manuel Martín Ferrand: «Las propias maneras de su defensa y los modos de relación con los demás que han quedado probados a lo largo de estos tres últimos años, descalifican la dimensión política de Camps aunque quiera vérsele como un monumento vivo a la honradez».
Todo lo que antecede no ha sido óbice, por cierto, para que el selectivo analista de prensa de El Periódico, Xavier Campreciós, titulase que «la derecha mediática» (a la que también llama, jaranero él, «el cazalla party») «jalea la sentencia de los trajes».
Sí que se celebraba sin tapujos en La Razón y en La Gaceta, donde Jorge Bustos resaltaba, desconcertado, que en EL MUNDO no se escribe a piñón fijo: le gustaba mucho más el titular de Arcadi Espada, Justicia 5, Prensa 4, que el de nuestra portada, en el que se recalcaba que de lo que han absuelto a Camps es de su «responsabilidad penal», no la política. Pero, miren por dónde, Bustos no citaba esto de Espada: «Se pregunta muy retóricamente la señora Cospedal quién va a reponer la honorabilidad de Camps y Costa. Realmente extraño. La honorabilidad de Camps y Costa sólo puede reponerla el que se la quitó: es decir el partido de la señora Cospedal, de Camps y de Costa».
En Público, Isaac Rosa observaba que Camps es un cadáver político aunque él «no se ha dado cuenta» y «de ahí que el juicio, con el desfile de testigos, facturas y conversaciones telefónicas, mereciera terminar con un certificado de defunción, ése que cinco ciudadanos no han querido firmar».
Maldito jurado popular. Cosa de fachas, es evidente.
A DIESTRA Y SINIESTRA28/01/2012 DAVID TORRES Los pobres no se ven
AL IGUAL que la relatividad de Einstein, pero mucho más en crudo, la pobreza es un concepto que no entiende ni Cristo, quien confeccionó las Bienaventuranzas como consuelo supremo, un bocata metafísico para aquellos que no tienen qué llevarse a la boca. ¿Qué es ser pobre? Depende. Por ejemplo, en Europa, ser pobre es igual que ser español, una nacionalidad penada con un sueldo mínimo raquítico, apenas 600 euros, cantidad ridícula que nos duplican en Francia y nos triplican en Luxemburgo. Somos el hazmerreír de los vecinos aunque, eso sí, nuestros banqueros y políticos podrían cenar caviar con Paris Hilton.
Relatividad. En sus memorias, Kirk Douglas cuenta que su primer encuentro con Anthony Quinn se tiñó de amenaza cuando el mexicano le acusó de ser sólo un señorito. Douglas dijo que se equivocaba, que él era hijo de inmigrantes judíos rusos, que su padre fue trapero y que de niño probó el sabor hueco del hambre. «No es lo mismo ser pobre en Nueva York que en Chihuahua», replicó Quinn sin inmutarse. «Es verdad», confesó Douglas. «Y me he pasado toda la vida intentando ignorar la diferencia».
Los españoles pobres que vamos sobreviviendo con sueldos de chiste somos potentados del acero al lado de, digamos, los pobres de Perú o de la India, países donde ciertos viajeros sin escrúpulos confunden miseria y exotismo y sacan fotos de niños esqueléticos como si fuesen Taj Majales hechos de huesos y moscas. La pobreza es, ante todo, invisibilidad: ésa es la tesis que William T. Vollman defiende en Los pobres, un monumental reportaje sobre los desheredados de la Tierra. Vollman cruzó medio mundo, de China a Colombia y de Birmania a Siria, en busca del secreto de la indigencia, preguntando a los pobres por qué creían que lo eran y las respuestas varían de la religión al destino, del espiritismo a la culpa, para acabar concluyendo que la pobreza es el misterio máximo, la Santísima Trinidad de la economía, el gran agujero negro por donde se cuela toda compasión y toda plusvalía.
Los pobres no se ven no porque haya pocos, más bien al contrario: hay tantos que, si tuviesen carne, no se vería otra cosa. Se confunden con el paisaje, forman el fondo de chabolas, lágrimas y chapa necesario para que resalten los palacetes de los reyes y las mansiones millonarias. Nadie los ve por las mismas razones que no cuentan los ceros a la izquierda, las camas de cartón al pie de los cajeros automáticos y el espacio en blanco de los átomos. Cinco millones y pico y subiendo. Suyo será el reino de los cielos porque el de aquí abajo está claro que es de los banqueros.
HILO DE ARIADNA28/01/2012 ÁLVARO VARGAS LLOSA ¿La primavera venezolana?
Durante algún tiempo se dijo -dijimos muchos- que, a pesar de su coraje y de nadar contra una corriente que equivalía a un maremoto, la oposición venezolana era parte del problema. Dividida, mediocre, populistona, parecía incapaz de erigirse en una alternativa seria al bufón de Miraflores. Todo eso cambió. Lo que ha conseguido la oposición antes y durante la campaña de las primarias que tendrán lugar el 12 de febrero es notable.
Primero, lograron la unidad, gracias a la cual obtuvieron más votos que el régimen en los comicios legislativos y, lo que es igual de importante, evitaron que las primarias se convirtiesen en un ejercicio caníbal. La firma, esta misma semana, de un programa de gobierno que todos se comprometen a respaldar bajo la candidatura de quien resulte ganador ratifica el éxito que ha sido la Mesa de la Unidad, donde se agrupa toda la oposición. En cambio, Hugo Chávez ha visto deshacerse la coalición, Polo Patriótico, que lo respaldó en su momento y su Partido Socialista Unido de Venezuela es él mismo una risible behetría. Para no hablar del ucase con que Chávez se ha autoproclamado candidato.
El ejemplo que viene dando la oposición en estas primarias trasciende las fronteras. Mientras que, en Estados Unidos, los republicanos se sacan ahora los ojos y en Francia los socialistas hicieron hace poco otro tanto, en Venezuela los candidatos de la justa interna han guardado las formas y preservado el sentido del gran objetivo -devolverle al país su democracia y disparar su desarrollo- mientras dirimían sus diferencias ideológicas, que iban del liberalismo sin complejos de María Corina Machado, entrevistada en EL MUNDO, a la socialdemocracia menos confrontacional de Pablo Pérez.
En las primarias norteamericanas suele votar un 10% del electorado total; en Francia lo acaba de hacer un porcentaje ligeramente menor. En Venezuela, en cambio, el propio Chávez ha vaticinado, sin saber que les hacía un elogio, que en las primarias opositoras votará «apenas» el 20% del registro electoral nacional (según los sondeos, podría ser hasta el 30%).
Los números vaticinan que Henrique Capriles, el gobernador del estado Miranda, ganará las elecciones y será el rival de Chávez. Es un candidato joven de un partido relativamente nuevo, Primero Justicia, que representa claramente la línea democrática y la moderación económica, aunque prefiere eludir el cuerpo a cuerpo con Chávez por razones tácticas. Su posición se ha reforzado con el retiro -que lo honra- de Leopoldo López, otro candidato joven al que Chávez trata de destruir desde hace tiempo. Por lo demás, salvo Diego Arria, cuya admiración por el modelo de Fujimori en Perú es pública, todos los candidatos opositores representan inequívocamente la puesta al día de Venezuela con la corriente dominante de América Latina.
Las primarias serán, claro, una primera etapa. Vendrá luego lo más arduo: superar a Chávez -es decir, superar el fraude «ambiental», como alguien lo calificó en su momento, que rodea todas las justas electorales en ese país- el próximo 7 de octubre. Las encuestas colocan al autócrata ligeramente por delante de la oposición a estas alturas, pero lo novedoso no es eso, sino que Miraflores no ha logrado partir, despintar o intimidar a una oposición que hoy está más fuerte que en ninguno de los comicios presidenciales anteriores. Todo, incluido lo impensable, es posible.
¿Quién dice que no hay una primavera venezolana?
AJUSTE DE CUENTAS28/01/2012 JOHN MÜLLER El fin del vuelo nacionalista
La Generalitat catalana, en un acto de pura racionalidad económica y sentido común, cerró ayer el grifo del dinero público a la aerolínea Spanair, lo cual la aboca al cierre. Desde diciembre de 2008, cuando el tripartito adquirió el 80,1% de la compañía a través de un consorcio promovido por el sector público, los políticos catalanes han venido jugando a disimular el carácter estatal de la línea aérea. Tenía orejas de cerdo, cola de cerdo, pero no era un cerdo, decían.
No era verdad. En Spanair confluyeron los objetivos políticos del tripartito con las apiraciones de FemCat, un grupo de presión fundado en 2004 bajo la inspiración de un mensaje de Jordi Pujol («fem país»). Ahí se encontraron el catalanismo y la excelencia empresarial. Bien regados con el dinero público que los socialdemócratas del tripartito y los nacionalistas democristianos de CiU administran con criterios muy laxos cuando no están sometidos a estrecheces fiscales, FemCat creó Volcat, un instrumento que promovió un consorcio empresarial (Iniciatives Empresarials Aeronàutiques) que se hizo con Spanair con la intención de completar el kit de regalos que la Generalitat se merecía en la Navidad de 2008: su propia aerolínea, su propio aeropuerto, su tren de cercanías y su canesú.
Pero el embuste no se podía mantener durante mucho tiempo y la Asociación Europea de Aerolíneas de Bajo Coste la denunció ante Bruselas por recibir ayudas públicas. El proceso está en trámite de sustanciación.
La Generalitat, que había tenido que acudir en auxilio de la empresa en varias ocasiones, llevaba desde mayo de 2011 presionando para que se encontrara un socio industrial. Primero se buscó infructuosamente entre las aerolíneas del grupo Star Alliance y las últimas gestiones fueron con Turkish Airlines y con Qatar Airways.
Ahora que no hay dinero para seguir financiando ensoñaciones soberanistas, Spanair ha caído víctima de la pura lógica del mercado. Aunque la compañía decía contar con el 22% del tráfico de pasajeros, una aerolínea así no podía seguir siendo viable con el esquema de costes que arrastraba, más parecido al de una vieja aerolínea de bandera que al de las low cost, que son las que se están llevando por delante el mercado. Con su habitual rapidez de reflejos, Ryanair lanzó anoche una «tarifa de rescate» de 49 euros para repatriar a aquellos pasajeros de Spanair que se quedarán tirados fuera de sus hogares. La desaparición de la compañía beneficiará a Vueling o a Iberia Express, la low cost de Iberia que se estrenará en marzo.
De hecho, los problemas de la aerolínea venían de muy atrás, casi de 2007, cuando Gerardo Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual, sus fundadores en 1986 junto con la escandinava SAS,salieron de su accionariado. Ya entonces tenían graves problemas estructurales que nunca se resolvieron.
Éstas y otras disfunciones quedaron siempre ocultas por el control público o semipúblico de la empresa, por el supuesto objetivo nacional que se perseguía. El auténtico fraude de Spanair no es que fuera catalana, sino que era pública, pero es verdad que era pública por querer ser catalana.
john.muller@elmundo.es
PASADO MAÑANA28/01/2012ERNESTO SÁENZ DE BURUAGA La batalla del Ebro
Las hazañas de los más débiles siempre se escriben desde la épica. El martes se rendirá un homenaje a cientos de miles de españoles en un campo de fútbol. Será el momento de los que no ganan copas ni ligas ni juegan en Europa. Será el momento de los aficionados de ciudades que no tienen Cibeles ni Canaletas pero que vibran con el equipo de sus amores, que sufren y padecen.
Será el momento de todos aquellos que juegan al fútbol en equipos modestos perdiendo horas de su descanso para entrenar y los domingos, sin apenas horas de sueño, ir a cualquier campo de España para disfrutar de su deporte. Será el momento de todos esos padres que llevan a sus hijos a entrenamientos y partidos como lo hicieron los padres de Torres, de Cesc o de Casillas y de tantos otros que soñaban con salir en los cromos de futbolistas y cuya inmensa mayoría se quedó sin conseguirlo. Será el momento de los que nunca llegaron a estrellas pero saben que en la vida tendrán su oportunidad, serán protagonistas.
El viejo estadio municipal de Anduva recibirá a un modesto y grande C.D. Mirandés y al histórico Athletic de Bilbao. Pero sobre todo recibirá al fútbol en el que no hay enemigo pequeño, donde la pasión lleva a recuerdos imborrables, donde un gol es un abrazo, un grito, una explosión de gozo, una descarga de adrenalina. El Mirandés es el reflejo de lo posible. De la modestia, del esfuerzo, de la fe, de la normalidad. Sus jugadores trabajan y juegan con la naturalidad de lo cotidiano.
Representan a todos. Al bombero lateral derecho, al estudiante que corre la banda, al frutero que remate el córner, al pintor que consigue las camisetas, al electricista que pone el coche para los desplazamientos, al panadero que regala los bocatas o al policía que deja la porra en casa para correr en pantalón corto detrás de una pelota. A tanto loco por el fútbol que anda suelto en todas las ciudades españolas.
El martes, a orillas del Ebro, el fútbol abraza a su propio mundo, donde esta vez en el FIFA Player no figura Xavi sino
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