LAS CUATRO ESQUINAS18/02/2012 FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
Inminente declaración judicial
Urdangarin, al final de la escapada
La imagen del yerno del Rey, Iñaki Urdangarin, corriendo desalado por las calles de Washington remata una semana que para el talonmanista y su esposa la Infanta Cristina sólo ha tenido una cosa buena: la próxima será mucho peor.
El próximo sábado tendrá que declarar como imputado en el caso Palma Arena, luego rebautizado de los Duques de Palma Arena o, más popularmente, caso Urdangarin.
La petición de Zarzuela al juez -de forma muy irregular: a través de la seguridad de la Casa del Rey, que debe proteger a Urdangarin- para que le ahorre el trayecto entre la horda presuntamente hostil no parecen haber surtido el efecto deseado y es probable que el yernísimo deba hacer el paseíllo hasta el juzgado como los demás justiciables imputados en la trama.
La veloz carrera del antiguo jugador de balonmano del Fútbol Club Barcelona nos ha mostrado a un Urdanga en plena forma, pero también a una persona de más bien poco fuste ante la adversidad. Es cierto que huía de un programa de Telecinco, pero el lenguaje corporal traduce realmente una huida de sus responsabilidades.
Sólo en Al final de la escapada una huida semejante quedó bien, pero Belmondo acaba mal.
Wulff renuncia a la presidencia
Un mal ejemplo: dimite por corrupción
El presidente de la República Alemana, Christian Wulff,dio ayer un pésimo ejemplo a todos los políticos europeos afectados por casos de corrupción, que son tantos, tantos, que si volaran taparían el sol. Ha bastado la petición de levantar su inmunidad parlamentaria para investigar un caso de tráfico de influencias en uno de los länder o estados federados para que el primer cargo político de Alemania haya anunciado su dimisión. La explicación no ha podido ser más sencilla: si no tiene la confianza de sus compatriotas por esas sospechas de corrupción pero debe representar a su país ante los demás países y en una situación tan delicada para Europa, lo lógico es dejar paso a otro político cuyo crédito esté a salvo del escándalo. Wulff no ha esperado a ser imputado ni condenado; sencillamente, ha dimitido por su implicación en un caso que podría alcanzar medio millón de euros. Por esa cantidad, en la inmensa trama de los ERE fraudulentos de Andalucía -más de 800 millones de euros, y se acaba de descubrir una tercera red, con el rubalcabianoViera favoreciendo a su hija- no dimitiría ni un concejal.
Martínez tiene poco de obrero
El millonario de la pancarta sindical
José Ricardo Martínez, secretario General de UGT en Madrid, será el abanderado o empancartado de la primera movilización contra las reformas económicas del Gobierno. Martínez es conocido por su lenguaje soez en los actos públicos y su obsesión contra Esperanza Aguirre, a la que ha amenazado con una huelga general en Madrid antes que en el resto de España. Curioso, siendo la comunidad con menor déficit y en la única que crece la economía y se crea empleo.
Lo que no esperaba Martínez es que EL MUNDO publicara el latisueldo que viene cobrando en Bankia como consejero, nada menos que 181.000 euros; que consolidará, algo a la baja, en la Corporación Cibeles de la misma entidad. Añádasele el sueldo como liberado de Renfe y el que disfruta como jefe del sindicato socialista y nos iremos a cerca de 40 millones de pesetas anuales. Al boquirroto representante de la clase obrera -poca clase; de obrero, nada- le preguntaron cuánto cobra y dijo que no recordaba, pero que lo publicado era falso. «Y si no lo recuerda -insistió la periodista- ¿cómo sabe que es falso?» Martínez sobre demudado, quedó mudo.
Que dure.
De 'Gürtel' a Ecuador
Garzón, de Correa en Correa
Los colegios de abogados de Ecuador van a presentar una querella contra Baltasar Garzón por «malversación de fondos públicos», unos 50.000 dólares que habría cobrado por asesorar al presidente Correa en la reforma legal que le permitirá acabar, entre otras libertades, con toda voz crítica en los medios de comunicación. Esta misma semana, un grotesco tribunal del Chávez ecuatoriano ha condenado, en presencia del déspota, a una multa de 40 millones de dólares al diario El Universo y a tres años de cárcel y un millón de dólares de multa a cada uno de los tres propietarios y el jefe de opinión del periódico, que deberían pagar a Correa por vulnerar su honor si no piden disculpas. Los cuatro periodistas han preferido el exilio -el último, en Panamá, como en los peores tiempos gorilistas-. Según los colegios de abogados de Ecuador, Garzón no se habría conformado con auxiliar al déspota sino que habría alquilado su nombre sin desempeñar trabajo alguno. De tres veces que ha ido a Ecuador, una apenas fue y dos fueron fines de semana. Es el segundo Correa -en alemán, Gürtel- con el que tropieza Garzón.PREGUERÍAS18/02/2012 VICTORIA PREGOEl protomártir
En esta primera jornada del Congreso del PP han dominado los rumores, entendida la palabra en sus dos sentidos.
Rumores que se cruzaron ayer en las conversaciones sobre el altísimo grado de control que la secretaria general pretende ejercer sobre el partido de aquí en adelante. Y, colgando de esos rumores, la inquietud de quienes suenan para entrar en la Ejecutiva del PP pero, a falta de pocas horas para que se conozca su composición, juran no tener ni idea de su inmediato destino.
En una sola cosa coinciden: el hermetismo que se está practicando en el interior del partido es idéntico al que impuso Rajoy a la hora de formar Gobierno. Se ve que Cospedal ha aprendido bien la lección porque nadie tiene pistas. Y quien las tenga mantiene los labios sellados por el puritito miedo a perder la posición.
Y luego están los otros rumores, los físicos, que han acompañado implacablemente las intervenciones de todos los líderes que intervinieron ayer, incluido el informe de gestión de la secretaria general. A María Dolores de Cospedal la escuchaban los que ocupaban de la mitad de recinto hacia adelante pero los de las filas de atrás, y no digamos ya los de los pasillos, se entretenían en sus conversaciones sin importarles nada lo que su jefa les estaba diciendo. Total, si les iba a parecer bien...
Estaba claro que no habían venido aquí a eso. Y, a tenor de lo visto a lo largo de la tarde, tampoco parecen haber venido a hacer tremolar sus banderas de la emoción por las victorias pasadas. Eso debe de ser un asunto ya digerido porque aquí tensión emocional y política no hay de momento ninguna. Será que, puesto que ya están en el poder, se han acostumbrado a él enseguida, han dejado de sorprenderse por poseerlo y ahora se limitan a pasear satisfechos, sonrientes y a lo suyo.
Pero, eso sí, cuando Cospedal terminó de rendir su informe de gestión, en un discurso justificadamente autosatisfecho pero tan plano y tan falto de entusiasmo como el resto del ambiente, un mar de papeletas amarillas con un rotundo SÍ refrendó su actuación al frente del partido. Cómo sería la cosa en términos de unanimidad que el secretario de la comisión, Isidro Fernández Rozada, ni siquiera se acordó de preguntar si había votos negativos. No los había, claro, porque nadie reclamó.
Quizá sea por eso por lo que en esta asamblea tranquila muchos ojos están puestos en un señor que sonríe, aplaude, habla siempre a favor, no reclama, no se queja y espera. No sabemos qué espera, ni si espera con motivo, pero el hecho es que espera y los demás le observamos esperar. Es el todavía vicesecretario del PP Esteban González Pons, el protomártir, el que se ha quedado sin cartera en el Gobierno, sin cargo de relumbrón en ninguna institución y hasta sin embajada de consuelo. Y ya veremos mañana si también se queda sin el puesto de portavoz del PP que aún ocupa, cosa que está por ver porque uno de los rumores, rumores, rumores, es que Cospedal quiere todo el poder del partido para sí y quiere que, además, se note.
La pasión llegará mañana cuando Rajoy sea elevado a los altares políticos. Es a eso a lo que han venido los compromisarios del PP. A rodear de apoyos al vencedor. Y a darle un último empujoncito a Arenas para ver si alcanza por fin el Gobierno de Andalucía.
18/02/2012 DAVID GISTAU Ganar era esto
No pocas películas, mayormente comedias, han utilizado la repentina eyección de un chorro de agua y/o champán como metáfora de un éxtasis sexual que debía quedar oculto a la mirada de los espectadores. El Palacio de Congresos, con el destello arábigo de su cúpula dorada, con ciertas ínfulas de mezquita de cartón piedra, tiene en su frontal una columnata que se curva en semicírculo. Por la mañana no era fácil reparar en que ahí hubiera cauces de agua, pues nada manaba. Pero, a la llegada de Rajoy, hubo chorros alegóricos que describían la felicidad de un partido tan dispuesto a regalarse un congreso triunfal que los delegados entraban en el plenario llevando debajo del brazo una sola cartulina. La del «sí» a todo, la que luego levantaban brazos que parecían accionados como el de los geyperman, antes incluso de que el alcalde Zoido hubiera tenido tiempo de que se votara el informe de Cospedal. Que es verla ante el atril y faltarle al lado el Oscar.
Los congresos monolíticos no complacen al periodista, a quien se le va la tarde buscando un conflicto como un zahorí el agua. Si en el del PSOE uno no paraba de ver pasar ex-algos, aquí cada cortejo de los que iban irrumpiendo en el plenario rodeaba a un personaje con poder ejecutivo en alguna comunidad o en el propio Gobierno de la nación. No es posible penetrar en la mente de Mariano Rajoy para averiguar cuán vengado, o al menos reparado, se siente ante esta unanimidad de delegados de terracota después de que, en el de Valencia, Aznar le tendiera una mano de gelatina y el ambiente estuviera envenenado. En su triunfo, sin apenas nadie que le recuerde que es mortal, Rajoy bien podría haber llevado encadenados a los Vercingétorix que no se resignaban, algunos de los cuales estaban en el plenario poniendo cara de yo no he sido. Cuando ya puede decir lo mismo que Narváez, esto es, que no le queda nadie a quien perdonar, Rajoy y el partido tienen, en cambio, pendiente una solución para el único de los que cargaron con el peso de la oposición que aún no ha sido correspondido con una llamada a primera fila. González Pons parece un niño abandonado en una gasolinera que se resiste a estallar de enojo y pena porque aún está convencido de que la familia dará la vuelta y regresará a por él.
Ocurre que Cospedal, que viene de ganarlo todo, los procesos internos y los externos -«Le va a quitar hasta el pichichi a Ronaldo», dice un malévolo-, tiene una vocación omnímoda aun a riesgo de desatender Castilla-La Mancha. Ahí todavía permanece la impronta de un político tan palpable, tan de dominó y confidencias, como Bono, y Cospedal tal vez pase demasiado tiempo en la autovía a Madrid como para que no se lo reprochen. Mientras, su pulsión acaparadora deja sin espacio propio a González Pons. E incluso a Arenas, que acaso sea el único pero ínfimo foco de conflicto del fin de semana, y que plantea un problema que requerirá delicadeza quirúrgica: hay que aplanarlo para que no bascule la ejecutiva ni enturbie la ceremonia de coronación de Cospedal en el mundo interior del partido. Pero no hay que dañarlo tanto como para perjudicar su proyección en las andaluzas, de las cuales este congreso sevillano constituye también un acto electoral: la cuenta atrás para el lanzamiento de un hombre-bala que habrá de trazar una parábola desde la desolación industrial de Sevilla-Este y aterrizar directamente en el palacio de San Telmo. Si lo ven pasar por encima de Santa Cruz, sepan que no es un pájaro ni un avión.
El PP lleva años trayendo a sus congresos el inmenso dolor por los asesinados por ETA, un mural en el que la política se recuerda digna. Lo de Fraga es distinto, porque ciertas muertes crean una lógica dinástica. Fraga está en el monte Rushmore del PP. Y su extinción consagra el protagonismo de otra generación tan distante que tal vez sea la primera emancipada de cualquier pecado original. En cuanto a «los del Norte», los que siempre hubieron de fijarse en quién entraba cuando se abría la puerta del café, tienen una aureola menos heroica. Pero ellos no lo lamentan, pues siempre ansiaron ser políticos normales de una democracia de las de reloj de cuco. Y lo ven cercano. Ni siquiera los más determinados en la resistencia antiterrorista tienen temor a que se esté cociendo, en los subterráneos del partido, una ocurrencia inadmisible. Por si había dudas, en el único discurso cuajado y vibrante de la jornada, el portavoz Alfonso Alonso renovó palabras como «derrota» y «rendición», y arregló así otro error garrafal en la comunicación del ministro del Interior. Con quien, por cierto, también fue comprensivo Santiago Abascal, quien interpretó que, en su intervención parlamentaria, se refería al peligro de propagación política de ETA: «Eso siempre lo supimos. Contra eso se inventó la Ley de Partidos».
EL CORREO CATALÁN18/02/2012 ARCADI ESPADA Varennes
Querido J:
Desde hace meses, y sin que haya tenido aún la oportunidad de decirle al juez una sola palabra, el yerno del Rey está diariamente sometido en los medios a graves acusaciones. Algunas de ellas constituyen delitos nítidos, pero lo demoledor es la luz inmoral que proyecta el conjunto. Sombrío, el pueblo se pregunta qué será de nosotros si personas situadas en la cumbre social se comportan con semejante desdén a las leyes y a las normas.
Nada de lo que se publica ha obtenido aún la garantía de verdad de una sentencia; pero los verbos del sujeto titular son inequívocos: Urdangarin recibió, evadió, cobró, ingresó, coló, desvió. Los periódicos pueden utilizar esos verbos sin que medie una sentencia; y así lo hacen con la mayoría de asuntos de lo real, que no están sometidos al escrutinio de un juez. El problema es que los hechos que afectan al yerno del Rey están todavía en curso y por elucidarse. Los periódicos sólo están publicando el relato fiscal (policial) de los hechos. Un relato que se distribuye a trozos, dosificadamente, en razón de las necesidades comerciales, como truculentas piezas separadas: múltiples cabezas desgajadas de su tronco, que aún se mueven pero cuya inteligibilidad es dudosa. Y en el que deslumbra una ausencia: los packs de los periódicos titulan, con su arrogancia habitual, Todo sobre el caso Urdangarin, y es lástima grande que en el todo falte la voz del propio Urdangarin.
En cualquier otro asunto no sometido al protocolo judicial, el político, por ejemplo, ningún periódico se atrevería a escribir en esos términos sobre nadie sin incluir lo que tuviera que decir el nadie. ¡Buenos son ellos para no acogerse a las llamadas versiones de los hechos! Pero, cuando se trata de determinados procesos judiciales, los periódicos abandonan toda prudencia. Hasta el punto de que, tras los primeros compases, desaparecen incluso las construcciones gramaticales precautorias. Si en los primeros días aún se lee que la Policía acusa, el fiscal responsabiliza, o el instructor cree, en las semanas siguientes los hechos se presenten sin padre ni madre, y sin piedad: Urdangarin cobró.
De modo que lo primero que cabe considerar sobre el juicio mediático es que suele producirse sin la participación de las defensas, como es tradición en Moscú. Las razones de este silencio son múltiples. Y la primera, casi conceptual: se trata de defensas. Esta posición es siempre el handicap de partida, mucho más lacerante cuando las acusaciones, aún sometidas al secreto de sumario pero ya filtradas, están en los periódicos sin que los abogados las hayan aún examinado. También es evidente que la defensa suele ser para los medios la realidad que estropea una noticia. Y, desde luego, en el privilegio dado al relato acusatorio hay una viscosa cuestión de tráfico de intereses: los periodistas especializados viven, noticiosamente hablando, de la Policía y el fiscal: los abogados pasan, pero el fiscal y la Policía permanecen.
Los abogados, desde luego, suelen quejarse de la indefensión del juicio mediático; pero lo cierto es que harían bien en abandonar esa retórica plañidera y ponerse manos a la obra desde la consideración inexorable de que en los periódicos, al menos en los españoles, se dirime la suerte civil de los acusados. La realidad, sin embargo, es que la gran mayoría de los abogados no está preparada para ese trabajo: a diferencia de policías, fiscales y jueces desconocen cómo gestionar el trabajo con los medios. Es sorprendente que hasta una fábrica de peluches tenga su jefe de prensa y que grandes despachos no se hayan planteado jamás incorporar a su plantilla a especialistas de la jungla mediática. La ausencia del relato exculpatorio tiene la consecuencia que cabe esperar: el que calla, otorga. La opinión pública concluye que ni el yerno del Rey ni su abogado dicen nada porque nada tienen que decir, salvo admitir los hechos y su condena.
El juicio mediático tiene, por último, su sentencia y su ejecución de condena, que consiste en la llamada pena del telediario. El acusado pasa, a veces sucio, despeinado y con esposas, por la horca caudina del prime time, es decir, por el tribunal del pueblo de nuestra época. El pueblo, previamente engrasado por centenares de titulares, dicta entonces su sentencia inapelable. Tan inapelable que ni siquiera una absolución de los jueces la conmoverá. Cabe señalar, no obstante, que la ejecución de la pena del telediario está, básicamente, en manos de la instancia judicial. Porque puede impedir su ejecución o facilitarla, como parece que va a hacer ahora el juez con el yerno del Rey. Es un caso de altísima hipocresía el que los jueces partidarios de aplicar el garrote del telediario lo hagan en nombre de la igualdad ante la ley. Yo admitiría que lo hicieran en nombre de un suplemento de justicia que se acerca plácidamente a la venganza: que el poderoso se lleve algo más. Pero en nombre de la igualdad... Lo que la pena del telediario prueba, precisamente, es que todos no somos iguales ante la ley: unos pueden ir a declarar ante el juez paseando y gozando de la mañana mientras otros deben hacerlo entre los insultos de los característicos del pueblo, esa horda mafiosa que se agolpa ante los juzgados cada vez que la convocan y que espera jadeante ser recompensada por los medios con su pedacito de alcachofa sanguinolenta.
Sobre el yerno del Rey, sin embargo, y cuando aún faltan siete días para su primera declaración, el juicio mediático ya ha cumplido todos sus protocolos. Incluido el de la ejecución de condena. Ya es indiferente de qué modo vaya a declarar, si andando o bajo vidrios tintados. El pasado martes, Telecinco emitió unas tremendas imágenes de su culo corriendo por las calles de Washington, cuando trataba de librarse del acoso de una dulce reportera. Las imágenes no explicaban nada del caso Urdangarin, pero trazaban un autobiografía completa de los que filman, montan y emiten. Ese culo nos humilla a todos. Los ciudadanos sueñan con príncipes valientes, que planten cara a la vida con elegancia, contundencia y honor, y es cierto que la reacción del yerno del Rey fue decepcionante. Pero en el fondo no hay en ella otra cosa que la democratización de la Monarquía, con la que se llena la boca tanta gente honorable. Mientras mostraban el regio dorso, una voz en off, el fétido corifeo, iba diciendo: «¡¿De qué huye Urdangarin, de qué huye?!» La voz iba buscando la guillotina de la metáfora: ¡míralo, pueblo, el pelele, cómo huye de la justicia! Sin embargo el yerno solo hacía lo que cualquier demócrata asustado: huir de los navajeros.
Sigue con salud
A.
LA POLÉMICA NACIONAL18/02/2012 VÍCTOR DE LA SERNA ¿'Político' y 'generoso' el final de ETA, o no?
>TRAS EL ENFRENTAMIENTO PP-UPYD EN TORNO A ETA
Varios de los ministros del nuevo Gobierno, en particular los de Asuntos Exteriores, Cultura e Interior, están demostrando una gran facilidad para la metedura de pata. ¿O no lo era lo de Fernández Díaz hablando de «dimensión política» de ETA? Rosa Díez le acusa de blando. El mundo de Batasuna aplaude. El PP matiza. La prensa...
La frase que ha provocado ríos de tinta ha sido: «ETA hoy en día no es fundamentalmente un problema policial, aunque lo sigue siendo porque sigue existiendo. Hoy tiene una dimensión política que no podemos obviar y por eso hemos de saber gestionar esta situación». La interpretación general, particularmente positiva en la prensa de izquierdas y en la cercana a los nacionalismos, fue similar a la que Carlos E. Cué ofrecía en El País: «En un giro impensable hace unos años, un ministro del Interior del PP, Jorge Fernández, que ocupa el mismo puesto que un día fue de Jaime Mayor, llegó a decir en el Congreso una frase que era considerada tabú».
Luego, el ministro y el Gobierno afirmaban, para apagar el incendio, que nadie quería hablar de solución política.
Particularmente significativa resulta en ese contexto la glosa, por Alberto Ayala, de Los miedos del PP en El Correo, de Bilbao. Desmarcándose de esos españoles intolerantes, pacientemente, les explicaba: «Es perfectamente posible, hasta altamente probable, que Rajoy y su amigo el titular del Interior tengan perfectamente definida la hoja de ruta a desarrollar en los próximos meses para afrontar este problema. Es más, cuentan con el aval del PNV y de los socialistas para medir los tiempos y operar con máxima discreción. Aun así, los populares siguen encontrando serios problemas para ajustar su discurso sobre el asunto». ¿Por qué? Por «el pasado reciente», por los «excesos verbales» del «desgaste del anterior Gobierno de Zapatero». Y eso se traduce en «tres circunstancias que el PP no parece encontrar forma de sortear sin desgaste». Apunten, apunten: «Una derecha mediática, con especial fuerza en Madrid, que rechaza que la democracia sea generosa con los terroristas en su adiós a las armas. Una opinión pública española fuertemente influida por la anterior y por el discurso popular de máxima dureza ante el terrorismo que, a diferencia de la vasca, se sitúa en idéntica posición. Y la presencia de una fuerza política como la UPyD de Rosa Díez».
Santiago González debe formar parte de esa prensa que irrita a Ayala. Eso sí, su análisis parte de las mismas observaciones. Ayer le espetaba a Fernández Díaz en EL MUNDO: «Cada vez que oigan a un político pregonar la necesidad de actuar con prudencia e inteligencia, pueden apostar que está preparando el terreno para relativizar sus compromisos». Y más de Federico Jiménez Losantos, sobre el excéntrico ataque de Iñaki Oyarzabal (del PP vasco) a Díez por «dar oxígeno al terrorismo»: «Cabe temer que si Oyarzabal hace de Eguiguren es porque Rajoy quiere hacer de ZP; y que deje sin renovar un TC de mayoría socialista para rematar el trabajo sucio de la negociación».
Un editorial de La Razón respaldaba (¡sorpresa!) al Gobierno: «Las últimas iniciativas de la líder de UPyD coinciden con la estrategia de Amaiur de llevar el debate sobre ETA y sus grupos afines al Congreso. (...) Una falta de sentido de Estado incomprensible».
Y al borde del éxtasis, Maite Soroa titulaba su nota en Gara, el periódico próximo a ETA: 'Rosa de España' divide a la derechona.
EL MUNDO EN CLAVE 18/02/2012 ANA ROMERO¿Diplomacia en sordina?
Algunas cosas nunca cambian. David Jiménez, una vez más, ha entrado en uno de esos contados lugares del planeta -Corea del Norte, el Sáhara Occidental o Birmania- donde los periodistas no son bienvenidos. Con él lo ha hecho también Jonathan Watts, del diario TheGuardian.
Jiménez y Watts no son más que almas perdidas en el llamado techo del mundo, voces apenas audibles en el mundanal ruido que hoy nos cuentan que hay seres humanos -en este caso monjes y monjas adolescentes- que se resisten a soportar la bota ajena.
Jiménez y Watts son esos periodistas destinados a ir sobre el terreno y relatar, en vivo y en directo, lo que ocurre: en este caso, el mayor número de autoinmolaciones desde 2008. Hay otros que tienen que lidiar con los poderosos del planeta, como ese alto cargo del Servicio Exterior de la Unión Europa que esta semana pasó por Madrid. Todo está relacionado.
¿Presionar a China? ¿A ese país destinado a convertirse en representante global de la supremacía asiática en el siglo XXI? «Es mejor hablar con ellos en privado, sin ponerlos en una situación embarazosa. Ganándose su confianza. Por ejemplo, luchando conjuntamente contra la pedofilia en internet, algo que les preocupa mucho».
Así, en sordina, es como los popes europeos Herman Van Rompuy y José Manuel Durão Barroso aparecieron esta semana en Pekín con el premier chino, Wen Jiabao, en la rueda de prensa tras la cumbre Unión Europea-China -cancelada en otoño debido a la crisis de la deuda soberana-.
Ante el silencio de los europeos, el líder chino criticó a los que intentan «incitar a un pequeño número de monjes a adoptar posturas radicales que atacan la estabilidad de la región autónoma tibetana». Menos mal que existen Jiménez y Watts.
ana.romero@elmundo.es
AJUSTE DE CUENTAS18/02/2012 JOHN MÜLLERCampeones de la opacidad
El ex ministro del Trabajo Fernando Suárez González es autor de La situación sindical, un minucioso informe sobre el tema. En él, este hombre, que fue uno de los ponentes de la Ley de Reforma Política, recopiló las subvenciones que los sindicatos reciben desde 1982 de los Presupuestos Generales del Estado por «la defensa y promoción de los intereses de los trabajadores» (en 2009 unos 15,7 millones) y por su participación en las instituciones (4,8 millones ese mismo año).
Suárez también hizo un cálculo de infinidad de otras ayudas. En total estimó que, en 2007, los sindicatos recibieron de la Administración casi 36 millones. Pero a eso hay que sumar los recursos que obtienen de sus afiliados, su participación en las ayudas finalistas (cursos de formación, por ejemplo), las subvenciones de comunidades autónomas, su intervención en instituciones como la Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales (cuyo presupuesto pasó de 28,4 millones en 2008 a 47,4 millones en 2009), la prestación de servicios judiciales y la gestión de su patrimonio.
Lo que no consideró Suárez en su estudio fue el impuesto revolucionario que los representantes sindicales en las antiguas cajas de ahorros -ahora transformadas en bancos-, cobraban y después donaban a sus organizaciones. El trabajo de recopilación de EL MUNDO indica que las centrales obtienen de esas entidades unos tres millones a través de 60 consejeros.
Este tipo de cláusula ha sido habitual en las organizaciones de izquierda. En Cataluña, ERC vivió un conflicto cuando intentó imponérsela a sus militantes nombrados en la Generalitat por el tripartito de José Montilla.
Y aunque J. R. Martínez esté ahí en nombre de UGT, el dinero lo cobra él y su responsabilidad como consejero es personal. Lo más curioso de los 181.000 euros cobrados por el líder regional de UGT en Caja Madrid es que proceden de una entidad que ha recibido ayudas públicas, lo que ha llevado a que los salarios de sus directivos hayan sido fijados por el Gobierno. Sin embargo, pese al chorro de dinero público que por distintas vías llega a los sindicatos, éstos son muy poco transparentes ante la sociedad española.
Ellos dicen que están sometidos a auditorias privadas, pero nunca se ha conocido una. El Tribunal de Cuentas, que opera desde 1983, no ha dedicado ninguno de sus más de 900 informes a analizar sus finanzas. Sin embargo, cada vez que este órgano les ha tocado colateralmente en algún informe (sobre la formación en 1996, 97 y 98; sobre la Fundación de Riesgos Laborales en 2007 y 2008) han aparecido implicados en irregularidades.
¿Y qué hacen estos sindicalistas en los bancos? Como la obra social de las antiguas cajas sigue siendo parte de la propiedad de los nuevos bancos, y los sindicalistas ya estaban en las asambleas, muchos han sobrevivido allí. «Como en la Transición, la única forma de que las viejas cajas dejaran paso a los nuevos bancos era que sus asambleas se hicieran el harakiri. Por eso algunos siguen ahí», explica un directivo. Sin embargo, ellos representan exactamente el modelo que fracasó, en gran parte porque estaban ahí, mediatizando la gestión financiera.
john.muller@elmundo.es
LA BALSA DE lA MEDUSA MANUEL HIDALGO18/02/2012Cospedal
Parece que hay, o ha habido, o seguirá habiendo un poco de barullo en el PP en torno a María Dolores de Cospedal, esa mujer que no sonríe cuando, con cara de funeral, destila por la boca calculadas dosis de cianuro, esa mujer, también, que sonríe en otras ocasiones, pero dando la sensación de que su sonrisa no puede ser más calculada para un objetivo que le queda lejos: caer simpática.
Tanto cuando no sonríe como cuando sonríe, Cospedal parece que está peleando con un sapo, un sapo que va a expulsar sobre alguien -el PSOE, mayormente- o un sapo que digiere a disgusto -estar ante la gente o con la gente-, pero disimulando.
La aristócrata es Esperanza, pero Esperanza es muy capaz de un populismo de chándal y calcetines, porque practica el roce castizo y un poco locatis -como la de Alba- con las clases populares. Si hay que remangarse, se remanga. La otra, no.
La otra, Cospedal, con una feminidad plausible que podría desembocar, en principio, en una conexión al mero nivel terrestre, se remonta a sí misma y se convierte, lo digo manoseando a Umbral, en un ser de lejanías. Se mira, pero no se toca. Ella mira, pero no toca. Salvo que la campaña -la que sea- requiera de sacrificar la compostura por un instante que siempre será fugaz y falso. Y marcado, por lo general, por esos trajes masculinos -chaqueta y pantalón-, que Cospedal se pone casi siempre, como reprimiendo la feminidad antes mentada para buscar un aplomo de autoridad en lo que dice sin pestañear.
Es una esfinge, esfinge que se toma en serio a sí misma y que toma en serio todo lo que tiene que decir contra los demás, pero, en verdad, no dice nada serio, sino frases hechas y elaboradas artificialmente para herir a sus oponentes, frases que parecen responder a una idea, pero la idea esta liofilizada y deshidratada -reducida como una salsa- al punto de la consigna y del titular, hasta el extremo de que desaparece como idea y es, simplemente, carnaza obvia de titular. Suele -o solía, no estoy al día- ser los lunes, estatuariamente erigida ante el micrófono, el atril y las cámaras convocadas. Ellos sabrán.
Lo que sabemos nosotros es que -sea el PP o el PSOE, o todos los demás-, los partidos no siempre emplean a los mejores. Con frecuencia, porque ya no tienen a los mejores, sino a un alto y bajo funcionariado del partido sobrevenido y entendido como empresa que debe cuadrar a sus cuadros establecidos, a los intereses de supervivencia y sueldo de sus dirigentes, de modo que es una risa pensar en democracia interna o en listas abiertas de cara a las elecciones, porque hay que consumir muchas horas y mucho café -u otras sustancias estimulantes- en satisfacer los intereses consolidados de individuos y de facciones, que se buscan la vida en el partido porque han hecho su vida en el partido y no tienen vida afuera.
A los partidos y a sus congresos les pedimos ideas nuevas -y ellos las reclaman al otro partido-, pero su primordial ocupación consiste en colocarse ellos mismos en las listas de ellos mismos sin que explote, por descontento interno, el juguete.
PASADO MAÑANA18/02/2012 ERNESTO SÁENZ DE BURUAGALa fiesta del PP
Hoy en Sevilla los hombres y mujeres del PP se van a dar un homenaje de autoestima. Llevan desde el mes de mayo de éxito en éxito, ocupando espacios de poder en todas las administraciones, y han visto instalado a su presidente, en volandas, con los votos de una mayoría de españoles, en el Palacio de la Moncloa. Nadie puede negarles sus días de gloria en una convención nacional que cierra un ciclo que empezó con división interna, dudas y desconfianza, en Valencia, y termina con sonrisas, palmadas en la espalda, exaltación de la amistad y borrachera de cargos a orillas del Guadalquivir.
Nunca la derecha española había acumulado tanto poder. Pero nunca un partido había encontrado tantas dificultades para administrar una victoria tan aplastante. Tienen 48 horas para relajarse, aplaudirse, mirarse al espejo y soltar adrenalina cuando los que mandan, con Rajoy como jefe supremo, suban a la tribuna y les enciendan con sus palabras. Tienen 48 horas para debatir sin sobresaltos y aprobar las propuestas de la dirección aunque se planteen pequeñas escaramuzas por los despachos de la calle Génova. Tienen 48 horas para disfrutar.
Son la derecha española, moderna, capaz de asumir los retos que necesita este país, sin complejos, y con la autoridad suficiente para que nadie pueda darles lecciones de democracia ni de progresismo. El domingo, cuando vuelvan a sus casas, habrán dejado en Sevilla a Javier Arenas camino de una victoria histórica que supondrá un cambio de ciclo, el final de la hegemonía socialista en Andalucía. Un soplo de aire fresco en una tierra que necesita que se abran las ventanas de par en par. Pero también cuando vuelvan, antes de coger el AVE, compartirán titulares con las manifestaciones contra la reforma laboral. No les van a regalar nada en su gestión. Desde la mayoría parlamentaria crece su responsabilidad en todas las administraciones porque los ciudadanos vamos a exigírsela para que pongan en marcha la maquinaria de una sociedad en números rojos llamada España para la que el tiempo corre muy deprisa.
El crédito no es para siempre. La confianza se puede convertir en decepción. La calle, en algún momento, se llenará de pancartas y de piquetes de huelga. Pero las mejores gestiones se hacen siempre en tiempos difíciles y en el libro de cuentas quedarán reflejados los movimientos.
18/02/2012Sufrimiento moral
JOSÉ RICARDO MARTÍNEZ / T. S. ELIOT
Cuando Ezra Pound residía en París en los años 20 organizó una colecta entre sus conocidos para enviar dinero a su amigo T. S. Eliot, que entonces trabajaba como directivo en el departamento de transacciones exteriores del mítico Lloyds Bank.
La idea de Pound era ayudar económicamente al gran poeta para que dejara su puesto en el banco británico, trabajo que al parecer le producía un intenso sufrimiento moral. Los fondos nunca llegaron a Eliot porque su depositario, que era Ernest Hemingway, los perdió en las carreras de caballos.
Ese padecimiento moral que embargaba a un poeta metafísico como Eliot por servir al mundo del capital es exactamente lo que ha debido sentir el pobre José Ricardo Martínez, uno de los líderes más radicales de UGT y partidario de la huelga general. Me imagino su angustia al recibir cada mes la abultada nómina de Bankia mientras crecía el número de parados.
Se está criticando a Martínez por su doble moral, pero ello es tremendamente injusto porque este ugetista lo que ha hecho es sacrificarse en aras del bien de UGT, a la que, según explicó ayer, cedía los 181.000 euros anuales que le pagaban como consejero.
Me imagino su terrible sufrimiento al asisitir a unos consejos en los que se sentaba al lado de personas como Miguel Blesa y Rodrigo Rato, que él identificaba con la quintaesencia del capitalismo financiero.
T. S. Eliot también lo pasó muy mal. Seguro que cuando estaba en su despacho de la City se le venían a la cabeza aquellos enigmáticos versos de Prufrock que evocan a Dante: «Be mindful in due time of my pain».
Ayer decía López Aguilar que hay otros muchos políticos y sindicalistas que forman parte de los consejos de las cajas. Cierto, pero nadie lo ha pasado tan mal como Martínez, que mandó al gobernador del Banco de España a «su puta casa» y llamó a Esperanza Aguirre «reliquia cañí».
Si Eliot se sentía como un ser totalmente ajeno al mundo de los balances y las divisas, Martínez tuvo que pasarlo muy mal cuando veía cómo Blesa prestaba miles de millones de euros de los pequeños ahorradores de Caja Madrid a los especuladores inmobiliarios. Tuvo que pasarlo fatal al ser cómplice de tanto despilfarro y verse obligado a guardar silencio. Y lo que debió sufrir cuando la entidad despidió a miles de compañeros suyos. Y todo ello por el interés económico del sindicato.
A Eliot, por lo menos, le compensaron su sacrificio con el Nobel, pero como Martínez es ágrafo habrá que pensar en otra cosa. Tal vez se le pueda reconocer con uno de esos galardones que reparte el Banco de España.
En una sociedad en la que hay tanta falta de ejemplaridad y cada uno predica lo contrario de lo que hace, siempre nos quedará Martínez. Los parados esperan con expectación que mañana les enseñe a hacer carrera en la gran banca.
BREVETE 18/02/2012 SECONDATCarnaval en las Cortes
Se recuerda a veces un proverbio italiano pleno de buen sentido. «Las fiestas las hacen los tontos para que los inteligentes se diviertan en ellas». Una diputada en una Corte regional española ha montado un numerito (con intención de fiesta) para el regocijo de sus compañeros de la Cámara. Apareció con una camiseta en la que se podía leer: «No nos falta dinero, nos sobran chorizos». Fue expulsada con una cierta reticencia de la mayoría. En el fondo, ocurrió -como ya nos advertía el clásico- que hay gente que cuando otros realizan alguna cosa de dudosa oportunidad, parece que se indignan, pero disimulan. Aplauden secretamente la impertinencia. Ahora estamos en carnaval, o sea en una sucesión de impertinencias y farsas a lo largo de varios días. En aquellas Cortes se adelantaron
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